Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

1. De la noche a la mañana

Instintivamente, cubrió su rostro con la tibia frazada, en un vano intento por resguardarse de los primeros rayos del sol. Era una mañana demasiado soleada para gusto del dormilón rubio.

Lo único que Mikey quería era volver al reino de Morfeo. ¡Al diablo las clases! Tampoco era como si le interesara o fuera un estudiante modelo. Una falta más o una menos no hacía mucha diferencia, ¿o si?

Y por si fuera poco, a su pésima mañana se sumaba el hecho de no querer confrontar a Takemichi. ¿Cómo podría verlo a los ojos si días atrás se le había confesado?

Era como una pesadilla, cada vez que cerraba los ojos el rostro lloroso de Takemichi revivía en su memoria.

No era capaz de lidiar con sus acciones y mucho menos con sus sentimientos, pero eso no significaba que no quisiera a Takemichi, simplemente no podía distinguir si sus sentimientos eran de amistad o románticos. Era demasiado difícil entender algo así.

Pero no importaba, un error lo comete cualquiera. Él confiaba en que con el tiempo, todo volvería a ser normal. Ya tendría tiempo para corregir su error, Takemichi no podría olvidarlo de la noche a la mañana, ¿verdad?

—¡Mikey ya levántate! —Los gritos de Emma al otro lado de su habitación retumbaron en sus aún dormidos oídos—. Draken ya está esperándote.

El rubio atinó a envolverse más en sus frazadas. Estaba decidido a ignorar el llamado de su hermana, pero pudo notar como los golpes a su puerta eran cada vez más fuertes. Estaba seguro de que de seguir así terminaría tirando la puerta —que no sería la primera vez—. Debía rendirse.

—Ya voy —respondió sin ganas y se levantó de la cama con pesar.

Al otro lado de la puerta, Emma sonrió satisfecha, pues si Mikey no le hacía caso, esa vez haría más que tirarle la puerta.

Después de la travesía de despertar y preparar a Manjiro para ir juntos a la escuela, ambos rubios corrían los las calles tan rápido como podían. ¿Y cómo no hacerlo? Tenían menos de 10 minutos para llegar, en un camino por el que duraban al menos 20 minutos, esto si no querían estar en retención durante dos semanas.

A pesar de todo, Manjiro sintió que la suerte estaba de su lado. Draken corría tan desesperado que olvidó que debían esperar a Takemichi en una de las intersecciones, y, aunque era algo grosero, Mikey agradeció en silencio que su mejor amigo no preguntara o siquiera mencionara al Hanagaki.

Draken, quien no tenía un pelo de tonto, fue capaz de notar algo extraño en el Sano. Era antinatural el silencio y la actitud dócil del chico, pero prefería no preguntar. Si era importante se enteraría tarde o temprano. Además, no es como si tuvieran tiempo para preocuparse.

No fue hasta que llegaron a su salón que pudieron recuperar el aire. Por pura suerte habían llegado apenas dos minutos antes de que sonara el timbre. ¿Cómo habían logrado llegar a tiempo? Ni ellos mismos lo sabían. Todo era posible cuando existía un castigo seguro de por medio.

Y por si fuera poco, estaban salvados, pues su maestra de matemáticas aún no estaba en el aula, sólo sus compañeros y amigos ya se encontraban ahí, conversando y pasándose las tareas del día. 

Fue casi magnético como la mirada de Mikey buscó al ojiazul entre todos los estudiantes, y para su sorpresa él ya estaba ahí, conversando animadamente con Takuya y Akkun, dos de sus amigos más cercanos. Al final, Takemichi tampoco esperó por ellos.

—No te quedes ahí, Mikey. —La voz de Draken lo sobresaltó—. Ve a sentarte ya.

—¿Qué le pasa? Se ve más tonto que otros días —añadió sin disimulo Baji, recibiendo una mirada de reproche por parte del de trenza.

—Baji-san, es descortés hablar así de su amigo —aclaró Chifuyu.

El azabache se alzó de hombros y fijó su mirada al frente con desinterés.

—¡Bah! Ni que dijera mentiras, sólo mira su cara.

—No eres el más indicado para hablar, Baji —atacó Draken y como era de esperarse, el moreno se puso de pie dispuesto a continuar la pelea.

Mikey ignoró la riña entre sus amigos y caminó en dirección a su lugar.

Miró con disimulo el asiento vacío al lado de Takemichi, pero pasó de largo. Sentarse a su lado era garantía de desastre. Con pesar aceptaba que tendría que estar al lado de Draken.

Tampoco es como que el ojiazul le prestara atención, estaba más ocupado hablando de sabrá Dios que cosa con su amigo de cabello rojo ciruela. No era algo que le agradará a Mikey, pero dada la situación lo permitiría por única ocasión.

Apenas y Mikey se sentó el timbre sonó y una mujer de mirada hostil y vestida con un anticuado vestido floreado entró al salón y cerró con fuerza la puerta tras ella.

