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Capítulo 17

¡Feliz cumpleaños, George!

¡Te amo, te amo, te amo! ♥

Con cariño, 

Ella ♥


Capítulo 17

Narrador omnisciente

Al despertar, a Jenna le dolía la cabeza. La luz del sol hizo que abriera los ojos, porque de estar nublado el día, probablemente hubiese seguido durmiendo. Había sido divertido beber la noche anterior, pero la resaca no lo era tanto. Con mucha pereza se sentó en su cama y se masajeó la frente, con la esperanza de hacer desaparecer la jaqueca.

De repente se asustó, porque oyó como alguien golpeaba la puerta.

—Pase —respondió Jenna, con tal de que la persona dejara de golpear la puerta ya que el sonido no ayudaba a su jaqueca.

George apareció frente a ella con un vaso en mano.

—Buenos días —la saludó— ¿cómo amaneciste?

— ¿Cómo me veo? —preguntó ella, apenas pudiendo abrir sus ojos.

—Ante mis ojos, siempre hermosa —respondió George.

Jenna se sorprendió.

— ¿Ya no estás más molesto conmigo? —preguntó, con sus ojos totalmente abiertos del asombro.

—Digamos que me conmoviste con tu interpretación anoche —dijo avergonzado.

—Lamento eso, soy muy desafinada. Arruiné tu canción —se disculpó ella, riendo.

—No, no la arruinaste. Ya estaba arruinada. Esos Beatles la cantan horrendo —bromeó George.

Ambos rieron. George le entregó el vaso con agua a Jenna. El agua tenía un analgésico que le haría pasar el malestar. Jenna le agradeció a George y cuando recordó el beso de la noche anterior, tuvo que hablar.

—George, sobre el beso de anoche...

—No tienes nada que decirme, Jenna —la interrumpió George. —Estabas ebria, lo comprendo —sonrió.

—De hecho, sí hay algo que debo decirte —anunció ella. —Si bien estaba ebria, lo del beso... fue intencional.

Ahora George era el sorprendido.

— ¿A qué te refieres?

—Te besé porque me gustas, George. Me gustas desde hace mucho —confesó.

— ¿Estás segura de que no continuas estando ebria, Jenna? —preguntó George, casi paralizado.

—Estoy muy segura —rio Jenna.

Invitó a George a sentarse junto a ella, y cuando lo hizo, se acercó hasta él.

—Nunca te dije nada—prosiguió— porque tú estás muerto, y yo estoy viva. Y sé que se supone que no debemos estar juntos pero... simplemente me cansé. Me cansé ocultar lo que siento. Me gustas, George Harrison. Y sé que te gusto también, así que... ¿por qué no estar juntos? Sin importar las consecuencias.

— ¿Hablas... en serio? —preguntó George, con una gran sonrisa en su rostro.

Ella asintió y besó a George, solo que esta vez él tardó más en apartarse.

— ¡Debemos contárselo a los chicos! —exclamó él, emocionado.

La tomó de la mano y la llevó rápidamente hasta la sala.


Narra Cassie

— ¡Chicos! ¡Chicos! ¡Aparezcan! —los llamaba George.

—George, no creo que sea... —dijo Jenna, pero fue interrumpida.

— ¿Qué sucede? —preguntó John, quien se apareció junto a los otros tres Beatles. Luego observó que George y Jenna estaban tomados de la mano. —No, de verdad... ¿qué sucede aquí?

Yo estaba en la cocina y me acerqué rápidamente hasta donde estaban todos.

—Verán, George y yo... —comenzó a decir Jenna, pero fue nuevamente interrumpida.

— ¡Estamos saliendo! —soltó George, sin poder contenerse.

—Disculpa ¿qué? —Preguntó John— espero que no hayas dicho la estupidez que acabo de oír.

—No es una estupidez, John —negó George— es exactamente como lo oyen. Jenna y yo estamos saliendo.

— ¡Pero no pueden hacer eso! —contradijo John, alterado. — ¡Ustedes ya saben que...!

—Sí, ya lo sabemos. Pero no nos importa, ya no más. Si dos personas se quieren, yo creo que deben estar juntas, no importa qué —argumentó Jenna.

George y Jenna se besaron, y ninguno de nosotros podía creer lo que veía. Nos mantuvimos en silencio hasta que Ringo se puso de pie y los abrazó.

— ¡Ah! ¡Qué bello es el amor! —suspiró Ringo feliz mientras los abrazaba. —Me alegra saber que al fin están juntos.

—Gracias Ringo —agradeció Jenna.

—Mi George es increíble. Recuerda alimentarlo bien ¿ok? —le aconsejó Ringo y ella rio.

John no dijo más nada, después de todo, la decisión ya estaba más que tomada. George y Jenna seguirían adelante con su relación sin importar qué. Nos resignamos a felicitarlos y George deseaba llevarla de paseo, por lo que de un momento al otro, todos se habían ido. Todos excepto...

Cassie —me llamó Paul, con las manos en los bolsillos. —Creo que tenemos que hablar.

