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5. Juventud

A la mañana siguiente, Butters no fue a la escuela. Stan, Kyle, Kenny, Dovah y Wendy tampoco fueron. Los demás, a duras penas, decidieron ir. Toda la mañana fue normal.

Excepto que habían dos personas más que tampoco asistieron.

Un de ellas era Eric Theodore Cartman.

Fue temprano en la mañana que salió. Escuchó a su madre hablándole a su compañera -Por que aparentemente a su madre le gustaban las mujeres, y para el disgusto del chico estaba saliendo con una en esos instantes como pareja oficial-, hizo una mueca que profesaba odio, y sin más, salió hecho una furia de la casa. Sin dejar notas, o avisos. Era ya hora de entrar al colegio, aunque el no se dirigía a ese lugar. Volteó a ver la casa de Butters mientras avanzaba, pero notó el silencio. Solo habían luces apagadas y vació. Entonces volteó a ver a la casa de Dovah, por la cual se aproximaba. En ella escuchó ruido. El ruido de una casa donde hay varias personas despertándose y preparándose para desayunar. El ruido de un viernes que se utilizó de una manera estúpida pero amable. El castaño torció la boca, frunció el ceño y rodó los ojos. Estúpidos niños, teniendo pijamadas para apoyar a un estúpido llorón.
No se detuvo en un solo momento. Llegó hasta la parada de autobús.
Ahí había tres personas. Ninguno de sus viejos amigos y actuales rivales. Había dos chicas hablando sola y una tercera, alejada con la cabeza baja. Sus manos temblaron un poco y su corazón se aceleró.
Heidi Turner estaba ahí.

Había perdido bastante peso desde aquella vez en que la metió en problemas. De hecho, juraba que estaba hecha un lío entre anorexia y bulimia.
Era claro que el era el único a juzgar ahí, pero eso no le importaba; por más mal que se viese la chica, era hermosa a sus ojos. Ya no era un gusto, o un cariño. Eric tenía una -aunque pequeña, nada saludable- obsesión con ella. No la seguía a todas partes, ni la acosaba cuando estaba cerca. No robaba sus cosas y la celaba todo el tiempo. Pero realmente la chica era todo lo que estaba en su mente la mayoría del tiempo. Una lastima que tras la ultima vez que estuvieron juntos, en cuarto grado, ella le agarró un odio sorprendente.

Por eso odiaba al chico a quien el llamaba "judío" con tanto desprecio: tras romper con Cartman, Heidi comenzó a pegarse lo más que podía a Kyle. Así como Cartman tenía una pequeña obsesión con ella, ella tenía una gran obsesión con el pelirrojo.
Sin embargo, Kyle ya se había decidido. Él no necesitaba a una chica que había sido tan egocéntrica y que, aún por momentos, fue -y a veces aún es- igual o peor que Cartman. La chica con el gorro con una flor estaba destrozada, pero ella no se rendía de todas maneras.

Cartman sonrió por unos momentos, enamorado.

Pero pronto volvió en sí. Tenía algo importante que hacer. Paso por detrás de las tres chicas sin decir nada. Sintió la mirada intensa de alguien detrás de él, pero eso no le hizo detenerse. Corrió tanto como pudo hasta llegar al estanque de Stark, donde se detuvo sólo para recuperar el aliento. Volteó hacia los lados, asegurándose de que no había nadie, y con esto, entró caminando al bosque perdido.

Caminó dentro del área por al menos cinco minutos hasta llegar a una cabaña mediana que no era exactamente un lugar muy conocido. De debajo de su blusa, haciendo poco bulto, sacó una capa que utilizó para cubrirse por completo y entró al lugar en silencio.
Dentro había una gran cantidad de personas vestidas como él. En el centro, quien parecía el líder leía un libro del que apenas se podía entender el título en letras doradas sobre un fondo verde, casi negro. "The Necronomicon".

Heidi se cubrió la boca mientras veía por la ventana, horrorizada de lo que aquel joven con bastante masa corporal estaba dentro. Se sintió repentinamente observada, pero no retrocedió.

No sabía que decían dentro, pero si supo el momento en el que Cartman se levantó y acercó al centro. A un extraño círculo marcado en el suelo. Y esta vez si retrocedió. Retrocedió cuando una extraña luz rodeó al castaño que temblaba tan horrorizado como la chica fuera de la cabaña.

–¿que haces aquí?–.

