ENTRE COMPRAS
El centro comercial era precioso y bastante moderno. La fachada estaba coronada por una especie de porche hecho de metal acanalado. La entrada estaba decorada con numerosos carteles luminosos publicitando los diferentes comercios y restaurantes que habían pero, lo mejor, era su interior. Contaba con unas descomunales claraboyas que dejaban pasar los rayos del Sol de tal manera que lo iluminaban todo con luz natural. Habían tiendas por todos lados, tantas, como para perderte, sin embargo, todo estaba tan bien distribuido, ordenado y señalizado que no había problema para encontrar lo que buscabas.
Una vez dentro nos dirigimos, tras atravesar varias boutiques, a una pequeña tienda más apartada y escondida, de la que nunca me había percatado. Era bastante peculiar y estaba decorada de manera extravagante; con colores chillones y maniquíes diferentes a los que se suelen ver por ahí.
—¡Qué extraño! Nunca había visto esta tienda antes.
—Suele pasar, al ser tan pequeña y estar en una esquina la gente se suele olvidar de su existencia y pasa de largo, pero dentro esconde maravillas. —Dijo Robert. —Ya verás, a mi mujer le encanta, y está súper bien de precio.
—Pues a ver qué tal, es llamativa cuanto menos. No sé cómo no me había fijado antes.
—Porque no hay mayor ciego que aquel que no quiere ver, supongo. —Rió.
—Debe ser, —intenté reír, aunque tímidamente.
Al pasar al interior me llevé una grata sorpresa. Era una tienda de mujer exclusivamente, la ropa era muy variopinta, pero preciosa. Habían desde trajes de gala hasta camisetas de diario, incluso tenían una gama más deportiva. Pronto descubrí que la diseñadora era la propietaria de la tienda y no dudé en felicitarla por sus diseños.
—Isis, elige lo que quieras, no hay prisa. Coge este dinero y cómprate lo que te guste, nos vemos en un rato. Voy a mirar unas cosas que tengo que comprar por aquí, ya que hemos venido, aprovecho.
—Vale, pero, ¿seguro Robert? De verdad, no tienes por qué hacer esto...
—Tranquila, ya lo hemos hablado antes. Acuérdate que al final no es un regalo, tómatelo simplemente como un adelanto de tu sueldo, tal y como dijimos.
—Pero... ¿Seguro? ¿De verdad no te importa? Es que... es un poco extraño todo esto. Como te dije no quiero traerte problemas... ¿Por qué eres tan bueno conmigo?
—Seguuuro... No te preocupes. Te lo descontaré de tus honorarios si lo que te incomoda es que sea un regalo, ya te lo he dicho. Me gusta creer que si estuviese en el caso contrario alguien haría lo mismo que yo estoy haciendo contigo. Me nace ser así, y me gusta creer que hay gente buena en el mundo. No me traerás ningún problema, mi mujer ya sabe como soy y no estoy haciendo nada malo o que ella no espere de mí. Es más, ella fue la que me dio el último empujón para que te ayudase, así que tranquila, de veras.
—Pues muchas gracias de nuevo, no sé cómo te podré agradecer nunca todo esto que estás haciendo por mí. —Me repetí.
Me pasé un buen rato probándome de todo lo habido y por haber aunque, de no haber estado muerta de hambre habría tardo mucho más y me hubiera probado muchísimas más cosas. Parecía que la tienda estaba hecha para mí, todo me sentaba fantástico pese a no encontrarme en mi mejor momento y sentirme como una mierda. Una pequeña alegría que me llevaba, al menos. Puede que parezca algo material, pero por un momento, un breve momento, me sentí liberada e incluso guapa.
Al final me decanté por un mono color melocotón y unas sandalias a juego. Lo mejor de todo, tal y como me había avisado Robert, fue el precio, una verdadera ganga.
No tardé mucho tiempo en la cola, pues solo había otra persona delante. Pagué con el dinero que me había dejado, del cual me sobró más de la mitad. Abandoné la tienda después de haberme cambiado de ropa en el probador y peinado un poco con las manos. Me encontré a Gómez a pocos pasos, sentado en un banco hablando por el móvil, con una bolsa de la que se intuía una pequeña caja en su interior reposando sobre sus piernas. Esperé a que terminase de hablar y entonces lo abordé. Necesitaba ir a comer algo ya o me iba a desmayar.
—Listo, ya pagué, ¿te gusta? Por cierto, gracias de nuevo, de verdad.
—Sí, muy bien elegido.
—Toma, sobró esto.
—Quédatelo, por si te hace falta.
—No, no te preocupes, ten. —Dije mientras le tendía la mano con el dinero sobrante.
—Está bien, está bien, no hay quien te gane, ¿eh? —Rió. —Tengo algo para ti. Toma, espero que te guste. —Dijo mientras me entregaba la bolsa.
—¿Para mí? ¿De verdad? Pero... —Pregunté atónita. —¿Por qué haces esto?
—Ya te lo he dicho, me gusta ayudar. No le des más vueltas, lo necesitarás y yo necesito que lo lleves encima.
Al abrirlo descubrí que se trataba de un móvil y me dieron ganas de matarlo. Estaba muerta de vergüenza y me desconcertaba esta amabilidad, conmigo, con una desconocida, pero es que por más que lo analizaba no se le veían malas intenciones sino más bien al contrario. Se le veía muy buena gente, sin malicia de ningún tipo y no paraba de hablar de su mujer, se veía que estaba enamorado. Así que... ¿Existían entonces de verdad las buenas personas como él?
—Sé lo que estás pensando, pero me dijiste que dejaste el tuyo en tu casa. Necesitarás uno, sobre todo si vas a cuidar de mi hijo y de mi perro y, obviamente, no vas a ir a buscar el tuyo. —Dijo sin dejarme opción a réplica.
—Vale, está bien, lo acepto, pero desde que pueda comprarme uno te lo devuelvo o te pago este... o lo que sea.
—Como veas, tú no te preocupes, tómalo como una herramienta de trabajo. Pues ahora sí, estamos listos, vámonos a comer, que estoy muerto de hambre. —Rió tocándose la barriga y cambiando de tema.
—Sí, perfecto, yo estoy al borde del desmayo entre tantas emociones y el hambre.
Abandonamos el recinto y fuimos hacia el coche lo más rápido que pudimos, estaba claro que ambos estábamos hambrientos. El Sol había aflojado y había aparecido una sutil brisa, la tarde se había quedado bastante agradable. Además, el aire traía consigo aromas frescos de árboles y flores cercanas, lo que hacían que trasladara mi mente a otro lugar, y me embriagaban y abrazaban mi alma rota, otorgándole un pequeño remanso de paz por un instante.
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