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Ya me había comunicado con mi tía sobre de mi mudanza con Megan y Rose -mi nueva amiga y jefa- a San Francisco; tal cual como yo, se preocupó por ese mismo viaje en auto. Las dos sabíamos perfectamente con qué realcionabamos ese tema, pues le tenía temor a ese viaje hasta hace rato, después de hablar con ella.
Estaba recostada en mi cama con las valijas hechas, escuchando mis nuevos discos de Metallica que conseguí, sin más que suspirar y mirar hacia el techo.
No deberías de qué preocuparte, es solo una ciudad...
La ciudad tiene que ver en lo más mínimo...
Comencé a revolcarme en la cama mientras seguía pensando.
La tía Sídney nunca me dijo la ciudad en donde pasó...
Yo misma tuve que averiguar que... seguro era... Fresno?
Me levanté rápidamente y me senté en la cama procesando lo que pensé y usando la cabeza con el inservible conocimiento de la secundaria.
Fuí a ver un puto mapa para saber si mi geografía era cierta, y lo era; vaya, el colegio valió un poco la pena y tampoco sabía que recordaría algo.
Estaba un poco desorientada por el hecho de cambiar radicalmente esto de las ciudades. Decidí cambiarme la ropa para dormír ya que tengo que salir temprano de la casa, con básicamente unas cuantas horas de viaje en auto.
Guarde mis discos y la bandeja en un bolso y me recosté en la cama para dormír por última vez aquí.
++
—No, yo te amo.—
—...—No dije nada; al parecer, estaba en una especie de bar.
—¿N-no vas a decir nada al respecto?—Dijo... alguien. No sé de dónde salió este tema, tampoco logro ver quién es, está demasiado oscuro.
Puedo ver que estoy en una sala muy similar a una exivisión de muséo, solo que detrás de estas vidrieras, había escenas de la vida cotidiana... o mejor dicho algunos recuerdos.
Al parecer estaba en frente de uno, que seguía su transcurso aunque lo vea en tercera persona.
No lograba oír nada ¿Por qué? no estoy concentrada, solo puedo ver mis reacciones en tercera persona y veo a ¿Jason? más jóven o... ni idea, no obstante seguro es una pesadilla.
Comencé a dar una caminata por ese no-tan angosto pasillo hasta llegar a unas puertas, todas diferentes.
Llegué a una que se me hacía familiar. Claro, al abrirla era mi ex-habitación, pero esta era de mi antigua casa con mis cosas y demás.
Ya había pasado por una serie de puertas que posiblemente sean de mis salones del colegio u otros que ni les veía lo interesante para llegar a entrar de por si. Casi al final de ese pasillo había una puerta en particular que no recordaba.
Me acerqué esa puerta, a lo que apenas hice crujir la perilla algo me impidió continuar.
—Lo siento.—Un susurro seguido de una pequeña carcajada sonaron detrás mio. Sentí unas manos sobre mis hombros y una sensación de nervios. ¿Ya había pasado esto antes? ¿Es un deja-vú o que?
Intenté voltear pero ya no veía nada.
++
Desperté sin que la alarma sonara, con un terrible cansancio, aún así debería moverme de la cama ya que me va a venir a buscar Rose en unas dos horas... son las seis de la mañana y ni cuenta me di.
Sabía que si dormía más no me repondría y dormiría de más. Así que me levanté con la sensación de estar congelandome y corrí al baño como todas las mañanas.
Luego salí corriendo otra vez del baño para buscar la ropa que deje fuera de mi valija. Me cambié, me maquillé y me puse a ver el apartamento por última vez; no habrían pasado muchas cosas aquí pero de seguro quedará en mi recuerdo.
Escuché el timbre de la puerta; es gracioso porque muchas veces se olvidan que hay timbre... abrí la puerta y era Rose.
—¡Ruby!—Alzó las manos en gesto de felicidad y me abraza un poco fuerte. —¿Lista?—Asentí y ladee hacia uncostado dándole a entender que iba a buscar mi valija que aún estaba en la habitación.
Rose tendría unos 25 años según me dijo; a ella la echaron de la casa y se fue a vivir con unos amigos hasta hace unos años, bastante amigable.
Arrastré la valija con el bolso sobre mi hombro hasta la puerta mientras que Rose estaba fumando sus cigarros, apoyada en el marco de la puerta
—Ya, tengo todo.—Dije esto con las llaves en la mano, a lo que Rose me respondió con una sonrisa.
Salimos para tomar el ascensor, claro para que sea más facil llevar la estúpida valija y bolso que no sabía que pesaba con tan pocas cosas. Solo hubo silencio en ese corto trayecto, nomás pregunté sobre el viaje sin apuros.
Me despedí del portero dándole las llaves con un amable gracias y salímos sin más hacia el auto de Rose.
Soltamos unas carcajadas al ver que Megan estaba cantando AC/DC eufóricamente en el auto. Hasta que se dio cuenta de nuestra presencia luego de que Rose me ayudara a guardar las cosas en el baúl. Subí al auto saludando a Megan mientras ella seguía cantando a lo que yo la seguí y Rose encendía el auto.
Compartimos unos pocos bizcochos con un café, ya que eran las siete de la mañana y yo acostumbro a no desayunar naturalmente.
—Uhm, este será un viaje largo eh?—Oí a Rose de detener el auto en uno de esos supermercados. —¿Van a comprar algo?—Dijo dándose vuelta para vernos y ambas asentímos con la cabeza sin más que perder.
Bajamos del auto y las tres íbamos con pasos raramente coordinados, pues se ve que tardará rato el viaje y nos quedaremos con hambre.
Megan fue a buscar bebídas mientras que yo tuve que ir por lo básico para comer, como un sándwich o algo por el estilo. Claro está que tranquilamente podemos ir a algún auto-servicio con comidas rápidas pero no gastariamos dinero en eso.
Lo único que hizo Rose fue tomar una caja de toallitas y nos esperó en la fila poco paciente. Pagó las cosas en cuanto las trajimos y llevamos todo al auto, haciendo una pausa para comer algo, ahora sí.
Contamos anécdotas de conciertos, pues era lo normal para hablar entre nosotras; yo pensaba en Metallica, era extraña la sensación que me causaba estar con ellos conociendolos un tanto nomás.
—¿Les conté que conocí a Metallica?—Dije terminando de tomar una lata de soda por la sed que tenía. Llegué a ver como a Rose se le dilataban las pupilas y Megan escupia parte de su desayuno improvisado evitando ahogarse, mientras tanto yo miraba a las dos un tanto preocupada.
—¿Cómo... su música?—Rose hizo un gesto de confusión, dando a saber que no entendió o algo.
—Que conocí a los de Metallica, ya saben, sus integrantes, James, Kirk—Empecé a nombrarlos cuando Megan me interrumpió.
—¿Cuándo? ¿Cómo? no te creo... ¿Por qué yo no? ¿Por qué no me dijiste? ¿De verdad? Ruby no empiece—Megan empezó a desesperarse diciendo eso como en ocho segundos, pero la interrumpí para contarle lo que había pasado.
En cuanto comencé a contarle Rose decidió no perder más tiempo para seguír conduciendo ya que eran las casi nueve de la mañana.
—Wow.—Fue lo único que escuché de parte de Megan y Rose cuando terminé de narrar el extraño cuento de hadas que querría Megan.
+
Habían pasado las horas, ya eran como las ocho en la noche y aún estábamos en la ruta, llegando a el estado de Oregon. Megan y yo teníamos dos mantas por el frío y hablabamos como si fuera una pijamada de esas.
—Ojalá yo hubiera conocido a alguien de Metallica años atrás...—Suspiré y miré al techo, lo que me recordó a James la otra vez en el bar.
—Pues yo no sabía.—Hice una pausa y miré a la ruta en pleno atardecer; no sé cómo mierda te alcanzan solo las luces del auto. —Aún así es genial haberlos conocído y tal, son geniales.—Ahora miré a Megan quien sonreía perdída en mis halagos hacia aquellos chicos pelilargos. —Vuelve a la realidad ¡aún estamos hablando!—Ella sacudió la cabeza y me sonrió, al igual que yo.
—Perdón, es tanto cariño que no sé, uhg.—Cubrió su cara con ambas manos en desesperación, de nuevo. —¿A ti te gusta alguno?—Me preguntó bajando las manos en su cara hasta los ojos.
—Pues... no creo—Dije algo nerviosa...¿Nerviosa?
—¿Te imaginas que gusten de ti los cuatro?—Algo -o bastante- soñadora me dijo. Yo no podía creer que piense cosas tan... así.
—¿Qué? Ay por favor, no exageremos.—Megan empezó a reír, y yo rodee los ojos ante eso.
Acabo de recordar el sueño de ayer... ¿Qué se supone que significa eso?¿Y Jason qué? no lo entiendo aún y me pone más incómoda, mierda.
—Pues a mi me dijeron que esos cuatro viven en San Francisco.—Mencionó esto ladeando la cabeza un poco. Entonces voltee rápidamente a ver a Megan que empezó a chillar como esas fanáticas locas. —Eh, tranquila, me lo dijeron hace bastante, tampoco sé si es verdad, loca.—Le dijo mirándola por el espejo retrovisor, mientras que tenía una sonrisa dibujada en la cara que nadie le podía sacar.
+
Ya estabamos llegando a San Francisco después de dos días más-o-menos, lo peor es que lo que me dijo Megan sobre los chicos me quedó retumbando en la cabeza; ¿Los cuatro gustar de mí? el mundo me querría ver con cara de tonta.
Siempre era una torpe para las relaciones, no me soportaban ni un día... o bueno, tal vez sí, pero no era nada fácil tenerme, no soy de mirar por una pareja con tan emoción.
Ya aparecía el famoso puente de San Francisco. Mierda ¿Y si es verdad que Metallica vive aquí? dios. Tampoco sé si me atrae alguno pero anda a saber tú que me pasa en los siguientes días.
Lo que ahora quiero es suerte.
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