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Plegaria

Llegó un invitado.

Los Qiu eran la familia más prestigiosa de la región, no era anormal para ellos recibir a algunas personas de alto estatus como huéspedes; así como ser los anfitriones de aquellos que iban a alguna reunión importante y necesitaban alojamiento temporal.

En esa ocasión, el viajero era procedente de tierras lejanas, más allá de los bosques y montañas, reinos que sólo podían encontrarse con el cruzar de los mares.

El hombre fue atendido espléndidamente. Un gran banquete fue servido para él, bailarinas y cantantes fueron invitadas para su entretenimiento. Al final de su estadía, se sintió tan agradecido por los buenos tratos que, antes de continuar hacia su destino, el forastero dejó un regalo a la familia: una pequeña estatua de un Dios venerado en su nación.

Una estatua del Príncipe Heredero de Xian Le.

El nombre por sí sólo era llamativo, saber que era un artefacto de un país lejano lo convertía en un tesoro. Los Qiu lo recibieron y aceptaron con entusiasmo.

No obstante, un tiempo después, otro viajero de la nación les reveló un dato omitido por su antiguo dueño al ver la estatua tan familiar en su tierra: actualmente, el Príncipe Heredero de Xian Le era venerado como un Dios de la Basura.

Aún cuando les contó los cuentos y leyendas que giraban en torno a la Deidad, sus actos heróicos, las decisiones que sólo reflejaban la bondad en su corazón, incluso la historia de cómo el Rey Demonio Supremo cedió ante su magnificencia, para los Qiu, el hecho de poseer la estatua de un Dios de la Basura era inaudito.

La imagen del Dios fue desechada al día siguiente, abandonada para mezclarse con los objetos inútiles e inservibles para siempre.

No fue así.

Ajeno a todos, un joven sí escuchó las historias en torno al Dios con atención, maravillándose con cada acción cometida y los resultados —buenos y malos— causados por los principios de tal Dios tan peculiar.

Cuando nadie observaba, rescató la diminuta escultura del vertedero y la ocultó bajo su cama.

Por las noches, la sacaba de su escondite y la observaba por un buen tiempo.

En realidad, él no creía en los Dioses. Y, aún si existían realmente, no confiaba en obtener su misericordia.

Shen Jiu no oraba a la estatua del Dios, le parecía un acto inservible; pero podía pasar horas sólo contemplando el diseño, imaginando el desarrollo de las historias que escuchó, cuestionándo la veracidad de los acontecimientos.

¿Sería posible para un hombre vivir todas esas dificultades y aún mantener un corazón limpio de resentimiento? Shen Jiu deseaba creer en eso.

Esa esperanza débil, infundada en cuentos de un lugar lejano y desconocido, lo acompañó por años.

Aquella pequeña estatua fue lo único que rescató de una mansión en llamas.

Sólo ese objeto lo acompañó tras abandonar su vida criminal e instalarse en Cang Qiong.

La estatua de un Dios de la Basura.

Shen Jiu muchas veces encontró hilarante el nombre, pero...¿no era ideal?

Si había un Dios a quien un esclavo sin valor como él podía seguir, una deidad apropiada para la escoria que era, ¿no sería, justamente, un Dios de la Basura?

Su único ojo observaba los trozos de lo que antes era una figura tallada en piedra, cortesía de Luo Binghe.

Con la muerte de Yue Qingyuan, ninguna otra tortura había conseguido despertar alguna emoción en él; así que Luo Binghe jugó su última carta: la estatua que su Shizun observaba todos los días dentro de la cabaña de bambú.

Suponiendo un valor sentimental, Luo Binghe la tomó en posesión antes de la destrucción de Qing Jing, listo para usarla en el momento propicio.

Era una lástima, Shen Qingqiu ni siquiera parpadeó cuando fue rota. Las piezas esparcidas sólo le causaron nostalgia. Al final, obtuvo su destino original: dos cuerpos desmembrados que terminarían en la basura.

Un sonido irreconocible provino de su boca sin lengua. Antes era una risa.

Luo Binghe pensaba que sentía algún vínculo especial con el Dios y eso sólo le causó gracia. Nunca le dirigió una palabra a la estatua. En algún momento, empezó a cuestionarse incluso por qué la mantenía.

No era creyente, ni siquiera en los momentos donde el pensamiento de que alguien en un plano superior podría escuchar sus lamentos y aliviarlo consiguió hacerlo rezar.

Porque no serviría de nada.

Era un humano insignificante cuyo sufrimiento era diminuto en medio de todo un mundo lleno de dolencias. ¿Para qué rezar a un Dios que ni siquiera pertenecía a su tierra?

De nuevo, fue terco. La fe en el perdón y el cambio del niño maravillado con un príncipe de un reino, muerto hace siglos.

Insensible al dolor físico, Shen Qingqiu aún se percató de la frialdad en la piel que aún le quedaba, su respiración cada vez más lenta y pesada, su visión limitada era borrosa y oscura.

Luo Binghe, esa bestia, ¿cuántos días tenía sin verlo? El tiempo ya era un aspecto olvidado para él.

Solía dejar sus heridas abiertas para prolongar el martirio hasta su próxima visita, donde su sangre manipulaba los golpes y cortes, donde su cuerpo era sanado para reiniciar el suplicio.

Ahora que no había regresado, la sangre fue drenada demasiado. Sin la atención curativa, las lesiones acumuladas era incapaces de continuar siendo soportadas.

Estaba muriendo.

Eso estaba bien. De todas formas, nunca tuvo un verdadero aprecio a su vida. Escapar de la penuria terrenal, nada sonaba más atractivo que eso.

Los últimos vestigios de claridad fueron capturados por un pedazo aún reconocible de la escultura. La sutil flor que el Dios sostenía en sus manos.

En su delirio de muerte, pensó en los sucesos de su vida. Una serie de acontecimientos fueron recordados, un pensamiento, la pregunta que alguien una vez cercano le hizo, las historias que escuchó en su juventud y el mensaje que le dejaron.

Con su cuerpo al borde del colapso, un líquido carmesí se derramó de su cuenca vacía. Las lágrimas eran imposibles en su estado.

¿Cuánto pudo evitarse de haber abandonado sus demonios internos?

Desde que recuerda, ha estado en una lucha constante por la supervivencia. Mil actos atroces fueron cometidos, y, lo peor de todo es que, incluso en sus últimos alientos, todavía consideraba estúpido lamentarlos.

Va a morir, así como todos antes que él, por sus manos o por su causa. ¿De qué sirve el arrepentimiento ahora? ¿De qué sirve autocompadecerse de su vida y final del asco ahora?

Si era una basura, ¿por qué no serlo hasta su fin?

Maldijo con lo último que le quedaba de conciencia.

Maldijo a sus esclavistas, el origen de todo.

Maldijo a los Qiu, por arruinarle la vida.

Maldijo a Wu Yanzi, por corromper su alma.

Maldijo a Liu Qingge, por morir antes que él.

Maldijo a Yue Qingyuan, por su silencio.

Maldijo a Luo Binghe, por su mera existencia.

Maldijo al mundo, el que le dio la espalda.

Maldijo a la vida, aquella que nunca tuvo.

Maldijo la esperanza, por no perecer.

Se maldijo a sí mismo, por odiar todo lo anterior.

Le dedicó un último vistazo a la flor solitaria.

Y, por una vez, una oración a la escultura que lo acompañó todas esas décadas, a los restos del Dios al que se negó confiar, fue pronunciada.

'Xie Lian, Príncipe Heredero de Xian Le, a ti, a quien persiguió el infortunio; el príncipe de la desgracia; la burla de los tres reinos. Dios de la Basura, encarnación de la bondad. El Dios que olvidó la adversidad que experimentó; el Dios que perdona a todo el que mal le causó. Tú, que caíste dos veces. Tú, que te recuperaste tres veces. Al menos después de la muerte, cuando haya abandonado la restricción de mi cuerpo, permite a mi alma ser liberada de los sentimientos oscuros. Ya no quiero...'

El último aliento de vida fue expulsado, el deseo oculto del joven al recuperar y esconder a Dios; la petición nunca pronunciada cuando observaba la imagen de Dios; la esperanza nunca muerta por completo.

'Ya no quiero guardar resentimiento'

Destellos rojos y blancos fue su última visión.

Shen Qingqiu murió.

Fue un llamado lejano. Tal vez eso fue lo que despertó su curiosidad.

Alguien a miles, tal vez millones de pies de distancia, le hablaba; y, entre los inmensos ruegos de sus fieles, de alguna forma aquel llamado era el más potente, el más fuerte. Quién sea que le rezaba, o era demasiado fuerte, o en verdad infeliz.

La voz era distante, la suplica intensa. Las palabras reflejaban desesperación, odio y un arrepentimiento profundo. Y, con todo eso, la esperanza prevalecía en la oración.

Hua Cheng, por supuesto, se percató de su estado.

—¿Algo molesta a Gege?

En otra circunstancia sólo mencionaria que tenía trabajo, sin considerar necesario inmiscuir al Rey Fantasma en asuntos divinos. Esta vez, sin embargo, mientras más escuchaba, más intriga sentía.

—Alguien, muy, muy lejos de aquí, me llama.

Hua Cheng levantó su ceja, un leve interés reflejado, aunque bien podría sólo estar interesado porque Xie Lian lo estaba.

—¿Es así? ¿Su Alteza desea echar un vistazo? No hay un lugar en el mundo donde no sea capaz de llegar. Si quieres ir, te llevaré.

Por lo general, Xie Lian buscaba rechazar su ayuda. San Lang siempre hacía mucho por él, le gustaba pasar tiempo juntos, pero no quería molestarlo demasiado sabiendo que tenía otras responsabilidades como Gobernante de la Ciudad Fantasma.

No obstante, había algo en la voz que escuchaba que le resultaba inquietante. Las palabras utilizadas no eran las de una oración normal, era más como...un último deseo.

Sospechando lo peor, Xie Lian no se atrevió a rechazar la oferta ni a retrasarse más.

Miro a su pareja, quién no tardó en darse cuenta de su determinación, su inquietud.

—Por favor, San Lang.

Hua Cheng asintió, seriedad en su rostro. Un par de dados fueron lanzados al aire, un portal que abría a una escena horripilante.

Xie Lian cubrió su boca con sus manos, un grito fue sofocado.

Tal acto inhumano sólo podía  ser cometido por un verdadero demonio.

Un cuerpo... Un cadáver yacía frente a ellos. Todas sus extremidades arrancadas, tal vez desde hace mucho tiempo. Sangre seca cubriendo sus ropas, el suelo e incluso paredes. ¿Cuánto había sangrado ese hombre? ¿Se podía poseer tanta sangre?

En la periferia de su visión, Xie Lian vio a Hua Cheng guiar su mano al ojo parchado. Un detalle que hasta el momento no había notado: el cuerpo también carecía de un ojo.

¿Cuánto odio le había sido dirigido? ¿Qué mal pudo cometer para terminar de una forma tan grotesca?

A sus pies, trozos de piedra se encontraban esparcidos. Para cualquier otro, reconocer lo que antes fue debería ser imposible, para ellos no. Demasiado familiarizados con ese tipo de monumentos para no darse cuenta, notaron con facilidad la antigua forma: era una estatua hecha trizas del Príncipe Heredero de Xian Le.

Antes, Xie Lian estaba sorprendido porque el llamado remoto tuviese mayor poder que los creyentes de templos cercanos, llegando a sus oídos con claridad. Pensó que era por la fuerza espiritual del portador del mensaje, pero, en tal estado, ¿cómo podría ser por su poder?

La razón resultó ser otra, una respuesta más desgarradora para Xie Lian: se debía a aquella estatua en ruinas.

Un instrumento de devoción, con el tiempo es posible para él obtener ciertas habilidades mágicas. Al final, el dueño de la estatua no sólo debió ser alguien con una habilidad de cultivo sobresaliente para nutrirla con cierto poder, sino que también debió de tener algún vínculo especial con ella. Su fe en Xie Lian era poderosa, lo suficiente para que la estatua conectará en sus últimos alientos con el Dios a quien representaba.

Lágrimas cayeron de los ojos de Xie Lian. Tal vez, de haber llegado un segundo antes, habría podido salvar a ese hombre.

Sin embargo, él nunca le pidió la salvación; al menos, no de esa forma.

Recordó las últimas palabras del ser sin vida, palabras que le fueron dirigidas. Él sabía perfectamente que la muerte se avecinaba, no la rehuía, sino que la esperaba, la ansiaba. Viendo su estado, las razones eran obvias.

"Después de la muerte", él se expresó de esa forma. Xie Lian no tenía habilidades tan sorprendentes que trascendieran a la vida, pero, cuando menos, se aseguraría de darle un entierro digno.

También dedicará una oración en su nombre, para que en su próxima vida consiga la paz que anhelaba, para tranquilizar el espíritu antes de su regreso al ciclo del renacimiento.

