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28. Intermision II

Ike Broflovski era, en muchas formas, un genio. Tenía las mejores notas en sus exámenes de su generación entera, y si no estaba adelantado en clases era simplemente por que no se esforzaba mucho. También era increíblemente rápido para pensar y encontrar soluciones en el momento, era fuerte y atlético, era, aún para su corta edad, bastante guapo y carismático. Era el más atento, el más astuto. Y sin embargo Ike siempre seguiría a Kyle. A su hermano mayor. Por que aun cuando el pelirrojo era necio y grosero y siempre se metía en problemas, e incluso cuando Ike era incluso más inteligente que Kyle, el mayor era una fuente de adoración para Ike.

Al canadiense le encantaba lo determinado y fuerte y valiente que Kyle era. Adoraba como aún cuando el podía cuidarse por si mismo, y todos lo sabían, Kyle prefería dejar que Ike fuese un Niño. No lo forzaba a preocuparse por todo como otras personas lo hacían. Ike de verdad admiraba a su hermano. Por eso nunca dijo nada cuando Kyle comenzó a actuar extraño en sexto de primaria, viendo a los chicos de su escuela con ansiedad. Por eso nunca dijo nada cuando el pelirrojo comenzó a juntarse demasiado con Craig, ni comentó sobre lo que decían a altas horas de la noche en la habitación del mayor de los niños Broflovski. Ni dijo nada cuando Kyle y Craig terminaron y las miradas del pelirrojo volvieron a dirigirse a Kenny.

O en temas más importantes, nunca dijo nada cuando las cosas eléctricas batallaban en mantenerse prendidas cuando Kyle comenzaba a perder el temperamento. No dijo nada cuando Kyle comenzó a verse con algunas de las niñas a hablar de ropa cómoda para combate. Y no dijo nada cuando vio a un chico con sudadera salir por la ventana de su hermano, aún si nunca lo había visto entrar.

Ike nunca dijo nada por que sabía que su hermano era inteligente y que su hermano era grandioso.

El problema es que se acostumbró a no decir nada.

Salió en la noche, mientras los adolescentes se preparaban para salir de la mansión. Tricia y Karen lo vieron salir, pero ninguna dijo nada. El solo sonrió y asintió con la cabeza al ver la seña de pulgares arriba que la chica de pelo casi naranja le hizo.
Y corrió. Corrió con su mochila, pasando por las sombras de South Park, evitando a cualquier bastardo encapuchado que estuviese por ahí. Corrió hasta salir de la ciudad y corrió y corrió hasta que ya no podía. Hasta que sus piernas ardían y su garganta quemaba y el frío congelaba sus dedos. Corrió hasta que estaba a punto de desmayarse. Por suerte no estaba solo.

Cuando volvió a la realidad, estaba en el hospital Hell Pass. Una doctora le administraba algún líquido con una sonrisa suave y una de sus compañeras de clase lo abrazó con fuerza.

"Somos una resistencia," un chico de tercero de preparatoria le dijo una vez que estaba lo suficientemente fuerte como para levantarse. "Los cultistas cerraron El Paso. No podemos ir más lejos. Disparan al contacto visual. Ir de vuelta al pueblo no es una opción, está totalmente dominada."

"¿Y por que el hospital?"

"Bueno, está alejado de South Park, y tenemos medicina, comida, y muchas personas. Además, así podemos proteger a la gente en mala condición de esos cultistas."

Ike miró por la ventana. Eran ya las doce del día pero afuera se veía obscuro.

"¿Y como se llama esta resistencia?"

"Bueno..."

"El Hospital."

"Queríamos ponerle Minutemen pero nos dijeron que había infracciones por copyright en la historia así que nos quedamos así."

Ike sonrió. "¿Y quien es el líder?"

"Yo," una voz provino desde la puerta.

"Hijo de... perra, sigues con vida."

Scott Malkinson se apoyaba en la puerta con diversión. "Por supuesto que sigo con vida. Si vives con diabetes eres imparable. Sarah podría decir lo mismo."

"Scott. ¿Quienes más están aquí?"

"Los chicos de tu generación. No se que les enseñan pero esos pequeños demonios están como soldados. Son la principal fuente de defensa. Los góticos también están aquí. Son sorprendentemente buenas personas, considerando lo qué pasó hace unos años. Ellos se encargan de repartir materiales y eso. También están algunos de los chicos de mi generación. Alejandro, el chico de los White que se fugó, y David. Nos reunimos rápido cuando se escucharon explosiones y nos salimos de South Park."

"Genial. Entonces escaparon antes de que toda la mierda cayese. Dios, los superhéroes esos están batallando mucho. Hay un caos en las calles."

"Lo sé. Por eso escapamos."

Ike asintió, levantándose. Sus piernas temblaban, no acostumbradas al sobre esfuerzo.

"¿Y tú hermano y sus amigos?"

El pelinegro suspiró. "Aún en South Park. Las hermanas menores de todo el club caótico aún están allá. Pensé en traerlas, pero... dios. La hermana del chico Butters es tan pequeña y— casi me descubren, como tres veces e iba solo. Solo nos hubiese matado a todos."

"Hiciste lo correcto. Se como es Kenny. Morirá antes de dejar que le pase algo a su hermana: ya verás que estarán aquí en cuanto puedan."

"Eso espero. Estoy muy preocupado..."

"Mientras tanto, Iek—"

"Es Ike—"

"Necesitamos tanta ayuda como podamos. ¿Quieres unirte a nosotros?"

El pelinegro sonrió. "¿Bromeas? Por su puesto."

"Genial, entonces ven conmigo. Te mostrare lo qué hay por aquí."

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