El monje.
- Te dije que te castigaría si volvías a desobedecer una orden del cielo. – me espetaba el dios de la vida, que era el dios supremo, mirando hacia mí con odio - Que serías encerrado en esa figura que tanto odias. – proseguía, refiriéndose por supuesto a aquel monstruo en el que solía convertirme a menudo, aquella apariencia que era la que solía tener la mayor parte del tiempo - ¿te amaría ella si supiese el aspecto terrorífico que tienes?
- Pedí a los cielos – comencé, con lágrimas en los ojos, mirando con dureza al dios que tenía delante, para luego torcer un poco la cabeza, hacia su izquierda, donde se hallaba, sentado, el dios del agua - durante años... rogué para que cuando volviese a nacer ella fuese feliz.- les espeté enfadado, provocando que el dios me mirase sorprendido por mi atrevimiento - Pero no ha sido así, en todas sus vidas ella ha sufrido mucho, sólo por haber cometido el error de enamorarse de alguien como yo... Me mandasteis a por su padre, Charlie, y la dejasteis desamparada y sola en el mundo.
- Su alma no ha podido ser feliz – comenzó el Dios del agua, provocando que su hermano le mirase anonado, pues él no solía inmiscuirse en aquellos asuntos de aquella manera - porque aún sigue esperando por ti.
- Cuando un alma arrastra un dolor tan grande como el que ella sintió aquel día, un amor tan grande como el que sintió por ti, el alma no puede seguir adelante, y siempre atraerá lo negativo a sus vidas reencarnadas – admitió el dios de la vida, provocando que ambos mirasen hacia él, sorprendido por que se estuviese tomando aquel tema con tanta calma.
- Por esa razón debo hacerla feliz en esta vida, así ella podrá ser feliz en esta vida y en las que vengan – rogaba, a sabiendas de que ellos no me lo permitirían, debía servirles para siempre, ese había sido mi castigo.
- Esta es su última vida humana – aseguraba, de nuevo, el dios del agua - en su próxima vida será nieve.
- Con más razón, debéis permitidme hacerla feliz.
- Eres inmortal – Espetó el dios de la vida.
- Pero mi recipiente humano quizás pueda hacerlo. Si puedo hacerla feliz esta vez, tener una larga y feliz vida junto a ella, aceptaré dichoso la inmortalidad cuando me llegue la hora.
- Es imposible que tu espíritu inmortal pueda permanecer tanto tiempo en el mundo de los vivos – aseguró el dios del agua, pero antes de que hubiese vuelto a hablar para quejarme, el dios de la vida levantó la mano, en señal de que era suficiente, de que no quería que volviésemos a hablar del asunto.
- Si fuese posible... - comenzó, provocando que tanto el dios del agua como yo, mirásemos hacia él, sorprendidos por sus palabras - ... ya no recordarás esta conversación, ni siquiera recordarás nada sobre nosotros...
- Borrarás mis recuerdos... - me percaté, pues era lo que quería decir con aquello.
- Ni siquiera podrás recordarla a ella.
- Hermano, no puedes hacer eso – le rogaba su hermano, intenando que este entrase en razón.
- Y ella tampoco podrá recordarte, aún así, dejaré que vuelvas a la tierra, quizás ese amor que juráis sentir el uno por el otro sea tan intenso como para que volváis a enamoraros...
- Hermano...
- Te dejaré volver a vivir una vida mortal allá abajo, Hyun Su – aclaraba, provocando que le mirase agradecido por sus palabras, aunque me preocupaba no poder reconocerla, ni que ella lo hiciese tampoco – cuando mueras, aceptarás la iluminación y la dejarás atrás.
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