Hyunjin cogió la maleta y pagó al taxista, todo esto teniendo a Beomgyu aferrado a su chaqueta. Subieron las escaleras, que les dirigía a la puerta principal. No tenía manera de cómo entrar, sin embargo un repartidor de comida le abrió. Agradeció el gesto y se metieron en el ascensor, concretamente para subir a la última planta.
Beomgyu jugó con su reflejo en el espejo, mientras que Hyunjin rezaba para que Jinsol estuviera en su casa. Al parar el ascensor, buscó la puerta de su amiga, que era la del fondo a la derecha. Llamó al timbre y unos ruidos se escucharon en su casa. Se asustó y pensó que se había equivocado de puerta, pero finalmente se asomó su amiga.
—¡Hyunjin! ¿Qué haces aquí?— sonó con un tono raro.
—Necesito pasar la noche en tu casa, estoy con Beomgyu y no podemos ir a ningún otro sitio. Eras la primera opción que se me ha ocurrido.— suplicó, no obstante cambió su expresión al notar que Jinsol actuaba extraña.
—Aahhhh...— suspiró y asomó un poco más la cabeza, ocultando su cuerpo tras la puerta.— Es-espera... Me pillas en un mal momento.— se apoyó contra el pomo.— ¡Ah, joder sí!
—¿Estás bien, Jinsol?— se preocupó Hyunjin. Beomgyu vio cómo la mayor se quedaba sin aliento.— ¿Llamo a urgencias?— sacó su móvil.
—¡Ah, mierda!— se fijó en la expresión de su amiga. Al apoyarse un poco más en la puerta, terminó por abrirla del todo, por lo que Hyunjin tapó los ojos de su niño.— ¡Mierda Jungeun, te dije que el portón no aguantaría conmigo!
—¡Hola Hyunjin!— saludó Jungeun sonriente desde detrás de Jinsol.— Ahora acabamos, podéis entrar.— ambas chicas se fueron corriendo a la habitación, mientras que Hyunjin llevó a Beomgyu al sofá, aún con los ojos tapados.
Después de unos largos veinte minutos, y muchos gritos proviniendo de la habitación, Jinsol salió con una bata puesta. Jungeun le siguió y apareció con una camiseta y una toalla envuelta por su cintura. Beomgyu saludó amablemente a ambas y recibió un abrazo de Jinsol.
—¿Qué es lo que ocurre?— preguntó la rubia, siendo abrazada por su pareja.
—No puedo más, Jinsol. Estoy tan cansada y quiero tirarlo todo por la borda.— tapó su rostro con sus manos.— Es Wonho... Me ha pegado.
—¡¿Que qué?!— se levantó primero Jungeun, dejando sorprendida a su novia.— Ese malnacido se va a enterar.— crujió sus nudillos.
—¡Espera Jungeunnie!— fue la rubia detrás de ella.
—¡¿Vas a denunciarle, verdad?!— preguntó arisca la mayor de las tres, mirando fijamente a Hyunjin.
—No lo sé, fue muy repentino... Además, Beomgyu lo vio todo. Prefiero esperar a ver qué se le ocurre hacer ahora, si me toca de nuevo le llevaré ante un juez. Por ahora quiero que mi hijo esté calmado.— acarició el cabello del pequeño.
Jungeun nunca actuaba de manera brusca, todo lo contrario. Cuando conoció a Jinsol en aquel festival de París, quedó enamorada de ella. Se intercambiaron números, y resulta que vivían a quince minutos de distancia. Parecía como si el destino les hubiera juntado, pues Jinsol pensaba que nada más verle, se convertirían en amantes.
Y fue así cómo de París hasta ahora habían pasado unos cuantos años juntas, y hasta esperaban la llegada de su primer retoño. Pero tanto Jinsol como Hyunjin quedaron estáticas al ver cómo la mayor reaccionó de esa forma.
Jungeun sufrió maltrato físico hasta que se escapó de casa, teniendo dieciocho años. Ella nunca tuvo la oportunidad de denunciar a sus padres, pues cuando quiso hacerlo estos murieron. Tampoco pudo reclamar nada, ya que estos nunca le dejaron una herencia. Pasó hambre por mucho tiempo, convirtiéndose en una vagabunda.
