POR OTRO LADO
Por fin llegó el día de quedar con los chicos. Necesitaba verlos y despotricar de Isis un rato. La cabrona no había vuelto en este tiempo ni me había mandado un mensaje ni nada. A saber a quién se estaría tirando. Seguramente al "psicologucho" ese de mierda. Lo peor es que iría diciendo por ahí que yo sería el malo de la película y dejándome mal cuando la realidad es que me había abandonado y dejado tirado como a un perro viejo. Pero esto no se iba a quedar así, no señor. La encontraría y le haría darme explicaciones y que se disculpase delante de todo el mundo.
—¡Bah! ¿Os podéis creer? La muy perra salió corriendo y no la he vuelto a ver. Dejarme a mí abandonado... Cómo si le hubiera hecho algo malo, con todo lo que hago por ella. ¡Si me desvivo por ella! ¡Joder! Se lo doy todo... Pues no lo entiendo. Todas las parejas discuten, ¿o no? Pero de ahí a que desaparezcan. Creo que se le está yendo de las manos. —Les conté enfadado a mis amigos mientras nos tomábamos unas cervezas en el bar.
—¿Pero eso pasó así, de la noche a la mañana? ¡Joder! Lo siento tío. Hace no más de una semana nos contabas que estaban genial. Bueno, ustedes siempre habéis estado bien, sois de envidiar. Con las típicas discusiones como todas las parejas, vamos, pero siempre juntos, desde pequeños. Me parece tan raro... No es propio de ella irse así, qué raro. Tienes que estarlo pasando fatal. No sé qué decirte. —Dijo sonando contrariado.
—Ya ves... No entiendo nada. A mí me da que la muy guarra se está follando a otro. La pillé hablando por teléfono con un tío y se apuró toda. Además, intentó esconderme su tarjeta y se le escapó que se habían conocido en el Parque del Retiro... Así que blanco y en botella, la muy puta me la está pegando. ¡Soy un pagafantas de cojones! Sabía que darle todo no era bueno, a las mujeres hay que meterlas en vereda.
—Tranquilo, seguro que no es así y todo tiene una explicación. Por lo que la conozco no parece de ese tipo. —Dijo otro de mis compañeros.
—¿Qué insinúas, que me lo invento?
—No, a que seguro que volverá y te explicará todo. Verás que no ha pasado nada...
—Mira, anda... Mejor dejemos el tema porque me voy a calentar más. —Lo interrumpí antes de que terminase de hablar. Estoy cansado de sus tonterías, además esta noche salimos de marcha. Es nuestra noche y este que está aquí, —dije señalándome. —Ha vuelto al mercado y está de caza.
—Tú siempre andas de caza bribón. Más de una vez te hemos tenido que parar porque ibas encendido a por alguna. Al menos delante mía no he querido que hicieras algo de lo que luego te arrepintieras y pudieras culparme. Sabes que eres como un hermano para mí y que te he cuidado siempre.
—Bueno, pero esta vez démosle carta blanca, se puede decir que ya no están juntos. Así que déjale que se divierta un rato y lo pase bien. Se lo merece por lo que ha pasado e Isis se lo ha buscado. —¡Mira cómo lo sabe! ¡Vamos de cacería muchachos! —Les animé.
Nos terminamos la jarra de cerveza que nos quedaba de un sorbo y salimos del bar de camino a alguna discoteca. Llamamos a un taxi y enseguida nos pusimos en marcha, no tardamos mucho en llegar.
—Esta noche va ser la noche, chicos. Vamos a emborracharnos y cogernos a unas cuantas nenas, —les dije guiñándoles el ojo y con cara de pervertido.
—Pero, ¿estás seguro? ¿Estás bien como para eso?
—Nunca he estado mejor.
—Déjale, ¿no ves que necesita desfogarse? Claro que no está bien, pero lo estará después de un buen meneo.
—Ya, pero no sé. Acostarse con otra tan pronto y sin conocerla... Igual le hace más mal que bien.
—A ver, que quede entre nosotros, en nuestro círculo de confianza. Nunca se lo he dicho a nadie. No es la primera vez que me acuesto con otra mujer en todos estos años. Eso sí, pagando. Por lo que sabré sobrellevarlo bien. Me he visto esporádicamente con una rusita, Svetlana, ¡una diosa! A veces, cuando Isis pensaba que estaba trabajando, me daba alguna escapada con esa golfilla.
—¡Te pasas! Pobre Isis, lo raro es que no haya huido antes, entonces. No esperaba eso de ti, hermano.
—¡Bueno, bueno! Tampoco es para tanto y no han sido tantas veces. Además, eso lo dices porque no conoces a Isis realmente. Es súper controladora, manipuladora, prácticamente no me deja hacer nada. ¿Por qué crees que no nos vemos tanto como antes? Además, está todo el día discutiendo... Y no hablemos de follar, casi nunca quiere, y cuando lo hace parece una estrella de mar. Una puta anémona! Ni se mueve, como si lo hiciera por compromiso.
—Bueno, bueno, tú verás. Tampoco quiero meterme demasiado, pero esas cosas se hablan.
