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☣ Cαρίтυlσ 24 ☣

Él me agarró con fuerza las muñecas y me detuvo las manos.

—Taehyung, estás ebrio —dijo con voz ronca.

Me soltó las manos y se puso de pie. Yo permanecí sentado, observando con sorpresa que él se inclinaba sobre mí y me tomaba en brazos. Sin decir una palabra, me llevó a mi habitación y me dejó en la cama.

—Duerme un poco, Taehyung —musitó, antes de salir de la habitación.

Mientras observaba la oscuridad, el mundo daba vueltas a mí alrededor. Coloqué una mano sobre la pared que había junto a mi cama para tranquilizar mis pensamientos. Ya lo sabía. Seokjin no tenía más interés en mí que en mi trabajo como catador de comidas. Me dejé atrapar por los chismes de Hoseok y los celos de Hanna. El dolor del rechazo que sentía en el alma era culpa mía.

¿Por qué no había aprendido ya? En mi experiencia, las personas se convertían en monstruos. Son, Namjoon, la presencia constante de Yunjong... ¿Y Jin? ¿Se transformaría en uno o acaso lo había hecho ya? Como Mihee había dicho, yo no debería estar pensando en él en absoluto, al menos no como compañero ni para llenar el vacío de muerte que me ocupaba el corazón.

Como si eso fuera posible. Comencé a reír. «Mírate, Taehyung. Eres un catador de comida que conversa con fantasmas». Tenía que sentirme agradecido por respirar, por seguir vivo. No debería anhelar más que la libertad en Líbarus. Entonces podría llenar el vacío. Decidí olvidarme de todo pensamiento sentimental y concentrarme en seguir vivo.

El hecho de escapar a Líbarus rompería los vínculos con Jin. Cuando obtuviera el antídoto del Polvo de Mariposa, podría poner mis planes en movimiento. Decidido, repasé mentalmente lo que había aprendido para forzar cerraduras y, por fin, me quedé dormido.

Me desperté una hora antes del alba con un terrible dolor de cabeza. Tenía la boca seca. Con mucho cuidado, me levanté de la cama y me cubrí los hombros con una manta. Fui a buscar algo de beber. A Seokjin le gustaba el agua fría y siempre tenía una jarra en el balcón.

El frío aire de la noche me despejó. Los muros del castillo relucían por efecto del fantasmal reflejo de la luna llena. Vi la jarra de metal. Tenía una fina capa de hielo sobre la parte superior. La rompí con el dedo y me llevé el agua directamente a la boca.

Cuando incliné la cabeza para tomar un segundo trago, noté un objeto conforma de araña negra que se aferraba a la pared del castillo, por encima de mi cabeza. Con creciente alarma, me di cuenta de que la forma descendía hacia mí. No era una araña, sino una persona.

Busqué un lugar en el que esconderme, pero decidí que el intruso seguramente ya me había visto. Me pareció que sería mejor encerrarme en la suite y buscar a Jin. Sin embargo, antes de que pudiera volver a entrar en el salón, dudé. En el interior, las ropas negras del intruso resultarían difíciles de detectar. Desde que Jimin me había enseñado a forzar cerraduras, una puerta cerrada ya no me daba sensación de seguridad.

Tras maldecirme por haber dejado mi navaja en la habitación, me dirigí al lado más alejado del balcón con la jarra en la mano.

El intruso salvó la distancia que le quedaba saltando al balcón. Algo en sus movimientos me resultó familiar.

—¿Seokjin?

Seokjin sonrió y se quitó un par de gafas oscuras. El resto de su rostro estaba escondido tras una capucha que le cubría por completo la cabeza y que formaba parte de una ceñida malla corporal.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté.

—Reconocimiento. Los generales suelen quedarse despiertos hasta tarde después de que el Comandante abandona la reunión del brandy. Por eso tuve que esperar hasta que todo el mundo se hubiera marchado a la cama.

Jin entró en la suite y se quitó la capucha. Tras encender la lámpara que había sobre la mesa, se sacó un papel de un bolsillo.

—No me gustan los misterios. Habría dejado que la identidad del sucesor del Comandante permaneciera en secreto, tal y como lo he hecho durante quince años, pero la oportunidad de esta noche resultaba demasiado tentadora. Con ocho generales borrachos durmiendo la mona, me podría haber puesto a bailar sobre sus camas sin que se enteraran. Ni siquiera uno de ellos tiene imaginación. Vi que todos se metían el sobre que les dio el Comandante en su maletín —añadió. Luego me indicó que me acercara al escritorio—. Ven, ayúdame a descifrar esto.