Sin embargo, su primo le consiguió un trabajo como mecánico en su taller. Su vida mejoró al arreglarle el coche a un director de un banco, con el que se hizo muy amiga. Fue así cómo cambió de trabajo, y le contrataron de ténico. Cobraba muchísimo dinero, y se compró su actual casa y redujo gastos al cancelar la hipoteca.
Aunque el mejor día de su vida fue conocer a Jinsol en París, donde ambas quedaron enamoradas de la otra. Ahora, la rubia entendía el por qué su futura esposa reaccionó tan mal. Le consoló durante unos minutos hasta que pudo recomponerse.
—Perdona Hyunjin, no quería gritarte de esa forma... Me has tomado por sorpresa, pero eso no significa que no te vayamos a ayudar.— miró a Beomgyu con pena.— Puedes quedarte todo lo que necesites.— le dio una sonrisa, y Jinsol abrazó a la pelinegra.
—Decidas lo que decidas, estaremos siempre aquí.— pronunció la rubia.— Además, Wonho no es nadie comparado contigo. Ese pedazo de mierda se merece que le pateen los huevos.— rio Hyunjin. Beomgyu seguía sin entender lo que pasaba, por lo que se abrazó a su madre de nuevo.
Jinsol vio la escena, y se acordó de cómo era Hyunjin con Heejin. Pensó en todas las cosas que hacía Heejin con su amiga, y de lo bien que le trataba. E incluso diría que Beomgyu tenía un cierto parecido a la castaña. Analizó bien sus gestos, y pudo adivinar aquella duda que se le ocurrió.
Cuando cayó la medioanoche, Hyunjin y Beomgyu se encontraban dormidos en la sala de invitados. Mientras, Jungeun se estaba acomodando en la cama, viendo cómo Jinsol iba gateando hacia ella. Rieron y comenzaron a besarse, dando el control a la mayor.
—Jinsol, vamos a despertar a Hyunjin y a Beomgyu.— sonrió tiernamente, y la menor respondió con un beso.
—Mejor, así verán cómo de salvajes podemos ser.— volvió a besarle.
—¿No es peligroso tener sexo durante el embarazo?— preguntó Jungeun, con miedo de hacerle daño a su bebé.
—Mientras no seas ruda conmigo.— acarició su mejilla.
—Por supuesto que nunca lo sería, amor.— Jinsol arqueó su espalda al sentir un cosquilleo en sus pechos. Se les cayó la noche encima, y estuvieron horas teniendo sexo. La condición era que Jinsol debería estar callada, aunque falló al escapársele un gemido agudo.
Cuando acabaron de hacer el amor, Jinsol pensó en lo que descubrió antes. Rápidamente besó a la castaña y comenzó a darle mimos. Se relajó antes de contarle a su novia.
—¿Estás bien?— preguntó Jungeun.
—Sí, es sólo que algo me inquieta...— acarició su mentón. Jungeun tenía a Jinsol rodeada por su brazo, y la rubia se encontraba apoyada en su pecho.— ¿No crees que Beomgyu tiene una actitud peculiar?
—¿A qué te refieres? Es un niño, supongo que cada uno tiene una actitud diferente.
—No, amor. Me refiero a que... Beomgyu no se parece tanto a Wonho.
—Habrá salido más a Hyunjin, no entiendo lo que quieres decir.— la rubia pensó en una forma más sutil de explicarle a Jungeun.
—Jungeunnie. Beomgyu no es hijo de Wonho, sino de Heejin.
La castaña abrió los ojos, esperando una risa de su novia, pero no llegó. Analizó el rostro de su amada, sabiendo que no le estaba gastando ninguna broma. Luego de aquello, Jinsol le dio las razones por las cuales su teoría era cierta.
Beomgyu era un gran fan de Rioters, la primera vez que conoció a Heejin, este dejó que le cargara. Cuando Jinsol iba a casa de Hyunjin, nunca veía a Beomgyu ni a Wonho en el mismo sitio. El niño era tímido y reservado. Tenía mucha imaginación y era bastante amable, al igual que... Jeon Heejin.
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