JUICIO A LA DERIVA
No sé cuánto tiempo estuve sumida en la más negra oscuridad... Sólo sé que, de repente, abrí los ojos, pero me encontraba perdida en el espacio tiempo. ¿Dónde estaba? ¿Qué hacía aquí? ¿Cómo había llegado a este extraño lugar? Era una estancia blanca, con las paredes desnudas, frías, sin decoración. Entraba el Sol por una pequeña ventana a mi izquierda. Había muchos aparatos detrás de mí y a mi alrededor. Poco a poco, me fui percatando de que me encontraba postrada en la cama de un hospital. ¿Qué demonios me había pasado? Inquieta y nerviosa, toqué el botón que encontré cerca, con la esperanza de que algún médico viniera a mi encuentro y me aclarara la situación. Efectivamente, pronto llegó uno.
—Verá, se ha dado usted un golpe fuerte en la cabeza en el parque y la han traído hasta aquí, ¿lo recuerda?
—No... Lo último que recuerdo es estar con Steve en casa cenando tan tranquilamente.
—Vaya, ¿qué día cree que es hoy? —Me preguntó el médico.
Según me dijo el médico, había olvidado los últimos meses de mi vida. Cuando me dijo en qué fecha estaba, pensaba que se estaba vacilando de mí y que todo se trataba de una broma, pero tras confirmarlo con el calendario de su móvil y las noticias no podía negar la evidencia... ¡Joder! Qué rara era esta situación... ¿Desde cuándo decía, o mejor dicho, pensaba en palabrotas? ¿Será por lo que habré vivido en estos meses? ¡Ay, no sé...!
—No se preocupe, suele pasar. Es algo normal debido al golpe, pero está todo bien según las pruebas. Recuperará la memoria con el tiempo, quizá en horas, días o incluso semanas, pero lo hará, seguro.
Días después, me trasladaron a planta. Los primeros en visitarme, fueron mis padres, lo cual le extrañó mucho, cada vez entendía menos la situación. Llevábamos años sin vernos, detestaban a Steven y habían puesto distancia de por medio. Aunque al final eran mis padres, seguramente los habrían avisado y por eso habían venido. Sin embargo, al que necesitaba ahora mismo a mi lado era a mi querido esposo. Aunque mis padres me decían que lo mejor era que ahora mismo estuviera tranquilita y sola hasta recuperarme un poco. Vale que lo odiasen... pero hasta el punto de que incluso estando en el hospital me negaran verlo... ¿Quiénes se creían que eran para negarlo? Él jamás me había abandonado, pero estaba cansada, muy cansada, así que no opuse mucha resistencia y me di la vuelta resignada.
No pasó mucho tiempo hasta que entraron dos extraños a la habitación, uno se hacía llamar Robert y el otro Cristopher. Muy guapos ambos, sí, pero no los conocía de nada. Me saludaron y se acercaron, pero les dije que se alejaran, no sé qué demonios hacían aquí, por un momento sentí miedo y me puse nerviosa. Trataron de explicarse, pero eso solo hizo que me acelerara más, hasta que la máquina que tenía monitorizándome empezó a pitar, lo que hizo que regresara el médico.
—Por favor, abandonen la sala. Necesita estar sola y descansar ahora. Es normal que tenga lapsos temporales, no debemos presionarla para recordar, lo mejor es dejar que todo fluya de manera natural. Lo siento, pero ahora mismo es lo más recomendable.
Por fin Steven entró en la habitación al cabo de un rato. Menos mal, esto es precisamente lo que necesitaba, mi marido, la persona que más quería.
—¡Cariño! Menos mal, no entiendo nada, pero nadie quiere que te vea. Debe ser cosa de mis padres... No esperaba que llegaran hasta estos extremos, lo siento.
—Ya está, tranquila, estoy aquí contigo, no te preocupes por nada, todo saldrá bien. Tus padres tratarán de confundirte para aprovechar la situación e intentarán mentirte sobre nosotros, como siempre han hecho. ¿No has visto? Hasta han traído desconocidos, supongo que actores pagados para hacerse pasar por tus amigos y dar credibilidad a lo que sea que intenten tramar... pero no debes creerlos. Tienes que confiar en mí, como siempre lo has hecho, somos almas gemelas.. —Me susurró al oído y me dio un beso en el cachete al terminar.