—No empecemos, no empecemos... Estoy hasta los huevos de los tópicos y de victimizarla, que siempre queda como la buena de la película. Con un par de lágrimas lo arregla todo. Además, ¿a qué hemos venido? ¿A hablar de la puta de mi ex? No, ¿verdad? Hemos venido a disfrutar.
Sin mediar más palabra entramos los tres al local. Nos dirigimos directamente a la barra a pedirnos unas copas y fuimos a una mesa vacía donde seguimos charlando distendidamente sobre coches, fútbol y mujeres, sobre todo de esto último. Bueno, yo hablaba de mujeres, ellos parecían unos putos maricas que no se atrevían casi a hablar de ellas. Los estaba perdiendo.
Tras seis o siete copas nos animaron a salir a la pista a bailar. Empezaba la cacería por fin. Miré en derredor en busca de alguna candidata. Alguna que pareciera una presa fácil y que estuviera buena, por supuesto. No tardé mucho en encontrarla. Empecé a establecer contacto visual con ella y tras varias miradas, me decidí a acercarme a bailar. Abandoné a los sosos de mis amigos sin decirles una palabra. ¡Bah! ¡Qué les den! Ahí se quedaron bailando los dos solos como dos maricas.
—¡Eh, Martín! ¿A dónde vas?
—¡Cállate, marica! Y sigue bailando con tu novio. Ahora entiendo todo...
—Mira, Martín, no te doy una hostia, porque no me gustan los espectáculos y porque sé que lo estás pasando mal, pero que te den. Nosotros nos vamos. Mañana te vas a arrepentir de todo esto, estás borracho. Das pena.
—Sí, mejor nos vamos. Esto no puede acabar bien. Hablamos cuando vuelvas en ti, porque ahora mismo das asco.
—Que sí, que sí. ¡Adiós! Que se me escapa mi hembra.
Haciendo caso omiso a mis amigos, me acerqué por la espalda de la joven latina de la que me había fijado. La rodeé con mis brazos por la cintura y comencé a restregarme. Estaba cachondo y quería que lo notara. ¡Y vaya si lo notó! Me echó una mirada, como diciéndome: "¡vaya rabazo tienes ahí amigo!". Al principio se mostró algo reacia y recatada pero pronto sucumbió a mis encantos. Apretó las nalgas con fuerzas contra mi polla y empezó a bailarme como nadie lo había hecho. ¡Cómo movía ese culo! ¡Ufff! Quería más, quería catarla, así que le metí la mano por debajo del vestido y enseguida separó las piernas, dejándome el camino despejado. ¡Joder! Iba sin bragas, estaba claro que iba buscando guerra. Empecé a meterle los dedos mientras le comía el cuello y cuando noté que estaba bien húmeda, pensé que sería buen momento para dar otro pasito más.
—¿Vamos al baño? —Le susurré al oído.
—Vamos, machote, pero no pares por el camino. —Me respondió jadeando en el oído.
Entramos al baño de los hombres. Vi en la mirada de los que había dentro que me idolatraban, que era su puto héroe. Todos querían ser como yo ahora mismo. Nos encerramos en uno de los baños individuales y empezó a pajearme. ¡Qué manos! ¡Qué delicia!
—¡Cómemela! Quiero que te la tragues toda.
—¡No! Eso, no.
—¿Cómo? ¿Por qué? ¿No te pongo? —Le pregunté mientras le bajaba la cabeza.
—Sí, mucho, pero no te conozco. ¡Para!
—Tranquila, no tengo nada. —Seguí guiándola hasta mi pene.
Al final, como todas, acabó comiéndome la polla. ¡Y vaya que si se la comió! La agarré fuerte del pelo y se la follé salvajemente. ¿A mí me iba a decir que no? ¡Ja! Ahora le iba a dar lo suyo, lo que venía buscando.
—¡Aggg! ¡Aggg! —Gemí.
—Mira a ver, avisa cuando te vayas a correr. En la boca ni se te ocurra.
—Sí, ¡calla y sigue mamando! ¡No pares!
—¡Ummm! ¡Aaaaggg! —Grité mientras chorros de lefa le llenaban la boca. Se intentó apartar, pero se lo impedí.
—¡Maldito asqueroso! ¿Qué te dije? —Empezó a empujarme y darme con las manos.
—Solo te he dado lo que venías buscando. Ahora no te hagas la santa, es lo que querías.
—¡Hijo de puta! —Me gritó mientras seguía golpeándome.
—¡Zorra! ¡Ahí te quedas! La próxima vez ven más tapadita y con bragas, si no quieres que un tío hecho y derecho como yo juegue contigo.
Continuó gritándome más cosas a las que no le presté ni atención. Además, como abrí la puerta para salir del baño y ella estaba desnuda, no me siguió. Se encerró y se quedó dentro vistiéndose, supongo. La dejé allí, sola, con una parte de mí como recuerdo en su boca y abandoné la discoteca. Ya tenía lo que quería, ahora me tocaba un merecido descanso, por lo que pedí un taxi que me llevara a casa.
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