A pocos segundos de su llegada, una flama fantasmal abandonó el cuerpo fallecido; el alma que abandonaba la atadura carnal. Xie Lian estaba por acercarse, listo para brindar palabras de apoyo, para guiar al espíritu al plano celestial, para hacerle saber que escuchó su súplica.

Inesperadamente, Hua Cheng sujetó a Xie Lian y lo atrajo a su pecho, no como una forma de consuelo, sino de protección.

Una gran cantidad de energía se acumuló en la cueva sin luz; la cavidad sin viento de repente obtuvo una ventisca, la energía se ondulaba, simulando olas rabiosas. Piedras y cualquier otro objeto flotaba, tal arrebato incluso destruyó rocas en la cueva. Túnicas se movían con la energía, cabello revoloteaba por la torrente de la  misma.

Lo único que permanecía imperturbable en todo aquel desastre era aquella llama, que yacía quieta, sin desplazarse. Creciendo, creciendo,  creciendo y brillando, con cada ola más fuerte.

Xie Lian no podía ver nada de eso, pero lo sentía, podía captar a la energía ser sacudida hacía un punto compartido.

Xie Lian no sabía qué ocurría, pero Hua Cheng sí.

Algo similar, más potente pero lo mismo al final, ocurrió aquel día fatídico donde vio a su persona amada sufrir de un destino peor que la muerte. Su segundo nacimiento, donde el resentimiento y odio se acumularon, cuando renació como demonio.

Boom.

Por segundos, Xie Lian sólo podía escuchar zumbidos en sus oídos. De alguna forma, la frialdad en la cueva aumentó, llenándose de un silencio escalofriante. Hua Cheng no parecía dispuesto a soltarlo, sus brazos tensos, su actitud alerta.

Lo que causó tal estado en su pareja, Xie Lian no tardó en descubrirlo. Su audición se normaliza, justo a tiempo para escuchar la voz de una tercera persona.

—¿Por qué...? ¿Por qué estoy vivo...?

Los ojos de Xie Lian se ensancharon, escapó de los brazos de Hua Cheng y, al darse la vuelta, descubrió que la situación en el interior de la cueva era diferente a cuando llegó.

No había ningún cadáver.

En su lugar, un hombre de apariencia joven se encontraba donde antes yacía el cuerpo sin vida, la negrura bajo él siendo un indicio de lo que antes ahí se encontraba. Al parecer, el fuego anterior consiguió quemar el cuerpo por completo, dejando sólo cenizas.

Las cenizas de un demonio.

No fue sólo la resurrección, sino que ahora podía apreciarse el aspecto antes de la tortura aplicada. Elegante y atractivo, un hombre con todas sus extremidades; cabellos largos y hermosos, manos finas y dedos largos; una túnica preciosa de color verdoso, tal vez así lucía su última vestimenta antes de ser estropeada con sangre y rasgaduras.

La expresión en el rostro de gran belleza contrastaba con tan bello aspecto. El ceño fruncido en incredulidad, una mirada perdida y asustada. No había más que simple pánico; después de todo, un pensamiento inevitable llegó en seguida: Luo Binghe no lo dejaría morir.

Atrapado para siempre, un prisionero eterno. Sin salvación en los cielos, sin paz con la muerte.

Un momento...

—Mi lengua...

Una mano fue superpuesta sobre los labios. Él tenía...

—Manos...

Observó aquellas extremidades que desaparecieron hace demasiado tiempo como para recordarlo. Eran idénticas, eran sus manos, como si nunca hubiesen sido arrancadas. Los pequeños dedos temblaban, por emoción, incredulidad. Las guia para recorrer su piel antes de su cautiverio, piernas aún permanecían, sus dos ojos unidos al cráneo.

Exactamente, ¿qué estaba pasando?

—San Lang, ¿esto es...?

La voz desconocida lo atrapó, una mirada a los hombres también presentes.

Aún con las diferencias, a pesar de la estatua rota, Shen Qingqiu había pasado más de la mitad de su vida observando el rostro que ahora frente a él se encontraba, ahora real.

—Su Alteza...

El murmullo detuvo la respiración de Xie Lian un segundo inadvertido. "Alteza", aún cuando aquel título ya no era pronunciado con burla, rara vez aparecía sin segundas intenciones, casi siempre acompañado de temor o arrepentimiento, de tristeza o mentiras. Sólo Hua Cheng podía llamarlo con amor, devoción, tan sinceramente, en los últimos siglos.

Pero, justo ahora, un título inútil desde la caída de su reino se tornó de expectativa. Este era su creyente.

Uno que tal vez lo conoció por suerte en tal tierra lejana, cuya información sobre el Príncipe Heredero de Xian Le era limitada, donde probablemente otros Dioses eran adorados, y, aún así, lo eligió a él, un Dios de la Basura. Acompañado por un estatua que nutrió de una fe intensa, que incluso fue utilizada para torturarlo siendo destruída.

La incredulidad presente en las palabras, esperanza no lo suficiente oculta en el Dios que ha descendido. Una teoría, un pensamiento.

—¿Fue usted...? ¿Su alteza, me ha...?

Descabellado. Imposible.

—Me temo que no he sido yo...

Una verdad. Un misterio. Si no fue un milagro, ¿qué, entonces?

—Resentimiento— respondió Hua Cheng.

Una palabra. Su maldición eterna.

—No demasiado, más sí el suficiente.

Los pecados deben pagarse en la tierra, el karma no conoce el final.

—Gege, este hombre es un demonio.

Y una risa se escuchó, loca y loca y demente. Y Shen Qingqiu sólo se percató cuando el conocimiento fue perdido: él que reía era él.

Dios no lo escuchó.

Al despertar ya no estaba en la cueva, aunque tampoco sabía dónde se encontraba.

Fue tan extraño... Había olvidado la existencia del cielo. Era hermoso, más que en sus recuerdos. Claro y puro, completamente sincero.

Después de minutos (¿segundos?) de observación, una voz dulce y suave lo atrajo a la consciencia.

—Estás despierto.

Tan melodiosa, tranquilizante. Qué voz tan pura.

La voz de Dios.

Xie Lian se sintió aliviado cuando sólo una mirada desinteresada le fue dirigida. El ya no podía manejar ser el faro de esperanza de alguien. Era más fácil lidiar con la indiferencia, estaba acostumbrado a ella.

Sin embargo, era un giro interesante. Un hombre muy curioso, probablemente sólo es sincero en los momentos culminantes.

Una máscara. Era el tipo de persona que utilizaba una máscara contra el sufrimiento, contra el anhelo. Ignorante de sus deseos, evitando su felicidad. Aunque, supuso, no debió de tener mucho de eso en vida. Y lo poco... seguramente fue arrebatado de una u otra forma. Después de todo, no cualquiera puede convertirse en demonio tras la muerte.

Odio.

Tristeza.

Arrepentimiento.

La lista de razones es infinita, y tan corta al mismo tiempo.

—¿Cómo te sientes?

Shen Qingqiu no respondió. Tal vez no quería, quizá simplemente no lo sabía. De la vida a la muerte, de la muerte a la vida... ¿Cómo debe sentirse eso?

No insistió, dejo a su creyente en sus pensamientos. Era lo que necesitaba: un momento para pensar. Eran demasiados cambios, era una nueva vida, otra oportunidad. ¿Cómo será su proceder? Xie Lian estaba muy intrigado por esa respuesta.

El silencio cayó. Los dos permanecieron atentos a los cambios en el cielo.

Tan inesperado como todo lo relacionado a él hasta el momento, Shen Qingqiu decidió que quería hablar, o, al menos, liberar frustraciones.

—Yo quería estar ahí.

Xie Lian no entendió al principio; cuando lo hizo, no se sintió mejor.

Yo quería morir.

Un "lo siento" se instalo en él, palabras que nunca salieron.

¿"Lo siento", por qué? ¿Por su muerte? ¿Por su vida?

No conoce nada de él, pero desear la muerte no es ningún buen indicio de su historia. La muerte está relacionada a la pérdida, y él parece haberlo perdido todo.

Era un Dios con una antigüedad mayor a 800 años, con la experiencia suficiente de múltiples casos, pero él aún no sabía cómo lidiar con las consecuencias del inevitable destino.

—Aunque probablemente terminaría en el dominio de Yama.

El infierno, la prisión terrenal.

Palabras potentes, así como reveladoras. No conocía en nada a aquel que le oró, más que su deseo final; por su estado al morir, era un hombre torturado, alguien que sufrió mil penurias.

Un demonio nacido del resentimiento demostraba la intensidad del odio que acumuló en su vida, He Xuan era el ejemplo perfecto de eso; pero, a diferencia del Supremo, que no conocía al culpable de su desdicha, era imposible que su creyente estuviera en la misma situación, él debía conocer bien a quien le hizo daño. Y, aún con la información, ni una pizca de rencor, un deseo de venganza, se había filtrado.

Serenidad y calma, como si la resurrección no lo hubiese alcanzado. El pensamiento de que no merecía el cielo daba a entender que él también tenía sus pecados, los aceptaba y, probablemente, incluso justificaba la maldad que le fue expresada. Para considerar el Inframundo incluso tras morir, también debía considerar a su alma insalvable.

Pero si esta persona era tan mala como se creía a sí mismo, ¿cómo podía pensar así?

"Ya no quiero guardar resentimiento".

Ahora que el curso natural de las almas había sido estancado para él, ¿respetaría aquel deseo? 

Si es así, Xie Lian quiere apoyarlo.

Si no es así...pensará en eso llegado el momento.

Una voz rompe la tensión, lo libera de una respuesta que no puede dar.

—Gege, he vuelto.

Y Xie Lian se alegra de verlo. No sólo por ser oportuno, como siempre ha sido, sino por la preocupación de su subconsciente desde el momento en que se separaron.

—San Lang, me alegra que estés de vuelta. ¿Cómo te fue? ¿Tuviste algún problema?

—En absoluto, todo salió bien. Gege se preocupa demasiado.

—Sólo lo justo.

Estaban demasiado lejos de Ghost City, de Puji, de cualquier lugar conocido. Los demonios de estas tierras no sirven a Hua Cheng, no lo conocen siquiera. Y, así como ellos no podían saber qué tan poderoso era el Supremo, tanto Xie Lian como Hua Cheng no tenían conocimiento de la fuerza de aquellas criaturas.

Hua Cheng no debatió, en su lugar, observó al demonio recién nacido. Un poco de curiosidad, algo de recelo, una gota de empatía.

Curiosamente, la mirada fue sostenida. Sentimientos compartidos.

—Lluvia Carmesí que Busca la Flor— reconoció.

Xie Lian no negaría su asombro. Pensar que incluso sabe de Hua Cheng...

Pero Hua Cheng tampoco se quedaba atrás en información.

—Shen Qingqiu.

La expresión se deformó con dos palabras sencillas, con un nombre vinculado a la desdicha.

Energía oscura se congregó al rededor, los sentimientos del demonio novicio afectando el lugar.

—¿San Lang...?

El desconcierto del antiguo príncipe consiguió aligerar la pesadez en el aire. Ambos demonios reprimiendo su recelo en favor de su Alteza.

No obstante, las explicaciones no podían ser evitadas.

—Ese es su nombre, Gege.

'Y al él no parece gustarle demasiado...', dedujo Xie Lian.

De nuevo, la iris oscura se enfrentó al verde profundo. Palabras que no necesitaban pronunciarse, una amenaza tácita: lo dices tú o lo digo yo.

Xie Lian se percató también, por supuesto. Pero él permitiría a Shen Qingqiu tomar sus decisiones. Su primer elección como Demonio podía darle una pista del futuro al que se dirigía.

Un conflicto y lucha interna, recuerdos y penurias luchando por prevalecer, un nuevo cuerpo aplacando los feroces rencores.

Con evidente renuencia, pero accediendo de todas formas, Shen Qingqiu ignoró a ambos. Una aprobación silenciosa de invadir su historia y su vida.

No le importa, se repite. Después de todo, ya está en el pasado, ya está muerto.

Xie Lian desea sonreír, si tan sólo hacerlo fuera cortés. Era la mejor opción, lo primero para eliminar el odio es permitiendo a los malos recuerdos desprenderse de uno. Ignorar el pasado, olvidar la historia en favor de este nuevo comienzo, era lo correcto.

—Este lugar es bastante curioso, Gege;— comenzó Hua Cheng— muy diferente de dónde venimos. Los demonios aquí son distintos a los de Ghost City.

—¿Cómo es eso?— preguntó Xie Lian, curioso, pero sin estar seguro de cómo se vinculaba con Shen Qingqiu.

—Allá, fantasmas y demonios surgimos del resentimiento, de deseos sin cumplir, una voluntad que nos mantiene en este mundo.

Al hablar, su palma dio una caricia a la mejilla de su único Dios. Fugaz pero significativa, un recordatorio de lo que lo ataba aún a la tierra mortal.

Xie Lian recibió el toque encantado, aceptando el amor que le era profesado en silencio, la frialdad del cuerpo de su Rey no impedía que sus mejillas se sintieran calientes, aún aceleraba los latidos de su corazón.

—Aquí, sin embargo, los demonios nacen de forma natural— prosiguió, y la información fue un poco impactante para Xie Lian.

