10. Tonto
Kenny sabia que había sido muy duro con el nuevo. Claro, no pensó en eso en el resto de la noche. Pensó en eso en la mañana, cuando eran aproximadamente las cuatro y algo de la madrugada, y ya había terminado de patrullar. Tras el accidente de su madre, Butters no había intentado ni hecho absolutamente nada, y eso le aliviaba de sobremanera. Pero había otra persona que le preocupaba, -a parte de sus dos hermanos, claro-. Y ese era el hijo mayor de los Broflovski; Kyle. Había estado actuando muy raro. Él mismo ya lo había hablado con Stan Marsh, pero ninguno de los dos tenía una respuesta, o una pista de que le sucedía a su.. amigo.
También le preocupaba ese nuevo héroe. Si, había sido muy agresivo con el nuevo. Pero quería asustarlo. Incluso sin saber quién era, y aún con esa extraña.. habilidad, que el joven tenía, -Sabía que era joven por la estatura, habilidad y la voz fingida-, no quería que saliese lastimado. Kenny podía volver. Pero fuese quien fuese ese idiota sin apreciación por la vida, no lo haría. Y pudiese detener los ataques que pudiese, por experiencia sabía que no era intocable: en algún momento le darían. El rubio tapó su cara con las manos, y dejó el aire salir por sus labios en un suspiro. Tenía mucho en que pensar, y debía volver a trabajar mañana, no era el mejor momento para tantos problemas. Dejo de cubrirse, y observo a su alrededor. El tiempo lo había cambiado mucho; ya no tenía las paredes tapizadas con imágenes de chicas y mujeres sin ropa, su habitación estaba actualmente lista y ordenada, y gracias al trabajo que Kevin y él hacían, parecía una de las habitaciones de sus amigos, totalmente arregladas, sin el techo cayendo a pedazos y las dos puertas de su closet bien puestas. No estaba llena de juguetes, ni tenía una computadora ultimo modelo; apenas le servía para hacer la tarea y jugar juegos online; pero tenía un bonito escritorio lleno de papeles, libros y cuadernos. Su teléfono se encontraba cargando al lado de la computadora.
Ya llevaba un rato que había llegado a la casa. Karen aún estaba dormida, y Kevin estaba afuera, fumando. El hermano de en medio, y la menor, siempre le regañaban eso. Odiaban que fumase. Pero a decir verdad, era mejor a que tomase alcohol o estuviese en fiestas, y el mayor tenía mucho trabajo y cosas que hacer. El mayor los mantenía totalmente. Se lo agradecían mucho, y de vez en cuando le dejaban el vicio a gusto -fingiendo idiotez y haciendo que no sabían que hacía-.
Con todo en la cabeza, el chico McCormick cerró los ojos, y se quedó dormido.
Alguien, que le observaba por la ventana, dio la vuelta, y se alejó. Los callejones y caminos detrás de la casa de los tres hermanos eran bastantes peligrosos. Era cierto, que nadie nunca los atacaba, principalmente por que Mysterion siempre rondaba por esas zonas; más peligro requerían más protección. Pero esa persona, no tenía miedo. Ya había estado siguiendo al chico durante algunos días. No solo a él, claro, pero ya había visto lo que quería.
Sacó un celular, y acomodando una bolsa cruzada que llevaba cargando en el hombro derecho, llamó a alguien. –¿Einherjar? Aquí DT. Tengo la información. El también es inmortal, si... estoy cien por ciento seguro, idiota... ¡no me contestes así! Aún soy el hijo de Satan. Puedo destrozar tus planes en un segundo– hablaba mientras avanzaba por el vacío camino iluminado por una luna a medias, que a un humano le ayudaría para nada. Claro, que está persona... no es un humano. –Entendido. ¿Que hay sobre el tipo de la sudadera? ¿Descubrieron algo? no, no puede ser Leopoldo, estuvo todo la noche en su casa, lo vigilé. No hay manera de que haya entrado alguien o que el haya salido. Y Marsh tampoco puede ser, por que Dormammu estuvo hablando con el por video chat sobre alguna tarea.... bien. Solo nos deja a cuatro personas, entonces. alguien me sigue, DT fuera–.
No era mentira; detrás de él, el nuevo superhéroe se encontraba cruzado de brazos, apoyado en una pared, y jugando con una piedra, lanzándola de arriba a abajo.
–Broflovski, tiempo sin verte– dijo en voz baja aquel joven de ojos rojos.