La voz profunda de un adulto la sorprendió, haciéndola voltear para encontrarse con alguien mucho más alto que ella. Era alguien que sentía que conocía, pero en vez de preguntar o dudar, simplemente se alejó y corrió.
La adrenalina del miedo por lo que acababa de ver la hizo no detenerse hasta que había pasado por poco o nada la señal que estaba en la parada de stop. No aguanto más. Se desplomó en la nieve, agotada y jadeando, sudorosa. Se detuvo a recobrar el aire y a esperar a sentir las piernas de nuevo. Tardo un minuto o dos, viendo el poco vaho que salía de su boca ahora que ya no tenía tanto calor corporal en si misma. Cuando comenzó a recuperarse, se levantó como pudo, mareándose por la falta de fuerza, energía y alimentación. Se abrazó a sí misma, para darse cuenta que había perdido su mochila, y se mordió el labio. Sus padres la matarían. Negó con la cabeza, pensando a donde ir o que hacer; su casa estaba cerrada y ella había perdido las llaves. No podía ir a la escuela en medio de clases, la reportarían -aunque lo harían igual por que había faltado-. Y si iba por ahí, probablemente la atraparía un oficial. ¡O peor aún! Alguno de aquellos desquiciados del bosque.
Revisó su pantalón, y dejó el aire -que ella no sabía que estaba conteniendo- salir cuando encontró su celular y su billetera en las bolsas de este mismo. Reviso el celular. Tenía tres mensajes, y uno era de Annie, una de las chicas que estaba cerca en la mañana. No se llevaban muy bien, pero Annie era un amor, y le avisaba que ella tenía su mochila.
Pero Annie si había ido a la escuela.
Bueno, una de dos no estaba tan mal. Reviso el siguiente mensaje, que era de Wendy. No se molesto en leerlo. Hacia tiempo que Wendy y ella hablaban sobre sus sentimientos por Kyle, y ahora mismo no quería leer sus regaños. Entonces vio el último mensaje, de un número desconocido. Un escalofrío corrió por su espalda. "Ten cuidado, Turner. No querrás meterte en problemas. Olvida lo que viste. Te estaremos vigilando".
Se estaba desesperando, y no tenía idea de que hacer ya. Entonces el mensaje de Wendy de coló en el rabillo de su ojo.

Kyle.
Él podría ayudarla. Él tenía que ayudarla. Sonrió nerviosa mientras juntaba fuerzas, y caminó con lentitud entre el estremecedor frío y el horrible silencio hasta la casa de Dovah. No estaba muy lejos, pero con lo nada que había comido, y lo mucho que había corrido, cada paso que daba era como caminar en clavos. Cuando llegó, no estaba segura de hacerlo. Suspiró, y tocó la puerta. La castaña, hija de los dueños de la casa, abrió la puerta. Frunció el ceño, pero no cerró. Tampoco hablo.

–Dovah. Por favor. Se que nos llevamos mal pero- esto es urgente. Necesito tu ayuda y- y la ayuda de todos y- Por favor– suplicó la chica, nerviosa.

–Supongo que principalmente de Kyle. ¿No?–.

Heidi sabia que la contraria no era idiota, y que la habían descubierto, pero aún así, ese no era su problema principal. Le mostró su celular, en el mensaje que le había mandado aquel número desconocido. La chica que normalmente se mostraba inexpresiva, la miró con duda, y la entró a la casa. Heidi no sabía que hacer, así que, esperando no hacer nada idiota, entró tras ella.

Dovah levantó con brusquedad a Kyle, y Wendy, al ver a Heidi, se levantó con cara de molestia y frustración.

–¡Hey! ¡Dovah!  ¿¡Que demonios?!– gritaba el pelirrojo intentando sostenerse con el control conectado a la consola en que estaban jugando.

Kenny, Butters y Stan solo veían todo sin entender que pasaba. Que rayos estaba sucediendo. Solo reaccionaron viendo mal -Bueno, Kenny la vio así- y con duda a la chica que acababa de entrar, incómoda, a la casa. Dovah arrastró sin cuidado a Kyle hacia el piso de arriba y Wendy hizo que Heidi subiese con ellos, cerrando la puerta por la que entraba el aire helado a la casa.
Una vez arriba, Dovah los dejó entrar a su habitación -que estaba algo desordenada por que los chicos habían dormido ahí e hicieron un desastre entre sus bromas-. La cerró, y se quedó afuera, solo por si alguno de los de abajo tenía la necesidad de espiar.

