Capítulo 5
Simplemente quiero agradecer a todas las maravillosas personas que leen esta historia. Las amo, de verdad, sus comentarios significan mucho para mí. De nuevo, gracias ♥
Capítulo 5
Hay un detalle que por alguna razón omití, pero les contaré ahora.
Tengo una amiga, mi única y mejor amiga mujer. Su nombre es Jenna, y es unos meses mayor que yo.
No sé muy bien por qué olvidé nombrarla antes... tal vez porque me distraje mucho contándoles cosas sobre los Fab. Pero Jenna es muy importante para mí, si no hubiese sido por ella, no hubiese podido sobrevivir a la escuela. Además nunca me trató de "rara" como los demás, aunque más de una vez me encontró hablando "sola", pero ya se había acostumbrado, y no le molestaba. Jenna tenía cabello castaño como el mío, pero sus ojos eran más claros. Considerando lo mucho que significaba Jenna para mí, me sentía terrible al tener que ocultarle la existencia de los chicos. Un día estábamos mirando televisión con los chicos cuando hice una inoportuna sugerencia.
—Así que... —comencé a decir, haciéndome la distraída— ¿qué creen que sucedería si le contase a Jenna sobre ustedes?
Los cuatros me observaron y apagaron el televisor.
— ¿Es broma, verdad? —preguntó John.
— ¿No? —respondí insegura.
—Por supuesto que no, tú sabes que no le debes decir a nadie —dijo George— no le has dicho a nadie ¿verdad?
—No, claro que no. Pero... Jenna no es como cualquier otra persona. Jenna es mi amiga, y es de confianza, como ustedes. ¿No creen que debería conocerlos?
—Tú sabes que no es correcto, Cassie —me dijo Paul.
— ¿Por qué no? —pregunté molesta.
—Porque no. ¿Cómo te crees que reaccionará? —preguntó John, él molesto también.
—No lo sé, pero a la larga sé que lo entenderá —respondí.
—Lo lamento Cassie, pero no será posible —dijo Ringo.
—Como ustedes digan —dije enojada— ¿Me disculpan? Me voy a dormir.
Dicho eso, subí furiosa las escaleras y cerré la puerta de mi habitación con brutalidad. Me acosté en mi cama pero no a dormir, solo a pensar en lo injustos que estaban siendo los chicos. Minutos después aparecieron sentados en la cama, junto a mí.
— ¿Acaso no se puede tener privacidad aquí? —comenté.
—No estás defecando, solo estás haciendo un berrinche —dijo George.
—No es berrinche. Sólo no los quiero aquí —expliqué.
—Sabes que eso es mentira —dijo Ringo— somos adorables.
—Déjenme sola —exigí. John suspiró.
—No entiendo por qué deseas que nos conozca. ¡Somos fantasmas! No se supone que ella nos vea —dijo él.
—Lo que ustedes no entienden es que ella es importante para mí, y ustedes también. ¿Acaso las personas más importantes en mi vida no deberían conocerse cara a cara? —pregunté y aguardaron silencio por unos instantes.
—Bueno, creo... Yo creo que si estas segura de que ella no sea ninguna chismosa... —comenzó a decir Paul.
—Oh por Dios ¿en verdad puedo? —les pregunté, sonriendo.
— ¿Prometes que será absolutamente cautelosa y no se lo dirá a nadie más? —me hizo prometer George. Yo asentí con entusiasmo. — ¿Qué dices, John?
—Confiaremos en ella, así como confiamos en ti —dijo resignado pero sonriendo. Como se habían materializado, los abracé fuertemente y se los agradecí repetidas veces. A Jenna le esperaban unas grandes noticias.