—Sí, creo que tienes razón —coincidí.

Lo único en lo que había podido pensar la noche anterior fue en aquel beso. Había sido tan repentino, y me había dejado muy confundida. ¿Por qué Paul me había besado? ¿Podía ser posible que él sintiera lo mismo que yo? O tal vez... tal vez sólo estaba borracho.

Iba a optar por esa teoría si no fuera por un pequeño detalle.

Paul no había bebido ni una sola copa anoche.

Por lo tanto, estaba totalmente consciente de sus acciones.

Dios, ¡necesitaba saber sus motivos ahora!

— ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué me besaste? —le pregunté, o más bien lo acusé. La curiosidad me estaba matando.

— ¿Sientes algo por mí, Cassie? —Preguntó él para mi sorpresa— es decir... ¿algo más que amistad?

—No respondiste a mi pregunta —objeté nerviosa.

—Sí, bueno... tú no respondiste a la mía tampoco —contrarió de la misma manera.

—Yo respondo a tu pregunta solo si tú respondes a la mía —determiné.

—Está bien, está bien —suspiró— a la cuenta de tres, ambos responderemos.

— ¿Qué somos, niños? —cuestioné disconforme.

—Es eso o nada —amenazó Paul, y tuve que ceder. Cerré mis ojos.

Uno.

Dos.

Tres.

— ¡Estoy enamorada de ti!

— ¡Estoy enamorado de ti!

Los dos nos miramos estupefactos. Antes de decir algo más, asimilamos la noticia en nuestra cabeza. Después de unos minutos, reuní el valor para volver a hablar.

—Entonces... ¿lo dices en serio? —pregunté insegura.

—Por supuesto. Jamás te mentiría sobre algo así —admitió. — ¿Qué hay de ti?

—Yo tampoco te mentiría —confesé. —Estoy enamorada de ti, Paul. Te he amado desde que tengo unos trece años, pero jamás había podido decírtelo hasta ahora.

Paul lucía aún más sorprendido.

—Esos son muchos años —comentó y se sentó en el sofá, atónito.

—Lo sé —dije soltando una risilla nerviosa. Luego me senté a su lado.

—Yo también te he amado desde hace un buen tiempo a decir verdad. E intenté ignorar lo que sentía porque, se trata de ti. Pero no pude.

—Eso... eso es muy interesante —dije yo, sin poder creer lo que oía.

—Entonces ¿qué hacemos? —preguntó.

—Francamente, no tengo idea —respondí y dejé salir un gran suspiro.

Permanecimos allí, sentados uno junto al otro, contemplando el televisor apagado.

—Yo... no creo que debamos hacer nada —dijo Paul, acabando con el silencio. —Claramente estamos enamorados el uno del otro, pero no creo que se pueda hacer nada. Tú estás viva, y yo no.

— ¿Eso es todo? —pregunté sin poder ocultar mi decepción. — ¿Te confieso que estoy enamorada de ti y decides que lo mejor es no hacer nada al respecto? ¿Acaso no te importa?

—Claro que me importa —afirmó y tomó mi mano— pero no debemos hacer nada. No es correcto.

— ¿Qué hay de George y Jenna? —objeté.

—Una pareja por hoy ya está bien, no creo que a los chicos les agrade oír sobre dos —dijo él.

— ¡No me importan lo que opinen ellos! —exclamé con un nudo en la garganta. —Paul... yo te amo —susurré acariciando su rostro y observando sus hermosos ojos avellana.

Sin embargo, él no dijo nada, sólo apartó la vista. Su actitud me dolía, por lo que solté su mano rápidamente.

—Si es lo que quieres, haremos de cuenta como si nada hubiese pasado —resolví, sin querer mirarlo. Me puse de pie y él también.

—Será mejor que me retire —dispuso.

—Por favor, hazlo —dije secamente y me dirigí a mi habitación, sin querer saber nada de él por lo que restaba del día.



Los chicos sabían que Paul y yo no estábamos pasando un buen momento, pero no sabían los detalles. Exceptuando a Jenna, a quien por supuesto le conté todo. Y hablando de Jenna, las cosas marchaban muy bien para ella. George y Jenna se veían adorables juntos. Disfrutaban de la compañía del otro y se los veía felices. Yo también estaba muy feliz por ellos, y debo admitir que deseaba que lo mismo hubiese ocurrido conmigo y con Paul, no obstante las cosas resultaron diferentes para nosotros. Pero dejando de lado lo malo, concentrémonos en las buenas noticias. El tío de Jenna, el dueño de La Caverna, le había hablado para decirle lo impresionado que había quedado con los chicos aquella noche del karaoke. Fue allí cuando Jenna no tardó en decir que tenían una banda tributo a los Beatles, y eso fue más que suficiente para que el hombre accediera a que los chicos tocaran en su club. Pero había un problema: el nombre. Pasaron días pensando y descartando muchos nombres, porque no estaban de acuerdo con ninguno. La última vez que habían tenido que ponerle un nombre definitivo a una banda tardaron años en hacerlo, y ahora tenían que hacerlo para el sábado. Pero lo lograron. Luego de muchos días de suspenso y agonía, al fin se habían decidido por un nombre: The Beatles! Así es, The Beatles! Tardaron tanto en elegir un nombre que era igual al que ya tenían, pero con un signo de exclamación. Jenna y yo no les discutimos tanto a decir verdad, después de todo, al menos ya se habían decidido por un nombre, así que lo dejamos pasar.

