☣ Cαρίтυlσ 11 ☣
El rostro de Seokjin, que estaba a pocos centímetros del mío, parecía el de una estatua. Silencioso, frío y carente de sentimientos. La puerta de mi habitación estaba entreabierta y ni siquiera el tenue reflejo de una lámpara que había encendida le daba a sus ojos calidez alguna.
—Seokjin, ¿qué ocurre?
Sin previo aviso, me soltó. Demasiado tarde, me di cuenta de que me había tenido suspendido sobre el suelo. Aterricé a sus pies.
Sin decir nada más, salió de mi habitación. Yo me puse de pie y conseguí detenerlo en el salón. Estaba delante de su escritorio.
—Si esto es por los libros... —dije, suponiendo que podría estar enfadado por haber tomado prestados sus manuales.
—¿Libros?, ¿Crees que esto tiene que ver con libros? —replicó, lleno de asombro—. Fui un necio. Todo este tiempo he admirado tu instinto de supervivencia y tu inteligencia, pero ahora... Oí que unos empleados hablaban sobre el hecho de que tú vas a ser el fugitivo. Estaban haciendo apuestas. ¿Cómo pudiste ser tan estúpido, tan indiscreto? Te advierto que consideré matarte ahora para ahorrarme las molestias de tener que buscar tu cadáver más tarde.
—Yo no se lo dije a nadie —afirmé—. ¿Cómo puedes creer que pondría en peligro mi vida?
—¿Y por qué iba yo a creerte? La otra persona que lo sabía era el Comandante, nadie más.
—Bueno, Jin, tú eres el maestro de espías. ¿No te parece que alguien podría haber escuchado la conversación? ¿Quién más tiene acceso a esta habitación? Tenías las notas a la vista de todos sobre el escritorio. Incluso yo las vi sólo con echar un vistazo —añadí, antes de que él pudiera replicar—, te aseguro que suplicaban que cualquiera que estuviera buscando información las inspeccionara.
—¿Qué es lo que estás sugiriendo? ¿A quién acusas?
Jin frunció el ceño. La alarma se le dibujó en el rostro antes de verse reemplazada por su habitual gesto pétreo. Aquella expresión me reveló muchas cosas. O Seokjin había estado tan convencido de que yo había estado chismorreando con los demás empleados que no había considerado otras opciones, o no podía aceptar la posibilidad de que alguien hubiera violado su seguridad.
Por una única vez, yo lo había desequilibrado, aunque sólo hubiera sido por un segundo. Algún día me encantaría verlo a mis pies, tal y como yo había estado ante él.
—Tengo mis sospechas —respondí—, pero no voy a acusar a nadie sin pruebas. Es injusto. Además, ¿quién podría creerme?
—Nadie.
Seokjin agarró una piedra gris de su escritorio y me la lanzó.
Atónito, me quedé completamente inmóvil cuando la piedra pasó junto a mí y se estrelló contra el suelo. Los pedazos en los que se convirtió me salpicaron y cayeron sobre el suelo.
—Excepto yo —añadió, sentándose en su silla—. Creo que tus palabras están empezando a tener sentido y tenemos un espía. Sea quien sea, tenemos que encontrarla.
—O encontrarlo.
Seokjin frunció el ceño.
—¿Optamos por lo seguro y buscamos otro fugitivo? Tal vez deberíamos cancelar el ejercicio. O seguir con todo tal y como estaba planeado. Así, podríamos animar a nuestro espía a que se manifestara. Sea hombre o mujer.
—¿No crees que Son vendría por mí?
—No. Es demasiado pronto. No creo que Son intente matarte antes de que haya terminado de construir su fábrica y ésta esté funcionando. Cuando consiga lo que quiere, las cosas volverán a ponerse interesantes.
—Ah, bien. Casi no puedo mantenerme despierto de lo mucho que me aburro —comenté, con la voz llena de sarcasmo. Sólo Jin podría considerar como una fascinante diversión el hecho de que intentaran matarme.
—La elección es tuya, Taehyung.
Lo que yo quería no estaba representado en ninguno de las posibilidades que Jin me ofrecía.
Yo preferiría estar en algún lugar en el que mi vida no estuviera en peligro. Donde no tuviera como jefe a un asesino y una persona desconocida estuviera intentando complicarme aún más la vida. Mi elección era la libertad.
Suspiré. Lo más seguro resultaba lo más tentador, pero no resolvería nada. Había aprendido que evitar los problemas no servía de nada. Mi impulso inmediato era correr y esconderme, lo que sólo me conduciría a quedarme en un rincón y dar palos de ciego.