Habían pasado tres días desde que Jenna huyó aterrorizada de mi casa luego de conocer a los Fab. Tal vez no estaba lista para esto... mejor dicho, ¿quién está listo para conocer fantasmas? Fue una reacción totalmente normal. Los Beatles sabían que algo semejante ocurriría, por lo cual no se preocuparon mucho, sino que apenas ella se marchó, se apresuraron en pagar sus apuestas. Paul apostó que gritaría, John que diría "oh por Dios" repetidas veces, George que se desmayaría y Ringo que huiría espantada. ¿Y qué creen? Ganaron todos. Días después, Jenna tocó a mi puerta, por lo que les pedí a los chicos que desaparezcan antes de hacerla entrar. Si bien aún se la notaba algo nerviosa, dijo que tuvo tiempo de asimilar la noticia. Tener amigos fantasmas no era algo normal, y podía resultar aterrador para los demás, pero Jenna dijo que se acostumbraría, porque era mi amiga y me quería demasiado como para perderme por una banda de fantasmas. Y así lo hizo. Con el tiempo fue relajándose cada vez más estando cerca de los chicos, y ahora son sus amigos también, lo cual es comprensible, dado que los muchachos son muy simpáticos.
¿Recuerdan que les iba a contar sobre mi primer beso?
Bueno, a continuación les contaré sobre cuando pasó en verdad.
"Mi primer beso: parte II"
Ya había cumplido los quince, lo cual no era muy diferente a tener catorce. No era muy emocionante a decir verdad, pero aun así... Un día estaba en internet, buscando algunas cosas sobre John, cuando vi todo un foro dedicado a una portada de un álbum suyo. La curiosidad me invadió, por lo que escribí en el buscador de imágenes: "Unfinished Music No.1: Two Virgins". Adivinen con qué me encontré.
— ¡EWWWWWWWWW!
¡JOHHNNNNNN!
¡POR DIOS!
¿CUÁL ES TU PROBLEMA?
¡EWWWWWWWW! —exclamé horrorizada y los chicos aparecieron. John observó mi búsqueda y me cerró la laptop velozmente, avergonzado. No avergonzado por la desnudez en realidad, sino por el hecho de que yo la viera.
—No se suponía que vieras eso —dijo John, apartando su vista.
— ¿Por qué... es decir... por qué tú... por qué Yoko... por qué? —pregunté, intentando hallar una explicación razonable.
— ¡Lo sé! ¿Llegaste a ver el trasero de Yoko? Dios —dijo George, quien también había estado impactado en su momento con la portada. Luego se sacudió porque le dio escalofríos pensar en el trasero de Yoko. John lo miró mal.
—Dios, John, no deseaba conocerte a ese nivel —le dije, sin siquiera poder mirarlo. Los chicos reían.
—Estúpida internet —se quejó John.
— ¿Llegaste a ver el maní de Johnny? ¿No es acaso pequeñito? —comentó Ringo, y John le dedicó una mirada fulminante. Reímos hasta que Jenna ingresó a mi casa.
—Cassie, existen los seguros ¿sabías? —me dijo mientras se acomodaba en el sofá.
—Oye Jenna, estábamos viendo el maní de Johnny ¿deseas verlo? —preguntó George.
—Eww, creo que paso —rio ella, ya acostumbrada al humor de los Fab.
—De todas maneras no hubieses podido... no sin aumento —se burló Paul.
—Esperen... ¿Unfinished Music No. 1: Two virgins? —preguntó. Yo asentí —Nah, ya lo vi.
—Estúpida internet, sabe todo sobre mí —repitió John y nos mandó al demonio a todos.
—Hey Cassie, te tengo una invitación —anunció ella. —Mi primo Shawn dará una fiesta y adivina quién estará allí: ¡Robby!
— ¿Robby? —pregunté interesada.
—Siii, Robby —dijeron los chicos al unísono, con desgano, dado que tampoco les agradaba.
Robby era un chico que había conocido una semana antes, en la casa de Jenna. No sabía nada de él, sólo que era lindo y estaba soltero. Jenna pensó que la fiesta sería una buena ocasión para conocerlo y tal vez pasar un tiempo a solas.
