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14. Problematico

Cuando salieron de la casa de Stanley Marsh, Bebe ya se había llevado a Heidi a su casa. Kyle les debía mucho a las chicas. Dovah salió herida cuando ella no tenía nada que ver. Wendy estuvo contra una pistola cubriéndole. Bebe tomo a Heidi bajó su ala sabiendo los peligros que conllevaba. Se sentía como que jamás iba a poder pagarles. Ambos se detuvieron unos metros más enfrente, en casa de la familia Broflovski. Mientras estaban con el pelinegro, Ike había llegado. Lo supo por que él había dejado luces prendidas, y la mitad ya estaban apagadas. Su madre no había llegado. Se sabía de memoria las horas en las que ella y su padre estaban fuera resolviendo temas de importancia fuera del divorcio.

–Entonces– Kenny rompió el silencio. –Te gusto–.

A el pelirrojo el tema lo tomo por sorpresa. Su cara enrojeció y su mirada se concentró en la puerta de la entrada, como esperando que algo saliese a salvarle.

–Perdona- yo no-– Intentó justificarse para que el rubio le arrancara la palabra de la boca.

–Tu también me gustas– admitió, sonriendo con emoción.

Si Kyle fuese una máquina, habría que reiniciarlo, por que casi podia veras el humo salir por sus orejas y su cara decía "sobracalentandose". Kenny nunca había visto al chico tan apenado, y no estaba seguro si le gustaba o no. Si era bueno, o no. Pero el chico se vía asquerosamente adorable, y no podía aguantar el verlo así, por que le daban ganas de lanzar un chillido y abrazarlo, como hacía Karen a veces, cuando le regalaba un peluche. El más bajo se tapó la mitad de la cara con la mano y gruñó.

–Kenny, si estás bromeando, por favor detente–.

El más alto rodó los ojos, e hizo que su amigo quitase la mano de su cara. Luego, le jaló del cuello de la camiseta, haciendo que el chico Broflovski se pusiese de puntillas para evitar que estirara su ropa. Aprovecho esto, y le dió un beso. El pelirrojo tardo lo suyo en reaccionar, pero terminó correspondiendo. Entonces se separaron.

–Tu también me gustas– repitió el más alto, soltando la camiseta de su chico.

El más bajo estaba a nada de desmayarse. Eso parecía, cuando menos.

–¡Hey! ¡Tórtolos!– les llamó la voz de Ike desde arriba, y ambos voltearon a ver. –¡Es tarde! ¡Mañana hay clases y si se ponen a hacer sus cosas "de adultos" ahora mismo no podré dormir!–.

Kenny rió. –Tiene un punto.– se agachó un poco para darle un poquito al chico Broflovski, y se alejó, para irse a su casa. –Nos vemos, novio mío– le sonrió con burla y cariño, y se fue corriendo.

Kyle seguía parado en la calle sin reaccionar, y solo entro a la casa unos minutos más tarde, gracias a que Ike fue hacia él, y lo jalo del brazo hasta el interior de la casa.

–Me beso– dijo el pelirrojo, incrédulo.

–Si, si lo hizo–.

–Y correspondió mis sentimientos–.

–Si, ya era hora–.

–Y.. y me llamó su-–.

Ike lo interrumpió –Si, Kyle. Kenny te ama. ¿No tienes alguna tarea que hacer a última hora o algo así? O, no se, irte a dormir, algo–.

Kyle rodó los ojos, saliendo del shock. –¿No tienes algo de feria de lo que te di?–.

El Niño infló las mejillas, y salió corriendo de ahí.

–¡Me debes mucho dinero, Ike! ¡Mucho!–.

Ya no dijo nada más. Subió hasta su habitación. Puso seguro a la ventana, y cerró la puerta. Se acostó en su cama, y comenzó a pensar en su día. En cómo había cambiado todo en menos de veinticuatro horas, y como seguiría cambiando todo. Finalmente, llegó a las últimas dos horas. Sonrió, abrazo la almohada, y se quedó dormido.

————

Pesadillas. Eso era lo que inundaba la mente de Dovah cuando estaba dormida. Lo habían estado desde su encuentro, y seguía así.
Se levantó de su cama. La verdad, es que ya se había recuperado. Ella tampoco era normal. No llegaba al nivel de Kenny, pero estaba claro que había algo más que sus padres no me estaban diciendo. No creía que aquella medicina para suprimir sus seguidores también le diese la capacidad de viajar en el tiempo y de jugar con el mismo como si fuese plastilina.
Abrió la puerta de la salida y entrada a su habitación. Reviso a los lados. Tenía un mal presentimiento.

