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Capítulo 4

Capítulo 4

Recuerdo que cuando tenía ocho, me surgió una duda respecto a una canción de los chicos, y decidí preguntárselo a George.

—George —comencé a decir— ¿de qué trata la canción 'Day Tripper'?

Al parecer mi pregunta lo había tomado por sorpresa.

—Bueno, pequeña Cassie... yo no fui quien la escribió, fueron John y Paul. ¿Por qué no les preguntas a ellos? —me sugirió dulcemente. Yo le hice caso.

—Paul, John —comencé a decir— ¿de qué trata la canción 'Day Tripper'?

Ellos dos también se sorprendieron. Se miraron entre ellos y yo no entendía por qué tanto alboroto.

—Sí, eso... ¿De qué trata? —preguntó Ringo, en forma de burla. Paul y John le dedicaron una mirada fulminante.

—Bueno... verás... 'Day Tripper' es sobre... ¿sobre qué era, Paul? —preguntó John, nervioso.

—Es sobre... una chica... que le gusta viajar —improvisó Paul. — ¡Una azafata! Es sobre una azafata de avión. ¿Verdad, John?

—Sí, cierto —dijo John golpeándose la frente— lo había olvidado.

—Oh ¿y qué significa que "ella solo tiene aventuras de una sola noche"? —continué curioseando.

— ¿Sabes qué, amor? Creo que tendrías que escuchar otras canciones —sugirió Paul mientras Ringo y George reían.

—Paul escribió una muy linda llamada 'Why don't we do it in the road?', ¿la has oído? —preguntó Ringo.

"¿Por qué no lo hacemos en el camino?" —Dije repitiendo el título— ¿hacer qué cosa? —pregunté inocentemente.

—Nada, ignóralos —dijo Paul y amenazó con un gesto a Ringo y a George, quienes ahora reían más fuertemente.

Los chicos me enseñaron a atarme las agujetas y a andar en bicicleta, entre otras cosas. Pero luego las cosas comenzaron a cambiar, y había asuntos que iban más allá de su alcance.

Yo ya me encontraba en esta etapa de la vida llamada pubertad con, ustedes saben, el busto, el acné y etc. Si crecer ya era difícil para mí, imagínense para los chicos, que aún me consideraban una "niña pequeña". Afortunadamente, mis padres creían que ya era lo suficientemente grande como para quedarme sola en casa. En parte, porque yo les rogué mucho, y en parte porque confiaban en mí. Sabía que junto a los chicos, nada me pasaría. Bueno... casi nada...

Tenía doce y estaba sola con los chicos, sin más niñeras, jugando en el patio trasero. Todo iba bien, hasta que me sentí extraña... fue allí cuando me di cuenta de que, de la nada, había sangre en mi pantalón.

—Ringo... creo que me lastimé, pero no sé cómo —le dije y se acercó a mí, a ver qué me había ocurrido. —Estoy sangrando —le dije algo asustada. Pero no tanto como él. Sus ojos azules se abrieron en gran medida.

— ¡Santo cielo! —Exclamó— ¡Chicos, vengan! ¡Tenemos una alerta aquí!

Los chicos corrieron hasta nosotros y preguntaron qué ocurría. Ringo les susurró algo que no logré oír, y el pánico de los chicos hizo que yo también me asuste. Me cargaron y me llevaron lo más pronto posible al interior de la casa, y prácticamente me encerraron en el baño, sola. Trataba de abrir la puerta pero no podía porque los chicos me lo impedían del otro lado.

— ¿Ya? Pero si solo tiene doce —dijo John, pasando su mano por su cabello, despeinándose ligeramente. Ringo suspiró.

—Entonces... ¿qué haremos? —preguntó Ringo, pero nadie parecía tener la respuesta. —Paul, ¿acaso tú no tienes experiencia en estas cosas? Tuviste niñas.

—Es cierto —dijo John— vamos, instrúyenos, papá Paul —indicó, pero la respuesta de Paul no fue muy alentadora.

—En realidad yo no era quien me ocupaba de esas cosas... me incomodaban un poco —admitió Paul, avergonzado.

"Chicos ¿qué ocurre?" pregunté yo desde el interior del baño. "Tengo miedo"

—No hay razón por la cual preocuparse, pequeña Cassie —me dijo Ringo. Luego se dirigió a los chicos. — ¿En verdad no saben qué hacer al respecto?

—Tal vez... si buscamos en internet, aparecerá algo —sugirió George.