Demonios procreando...

No era imposible, por supuesto; después de todo, por algo existían las Pastillas de Fecundidad. Era sólo... increíble.

Para que todos los demonios nacieran de esa forma, ¿existían siquiera demonios nacidos del resentimiento en este lugar? ¿Un demonio nacido desde la raíz? ¿Un demonio, por así decirlo, puro?

'Existe.'— se recordó— 'Está justo detrás de mi'.

Cuando una mirada le fue dirigida a Shen Qingqiu, descubrió que él también lo observaba. Sorpresa y desconcierto filtrados en el rostro distante debido a la perplejidad del asunto.

Él igual debió de darse cuenta, los demonios no se supone que nacieran, no debería de haber linajes. Para que nadie cuestionara esto, deberían de haber sido años, siglos, que los demonios nacían de una forma tan alejada del resentimiento.

Y, para que Shen Qingqiu no conociera de algún caso donde un fantasma se convertía en demonio, bueno... al parecer nadie había odiado tanto como él hasta ahora.

Aún con esta información, Xie Lian seguía sin entender cómo se vinculan ambas historias.

—Otra curiosidad, Gege, es que los mundos parecen estar fusionados aquí. Demonios y humanos conviven, tal vez más a la fuerza que por gusto.

Primero Demonios vivos, y ahora una coexistencia, Xie Lian ya no estaba seguro de qué era más sorprendente.

—Todos regidos por un gobernante de sangre mixta.

Bueno, tal vez eso era lo más sorprendente.

—¿Sangre mixta? ¿Quieres decir...?

—El hijo de un demonio y un humano.

No fue Hua Cheng quién hablo.

Xie Lian miro a Shen Qingqiu, cuyo mirar seguía sin posarse en ellos. Sus ojos observando aún el cielo, su mente más allá de este. Recuerdos lejanos, memorias recientes. Una historia.

Todo indicaba que era este Soberano lo que se vinculaba con él.

Hua Cheng podía continuar el relato, Shen Qingqiu ya había aprobado esto; sin embargo, Xie Lian ahora sentía que no era lo indicado. A veces, ignorar no es la respuesta, olvidar no siempre es lo indicado. A veces, sólo necesitas sacarlo de tu pecho. A veces, sólo es suficiente alguien con quien compartirlo.

—Este gobernante...¿es un viejo conocido suyo?

Shen Qingqiu sonrió, un gesto tan superficial y vacío, incluso percibió, por un breve momento, la presencia del odio. Un brillo veloz y mortal, aplacado tan rápido como su llegada. Un sentimiento forzado a alejarse, cediendo a la indiferencia en su lugar.

—Esa pequeña bestia...fue mi discípulo— confesó.

Y todo se volvió más confuso. Un hombre con la capacidad de gobernar sobre humanos y demonios por igual, cuyo maestro se encontraba recluido sufriendo de agravios inconmensurables. ¿Cómo no podía él detener esto? A no ser...

—¿Él fue quien...?

Y la sonrisa crecía, y la muerte regresaba. 

—Él sólo tomó la justicia en sus manos.

Justicia. Xie Lian no era tonto. Si esto era justicia, ¿qué lo diferenciaba de la venganza?

Xie Lian no necesitaba saber más, ahora tenía la información suficiente. Aún si quedaban bastantes agujeros, lo importante estaba ahí: maestro y discípulo, un lazo de odio mutuo.

No importaba cómo o por qué se inició, no importaba cuánto mal le haya causado Shen Qingqiu a su estudiante, al final, todo llegaba a lo mismo: los malos actos han sido devueltos, las deudas del pasado ya han sido cobradas.

Sólo quedaba algo que confirmar, y esperaba no molestarlo con la pregunta, pero era necesario.

Muchos decían que Xie Lian era demasiado entrometido para su propio bien, él mismo lo sabía; pero esto era diferente. Esta fue una oración en su nombre.

—¿Qué harás ahora?

Un demonio nacido del resentimiento, ¿seguirá o desafiará su destino?

—...No lo sé.

Una parte de él, quiere ir y destruir todo. No hay nada en este mundo que valga la pena. No hay nadie en este mundo por quién valga la pena continuar. ¿Por qué no, entonces, destruir lo más posible? Al menos un poco, que otros entiendan lo que es perder, lo que es no tener nada, a nadie.

Y otra, el niño ingenuo que lo acompañó en su último aliento, el que se protegió del mundo detrás de su abanico, a lado de una estatua, insiste en avanzar, y olvidar, y vivir, como siempre deseo.

Y no sabe a quién escuchar.

Él sólo puede, después de todo, encontrar placer a través del sufrimiento de otras personas.

Sólo así... No conoce otra forma.

Aún deseándolo, no puede asegurar que es capaz de dejar atrás aquella malicia. Su corazón está podrido, el rencor no es tan sencillo de disipar. No sabe cómo hacerlo.

Sí aún sientes resentimiento, puedes desenfundar a Xuan Su y quitarme la vida.

Las palabras resonaron en su mente.

Él no sabe qué hacer.

Él no sabe qué quiere.

Pero...

Él sabe que hay una persona con quién desea volverse a encontrar...

—Su Alteza...¿puedo pedirle un favor?

Y Xie Lian sabía que no tenía por qué preocuparse sobre este favor.

Él ya aprendió una lección hace mucho tiempo, él no puede salvar a todos, él no puede cumplir la expectativa de todos. Pero él puede salvar a Shen Qingqiu. La esperanza en sus ojos, él puede ayudar a conservarla.

—Si está en mi capacidad, cuenta conmigo.

Sangre nueva manchaba el suelo, la del desafortunado demonio que pidió clemencia a su Soberano, que alegó ignorancia e inocencia, que insistió en que nadie había entrado a la cueva del recluso exclusivo de Luo Binghe en sus días de ausencia.

Un desafortunado guardia en turno.

—Mobei.

De las sombras apareció el Rey del Hielo, el Gobernante del Sur, su mano derecha.

—Mi señor— saludo, una señal de respeto, un perro que espera recibir la orden de su amo.

—Averigua qué pasó en este lugar.

—Como ordene, mi Señor.

Desapareció junto al mismo silencio con el que llegó. Un sirviente eficaz.

Luo Binghe observó la silueta carbonizada. Aquella parte oscura aún conseguía resaltar en medio de las consecuencias de las llamas.

Una forma, un cuerpo, una persona, su Shizun.

Sus dientes crujieron, líneas de sangre escapaban de sus manos, Xin Mo amenazaba a nadie, y, sin embargo, parecía lista para destruir el mundo. En la oscuridad, el carmesí de su linaje era como la sangre hirviendo, furiosa y devastadora.

Esto no debía de ocurrir.

Su Shizun no podía estar muerto.

Él no debía morir, no por otras manos que no sean las suyas.

Encontrará al culpable, y, cuando lo haga, lo destruirá.

Sus ojos recorrieron de nuevo el lugar donde su Shizun solía encontrarse, aquella parte oscurecida. No muy lejos,  una flor de piedra capturo su atención.

La flor de esa maldita estatua.

Sólo con esa cosa su Shizun mostraba alguna expresión diferente al odio, a la indiferencia.

Esa estatua de un Dios del que Luo Binghe nunca oyó hablar, siempre recibió más atención de su Shizun de lo que lo hizo el propio Luo Binghe.

El rojo de sus pupilas se hizo más intenso, el odio dirigido a la inocencia de un objeto.

Antes de irse, piso aquella flor con fuerza.

No fue suficiente.

Sin Shen Qingqiu, jamás tendría suficiente.

"Quiero encontrar a una persona", era más fácil decirlo que hacerlo.

En primer lugar, Yue Qingyuan estaba muerto.

Xie Lian pensó que Shen Qingqiu lo sobreestimaba. Él, como Dios, en realidad no tiene más lujos que una persona ordinaria, sólo más responsabilidades.

No sabe dónde descansan las almas de los muertos, no sabe qué les ocurre una vez dejan su cuerpo, no tiene la influencia para perturbar un alma que ha dejado el mundo.

No era el caso.

—Él no se ha ido.

Al preguntar cómo podía estar tan seguro, Shen Qingqiu sonrió, está vez con una sonrisa más sincera, más nostálgica, con un dolor silencioso.

Sólo lo sé.

En su corazón, Shen Qingqiu terminó la oración.

'Él no me dejaría atrás...'

En cuanto a si era verdad o no, no podían estar seguros. Sí sería en vano buscarlo o no, tampoco importaba.

Aún si Yue Qingyuan se había desvanecido de ese mundo, su muerte ya hace mucho tiempo, Shen Qingqiu necesitaba encontrar el lugar donde respiro su último aliento. Tal vez así podría seguir adelante, con el cumplimiento de la promesa que lo inicio todo, aún sí fue décadas más tarde.

Ahí radicaba el segundo problema: no tenían ni idea de dónde empezar a buscar.

Luo Binghe nunca fue claro acerca del lugar en donde emboscó a Yue Qingyuan, sólo tenían una pista, y era que debía ser perfecto para lanzar una cantidad absurda de flechas.

Además de eso, no tenían absolutamente nada.

En su tierra, sólo bastaba que Hua Cheng preguntara a cualquier alma (viva o muerta) para obtener respuestas, pero aquí no sería tan sencillo...

Al menos eso era lo que Xie Lian pensaba, Hua Cheng, por su puesto, haría lo imposible por complacer a su Alteza. Ahora que había decidido ayudar, le conseguiría las respuestas que necesitaba.

—Sólo dame un poco de tiempo, Gege. Lo descubriré para ti.

Ahora que el más poderoso Supremo había tomado la tarea de investigar por ellos, y ya que Xie Lian no tenía ninguna duda de que Hua Cheng lo descubriría sin necesidad de su intervención, le pregunto a Shen Qingqiu si no tenía algún otro deseo. 

Inesperadamente, la respuesta fue no.

Además de encontrar a Yue Qingyuan, no tenía ninguna otra ambición por el momento.

—Patético, ¿verdad?

La respuesta que Xie Lian deseo dar fue "no". No era patético, para nada. Nunca podría ser patético el anhelo por volver a ver a una persona querida.

Aún así, se abstuvo de responder. Porque no era patético, pero sí un poco triste...

Tantos años cautivo, sufriendo, y, ahora que por fin estaba respirando la libertad, no tenía ningún otro deseo además de encontrar a un hombre que ya estaba muerto.

Más que ser patético, no podía evitar sentirse abatido por la perdida ajena.

Shen Qingqiu adivinó sus pensamientos. Un hombre demasiado perceptivo. O bien, tal vez no perceptivo, tal vez eran sus propios pensamientos los que vieron la luz en la expresión de Xie Lian.

Xie Lian, su Dios...

El único que no le ha fallado. Sólo él no lo ha abandonado.

Parece incluso irreal, un acto inverosímil, encontrarse a lado de esta persona. La estatua no le ha hecho justicia nunca. No en apariencia, no en aura. Él emana sabiduría, poder y gentileza.

No, la estatua nunca le hizo justicia, pero Xie Lian es tal como Shen Jiu lo imagino cuando escucho a aquel viajero relatar las leyendas en torno a este Dios peculiar.

Un Dios imperfecto, más un hombre que una deidad. No merecía la preocupación que le era dirigida. No merece aquella bondad. Y, tal vez, tampoco la quiere.

Demasiado.

Es demasiado para un hombre que nunca la ha conocido.

Dios, no mires. No corrompas tu visión conmigo.

Dios, no mires. No puedo sostener tu mirada.

Dios, no mires. Ya me he acostumbrado a tu ceguera.

—Lo siento.

Lo siento.

Lo siento, lo siento, lo siento.

Xiao Jiu, lo siento.

—¿Por qué?

¿Y a quién? ¿A quién pregunta realmente?

—Si hubiese llegado antes...

La pregunta quedó al aire, la insinuación era clara, pero no debería ser dolorosa.

Lo era.

No por lo que habría o no sucedido si su Dios hubiera llegado antes, sino porque toda su fortuna parecía estar ligada a la misma oración.

Si hubiese llegado antes...

—No importa.

Ya no importa.

—No me debes nada.

Todo ha sido pagado.

—Yo tome mis propias decisiones.

Tú tomaste las tuyas.

—Sólo obtuve lo que merecía.

Pero aún logré arrastrarte conmigo.

—Soy yo quien debería disculparse por causarle estás molestias a Su Alteza— de alguna forma, y Shen Qingqiu se sorprendió, la disculpa fue sincera. Tal vez por a quién era dirigida, tal vez por la persona en quién pensaba.

Tan parecidos, demasiado buenos para alguien como él.

—¡No es molestia, no es molestia!— Xie Lian se apresuro a responder— En verdad, no es ninguna molestia...

Tras segundos de silencio y un debate interno, Xie Lian fue incapaz de soportar la curiosidad al final.

—Esta persona... ¿Era un amigo tuyo?

Shen Qingqiu negó. No eran amigos.

—Él era..

Era su hermano.

Al menos, lo fue alguna vez.

—Un idiota.

