19. Por una vez, quédate
Un sabor amargo y desagradable despertó las papilas de Manjiro, mientras que nudo estrujó su garganta. Había perdido el apetito, y lo que minutos antes pensó que sería un buen desayuno sólo le causaba náuseas. ¿A dónde se habían ido todos sus esfuerzos por desayunar con Takemichi y ganarse su corazón? Ah, sí, al caño.
Claro que todo tenía una causa, y ese era Mamoru Satō, quién como siempre hacía todo lo posible para ganarse su desprecio.
El plan de Manjiro de ese día era desayunar a solas con Takemichi, sin embargo, el agudo oído del Satō no lo permitió, y por si fuera poco, se sumaron los amigos de Mikey. Y así pasó de ser un intento por ganar el corazón del ojiazul, a un almuerzo más bien infantil y desagradable. Porque podrían compartir la misma mesa y desayunar uno al lado del otro, pero Takemichi parecía estar en su propio mundo junto con el Satō. Un mundo al que, por más cerca que se acercara, Mikey no podía entrar.
—¿Mikey, no piensas comer?
Ni siquiera el llamado de Draken o los comentarios y risas de sus amigos fueron suficientes para que subir el ánimo del rubio.
—No tengo hambre, Ken-chin.
Habían pasado dos días desde su intento fallido por buscar ayuda con Kokonoi y su conversación—si así se le podía llamar— con el desteñido, y la verdad es que no podía sacarse las palabras de Takemichi de la cabeza: “Desearía olvidarlo”.
Estaba cansado, de mal humor y sin ánimos de escuchar las palabras de sus amigos. Y la conclusión era simple, nada era igual desde que Takemichi lo había olvidado, y lo peor era que quizás así lo había deseado.
En silencio se puso de pie y se marchó, dejando a sus amigos atónitos y sin comprender nada de lo que pasaba.
—Espera, Mikey. —Draken intentó detenerlo, pero el rubio no le prestó atención—. No entiendo lo que le pasa.
—Cada día más cerca del psiquiátrico —musitó con burla, Kazutora.
Un codazo en el estómago dejó sin aire al Hanemiya.
—No seas impertinente, Kazutora —le regaño Keisuke, más por molestarlo que por defender al rubio de su amigo.
—Mira quién habla.
La pequeña y nada discreta pelea de los morenos comenzó a llamar la atención de quienes estaban por ahí, con excepción de Takemichi, quién estaba más preocupado por la repentina huida del menor de los Sano.
—Si quieres ir con él, hazlo, Takemicchi —soltó desinteresado Mamoru. No parece buena idea dejarlo solo.
Los ojos de Takemichi se abrieron tanto como pudieron. ¿Había escuchado bien? ¿Desde cuándo Mamoru se interesaba por el bienestar de Mikey?
—¿Cómo…?
—Puedo ver qué te preocupa. Además, no estarás tranquilo si no ayudas a un amigo, ¿no es cierto? —Acarició la mejilla del Hanagaki y le sonrió—. Es parte de ti querer ayudar a los demás, Takemicchi, y nadie debería cambiarlo. Ve antes de que lo pierdas de vista.
El teñido no se detuvo a hacer preguntas, sólo asintió y sin esperar más, siguió el camino del rubio.
Takemichi no tardó mucho en encontrar a Mikey sentado en una de las bancas del jardín.
Caminó en su dirección, sin embargo, sus pasos se volvieron más lentos cuanto más se acercaba, no porque no quisiera llegar, sino que inconscientemente quería grabar en su memoria la imagen que tenía frente a él.
El viento agitaba con delicadeza los dorados cabellos de Mikey y los suaves rayos de sol cayendo sobre él lo hacían lucir casi angelical. Sin embargo, la expresión llena de melancolía en el rostro ajeno hizo sentir una opresión en el pecho del Hanagaki. Le lastimaba verlo así.
La presencia de Takemichi pasó desapercibida para Mikey hasta que lo sintió sentarse a su lado, pero ni siquiera eso era suficiente para hacerlo sentir mejor.
—¿Pasa algo, Mikey-kun?
El tono inocente y preocupado del teñido molestó al Sano. No soportaba la idea de que su tan querido Takemichi quisiera olvidarlo y que actuara como si nada pasara.
Le dolía el corazón y era su culpa.
—Como si eso te preocupara —respondió molesto e hizo un mohín
El teñido lo miró confundido. ¿Había hecho algo malo o porque parecía estar molesto con él?
—Eres mi amigo, claro que me preocupa. —Le tomó de la mano—. Dime, ¿qué te sucede? Quiero ayudarte.
—No te interesa, déjame —clamó hosco y se soltó del agarre de Takemichi.
Manjiro atinó a cruzarse de brazos y evitó los zarcos. Se sentía indignado y herido.