–Renpet. Mi amiga. Que gusto verte–.

La chica se asustó. Era algo raro en ella. Volteó con velocidad.

Eric, Theodore, Cartman.
La joven estaba temblando.

–Bueno, si que hice un número en ti. Estás llena de golpes. Aunque, por tu origen, la mayoría ya están casi curados. Puedo verlo por que si no, estarías en la cama. Inmóvil. Pero no te preocupes, vine a terminar el trabajo–.

–Lárgate de aquí– murmuró ella. Pero él la ignoro, acercándosele. Ella retrocedió pasó a paso, hasta chocar contra la pared.

–El problema es que, si no te elimino ahora, podrías interferir más tarde con mis planes, señora del tiempo. De Tlaloc ya me encargaré después. No se molestará tanto de perder a una... amiga–.

Dovah frunció el ceño. Sintió los ojos húmedos, pero estaba más molesta que herida. Por eso último, sabía que con "Tlaloc" se refería a Butters. ¿Como se atrevía? Se puso en posición de batalla.

–Oh, Renpet. ¿Es que no entiendes?  Tus seguidores desaparecieron hace cientos de años. Demonios, ¡tu y otros dioses han llegado a venir aquí, un pequeño pueblo en las montañas, por que ya no hay nadie que los adore! Solo mitología. ¿Pero yo? Ja. Yo soy poderoso. Hay mucha gente siguiéndome. Tu no tienes a nad-–.

El puño de la chica se estrelló en la cara del contrario.

–Mi nombre es Dovah. Dovah Rifend Khiin–.

Cartman mantuvo la mano en su cafa, por unos segundos. Y cuando se la quito, y abrió los ojos, Dovah sintió un escalofrío. Su mirada sombría y aquellos brillantes ojos color miel que la observaban con odio. Vio como se desprendía energía obscura al rededor del chico.

–Esa fue una mala decisión, Dovah Khiin–.

————

Wendy despertó asustada cuando el suelo tembló. O le había dado la impresión de que tembló. Pero al ver todo en su lugar, y no escuchar barullo, supuso que había sido un sueño. Solo un sueño. Tomo aire, y reviso su teléfono. Eran las tres de la mañana, lo que explicaba el por que todavía estaba oscuro afuera. Puso la mano en su cara y sobo el puente de su nariz. Estaba temblando. Bajo de la cama, se puso unas pantuflas púrpura,  y fue hacia abajo, por un vaso de agua. Estaba lista, abajo, con un vaso, cuando escuchó la puerta tocar. Dejo el cristal al lado, y tomo lo primero que vio, una escoba, para defenderse. Se preparó para cualquier cosa, y abrió la puerta. Ahí estaba Dovah, con las ropas del hospital, más sana de como se veía hace unos días pero con más golpes y heridas que antes. Wendy tiro la escoba.

–Oh d- ¿Dovah? ¿Que te pasó?–.

–Necesito...– la chica dio grandes bocanadas de aire, agotada. –Wendy, esconderme. Rápido... por.. por favor–.

La pelinegra reaccionó. –Si, si- disculpa– se hizo a un lado y la dejo pasar.

Noto como estaba cojeando. Claramente su pierna todavía estaba mal. Cuando su amiga estaba dentro de la casa, revisó a los lados en busca de su perseguidor, pero no había nada, así que cerró la puerta tras de sí. Luego se volteó hacia la castaña, que casi se arrastró hacia el sofá.

–¿Ahora me contarás que sucede?–.

La chica se sobó los golpes. –Cartman-– Wendy la interrumpió.

–¿Eric hizo esto?– le grito en susurros.

–Wendy.. es- escúchame. Ese no es Cartman. Hay algo en el. Es.. es como un demonio. Sea lo que sea que.. que esta en él.. es peligroso. Y esta enojado. Esta muy enojado, Wendy–.