Se trataba de la profesora Ikari, una mujer mayor de 50 años, con expresión severa, cabello canoso recogido en un moño y un par de gafas enormes que cubrían gran parte de su rostro. Era temida y respetada entre los estudiantes por ser estricta y dar calificaciones deplorables.

La mujer recorrió con sigilo el lugar y detuvo su mirada en el asiento vacío al lado del Hanagaki.

—Como siempre, falta uno.

Mikey chasqueó la lengua, derrotado, al ser descubierto, pero cuando iba a ponerse de pie unos golpes en la puerta le detuvieron. La mujer soltó un bufido antes de abrir la puerta y permitirle el paso a un rostro que Mikey no reconoció.

Se trataba de un joven alto, de complexión atlética, ojos brillantes como esmeraldas y una hermosa cabellera rubia similar a la arena de la playa.

Mikey arrugó la nariz al notar como las chicas observaban embelesadas al desconocido, incluso algunos de sus compañeros no fueron la excepción. Estaban perdidos en el encanto del extraño.

De alguna forma, esto logró molestar a Mikey, quién no terminaba de comprender. El chico no era un modelo o idol para ser tan cautivador, además él lucía mejor.

—Otra vez tarde, joven Satō —recriminó la mujer, cosa que alegró a Manjiro.

—Lo siento, profesora. —La melodiosa voz del chico penetró en los oídos de Mikey, pareciendo casi insoportable—. Tuve un contratiempo, pero no volverá a pasar.

El chico se inclinó en señal de respeto, no sin antes darle un pequeño guiño a la profesora, quién no hizo más que rodar los ojos. No le pagaban suficiente para lidiar con esos mocosos.

—Que sea la última vez, ¿entendido? —La mujer masajeó el puente de su nariz, rogando por paciencia a cualquier dios—. Ahora pase y no me quite más tiempo.

El chico rubio asintió victorioso y sin pensarlo tomó asiento al lado vacío de Takemichi. Mikey se crispó ante tal osadía, pero al ser él quien abandonó su asiento en primer lugar decidió callar. Ya lo recuperaría después.

Sin embargo, hubo algo que lo hizo sentir intranquilo. ¿Desde cuándo Takemichi trataba con tanta amabilidad y cercanía a un desconocido? ¿Acaso lo estaba provocando?

Muy al contrario de otros días, Mikey no fue capaz de pegar el ojo durante la clase, y no porque no quisiera —si parecía que iba más a la escuela a dormir que a estudiar—, lo que le robaba el sueño era ver la cercanía con la que el insoportable chico nuevo hablaba con Takemichi. ¡Y lo que era peor! Se atrevía a toquetearlo. ¿Acaso quería morir?

—Ken-chin, ¿sabes quién es el tipo que está sentado con Takemicchi? —Preguntó irritado, restándole importancia a la clase. Su creciente desagrado por el chico valía más que cualquier otra cosa—. ¿Por qué no se presentó si es nuevo? Es un grosero.

Mikey miró al chico con fastidio. Podía no tener ni un día de conocerlo, pero era suficiente para declararlo su enemigo.

—Porque no es nuevo, Mikey —susurró fastidiado—. Hemos estado en la misma clase con Mamoru desde secundaria. No puede ser que no lo hayas notado.

Mikey frunció el ceño con molestia. Era imposible que no pudiera notarlo en tantos años. Draken debía estar loco si creía poder engañarlo con una mentira así.

—¡No digas...!

—Joven Sano, ¿hay algo que quiera compartir con la clase o prefiere quedarse a limpiar los salones? —La voz grave de la profesora le hizo callar y volver su mirada al frente.

Las miradas burlonas cayeron sobre él y un par de risas no tardaron en aparecer —cortesía de sus amigos—.

—No, no es nada.

—Eso pensé. Y usted, Keisuke —señaló al azabache—, mejor guarde silencio si no quiere pasar al frente a resolver el problema número 10.

En medio de las burlas al azabache, Manjiro no fue consciencia de la atenta mirada que se clavó sobre él, sólo pudo sentir una inexplicable sensación de ansiedad.

El resto del día no fue mejor, Takemichi lo ignoró y evitó todo el día, y por si fuera poco, el desteñido —como apodó a Mamoru— no se despegó del ojiazul. Pero ya no más.

El Sano estaba tan molesto que a penas y las clases terminaron, no esperó más y decidió encarar a Takemichi. Ni las miradas confundidas de sus amigos lo detendrían.

—¡Oye, Mikey!

Ignoró el llamado de Draken e incapaz de medir su aura amenazante, Mikey caminó hasta donde se encontraba Takemichi con su grupo de amigos y se plantó frente al ojiazul.

—¿Cuánto tiempo más vas a ignorarme, Takemicchi? —Preguntó indignado, Mikey, arrugando el entrecejo.

Estaba cansado del trato frío, del rubio, no le gustaba. Quería a su Takemichi de vuelta.

—¿Manjiro? ¿Sucede algo?