Llegado el sábado, los chicos eran un manojo de nervios, por más que intentaran negarlo. Hacía casi un siglo desde la última vez que habían tocado los cuatro juntos frente a un público, y si bien en los ensayos les salía muy bien, temían estropearlo en el escenario. El tío de Jenna no los había visto aún, pero minutos antes de comenzar el show se acercó a nosotros.

— ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios! ¡Oh por Dios, oh por Dios, oh por Dios! —fue lo único que podía decir el tío de Jenna cuando vio a los chicos.

—Te dije que eran iguales a los Beatles —comentó Jenna.

Nosotras reíamos mientras veíamos la reacción de su tío.

—Nosotros somos Paul, John, George y Ringo —lo saludó Ringo, extendiéndole la mano. —Un placer.

—Queríamos agradecerle por la oportunidad, señor. Le prometemos que no se decepcionará —dijo Paul con una sonrisa.

El tío de Jenna no podía hacer más que mirarlos.

— ¡Son tan iguales! ¡Son exactamente como ellos! —exclamó mientras los observaba con detalle. —El cabello, el acento, los gestos... ¡todo! ¡Son ellos! ¡Tienen que ser ellos! —dijo eufórico. — ¡OH MAI GAH ESTOY CON LOS BEATLES!

—Tío, no te pongas en vergüenza —le susurró Jenna riendo.

— ¿Cantan como ellos? Por favor, ¡díganme que cantan como ellos! —les suplicó el hombre.

—Seguro —afirmó John— pero necesitamos ver dinero primero.

— ¡Me caigo y me levanto, tienen el mismo sentido del humor! —exclamó y llegó al punto de abanicarse a sí mismo.

—Señor, será mejor que nos vayamos así bebe un poco de agua y disfruta del show ¿le parece? —sugerí, temiendo que el tío de Jenna se desmayara.

Jenna tuvo que ser la que presentara a los chicos en el escenario dado que su tío estaba en un estado bastante delicado. Cuando los chicos salieron a escena, se oyó un grito ahogado proveniente de todas las personas del lugar. Todos sabían que era imposible que los Beatles volvieran de la muerte, pero por algún motivo, aquella "banda tributo" se les parecía demasiado. Y ni hablar de cuando comenzaron a tocar. Cuando terminaron la primera canción, todos estaban en silencio. Los chicos se sentían un poco incómodos hasta que al fin oyeron a la multitud gritar. El público no sabía si lo que presenciaba era real o no, pero disfrutaban cada momento. Inclusive muchas personas salieron del lugar para gritar a la calle y atraer a más personas a que vieran el milagro de esa noche: los Beatles en todo su esplendor. Los chicos también gozaron del espectáculo y dieron lo mejor de sí. Estaban muy felices de que habían sido un éxito, al igual que Jenna y yo. Y su tío, quien yacía desmayado en una silla junto a nosotras. Pero descuiden, estará bien.

Al terminar el show, todas las personas del lugar quisieron acercarse a tomarse fotos y pedirles autógrafos a los chicos. Los Beatles le dedicaron tiempo a todos y a cada uno de los presentes, algo que todos apreciaron. Para cuando acabó la noche, los chicos estaban bebiendo unas cervezas mientras conversaban sobre lo ocurrido. En un momento determinado, Paul quiso hablar conmigo a solas.

—Estos últimos días que hemos pasado disgustados el uno con el otro fueron terribles para mí —confesó, y pude notar que lo decía de verdad. —Lo siento mucho, Cassie. No quise lastimarte, te lo juro —se disculpó.

Pude ver la tristeza en su rostro, y sus ojos de perrito no me permitirían seguir enojada con él por más tiempo.

—No, está bien. He tenido tiempo de pensar sobre lo que dijiste y creo que tienes razón. No hay mucho que hacer al respecto, simplemente no podemos estar juntos. Y tendremos que aprender a lidiar con ello —expliqué y el asintió.

Era triste, pero era la realidad. Al menos sabía que él sentía lo mismo que yo, y eso hacía que no me sintiera tan sola con mi sufrimiento. Nos abrazamos por unos minutos pero me tuve que apartar, porque de lo contrario, las lágrimas comenzarían a fluir.

—Gran show, por cierto —comenté con una sonrisa.

—Gracias —sonrió él. —No esperaba tanto éxito.

—Y aún les espera mucho éxito más —agregué.

Él me dedicó una pequeña sonrisa y me volvió a abrazar. Luego nos dirigimos de nuevo hasta donde estaban los chicos.


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