🌱 〕One-shot 1
Título: Just friends
Temática: fluff
Palabras: 1719
Mika y Yū llevaban más tiempo siendo amigos de lo que podían recordar.
Sus padres eran amigos muy cercanos, pues habían sido compañeros de clase en la universidad. Así que ya desde el momento en el que sus madres se habían quedado embarazadas de ellos dos, habían estado pasando tiempo juntos. ¿Que no estaban presentes físicamente? Sí, pero eso no quitaba el hecho de que ellos dos pasaban tiempo junto al otro a través de sus progenitoras.
Mikaela fue el primero en nacer, un bebé que no montó demasiado alboroto aparte de su primer llanto. Las enfermeras quedaron encantadas con lo tranquilo que había salido.
Yūichirō, en cambio, fue todo lo contrario. Por su culpa, ninguna de las encargadas de turno pudo estar tranquila cuidando a los demás niños, pues este no dejaba de llorar una y otra vez.
Eran como como el agua y el aceite.
Los días en el que por fin les dejaron salir del hospital, Guren, el padre de Yū, dejó a su hijo en casa de los Geales por una semana, pues él y su esposa debían ir a un viaje de negocios.
Esa semana fue el comienzo de su amistad, pues el día en el que los Ichinose fueron a recoger al bebé, Mikaela estuvo inconsolable, y solo consiguieron calmarlo al día siguiente, cuando fueron a visitarlos.
Ellos asistieron a la misma guardería, un pequeño lugar alejado del centro que tenía un gran parque en el que jugar.
Ahí, ambos se llevaban bien con todos, pero a la hora de jugar, ellos se la pasaban constantemente juntos. Y no era porque no dejaban que otros niños jugaran con ellos, era más que nada, que se sentían más cómodos estando los dos solos.
Fue en esa época donde se declararon mejores amigos, y como muestra de su lealtad, ambos le hicieron al contrario una pequeña pulsera del color de sus ojos, para que recordaran al otro cuando no estuviera cerca.
Una vez, cuando la profesora les preguntó sobre si de mayores se casarían, Mikaela asintió.
-Yo de mayor me casaré con Yū-chan. ¡Yo soy el único que puede hacerlo, porque tengo que cuidar de él! -dijo mientras abrazaba al pelinegro con fuerza.
-¿Cuidarme?, ¡te tengo que cuidar yo a ti, yo sé cuidarme solo! - Replicó el contrario tratando de alejar al rubio de él, bajo la atenta mirada de todos los presentes.
La profesora rio por lo bajo. Esos dos realmente eran buenos amigos.
De preescolar, pasaron a primaria, donde conocieron a Shinoa Hīragi y Yoichi Saotome, quienes se convertirían en sus dos nuevos amigos íntimos.
Si debían describir a Shinoa en una palabra, sería "MOLESTA", en mayúsculas y en negrita. Más por parte de Yū que de Mika, pues a este no le molestaban demasiado sus bromas.
Como esa vez en la que Mika y Yoichi estuvieron jugando a la pelota con otros niños, mientras Yū y Shinoa los miraban desde la distancia. Lo suficientemente lejos para que solo ellos dos pudieran escuchar de lo que hablaban.
-Yū-san, deja de mirar tanto a Mika-san. ¿Acaso te gusta? -preguntó ella sonriendo y golpeando el hombro de su amigo. Este solo la miró mal.
-No. Mika y yo solo somos amigos, lo miro porque me aburro.
-Eres muy malo, Yū-san~
-No lo soy
-Sí.
-No.
-Sí.
-Como sea, vayamos a jugar con ellos , seguro que no nos queda mucho tiempo de descanso.
Dicho esto, ambos se dirigieron a donde estaban sus amigos, siendo recibidos con un abrazo de Mika (aunque solo a Yūichirō) y una sonrisa de Yoichi.
Este, era todo lo contrario a la Hīragi. Era amable y dulce, siempre trataba a todos con respeto y nunca hacía enfadar a nadie, menos al Ichinose cuando se comportaba como un cobarde.
Lo malo de él, es que decía las cosas sin pensar, y nadie se podía enfadar con él porque realmente no lo hacía con mala intención.
Como aquella vez en la que en un trabajo de grupos, le tocó trabajar con alguien que no hizo nada, y cuando terminó la clase, fue a quejarse donde sus amigos.
-Desearía que me tocara con alguien que al menos me ayude. ¡Siempre me juntan con gente que no hace nada! -lloriqueó mientras abrazaba a Shinoa, esta le acariciaba el pelo cual bebé.
-Deberías tratar de llevarte mejor con tu compañero, tal vez si os hacéis amigos te ayude. -Mikaela asintió ante la declaración del de ojos esmeralda, que se encontraba tumbado en su regazo.
-¡Para ti es fácil decirlo, Yū-san!, siempre te toca con Mika-san y el sería capaz de matar a alguien por el amor que te tiene.
-¿Ven?, hasta Yoichi lo dice. Estoy segura de que ustedes dos se gustan. - Como siempre, la única chica del grupo les sonrió pícara, mientras veía como el pelinegro fruncía el ceño molesto.
-Mika y yo solo somos amigos, maldita sea -susurró en lo bajo, siendo solo escuchado por su mejor amigo, que le acarició la cabeza para que se tranquilizara.