Estuvimos hablando largo y tendido. Steven me contó que tenía una orden de alejamiento mía por un malentendido sin importancia. Una discusión fuerte porque pensé que me había engañado con otra y se me había ido un poco la cabeza... Pero que lo habíamos arreglado e iba a retractarme cuando procediera el juicio. La historia me chirrió un poco, pero me dio tantos argumentos convincentes que terminé por creerlo.
Pasé tres días más en el hospital. Los médicos, al ver que respondía bien a las pruebas, decidieron darme el alta al fin. En estos días sólo había querido ver a Steven, prohibí la entrada de cualquier otra persona, no quería que la gente me influenciara. Volvimos juntos a casa. La verdad es que me trató como nunca, súper atento, cariñoso, detallista... Esto demostraba que su versión de los hechos era real.
Los días siguientes fueron igual o mejores. Por primera vez en años mi marido se encargó de todo: la comida, limpiar y recoger la casa, la compra... Volvía a ser el hombre perfecto del que me había enamorado desde que era una niña. Incluso me dijo que pidió días libres en el trabajo sólo para estar cuidándome. Era maravilloso y me sentía reconfortada a su lado.
Había desconectado mi móvil desde el hospital y no había tenido la necesidad de encenderlo más, tenía todo lo que quería a mi lado. Además, quería desconectar un poco del mundo. Era como si estuviese viviendo una segunda Luna de Miel.
Tras una semana después de salir del hospital, llegó la fecha del juicio. Ambos nos vestimos formales para la ocasión y fuimos juntos a declarar. Sí, ya habíamos quebrantado toda orden de alejamiento, pero siendo voluntario por mi parte, no creía que le dijeran nada.
Una vez allí, nos acomodamos en nuestros respectivos asientos. Al cabo de un rato me percaté de que entre la gente que había acudido ese día se hallaban mis padres y los supuestos amigos que se habían presentado al hospital. ¡Qué raro era todo esto! ¿Hasta dónde pensaban llegar mis padres?
Entonces, el juicio dio comienzo interrumpiendo mis pensamientos. El juez alzó la voz por encima de todos para dar paso a los abogados de ambas partes.
—Isis, ¿es verdad que ha sufrido humillaciones y malos tratos por parte de su marido?
—No, lo denuncié en un arrebato de celos e ira cuando discutimos, creí que me engañaba con otra y enloquecí, lo siento. —No estaba al cien por cien convencida de mis palabras, pero era verdad que hasta ahora Steven nunca me había puesto la mano encima, últimamente había estado algo arisco y discutíamos más, pero como toda pareja. Además, que el trabajo lo tenía muy estresado, supongo que sería por eso.
La noticia provocó clamores y gritos por parte de mis familiares y supuestos amigos.¿Por qué se ponían así? ¿Me estaría equivocando? No, no podía ser...
—¡Miente! —Gritó entonces Bernard. Acaba de sufrir un golpe y no recuerda nada y ese cabrón le ha convencido para salirse con la suya. ¡Se está aprovechando!
El juez golpeando con el martillo en la mesa, llamó a la calma y habló de nuevo:
—¿Es eso cierto Steven?
—Sí, es cierto, se dio un golpe, el resto son calumnias y falsas acusaciones, siempre han querido separarnos.
—¿Algo que añadir, Isis? —Me preguntó el juez.
—Dice la verdad, me golpeé, perdí los últimos meses de mi vida, pero ahora lo recuerdo todo... Creo. —Dije con poca convicción, cosa de la que creo que el juez se percató.
—¡Serás malnacido! ¡Di la verdad! ¡Isis, cariño, no te dejes engañar! —Volvió a bramar Bernard.
El juez terminó expulsando de la sala a mi padre y retiró la orden de alejamiento de mi marido. También le preguntó a Steven si quería presentar denuncia contra mí por falsas acusaciones, lo cual rechazó, como acto de "buena fe". Cuando salieron todos los presentes del juicio, nos marchamos a casa, felices de estar por fin juntos, sin problemas legales de por medio.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro