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20. Que decidir

Craig se levantó con un escalofrío. Volteo hacia los lados, para averiguar que estaba pasando, para encontrarse acostado en un colchón en el suelo, en la habitación de uno de sus mejores amigos, Token. A unos metros estaba Jimmy, Clyde, y claramente, Token. El pelinegro sonrió para sí, pues solo había una persona que se levantaba más temprano que él.
No se había tomado la molestia de ponerse una pijama la noche pasada. Llegó tan cansado del entrenamiento de Fútbol y de la pequeña maratón que se lanzó intentando llegar a la mansión del chico de tez morena mientras soñaba el toque de queda que simplemente llegó a dormir. Por lo tanto, tomó alguna de sus cosas, y entró a darse una ducha, lavarse los dientes, tranquilo y aburrido, como a él le encantaba. Al terminar, decidió ir abajo. Mientras bajaba las escaleras escuchó un golpe y un chillido, así que se apresuró.

–Ay, con un- AGH. Demonio–.

Ahí estaba su novio, ansioso, desesperado, y batallando con el frasco atascado que tenía café dentro. Craig sonrió con dulzura.

–¿Ocupas ayuda, cariño?–.

Tweek dio un salto, soltando el frasco, y atrapándolo de nuevo antes de que cayese y reventara en el suelo. –¡Mierda! La- ugh- puta madre, Tucker, te dije que dejarás de- AGH- aparecerte así– le reclamó, temblando un poco.

–Lo siento, amor– se disculpo, con algo de burla, y una sonrisa, a lo que Tweek le respondió con el dedo medio, y él, gustoso, le devolvió la seña. –¿Entonces quieres ayuda?–.

–No, no– murmuró algo, en frustración, volviendo a su intento de abrir la topa del bote. –Yo puedo, solo, está un poco mojada-– respondió.

–¿No te ataste el pelo esta mañana?– le preguntó, con otra intención aparte de la de ver el desordenado pelo de su pareja acomodado.

–No, no me até el pelo esta mañana, ¿Que- ack- clase de pregunta es es-? Oh. Oh, claro– gruñó, tomando una liga de la bolsa de su pantalón, para después ponerla al rededor de la tapa, finalmente logrando destaparla con mayor facilidad. –¿Estas feliz, maldito- ugh- genio?–.

–¿Honestamente? Si, si lo estoy. Siempre es divertido ganar– se burló, acercándose y sacando dos tazas.

Tweek rodó los ojos, quitando la liga de la tapa y atándose el pelo, para ver mejor. –Idiota– susurró divertido, alistando la cafetera para hacer su bebida favorita.

–¿Querrás leche esta vez?–.

–¿Quise leche la vez pasada?–.

–No, pero-– fue interrumpido, dándose cuenta de lo cerca que estaba del rubio. De lo cerca que estaban de besarse, y.. de que su hermana ya estaba despierta, también.

–Wow, asqueroso– se escuchó la voz de la pelirroja, y ambos la vieron pasar en medio de los dos. –Consíganse un cuarto personal, no en la cocina– les regañó más que nada como una burla, tomando un vaso y sacando la leche del refrigerador para servirse.

–Eso último a petición mía, por favor, quiero la cocina limpia, Nichole esta aquí y quiero dar una buena impresión– Habló esta vez Token, desde el final de las escaleras, bostezando y estirándose.

Ambos chicos se separaron rápidamente, colorados y apenados. Token se acercó, y Tricia dejo la leche en la mesa para irse al cuarto con el vaso en la mano.

–No te preocupes, grandote, no le dire a tu novia sobre estos dos idiotas– dijo la menos con la misma expresión de "me da igual" que su hermano solía tener... diariamente, y subiéndose.

Craig rodó los ojos. –Ugh, esa mocosa–.

–Demonios, Craig, tu hermana es extraña–.

–Dime algo que no sepa. Hay una razón por la que McCormick no quiere dejarla cerca de su hermana–.

–Ack– gimió el rubio, al momento que la cafetera sonó. –El café está listo- ACK. Solo- si quieren azúcar ustedes lo conseguirán–.

————

–El infierno está... enfriándose– murmuró Pip, observando como las paredes generalmente se un tono rojizo comenzaban a desaparecer.

Como si cuando una fogata empieza a apagarse.

–Sí– afirmó Damien, sentado, apoyado contra un muro, ocultando la mitad de la cara entre brazos y piernas, preocupado. Dio un suspiro. –Creo que mi padre finalmente va a morir, Pip.–.

–¿Satan? ¿Puede..?–.

El pelinegro frunció el ceño y chasqueó la lengua, haciendo saltar a Pip. Aún no controlaba sus problemas de ira, pero esta vez no explotó. Simplemente gruñó y suspiró.

–Si, Pip. No estaba seguro, pero, ¿el infierno enfriándose tanto y de golpe? ¿Los demonios comportándose extraños, y más agresivos o.. amables? La energía de mi padre se está perdiendo, desvaneciendo, y-..– Damien volteó a otro lado, disgustado. –Si él muere yo tomaré su puesto–.

Pip ladeo la cabeza ligeramente, desconcertado, pero finalmente se acercó y apoyó una mano en el hombro del hijo de Satan, que era unos centímetros más bajo que él mismo. Le sonrió levemente.

–Ten confianza en tu padre. Quizás sólo está un poco enfermo.– se mordió y humedeció el labio inferior para decir lo siguiente. –Si no, yo estaré para ayudarte, ¿bien Damien? Lo prometo.–.

El de ojos rojos le sonrió levemente. –Gracias, Pip. No entiendo por que te tirábamos tanta mierda cuando éramos pequeños–.

–Por qué cuando éramos pequeños vivíamos en South Park y hasta yo tenía serios problemas mentales–.

–Eso es.. un buen punto– sonrió el más bajo, mostrando la línea de sus puntiagudos dientes. –Finalmente lo que más me preocupa, es que si esos idiotas no detienen a Cthulhu, vendrá por mi y por mi padre. No tenemos, ni siquiera juntos, la fuerza para derrotarlo. Si fallamos y obtiene el infierno..– volteó a ver los ojos de Pip, que brillaban con preocupación. –El cielo irá después. Y finalmente..–.

–El vacío–.

–Cuando todo acabe, y no quede nada, habremos perdido. Azathoth despertará. Todo rastro de este universo será eliminado, y-... la última visión que tuve de nuestro futuro... mierda, Pip. Esto tiene que mejorar–.

———————

–¿Sigue mal?– preguntó Kenny, mirando preocupado hacia las escaleras, sentado desde el sillón.

Stanley suspiró. –Desde la madrugada no ha salido de la habitación, y dicho nada en absoluto. No se que fue la pesadilla que tuvo, pero joder, debió ser horrible para esa reacción–, comentó, agitando un poco la bebida que tenía en la mano.

–Iré a hablarle.– aviso, levantándose.

–Cerró la puerta de la habitación con seguro, Ken. Dijo que no quería ver a nadie, que ocupaba descansar–.

–No le negaría entrar a su novio– sonrió con orgullo.

–No dejó entrar a Ik-– estaba a punto de terminar de hablar y comenzar a beber cuando captó, y soltó el aire de golpe, escupiendo la bebida y ahogándose un poco. –¿¡Novio?! ¡¿Finalmente te preguntó?!–.

Kenny se sonrojó. –¿Finalmente?- eh, no. Técnicamente yo le pregunté–.

–Ah, por supuesto. Pff, para hacerle tanto drama con Reb y Heidi, tardo bastante en salir contigo, finalmente ni siquiera fue el el que preguntó–.

El rubio gritó internamente por dentro. ¿Cuánto tiempo llevaba Kyle enamorado de él? ¿Lo mismo que él? ¿Menos, más?

–Me sorprende que no estés.. bueno.. sorprendido– admitió.

–Kenny, por Dios. Kyle es mi mejor amigo, claro que lo sabia. Me dice casi todo–.

Él solo asintió. –Bueno, como decía, iré a ver si al menos está vivo–.

Stan solo asintió, levantándose por papel para limpiar el accidente que tuvo.
Kenny subió las escaleras con tranquilidad. En la habitación de Sheila se escuchaban a las chicas de ropa y pintura de uñas, incluso las madres, y Dovah. La habitación de Ike estaba silenciosa. Luego estaba la habitación de Kyle. Intento entrar, pero tenía seguro. Luego tocó la puerta.

–Kyle, soy yo, Kenny. ¿Podemos hablar? Te veías estresado–.

No hubo respuesta. Tocó de nuevo.

–Ky, se que estás alterado, pero ocupamos calmarnos un poco–.

De nuevo, sin respuesta. El rubio comenzaba a sentir desagrado.

–Kyle, abre, o voy a abrir yo–.

Cuando no hubo ni un sonido, saco unos Bobby pins de la bolsa de su pantalón, y quito el seguro. Cuando entró, frunció el ceño y chasqueo la lengua. Estaba vacío. La ventana estaba abierta. ¿y Kyle? Kyle era un idiota hijo de-.