Con esto, la chica se desplomó. Wendy juró que había algo de energía roja aparecer a su al rededor, pero era tarde. Quizás sólo lo estaba imaginando. Acomodó a la chica. Le dejo una manta gruesa por que hacía frío, y luego fue por agua y subió a su habitación. Estaba muy nerviosa sobre lo que la chica dijo. Pero preocuparse a esa hora no la ayudaría en nada, y menos si no podía informarle a Kyle, que hacía el trabajo físico. Ya le contaría en la mañana.

————

Damien recuperó su fuerza con rapidez. Cartman no sabía que, como el hijo del demonio, tenía muchos trucos bajo la manga. Le dio algo de lástima haber asesinado a la madre del chico, por que era lo único que tenía, pero, para ser justos, había cosas más importantes que la vida de una estúpida mortal. Y conociendo lo fiel a su palabra que era la deidad maligna en cuanto a tratos con sus cuerpos, el la reviviría en un punto u otro. La sangre de la mujer era débil. Estaba llena de pecado e idiotez. Sirvió vagamente para lograr soltarse y desaparecer de South Park. Tenía que recuperar toda su energía y hablar con su padre si quería detener a ese bastardo.

————

Butters se levantó en mitad de la noche, tras una pesadilla, y tras sentir el suelo temblar. No era un terremoto, estaba seguro. Pero fuese lo que fuese, le daba un horrible presentimiento y una molestia en el estómago. Tomo aire, y cerró los ojos, haciéndose un ovillo en su cama. Pensó en las cosas buenas que tenía. En su hermana, en Bebe, en Dovah, en Stan, en Kenny, en Jimmy, en Kyle, en sus amigos, incluso en su abuela, que a pesar de será una perra, lo cuidaba. Cuando dejo de sentir energía en sus manos, supo que el miedo ya había pasado. Revisó su teléfono. Eran las tres y algo de la mañana. Tenía algunos mensajes, que entro a revisar. Algunos chats eran grupos. Otro era Stan diciéndole algo sobre Heidi y sobre Kyle y Kenny. Otro mensaje pendiente de Jimmy, con quien estuvo hablando antes de quedarse dormido sin responder. Finalmente, había un mensaje de Bebe que le decía que en cuanto pudiese, tenían que hablar.
Entonces llego otro mensaje. Era el número de Eric, pero algo le decía que ese no era su viejo amigo.

"Tlaloc, te recomiendo guardar energías y hablar con McCormick y Broflovski, estoy seguro que ambos te ayudarán a mantenerte con vida lo suficiente"
"Por cierto, yo que tú vigilaría a tu amiguita. Voy a matar a Khiin en cuanto pueda"
"Buena suerte, Stotch".

Gruñó y se apretó la cara con las manos. ¿Por que todo le estaba pasando a él? ¿Que culpa tenía? ¿Que había hecho? Odiaba su vida. ¿Por qué todo era así?
¿Por qué?
¿Por qué?
El solo quería una vida normal.
¿Por qué?
¿Por qué?
¿Por qué?

–Butters– escuchó la voz de su hermana. –Butters–.

El volteó acelerado a verla. Ella le regresaba la mirada, asustada.

–¿Te estas electrocutando? ¿Estas bien?–.

El mayor la vio con confusión, y luego se dio cuenta de las chispas que salían de sus manos.
Cuando pensó en el profesor caos, no pensaba literalmente volverse un tipo con electricidad en su cuerpo que podía volverse tan peligroso. Pero de nuevo, tampoco pensaba tener una hermana y que su madre muriese. La vida simplemente no le quería.

–Lo siento, Mariam. Todo esta bien, solo- se me cayó algo encima. Pero no, no me electrocute. Vuelve a tu cama–.

La Niña se vio apenada. –Yo.. tuve una pesadilla. ¿Puedo dormir contigo?–.

El rubio se sorprendió. Pero luego le dio una sonrisa reconfortante a su hermana. –Claro, ven aquí– se levantó para que ella pudiese dormir contra la pared. Así el podría cuidarla.

Ella sonrió y fue hacia él, acostándose a su lado. –Gracias, Butters–.

–No hay por que, Mari– le respondió poniéndose a su lado.

–Butters, te quiero. Eres el mejor hermano–.

–Yo te quiero también, Mariam–.

Su hermana quedó dormida casi enseguida. Pero había algo sobre los mensajes de Eric que no le agradaban. Que le daban un mal presentimiento.

Maldita sea, el solo quería una infancia normal. ¿Por qué tenía que ir a parar a South Park?

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