Me entregó un duro trozo de papel, sobre el que había garrapateados una serie de palabras y números. Había copiado los ocho trozos del mensaje cifrado del Comandante entrando en cada uno de los dormitorios de los generales. Me pregunté por qué confiaba en mí, pero, como sentía demasiada curiosidad, acerqué una silla para ayudarle.

—¿Cómo rompiste el sello de cera? —pregunté.

—Un viejo truco. Lo único que se necesita es un cuchillo afilado y una pequeña llama. Ahora, léeme el primer grupo de letras.

Lo escribió y luego ordenó las letras hasta que hubo creado la palabra «asedio». Entonces, abrió un libro y pasó las páginas, que estaban llenas de símbolos como los que había en mi navaja. La página en la que se detuvo estaba decorada con un enorme símbolo azul que parecía una estrella en medio de tres círculos.

—¿Qué es eso?

—El viejo símbolo de la batalla para la palabra «asedio». El rey muerto utilizaba estos símbolos para comunicarse con sus capitanes durante tiempos de guerra. Los creó hace cientos de años un gran estratega. Léeme el siguiente texto. Deberían ser números.

Le dije los números. Él empezó a contar las líneas del texto.

Mientras lo hacía, se me ocurrió que podría utilizar aquel libro para descifrar el mensaje de mi navaja. Nada de tarde o temprano. Jimin se sorprendería.

Cuando Jin alcanzó un número, escribió una letra en una página en blanco. Cuando terminó de descifrar el mensaje, se quedó completamente inmóvil y contuvo el aliento.

—¿Quién es? —pregunté, incapaz de esperar un momento más. Lo miré. Estaba cansado y parecía que tenía un poco de resaca.

—Te daré una pista. ¿Quién se mostró más contento por el cambio? ¿Qué nombre no hace más que salir en las situaciones más extrañas?

El terror me abrazó como si fuera una capa. Si algo le ocurría al Comandante, Son estaría al mando. Probablemente, yo sería una de sus prioridades. Seguramente no viviría lo suficiente para ser testigo de los cambios que él efectuaría en Athalom.

Seokjin comprendió inmediatamente el gesto de mi rostro.

—Así es. Son.

☣☣☣

Durante dos días, el Comandante fue reuniéndose uno a uno con cada uno delos generales. Mis breves y periódicas interrupciones para probar la comida del Comandante provocaban incómodos momentos de silencio. La tensión era palpable en el castillo, como lo eran las constantes peleas de los soldados de los generales.

Al tercer día, cuando llegué para probar el desayuno del Comandante, lo encontré sumido en una profunda conversación con Son y el consejero Kyunshin. Los ojos del Comandante estaban vidriosos y su voz era monótona.

—¡Fuera de aquí! —rugió Son.

Kyunshin me obligó a salir a la sala del trono.

—Espera aquí hasta que te llamemos —me ordenó.

Dudé un instante, sin saber si debía obedecer aquella petición tan inusual. Si me lo hubiera ordenado Jin o el Comandante, no habría dudado, pero me molestaba obedecer a Kyunshin. Mis preocupaciones se acrecentaron dado que había empezado a imaginarme que Son tenía la intención de asesinar al Comandante. Estaba a punto de ir a buscar a Seokjin cuando él mismo entró en la sala del trono y, con una expresión dura en el rostro, se dirigió al despacho del Comandante.

—¿Qué estás haciendo aquí? —me preguntó—, ¿Aun no has probado el desayuno del Comandante? 

—Se me ordenó esperar. Está con Son y Kyunshin.

El miedo se reflejó en el rostro de Seokjin. Entró en el despacho y yo lo seguí. Kyunshin estaba de pie detrás del Comandante, apretándole las sienes con los dedos. Cuando Jin apareció, Kyunshin dio un paso atrás.

—Ya verá, señor, éste es un modo excelente de aliviar los dolores de cabeza —dijo suavemente.

El rostro del Comandante Min recuperó de nuevo la animación.

—Gracias, Kyunshin —respondió. Entonces, miró con frialdad a Jin—. ¿Qué es tan importante?