–Heidi, ¿que sucede?– preguntó Kyle preocupado, haciendo que la chica se sonrojara y voltease a otro lado. –¿Heidi?–.

–Por favor,– pidió Wendy sentándose en la cama y se sobó el puente de la nariz, tal como hace su novio siempre que algo estúpido sucede. –Dime que no tiene que ver con el mensaje de la mañana–.

–¡no!– Heidi levantó la voz, para luego retroceder apenada con la mirada extraña del chico pelirrojo. –Yo- no es por eso. Es solo que... bueno, estábamos Annie, Michelle y yo en la parada de autobús cuando Eric apareció, y, estaba actuando muy extraño, así que lo seguí. Llegamos a una cabaña y parecía que estaban haciendo una invocación satánica y-– intentó explicarse la única castaña en la habitación, dando vueltas por el cuarto e hiperventilándose  poco a poco, hablando cada vez más rápido.

–Heidi, ¡Heidi! ¡Detente y explícate mejor! ¡Te estás alterando!– Wendy intento hacer que se calmara sin éxito. Entonces el hijo de los Broflovski se levanto y se puso frente a Turner deteniéndola por los hombros y viéndola con seriedad.

–Heidi, cálmate y ve al punto–.

La cara de la chica estaba roja y ahora parecía más nerviosa que cuando empezó a hablar. Se aclaró la garganta, alejó, y finalmente habló lo más tranquila que pudo, sacando el celular para buscar el mensaje. –seguí a Cartman hasta una cabaña en la que estaban haciendo un.. ritual, creo yo. No se qué pasó ahí dentro, o cómo está Cartman, por que le hicieron algo extraño con luces y-– se detuvo al ver a las dos personas frente a ellas con una cara de "wtf". –El punto es que recibí este mensaje– levantó el teléfono, mostrando la advertencia de aquel número desconocido. Ambos, Kyle y Wendy, se voltearon a ver con extrañeza.

–No entiendo, ¿por que no fuiste a la policía?– Wendy preguntó, sentándose en la cama.

Heidi frunció el ceño. –Por que se que Kyle es el nuevo he-– antes de terminar la frase, Kyle le había tapado la boca con brusquedad -quizá más de la deseada-. Heidi se sonrojó totalmente.

–No lo digas. Nunca–. Y por unos segundos, Kyle ya no era el tierno pelirrojo de siempre, pero aquel aterrador vigilante que había nacido recientemente.

–¿Cómo supiste?– Wendy se levantó y Kyle dejó a la castaña en paz, alejándose con frustración.

Ya no era solo que fuesen puras chicas las que se daban cuenta; ¡era que mucha gente lo estaba descubriendo!

–Yo... quizás... a veces doy.. vueltas a la casa de Kyle y... quizás le sigo.. solo a veces– volteó a otro lado, apenada.

–¿Acosas a Kyle?– La de pelo negro la vio con incredulidad y disgusto. El chico de ojos verdes estaba sorprendido y aterrado.

–...Solo a veces–.

Kyle tapó su cara con su mano, negando con la cabeza, y Wendy solo guardaba silencio, viendo con algo parecido a la repulsión y la decepción a su amiga.

–Por favor. Soy horrible, pero esto es de verdad. Me estarán siguiendo. Kyle, te lo suplico–.

El chico no sabía que hacer. Paso de largo a Heidi, dirigiéndose a la puerta. –Te ayudaré– respondió tomando el pomo con cuidado para la sorpresa de ambas chicas. La castaña sonreía, tanto esperanzada como ilusionada. –Pero..– con eso la sonrisa desapareció. El pelirrojo volteó un poco, viéndose sombrío por la poca luz que llegaba hasta la puerta desde la ventana. Sus ojos verdes resaltaban, dando un resultado casi aterrador. –Heidi, no quiero volver a verte en cuando esto termine–.

Casi podías escuchar el corazón de la chica romperse. Sabía que Kyle la ayudaría por que tenía un gran corazón, -de tener la mala suerte de que fuese Mysterion o de conocer a Mysterion, el héroe hubiese pasado de ella-, y aun así, la tomo por desprevenida esto último. Lágrimas empezaron a salir de sus ojos con un sentimiento amargo en su pecho y un nudo en su garganta. Wendy se acercó y le puso la mano en el hombro.

–Creo... que es mejor que vayas a algún otro lado–.

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