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-XV-

XV-Capítulo Quince-Navidad

24 de Diciembre para mi los años anteriores simbolizó época de alegría, sueños, risas, dormirse esperando a mis padres que volvieran de su empresa, de sus viajes largos. El momento que más recuerdo, atesoro en mi corazón era el de abrir los regalos, siempre obtuve lo que anhelé, mis padres satisfacían mis necesidades, mis anhelos. 

Cantaba con Nana hasta altas horas de la noche villancicos, también solía bailar al ritmo de la radio. Los demás días me los disfrutaba jugando con los nuevos juguetes, hasta que volvían los Reyes a dejar más regalos. 

Nuestro hogar no lucía con nada de navidad, pero el espíritu de Annelisy cambiaba por completo el ambiente, ella siempre iba iluminando los lugares con su sonrisa, con su voz angelical. Despertó saltando en medio de la cama, me levantó, me obligó a que salieramos a comprar un vestido para mi, según debía lucir preciosa. 

Dos horas después de desayunar, ducharnos, vestirnos, arreglar el bolso, nos marchamos al centro a comprar el vestido para mi, estuvimos buscando algo sencillo, no tan caro... pero, estábamos en diciembre, sinónimo de época donde todo se va a las nubes. Elegí un vestido en rojo, pero era precioso, corto hasta las rodillas, escote en los hombros y la espalda. Asistí al spa, nos hicieron manicura y pedicure, nos cortaron el cabello, lo rizaron y nos maquillaron, lucimos espectaculares, mucho mejor imposible. 

La noche no tardó en llegar, por lo tanto una llamada para preguntar la dirección a Alexandra no podía dejar pasar, me mandó un taxi para que nos recogiera. Louise iba despierta todo el camino, llevaba un conjunto en rosa, era una bebé preciosa en todos los aspectos. Entramos en una urbanización, muy común, más bien normal, completamente sencilla, se escuchaba música navideña a todo volumen, algunos niños corrían, adultos hablaban, jóvenes se besaban, bebés lloraban. 

Toqué el timbre dos veces, no tardó en abrir una feliz Alexandra con un bebé en brazos, suponía uno de los gemelos revoltosos. Me recibió con la amabilidad más grande que puede existir sobre la faz de la tierra. 

-¡Bienvenidas!- Exclamó sonriente. Nos invitó a pasar junto con su familia, quienes no eran muchos, sólo: Rafael, su esposo. Sus amigas de secundaria, Xileina y Andreina, quizá llegaría el tío de los gemelos, mi jefecito, no quería verlo por allí, no ese día. 

Ayudé a Alexandra a servir la comida, pero faltaba alguien, nada más y nada menos que el jefecito Nicolás Maldonado, el muy sinvergüenza tuvo un atraso. Escuchamos el timbre, para nuestra sorpresa no era el tío, sino una nueva incorporación a la familia, un regalo para los niños, una mascota regalada por el padrino oficial de las criaturas: Nicolás, según con mucho amor. 

Seguidamente apareció el tan esperado hombre, me miró, me sonrió y me ignoró, pasó de mi, sólo saludó con señas, me dejó estupefacta, pasmada. Nos sentamos a comer la cena, rezamos porque para mi sorpresa, ésta familia era católica, entonces la oración antes de la comida para ellos era algo vital. Me tocó sentarme cara a cara con él, a mis lados mis hermanas, aunque Louise no podía comer del todo esas comidas, sino una crema de patata y maíz que le encantaba junto a una papilla de frutas de plátano, pera y naranja, le encantaba. 

Cenamos en silencio y a mi me tocó aguantar varias miradas del lunático de mi jefe, algunos momentos sonreía, otros estaba serio. Terminé de comer mi plato que estaba delicioso, me lo disfruté, tras eso tuve que darle de comer a Louise, quién se vomitó porque había tomado un biberón en casa, quizá no era lo mejor darle nuevamente de comer, tuve que cambiarle y gracias al cielo que trajimos ropa de repuesto. 

Anne se entretuvo con los gemelos que eran todavía pequeños. Me disculpé un momento para ir al baño, me encontré nada más y nada menos que otra vez al jefe. ¿Es que le gustaba perseguirme? 

-¡Te traje un regalo para ti!- Expresó, sacó de su bolsillo una caja pequeña. No se arrodilló, ni loco me pediría matrimonio, nunca, jamás. -Abrela cuando quieras. 