—Tengo noticias preocupantes, señor —contestó, lanzando dardos con la mirada a Son y a su consejero—. Me gustaría discutirlas con usted en privado.

El Comandante programó la reunión para más tarde y el general y Son y su ayudante se marcharon.

—Taehyung, prueba el desayuno del Comandante ahora mismo. 

—Enseguida.

Seokjin observó cómo yo probaba el desayuno con una intensa expresión en el rostro que me puso muy nervioso. ¿Acaso creía que la comida estaba envenenada? Probé el té y la tortilla, pero no detecté nada extraño. Coloqué la bandeja sobre el escritorio del Comandante.

—Taehyung, si tengo que volver a tomar la comida fría, haré que te azoten, ¿me comprendes? —me espetó. La voz del Comandante carecía de pasión, pero la amenaza era genuina.

—Sí, señor —dije, sabiendo que no serviría de nada explicarme.

—Puedes marcharte.

Salí corriendo del despacho, casi sin fijarme en la increíble actividad de la sala del trono. De repente, noté que una voz me susurraba algo en la cabeza. «Tienes hambre». Efectivamente, de repente me sentí muy hambriento, por lo que me dirigí rápidamente a la cocina.

Cuando di la vuelta a una esquina, me encontré con el consejero Kyunshin.

Puso una mano sobre mi hombro y me guió a una parte aislada del castillo. Ir con él parecía algo natural, pero yo quería marcharme. Quería tener miedo, terror, pero no podía experimentar emoción alguna. Mi hambre se había disipado. Me sentí satisfecho.

Kyunshin me llevó a un pasillo desierto. Comprendí que era un callejón sin salida, pero me resultó imposible reaccionar de modo alguno. Aquellos ojos grises me miraron durante un instante antes de que me soltara. Con los dedos trazó la línea de rombos negros que tenía por la manga del uniforme.

—Mi Taehyung —dijo, posesivamente.

El miedo se apoderó de mí en el momento en el que se rompió el contacto físico. A pesar de todo, no podía moverme. Los músculos de mi cuerpo no respondían a las frenéticas órdenes que yo les enviaba para poder salir huyendo.

¡Un mago! Kyunshin tenía poderes. Los había utilizado durante la reunión del brandy, lo que había alertado a Seokjin. Sin embargo, no pude seguir pensando más en el tema cuando él se me acercó.

—Si me hubiera imaginado que causarías tantos problemas, jamás te habría llevado al orfanato de Son —dijo con una sonrisa al notar mi confusión—. ¿No te dijo Yunjong que yo te había encontrado?

—No.

—Estabas perdido en el bosque. Sólo tenías seis años. Eras un niño tan hermoso e inteligente... Una delicia. Te rescaté de las garras de un leopardo porque sabía que tenías potencial. Sin embargo, eras demasiado testarudo, demasiado independiente. Cuanto más nos esforzábamos, más te resistías. Incluso ahora, cuando estoy unido a ti, sigues resistiéndote. Puedo darle órdenes a tu cuerpo —dijo.

Levantó el brazo izquierdo y el mío se levantó, repitiendo de modo idéntico los movimientos de él.

—Sin embargo, si tratara de controlar tu cuerpo y tu mente, tú terminarías derrotándome —concluyó, sacudiendo la cabeza con incredulidad, como si el concepto le sorprendiera—. Afortunadamente, lo único que se necesita es una suave presión.

Apartó la mano y realizó un gesto con los dedos, como si estuviera dando un pellizco. Entonces, sentí que se me cerraba la garganta. Incapaz de defenderme, caí al suelo. Traté de gritar, pero no pude. Mi mente me lo impidió. Kyunshin estaba utilizando magia. Tal vez pudiera bloquearlo antes de perder el conocimiento. Traté de recitar venenos mentalmente.

—Qué fuerza —dijo con admiración—, pero esta vez no te servirá de nada. Se inclinó sobre mí y me besó tiernamente en la frente, como si se tratara de un padre.

Sentí que se extendía por mi cuerpo una profunda paz. Dejé de resistirme. La visión se me nubló. Sentí que Kyunshin me tomaba la mano y la sostenía entre las suyas.


☣☣☣

Me había olvidado de hacerlo antes, but aquí estan JM y JK


Gracias por leer!

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