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Gokudera y Yamamoto se acercaron a pasos lentos hacia la puerta de una casa del vecindario, sosteniendo sus bolsos de estudiantes con fuerza contra sus hombros. Sus expresiones mostraban desesperación y unas prominentes ojeras se alzaban debajo de sus ojos dando señales de las pocas horas de descanso que llevaban.
La mujer que abrió la puerta para recibirlos mostró una preocupación por ambos en sus ojos, no era la primera vez que esos chicos iban en busca de pistas a las casas de las personas para saber si habían indicios del regreso del castaño, pero con tres años transcurridos era aún más difícil que la gente colaborara, pues no sería nada extraño que su cadáver se encontrara por los alrededores en pocos días; y la desesperanza de los guardianes crecía exponencialmente junto con las sospechas de la muerte del joven.
-¿Tiene noticias para nosotros? -preguntó débilmente el peli-plata, apretando sus dedos contra la tela que se atrapaba entre ellos, y mostrando una seriedad admirable para la posición en la que se encontraba, mientras su compañero golpeaba su pie contra el suelo con desesperación y fijaba sus ojos café en los de la chica, que se mostró bastante agotada por las visitas diarias de ambos.
-Gokudera-kun, Yamamoto-kun -esbozó una sonrisa nerviosa, y se llevó un mechón oscuro de cabello detrás de su oreja para disimular sus nervios-. Sé que es difícil, pero en algún momento deben aceptar que--.
-¡Ni se le ocurra terminar esa frase! - los ojos del moreno se llenaron de lágrimas y en un arranque de ira sus ojos mostraron una flama intensa que ondeaba furiosa, mientras alzaba un dedo y la señalaba con su compañero intentando detener sus acciones-. ¿Cómo espera que nos rindamos? No hay nada que aceptar, Tsuna no murió. Yo sé... que está ahí, ahí afuera, esperando que nosotros lo rescatemos. ¡No voy a bajar los brazos hasta encontrarlo! Sino, no sería un buen amigo. No sería digno de llamarme su amigo.
A mediados de sus palabras su voz comenzó a romperse y las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas hasta dar con el suelo. Yamamoto era el más inestable emocionalmente, y aunque se había mantenido con la cabeza en alto todo ese tiempo, su límite había llegado con la rendición del vecindario a la muerte de su amigo.
Gokudera puso sus manos suavemente sobre los hombros del chico y lo atrajo hasta su pecho, abrazándolo para darle algo de calor y consuelo. Por muy poco que le gustara debía ser él quien cumpliera la función de apaciguar el dolor de los demás cuando se sentían desesperanzados.
-G... Gokudera...kun.
Voltearon a ver, y sus ojos se encontraron con una cabellera castaña más larga de lo que acostumbraba, y unos ojos entrecerrados con varias heridas que acompañaban rastros de sangre visibles a través de unos vendajes escasos. En la entrada, a duras penas, se encontraba un castaño, que se sostenía de la pequeña pared cercana al buzón.
Tsuna curvó sus labios en una sonrisa casi invisible, mientras intentaba caminar unos pasos más para estar más cerca de sus dos amigos. Tormenta y lluvia se encontraban desconcertados, a pesar de sus enormes sonrisas de alivio y sus lágrimas de felicidad por su regreso tardío, la incertidumbre por saber qué lo había dejado en ese estado deplorable continuaba dentro de sus mentes junto a todas las preguntas y el deseo de mostrar todo el cariño que sentían por él y consentirlo todo lo posible para no dejarlo ir.
Tsuna logró avanzar un poco más, sin embargo sus piernas temblaron y acabó cayendo al suelo inconsciente. Sus amigos soltaron sus bolsos y corrieron hasta él, agrrándolo con todas sus fuerzas en sus brazos y corriendo fuera de la residencia sin decir palabra alguna, solo con unas lágrimas desbordando sus ojos que mostraron profunda alegría.
Todo esto sucedió bajo la atenta mirada sorprendida de la mujer, que con toda determinación creía en que el castaño había fallecido.
▪×▪
Tsuna abrió sus ojos, y parpadeó varias veces intentando enfocar su vista en la luz brillante que impactaba contra su cara, y al acostumbrarse a ella evitó tener contacto nuevamente, por el bien de sus ojos. Vio a los lejos a todos sus allegados dormir en diferentes posiciones; Yamamoto estaba recostado sobre un sofá completamente estirado, y a su lado descansaba un peli-plata con rastros de lágrimas secas en sus mejillas y una respiración pacífica, que acompañaba a sus leves ronquidos. Ryohei estaba desplomado entre un par de almohadas con la boca completamente abierta de donde salían sus fuertes ronquidos y un hilo de baba resbalaba desde el interior de su boca. Chrome estaba abrazada al cuerpo de Mukuro, que había creado una ilusión para poder mantenerse cómodos en un sillón falso. Lambo dormía en brazos de Nana sobre otro sillón pequeño junto a I-pin, y a pocos metros de ellos se encontraban Haru y Kyoko.
Tsuna sintió un peso adicional en la camilla que se adjunto al suyo, y volteó la cabeza algo adormilado. Miró con los ojos entrecerraron debido al golpe de luz que entraba por el ventanal de la habitación al pequeño bebé que descansaba casi abrazado a él a la altura de su cabeza. Esbozó una cálida sonrisa que no llegaba a la altura de sus orejas debido a lo dolorido que su cuerpo se encontraba.
Reborn dormía en silencio para no despertarlo a él más que nada, y tenía a su lado a su fiel camaleón que mantenía sus ojos abiertos mirándolo fijamente, en la espera de poder avisarle a su amo en cuanto Tsuna despertara. Como se daba al caso, León pasó su larga lengua por la mejilla del azabache, y le molestó por un par de segundos con ella para que abriera los ojos de una vez, tan cansado estaba que no lograba reaccionar.
-¿Qué quieres León? ¿No ves que quiero seguir durmiendo? -Reborn protestó con su, usual infantil, voz algo ronca por estar recién despierto, y se medio sentó en la superficie suavecita para mirar con algo de molestia en sus ojos oscuros a su pequeña mascota, la cual le señaló con la cabeza al confundido castaño que intentaba descifrar quién era el que se quejaba.
-¿Re... born?.
El azabache abrió los ojos sorprendido, y sin molestarse en ocultar sus sentimientos y las pequeñas lágrimas que comenzaban a salir de estos, volteó a mirarlo fijamente sin creérselo. Por muchos minutos que se quedó observando al castaño no logró procesar que su alumno estaba frente a él con el cabello más largo y unos cuantos centímetros más que hacía tres años atrás, era tan increíble.
Sin pensarlo dos veces, el bebé saltó sobre la cabeza, con cuidado de no hacerle daño, del joven, rodeándolo con sus brazos y tomando sus hebras castañas con sus dedos para acariciarlos con calma. El menor cerró los ojos y movió los brazos, tironeando de la intravenosa que lo conectaba con el suero colocado al lado de su posición, para abrazar como podía a su tutor sobre su cabeza, bajo la atenta mirada de todos los espectadores que se habían despertado de sus siestas debido a la suave voz de su jefe.
¡Ya encontraron a Tsu, ou iea! (?)
Ah, esperen, tengo que aclarar que ya pasaron tres años desde los hechos del cap. anterior y éste <3 ahre
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