Hasta el final, por caer en una trampa tan absurda. Definitivamente, un gran idiota, por no rendirse con él.

—Con que un idiota...— reflexionó Xie Lian— Pero...

Shen Qingqiu quedó indefenso ante la sonrisa posterior. Tan cálida, y, al mismo tiempo, con un arrepentimiento más allá de su comprensión.

—¿No lo  hemos sido todos alguna vez?

No era el Dios quién hablaba, sino el alma con mil años de antigüedad, la que ha presenciado un millón de decisiones, la que ha sido juez y testigo, acusado y defensor en la corte de la vida.

—Por terquedad o soberbia; por principios o necesidad; quizá por venganza, tal vez por justicia; a veces guiados por el dolor, un efecto de la perdida, la obstinación del pasado. En ocasiones, nuestro guía incluso es el amor...

Observó el hilo rojo atado entre sus dedos, y la sonrisa se volvió más hermosa, su aura más brillante, aunque está vez fue seguida de otro tipo de dolor, uno que Shen Qingqiu está vez consiguió reconocer. ¿Cómo no hacerlo, cuándo fue su esperanza en el infierno, y la desesperación en el paraíso?

El dolor de un juramento, la tortuosa espera por una persona.

Shen Qingqiu, por supuesto, conocía la historia de ese hilo rojo, de como su Dios vivió esperando a una persona, de como el Rey Supremo anuncio su regreso transformando la noche en día.

Si no hubiese soñado en irse, si no hubiese ido con Qiu JianLuo a pedir libertad, si hubiese tenido más paciencia...al final, Yue Qingyuan... ¿Qi Ge habría regresado por él?

Demasiados si.

—¿Te has arrepentido...?

Xie Lian sabía que había más, y fue paciente. Espero en silencio hasta que Shen Qingqiu consiguió armar su pregunta por completo.

—¿Te arrepientes de lo que hiciste, lo que no hiciste o lo que pudiste hacer?

—Naturalmente— respondió Xie Lian sin dudarlo un poco. Tal vez, Shen Jiu esperaba que no lo hiciera—. Sin arrepentirnos, ¿cómo podemos ser mejores?

—¿Y si no quiero ser mejor? ¿Qué si no quiero arrepentirme?

Xie Lian sabía que está pregunta era importante. El tipo de pregunta cuya respuesta impulsa a tomar decisiones, a elegir caminos.

Consideró mentir. Dar las palabras que ayudarían a Shen Qingqiu a seguir adelante. Pero, algo le dijo, palabras falsas jamás le llegarían a esta persona. Tal vez, ninguna podría.

Se tomó su tiempo para considerarlo, pero, al final, no pudo encontrar una respuesta lo suficientemente buena, lo suficientemente honesta. Si no tenía una respuesta, sólo podía hacer otra pregunta.

—¿Y vale la pena?

Shen Qingqiu no esperaba ser cuestionado de esa forma.

—Continuar en ese camino, ¿vale la pena?

En su corazón, Shen Qingqiu todavía no encontró una respuesta.

—No es a quién buscabas, pero supuse podría interesarte saber.

—Imposible...

Imposible.

—Eso es...

Completamente imposible.

—San Lang es las persona más honesta que podrás encontrar— defendió Xie Lian—. Sí él lo dice, tiene que ser verdad.

Incredulidad, duda, pánico, ante la posibilidad. La culpa se arrastra a sus manos.

De repente, puede sentir la sangre en su piel; el sol se oculta y la oscuridad lo consume; el único brillo, cada vez más tenue.

Su visión se vuelve borrosa, la imagen de un hombre a sus pies aparece. Caído, sin vida. Túnicas blancas manchadas de rojo, el cabello oculta los ojos que nunca volverán a abrirse.

La luz desaparece, escucha una espada romperse.

Un par de manos sostienen sus hombros, forzado a regresar, Shen Qingqiu abandona sus recuerdos.

Xie Lian lo sostiene, lo observa con un semblante serio y preocupado.

—¿Estás bien?— pregunta estúpida, se recriminó. Obviamente no lo estaba.

Sus labios permanecieron inmóviles, no dispuestos a hablar.

Había pasado mucho tiempo desde la última vez que Xie Lian se sintió tan frustrado. ¿Cómo puede ayudar a alguien que no coopera para ser ayudado?

—Incluso si no estás bien ahora, tal vez puedas estarlo después de hablarlo.

Dio su sonrisa más tranquilizadora, aunque no esperaba ningún resultado. 

Antes, estás palabras jamás llegarían a Shen Qingqiu. Aún ahora, no cree en ellas en absoluto. No obstante, ha pasado toda su vida ignorando el consejo, evadiendo la comunicación ante temas que no son de su agrado.

Pero fue la renuencia a hablar lo que lo llevo a su situación actual. El silencio de todos a su al rededor, el de Yue Qingyuan, cimentó el veneno en su corazón.

¿Vale la pena?

No es como si perdiera algo hablando, ¿verdad? Todo paso hace mucho tiempo, de todas formas.

—Estoy... bien. Es sólo...— una pausa, respira y continua— Él no debería estar en este mundo.

Liu Qingge.

¿Cuántos años hacían de su muerte? No lo sabe. No quiere saberlo. Enterró ese acontecimiento en la profundidad de su memoria, donde se habría podrido de no ser por la interferencia de Luo Binghe.

Pero, incluso si él selló todo lo relacionado a Liu Qingge, el resto de sus hermanos marciales no habrían pasado por alto algo así jamás.

Este suceso, no tenía ningún sentido. El espíritu de Liu Qingge debió irse aquel día fatídico. ¿Cómo ha conseguido permanecer? ¿Por qué nadie se percató antes? ¿Qué estaba pasando?

La caricia helada de un último aliento lo consume de nuevo. Dedos fríos manchados de sangre ensucian su mejilla, dejando  huellas carmesí cuando la mano cae sin vida.

Una oración final es dicha, las
últimas palabras que Shen Qingqiu hubiese preferido no escuchar. De haber simplemente muerto sin hablar, Shen Qingqiu pudo ahorrarse las molestias por las que ahora iba a pasar.

—Si es verdad o mentira, lo comprobaré yo mismo— declaró.

Hua Cheng bufo, no molesto aún cuando Shen Qingqiu acepto no creer en él, al contrario, un brillo de diversión apareció en el único ojo visible del Rey Demonio.

—Como quieras.

Un par de dados fueron arrojados, abriendo un portal al lugar donde Shen Qingqiu solía estar demasiado familiarizado en el pasado.

Aún ahora, la familiaridad llegó a él, pero no de la forma en que debía. Dónde antes eran verdes tierras, ahora las oscuridad gobernaba, la negrura igual a la de aquella cueva dónde permaneció cautivo tanto tiempo.

De nuevo, recordó las palabras de Luo Binghe. Su risa, sus burlas, su orgullo al describir cómo las llamas consumieron Cang Qiong, profesar que jamás llegaría a ser lo que fue.

Observando el estado de destrucción, probablemente era cierto. Siglos pasarían antes de que el pasto cubra los suelos, y, aún cuando los árboles reemplacen el carbón, el encanto mágico de la tierra no será el mismo. Bastaba con mirar el cielo para darse cuenta, parecía cubierto de una melancolía eterna. Sin luz solar, sólo nubes de tristeza por el trágico destino.

Xie Lian se estremeció ante el paisaje, no sólo por su apariencia lúgubre, sino debido a la alta cantidad de energía resentida acumulada.

¿Qué cantidad de personas debieron morir ahí para que creciera tanto? ¿Cómo encontraron su muerte para que se intensificara a tal grado?

Inconscientemente, su mirada siguió a Shen Qingqiu. Tal vez deseando una reacción. Sin embargo, además de recorrer con la mirada el panorama, el semblante no tuvo ningún cambio. Una mirada vacía.

No podía sentir nada por algo que paso hace mucho tiempo.

Sin escatimar otra mirada a los alrededores, Shen Qingqiu se dirigió al lugar que le importaba.

Incluso con los caminos destruidos, con el paisaje diferente, los recuerdos del cuerpo no le fallaron, encontrando lo que antes fueron las valiosas Cuevas Espirituales.

Incluso Hua Cheng quedó levemente sorprendido al verlas. De toda la montaña, está parecía ser el área más afectada por la energía resentida.

De alguna forma, muchos por qué encontraron su respuesta. Shen Qingqiu ahora podía entender cómo es que Liu Qingge quedó atrapado entre el mundo de los vivos y los muertos.

—Su Alteza, Flor Carmesí que Busca la Flor, seguiré solo desde este punto.

—¿Estás seguro? La información de San Lang dice....

—Estoy seguro.

La determinación detrás de esas palabras sorprendió a Xie Lian, despertando la curiosidad por el hombre que adentro se encontraba. ¿Cuál era la historia entre ambos, que podía despertar una emoción en la personalidad estoica de Shen Qingqiu?

—Si es tu decisión...

Shen Qingqiu sólo se acercó unos pocos  pasos y ya podía sentir la energía negativa incrementar a su alrededor. Estaba entusiasmada por recibirlo.

La entrada a las cuevas parecía un abismo dispuesto a arrastrarlo y consumirlo, perderlo en la oscuridad y el resentimiento de aquellos que murieron por su culpa.

Fue su culpa.

Por él se debió la destrucción de la Secta.

Él arrastró a todos ellos consigo.

Fue su culpa.

—Que no te consuma.

Shen Qingqiu se sobresaltó por la voz de Hua Cheng, sólo percatandose en ese momento de como se aferraba patéticamente a la piedra de la entrada.

—Por tu estado eres susceptible a este tipo de energía. Si te descuidas, tomará el control sobre ti.

Aunque lo dijo, en ningún momento sugirió abandonar la montaña, alejarse de las cuevas. Era un reto disfrazado de advertencia. Era obvio que sólo quería ver hasta dónde podría llegar sin perderse a sí mismo.

—¿Por quién me tomas?— aunque irregular,  Shen Qingqiu aún consiguió formar la oración— No soy un maldito débil mental.

Con eso dicho, Shen Qingqiu se adentro a las tinieblas, dispuesto a enfrentar lo que adentro lo esperaba.

Xie Lian dejo escapar un risa.

—Estoy sorprendido por la preocupación de San Lang. No eres el tipo de persona que da consejos.

—Gege es demasiado bueno, consigue ver bondad en todo— de nuevo el tono dulce y halagador único para su príncipe.

—San Lang me da bastante crédito. No soy tan bueno. Pero...no es sólo mi percepción, ¿verdad? ¿Por qué el consejo repentino?

Hua Cheng no respondió en seguida. Preocupado, Xie Lian tomó el hermoso rostro de su amado entre sus manos.

—¿Pasa algo, San Lang?

Nunca reacio al contacto con su Alteza, Las propio manos de Hua Cheng cubrieron las palmas de Xie Lian.

—Nada realmente— confesó—. Él no me agrada.

—¿Y la razón es?

—Su Alteza, ¿sabía usted que el resentimiento no es necesariamente la causa del nacimiento de un demonio?

—¿No lo es?— Xie Lian estaba claramente desconcertado, no tenía ese conocimiento.

—Es cierto que el odio suele ser el camino más usual; sin embargo, no es el único. Al final, el odio no es más que una emoción, una fácil de adquirir, sencilla de incrementar. Su Alteza, lo que hace a un demonio no es su capacidad de odiar, si no la intensidad con la que puede sentir.

Hua Cheng guía sus manos unidas al pecho de Xie Lian, cerca de su corazón latente, donde oculto bajo la tela se encuentra un anillo cristalino.

—Nosotros somos espíritus— murmura—. Espíritus que se niegan a irse por una u otra razón.

Sus frentes de unen, sin necesidad de aclarar nada, sabiendo perfectamente los motivos de Hua Cheng para no abandonar el reino fantasmal.

—No obstante,  el simple querer de permanecer en el mundo no es suficiente para adquirir una forma tangible.

Xie Lian distingue la frustración en la voz de Hua Cheng, recordando la desesperación de una llama que desea consolarlo en su estado de ebriedad, de brindarle un calor y un abrazo que no puede dar.

—Para conseguirlo, además de voluntad, es necesario que el espíritu se enfrente a una experiencia que marqué el alma. Debe sentir tan intensamente que el fuego fantasmal sea incapaz de soportar la energía desbordante causada de esta emoción.

Hua Cheng ya no lo mira, su único ojo cerrado para impedir que la agonía en aquellos momentos de impotencia, donde Xie Lian fue víctima de la crueldad humana, se filtren al exterior.

—Un deseo...— continúa Hua Cheng— Un deseo tan intenso capaz de desafiar a la muerte.

Deseos de venganza, deseos de amor. Si Shen Qingqiu duda entre ambos, es porque no nació por ninguno de ellos.

Algo más fuerte que el odio, una fuerza más potente para el corazón.

—Esperanza...

Hua Cheng asintió.

—Esperanza— confirmó.

Ya no quiero guardar resentimiento.

Shen Qingqiu no nació por resentimiento. No lo hizo. Era un demonio nacido de la esperanza. La esperanza en el cambio.

