01
Abro lentamente los ojos, sintiendome aturdido por el escándalo en la habitación. El olor a hospital inunda el lugar, veo a los enfermeros entrar rápidamente y suspiro, dandome cuenta de que me encuentro en la misma situación de cada vez que tenía una recaída, desde hace 4 años.
Dirijo la mirada a la camilla en el centro del cuarto, un chico de escaso cabello negro y piel morena se encontraba siendo atendido de manera urgente, por los gritos noto que no estaba reaccionando.
Era yo.
Bien, antes que nada, dejenme presentarme.
Mi nombre es Cameron, tengo 21 años y, aparentemente, estoy a punto de morir.
Observo de nuevo mi cuerpo en aquella cama, escuchando los fuertes sollozos de las personas que más amo: mi familia. Sentí un dolor enorme al ver a mi madre tomar mi mano, llena de lágrimas, gritando que hagan algo para salvarme. Mi padre aguantandose las lágrimas mientras abrazaba a mi pequeña hermana. Ella escondiendo su rostro entre sus pequeñas manos.
Todo este tiempo me había preparado mentalmente para morir, pero era imposible sentirse preparado para ver a tu familia desmoronarse mientras tu corazón deja de latir.
Salgo de la habitación sin aguantar ver el esfuerzo inútil por hacerme reaccionar, era en vano. Ya era tarde.
Camino por aquel pasillo al que estaba acostumbrado, puesto que lo he recorrido tantas veces desde que llegué aquí, hace 4 años, siendo internado por una anemia bastante grave.
Todos pensaban que con el tratamiento adecuado iba a mejorar, las esperanzas nunca se terminaron para ellos, pero para mí se habían terminado desde el momento en el que las manchas en la piel y la sangre se volvieron mi día a día.
Con el tiempo, mi condición fue empeorando y entonces fui diagnosticado de leucemia.
La verdad es que, no me gustaría alargar sobre el tema de mi enfermedad, pero había sufrido bastante y por mucho tiempo, prácticamente me había quitado la adolescencia.
Tomo asiento en una de las sillas en la sala de espera, sin nadie que se da cuenta de que estaba en el lugar.
Claro que no era la primera vez que esto me ocurría, o de lo contrario estaría tirado llorando buscando explicaciones.
La primera vez había ocurrido durante una de mis recaídas.
Había comenzado a convulsionar de repente y sentía que la respiración se me iba cortando, y de repente, me encontraba viéndome a mí mismo en aquella cama desde el otro lado de la habitación. Por supuesto, había salido corriendo totalmente asustado y llorando como niño de 5 años al darme cuenta de que nadie me veía.
Y lo peor fue cuando, tratando de tocar el hombro de la enfermera, mi mano la había traspasado. Grité tan fuerte que si me hubieran escuchado, todos se asustaban.
Desesperado había intentado salir corriendo del hospital, pero una pequeña y arrugada mano me había sujetado del brazo, deteniendome. Recordaba esa mirada cálida de color miel, esa sonrisa dulce y ese suave "detente, mi niño".
Ese día había conocido a Margaret, quien prefería que la llamasen Maggie, una mujer de 65 años que había muerto por un grave problema pulmonar.
Maggie tenía 2 hijas y un esposo, quienes describió como "las luces que siempre iluminaron su oscuridad". No hace falta especificar lo mucho que había llorado en ese momento, yo era alguien muy sensible.
Ella había tomado mi mano y me había dirigido a una sección vacía de la sala de espera, pidiéndome que me calmase para poder explicármelo todo. Comenzó diciéndome que era normal que las almas de las personas con recaídas graves salieran del cuerpo por un tiempo, que en mi condición debería ir acostumbrandome a aquello.
《 - Claro que, el día en el que tu alma se escape de tu cuerpo y luego de horas no vuelva, ya sabes que estás muerto - se encoge de hombros - hace unos años fui traída de urgencia a este hospital, no hubo veces en las que solo se escapaba y luego volvía, pero las almas con las que me crucé me lo explicaron todo. Fuera de este hospital, apenas cruzando la puerta principal, está el tunel de luz del que uno ya no vuelve. He guiado a un montón de jóvenes hacia esa luz, hasta he memorizado toda esta explicación -ríe.
- ¿Y tú por qué no te has ido, Maggie? -pregunto curioso.
- Siempre hubo algo que me detuvo de cruzar esas puertas, y una vez me explicaron que era porque estaba esperando a mi alma compañera - observa mi cara de confusión- un alma compañera es alguien con quien haces una promesa, estando vivo o ya muerto, de protección y amor, alguien a quien prometes cuidar en el más allá.
Me quedo mirándola, sus ojos brillantes transmitían un amor tan grande.