— ¡Gran idea, Harrison! —Felicitó John— ahora, por ser tú el de la idea, tú harás los honores. La tablet, Macca —ordenó, y Paul se la entregó.

— ¿Por qué yo? —Protestó George, alejándose— saben que nunca me he llevado bien con este aparato del infierno...

"Chicos, tengo mucho miedo, ayúdenme" sollozaba del otro lado de la puerta. Esas palabras le bastaron a George para tomar la Tablet y comenzar a buscar. Si bien tardó un largo tiempo en tipear cada letra, la búsqueda fue útil.

—Hay que darle algo... pueden ser toallitas sanitarias o tampones —indicó George, y luego se sacudió por los escalofríos que le causaba el misterioso mundo de las chicas.

—Supongo que su madre debe tener ¿verdad? —dijo John mirando a Paul y a Ringo. Ellos intentaron protestar pero fue inútil, y se encaminaron a la habitación de mis padres, en donde nunca habían estado en realidad. Hurgaron en las gavetas y luego de jugar un poco y probarse algunos sostenes, recordaron su misión, y encontraron lo que buscaban. Bueno, no estaban seguros, pero eso parecía.

—Creo que esto es lo que buscabas —le dijo Ringo entregándoselas a John, quien las sujetó con aprensión.

—Cassie, pequeña —me dijo John— creo que necesitarás esto —y acto seguido, abrió la puerta y me las lanzó, golpeándome la cara con toallitas sanitarias, para luego cerrarla nuevamente.

"¿Y esto? ¿Para qué sirve?" pregunté.

—Ahmm... lo dice allí, fíjate —dijo John, para ahorrarse las explicaciones que lo incomodarían.

"Pero... no entiendo ¿qué está ocurriéndome?" insistí, y el primer instinto de Paul fue quitarle la Tablet a George, entreabrir la puerta del baño y deslizarla rápidamente por el suelo, todo esto en cuestión de segundos. Yo continuaba en el baño encerrada, pero ahora con el artículo de Wikipedia explicándome ciertas cosas, porque los chicos estaban demasiado avergonzados como para hacerlo ellos. Lo único que pudieron hacer aquel momento fue asegurarme que era natural lo que estaba ocurriendo, y que estaban cerca, por lo cual no debía asustarme. Definitivamente ese no fue uno de los momentos más bonitos de mi vida, pero viéndolo en retrospectiva... fue bastante gracioso.

Se suponía que mi primer beso sería a los catorce... pero se retrasó un año. Les explicaré por qué:

Beatles.

Simple como eso.

Cuando tenía catorce, había un chico en mi clase que se llamaba Rick. Tenía ojos color miel y cabello rubio, y era muy lindo. Le gustaba Def Leppard y se decía que su abuelo había sido amigo de Brett Michaels de Poison. Practicaba soccer, baseball y no era muy disciplinado en la escuela a decir verdad. A los Beatles no les agradaba, pero a mí me resultaba atractivo. No me enamoré de él, solo me gustó por un tiempo. A los chicos les resultó un poco extraño el que Rick haya demostrado un súbito interés por mí, y no los culpaba, ya que no era la chica más popular. Pero más que desconfiada, me sentía halagada cuando Rick me invitó a comer helado al parque, más que nada porque sabía lo que eso significaba: la banca amarilla. El parque cercano a la escuela tenía bancas de diferentes colores, pero había una banca que estaba más alejada, rodeada de árboles que la recluían del ojo público, y era la amarilla. Usualmente este lugar era conocido por los chicos de mi escuela como el sitio ideal para besarse. Y Rick era en verdad lindo, así que pensé... ¿por qué no?

Les dije a los chicos sobre la invitación de Rick, exceptuando el detalle de la banca amarilla. Me sentía mal por ocultárselos, porque eran mis mejores amigos... pero si sabían eso, perdería mi oportunidad. Pero los Beatles no eran ningunos tontos.

El día de mi encuentro con Rick, los chicos habían intentado todo para que me quedara, pero no accedí. Fue allí cuando me... "amenazaron":

—Bien, si tanto lo deseas, ve al estúpido parque con tu estúpido Rick —me dijo John.

—Eso haré —respondí con enfado mientras me ataba las agujetas.

—Pero nosotros lo arruinaremos —me dijo Paul. Iba a irme, pero sus palabras me detuvieron.

— ¿A qué te refieres? —pregunté, con mis sospechas.