—Pero ese hombre es  su propio prisionero— Hua Cheng prosiguió con su explicación—. No es orgullo, y tampoco se trata de arrogancia. Es simple miedo. Miedo a esta esperanza. No teme a la que pueden brindarle otros, ni la que puede encontrar en algún lugar, sino a la esperanza en si mismo.

Xie Lian sabía de lo que hablaba. Para Shen Qingqiu, tal vez no era obvio, tal vez tampoco lo sería para sus personas cercanas, pero ellos tienen siglos de edad, han interactuado con la suficiente cantidad de personas para identificar aspectos que no pueden ser notados con facilidad, pero que siguen un patrón particular..

El de Shen Qingqiu era simple: dependencia.

—Primero yo, después su amigo...— hubo un suspiro antes de que Xie Lian continuará— Él quiere cambiar, pero no se cree capaz de hacerlo. Necesita a alguien, cree necesitar a alguien que lo guíe. Piensa que, por si mismo, no lo podrá lograr.

—Exactamente— concordó Hua Cheng—. Personas como él, que se rinden fácilmente, incluso antes de intentarlo, simplemente no pueden agradarme— confesó.

—Y aún así lo has traído aquí— bajo su toque, Xie Lian fue capaz de sentir el cuerpo de Hua Cheng tensarse, aunque no necesitaba sentir aquello, las emociones de su San Lang eran tan intensas que fácilmente podían ser transmitidas a través de su mirada—. ¿San Lang...?

Con un suspiro, Hua Cheng se rindió a dar la respuesta que su Alteza esperaba. No podía negarle nada a Su Alteza, después de todo.

—Creo que puedo entender... El juicio del mundo sobre ti, capaz de crear una visión grotesca sobre ti mismo, puedo entenderlo.

Xie Lian recordó en ese momento al niño que sostuvo siglos atrás en sus brazos, el mismo niño que le llevaba flores a un templo modesto aún en noches de lluvia. Inevitablemente, también llegaron a él las palabras que probablemente persiguieron a ese niño toda su vida.

Monstruo feo.

Ese niño es tóxico.

Las manos de Xie Lian pasaron de sujetar las mejillas a rodear la cintura completa de Hua Cheng. Un poco sorprendido por el cambio de posturas, Hua Cheng aún no tardó en repetir la acción.

Sin palabras, con un gesto simple, Hua Cheng entendió perfectamente los pensamientos de Xie Lian.

Ellos no saben nada. Eres perfecto.

Con su rostro oculto en el pecho de Hua Cheng, las palabras siguientes fueron apenas audibles.

—¿Crees que él pueda hacerlo cambiar de opinión? ¿Cambiar la forma en que se ve a si mismo?

—Eso...no puedo saberlo, Gege. Lo que sé es que no hay información respecto a la muerte de ese hombre. Nunca negó o confesó nada, a diferencia de otras acusaciones, las pruebas también son ambiguas. Tengo mis teorías, pero no estoy seguro de su certeza.

Xie Lian se preguntó si aquel consejo estaba ligado de alguna forma con estás suposiciones.

—Lo único seguro es que, cuál sea la verdad de lo que paso aquel día, lo marco lo suficiente para decidirse a venir hoy aquí.

Eso no significaba que aquella marca fuese buena. No necesariamente. Al contrario, podría intensificar el desastre que Shen Qingqiu ya era. Una apuesta arriesgada, pero Hua Cheng tenía una amistad íntima con la suerte.

—Sólo queda esperar.

Esperar a que se de cuenta...él cambió en el momento en que hizo aquella oración.

Shen Qingqiu cubrió la parte inferior de su rostro con la manga de su túnica, el miasma formado por el resentimiento de los espíritus se intensificó mientras más profundo se adentraba a las cuevas. Un hecho lógico, ya que las cuevas más alejadas solían ser aquellas dónde se concentraba la mayor cantidad de energía espiritual en el pasado.

Resultaba interesante como incluso la pureza más grande era capaz de corromperse con la presión suficiente. Era incluso más curioso percatarse que, mientras más puro se era, una vez la oscuridad ha creado una mancha, el negro cubre con mayor rapidez el lienzo blanco.

Las Cuevas Espirituales fueron alguna vez el tesoro de Cang Qiong, con una energía abundante que fluía naturalmente en el camino espiritual, una concentración del equilibrio de la naturaleza, un espacio en armonía de los Cielos y la Tierra. Sin embargo, fue exactamente el don de atraer lo mejor que el mundo ofrecía lo que las llevo a terminar como el lugar más afectado después de la destrucción de la Secta.

Un imán sigue siendo un imán, mientras sea energía, se vería atraída a las cuevas. El resentimiento es energía, energía negativa, pero energía de todas formas, y Luo Binghe fue cruel. La montaña entera estaba cubierta de los sentimientos de los muertos, y todos se congregaron en el lugar más susceptible a ellos.

Lamentablemente, la cueva no era la única que era susceptible en estos momentos.

Shen Qingqiu podía sentirlos. Los vestigios del dolor de esas almas eran cuchillas a sus sentidos.

Un pensamiento se repite, la culpabilidad lo inunda. Escucha lamentos inexistentes, llegan a él imágenes de ese día.

Hay rojo. Siempre hay rojo. El rojo lo ha acompañado siempre en sus desgracias. La montaña se quema, hay gritos, discípulos aterrados, algunos atrapados aún en los dormitorios, en el comedor, lo más inteligentes huyen, los más tontos intentar ayudar a otros a escapar. 

Las llamas no son suficientes.

Llegan los demonios, se deleitan del terror en los rostros de los humanos. Encuentran diversión en la lucha inútil. Toman los carteles de Cang Qiong, los destruyen sin piedad, el deseo que siempre tuvieron.

El fuego se expande, nadie escapa, cuando están tan cerca son recibidos por flechas. Es un juego, les dan esperanza para arrebatarla en un parpadeo. No hay sangre, no cuando el cuerpo se vuelve carbón. Las evidencias son fáciles de destruir.

En medio del caos, Luo Binghe lo observa todo. Su marca carmesí resalta sobre las llamas, sus ojos recorren la destrucción que ha provocado. No hay felicidad, sin una pizca de interés por lo que ocurre. Se mantiene al margen, como lo hicieron todos esos discípulos cuando él necesitaba ayudaba.

Almas enloquecen por la llegada del culpable indirecto; hay enojo, hay tristeza, hay desesperación, rabia, frustración, agonía. Locura impregnada en cada lamento.

Alguien más ya habría sucumbido a esta energía, el resentimiento devora a los débiles, ataca sin piedad. Pero Shen Qingqiu, aún cuando es un alma joven, ha experimentado lo suficiente para resistir a ella.

Pero eso no le impide sentir las caricias del odio que ha quedado atrapado. Escucha los susurros de la muerte.

causaste esto.

Él lo hizo.

Es tu culpa.

Lo es.

Arrastraste a todos contigo.

No se puede cambiar el pasado.

No. No puedes cambiarlo.

No hay segundas oportunidades. Sus pecados no pueden borrarse. La sangre no desaparece, sus muertos se mantienen.

No puedes cambiar eso.

No puedes cambiarlo.

No puedes cambiar.

—Cállate.

El frenesí de pensamientos se detiene, incluso los quejidos disminuyen.

—Si puedo o no hacerlo, seré yo quien lo decida.

Las cuevas regresan al silencio, los muertos no se atreven a hablar de nuevo.

Peligro.

Shen Qingqiu lo percibe, algo se acerca. Es poderoso, la energía fluctúa aún a la distancia. Ahuyenta los espíritus.

Shen Qingqiu realiza una respiración profunda, aún sabiendo lo inútil que es para su cuerpo muerto. Reflejos de un mortal.

Igual que hace tantos años, su cuerpo busca al causante. Escucha gritos, gruñidos por una mente confusa. Está vez, sus pasos no dudan. Está vez, él sabe de quién se trata. Está vez, él sabe qué hacer.

La energía es tan potente ahora que es incluso perceptible a los ojos.

Rodeado de niebla oscura, ropas blancas aparecen en su campo de visión; los pasos son inestables, no hay cordura, no hay consciencia. El resentimiento ha consumido la pureza.

Shen Qingqiu casi se burló por la ironía. Pensar que Liu Qingge pasaría de ser aquella figura incorruptible para convertirse en el receptor de todos los deseos contaminados.

No era diferente a esa ocasión. Los sentidos desechados, controlado por una fuerza externa. La escena se repite, sus miradas se encuentran. Ojos rojos lo observan, reflejan una ira que no les pertenece.

De nuevo, Liu Qingge va a su encuentro.

De nuevo, Shen Qingqiu se prepara para defenderse.

Está vez, cambiará el resultado.

Liu Qingge salta, listo para asestar una patada a la cabeza. Shen Qingqiu es más rápido, retirándose por un paso. Sujeta la pierna en el aire, guía a Liu Qingge a un encuentro con la pared.

Hace años, tampoco midió su fuerza, actuó por instinto al sentir la amenaza de muerte. Pero no es como si Liu Qingge pudiera morir por segunda vez con un golpe tan débil.

'No se trata de una desviación de Qi. El cuerpo no es frágil, es la consciencia la que está mal.'

Liu Qingge murió ese día. Su alma debió desvanecerse ese día. No lo hizo, y la razón fue el lugar de su muerte.

La energía de las cuevas conservo el espíritu, igual que la energía de la Tierra que era atraída hacia ellas, lo nutrió con el tiempo. Se volvió parte de las cuevas, una entidad dormida, simplemente existiendo, atrapado sin saberlo.

Fueron estos deseos de venganza los que finalmente despertaron al fantasma, convirtiéndolo en la encarnación física de su odio. En su estado actual, Liu Qingge no era mejor que una marioneta. Sin voluntad. Sin claridad en sus pensamientos. Pero podía despertar, debía despertar.

El aturdimiento no duró demasiado. Liu Qingge se puso de pie sin titubeos y apuntó su puño al pecho contrario. Un golpe que Shen Qingqiu apenas consiguió esquivar; un ataque lleno de malicia, Shen Qingqiu podía decirlo por la presión que el golpe fallido ocasionó en el aire.

Una cosa estaba clara: ¡no podía permitirse ningún golpe de esta persona! Debía terminar esto rápido, sin otorgar oportunidades para ser dañado.

Al menos ninguno tiene una espada. Cheng Luan y Xiu Ya, ambas rotas con la muerte de sus dueños.  Shen Qingqiu aún no sabía cómo defenderse de un Liu Qingge enloquecido y una espada volando con intenciones asesinas. Su ausencia está vez le permitía concentrarse en un único objetivo.

Aprovechando la abertura del brazo, Shen Qingqiu no dudo en lanzar su propio cuerpo sobre Liu Qingge. Sería imposible ganar en una batalla a pie, el suelo, sin embargo, era un asunto diferente.
 
Con un estruendo, ambos cuerpos golpearon en suelo, aunque lo peor del golpe lo recibió Liu Qingge, teniendo que soportar el impacto del cuerpo de Shen Qingqiu sobre él.

Sin perder el tiempo, en un acto que le recordó las innumerables peleas callejeras de su juventud, Shen Qingqiu tomó un puño de arena y la arrojó a los ojos de Liu Qingge.

Con un alarido, en un acto de reflejo, Liu Qingge abandonó el golpe que se dirigía al rostro de Shen Qingqiu y cubrió sus ojos con sus manos. Shen Qingqiu casi podía escucharlo despotricar sobre sus tácticas sucias. No es como si le importaran sus comentarios...¿verdad?

Antes de que Liu Qingge reaccionara de nuevo a la pelea, Shen Qingqiu actuó y sujetó ambas muñecas sobre su cabeza, sus piernas se acomodaron entre los muslos y la mano libre retuvo el pecho de Liu Qingge, forzándolo a permanecer en el suelo.

La energía en la cuevas comenzó a fluctuar, molesta por la derrota de su títere. Shen Qingqiu podía sentirla congregarse sobre Liu Qingge, empujándolo a seguir la lucha, volviendolo cada vez más desequilibrado.

Si los demonios sudan o no, Shen Qingqiu no lo sabía. Lo que sí sabía era que la presión del odio se hacía más fuerte cada nuevo segundo. Tenía que hacer algo, o él mismo terminaría cayendo.

Por tu estado, eres susceptible a este tipo de energía.

Inevitablemente, esas palabras resonaron en su cabeza. No obstante...

—Eso significa...que este tipo de energía también es susceptible a mi, ¿no es así?

Más una teoría que algo más, Shen Qingqiu todavía estaba dispuesto a comprobarlo, justo ahí, en ese preciso momento.

Cómo si de cultivar se tratase, Shen Qingqiu respiro y abrió sus puertas espirituales, buscando absorber la energía de la Tierra, de los Cielos, de las Cuevas, pero, principalmente, la energía resentida en Liu Qingge.

En el pasado, los Demonios solían viajar a Tong Lu, alimentarse de los deseos corrompidos de las almas atrapadas en el horno. Aquel que conseguía dominarlas, vencer a los fantasmas sangrientos, el rencor del volcán, emergía como un nuevo Rey Demonio.