- Llevo años esperando a mi alma compañera, no puedo siquiera pensar en la idea de irme sin él- sé que se refiere a su esposo y me doy cuenta de las lágrimas en sus ojos - sé que es difícil para ti aceptar todo esto, mi niño, te comprendo, pero lastimosamente debes acostumbrarte y preparte para tu destino.
Toma mis manos entre las suyas, un acto tan maternal que llena mi corazón de una forma indescriptible.
- Si sigo aquí cuando vuelvas a recaer, solo ven a buscarme, te ayudaré durante el tiempo que me quede.
- Te lo agradezco tanto, Maggie, si no fuera por ti estaría colapsando en el baño del cuarto piso - ambos reímos.
- Ahora vuelve a tu habitación, es más fácil volver al cuerpo cuando te encuentras cerca. Te estaré esperando aquí, mi niño.
Después de eso, varias veces la había vuelto a ver. Siempre tan brillante y sonriente, hablándome de su vida y pidiéndome que le cuente algo sobre la mía. Le hablé sobre mi pequeña hermana, Katie, demostrando que era quien más amaba en la vida. También le hablé de mi familia, de mis amigos, hasta de la chica de mi colegio que siempre me preguntaba cómo estaba y luego salía corriendo. Esto último había causado unas fuertes carcajadas en mi anciana amiga.
Encontramos a varias almas que juntos guiamos a la luz, felices de ver que aquellas personas encontraban a sus compañeras antes de irse.
- Maggie, al parecer ya tengo que irme, nos vemos - doy un beso en su mejilla y me mira sonriente.
- Nos vemos, mi dulce niño, cuídate mucho y recuerda que te quiero- sonrío de oreja a oreja y la abrazo.
No sabíamos qué podría pasar, así que cada vez nos despediamos como si fuera la última vez que nos veríamos.
En una ocasión, mientras leía una revista en mi habitación y las enfermeras hacían los chequeos correspondientes, las escucho cuchichear sobre un "hombre extraño".
- Oigan, yo también quiero saber -digo, haciéndolas reír y acercarse.
- Ay Cameron, pasó que hace unas horas trajeron a un hombre de urgencia, no sabemos muy bien de qué, pero cuando llegó prácticamente no respiraba más. Luego las enfermeras del tercer piso nos dijeron que el hombre estaba completamente sano, como si nada, en su habitación y jugando con legos -habla la enfermera más joven.
Recordé en ese momento a Maggie diciéndome que su esposo era un fanático tremendo de los legos y sonreí.
- Hasta pidió a unas enfermeras para que lo acompañen a jugar, nadie sospecharia de que estuvo semi muerto horas antes- cuenta la otra enfermera y ambas se encogen de hombros.
Las escucho hablar de más cosas entre sí, tenía la desdicha (o suerte) de que me tocaran las enfermeras más chismosas de todo el hospital. No había nada que no supieran.
Tocan a la puerta y luego esta se abre, dejando pasar al doctor.
- Cameron, ¿cómo te sientes hoy? -pregunta, observando las anotaciones que habían hecho las enfermeras.
- Creo que...hoy me siento menos enfermo -reí despacio.
- Eso es bueno, entonces -sonríe y dirige la mirada a las dos mujeres a su costado - muchachas, ¿tienen algo que preguntar? Se les nota.
Se miran como debatiendo quién hablaría, entonces la mayor es la que lo hace.
- Doctor, ¿qué ha pasado con el hombre extraño de los legos? -pregunta, haciendo que el doctor lance un largo suspiro.
- No sé cómo sucedió, pero media hora después de haber terminado una especie de fortaleza con sus legos, se quedó dormido y simplemente murió - lo miré sorprendido - ni siquiera tenía problemas cardíacos ni alguna enfermedad, supongo que solo le llegó la hora -me mira- bien, iré a buscar algunas cosas y luego vuelvo a revisarte, ¿okay? -asentí y luego sale.
Unas horas más tarde, había recaído a causa de los tratamientos que eran rechazados por mi cuerpo.
Me dirigi al lugar de siempre, buscando a Maggie, pero ya no la encontré.
- Si buscas a la anciana, hace unas horas un hombre se acercó a ella y luego los dos se fueron, supongo que era su compañero- dice alguien a mi costado, quien no llegué a reconocer porque mi alma había vuelto rápidamente a mi cuerpo.》
Había sido tan feliz por ella, por fin había ido hacia su luz con su compañero. Por fin estaban juntos de nuevo.
Observo las puertas principales del hospital, soltando un suspiro largo.
No había nadie a quien yo pudiera considerar un alma compañera, entonces, ¿por qué sentía que no debía irme aún?
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