—Puede que nosotros también tengamos ganas de aparecernos en el parque —comenzó a decir George— y tal vez las cosas no resulten como las planeaste.

—No se atreverían —dije con recelo, observándolos fijamente.

—O puede que no lo hagamos —dijo Ringo— depende de ti. Sabemos cosas, pequeña Cassie.

— ¿Es eso una amenaza? —pregunté.

—Considéralo una advertencia —dijo Paul, sujetando las llaves frente a mi rostro. Yo las tomé y salí de allí rápidamente. Los Beatles no me intimidaban. Aunque a otras personas, puede que sí.

Me encontré con Rick en la banca amarilla del parque, creo que las cuatro había sido la hora acordada. Él me había estado esperando hacía algunos minutos, pero no tantos como para estar molesto. Llevaba gel en su cabello y una camiseta azul que le quedaba muy bien. Platicamos un rato, parecía agradable, y todo iba perfecto hasta que aparecieron ellos.

—Todo va bien ¿cierto Cassie? —preguntó George, apareciéndose y asustándome.

— ¿Qué ocurre? ¿Estás bien? —me preguntó Rick. Asentí.

—Sí, es que... creí haber visto una araña, pero no —expliqué, y él pareció conforme.

—Más bien parecía como si hubieses visto un fantasma —rio John.

—Creo que allí está el vendedor de helado que estábamos buscando... ¿te importaría ir tú por los helados, Rick? No deseo alejarme de este lugar, es tan bonito —mentí, ya que sólo deseaba quedarme a solas con los chicos. Él me hizo caso y fue a buscar mi helado de cereza. — ¿Cuál es su problema? —exclamé.

—Te lo advertimos. "El que avisa no traiciona" —citó Ringo.

—Lárguense —les ordené, pero no hicieron caso— los quiero fuera de aquí antes de que vuelva Rick.

— ¿Para qué quieres que nos vayamos? Rick no puede vernos ni oírnos a menos que nosotros queramos —dijo Paul.

—Pero yo sí puedo —le respondí.

—Oh... vaya, creo que tienes razón —dijo él haciéndose el tonto. Yo ya estaba irritada. Paul comenzó a recorrer la banca con sus dedos. —Así que... la famosa "banca amarilla"... la de los besuqueos ¿no es así?

— ¿Cómo es que saben eso? —pregunté sorprendida.

—Por Dios, Cassie, somos fantasmas. Sabemos muchas cosas —dijo Paul, algo ofendido por como los subestimé. —No te mentiré, estamos un poco decepcionados...

—No me hagan esto —supliqué— no aquí, y no ahora.

—Créeme que te estamos haciendo un favor, princesa —dijo John. — ¿Sabías que estuvimos investigando a... "Rick" —dijo con desdén— durante toda esta semana? Averiguamos varias cosas...

—Aquí está tu helado —me dijo Rick y me entregó mi helado de cereza— yo me pedí uno de chocolate, está delicioso —dijo y luego le dio una lamida a su helado. Intenté tener una conversación coherente con Rick pero no podía, porque a cada instante los chicos nos interrumpían con los datos que averiguaron sobre él.

— ¿Te gusta algún deporte? —me preguntó.

"¿Sabes qué deporte le gusta a él?" dijo George.

—Ehmm... baseball y soccer, hasta donde sé —le respondí a George, pero se tradujo también como respuesta a Rick.

— ¿En verdad? A mí también —dijo Rick.

"Incorrecto" dijo George. "Su deporte favorito es patear perritos ¿sabías eso, Cassie?"

—No puede ser cierto —le dije a George, pero luego me di cuenta de que a quien tendría que hablarle en realidad era a Rick— es decir, no puede ser cierto que nos gusten los mismos deportes. ¡Qué coincidencia!

—Lo sé —dijo él— ¿cuál es tu equipo favorito de baseball?

"¿Te digo el equipo favorito de tu Rick?" comenzó John.

—No, por favor —rogué.

— ¿"No" qué? —preguntó Rick.

—No... no me hagas elegir uno, por favor —improvisé.

— ¿Pero si tuvieses que elegir uno? —insistió.

—Tú sabes... —comencé a decir— diría que los Mets.

—Oh, ¡el mío también! —expresó contento.

"Le gustaran los Mets, pero lo que le gusta más aún es robarle dinero del bolso a su abuela ciega" declaró John.

—No te creo —le dije a John asombrada, aunque lógicamente, Rick pensó que hablaba con él.