No es como si Shen Qingqiu supiera esto, y las Cuevas Espirituales estaban lejos de asemejarse un poco a Tong Lu; sin embargo, aún sin saber, Shen Qingqiu tenía los instintos de un Demonio, las características de un Demonio.

Este tipo de energía, sólo es alimento.

Hay fluctuaciones, ondas en el aire. Se escuchan gritos, almas se resisten. Aunque el corazón está muerto, Shen Qingqiu escucha latidos desenfrenados. Tal vez es su imaginación, tal vez es su piel la que palpita. Aún sin necesidad de respirar, siente que le falta el aire.

Rojo. Ve rojo en todas partes. Las cuevas desaparecen, Liu Qingge se ha ido. Sólo un maldito mar de rojo. Llantos y llantos, súplicas y aullidos. Esos ojos lo observan, la marca de sus pesadillas. Le sonríe.

Eres susceptible.

Sus dientes rechinan, sus dedos se aprietan sobre la piel que sostiene.

No puede detenerse.

Si te descuidas...

No puede detenerse.

Tomará el control sobre ti.

No puede detenerse.

—Shen...Qingqiu...

Una apretón débil sobre su muñeca. Una caricia sobre su mano. Entre los innumerables tonos de fuego, Shen Qingqiu vislumbra el blanco puro.

—Shen Qingqiu...

Son oscuras, aquel par de pupilas. Resaltan sobre la piel pálida. No hay más locura.

—¡Shen Qingqiu!

Cayendo de nuevo en las tinieblas, aunque sus sentidos están perdidos, un último pensamiento lo atraviesa: esa última voz no pertenecía a Liu Qingge.

Lo despiertan los dedos en su cabeza. Puede sentir el actuar tierno y cuidadoso de las manos que lo acarician. El trato le recuerda a sus noches en el burdel, donde el masaje femenino conseguía despertar en él la sensación de seguridad y protección que perdió hacía muchas lunas.

También puede sentir la energía espiritual que viaja de aquellos dedos a su sien, aliviando un poco el horrible dolor en su cabeza. Tal gentileza en el acto sólo puede provenir de una persona.

Shen Qingqiu abre los ojos, es recibido por la sonrisa de Xie Lian, que sólo crece al verlo despierto.

—Gracias a Dios, despertaste.

Las palabras son tan genuinamente honestas y bien intencionadas que Shen Qingqiu se abstiene de burlarse (literalmente, gracias a Dios, parece estar despierto). En su lugar, asiente sin ningún otra respuesta.

Debería de levantarse, lo sabe. Recostarse sobre la piernas de Dios debe ser una blasfemia. Tener a Dios tocándolo con cuidado, un sacrilegio. Pero, ¿es tan malo permitirse retener la atención de su Dios en él sólo por unos minutos más?

Después de años con los Cielos haciendo la vista gorda con él, ¿no sé lo merece, al menos, un poco?

Una voz le susurra: no, no lo mereces.

Pero otra...otra le dice: ¿y qué?

Él lo quiere. Aún si es egoísta, él lo quiere. Aún si no lo merece, él quiere esto.

¿Qué tan malo es actuar por simplemente querer?

Shen Qingqiu siempre ha sido un hombre con restricciones, así que no lo sabe. Tal vez pueda descubrirlo ahora.

Él cierra los ojos de nuevo. No hace preguntas, no se mueve, y Xie Lian más de una vez se siente tentado a verificar su respiración. No es como si sirviera de mucho. Los demonios no necesitan respirar.

Permanecen en silencio, uno mucho más cómodo que los que han tenido hasta ahora. Hay muchas cosas que decir, todavía hay mucho por solucionar, pero Xie Lian no está dispuesto a arruinar la paz que Shen Qingqiu finalmente encontró desde su renacimiento demoníaco. Probablemente, desde mucho antes que eso.

Aunque los demonios no necesitan dormir, Shen Qingqiu parece haber caído en un sueño agradable.

La segunda vez que abre los ojos, está listo para enfrentar lo ocurrido en las cuevas.

Eso implica escuchar a Xie Lian regañarlo por sus decisiones impulsivas.

¡Fue peligroso! ¡Absorbiste demasiada energía! Es una suerte que San Lang lo notará pronto...

Dicho hombre, por cierto, se había ido a continuar buscando a Yue Qingyuan. En cuanto a Liu Qingge...

—Nosotros...le explicamos mientras estabas inconsciente, pero...ha estado vagando por la montaña desde entonces.

Shen Qingqiu podía suponer razones. Si fuera un poco más sentimental con el pasado, él haría lo mismo. Pero el pasado nunca fue un buen compañero para recordar en su caso.

Sea como sea, tenían que encontrarse, tarde o temprano. Y Shen Qingqiu odiaba postergar los encuentros. Así que ahí estaba, a unos pasos del antiguo Señor de Bai Zhan, una Cumbre que ya no existía, sólo una de muchas cosas.

Liu Qingge estaba sentado en el borde de la cima de su antiguo Pico, observando el paisaje sombrío bajo sus pies. Shen Qingqiu observó por mucho tiempo la espalda, sin saber y sin importarle si el otro era consciente de su presencia.

Era...curioso.

Él odiaba a Liu Qingge. Lo odiaba demasiado.

Demasiado impulsivo, demasiado ingenuo, pero, principalmente, demasiado favorecido. Como con Luo Binghe, lo envidiaba. Poseía demasiadas cosas que Shen Qingqiu sólo pudo soñar con tener en su momento.

Lo mataban los celos el imaginar el futuro deslumbrante que Liu Qingge tendría.

Injusto, injusto, injusto.

¿Por qué sólo Liu Qingge, cuando Shen Qingqiu se había esforzado en igual o mayor cantidad?

Ah, claro...

Porque Liu Qingge se cultivó en el momento adecuado. Su talento nunca fue reprimido, a diferencia de él.

Pensar en Liu Qingge era pensar en su pasado, en Wu Yanzi, en los Qiu, para, finalmente, terminar en la culpabilidad de Yue Qingyuan. Un ciclo de remordimientos.

Liu Qingge era un recordatorio constante de lo que pudo alcanzar, pero que jamás rozaría. El simple hecho de verlo era frustrante. Su lengua idiota nunca ayudo a tolerarlo. Qué decir de sus ideales sobre lo que es blanco y negro. Tanta simpleza, en definitiva, un cabeza hueca.

Lo odiaba, incluso si el sentimiento nunca fue lo suficiente para matarlo, eso no cambiaba el hecho de que lo odiaba.

Su luz tan brillante, la odiaba.

Y, cuando la luz se apagó, la odio incluso más.

Hasta sus últimos momentos, no dejo de odiarlo.

Y, ahora que estaban tan cerca, ahora que esa luz estaba de vuelta, Shen Qingqiu descubrió...no sentía nada.

Nada.

El odio que lo acompañó por décadas, desvanecido en una mirada.

Simplemente, nada.

Sin rencor, sin celos, todos muertos junto a su cuerpo humano. Todo muerto junto con...él.

Ignorando la historia entre ambos, Shen Qingqiu camino y se sentó en el espacio continúo a su Shidi. Si es que aún podían considerarse así, aunque no es como si antes esa relación existiera realmente.

Juntos, observaron las tinieblas que ceñían la antes gloriosa Montaña Cang Qiong.

Por varios minutos, ninguno dijo nada. Como extraños que no tienen idea de qué decirse.

Las circunstancias de su separación no fue la mejor, las circunstancias de su reencuentro no podrían ser peor. Dos hombres que deberían estar muertos, observando los vestigios de lo que una vez fue su pasado compartido.

Un fantasma, un demonio, tantos años, tantos cambios. Un lazo que nunca existió, ha tomado forma con la muerte.

El silencio melancólico fue roto por Liu Qingge.

—¿Mingyan...?

Shen Qingqiu descubrió que había olvidado cómo se escuchaba la voz de Liu Qingge. No era tan insoportable como la recordaba.

—A salvo.

Liu Qingge asintió. No preguntó nada más, no le importaba nada más. Sin necesidad de conocer detalles, sólo bastaba con esa información.

—No me preguntarás...¿qué pasó después de tu muerte?

—...Ya me lo contaron.

—Creía que no confiabas en extraños.

—Tampoco confiaba en ti.

Aunque no era la intención, las palabras sólo hicieron la conversación más difícil.

Liu Qingge arrugó su ceño, entendiendo que su respuesta no fue la mejor.

Increíblemente, Shen Qingqiu ni siquiera se inmutó por ella. Sus pensamientos radicaban en como el ceño fruncido era más acordé a la imagen que tenía de Liu Qingge en sus memorias.

Notando la incomodidad de Liu Qingge, Shen Qingqiu intervino antes de que dijera algo estúpido.

—Nunca te di razones para que lo hicieras.

Shen Qingqiu esperaba zanjar el tema con eso, lo que no espero fue que Liu Qingge siguiera con el.

—¿Nunca lo hiciste...o fuí yo quien se negó a verlo?

—No sé a qué te refieres.

Realmente no lo sabía. La tortura y el cautiverio te hacen olvidar ciertas cosas.

—Hace años, en la misión del demonio del pozo...¿realmente me atacaste por la espalda?

'Ah...'

Ahora lo recordaba. Esa misión, así como al Demonio que Liu Qingge nunca vió.

—¿A qué viene eso ahora?

Liu Qingge sonrió, encontrando la respuesta por si mismo con eso. Se sentía un completo imbécil ahora.

—Me salvaste...— adivinó.

—¿Qué te hace pensar eso?

—Nadie intenta matar a una persona para arriesgar su vida salvándola después.

—¿Quién sabe? Tal vez estaba de mal humor ese día.

Una sonrisa, pequeña, demasiado pequeña, que Shen Qingqiu ni siquiera noto, brotó en Liu Qingge

—Tal vez.

Aunque lo dijo, en su corazón Liu Qingge jamás podría creerlo. Cómo hacerlo...

Después de otro periodo de silencio, Liu Qingge finalmente reunió el coraje que nunca creyó llegaría a faltarle.

—Gracias...por salvarme.

Otros podrían pensar que seguían hablando del mismo tema, pero Shen Qingqiu sabía que ya no se refería a ese acontecimiento.

—No te salve...

No lo hizo.

—¿Estás aquí ahora, no?

Muerto por su incapacidad, por su falta de habilidad.

—Estoy aquí ahora,— afirmó Liu Qingge— cuando no debería estarlo.

—...Idiota.

'Eso no quita que estés muerto'.

Por primera vez, Liu Qingge no discutió con Shen Qingqiu sobre eso.

Era un idiota, sí que lo era. Por juzgar a una persona como una basura y negarse a ver sus aspectos positivos; por vivir para su entrenamiento, dejando de lado el tiempo que pudo pasar con su hermana; por tratar de avanzar en su cultivo, sabiendo que su mente no estaba lista.

Un verdadero idiota.

Su estupidez trajo problemas incluso después de morir.

—¿Por qué no les dijiste?

La pregunta salió de ningún lado. Shen Qingqiu ni siquiera estaba seguro de a qué se refería.

—¿Qué?

Con esta calma que Shen Qingqiu no recordaba en Liu Qingge, él explicó.

—Que no me mataste.

'Ah...'

Por supuesto, Liu Qingge no lo pasaría por alto. En verdad, un verdadero idiota.

—¿De qué habría servido?— 'de todas formas...'— No me habrían creído.

Liu Qingge lo sabía, porque él tampoco lo habría hecho. Aún así...

—Ni siquiera lo intentaste, ¿cierto?

—¿Para qué? Incluso si tuviera pruebas, alegarían su falsedad. Así contara exactamente lo ocurrido ese día, torcerían mis palabras. Dijera lo que dijera, sería condenado igualmente; porque no hay nadie que confíe en mí.

'Incluso él dudo conmigo...'—Una sonrisa torcida llegó tras el recuerdo doloroso— 'Al final, nunca hubo nadie...'

—Lo siento... Me equivoqué contigo...

Fue como un rayo que atravesó sus pensamientos. Esas palabras, otra vez.

—No. No lo hiciste.

Su vista se dirigió a aquel mar de negro que los rodeaba

—¿No ves todo lo que he causado?

—No fuiste tú quien hizo esto— Liu Qingge lo hizo sonar como si fuera lo más obvio del mundo.

—Sólo porque no fuiste tú quien incendió el bosque, no cambia el hecho que fuiste quien proporcionó el fuego.

Cayó el silencio. Shen Qingqiu pensó que Liu Qingge finalmente había entendido.

—Incluso si tú fuiste quien proporcionó el fuego, no significa que querías encender el bosque.

La inocencia feroz en la mirada de Liu Qingge consiguió remover algo en su consciencia.

Él...nunca quiso encender el bosque.

Estaba preparado para pagar por sus tratos a Luo Binghe. Él era el causante del odio, él se lo busco con sus acciones. No le importaba arder por el fuego que encendió.