Los resultados no siempre eran favorables. Me molestaba la falta de control. Mi instinto de supervivencia parecía tener mente propia. Magia. La palabra flotaba en mi mente. No. Alguien se habría dado cuenta ya. Alguien me habría delatado. ¿Lo haría si esa persona fuera Son? ¿O Yunjong?
Sacudí la cabeza deshaciéndome de tales pensamientos. Eso estaba en el pasado. Tenía preocupaciones más inmediatas.
—Muy bien. Echaré el anzuelo para ver qué pez sale, pero, ¿quién va a sujetarme la red? —pregunté.
—Yo.
Dejé escapar el aliento. La tensión que sentía en el estómago se suavizó un poco.
—No cambies tus planes —comentó Jin, tomando el papel en el que estaba escrito mi nombre—. Yo me ocuparé de todo —añadió, antes de quemarlo con la llama de una de las lámparas—. Debería seguirte al festival de fuego mañana por la noche, a menos que la lógica te haya hecho rechazar la invitación de Namjoon y prefieras quedarte en el castillo.
—¿Cómo has...? —Decidí no preguntar. Era bien conocido por todos que no confiaba en Namjoon, por lo que no me sorprendería que tuviera un espía en la cocina.
Jin no dijo que yo no pudiera ir. Tomé una decisión.
—Voy a ir. Es un riesgo. ¿Y qué? Corro un riesgo cada vez que pruebo el té del Comandante. Al menos esta vez, tal vez tenga la posibilidad de divertirme.
—Resulta difícil divertirse en el festival sin dinero —comentó él, mientras aplastaba las brasas del papel con el pie.
—Lo conseguiré.
—¿Te gustaría disponer de un anticipo de tu salario como fugitivo?
—No. Me ganaré el dinero —No quería que Seokjin me hiciera favores. No estaba preparado para que él me tratara bien.
El hecho de que Jin se suavizara un poco podría destruir nuestra tensa relación, y no quería que ésta cambiara. Además, tener buenos pensamientos sobre Jin podría resultar extremadamente peligroso. Yo podía admirar su habilidad y sentirme aliviado cuando él estaba a mi lado en una pelea. ¿Pero que a una rata le gustara el gato? Esa posibilidad sólo podía terminar de un modo: Con una rata muerta.
—Como quieras —repuso él—, pero, si cambias de opinión, dímelo. Y no te preocupes por los libros. Puedes leer todos los que quieras.
Me dirigí a mi habitación y me detuve junto a la puerta, con la mano sobre el pomo.
—Gracias —dije sin voltear.
—¿Por los libros?
—No. Por el ofrecimiento.
—De nada.
☣☣☣
El castillo vibraba de actividad.
Los empleados sonrientes recorrían los pasillos y las risas resonaban en las paredes del castillo. Era el primer día del festival de fuego y el personal del castillo tenía mucha prisa por completar sus tareas para poder asistir a la ceremonia de inauguración. Su alegría era contagiosa e incluso después de una noche de insomnio, volvía a sentirme como un niño.
Decidido a apartar de mí la idea de alguien acechándome en el festival, me permití saborear la anticipación ante los acontecimientos de la noche. Durante la clase con Jin me mostré muy intranquilo. Afortunadamente, como él comprendió que no era capaz de concentrarme, decidió terminar la sesión anticipadamente.
Poco después, tomé un uniforme limpio y la camisa de colores que Hoseok me había dado y me dirigí a los baños. Me metí en una de las bañeras y dejé que todos mis músculos se relajaran. Sólo abandoné el agua cuando la piel de mis dedos empezó a arrugarse.
Llevaba un mes evitando el espejo, pero, en aquel momento, la curiosidad pudo conmigo y me miré.
No estaba tan delgado, aunque necesitaba ganar algo más de peso. Tenía las mejillas muy enjutas y las costillas y las caderas se me clavaban demasiado en la piel. Lo que una vez había sido una melena sin brillo y completamente indomable, brillaba. La cicatriz que tenía en el codo derecho había pasado de ser roja brillante a tener un color morado muy profundo. Tragué saliva y me miré en el espejo. ¿Había regresado mi alma? No. En su lugar, vi el fantasma de Yunjong flotando tras de mí. Sin embargo, cuando me di la vuelta, ya se había marchado. Me pregunté lo que quería de mí. Seguramente venganza, pero, ¿cómo se podía enfrentar un fantasma?
Decidí no preocuparme al respecto aquella noche. Me puse un uniforme limpio y usé la camisa de colores, la cual acentuaba un poco mis hombros. Cuando me presenté ante el Comandante para probar su comida, esperaba que él hiciera un comentario de desprecio sobre mi ropa. Lo único que noté fue que él levantaba la ceja. Después de la cena, volví corriendo a la cocina.