–Thorn– respondió el de ojos verdes con severidad. –No les diste mi identidad, a pesar de que lo sabes–. El chico no volteó a verle en algún momento. Tampoco fingía ya la voz que utilizó con el otro héroe.
El pelinegro asintió –Si, créeme que me di cuenta–.
–¿Por qué?– preguntó, tras agarrar de nuevo la piedra, dejándola en su mano presionada, y ya dignándose a mirar al contrario.
El chico solo lo miro por unos segundos, sin decir nada, y luego cerró los ojos y le dio la espalda. –Nunca me agradaste, Broflovski. Pero.. en algún momento, fuimos algo cercano a amigos. Por los viejos tiempos– dijo esto último, escondiéndose en las sombras, volteando a verle. La luz de la luna no dejaba que se viese más que los brillantes ojos de un hermoso color rubí de aquel chico demonio.
Kyle no intento detenerlo. Solo vio la luz roja de sus pupilas apagarse tras un pestañeo, y dentro, sabía que aquel chico había desaparecido. –Por los viejos tiempos, Damien–.
El pelirrojo sabía que fuese lo que fuese... lo que estaba pasando en South Park, no era bueno, e iba para peor. No era una simple mafia más.
No.
Si el hijo del demonio estaba ahí, incluía cultos, magia negra, y más cosas.
Joder, y justo ahora tenía que elegir empezar a hacerse el héroe.
————
Llegó temprano en la mañana, ya cuando la luz empezaba a escurrirse por los lados de las montañas que rodeaban el pueblo. Estaba muerto de cansancio, y tomo la decisión de que ese día no saldría de casa y dormiría todo el día.
Claramente, cuando se encontró en el porche de su casa, viendo a su hermano hablar con sus dos amigos animadamente, esperando a Kenny y a Stan, mientras escuchaba a sus padres gritando tras la puerta de entrada cerrada a sus espaldas, sabía que su decisión había sido arruinada, que no tenía voto en esa opción, y que tendría que aguantarse el sueño. No le preocupaba. Sabía que en algún momento se iba a terminar acostumbrando a aquel sentimiento de cansancio, por que pronto, y con lo que había descubierto, estaría saliendo más seguido por las noches y hasta horas horribles para su salud mental, sobre todo considerando las horas extras que hacía en el colegio y que mucho más de la mitad de su horario escolar eran clases avanzadas. Sobó con brusquedad el puente de su nariz, escuchando a los menores jugar agresivamente, como el y sus amigos jugaron en su tiempo, y mientras intentaba ignorar los gritos en aumento de los idiotas de sus padres.
Jamás les diría así, pero internamente, tras todo lo que habían vivido, no tenía duda alguna de que casi todos -Si no es que todos- los adultos de South Park eran idiotas, o retrasados.
–Hey, Kyle– escuchó la voz de su súper mejor amigo frente a él. Levantó levemente la mirada encontrándose con el torso de aquel chico pelinegro con el que se llevaba desde los pañales. –¿Como te va, hombre?–.
–Horrible. Estuve toda la noche estudiando. Ya sabes que vienen los exámenes– mintió, con aquella cara de horrible cansancio, sintiendo una pizca de culpa. –Además, estoy seguro que escuchas a mis padres discutiendo sobre quien se quedará con nosotros–.
–Oh, si– Stan puso mala cara. Era cierto que Gerald, como abogado, sabía más y tenía ventaja sobre Sheila. Pero... la pelirroja era.. bueno, Sheila Broflovski. Claramente ella iba a ganar. –Meh, no te preocupes. Por experiencia te digo, saldrá bien– Marsh se sentó a su lado, con una sonrisa reconfortante. –Tranquilo–.
El pelirrojo sonrió, cuando un chillante color naranja apareció al lado. –¿que? ¿Están hablando de pechos? ¿No quieren pechos?–.
Los contrarios rieron, fingiendo asco ante la entrada -y broma- se su amigo rubio. –Joder, Kenny– le regañó Kyle en broma. –Eso es asqueroso, hombre– finalizó entre risas.
—Así me adoran— sonrió el chico que acababa de llegar con diversión.
–Hey, conformistas– dijo una voz algo infantil detrás de ellos. Firkle les miraba como si pudiese ver sus almas. –Nos harían un favor dejando de gritar–.
–Uy, que amargados– murmuró Kenny. –En mis tiempos este era un país libre– se burló, haciendo su voz rasposa, como de persona mayor.
–Vengan, Tweek y Jimmy ya nos están esperando en la cafetería– dijo Stanley, levantándose, a punto de extenderle la mano a Kyle, y deteniéndose a medio camino por que la mano de otra persona, -Kenny-, se le puso enfrente.
