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4. Ironia

Hay momentos en que las palabras no llegan. Sufrimientos muy grandes para mencionar.
Las madres abrazan fuertemente a sus niños. Liane Cartman abrazaba a su hijo, y éste solo veía en silencio como su vecina era recogida por el carro de los paramédicos con apuro. Stan, Sharon, Kyle y Ike estaban ahí viendo con terror lo que sucedía. Butters lanzó un grito al ver a su madre en la camilla, un hórrido grito de sufrimiento y desesperación, y tras él estaba Dovah cargando a La Niña, que apenas sabía que sucedía. Corrió y lo detuvieron antes de que pudiese entrar al carro. Su abuela estaba arriba, mirándose dolida. Volteó a Butters, boqueando un "lo siento", y las puertas se cerraron.

–¡NO! ¡NO! ¡ES MI MADRE!– se escuchaban los gritos que despertaron a la gente cercana. –¡POR FAVOR! ¡Es mi madre!– lloró cada vez más bajo viendo a la ambulancia alejarse. –Déjenme ver a mi madre–.

Se quedó en el suelo, de rodillas, abrazándose. Su hermana ya estaba despierta y al tanto de lo que sucedía -poe decir. No estaba segura de por que su madre estaba en la ambulancia, pero sabía que algo malo pasaba- y lo único que la pequeña quería era ayudar a su hermano mayor. Cuando se acercó, le dio un pequeño abrazo.

–Tranquilio, Bubbers– murmuró la pequeña Mariam, quitándose los manojos de pelo dorado de la cara, y tratando de calmar al chico, aún cuando apenas sabía hablar. –Estua biem. Mami estará biem–.

Butters la vio con dolor, y abrazo a su hermanita con fuerza y llorando sin parar.

————

A las 9 en punto de la mañana, Linda Stotch fue declarada muerta.
La razón fue abuso de drogas. Específicamente Heroína.
Fue un día triste para todo el pueblo.

————

Butters evitó ir a la escuela ese día. No estaba en condiciones.
Los profesores estaban sorprendidos cuando bastantes de los alumnos de su grado tampoco asistieron a clase; Leo nunca fue bien querido, y ver a tanta gente fuera apoyándolo fue una brutal sorpresa para todos.
Dovah dejó a Butters y a Mariam -Quien si que fue al colegio- quedarse en su casa. Sabía que necesitaba tiempo para relajarse y acostumbrarse antes de volver a pasar por los pasillos de su casa sin soltarse en lágrimas. Lo sabía por que incluso en la lejanía, viendo su casa por la ventana, el pequeño joven no podía evitar llorar totalmente destrozado.
Lo que también la sorprendió fue cuando, unos minutos más tarde, tocaron a su puerta, y casi todos los chicos y chicas estaban ahí; Kyle, Kenny, Stan, Token, Red, Bebe, Clyde, Jimmy, David, Wendy, Craig, Tweek, Kevin -Stoley-, Dougie.
Todos traían comida, dulces, videojuegos. Lo que fuese que sabían distraería a Butters por un rato. La castaña sonrió un poco, y se hizo a un lado. Luego subió, y dijo al rubio que debía bajar.
Con el corazón roto, la cara roja y los ojos hinchados, Butters bajó para encontrarse a todos. Las chicas lo abrazaron, los chicos pidieron perdón.
Todos querían ayudar de una y otra manera. Y aunque el chico estaba furioso y destrozado, sonrió entre las lágrimas y aceptó la ayuda.

————

No todos los villanos son creados por el dolor, ¿saben? ¿Así como no todos los héroes son creados con malas raíces?
No.
Algunas personas simplemente están mal de la cabeza. Enfermas.

El villano de esta historia lo está. Está completamente desquiciado. Y el ver a Linda Stotch, la madre de Butters, morir gracias a la droga que el había creado, le llenó de una gran satisfacción. Una gran alegría. Su apariencia de dolor en el momento fue un gran disfraz que ayudaría a sus planes.
Se plantó enfrente de la estación de policía. Hacia tanto tiempo que deseaba hacer esto. Entró, y el lugar se tensó por completo. Con lentitud se acercó hasta la sala de reportes, y con voz baja y reseca dijo:

–Quiero reportar un asesinato–.