De no ser por la inocencia con la que le miraba el Hanagaki, desde hace mucho tiempo atrás Mikey le hubiera dado una buena patada en el trasero.

¿Manjiro? ¿Desde cuándo era Manjiro? Sabía que las cosas serían extrañas entre ellos, pero eso ya era demasiado. Takemichi no podía decirle Manjiro, era Mikey o "amor de mi vida", no tenía elección.

—Si estás molesto por lo que pasó el otro día, no debes preocuparte —explicó en tono juguetón—. Nada ha cambiado entre nosotros, Takemicchi.

Los amigos de Takemichi se miraron entre sí confundidos, pero incapaces de cuestionar al rubio. Valoraban suficiente su vida como para no molestar al líder de la Toman.

—¿El otro día? No comprendo, Manjiro.

El Sano infló sus mejillas con indignación. Comenzaba a fastidiarse de la demencia de Takemichi. Tal vez era justo que se molestará con él y que le jugará una mala broma, pero ya era suficiente.

—Deja de fingir, Takemicchi —ordenó impaciente y lo tomó por la barbilla—. Tu broma no me gusta.

Takemichi miró suplicante a sus amigos en busca de ayuda, pero todos desviaron la mirada. ¿Dónde estaban los héroes cuando se necesitaban?

—¿Por qué no respondes? —Insistió con voz grave Mikey, invadiendo el espacio personal del ojiazul.

Los labios de Takemichi se abrieron y cerraron un par de veces antes de decir al menos una palabra. 

—Creo que te equivocas. Nosotros sólo somos compañeros.

—¿Qué dices? —Cuestionó incrédulo—. Tú estuviste en mi casa toda la tarde del viernes.

Los amigos de Takemichi miraron incómodos la escena, mientras que Draken, quien se había acercado por curiosidad, quería que se lo tragara la tierra y lo escupiera en cualquier lugar donde Mikey no lo encontrara. ¿Por qué no podían tener un día normal?

Manjiro estaba desesperado esperando la respuesta de Takemichi, no soportaba el silencio y que no le sostuviera la mirada.

—Manjiro, apenas y nos conocemos. Además...

—Takemicchi estuvo conmigo todo el fin de semana —intervino Mamoru y se colocó al lado del ojiazul, arrancando a Takemichi de Mikey y abrazándolo por los hombros—. ¿Verdad, Takemicchi?

Un sabor amargo se coló en la boca del Sano al notar el alivió con el que Takemichi miraba a Mamoru. ¿Tan atractivo era que a él también le había gustado?

Imposible, Takemichi lo quería a él y no al rascacielos desteñido.

—Tú no te metas —escupió irritado y avanzó hasta quedar de frente a Mamoru.

El verde chocó con el negro en un duelo de miradas. Eran diferentes, pero compartían la misma fuerza en su mirar. Casi se podían ver las chispas saltar de ese encuentro.

—Oi, detente, Mikey —intervino Draken y jaló de él, buscando alejarlo del Satō—. Deja de causar problemas.

Ante las miradas atónitas de Takemichi y sus amigos, y la mueca divertida del Sató, Draken sacó arrastrando del edificio a su problemático amigo.

—¿Qué intentabas, Mikey? —Interrogó molesto, el de la trenza, una vez estuvieron lejos. Sentía como una vena saltaba en su frente.

—No quiero que Takemicchi siga ignorandome —soltó con frustración—. Él debería estar conmi... Con nosotros. ¿A ti no te molesta ver qué nos cambió?

Draken detuvo sus pasos y miró con evidente confusión al menor.

—¿Eh? ¿Por qué debería hacerlo? Siempre ha estado con ese chico.

Eso fue suficiente para que la paciencia de Manjiro se agotara. No entendía el porqué hasta su mejor amigo insistía con molestarlo. ¿Es que acaso todos se habían puesto de acuerdo para jugarle una broma?

—¡Eso es mentira, Ken-chin! Takemicchi siempre está con nosotros. Es nuestro amigo.

Draken miró a Mikey intentando buscar alguna señal de duda o burla. No pudo evitar preguntarse si el menor estaba jugando con los límites de su paciencia o si de verdad había perdido la cabeza.

—Mikey, tú nunca has hablado con Takemichi fuera de las reuniones de Toman y tampoco eres su amigo —explicó con tono serio—. Sólo son compañeros.

La respiración de Mikey se detuvo. ¿Qué demonios estaba pasando?

¡Hola, hola, gente bella de Wattpad! Aquí una vez más con otra historia de mi hermosa OTP. La verdad es que me encanta la temática de amnesia y no he podido resistirlo.

Cómo se podrán dar cuenta añadiré algunos OC para darle más sabor, jsjs.
¿Será una broma de Take y los chicos o en realidad pasa algo muy extraño?

De más está decir que agradezco le brinden una oportunidad a la historia. No se olviden votar y comentar, es muy lindo.
Espero les guste, y nos vemos la próxima.
Bye 💕

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro