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-XIV-

Narra Nicolas

PLAN CONQUISTA

°_° P a s o 1: ejecutándose

Mi plan empezaba a ejecutarse, poco a poco. Habían pasado varios días desde que estuve en su casa por los cinco meses de Louise, su hermanita menor, por cierto una nena encantadora, igual a sus hermanas, por su puesto. Fui a una tienda de regalos, habían varias parejas que compraban osos, tarjetas, pero yo quería algo clásico: un bonito ramo de margaritas, pero grande para demostrarle cuán grande era mi amor por ella y además con tarjeta, debía decir: "Incluso si quererte fuera un pecado, bien preso estuviera por amarte desenfrenado. "

Decidí enviarle el ramo a la oficina, pedí a un repartidor que lo llevaran a su oficina directamente y quería ver su cara, pero no pude, lo juro que me hubiese encantado. Estuve indiferente, sólo le hablaba de citas de trabajo, un día me fui más temprano, diciendo que tenía una cita con otra chica, era una mentira, le dije que podía retirarse más temprano, no sé si lo lo hizo.

Tras el primer ramo, se volvió más seria, incluso ni me sonreía, eso me apenó un montón. Entonces decidí enviarle un ramo más, pero a su casa, ésta vez eran rosas rojas, muy hermosas y con unas espinas más terribles imposibles, la tarjetita decía: "Mientras más dura mejor... "

Segundo ramo, menos me hablaba. Se centró en el concurso de belleza, se pasaba todo el día con las chicas, que ahora no eran veinticuatro, sino trece, el grupo se redujo muy rápido. Intentaba llevarla a su casa, pero se iba tan deprisa que no podía ni siquiera hablarle, entonces... me sentí agobiado. ¿Por qué se hacía tan difícil?

Entonces saqué mi plan número dos al aire, le di doble play, los llevé personalmente y me plantee a esperar que llegara con sus hermanas, pensaba que me estaba ignorando seriamente. No fue a las seis y media que llegó con sus hermanas, me miró, me esquivó, pero no me pudo ignorar por completo, pues Annelisy me saludó y me dijo que por qué no había venido a su clase de ballet, según ella su hermana me había invitado.

-¡Lo siento, princesa! Estuve todo el día en reuniones. -Expresé.

-¿Quieres darle éstos bombones a tu hermana de mi parte?- Pregunté. Ella asintió dulcemente y se los llevó.

No se los había dado a Catherine directamente pero su hermanita los recibió, no creía que Catherine se hiciera la desentendida con los regalos que le daba. Volví a mi casa esa noche, totalmente cansado, estresado y agobiado por mi situación amorosa, todas las chicas caían, pero ella no, nada servía... entonces me puse a meditar cómo ganarmela.

Fui la mañana siguiente a la casa de mi hermana, necesitaba que ella me dijera que podía hacer, era una chica, quizá la entendía a Catherine y me ayudaba.

-¡Hermanito! ¿Qué haces tan temprano por aquí?- Exclamó con alegría, mi hermana Alexandra. Llevaba una pijama puesta, tenía en sus brazos a uno de los mellizos. Me lo estrechó, lo sostuve unos minutos, pero me sentí inseguro con él así que se lo devolví.

-Vengo a resolver dudas. -Solté. Entré, me senté en el mueble largo de la sala, me sentía como si estaba en psicólogo, exponiendo mis problemas.

-¿Qué dudas tiene el empresario más codiciado del universo?- Curioseó.

-Me gusta una chica... he hecho de todo para conquistarla, la he llevado a comer helado, sushi, pizza, fuimos a París, me he sincerado con ella, le mandé rosas, margaritas, chocolates, pero ella me ignora. Incluso nos besamos varias veces. Hay muchas chicas en el mundo que han caído fácil por mi, pero ella no. ¿Qué tengo que hacer?

-¿Cómo se llama? ¿Ya la conozco?- Preguntó mi hermana, obviando mis dudas.

-Ya la conoces, tú sabes muy bien de quién se trata. -Expresé. Ella se puso a pensar un largo rato.

-¿Qué conquista a una chica?-Pregunté atento a su respuesta.