————

Kenny no asistió ese día a trabajar, y avisó, no solo a los lugares a los que tenía que ir, pero también a Kevin, su hermano, quien se entero de lo que sucedía y no tuvo ningún problema en darle a Kenny un descanso.
Cuando ya iban a dar la cuatro de la tarde, sabía que ese día tenía que quedarse a apoyar a su amigo. Se lo debía. Ese era el trabajo de Kenny y de Mysterion ese día; ayudar a Butters en un tiempo tan difícil. Quizá Kenny intentaba no meter relaciones sentimentales en su vida como héroe. Pero ese día alguien necesitaba al chico, y no como un vigilante, sino como un amigo.
A eso de las cuatro veintisiete decidieron salir de compras. Comer algo, conseguir ropa, y más. Así que fueron al centro del pueblo -Por que incluso siendo ya básicamente una ciudad chica, le llamaban y le llamamos pueblo-. Ahí se separaron por grupos. Las chicas, Clyde, Dougie y Butters se fueron por un lado, por las tiendas. Tweek, Token, David y Craig fueron por otro. Stan, Jimmy, Kevin y Kyle corrieron a diferentes lugares y Kenny ya no sabía hacia donde ir. Se quedó parado, volteando. Decidió que le compraría algo a Karen, y retomó su camino hacia ese lugar favorito de su hermana menor. Para llegar, tenia que pasar por aquel callejón que llevaba años ahí. Había otra manera, pero era la más rápida. Y prefería que si podía no alejarse de sus amigos, lo haría; así si alguien ocupaba ayuda con algo podría simplemente dar la vuelta y llegar.
No esperaba que el fuese quien recibiría ayuda.

Escuchó unos pasos detrás, pero en un principio pensó que alguien iba a usar el atajo. Entonces noto que la persona se detuvo y buscó algo, aunque no sabía en donde o que, aún estaba volteado.
Giró sobre si mismo para ver a aquella persona, un señor con gabardina y sombrero, y una bolsa. Abrió la boca en sorpresa cuando vio que sacaba un arma y le apuntó. Pensó que esta sería su muerte del día.

–Hombre, no tengo dinero– advirtió dando un paso atrás. –No tengo nada de valor, no consigues nada con esto–.

El hombre en gabardina sonrió, y apuntó.

–Nada personal– se disculpó con voz ronca al rubio. –Me han pagado por esto–.

Se escuchó el disparo, y Kenny cerró los ojos, listo para aparecer en su casa. Abrió los ojos unos segundos más tarde, cuando se dio cuenta de que no sintió ni la herida, ni el cambio de lugar o ambiente.
Frente a él, estaba un chico notablemente más bajo, con una sudadera de un color obscuro con una figura bastante minimalista que parecía una luciérnaga -o al menos intentaba parecerlo- delineada de blanco, pantalones de mezclilla, tennis deportivos desgastados, y un cinturón cruzado con bolsas pequeñas pegadas. Tenía las mangas levantadas y la poca piel que se le veía era una piel blanca, de cualquier persona. Tenía coderas de práctica para deporte. La mano que tenía frente a sí mismo era una mano chica, pero claramente masculina, y cubierta con un guante sin dedos negro de -lo que Kenny podía deducir desde su posición- probablemente cuero. De los dedos del chico se desprendía una energía azul verdosa. Aqua.

Era aquel vigilante, y le había salvado la vida deteniendo la bala en la lejanía.
El hombre en gabardina sonrió y guardó el arma.

–Bueno. Me encontré con el nuevo héroe. Mi jefe estará alegre con estas noticias–.

Un movimiento de la mano del héroe bastó para que la bala cambiase de dirección y golpease contra la pared del edificio, deteniéndose sin hacer el menor daño. –¿y tu jefe es?– se escuchó la voz gruesa y claramente fingida del chico. Parecida a la voz de Mysterion, pero con su propio toque.
"Genial", pensó Kenny sin la menor preocupación de su situación. "Primero me quita el puesto y ahora imita mis métodos para evitar ser descubierto. Que tipo más poco original. Aún así no se ve mal..".

–No lo se. Solo estoy seguro que le agradará saber esto–.