— ¿A qué te refieres exactamente con "tiempo a solas", jovencita? —preguntó Ringo, en tono paternal.
—A Robby le resultas bonita —me dijo Jenna, y no pude evitar sonreír, mientras los Beatles me observaban desaprobadoramente.
—No iras a ninguna fiesta —dictaminó John.
— ¿Qué? ¿Por qué no? —pregunté, sonriendo, ya que resultaba graciosa su actitud.
—No sabes nada sobre ese tal Robby —dijo Paul.
—Dudo que sea un asesino o algo así —bromeé.
—Eso tú no lo sabes —comentó George mientras comía un sándwich.
—Primero Rick, y ahora Robby... no debes confiar en ningún chico cuyo nombre comience con R —expresó John.
—¡Oye! —protestó Ringo, herido.
—Exceptuando a Ringo, exceptuando a Ringo. Dios, déjame terminar, Starkey —rio él— además, eso de pasar "tiempo a solas" con Robby... eso no me gusta nada —dijo y le robó un pedazo de sándwich a George.
—Ya soy grande como para que me sigan tratando así, como si fuera un bebé, tengo quince —protesté.
—No queremos que vayas, no suena seguro —dijo Paul.
—Yo la protegeré —se ofreció Jenna.
—Tú serás quien la lanzará a los brazos de Robby —dijo Ringo, robándole otro pedazo de sándwich a George.
—Chicos, no hay nada de qué preocuparse. Robby es amigo de la familia, es un gran chico —intentó tranquilizarlos Jenna.
—Aun así, no me parece buena idea —dijo George.
—No son mis padres, solo son mis amigos. Y si me impiden ir a la fiesta, eso podría cambiar —amenacé. —Además, ustedes ya estaban perdiendo sus virginidades a mi edad y yo ni siquiera besé a alguien.
Los Beatles se sorprendieron.
— ¿Cómo sabes eso? —preguntó John, alarmado.
—Internet —respondí, sonriendo.
— ¡Estúpida internet! —dijeron ellos al unísono.
— ¿Cuándo es la fiesta, Jenn? —pregunté.
—El sábado a las ocho, en casa de Shawn —respondió.
—Perfecto. Estaremos allí —confirmé con una sonrisa victoriosa.
Muy a pesar de los Beatles, fui a la fiesta. Era una fiesta tranquila, en los términos de que era una buena fiesta pero tampoco estaba descontrolada. Había algunos chicos que ya estaban ebrios, por lo que Jenna y yo intentábamos alejarnos de ellos, porque se ponían pesados. Debo aclarar que no probé ni una gota de alcohol, dado que les prometí a los chicos que no iba a beber hasta tener 17. Igualmente la idea no me llamaba mucho la atención, menos aun cuando observaba a los chicos vomitar a unos metros de mí. Jenna y yo estábamos hablando con Don, un amigo de Shawn, y su novia. Eran chicos muy simpáticos y graciosos. Conversábamos cuando Robby me tomó del brazo, pero no agresivamente, solo para apartarme de la conversación. Él había llegado a la fiesta no hacía mucho, pero no estaba muy interesado en bailar: quería ir a un lugar más tranquilo. Cuando se lo comuniqué a Jenna, hizo un chillido de emoción, ya que estaba feliz por mí. Me dijo que vayamos al patio trasero, cerca del árbol, donde estaba más tranquilo. Nos dirigíamos hacía allí cuando me sentí extraña. Sentí una brisa recorrer mi cuello, cuando ni siquiera corría viento. Y sentía que me observaban. Le dije a Robby si me podía esperar un segundo a que buscara mi abrigo y volvería con él.
Les había dicho a los chicos que no vayan a la fiesta, pero como siempre, hicieron lo que se les dio la gana. En el cuarto de Shawn era donde estaban los abrigos, así que fui hasta allí rápidamente y me aseguré de cerrar bien la puerta.
