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Parte X

En algún punto de mi vida, no puedo definir exactamente cuándo, se me ocurrió la idea de bailar. Específicamente, de llevar mi existencia en base a ello. Siempre he sido inquieto y poder canalizar los movimientos de una coreografía hacía a mi mente enfocarse, gastar toda la alocada energía en algo más que fuerza bruta y resistencia.

Bailar te exige tanto o más que un deporte.

Sangre, sudor, concentración.

Cuerpo y alma.

Es un arte y como tal, tienes que verter todo de ti en ello. Lo cual es un problemón cuando todo lo que tienes por dentro es un pozo oscuro de dolor, confusión y arrepentimiento.

Mojo mi rostro y me acuesto en el suelo de la sala de ensayo. He practicado el mismo paso por los últimos cincuenta minutos y sigo fallando en el mismo giro. No logro desconectar mis emociones de cuerpo. Mis pies están tan pesados, tanto como el enfado que siento.

—Ven aquí, —Tae Tae me toma de la mano y me arrastra por la madera lisa hasta dejarme tendido a su lado. Él está sentado y me observa desde arriba. —deja de exigirte de esa manera. Nada bueno saldrá de ello. Vas a terminar por lesionarte y RM te regañará.

Cierro mis ojos para ignorarlo con más comodidad.

Somos los únicos que quedan en la sala, el resto de los chicos están dispersos por la casa.

—¿Qué está pasando entre tu y Jimin? —pregunta de repente. Me tenso y abro un ojo para darle mi mejor mirada de inocencia.

—¿De qué hablas? Nada sucede entre hyung y yo.

Él resopla.

—Justo ahora le llamas hyung. No me mientas Jungkook, todos lo hemos notado. Llevan días rígidos alrededor del otro. Y eso no llamaría la atención si fuesen otros, ¿pero ustedes? Sí, eso es bastante notorio. —Voy a abrir mi boca para refutar, pues creo estar haciendo mi mejor trabajo en disimular como de acabado me siento, Tae es más rápido y pone su dedo sobre mis labios. —Maldición, niño, te estoy dando la posibilidad de te expliques.

Su tono me hace lanzar una carcajada sonora. Su rostro también se relajada y sonríe.

—No seas así Tae Tae, suenas como un anciano amargado.

—¿A quién le llamas anciano? —protesta indignado. —Yo te enseñaré.

Sus manos atacan mis costados y me retuerzo bajo las cosquillas. La zona bajo mis axilas es sensible y sus dedos no dan tregua. Es como mi talón de Aquiles, pierdo toda la fuerza y la dignidad al reír como una foca a punto de ser alimentada.

Tae hyung se trepa sobre mí en su intento de seguir con la tortura, se sienta sobre mis piernas imposibilitando mi pataleo. Él está riendo tanto como yo, al parecer, verme con lagrimas en el borde de los ojos le divierte. Logro llevar una de mis manos a su pecho y atrapar su camisa para sacudirlo.

—¡Ya basta, hyung, ya basta! —ruego sin control de mí mismo.

Al fin, Tae se apiada de mí. Sus manos se suavizan, pero no me libera. Él me observa hasta ladear su cabeza como lo haría un cachorro confundido.

—¿Qué?

—Soy tu amigo, Jungkook. Cuando sea que lo necesites, lo que sea que quieras hablar... —Me remuevo bajo su peso. No porque sea demasiado pesado o porque me moleste. Estoy acostumbrado a él, a su presencia tanto como el resto de los chicos de la banda. Ellos me criaron, ellos me guiaron a donde estoy en estos momentos. No quiero abrir mi boca y decepcionarlos. A ninguno de ellos. La mano de Tae se posiciona sobre mi corazón. —Kook, estoy aquí para ti.

Cierro mis ojos otra vez en un largo pestañeo, alejando la humedad de las lagrimas que nada tiene que ver con felicidad en esta ocasión. Asiento sorbiendo mi nariz y miro a un Tae de sonrisa suave, más tranquilo y esperando por mi siguiente confesión.

Es en ese momento que una garganta es aclarada.

Mi vista sale disparada hacia la puerta y te veo allí de pie.

—¿Hace cuánto que estabas ahí, Jimin? —V pregunta por mí.

A lo largo de todos los años que te conozco Jimin, he visto toda clase de expresiones sobre tu rostro. Suelo amarlas todas, aprendí a amarlas todas y encontrar la belleza incluso en aquello rasgos que te tuercen en muecas.

En esta ocasión, no hay nada bello en ti.

Nada que apreciar en tus ojos que lanzan dagas, que son aterradores de una mala manera. Tu nariz es altanera como si estuvieras presenciando algo que no deseas ver. Siento el deseo de empujar a Tae lejos, y lo hago con sutileza. Aunque él me mira curioso, se aparta.

—Lo suficiente para ver lo que necesitaba. —dices con mal gesto. Tu boca es un foco de veneno en estos días, haces sonar las palabras como insultos y golpes. —Jin hyung dice que la cena está lista, es descortés dejarlo esperando. —Y con eso, se marcha dando un portazo.

V resopla largo y profundo a mi lado.

—¿Y con ese gesto quieres que no sospeche? —Él me da una mirada conocedora que me hace tragar de manera audible. —Vas a tener que decirme qué es lo que está pasando. Y está vez lo digo en serio. 

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