-¡No tenías porque darme otro regalo! -Pronuncié. 

-Sólo acéptalo, como símbolo de un compañero. -Manifestó. 

-¡Gracias! -Agradecí. De pronto se arremolinó en mi interior, justamente en mi corazón el deseo de besarle, pero me cohibí, pues no era correcto, ni hoy, ni mañana, ni nunca. Sólo le rocé el pulgar, él me sonrió y se marchó. Entré al baño, hice mis necesidades y me miré al espejo, el vestido era ardiente y provocador, sinceramente no sé qué pensé cuando lo elegí: bueno, bonito y barato. Me permití dos minutos más de tranquilidad, abrí la caja y encontré un collar súper especial, tenía mi inicial tatuada, lo amé. 

Salí del baño, me encontré a Annelisy recibiendo un regalo que Santa le había traído en ese hogar, tenía una envoltura difícil de abrir, pero finalmente lo descubrió, era una cámara, la que ella quería, y luego obtuvo otro regalo, eran una colección de libros y traía El Principito, sonrió cuando los abrió y le susurró un Gracias Santa. Los gemelos tuvieron regalos de todos los lugares, les enviaron regalos de muchas casas: los abuelos, los titos, los primos, el tío Nicolás les regaló un perrito. 

Volvimos a casa a las tres de la madrugada, pero felices y cansadas. Dormimos profundamente. 

La mañana siguiente me desperté tarde, con el maquillaje corrido y una notificación en Facebook que decía: 

<< ¡Feliz navidad, hija! Dónde quiera que estén, mi corazón latirá para que ustedes sean felices. Las ama, papá. >> Larry Larrazabal. Se me escapó una lágrima, pero me la limpié con enojo. ¡No nos merecía! 

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Los días en diciembre simplemente son mágicos, en familia mucho mejores. Se aproximaba fin de año nuevo. El veinticinco de diciembre lo pasamos descansando en casa, seguidamente el veintiséis tuve que ir a hacer la compra de comida, porque pronto se nos acabarían las reservas y nos tocó despedirnos de la señora Elisa, quién se iba de viaje por un año, también con la noticia de que debíamos abandonar en unas semanas ese hogar, porque sería vendido. Me tocó empezar a buscar un nuevo hogar, algo sencillo y no muy caro, obtuve entre el veintisiete, el veintiocho y el veintinueve de diciembre nuestro nuevo hogar, moderno, lo alquilamos por un año todo pagado. Annelisy tenía su propia habitación, no podía ser más feliz. Era un apartamento con tres habitaciones, dos baños, una sala-comedor, una mini-terraza, una cocina y un salón de juegos. 

El treinta de diciembre me llamó Alexandra para informarme que estaba en el hospital, porque su hermano tuvo un accidente, allí se alertó mi mundo. Corrí ese día como pude con las niñas para llegar al centro médico donde estaba recluido mi jefe, mi admirador. Iba manejando tranquilamente, cuando alguien de la nada disparó un tiro al aire y chocó, estrelló contra un establecimiento, fue más el shock ante el accidente. 

El auto fue el que quedó más magullado y el establecimiento fue la mayor preocupación de Nicolás, la gente que caminaba por la calle no tardó en darse cuenta del accidente, por lo tanto corrieron, vino una ambulancia, se llevaron a Nicolás al centro médico más cercano, sólo tuvo un susto y mi susto mayor también. 

Entré a ese centro médico con el corazón hecho pedazos, la preocupación se coló en mi cuerpo. Encontré a Alexandra con su esposo e hijos, ellos esperaban sentados atentamente una respuesta de algún doctor o enfermera. Esperé con los nervios a flor de piel cinco minutos, Louise estaba dormida en los brazos de su hermana Annelisy, quién gracias a Dios no preguntó nada en todo el camino. 

Me quedé tranquila porque no quería verme preocupada. Salió una enfermera a decir que todo estaba bien, sólo fue un shock y salió Nicolás completamente sano, salvo, gracias al cielo, porque sino... treinta y uno de diciembre con una mayor preocupación. ¡No, gracias! 

-Preciosa... ¿Por qué no vienen a pasar año nuevo con nosotros al café?- Preguntó Nicolás a Annelisy.  

-Es desición de mi hermana. -Expresó sinceramente, Annelisy. 

-Puede ser.-Dije secamente. 

-Sólo envía un mensaje a mi teléfono. -Expresó y se marchó. 

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