Estaba actuando como un mocoso desconsiderado, pero no podía evitarlo. Un sentimiento de tristeza calaba su pecho, y aunque Takemichi no sabía la razón, era inevitable no desquitarse con él. Era en parte su culpa, ¿no?
—Comprendo, Mikey-kun.
Antes de que pudiera decir algo más, Mikey sólo pudo ver cómo Takemichi se ponía de pie y se marchaba.
Quería detenerlo y pedirle que se quedará a su lado, que no lo dejara solo de nuevo, pero las palabras no salieron de su garganta, y aunque lo hubiera hecho ya era demasiado tarde; Takemichi se había marchado.
Era su culpa que se alejara, pero no por eso dejaba de doler. Quería a Takemichi a su lado, pero se sentía tan dolido que lo único que lograba era ahuyentarlo y lastimarlo. Algo que el desteñido del Satō seguramente no desaprovecharía.
Imaginar a Takemichi refugiándose en el Satō provocó una punzada en su pecho. Odiaba pensar que cada uno de sus errores se convertía en un punto a favor del impostor.
Quería que Takemichi se quedará con él y lo hiciera sentir seguro, que le dijera que lo quería y que no lo dejaría de nuevo. Pero, ¿no fue él quién le pidió que se alejara? ¿No había sido él quien lastimó primero a Takemichi?
Tal vez si él tampoco recordara la verdad, no sufriría. Quizá lo más fácil, tal como decía Mamoru, era olvidar a quien amaba.
Pronto los pensamientos del Sano fueron interrumpidos cuando, frente a él, una bolsa de papel con un par de taiyakis apareció. Mikey levantó la mirada y sus ojos se iluminaron cuando se dió cuenta de que quién se los extendía no era nadie más que Takemichi.
Había vuelto por él.
—Escuché de Draken-kun que no habías comido nada —comentó avergonzado, sin poder ver a Mikey a los ojos—, y como sé que los taiyakis te gustan mucho, te traje algunos. No los rechaces y come, por favor.
—Takemicchi…
—Si no quieres hablar de lo que te molesta está bien, Mikey-kun. —La voz de Takemichi tembló, pero era tal su determinación por mostrarle a Mikey que no lo dejaría solo, no le importaba si le gritaba que se alejara. Estaba decidido a quedarse con él —. No estás obligado a hacerlo, pero no intentes alejar a las personas. Tus amigos sólo queremos verte bien.
Tal vez fueron las palabras de Takemichi, su mirada o la debilidad que sentía cuando se trataba de él, pero fue suficiente para que Mikey bajara sus defensas, lo que dibujó una sonrisa en los labios del ojiazul.
¿Por qué querría olvidarlo si bastaba con ver esa sonrisa para no querer soltarlo más?
Manjiro no lo pensó más y se lanzó a los brazos de Takemichi, quién lo recibió gustoso. Necesitaba de esa calidez y cariño que sólo podía encontrar en su querido ojiazul; en la persona que podía considerar su hogar.
Ninguno fue consciente de cuánto tiempo estuvieron abrazados, y así hubiera continuado de no ser por el sonido del timbre, anunciando que debían volver a clases, lo que rompió la atmósfera que los envolvía.
—Debemos volver a clases —anunció, Takemichi, e intentó apartarse del Sano.
—¡No, no! No quiero que te vayas —pidió con tono infantil, aferrándose más al cuerpo del ojiazul—. Quédate conmigo, Takemicchi.
¿De verdad perdería la clase por cumplir el capricho de Manjiro? La repuesta era demasiado obvia, sólo esperaba que si su madre se enteraba en algún momento, pudiera perdonarlo.
—Está bien, me quedaré contigo, Mikey-kun.
El tiempo dejó de avanzar para Manjiro, no sabía cuántos minutos habían pasado y no le importaba, tampoco le interesaba si lo castigaban por no entrar a clase. No había manera que se arrepintiera.
Por primera vez en mucho tiempo, Mikey se sentía completo y no era por la boba charla, las risas indiscretas o la adrenalina de ser encontrados, sino que una vez más su compañía no era otra que la del Hanagaki.
Aun sin tener recuerdos, Takemichi seguía siendo el mismo chico que reía con facilidad, cuyos ojos brillaban cuando algo le emocionaba y que sonreía sin darse cuenta.
Seguía siendo el mismo, y al igual que siempre, cuando se trataba de él, siempre bajaba la guardia. ¿Y por qué no aprovecharlo? ¿Por qué no intentar ir por todo?
Mikey acercó su rostro peligrosamente al del teñido. Fue cuestión de segundos para que el perfume fresco del Hanagaki se colara por sus fosas nasales y que terminara por embriagarlo.
—Nee, Takemicchi, si yo te dijera que la persona con la que pasabas el tiempo y que estaba a tu lado siempre fui yo y no Mamoru, ¿qué pensarías?
El teñido rió divertido con la “ocurrencia” del Sano.