Stan sonrío, y ya no dijo nada más. Se comenzó a adelantar con alegría, viendo de reojo a sus dos amigos quedándose atrás. Él sabía que ambos eran muy inteligentes. Pero ambos eran increíblemente distraídos. ¿Como es que ninguno podía entender las miradas de enamorado que el otro le daba siempre? ¿Como es que no entendían como se ponían mutuamente en primer lugar, antes que casi todos los demás? ¿Cómo es que no podían besarse de una vez para que Wendy y Bebe dejaran de molestarlo sobre lo lindos que se veían juntos y lo mucho que querían que se casaran de una maldita vez?
–¡Stan! ¡Joder! ¡Espéranos!– su mejor amigo le llamó, corriendo junto al rubio hacia él. –Eres un hijo de puta, no te adelantes así– sonrió tirándole el brazo por el hombro.
Kyle era un poco más bajo que él, apenas unos centímetros. Kenny, era más alto que ambos. Unos 4 centímetros para Stan, y para el más bajo, unos 8 o 9. Era bastante gracioso. Pero su sonrisa desapareció ante una leve mirada de desagrado o celos que apenas se notó. Una mirada tan rápida, que apenas había podido verla, pero aún así la vio. La sonrisa de Kenny le devolvió a la realidad. No separó al chico de su lado, era su amigo, y sabía que Kenny estaba bien con ello, pero aún así sintió ese pequeño escalofrío.
La mirada Mysterion podía afectar a quien fuese.
Juntos, los tres amigos comenzaron a caminar hacia la cafetería Tweak. Todos estaban divirtiéndose, bromeando. Tanta era la tranquilidad que Kyle olvidó por completo lo que había pasado en la noche. Kenny pensaba en otras cosas, en el pelirrojo, en su hermana, y en las cosas raras que estaban pasando recientemente.
Stan iba pensando en lo suyo. Veía a sus amigos pensativos, y el caminaba enfrente para evitar que los atropellaran, o que se pegasen con algo. De camino vió distintas cosas. Los padres de Dovah llegando a la casa, Bebe y Clyde sentados platicando en el porche, sobre algo que al chico no le gustó para nada -o al menos eso dedujo Stanley, viendo al chico llorando y a Bebe hablando con aparente tristeza-. Varias cosas.
Pero la más desagradable de ellas fue quizás el último del grupo, el chico relleno que ya raramente veían.
–Hey, tiempo sin verlos, Judío, Hippie, Pobre.– la voz del contrario les llamó la atención. –¿como va todo? ¿Algo nuevo sobre el nuevo superhéroe?–.
–No, Cartman– gruñó el más bajo de los tres, con el ceño fruncido. –No hay nada sobre ese idiota. ¿Por qué tanto puto interés?–.
–Wow, tranquilo, Kiley boy. Solo preguntaba. Escuche que vieron a Mysterion hablando con el ayer en la noche– dijo, sonriendo con burla, a lo que los dos chicos que hacían de superhéroes se tensaban. –Quiero ver si esto termina tan estúpidamente gay como Kyle, o como Craig y Tweek–.
Kenny detuvo al pelirrojo de lanzársele encima al castaño de gran masa agarrándole de la muñeca. Stan seguía enfrente de ambos, y se cruzó de brazos.
–Vamos, Eric, no jodas ahora–.
El contrario sonrió con diversión. –Bien. Bien. Que tengan un "gran día"– añadió lo último con burla, dándose la vuelta y alejándose. –Por cierto, Kenny, cuidado con ese piano–.
El chico McCormick miró arriba con miedo, y lo último que notó fue como sus brazos empujaban instintivamente a él más bajo de los 4 chicos, para luego sentir un gran dolor y peso encima de sí mismo.
–¡Oh Dios mío! ¡Kenny! ¡Mataron a Kenny!– la voz de Stan se escuchó en el vacío de la mente de inexistente del rubio.
–¡HIJOS DE PUTA!– Kyle gritó con horror, intentando levantar fallidamente el gran piano que habían intentado levantar por encima de ellos, y que, no tan cómicamente como en las caricaturas, había aplastado al chico. –¡Kenny! ¡Kenny!–.
Cartman puso mala cara al ver que Kyle no había detenido con aquella "magia" que el nuevo héroe desarrollaba. El pelirrojo no había reaccionado lo suficientemente rápido, a decir verdad. Que decepción para Eric. No podía ser el "estúpido judío"
–Whoops. Quizá debí avisarle antes–.
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