Prólogo
—¿Lo has oído?
—¿Qué, qué ha pasado?
—Dicen que Milah se ha ido con un hombre mayor.
Caminó despacio, arreglando la tira del bolso que estaba deslizándose fuera de su hombro.
—¿Se ha ido de casa?
—Al parecer, el viernes. La señora Pikss dice que la ha visto subirse con sus cosas a un automóvil rojo, ha visto que estaba al volante un hombre mayor.
—¿Un hombre mayor? Yo la he visto esa noche, Milah parecía estar demasiado triste.
—La han oído, gritarle a sus padres, creo que tuvieron una discusión.
Dejó sus cosas sobre el banco y miró el resto del salón. Sus ojos azules los vieron, a cada uno de ellos. Queriendo tener protagonismo.
—Nada bueno puede sucederle si desaparece en medio de la noche.
—¿Y si alguien la ha asesinado? Tal vez encuentren su cuerpo dentro de unos meses.
—Tal vez confió en alguien que no debía.
—Pobre Milah, deberíamos haberla escuchado.
Leo sabía, que ninguno de ellos se preocupaba por la joven tanto como él. Porque ese viernes, debería haberla acompañado a casa.
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