-Hay que ser paciente, las chicas más difíciles son las mejores, créeme. -Expuso con aire de superioridad, Alexandra. -Se acercaba navidad, entonces se me ocurre que pueden organizar un intercambio de regalos, también deberías poner la regla de que cada jefe debe regalar algo a su secretaria y cada secretaría algo a su jefe, y también deberán poner la regla del intercambio del amigo secreto. Es lo único que se me ocurre para que la conquistes. -Añadió. Asentí, besé a mi sobrino y me marché a la empresa, pedí organizar una junta y expuse que todos debían hablar con sus comité, áreas y todos debían participar.

Pensé en que podría comprarle, ordené un bolígrafo en el que mandé a grabar su nombre en letra cursiva, pero se me presentó un segundo regalo más bueno, bonito y barato: unas zapatillas de Adidas, lucían espectaculares, apenas las vi fue regalo a primera vista, las ordené para ella, averigüe su talla por el registro que hizo en la empresa de datos personales.

El día propuesto para la entrega de regalos había llegado, estaba feliz por entregárselo y ver cómo reaccionaría, pero ella no llegó a la hora de la entrega de regalos, sino cuando terminó la entrega, ese día era el último en la empresa por el año, era 22 de diciembre, no volvíamos hasta la segunda o incluso la tercera semana de enero.

-La necesito en mi oficina, señorita Catherine. -Expresé en la puerta de la oficina de Catherine. Ella tecleaba en su computadora.

-¿Qué necesita?- Interrogó amable, pero sería.

-Siéntese. Hace mucho que no lo hace aquí. -Indiqué.

-Estuve ocupada con el concurso, pero ésta noche acaba. El año que viene me tendrá como nueva. -Expresó.

-¡Me alegra que el concurso ya acabe!- Manifesté. Sinceramente agradecía ese concurso llegara a su fin, pues la empresa estaba dedicada de lleno en ello, habían estado contentos, pero dejaron un poco sus obligaciones.

-¿Que necesita?-

-Darle su regalo. -Comenté.

-Aquí traje el suyo. No sabía qué comprarle, puesto que usted es un hombre que tiene todo lo material: reloj, pantalones, cuadernos, bolígrafos, computadora, trajes, interiores, entonces... decidí darle éstas entradas para ir al concierto de 5 Seconds of Summer, ésta noche aquí en Hawai. -Expresó.

-¿Cómo sabías que me gustaba 5 Seconds of Summer?-Curiosee estupefacto ante el regalo, la noticia.

-En tu casa tienes un cuadro de ellos. -Manifestó.

-¿Por qué no vienes conmigo?- Pregunté. En el fondo quería que viniera, saliera conmigo un momento.

-Después de tantos días... te lo mereces, así que sólo por ésta vez te voy a decir que sí, pero de una vez te advierto: ¡No te sobrepases porque no volvemos a salir!- Aclaró. Mi corazón palpitó de la emoción.

-Si quieres ve a tu hogar, te duchas, te arreglas si lo deseas y paso por ti, veinte minutos antes de la hora del concierto. -Propuse. Catherine asintió, esperó su respuesta atento.

-Me parece bien. ¡Hasta entonces!- Se despidió con la mano y se marchó de mi oficina, me dejó emocionado.

Salí de la empresa rebosante en felicidad, me dirigí a mi hogar, me duché, puse patas arriba mi cuarto de la ropa, saqué las camisetas más bonitas, buscaba pantalón que no se viera muy feo para la situación, zapatos, medias, el perfume, tardé mucho tiempo eligiendo lo que llevaría como ropa. Me elegí una camisa manga larga roja, una bermuda color caqui y unos mocasines. Opté al final por tomar un abrigo porque hacía bastante frío esa noche, me puse bastante perfume en el cuello, las mejillas. Me dirigí con felicidad a recoger a Catherine.

Estuve tentado a irme, tenía nervios, pero no permití que me acabaran, por lo tanto me detuve ante la infraestructura de la casa dónde vivía Catherine, toqué la corneta como signo de mi llegada, estuve dos minutos esperando, entonces le llamé por celular, escuché que venía bajando con la señora de la casa, hablaban y ella le decía: Cualquier cosa, me llama- y salió con cara de preocupación, se despidió.

Lucía sinceramente preciosa, no era porque estaba enamorado de ella, sino la manera tan espectacular que caminaba, su aire tan danzante, sus labios con el labial que le regalé lucían realmente apetitosos, me provocaba besarle, pero contuve. Le abrí la puerta del auto, se la cerré, le deposité un beso en la mejilla como símbolo de saludo: ¡Buenas noches! Luces preciosa con ese outfit, te queda bien ese labial y tus ojos están hermosos con esa sombra. -Manifesté. Intenté contenerme, pero verla me provocaba manifestarme con el corazón.

-¿Quieres llegar al concierto? -Bromeó, le sonreí y manejé hasta la dirección dónde sería el concierto, puse música de la radio, también abrí las ventanas porque me sentía acalorado. Llegamos en menos de veinte minutos, le abrí la puerta, caminamos cada uno por su lado con su entrada. Ella llevaba un short alto, una camisa de flecos y unas converse, iba preciosa y olía a miel, su cabello estaba liso. Llegamos bastante tarde, había mucha gente arremolinada en los primeros puestos, por lo tanto no podríamos disfrutar muy bien del concierto.

Se me pasó por la cabeza cargarla en mis hombros, muchas parejas lo hacían, pero... eran parejas, pero después pensé: ¿Qué pierdo? Decidí preguntarle, ella quería ver a los cantantes, entonces le dije en el oído, pues habían muchos ruidos, pero me lo negó, no quiso que la cargara, sólo escuchamos las canciones.

-Para todos esos chicos que están enamorados de una chica, pero se hace la difícil. Con ustedes una de nuestra más bonita canción... -Expuso uno de los chicos, me encantó lo que dijo.

-Vale... cárgame. -Tuvo que decirme. La cargué en mis hombros, me balancee, ella aplaudía.

Estuvo bastante tiempo del concierto en mis hombros, me disfruté su olor, su peso, sus aplausos. Me pidió que la bajara. El concierto llegaba a su final, entonces cantaron una canción muy romántica

-Dame ilusión, esperanza, ganas de vivir y no me olvides.- Susurré con su boca a sólo centímetros, no sabía si podía escucharme, pero le solté esa frase con el corazón. Cité a Frida Kahlo.

-Sé que todos los días te daré ilusión, esperanza, y ganas de vivir... incluso me tendrás en tus recuerdos por largo tiempo. -Expresó. Creía que no podía vivir algo tan simplemente maravilloso y perfecto, ella era mi perfección, mi momento más bonito y me besó, se dedicó a besarme despacio, acarició mis labios con sus dedos y me sonrió.

Terminó el concierto, no quería dejarla en su casa, pero debía seguir lo que me había dicho: ¡No sobrepasarse!

-¿Quisieras cenar?- Interrogué cuando nos montamos en el auto, encendí el aire en su nivel máximo.

-No tengo mucha hambre, pero para no despreciarte te acepto una copa de vino. -Expuso.

Manejé a un bar Don's Mai Tai Bar, allí le presenté a mi bartender preferido, un hombre de avanzada edad. Nos sirvieron una piña colada, que a Catherine le cantó, la degustó y sonrió.

-¡Está bien rico!- Manifestó. Bebimos unas copas de vino tinto, y vi una parte oculta de la personalidad de Catherine, se volvió juguetona y quería robarme besos, me abrazaba, no podía llevarla así a su casa, así que la cargué hasta el asiento del coche de atrás, la amarré con el cinturón de seguridad, por si acaso, para prevenir accidentes y manejé a mi hogar, cuando llegamos la noté profundamente dormida, la llevé en brazos hasta mi habitación, me recosté a su lado, no podía creer que la tenía en mi cama durmiendo tan tranquila, veía su respiración, su pecho subir y bajar, sus pestañas largas, sus labios apetitosos, sus piernas atléticas y su cuerpo tan espectacular, esa mujer me tenía vuelto loco, la amaba con cada célula de mi ser y... el plan conquista, no sabía como seguirlo, pues... me enamoré, caí perdidamente de amor por ella. 

Recordaré así me casé con otra chica, ese día que le hicieron la entrevista, sus ojos, su aire tan danzante, sus labios, sus manos, sus acciones, ese cuello tan apetitoso, su personalidad tan dura, tan fuerte como una piedra, pero tan frágil como un hueso de bebe recién nacido, aunque no lo creerán, ella es fuerte por sus hermanas, mantiene una sonrisa así se esté cayendo todo a su alrededor por instalar paz en los corazones de las preciosuras de niñas. 