Y de primaria, pasaron a la secundaria, el hogar de los suspensos y hacer los trabajos a último minuto, donde Shihō Kimizuki y Mitsuba Sangū se unieron a la denominada "Shinoa Squad".
Ese grupo se había vuelto bastante popular en su instituto, pues no eran solo caras bonitas que estudiaban allí, todos y cada uno de los integrantes tenían una cualidad que los hacía destacar de los demás.
En primer lugar, estaban Shinoa y Mitsuba, la delegada y la vice-delegada de su clase. Se habían vuelto en chicas que tenían fama de ser muy confiables, así que muchas personas se les acercaban para pedirles ayuda con los estudios o con algún otro problema que tuviera que ver con la escuela.
Después, Yoichi y Kimizuki, el vice-capitán del club de tiro con arco y el miembro titular más joven del equipo de volleyball. El más pequeño se había vuelto popular más que nada por su excelente puntería y su exagerada adorabilidad, en cambio, el otro era alguien que imponía respeto por su altura y la fama que tenía de tener bastante mal genio. Aunque igualmente, parecía ser amigo de gran parte del alumnado masculino y tenía alguna que otra chica que se gustaba de él por ahí.
Y finalmente, Mikaela Geales y Yūichirō Ichinose, los miembros más destacables del club de esgrima, dos de los chicos más populares entre las chicas, y sobre los que había muchísimos rumores, y estos siempre llevaban al mismo tema:
El si eran pareja o no.
Pues la forma en la que se trataban no parecía platónica en algunos sentidos. Parecían más una pareja casada que mejores amigos.
Los martes y jueves, sin falta, Yūichirō le compra algo para comer a Mika porque a este no le daba tiempo a desayunar por culpa de entrenamiento matutino. Todos los días, Mikaela traía la comida para Yū y para él, y a veces incluso era él mismo quien lo alimentaba, sin ningún reclamo del contrario en absoluto.
Además de eso, también estaba el contacto físico.
Abrazos más duraderos a los que le darías a un simple amigo, momentos intensos en los que se miraban a los ojos, se tumbaban en el regazo o se sentaban encima del otro, se tomaban de las manos de vez en cuando, etc.
Incluso si eran así, muchas de las chicas no creían que estuvieran saliendo, o al menos, no querían pensar que lo eran, así que algunas decidían confesarse.
-Geales-san, ¡usted me gusta mucho!
El rubio abrió los ojos sorprendido ante la declaración. No era la primera vez que se le confesaban, ni mucho menos, pero igualmente nunca solía esperárselo.
Sonrió, enternecido ante la imagen de la avergonzada chica. Se acercó a ella lentamente, asustándola momentáneamente, hasta que sintió una pequeña palmadita en su cabeza, y escuchó la suave voz de Mikaela hablándole.
-Realmente me siento halagado por gustarle a alguien como usted, Yoshida-san. Pero no puedo corresponder sus sentimientos, lo siento mucho.
El rostro de ella se ensombreció, no es que esperara una respuesta muy diferente. Pero una parte de ella le decía que tal vez, la amabilidad que le proporcionaba él todos los días en clase tenía un significado más allá de eso.
Mika pensó que tal vez ella necesitaba algo de tiempo a solas, así que se dispuso a dirigirse hacia donde se encontraban sus amigas, pero una pregunta de su compañera lo detuvo.
-Es porque le gusta Ichinose-san, ¿verdad?
Giró la cabeza para volver a mirarla, se veía mal, bastante mal.
-Yū-chan y yo solo somos amigos, no tenemos nada más allá de eso.
Dicho esto, volvió a retomar su camino, sintiéndose algo culpable por herir a una pobre mujer. Pero al menos gentil al rechazarla.
No le sorprendió encontrarse con Yūichirō esperándole un poco más lejos de la vuelta de la esquina. Sonrió de lado, y aceleró un poco su paso para llegar antes hacia él.
-¿Estabas escuchando, Yū-chan? -preguntó mientras se sentaba a su lado. Usualmente nadie solía estar cerca del lugar, solo la Shinoa squad y ellos dos solos en ocasiones.
-Como para no hacerlo. Enseguida tenemos entrenamiento, así que si se retrasaba demasiado debía ir a avisarte -se excusó el más pequeño, apagando y guardando su teléfono móvil en el bolsillo.
-Hagamos como que te creo, ahora vamos, no podemos llegar tarde.
Le ofreció su mano al de ojos esmeralda, y éste la tomó, entrelazando sus dedos mientras empezaban a caminar a la par al club de esgrima.
-Así que...¿solo amigos eh?
-Ya hablamos de esto, Yū-chan. No todos en la escuela nos aceptarían.
-Lo sé, lo sé. - Suspiró, levemente estresado. - Es solo que me da algo que tengamos que mentir y fingir ser quienes no somos.
-Entiendo como te sientes, y créeme, no sabes como me gustaría recalcarle a la escuela que somos pareja. - Detuvo su andar para mirarlo frente a frente, y posar una mano en su mejilla. - pero por ahora debemos hacerlo. Espera un poco más, dentro de 2 años ya podemos salir de aquí y ser quienes queramos.
Yū asintió, sonriendo, realmente tenía un novio increíble.
Mika plantó un pequeño beso en los labios del contrario, y volvieron a caminar, pero esta vez sin tomarse de las manos.
Como buenos "amigos" que eran.
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