—Ya sé que están aquí, así que muestren sus entrometidos rostros ahora —exigí. Poco a poco fueron apareciendo— ¡creí haberles dicho que no vinieran!
—No eres nuestra madre, sabes —dijo John algo ofendido por como los había tratado anteriormente. Los cuatro estaban ofendidos.
— ¿Acaso están enojados? ¿Ustedes están enojados? ¿No tendría que ser al revés?
—No creemos que nos hayas hablado de la manera correcta esta tarde, Cassie, eso es todo —dijo Paul, sin mirarme. Suspiré.
— ¿Quieren que les pida disculpas, es eso? —Pregunté, algo alterada— ustedes son los entrometidos. No tendrían por qué estar aquí.
— ¿Qué no entiendes que venimos aquí porque te queremos, porque queremos protegerte? —dijo George.
—Cassie, eres la persona más importante en nuestras vidas en este momento. No queremos que nada malo te pase, por eso nos entrometemos. No es nuestra intención, pero no podemos evitarlo —explicó Ringo, apenado.
Me sentí muy mal al oír esas palabras. Los traté mal hoy, cuando lo único que intentaban hacer era protegerme. Inclusive vinieron hasta la fiesta, a pesar de estar enojados conmigo, solo para asegurarse de que esté bien. Les debía una disculpa.
—Yo... —suspiré— lo siento chicos. De verdad. No era mi intención ofenderlos. Aprecio lo que hacen por mí pero... a veces es abrumador ¿saben? Ustedes saben bien que no corro ningún peligro aquí. El problema no es ese.
—Claro que lo es —dijo John.
—No —negué. —El problema es verme crecer.
Los chicos bajaron la vista.
—Estoy segura de que les debe resultar difícil, porque me conocen desde pequeña, y pasamos muchas cosas juntos pero... así es la vida. Tengo que crecer. Puede que no haya besado a Ricky, que puedan evitar que bese a Robby... pero algún día, pasará. Y tendrán que aceptarlo. No hay nada que puedan hacer al respecto.
—Te equivocas, hay muchas cosas que podríamos hacer al respecto —dijo George.
—Sí, tal vez sí... pero no quiero que lo hagan. Quiero que me protejan, pero que también me dejen vivir mi vida, así como ustedes pudieron vivir la suya. ¿Podrían hacer eso?
Ellos suspiraron y tardaron en responder.
—Supongo que es cierto, no hay mucho que hacer aquí —dijo Paul. —Pero en cuanto ese Robby te llegué a hacer o decir algo, tú solo dinos y ya verá, ¿está bien?
—Claro —sonreí.
—Sólo te dejaremos ir si prometes que mañana nos leerás Alicia en el país de las maravillas, porque nos gusta cuando nos lees —dijo Ringo tiernamente. Accedí a hacerlo y luego de darme un gran abrazo, me dejaron ir.
Fui con mi abrigo hasta el patio trasero, junto a Robby. Estábamos sentados observando las estrellas y bromeando. Los chicos habían aparecido, pero manteniendo su distancia, a varios metros. Los estaba viendo a lo lejos cuando sentí la mirada de Robby sobre mí. Me dijo lo bonita que estaba, y yo me ruboricé. Nos observamos por un instante, y allí supe que pasaría. Pude ver como los chicos nos daban la espalda, porque no deseaban ver lo que ocurriría a continuación. Yo sonreí, porque estaba feliz por los grandes amigos que tenía. Fue allí cuando Robby se acercó hacia a mí, y me besó. Fue un buen beso, al menos eso suponía, porque no tenía ninguna referencia como para compararlo. Pero... faltaba algo. Robby era un chico agradable, pero no lo veía como un posible novio. Esa es una de las razones por las cuales no salí con él. La segunda, y muy importante, vendría a continuación.
—Robby —comencé a decir, solo unos segundos después de habernos besado.
— ¿Sí? —preguntó, sonriente.
— ¿Te gusta The Beatles? —pregunté yo.