Ver como subía su barriga y bajaba, me derretía. Podía registrar un nuevo hobbie, seguro muchos hombres me apoyarían: ver dormir a la chica dificil, es el único momento dónde la puedo mantener cerca y no tener miedo porque se marche, eso refleja tranquilidad, paz. La arropé, se quedó tranquila toda la noche, me detuve a mirarla por horas, me dormí a su lado, fue la mejor noche del mundo. 

Disfruté mi momento con ella, mi noche fue mágica, dormí tranquilamente, sin ningún té, ni pastilla mandada por mi psiquiatra. Se me olvidó por completo cerrar la ventana, toda mi atención la robaba ella, lo que pasó fue terrible, algo que no me lo perdonaría: la luz del sol de lleno al despertar con ella entre mis brazos, romántico un poco. 

Me sentí un poco apenado por explicarle 

-¡Buenos días! No es lo que piensas. -Solté de inmediato. 

-¡Dios mío! ¿Qué hago en una cama contigo?- Se preguntó ella misma exaltada, se levantó de la cama, se quitó la cobija con preocupación. -¡Las niñas deben estar solas! Llévame a casa ya mismo. -Manifestó enojada, sus facciones cambiaron completamente. 

Salí atrás de ella, disparado como un rayo. Tendría que llevarla a casa en menos de lo que pensé, entonces abrió la puerta de mi casa, corrió a mi auto y mientras llegaba con total lentitud a mi puerta, me miró con los ojeras, el cabello alborotado, el maquillaje corrido, pero se veía espectacular, era una diosa. 

Encendí el auto, no arrancó apenas lo encendía, tuve que ingeniar un truco para podernos ir hasta su casa. 

-No es lo que piensas de anoche durmiendo en mi cama. Te llevé a mi casa porque te bebiste casi todo el bar, entonces no podría dejarte en tu casa así. ¿Qué más esperabas?- Expresé mientras manejaba al hogar de Catherine, no me importaba si no me creía, ya vivimos la noche perfecta. 

-No me pareció. ¡Te pedí no evadir mi espacio así!- Gritó. Sus ojos se oscurecieron, me pareció sensacional. 

Llegamos a la entrada de su hogar, sin esperarlo, ni pensarlo su hermanita Annelisy corrió a saludarme, me abrazó con mucha efusividad, le correspondí porque era mi cuñada soñada. Catherine no me dejó ni abrirle la puerta, se salió de coche disparada, no me habló, ni sonrió, ni se despidió. 

-¿Qué tal has estado? ¡Estuve esperando toda la noche a mi hermana! -Dijo la nena hermosa. 

-¡Bien, princesa! Tuvimos un problema anoche, pero ya la tienes completa. -Solté. La niña fue llamada desde la planta de abajo, suponía era la señora que vivía cuidandolas. 

-Joven. ¿Qué tal? ¿Gusta quedarse a desayunar?- Interrogó amable, una mujer. 

-¡Gracias! Pero no puedo, tengo que volver a mi hogar, me están esperando unas visitas. -Mentí. No quería seguir incomodando a Catherine, menos molestias mejor para todos. 

-¡Quédate!-Pidió la niña, pero se veía tan sincera que me conmovió. Así que sólo por esos ruegos, me quedé. Desayunamos delicioso, la señora tenía una sazón incomparable, pero espectacular mezcla de sabores. Duramos hablando de mi empresa por gusto, seguidamente me marché a casa. 

¿Qué más debía hacer para que me amara? ¡Debía descubrirlo! 

Narra Catherine

Navidad. Tiempos hermosos para muchas familias. ¡Hermosos cantos, bailes, regalos! Unión inigualable en todos los hogares, colaboración. ¿Y nosotras? Pasando navidad en cuatro paredes, por lo menos teníamos un techo dónde dormir, pero... ni un regalo a mis hermanas podía comprar, porque sino nos quedamos sin el pago del alquiler. 

Louise dentro de un mes tendrá que empezar a comer, debo llevarla a un doctor para ver su peso, pero no he tenido la oportunidad. Estuve muy ocupada con el concurso, finalmente acabó pero fue magnifico ver la alta competencia de personalidades. 