Namjoon me saludó con una enorme sonrisa. Las pocas doncellas y los mayordomos aún seguían limpiando, por lo que les ayudé para no estar allí sin hacer nada. Namjoon quería una cocina completamente inmaculada y sólo cuando estaba reluciente podían marcharse.
Mientras él se cambiaba de uniforme, vi que un grupo de personas estaban hablando mientras lo esperaban. De vez en cuando, alguien miraba con cautela en mi dirección. Suprimí un suspiro y traté de no consentir que su actitud me preocupara. No podía culparlas. No era un secreto que yo había matado a Yunjong.
Del grupo, Gijung era el mayor. Estaba a cargo de las perreras del Comandante, otro recuerdo del Rey que él había considerado demasiado valioso como para prescindir de él. Namjoon era su único amigo y me había contado historias sobre Gijung con un tono de voz bastante incrédulo, pero los rumores de que Gijung tenía vínculos mentales con los perros lo habían convertido en un paria. Parecía muy poco normal el modo en el que los perros le respondían y le comprendían.
Era casi mágico. La sospecha de que pudiera haber magia era suficiente como para que todo el mundo tratara a Gijung como si tuviera una enfermedad contagiosa. De todos modos, su relación con los animales era muy útil. Algo que el Comandante atesoraba.
Wonhong era el muchacho que hacía los recados a Namjoon. Yongdae era un chico de tan sólo unos pocos años más que yo. Estaba a cargo del inventario de la despensa. Parecía algo nervioso, pero supongo que hablar con Gijung era mejor que estar cerca de mí.
Cuando Namjoon salió de sus habitaciones, nos marchamos. Wonhong comenzó a correr delante del grupo, demasiado excitado para permanecer a nuestro lado durante mucho tiempo. Gijung y Yongdae siguieron con su discusión, mientras Namjoon y yo caminábamos detrás.
El aire de la noche resultaba muy refrescante. Yo distinguía el limpio aroma de la tierra mojada mezclado con el olor distante del bosque. Era la primera vez que salía al exterior en casi un año. Por eso, antes de atravesar los muros del castillo, me volví para mirar atrás.
Sin luna, resultaba difícil ver los detalles del castillo, a excepción de unas cuantas ventanas iluminadas. Todo parecía completamente desierto. Sí Jin nos estaba siguiendo, no podía verlo.
Cuando atravesamos la puerta, una brisa más fuerte nos saludó. Caminamos por el campo de hierba que rodeaba los muros del castillo. No se permitía ningún tipo de construcción a menos de un cuarto de milla de la fortaleza. La ciudad, que se había llamado en el pasado Ixia en honor de la Reina, había pasado a llamarse Divitae después del cambio de régimen. Las tiendas del festival de fuego se habían colocado en los campos que había al oeste de Divitae.
—¿No va a venir Hoseok? —le pregunté a Namjoon.
—Ya está allí. Esta tarde tuvieron una emergencia. Cuando los bailarines abrieron las cajas con los disfraces, descubrieron que algún animal había hecho agujeros en las prendas. Llamaron a Hoseok para que los ayudara a remendarlos antes de la ceremonia de inauguración. Estoy seguro de que el pánico que se apoderó de ellos en esos momentos debió de ser muy divertido.
—Para ti, pero no para la pobre persona que está a cargo de los disfraces.
—Es cierto.
—¿Dónde está tu pastel?
—Wonhong lo llevó esta mañana. El concurso de pastelería tiene lugar el primer día para que puedan vender los pasteles mientras aún están tiernos. Quiero comprobar los resultados. ¿Cómo es que tú no participas en ninguno de los concursos?
Una pregunta muy sencilla. Una de las muchas que yo había estado tratando de evitar con cierto éxito desde que Namjoon y yo nos hicimos amigos.
Al principio, sospeché que su interés era obtener información para la siguiente ronda de apuestas, pero terminé dándome cuenta de que su interés era auténtico.
—No tengo dinero para pagar la inscripción —dije. Era cierto, aunque no era la historia completa. Tendría que confiar plenamente en Namjoon antes de contarle mi relación con el festival de fuego.
—No tiene sentido que no le paguen al catador de la comida del Comandante —comentó él, con un cierto tono de indignación—. ¿Qué mejor manera de obtener información sobre el Comandante que sobornar al catador?, ¿Estarías dispuesto a vender información por dinero? —añadió, tras una pequeña pausa, mirándome con el rostro muy serio.
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