-XVIII-
XVIII-Capítulo Diecinueve-Reinventarse.
Ha pasado el tiempo. Tuve muchas intenciones cuando llegué a Hawai, una de ellas era estudiar, pero eso no se me cumplió en el momento que quería. Habían pasado varios meses, mi vida había dado un vuelco que jamás creí.
Celebré mi cumpleaños en la empresa con una sorpresa inesperada, me recibieron con globos, regalos y el jefecito ese día nada más y nada menos me llevó a cenar con mis hermanas a la playa, me dejó sorprendida completamente con una cena riquísima, exquisita. Me regaló un montón de cosas: ropa, maquillaje, un libro. Mi mamá me contactó por las redes sociales, vio una fotografía que publiqué en Instagram, me siguió, sólo por mi hermana Annelisy accedí a que me llamara, no tardó mucho en entablar una llamada con mis hermanas, le alegró que estuviéramos juntas, que estuviesen sanas y bien alimentadas, cuidadas y felices. Habló con las niñas, me puso nostálgica, no le pregunté por mi padre, ni mucho menos intercedió para que nos buscara pronto, más bien ella fue la que me dijo que la llamaron porque quería divorciarse ante la ley, lejos de medios sociales, ni redes que los siguieran. Dos días después de una llamada con mi madre, recibí una solicitud para asistir a una sesión por la custodia de las niñas, eso me cambió la perspectiva de la vida, de mi futuro.
Annelisy no era ni la sombra de la niña que era cuando llegamos a Hawai, ahora era más madura, más auténtica, mucho menos inocente y también tenía poder de decisión. Louise, se convirtió en una niña, ya caminaba, dió sus primeros pasos en Entreppises Model's Hawai, eso me conmovió, ahora me decía "chat", cantaba, era risueña, se reía, lloraba con facilidad, pronunciaba <<mamá>>, llamaba a su hermana Annelisy como <<nita>>, quería comerse la comida de los demás, bebía adicta los jugos de naranja, manzana y pera. Amaba el pollo frito, las papas asadas, los nuggets, las arepitas fritas y... dejó el pañal con tan sólo once meses. No usaba chupón.
No me arrepiento de los últimos dos años con mis hermanas, criándolas. Mi padre tiene todos los contactos para ganar la custodia de mis hermanas, pero con una nueva mujer, que bien podría ser una madre para las niñas, pero jamás ocupará el lugar de una verdadera madre, quizá con los años las niñas logren adaptarse. Por el otro lado está mi madre, quién decide aparecer después de mucho tiempo, sola, trabajando para una compañía norteamericana, ella puede obtenerlas y ruego a Dios sepa cómo cuidar y velar por su bienestar. En dos años cambian muchas cosas, incluso nuestra personalidad se cambia ligeramente, maduramos. En dos años logré amar poco a poco a Nicolás, como hombre y hermoso ser humano, el detalle es que había siempre un pero ante nosotros.
Nicolás dejó de insistir un tiempo, sólo era su secretaria en la empresa. Me dejó en paz, porque mis últimas palabras le rompieron el corazón, para ser más dramática. Empezó una relación que revolucionó los medios de comunicación, tenían los ojos puestos en él, y las cámaras porque siempre obtenían fotos de él aquí, allá y se especulaba que se la había llevado ya a la cama, pero eso era una completa mentira, era un hombre sumamente respetuoso después de meses de intenciones nuevas. La chica a decir verdad era sencilla, amaba el modelaje, estaba seleccionada para varias campañas publicitarias, tenía cabello negro liso, ojos pequeños marrón, se llamaba Amaui. Nicolás parecía ante los medios un hombre feliz, ilusionado, sonriente, pero... eso solo lo podía saber él.
Alexandra tenía unos gemelos muy tremendos con tan sólo unos meses, pero alumbraban su vida. Empezó su negocio propio de empresaria, era de productos de belleza, lo disfrutaba y tenía tiempo de calidad con su familia, lo mejor del mundo y a ella le encantaba. Los fines de semana solíamos estar con ella y sus bebés, ibamos al parque, comíamos juntas, hablábamos de nosotras, era mi mejor amiga. Alexandra se convirtió en mi mejor amiga, mi confidente, una mujer especial, espectacular por dentro y por fuera, siempre derrochando por donde pisaba gran ternura y glamour.
°-°
Se terminó un día más en la empresa de gestiones varias. Volví a casa con un cansancio grande, me recosté cinco minutos en mi cama, mientras las niñas comían la cena que preparé para salir del paso: cereal con avena. Escuché sonar el móvil, leí el nombre y contesté al segundo tono, era Nicolás.
-¡Buenas noches, Catherine! No quise molestarte a ésta hora. Sé que mañana tienes que viajar al juzgado, me gustaría acompañarte.-Escuché del otro tono, fue directo al grano.
-¡Buenas noches, Nicolás!- Mascullé. -No tienes que preocuparte. Puedo ir sola. -Agregué secamente.
-Recuerda que cuentas conmigo. Pasaré por ti a las cuatro y media, estaré en tu edificio. -Anunció y colgó. Éste hombre cuando quería algo, lo obtenía.
Me duché, me puse la pijama y dormí a Louise con su biberón y una canción infantil.
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