Elegimos una chica de veinticuatro años, estudió Ciencias Políticas, me encantó su liderazgo, su manera de pensar, su manera tan increíble de narrar, su táctica para resolver los problemas: mente y corazón unidos. Ganó por su última escritura sobre la resiliencia, expresó tanta verdad en dos mil palabras, ella no era una de las favoritas, sin embargo captó al público con un sólo paso al final. Quedó un cuadro de cinco, las demás captaron por su presencia en las redes sociales, su atención y dedicación a los más necesitados, su corazón a la hora de ser mejores mujeres, los verdaderos sentimientos de una mujer que reina dando pasos firmes y decisiones acertadas que ayudan por y para los ciudadanos, su entorno e incluso familia, amigos y pareja. 

Mi navidad solía ser la época más bonita, era dónde podía disfrutar de la piscina de mi hogar, jugar con mis Barbie, mis juguetes Fisher Price, cantar a todo pulmón sin importar quién estuviese a mi alrededor, bailar con Nana en la cocina, cocinar panqueques, hornear galletas, contar hasta que fuese año nuevo, esperar los regalos y abrirlos para decepcionarme de mis padres cada vez más, pues siempre viví de juguetes, el amor parecía sólo una mera ilusión. 

Decidí que debía cambiar mi manera de ver las tristes navidades, por mis hermanas. Debía instalar una gran sonrisa en los labios de mis dos princesas, con algo, todavía no sabía cómo, pero lo encontraría. Estuve llegando tarde unos días, lo sentía de todo corazón, pero fue por reuniones en el colegio de Anne, me citaron por una conducta irregular, sus notas no eran lo que creía, parecía al principio un arcoiris, pero a través de ese bello arcoiris había una tristeza en su interior, mi madre le hacía mucha falta, así la despreciara en montón de ocasiones, ella le hacía grandemente feliz con su sola presencia. Le prometí a la maestra que practicaría matemática, tuve que pagar un curso para que mejorara su rendimiento, también en la guardería tenía problemas, aumentó la matrícula y Louise fue transferida a otra sección, por ser la menor del grupo, todos los días venía llorando, me costaba dormirla. 

Sinceramente mis hermanitas estaban llorando, no riendo que era mi mayor intención: su felicidad. En la oficina todo terminaba, ya venían las vacaciones y con ello se suponía que disfrutaríamos, pero no del todo. Como era el último día, habían organizado un intercambio, a mi me tocó darle al jefe, me pensé mil veces el regalo, no tenía idea de si era el más acertado, pero me atreví y también recibí el mío, no lo abrí en la oficina, era una caja rosada con lazo rojo grande, capté muchas miradas cuando caminé a mi casa. 

Tenía una cita programada, con mi jefe para escuchar a una de mis bandas favoritas 5 Seconds Of Summer, me encantaba el lugar dónde sería: la noche, las estrellas, la banda, él, sería perfecto. Nada podría ir mal ¿O sí?

Llegué a casa con el regalo que captó la mirada de mis hermanitas, quienes se entretuvieron con él, pero de maneras distintas, pues Louise quería el lazo para jugar y Anne quería ver que traía la caja, lo abrimos por petición y para mi sorpresa eran unos zapatos originales, súper preciosos, me los probé y me sorprendí cuando vi que eran mi talla, luego encontramos una caja con un bolígrafo y traía mi nombre tatuado. ¡Me encantó el regalo! ¡Fue el mejor! 

Intenté no ponerme muy moderna con mi outfit, incluso revisé en internet cómo vestirse para un concierto en la noche, me decidí por un vestuario cómodo, chic, según Anne estaba radiante, me reí por su expresión, me abrazó fuertemente y expresó que mejoraría matemáticas, por mamá. 

Me divertí mucho en el concierto. Mi momento favorito fue estar en sus hombros, también la frase de Dame ilusión, esperanza, ganas de vivir y no me olvides, creo que era de alguien importante, en fin... me encantó, aunque no lo podía admitir ante él. Bebí, a decir verdad mucho más de lo que pensaba hacerlo al principio, pero disfruté y lo último que recuerdo es Nicolás en el auto manejando supuestamente a mi casa, me quedé dormida profundamente en el asiento de acompañante. 

Me desperté pero no sabía dónde estaba, hasta que me sorprendí cuando encontré a mi jefe durmiendo tranquilamente mi lado, me removí entre las sábanas y me levanté, él comentó que no había pasado nada, me preocupé por mis hermanas, eran mi responsabilidad. Manejó con normalidad, miraba por la ventana deseando que la tierra me tragara, debía llegar cuanto antes, qué vergüenza. 