—Pensaría que alguien quiere tomar su lugar —soltó juguetón y apuntó el pecho del Sano—. Pero debes esforzarte, Mikey-kun, no será fácil reemplazarlo.
Sin aviso, Manjiro tomó la mano de Takemichi y entrelazó sus dedos. Para su sorpresa y dicha, el ojiazul no opuso resistencia. Esperaba curioso por su siguiente movimiento
—Eso no me preocupa, Takemicchi, yo soy mejor. —Sus ojos se desviaron a los rosados y esponjosos labios de Takemichi—. Te conozco más de lo que él lo hace.
—Tienes mucha confianza —musitó, Takemichi, con la voz entrecortada—, Mikey-kun…
El rostro de Takemichi ardía, y su acelerado corazón hacía de su mente un caos por el cual no podía pensar con claridad. Debía alejarse, lo sabía, pero había algo en Mikey que lo atraía, que le pedía seguir a su lado.
Inclinó su rostro y cerró los ojos, dejándose llevar por las sensaciones que no era capaz de entender.
Mikey tomó con suavidad el mentón de Takemichi. Temía que en cualquier momento el ojiazul se arrepintiera y huyera.
Tenía miedo de que el control del Satō fuera tanto que no hubiera manera de hacerlo recordar que sus verdaderos sentimientos eran por él y no por un impostor.
Mas cualquier temor desapareció al sentir el aliento de Takemicchi chocar en sus labios. Porque no importaba cuántas veces Takemichi lo olvidara o perdiera sus recuerdos, él se encargaría de ser su primer beso una y otra vez. Todo lo haría porque…
—¡Ustedes!
El repentino grito resonó en los tímpanos de ambos rubios, y Takemichi se apartó de golpe de Mikey. El Sano resopló inconforme y miró con el ceño fruncido al responsable de interrumpir su momento; Draken.
—¿Me pueden decir que es lo que estaban haciendo?
—Bueno… Pues nosotros estábamos… Estábamos… —Takemichi estaba hecho un manojo de nervios, incapaz de formular una frase coherente. ¿Qué es lo que estuvo a punto de hacer con Mikey?
—Tranquilo, Ken-chin, sólo estábamos hablando hasta que llegaste —comentó con inocencia, intentando disimular su tono molesto.
—No juegues con mi paciencia, Mikey. En cuanto a ti. —Señaló al Hanagaki—. Mamoru te está buscando, así que es mejor que vayas a buscarlo. Si te encuentra aquí podría malinterpretar las cosas.
—¿Mamoru? Ah, cierto, lo había olvidado. —Rascó su nuca, avergonzado—. Tengo que irme. Gracias, Draken-kun.
Antes de que pudiera irse, Mikey lo detuvo y lo tomó de la mano. No dejaría que Takemichi se olvidara de él por culpa del Satō.
—Esperarás por mí para irnos a casa juntos, ¿verdad, Takemicchi?
Las mejillas del Hanagaki se tiñeron de carmesí. ¿Cómo decirle que no?
—Por supuesto, Mikey-kun. Así que cuídate y ve a tus otras clases. —Sonrió con ternura y apretó ligeramente su mano antes de soltarla.
Draken miró divertido la escena, ambos chicos le parecían un par de tontos que no sabían disimular. ¿Y para qué negarlo? Estaba interesado en saber cómo terminarían las cosas, aunque eso significara tener más trabajo, pues si Mamoru se enteraba de que el mañoso de su amigo estaba acercándose tanto a Takemichi seguramente no se quedaría con los brazos cruzados.
El Ryuguji rió y agitó el cabello del Sano como si de un cachorro se tratara. Disfrutaría de la calma mientras pudiera.
—Y yo que estaba preocupado por ti, enano —soltó con burla—. Explícame, ¿qué fue eso?
—Eso es todo lo que necesitaba saber, Ken-chin. —Suspiró con ensoñación, mirando al cielo—. Takemicchi todavía me quiere. Él no me ha olvidado.
¡Buenaaaaas, gente linda! Espero se encuentren bien. Aquí reportándome con un nuevo capítulo ♡
Algo cortito, pero bonito. Ya hacía falta un poco de amors por aquí, y que mejor que traerlo con un avance de Mikey✨
Sólo queda esperar que siga avanzando y que no pase nada malo, jsjsjs. ¿Será eso posible? Pronto lo descubriremos 👁️
¡¡Aaahhh!! También hoy me lleve la sorpresa que hemos llegado a los 25K de vistas 🤧
Gracias por el apoyo, por seguir semana a semana la historia y por todo nada de esto sería posible sin ustedes 💖
Si les gustó el capítulo no olviden votar y comentar 🌟
Estaré respondiendo algunos comentarios que no pude durante la semana✧
Nos vemos la próxima semana con un nuevo capítulo
Cuidense mucho, tomen agua y abríguense.
Besos 💗
Bye, bye 💕
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