–Ay, no puede-– se volteó, interrumpiéndose a sí mismo, bajando las escaleras deslizándose, e ignorando la confusión de Stan, Butters y Ike cuando salió de la casa corriendo.

——————

El estanque de Stark era el lugar favorito de Kyle para entrenar. Muy poca gente iba ahí, así que era difícil que le viesen y, de paso, era silencioso. Los únicos días que estaba actualmente lleno era en san Valentín, el día de la independencia, y Año Nuevo, a veces. Sus oídos estaban tapados, y él se sentía agotado. Aquel sonido, la estática, aparecía por momentos, y le estaba entrando pánico. Concentraba toda su energía en el agua, en escuchar el agua. Estaba en su ropa normal y había dejado los guantes de lado. No le preocupaba ser descubierto, o atacado, por alguna razón. De hecho, tenía la sensación de que no iba a pasar nada malo. Pero si estaba nervioso, alterado. A pesar de que lo que intentaba era mantener el agua tranquila, podía ver como en el líquido rebotaban de vez en cuando ondas. Como si hubiese tirado rocas, o la hubiese golpeado. Pero era solo por momentos. Momentos en que sonó fuertemente la estática.

Sintió un piquete en su interior, una presencia cercana. Volteó atrás de si, encontrándose con Cartman. Pero esta vez no estaban aquellos aterradores ojos amarillos. Eran las pupilas normales de Eric, y se veía tranquilo.

–¿Te vas a quejar si me siento, judío?–.

El pelirrojo iba a decir algo, pero una punzada de dolor en la cabeza y más ruido de estática se lo evitó. Volteó de nuevo hacia el lago.

–Sabes que debería hacerte pedazos por lo que hiciste, ¿no, Cartman?–.

–¡Ja!– el castaño se burló. –Ni Por qué sabes que pasarán cosas malas si no me matas lo harías. Eres demasiado suave, Kahl–.

El más bajo rodó los ojos. Cartman se sentó a su lado.

–¿Sabes? Sigues siendo el más bajo de los cuatro– se burló Cartman.

Kyle estaba escuchando demasiada estática para que le importase.

–No es un sueño Kyle, si estoy aquí– susurro Cartman. –Finalmente voy a matarlos a todos– sonrió, viendo al contrario. –A ti es a quien más muerto quiero ver, ¿sabes?–.

–¿Que es la estática?– preguntó en tono bajo, ignorando las amenazas de Cartman.

–Él dijo que probablemente algún idiota intentando hablar contigo. Ya Sabes, eres mental sensible. Algún otro  gay a de querer comunicarse contigo desde alguna parte–.

El chico Broflovski no se molesto en contestar. Solo se presionó la cabeza en desesperación, intentando callar el sonido.

–Voy a destruir todo, Kyle. Todo–.

Finalmente el pelirrojo se cansó.
–¿Y cuando no quede nada, Cartman?–.

–Destruiré la nada también–.

Y ambos se quedaron en silencio, viendo el agua, serena.
El chico relleno finalmente se levantó, estirándose, tras un rato.

–Por cierto, tú novio te está buscando. Cthulhu dice que no deberías salir corriendo de casa sin avisar, y menos cuando todo está al límite, idiota–.

–¿Ahora me estás cuidando, Eric?–.

–Pff, ya quisieras. Simplemente quiero destruirte por mi cuenta. No quiero que te acuchillen y te dejen por ahí tirado mientras no sea yo quien lo haga–.

–Lo que digas, Cartman– murmuró.

–Kyle–.

El pelirrojo volteó a ver al castaño. Ahora, esos rojos brillantes, dorados, le observaban. Un golpe de estática comenzó a sonar en su cabeza y se tapó los oídos, fallidamente intentando parar el molesto sonido.

–Voy a destruirte a ti. A ti y a cada otro dios que se ponga en mi camino. No me importa de que estúpida religión sea–.

Con eso, desapareció. El silencio inundó el lugar. No sonó un poco más de estática. Nuevamente, comenzó a jugar con el agua, aunque esta vez logrando completamente que no se moviese. Tras un rato, escucho su nombre.

–¡Kyle!–.

Ese era Kenny. Estaba seguro. Cerró los ojos. Estaba ansioso. Preocupado. Tenía algo que ya no era solo "un mal presentimiento".
Cada palabra que Cartman le dijo le rebotaba en la cabeza. "Cada Dios". ¿De que dioses estaba hablando?

–Kyle– sonó una voz suave, preocupada detrás de él.

No sabía. Pero algo estaba claro. Tenía que ver con sus amigos. Y por ninguna razón iba a dejar que ese gordo se metiese con su familia y amigos.

–Kyle, hijo de puta–.

Era una promesa.

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