Apenas estacionó en casa, levanté el seguro por mi cuenta y salí disparada al baño, me dolía terriblemente la barriga, me encerré en el baño, pobre de mí. Salí al cabo de un rato, tras ducharme, estar más saludable, bien, cómoda con mi pijama de terciopelo y mis zapatillas de andar por casa, cargué a Louise entre mis brazos, le arrulle y prometí entre susurros ser lo mejor para ella. Estuve mucho tiempo tentada a bajar, pero decidí esperar que el jefecito se marchara, pues se quedó a desayunar, incluso se instaló en los muebles de la señora Elena, ni yo haría eso. Cambié el pañal de Louise, me di cuenta que estaba bajando la cantidad de ropa que le podía poner a Louise, pues había crecido unos centímetros y se puso más gordita, tenía que comprarle algo nuevo, debía ser ese día con el bono de navidad que nos dieron en la empresa. 

Desayuné completamente apresurada por Anne que anhelaba salieramos cuanto antes, me hizo vestirme en menos de cinco minutos, me peiné en tiempo récord, salí con Louise dormida y en pijama por no quedarle la ropa que tenía. Estuvimos en un parque un buen rato, luego empezó la búsqueda de ropa para Louise, y sin pensarlo, también comprar algo para Annita, quién me pidió suplicante que le comprara alguna prenda, eligió un pantalón que le serviría mucho por ser una talla más grande, era rosa, su color estrella. Compré para mi unos trajes de empresa, también un par de zapatillas radiantes. Para no perderlo todo, me pasé por la farmacia para comprarle pañales a Louise, y nos encontramos con Alexandra, quién nos saludó con amabilidad. 

¿Por qué no vienes a celebrar con nosotros la navidad el veinticuatro de diciembre?- Preguntó. Apenada le negué que no podíamos porque prefería quedarme en casa. 

-¡Vamos Catherine! ¿Qué más puedes hacer con dos niñas en casa solas? ¿Tienes ya los regalos para Santa? ¿Quisieras comer un día algo rico? ¡Ven con nosotros! ¡Trae a esas princesas! -Expresó Alexandra. 

-¿Por qué no podemos ir, hermanita?- Manifestó para completar el paquete, Anne. 

-Puede ser, tengo que pensarlo.- Expresé. 

-Bien. ¡Te dejó el número de mi hogar para que me digas si vas a venir, prepararé dos platos más! 

-¿Qué quieres para Navidad, princesa?- Preguntó Alexandra a Annelisy. 

-Me encantaría ver a mi mamá, pero lo que más quiero es un libro, se llama: El principito, me lo recomendó la maestra. Y... una cámara fotográfica. -Expresó normal, Annita. 

-¿Estás bien? Te noto pálida. -Declaró Alexandra. 

-Sí, claro. -Volví a la vida, a mi realidad. -Es sólo que... tengo muchas cosas que hacer ahora. ¡Nos vemos!- Agregué. Tomé del brazo a mi hermana del medio, nos marchamos nuevamente a casa. 

-¿Por qué no podemos pasar navidad con ella?- Preguntó 

-Porque ella tiene su familia, no sería agradable interrumpir ese espacio, Annita. -Expresé. 

-Nosotros también tenemos la nuestra, pero no en Hawai. -Dijo triste, se me achicó el corazón. Pero me olvidé de mi padre, mi madre, los recuerdos. 

Decidí salir a comprarle como sorpresa un libro para pintar a Anne, ella amaba pintar, eso le haría feliz y además traía calcomanías, que le encantaban. Quise mucho tiempo de felicidad, quizá ahora no era tan real, pero podría ser feliz con tan simples cosas: mis hermanas, mis mayores tesoros. 

Faltaban sólo horas para que fuese veinticuatro, me motivaba hacer feliz a mis hermanas, eran mi razón de ser, por eso y solamente por eso le llamé a Alexandra para decir que asistirá a pasar navidad con ella y el jefecito, se alegró y me confirmó que sería a las seis de la tarde, podía ir con mi bota de navidad, la cual no tenía o llevar una media normal y ya, era para los dulces, una tradición familiar, podía colaborar con un postre que supiera hacer, entonces hicimos galletas para la cena de navidad.

La noche siguiente esperaba, prometía y mucho... ¡Así que a vivir un día a la vez! 


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