MIENTRAS TANTO
¡Será cabrona esta tía! Sabía que estaba con otro. Encima el tipo tenía un hijo. Espero que no lo sienta como si fuera de ella, porque si no ya... ¡Qué asco de mujer! Pero es mi mujer, y de nadie más. Tenía que recuperarla a toda costa. Pensaba mientras sacaba mi móvil y le escribía un Whatsapp a los chicos.
—Hola, chicos, perdonen por la escenita de ayer. No era yo, estaba muy dolido y borracho... Se me fue de las manos. Si aún me siguen queriendo un poquito después de todo, necesito verles y contarles algo muy grave que ha pasado.
—Está bien. Mejor no hablemos de anoche. Nos vemos ahora, y nos cuentas.
—Ok.
—¿Ok? ¿Tú no vienes?
—Sí, iré...
—Vale, nos vemos en una hora en el bar de siempre.
—Vale.
—Ok.
Está claro que estaban enfadados... Pero tampoco había sido para tanto. ¡Qué susceptible es la gente! Al menos habían accedido a quedar y podré deshogarme un rato. Necesito hacerlo, y que todos se enteren de una maldita vez de lo puta que es Isi. Que vean que no es la pobre victimita inocente que aparenta ser. Iba maldiciendo para mis adentros, mientras paseaba por el parque, hasta que se fue acercando la hora y fui en dirección al bar.
—Hola chicos, ¿qué tal?
—Hola, Martín.
—Hey.
—¡Venga! No seáis así, no fue para tanto...
—Mejor dejemos el tema...
—¿Qué no fue para tanto? Mira te voy a decir...
—Bueno, bueno, cuéntanos qué te pasa, —lo interrumpieron antes de que se enzarzaran en una discusión.
—Pues lo que me imaginaba, estaba paseando por el parque tan tranquila con otro. Me da mí que era el puto psicólogo de tres al cuarto que os decía. Además, estaban con un niño pequeño... ¡La muy zorra me engaña con un tío que tiene un hijo! Seguro que en su cabeza infantil, la muy estúpida se cree que el hijo es suyo... ¡Qué puto asco!
—Mira, yo lo siento mucho por ti, pero el que da asco eres tú. Todo el día hablando mal de tu mujer. No me extraña que no se fuera antes. Además, ¿tienes pruebas de lo que dices o está todo en tu cabeza?
—¿Cómo? ¿Enserio me estás diciendo esto? Te voy...
—Bueno, chicos, haya paz... No creo que quisiera decir eso así... —Intentó mediar poniéndose en medio de ambos.
—Mira Martín... Te lo digo enserio, paso de ti. Estoy cansado de que siempre despotriques de ella. No me creo todo lo que dices, Isis no parece así.
—Pero lo es, ese es el maldito problema. ¡Nadie lo ve! Sabe jugar bien sus cartas con esa cara de niña buena, pero lleva dentro al mismísimo demonio.
—Quizá Martín tenga razón. Se marchó sin decirle nada, y ahora se la encuentra con otro... Es raro al menos.
—¡Vaya que si es raro! Lo que pasa es que este tío es un pedazo de gilipollas y se posiciona de su lado en vez de en el de su amigo.
—¿Cómo qué gilipollas? ¿Con quién te crees que estás hablando?
—¡Parad, por favor!
Al final terminamos a golpes mi examigo y yo, mientras el otro intentaba pararnos sin éxito. Consiguió alcanzarme en el mentón con su puño, pero tras eso le agarré del brazo y le di un cabezazo en la nariz. Tras el golpe se quedó medio conmocionado, así aproveché la ocasión para asestarle varios golpes en la cara hasta que cayó al suelo. Siempre había sido el más fuerte de los tres, estos eran una panda de maricones que pegaban como niñas.
La gente se había arremolinado a nuestro lado, pero nadie se atrevía a intervenir. ¡Más les valía! Porque acabarían igual de malparados. Solo veía sangre, sangre en mis manos, sangre en su cara, sangre en su ropa... Los gritos de la gente que nos grababan con sus móviles parecían alentarme a continuar y yo quería seguir con el espectáculo, no quería parar. Lo estaba disfrutando. Sin embargo, al final entre mi amigo el mediador y el dueño del bar, me detuvieron y sacaron afuera cerrando la puerta e impidiéndome entrar. ¡Aggg qué rabia!
—¡Abridme cabrones! ¡Sal cagón! —Grité sin parar, pero nadie me hacía caso.
Opté por largarme a cogerme una buena turca en algún bar. Bebería hasta caer redondo al suelo y olvidarme hasta de mi nombre. No tardé mucho en dar con otro bar cercano. Me senté en la barra y empecé a beber un whisky tras otro. Cuando la vista empezaba a nublárseme, se me ocurrió la brillante idea de llamar a Isis. Ahora que tenía el móvil de vuelta, podría contactar con ella. Saqué el móvil del bolsillo y a duras penas atiné a marcar su nombre en la agenda y llamarla. Tras varias llamadas terminó por cogerlo, sabía que estaba ansiosa por volver a mí.
—¿Martín? ¿Eres tú? ¿Pasa algo? ¿Por qué me llamas?
—Claro, hip, cariño, ¿quién si no?
—Estás borracho, ¿no?
—Un poco, hip. Pero para lo que te tengo que decir no importa, hip. Te quiero Isis, estoy muy solo. Me he peleado con mis amigos, no tengo a nadie, hip. ¡Vuelve! Por favor.
—Eh... Martín, yo... —Pi, pi , pi... Sonó el móvil
—¿Me ha colgado? ¿Ha tenido los santos cojones de colgarme? —Le pregunté al camarero furioso.
—No lo sé, tranquilo. Igual se le fue la cobertura.
—¡No! Me acaba de colgar en mis narices, hip. Ponme otro trago.
—Creo que deberías irte a casa, no te encuentras bien.
—¡Te he dicho que me pongas otro trago! Te voy a pagar, ¿no?
—Y yo te estoy invitando a salir por las buenas.
—¿Y si no qué? —Le amenacé mientras me levantaba de la silla trastabillando.
—Si no puedes ni tenerte en pie, ¡das pena! Anda, ¡lárgate de aquí!
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