—Sí, claro que sí, los sigo desde pequeño —contó. Luego hizo silencio por un momento, y mientras pensaba en todas las cosas que los chicos habían dicho, noté su mirada sobre mí. —Te ves muy bonita hoy —me halagó, y yo le sonreí. Luego comenzó a acercarse hacia mí, lentamente, cerrando sus ojos. Los chicos se pusieron como locos y me ordenaron que no lo besara, pero yo no les hacía caso, hasta que Paul hizo que recuperaran su compostura y les pidió silencio. Se abotonó con cuidado el traje y con un tono de voz civilizado me dijo:

"Está bien. Si lo que deseas es salir con un chico que mata aves con su resortera por diversión, es tu decisión".

Fue allí cuando me detuve, frente a su rostro, sin besarlo.

— ¡¿Mata aves?! —exclamé horrorizada, haciendo que Rick de un salto.

— ¿Qué sucede? —preguntó él, alarmado. Me disculpé por haberlo asustado cuando un suspiro suyo, uno pesado, me interrumpió. —No, yo lo siento. Los demás me advirtieron que estabas loca, que hablabas sola, y yo no les creí. Siento haberte traído aquí, fue un gran error.

Yo no podía creer lo que oía, sus palabras en verdad me dolían. Me había llamado loca. Loca. Supongo que eso era para todos los demás, una loca que hablaba sola. Eso explicaba por qué no querían acercarse a mí. Traté de contener mi llanto, al menos frente a él. No podía pronunciar ni una palabra, porque sabía que si lo hacía, las lágrimas comenzarían a fluir. Sólo lo contemplé en silencio, hasta que se puso de pie y comenzó a marcharse. Pero los chicos, furiosos, no lo iban a dejar ir así de fácil.

— ¡Maldito niño tonto! —exclamó Paul, encolerizado. —Si tan solo tuviera 14... ¡la paliza que le daría!

—George, hazle un calzón chino a ese idiota —demandó John.

— ¡Demonios, no! Vaya a saber uno si este mocoso tiene los calzones limpios —dijo con una mueca de asco. En ese momento, los chicos se dividieron. George y Ringo se quedaron conmigo a consolarme y John y Paul caminaban junto a Rick.

Por alguna razón, Rick sintió una brisa recorrer su cuerpo que le causó escalofríos. Tal vez se deba a que los dos Beatles estaban soplándole cerca de la cara, para asustarlo. Y estaba funcionando.

—Ese helado se ve delicioso ¿no crees, John? —dijo Paul refiriéndose al que comía Rick.

—Por supuesto. Me pregunto cómo se vería sobre su camisa —respondió John, con mala intención.

—Señor Lennon, usted es maligno. ¿En verdad cree que yo podría... —comenzó a decir Paul cuando hizo que Rick se embarrara el helado él mismo. —Bueno, al parecer uno jamás termina de conocerse.

Los dos rieron mientras Rick intentaba limpiarse la camisa, lamentándose, y preguntándose qué estaba pasando.

—Eso estuvo muy bien... pero creo que no fue suficiente —dijo John. Tomó la cámara de su chaqueta y se la lanzó a Paul— creo que es hora de crear bellos recuerdos.

Paul y John notaron que a unos metros de ellos, hacia donde Rick se dirigía, un perro había hecho sus necesidades, y su dueño no había limpiado. Se miraron mutuamente, con sus intenciones leyéndose en sus rostros. Continuaron caminando junto a Rick, fastidiándolo, y este se asustaba cada vez más, ya que no veía a nadie cerca de él.

—Sólo espéralo... espéralo —le indicó Paul a John mientras se acercaban al excremento.

—Oh, creo que tengo un calambre —fingió John— será mejor que estire mi pierna.

Y acto seguido, le hizo una zancadilla a Rick, quien acabó en el suelo, con el rostro embarrado en el excremento. Rápidamente Paul se acostó en el suelo, frente a Rick e hizo que este lo viera.

— ¡Boo! —exclamó Paul y le tomó una foto. Volvió a desaparecer mientras Rick huía, gritando horrorizado. Lennon y McCartney se felicitaron entre ellos, mientras reíamos.

—Un placer arruinarle la vida a un niño con usted, señor Lennon —dijo Paul e hizo un ademán. John hizo lo mismo.

—Señor McCartney, el placer es todo mío —le respondió y mi tristeza se había desvanecido gracias a los cuatro de Liverpool.


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