Era notable que el más bajo tenía poco temperamento, por que el hombre golpeó de pronto contra la misma pared con la que la munición del arma fue a dar. El nuevo vigilante se acercó a él, y sacó una cuerda de una de las bolsas. No muy grande como para estorbar, pero lo suficientemente gruesa para tener buen agarre.
Ató al nuevo criminal con los brazos atrás, y volteó hacia el rubio, quien ya tenía el teléfono en mano para llamar a la comisaría.

–No llames a los policías–.

Kenny tardo en responder. Se quedó embobado, viendo los brillantes ojos verdes que se le hacían extrañamente conocidos. La cara estaba cubierta con una máscara negra de tela.

–¿Escuchaste? No- llames- a los- policías–.

No le gustaba que le diesen órdenes, pero a pesar de que si moría simplemente iba a volver, el joven había salvado su vida, y para ser justos, aquel maldito había intentado matarlo. Guardo su celular y dando un suspiro volteó, pero ya no encontró al chico de la sudadera obscura. Solo a un hombre desmayado y atado.
La policía llegó pronto, dejando confundido al rubio. Después llegaron Stan y los demás también.
No vio a Kyle hasta poco después, que se acercó ofreciéndole una soda.

–¿Estás bien, Kenny?– preguntó el pelirrojo en tono suave. Como si temiese asustarle.

–Yo si. ¿Tú? ¿Donde estabas?– sonaba como si le recriminase, pero en realidad estaba dudando de Kyle. ¿Por qué había tardado tanto en llegar?

–Me aleje bastante. Estaba buscando la librería, ya sabes que queda lejos. De pronto recibí un mensaje de Bebe diciéndome que intentaron asaltarte. Como todos estaban aquí, pensé que podías esperar un poco más al último, así que pase a comprarte la soda– se explicó.

Kenny aceptó la soda. No había nada que dudase de las palabras del chico. Sonaba a algo típico de él.

A Kyle no le gustaba leer como tal. Le aburría. Pero si que le gustaba estudiar, así que a veces se la pasaba por la librería buscando las cosas de los próximos exámenes.
El rubio volteó a ver al resto de sus amigos mientras abría la soda. Clyde y Bebe hablando. Butters al lado, distraído con sus pensamientos, y Dovah haciéndole compañía en silencio.
David, Jimmy, Dougie, Token y Kevin hacían algunas tonterías. Stan, Wendy, Red, Craig y Tweek también hablaban, un poco más separados.

–¿te hirió? ¿Cómo lo noqueaste?– preguntó el chico, sentándose a su lado.

–No lo hice. Él si–.

–¿Él?– frunció el ceño en confusión, no entendiendo lo que Kenny le decía.

–El nuevo superhéroe. Estaba ahí. Apareció de la nada, interponiéndose entre la bala y yo, y solo sosteniendo la bala a uno o dos metros de distancia de él poniendo su mano en frente– respondió con admiración.

Aun así, simplemente no tenía mucha confianza que un chico que llegó de la noche a la mañana con extraña magia y ganas de salvar al mundo.

–Vamos Kenny, ¿Es en serio? ¿El vigilante? ¿No fue Mysterion, o algo así?–.

Kenny sabía que Kyle sentía una gran admiración por su contraparte. Algo que en cierta manera le producía un extraño sentimiento en el estómago. Como emoción, o alegría. No entendía ni el cómo o el por que de los sentimientos aquellos, pero los tenía. Y cada vez que escuchaba al chico hablar sobre Mysterion con ese pequeño tono de escondida ilusión le producía esos sentimientos. Le desesperaba.

–No, Kyle, lo siento. Creo que Mysterion se está tomando vacaciones, por que estoy seguro que no se le ha visto–.

El chico con pelo chino suspiró con frustración. –¿Dónde estará? Pensé que sería el primero en revisar sobre el nuevo héroe–.

Kenny sintió un pequeño alivio al ver que Kyle lo encubría bastante bien. Entonces sintió algo como disgusto, o preocupación.
Lo escondía demasiado bien para que eso viniese de algo saludable.

–Quien sabe Kyle. Quizá no lo sabremos–.

Butters a lo lejos bajo la cabeza, cansado. Suspiró, y sin una sola palabra, se rindió.

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