— ¿The Beatles? No, no me gustan. Tampoco tengo interés en oírlos ¿Acaso no son una banda de hace como 100 años? —preguntó, intentando recordar lo poco que habría oído alguna vez de ellos.
—Sí, sí lo son —respondí, y aparté mi vista. Medité por unos segundos. —Bueno, Robby, fue un placer haber hablado contigo —le dije mientras me ponía de pie.
— ¿Ya te vas? —preguntó, sorprendido.
—Sí... lo siento —me disculpé— es que recordé que mis padres están por llegar a casa, y ellos no saben que estoy aquí —respondí, aunque no era cierto.
—Oh... —dijo algo decepcionado— ¿quieres que te acompañe?
— ¿Qué? No, no te preocupes, unos amigos me acompañaran a casa. Pero gracias —le dije y me despedí con un beso a la mejilla.
—Pero... ¿nos volveremos a ver? —preguntó, confundido por mi partida.
— ¡Seguro! —Grité mientras me alejaba— ¡cuando John le deje de temer a la oscuridad! —exclamé, y pude oír a Lennon decir "¡Estúpida internet!".
Me acerqué hasta donde estaban los chicos y les dije que ya nos podíamos ir. Me despedí de Shawn y de Jenna, esta última preguntándome si todo estaba bien. Lo cierto es que todo estaba bien. Había conocido mejor a Robby, nos besamos, pero no era mi tipo. Esas cosas suelen pasar, y no estaba deprimida por eso, estaba bien. Pero lo cierto es que la razón por la cual no me interesaba Robby no era sólo por la química o por el hecho de que no le gustaba la música de los chicos.
Llegamos a casa y fuimos a mi habitación, pero no me puse el pijama, porque no estaba cansada.
—Si quieren puedo leerles ahora, aún no tengo sueño. ¿Ustedes qué dicen? —sugerí, y ellos aceptaron con entusiasmo. Nos sentamos los cinco en mi cama y les comencé a leer.
Luego de leerles gran parte del libro a los chicos, el cansancio se apoderó de mí, igualmente ya estaba amaneciendo. Comencé a bostezar repetidamente, e inclusive George y Ringo ya estaban dormidos. John y Paul también tenían sueño, por lo cual coloqué el señalador en el libro y lo dejé sobre mi mesa de noche. No sé bien como hicimos, pero logramos arreglárnoslas para caber los cinco en la cama, no cómodamente, claro, pero la fatiga hacía que eso no nos molestara. Hasta me dormí con la ropa que llevaba puesta, porque al estar ocupada pensando en otras cosas, olvidé cambiarme.
Después del beso esa noche, el motivo principal por el cual no me atraía Robby rondaba por mi cabeza.
Había un chico. Es decir, otro chico. Esa era la razón.
No veía ningún futuro con Robby, ni con cualquier otro chico, por eso nunca había tenido una relación, y nunca la tuve hasta ser mayor de edad. Y créanme que traté de sacármelo de la cabeza, de borrar esos sentimientos de mi mente, pero no podía.
—Buenas noches, chicos —les dije a Paul y a John, los únicos despiertos.
—Buenas noches —respondieron con rostro agotado, pero sonriendo.
Yo continuaba distraída, absorbida en mis pensamientos. Es cursi de tan sólo pensarlo pero... yo ya me había enamorado de él, en mi interior, lo sabía. Y no podía hacer nada, no debía pasar nada, ya que era imposible. Pero era tan difícil olvidar todo esto, y más difícil resulta cada vez que lo oigo llamarme "amor".
Por estar muy concentrada en mis pensamientos, casi olvido el temor de John y apago la luz, pero Paul, que aún mantenía sus ojos abiertos, me tomó del brazo.
—Recuerda no apagar la luz, amor, por Johnny —me recordó gentilmente. Dejé el interruptor de la lámpara y me recosté a dormir, o al menos intenté hacerlo.
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