Nunca espero...que Cang Qiong pagaría con él. Que Yue Qingyuan pagaría por él...

—¿La muerte te dio un poco de cerebro?— se burló, sin saber cómo más podría responder— ¿Desde cuándo tienes la paciencia para discutir como un humano normal?

—Morí, Shen Qingqiu.

Si el corazón latiera, tal vez se habría detenido.

—...Ya somos dos.

Una conversación tan corta, nunca habían tenido una tan larga. Llegando a los insultos y los golpes antes.

La muerte es extraña...

Después de vivir peleando con Liu Qingge, ahora que ambos están muertos, todas esas discusiones son insignificantes, algo de su vida mortal que ya no importa. Incluso recordar es un poco cansado.

—¿Qué harás ahora?— Shen Qingqiu mentiría si dijera que no estaba curioso.

Liu Qingge no respondió enseguida, pero Shen Qingqiu tampoco lo apresuro. Entendía lo difícil que era esa pregunta.

—Ellos dijeron que buscabas a Zhangmen...a Yue Qingyuan.

—Lo hago— confirmó, percatandose que el peso de ese nombre había disminuido de alguna forma, al menos, sólo un poco.

—Te acompañaré.

Eso no era algo que Shen Qingqiu se esperaba.

—¿Disculpa?

—Te pagaré por todas las molestias del pasado, así que te ayudaré a encontrarlo.

—No es necesario; además, ya tengo la suficiente ayuda.

—Entonces te cuidaré la espalda.

—Agradezco la oferta, pero tengo el suficiente poder para cuidarme a mi mismo— dijo, continuando antes de que Liu Qingge replicará—. Deberías pensar más a futuro, ¿planeas seguirme incluso después de encontrarlo?

—¿Qué harás después de encontrarlo?

Buena pregunta, ¿qué hará después de encontrarlo?

La ira descontrolada de su renacimiento todavía persiste. El sentimiento de venganza contra el mundo aún no ha desaparecido. Pero...

Después de encontrarse con Liu Qingge, tras descubrir cómo los conflictos entre ambos se desvanecieron tan fácilmente...

¿Vale la pena?

Iniciar desde cero es una idea tentadora.

—...Lo decidiré después de encontrarlo.

—Yo también, entonces.

—Tú...en serio... Ve y ten algunas aventuras de fantasma. ¿Por qué no visitas a tu hermana?

—Ella está bien, no me necesita.

Liu Qingge no estaba dispuesto a cometer un acto tan egoísta como perturbar la mente de su hermana ahora que su muerte había sido superada.

—Bueno, yo tampoco.

Cuando Xie Lian y Hua Cheng fueron a buscar a Shen Qingqiu y Liu Qingge, se encontraron a ambos discutiendo entre si al pie del acantilado.

Incluso con un borrón y cuenta nueva, hay algunas cosas que trascienden la vida y la muerte.

—Mi Señor.

Luo Binghe giró su cuerpo en dirección al dueño de la voz.

—¿Qué te ha tomado tanto tiempo?

Los demonios detrás de Mobei se estremecieron por la ira en los ojos carmesí, el intenso brillo de la marca en la frente.

—¿Y bien? ¿Quién fue?

Los temblores en los demonios inocentes fueron imposibles de contener con las pupilas de su gobernante sobre ellos. La promesa de asesinato en la pregunta.

Inmediatamente, todos comenzaron a suplicar.

—¡No fuimos nosotros, mi Señor!

—¡Somos inocentes! ¡No tenemos nada que ver!

—¡Piedad! ¡No lo hice! ¡Yo no hice nada!

Luo Binghe observó a los demonios que se retorcerse a sus pies como la basura insignificante que eran. Xin Mo en mano para cortar al culpable, un corte no lo suficiente potente para matarlo, pero bien podría iniciar con algún brazo.

—Aún no lo sé, mi Señor.

Ni bien terminó de hablar, el filo de Xin Mo ya se encontraba sobre su garganta.

—Inútil. ¿Por qué volviste, entonces?

Un poco más de presión, un hilo de sangre cayó del Rey de Hielo. A no ser que su razón por regresar sin cumplir la orden de Luo Binghe sea justificable, no dudaría en matarlo y seguir con la investigación él mismo.

—Todo parece indicar que un Demonio de origen desconocido está merodeando en su territorio, mi Señor.

Tras recibir la fría mirada del Rey del Norte, y viendo su salvación también, los demonios que habían sido llevados al castillo de Luo Binghe no dudaron en avalar las palabras.

—¡Sí! ¡Él fue, él debió ser, mi Señor!

—¡Hizo muchas preguntas!

—¡Nunca lo había visto, su apariencia también era muy sospechosa!

—¿Qué clase de preguntas?— intervino Luo Binghe.

Las palabras tartamudearon al tener la atención de nuevo sobre ellos, pero se aferraron a su única posibilidad de salvación.

—Él... Él buscaba un lugar, mi Señor. Él quería... quería saber el lugar donde murió...dónde murió el antiguo Líder de...de Cang Qiong.

—¿Yue Qingyuan?

La sospecha se instaló rápidamente en Luo Binghe.

—¿Por qué alguien quería saber de un lugar donde no queda ni el cadáver?

Él escalofrío recorrió al demonio tras darse cuenta que sus palabras no parecían convencer a su Rey.

—Yo...Yo no lo sé, mi Señor...¡Pero es verdad! ¡No miento! ¡Él...! ¡Él preguntó a más demonios, también! ¡Tú...!— dijo, observando al demonio a su lado— ¡Cuéntale tú!

Ahora que la atención había sido cedida, el demonio desafortunado sólo pudo contener sus deseos de matar al otro y explicar las razones por las que fue llevado al castillo.

—Él...Él no le miente, mi Señor... Ese demonio... simplemente apareció y preguntó el paradero de la emboscada... Él también...

—¿Él también qué?

Luo Binghe empezaba a cansarse de la lenta conversación

—Él también... preguntó sobre el antiguo Maestro de Qing Jing, mi Señor...

Salpicadura.

Él último demonio gritó tras observar la caída de los cuerpos sin cabeza.

—¡Piedad, por favor! ¡Mi Señor, tenga compasión!

—¿Cómo era él?

Con voz temblorosa, describió la apariencia.

—Tú... Túnicas carmesí... Botas...Botas negras... Piel blanca y ca...cabello oscuro... Adornos...Adornos plateados en su vestimenta... Él...Él tiene un parche también...en su ojo de...derecho... ¡Por favor, mi Señor, perdóname la vida!

Ignorando al demonio que lloraba a sus pies, los ojos carmesí de Luo Binghe regresaron al rostro inexpresivo de Mobei Jun.

—Dime.

Era imposible que Mobei Jun regresará sólo por los chismes de unos cuantos demonios.

—Hace unos días, se registró una fluctuación de energía en las ruinas de Cang Qiong. Los humanos al pie de la montaña aseguraron ver bajar a un hombre que coincide con las características.

Mobei Jun no continuo de inmediato, pero Luo Binghe conocía lo suficiente a su perro para saber que aún tenía más información.

—No bajó solo.

—¿Quién iba con él?

Para Luo Binghe, mientras más personas con quién desquitarse, mejor.

—Dos hombres de blanco y...un hombre que los aldeanos identificaron como el antiguo Señor de Qing Jing.

Silencio.

Ni siquiera el demonio que lloraba se atrevió a seguir suplicando.

—...¿Shen Qingqiu?

La ira de Luo Binghe que permanecía con él desde aquel día donde la cueva fue calcinada se disipó lentamente, el brillo de su marca finalmente atenuándose. Un contraste enorme con la locura en sus ojos tras pronunciar el nombre. Él demonio del suelo no pudo evitar temblar por la risa subsiguiente.

—Así que estás vivo, maldita escoria.

Vivo.

Pero no con él.

Así como llegó, la risa se fue de súbito.

—Ese tipo, buscaba el lugar donde murió Yue Qingyuan, ¿verdad?

Él demonio asintió repetidamente.

—Tomar mis pertenencias como si nada...

Xin Mo brillo con un aura negra, vibraba sobre la mano de su dueño anhelante de sangre nueva.

—Shen Qingqiu, no puedes escapar de mí. Mataré a todo aquel que intente ayudarte.

El demonio chilló al ver la espada blandirse, pero nunca le llegó el corte. En su lugar, se abrió una rotura en el aire. Un pasaje hacia el abismo.

—Vámonos— ordenó.

Mobei asintió, listo para acompañarlo.

Sólo después de cruzar la grieta, Luo Binghe pareció recordar algo.

—Sabes qué hacer.

Sólo en ese momento, el único demonio sobreviviente se percató de la presencia de la bella mujer demonio de ropas rojas que se ocultaba en las sombras.

—Dejámelo a mí, cariño.

El portal desapareció tras cruzar Luo Binghe y Mobei Jun, dejando solos a ambos demonios.

—Verás, a mi esposo le gusta mantener en secreto algunas cosas.

Xie Lian era un hombre cuya naturaleza siempre fue preocuparse por la salud de otros, incluso  más que por la suya. Nunca vió esto como un un acto noble, era parte de él. Si bien muchas veces le había traído varios problemas, no era un aspecto que Xie Lian estuviera dispuesto a cambiar. Eso lo llevó a enseñarle a Shen Qingqiu los aspectos básicos de su nuevo cuerpo, en busca que no vuelva a ocurrir un suceso como el de las cuevas.

Xie Lian había dicho que un demonio no tiene corazón, Shen Qingqiu le creyó. No era necesario comprobar, no sólo porque fue su Dios quién lo dijo, sino porque la ausencia de latidos era evidente.

No había un corazón latente dentro de él. ¿Por qué, entonces, ahora parecía no parar de escucharlo?

—¿Es... aquí?

Hua Cheng asintió. Se encargó de asegurarlo con diversos demonios.

Shen Qingqiu observó el paisaje desolado. No había más que tierra y piedras, un pasaje aislado, sin árboles o rocas, nada que pudiera servir como escudo ante una lluvia de flechas proveniente de ambos acantilados.

Perfecto para una emboscada, bastante obvio también.

'Yue Qingyuan, tú... tan idiota...'

No sólo Shen Qingqiu, todos pensaban lo mismo. Era imposible no suponer que algo ocurriría de ser citado aquí.

—¿Y? ¿Qué hacemos ahora?— preguntó Liu Qingge, quién terminó por acompañarlos pese a todas las protestas de Shen Qingqiu.

—Ser pacientes, esperar a que oscurezca— respondió Xie Lian—. Por lo general, si su alma no ha cruzado, debería estar aquí.

Ya era casi el anochecer, a minutos del ocaso. Eso era bueno, la noche es susceptible a los espíritus.

Sólo quedaba esperar...o aceptar que no había ningún alma en el lugar.

—Gege no debería estar preocupado.

Él murmullo en su mente erizó la piel de Xie Lian. Un ojo divertido enfrentó su puchero.

—San Lang...

Incluso cuando quería reprenderlo por burlarse de él, por más juguetona que hubiese sido la forma de expresarse, Hua Cheng había acertado en sus sentimientos actuales.

Xie Lian regresó su atención a las figuras de Liu Qingge y Shen Qingqiu, una junto a la otra, inmóviles y expectantes a que algo ocurriera.

—San Lang...¿crees...que él siga aquí?

—Eso es difícil de decir— respondió—. De convertirse en un fantasma tras su muerte, no sería necesario esperar la noche, él aparecería por si mismo en cuanto viera rostros conocidos.

—Pero él no ha aparecido...— intervino Xie Lian—  Y eso sólo significa que se ha alejado del lugar de su muerte, así como varios fantasmas se dirigen a Ghost City; o...

—O que él nunca llegó a convertirse en fantasma— confirmó Hua Cheng.

El cielo de colores rojos, naranjas y amarillos fue abandonado por el día, cediéndole el paso a tonos violetas, morados y azulados.

Xie Lian no quería ser pesimista, pero si ese era el caso...

Por más poderosa que sea un alma, si no tiene el suficiente poder para adquirir al menos una forma fantasmal, me temo... eventualmente desaparecerá de este mundo...

Xie Lian apretó sus puños en un acto inconsciente.

Sin está persona, ¿qué pasaría con Shen Qingqiu? ¿En verdad se convertiría en una búsqueda en vano?

Otra mano sujeto las suyas, relajando sus músculos.

—Gege, no subestimes la voluntad de los muertos.

Aunque el toque era gentil y cariñoso, las palabras suaves y tiernas, Xie Lian se sintió mal en su corazón. No quería que Hua Cheng interpretara de forma errónea sus pensamientos.

—Es sólo... Él... Quiero ayudarlo a cumplir su deseo...— Él último anhelo de su corazón.

—Pero, Gege, ¿no lo has hecho ya?

Con sus mirada fija en un punto, Xie Lian guío sus ojos a la misma dirección. Ambos observaron la figura de Liu Qingge.

—Gege mencionó que su deseo era no guardar más resentimiento. ¿No es él la prueba que la oración ya se ha cumplido?

De alguna forma, sí. Lo era.

—Estoy seguro que él también se ha dado cuenta— aseguró, está vez observando a Shen Qingqiu—. Puedo decirlo por su actitud actual.

Xie Lian también observó. Incluso cuando había un deseo irradiando en él, ilusión y anhelo por una aparición, la desesperación no llega con cada minuto en decepción. Hay aceptación, hay tristeza también, entre ambos sentimientos, incluso se identifica el alivio. No parece decepcionado.

Dos imágenes de Shen Qingqiu se superponen entre sí en las memorias de Xie Lian: la mirada carente de emociones que observaba un cielo con envidia, y los ojos cansados que finalmente buscaron sesgar el dolor en un sueño tranquilo.

Actualmente, Shen Qingqiu no es ninguno.

La ira de su renacimiento se ha atenuado.

Ya sea que el alma se haya desvanecido o no, los sentimientos y aprendizajes actuales no se irán por ello.

Al final, "retroceder" nunca fue una característica de Shen Qingqiu.

Como siempre, San Lang es perceptivo.

Xie Lian regresó el apretón en las manos, agradeciendo en silencio el apoyo.

—Aunque...aún me gustaría...que se puedan encontrar de nuevo.

Por su parte, mientras la oscuridad cubría más el cielo, Liu Qingge no soportó la misma duda.

—¿Crees que él siga aquí?

—Tú en serio no tienes ni una pizca de empatía, ¿no es así?

Sólo Liu Qingge haría una pregunta tan directa de un tema doloroso. Él era así. Franco, sencillo, sin pensar demasiado. Shen Qingqiu suspiro, rendido a esa sincera espontaneidad.

—No lo sé— fue honesto.

Yue Qingyuan siempre fue un tonto predecible, pero en los momentos clave nunca actuó como Shen Qingqiu esperaba.

Las sombras ya habían envuelto gran parte del cielo y la tierra, sólo quedaban unos pocos rayos solares para iluminar al mundo.

—¿Qué harás...si él se ha ido?

Shen Qingqiu entrecerró sus ojos, la última luz desapareciendo con cada nuevo segundo en el horizonte.

—Quién sabe... Tal vez destruya el mundo.

Liu Qingge lo evaluó, buscando verdades y mentiras. Su ceño se profundizó.

Ante la mirada intensa de Liu Qingge, Shen Qingqiu se percató de la ausencia y necesaria compañía de un abanico.

—Sí, claro— se burló.

—¿Crees que no puedo hacerlo?

Liu Qingge dudando de su habilidad de nuevo era demasiado frustrante.

—Creo que puedes hacerlo— confesó.

Shen Qingqiu estaba lo suficiente sorprendido para olvidar el fuego del día que se extinguía, optando por observar a Liu Qingge en su lugar, quién observaba sus manos libres de energía negativa, un resultado que él jamás habría logrado solo.

Liu Qingge siempre había sido un imán de luz, Shen Qingqiu descubrió en ese momento que la muerte no podría quitarle ese don. El último vestigio del día fue capturado por los ojos de Liu Qingge, dónde la imagen de Shen Qingqiu era la única presente.

—Pero...¿quién habla de destruir el mundo con un rostro tan triste?

Como una aliada, la oscuridad nocturna oculto su expresión sorprendida.

Además de la negrura, ninguna luz se alzó en las tinieblas.

Ninguna...

En ese lugar, aparte de ellos, no había nadie. Ni una sola alma podía observarse.

Ni una sola.

Yue Qingyuan no estaba ahí.

Xie Lian mordió el interior de sus labios, Hua Cheng cerró su ojo, Shen Qingqiu observó el camino desierto sombrío. De nuevo, había sido dejado atrás...

Hay sentimientos divididos.

Por un lado, está molesto, nunca creyó que lo abandonaría, contaba con su presencia, su sonrisa. Saber que su espíritu se ha ido mientras que el suyo ha quedado varado en el mundo de los vivos y los muertos es frustrante.

Sin embargo...él también está aliviado. La ausencia significaba que Yue Qingyuan había trascendido a otra vida, una nueva oportunidad para ser feliz, lo que siempre mereció. Ya había dado todo por Shen Qingqiu, enojarse con él por no darle más tras morir sería un nuevo nivel de egoísmo.

Aún así...

Aún así...

Duele...

El pensamiento de nunca volver a verlo...duele mucho.

Él en verdad...Shen Qingqiu en verdad...quería pedirle disculpas.

—Oye.

La luna salió de las nubes, Shen Qingqiu miro a Liu Qingge, cuyo llamado fue dirigido a ambos hombres detrás de ellos.

—¿Ahora qué?

Xie Lian lo observó sorprendido, incluso Hua Cheng abrió un poco su ojo al ser tomado desprevenido. "¿Ahora qué?", no había nada más que se pudiera hacer.

—Tú dijiste "por lo general". Pues bien, él no está aquí. ¿Ahora qué? ¿A dónde vamos?

—Bueno...eso...

Xie Lian no tenía idea... Tampoco lo había pensado.

No sabía si existía un lugar similar a Ghost City en esa tierra, tal vez deberían investigarlo, o al menos buscar en áreas circundantes.

Shen Qingqiu, Xie Lian y Hua Cheng, los tres se dieron cuenta gracias a Liu Qingge... se habían rendido demasiado rápido.

Shen Qingqiu observó la luna, las estrellas que adornaban la oscuridad nocturna.

En medio de la nada, el cielo era una vista hermosa.

Shen Qingqiu pudo verlo con claridad, túnicas negras y una pequeña sonrisa. Sí, Yue Qingyuan no estaba ahí, y lo más probable era que su alma se había esfumado, pero...al menos...

—Hasta que no haya recorrido todo el mundo, no voy a aceptarlo— 'No me rendiré aún...'

Liu Qingge sonrió de lado, mientras el nudo de preocupación de Xie Lian finalmente se deshizo en su totalidad.

Sin estar sujeto al pasado, sin negarse a mirar un futuro, sin ser más una excusa para convencerse de olvidar y continuar. Esta vez, la declaración venía del sincero sentimiento en el corazón por encontrar a quien era importante para él.

—Esta vez, es mi turno de buscarte, Qi Ge...— murmuró.

El viento sopló, y trajo consigo un susurro.

—Xiao Jiu...

Fue un llamado débil, una voz frágil, pero Shen Qingqiu no lo imagino, no lo hizo, y el estado atónito de todos lo demostraba.

—Esa voz...— Liu Qingge tampoco podría confundirla— ¿Zhangmen Shixiong?

No hubo respuesta, ninguna.

Shen Qingqiu lo intentó.

—¿Yue Qingyuan?

Fue un fracaso.

De no ser porque los cuatro lo habían escuchado, Shen Qingqiu ya lo habría tomado como un delirio de su mente anhelante.

—¿San Lang?— preguntó Xie Lian, esperando que él tuviera una explicación al fenómeno.

El dedo de Hua Cheng se posaba en su barbilla, un aspecto meditativo.

—No tiene consciencia...— respondió.

—¿A qué te refieres?— preguntó Shen Qingqiu, aunque sonaba tranquilo, el timbre de preocupación aún podría notarse si se prestaba la suficiente atención.

—Él está aquí, pero su voz apenas fue audible, ni siquiera puede mostrarse, por lo que su alma debe estar dañada de alguna forma. Lo más probable es que reaccionara a algún estímulo especial.

—¿Qué clase de estímulo?— preguntó Liu Qingge.

—No podría decirlo. En estos casos, el alma despierta gracias a alguna pertenencia, algo a los que estuvieron fuertemente ligados en vida, algo muy importante para él.

Liu Qingge frunció el ceño, no tenían con ellos nada así.

Shen Qingqiu no pensaba igual. Sus manos se cerraron en un puño, temblando un poco. Arrepentimiento y dolor lo llenaron.

'¿Tanto así...? ¿Tanto así querías escucharlo de nuevo?...'

Respiro, alejó el sentimiento de remordimiento.

—Este nombre me irrita cada vez que lo escucho, hace mucho tiempo que lo olvide. Por favor, Shixiong, olvídate de él también.

—¿Eso significa que cuando estés dispuesto a responder este llamado mío, habrás dejado de sentirte irritado por eso?

—Qi Ge...

Y lo captó.

Por un segundo o menos, un brillo tenue, como...como las brasas de un fuego.

Sin explicar nada, Shen Qingqiu camino a esa dirección. Xie Lian, Liu Qingge y Hua Cheng lo observaron sin entender, pero lo siguieron aún así.

—Qi Ge— intento de nuevo, más alto está vez.

Todos lo vieron está vez, al centro del camino, un resplandor suave, centelleos de luz que luchaban por no extinguirse.

'Ahí estás.'

Al final, debería comprobar la ausencia de su corazón, después de todo. Los latidos no podían ser ficticios.

Shen Qingqiu fue el primero en salir del estupor; era eso, o el resto le dio la oportunidad de ser quien se acercara antes que nadie.

Donde estaban fue probablemente el lugar exacto donde la vida fue perdida.

Shen Qingqiu se arrodilló a la altura del resplandor, podía imaginar a Yue Qingyuan en la misma posición, mil flechas en su espalda.

Por él.

—Qi Ge...— llamó, la luz se intensificó, reconociendolo.

El corazón de los demonios no late...pero todavía pueden sentir.

Una lágrima cayó, perdiéndose en la noche.

Les ha tomado una vida, pero...la promesa de hace años, finalmente fue cumplida.

'Gracias...por regresar conmigo.'

—Le tomará un tiempo adquirir una forma física, pero lo hará una vez se recupere.

—¿Por qué está en este estado?— preguntó Shen Qingqiu, una bolsa en sus manos, donde el alma de Yue Qingyuan se encontraba resguardada.

Yue Qingyuan tenía una energía espiritual inconmensurable, no debería haber sido problema para él convertirse en fantasma tras su muerte.

—Que un alma se rompa no es sencillo— respondió—. Tuvo que sufrir un gran dolor antes de su muerte; aunque el alma aún mantenía un poco de su mente, por lo que no debió ser el caso. Es probable que fuese su causa de muerte, las flechas debieron estar cubiertas de energía demoníaca, eso seguro dañó, además del cuerpo, el espíritu. También pudo ser una combinación de ambos.

Shen Qingqiu asintió con lentitud.  No dudaba que Yue Qingyuan sufriera no poder salvarlo, probablemente considerándose un inútil antes de morir.

—Por su estado, el simple hecho de no desvanecerse por completo con todos estos años es una hazaña increíble— agregó Xie Lian. Miro a Shen Qingqiu y el espíritu en sus manos, sonriendo por ambos—. Fue tal como dijiste— continúo—, se negó a irse.

Shen Qingqiu acercó el alma a su pecho, le dio un poco de calidez a su cuerpo.

Se negó a dejarlo otra vez.

Al final, Shen Qingqiu jamás podría solucionar su naturaleza egoísta. Sabiendo que era mejor para Yue Qingyuan irse y olvidar todo su sufrimiento en otra vida, que haya preferido quedarse con él lo hacía sentir...feliz.

—Shen Qingqiu— llamó Xie Lian, su rostro era serio está vez, y tal vez fue eso lo que lo hizo sentir incómodo; también pudo ser el escucharlo decir su nombre, aunque...con Yue Qingyuan en sus brazos, algo no se sentía correcto—, ya has encontrado a quien buscabas, ¿qué harás ahora?

Liu Qingge, quién se encontraba recargado en la pared, sus brazos cruzados, abrió sus ojos al escuchar la pregunta, y, igual que Xie Lian, miro a Shen Qingqiu expectante.

Su deuda con él, planeaba pagarla. Se prometió seguirlo, pero si Shen Qingqiu en verdad quería destruir el mundo...no está seguro de poder hacerlo...

Enfrentando esa pregunta de nuevo, Shen Qingqiu pensó en su pasado de nuevo.

Pensó en sus esclavistas, en los Qiu, en  Wu Yanzi, en Liu Qingge, en Yue Qingyuan, en Luo Binghe.

Pensó en la injusticia del mundo y en la vida de mierda que le tocó vivir.

Pensó en él mismo. En el niño cuya preocupación era marcar territorio, el adolescente que pasó sus días esperando, el joven que mató para sobrevivir, el adulto que fue consumido por el rencor.

Pensó...

Pensó en la estatua que lo acompañó hasta su muerte.

Pensó en el Dios que escuchó su voz.

Pensó en el Demonio que lo aconsejo.

Pensó en el fantasma que lo siguió.

Pensó en el alma que se quedó.

Pensó...en la plegaria que los trajó a él.

La muerte es muy extraña.

Con ella el mundo cambia, las personas cambian. Se modifican las perspectivas, se alteran las opiniones.

Acompañada de dolor y perdida, la muerte trae principalmente el cierre de una historia. Sin posesiones, sin relaciones, el pasado se pierde, todos continúan escribiendo su propio libro. Incluso si al principio la historia es contada a voces, con el transcurrir del mundo, la novela se volverá cuento, después un simple recuerdo, hasta que finalmente todos olviden su contenido, hasta que todos olviden que el libro siquiera existió.

¿Qué hará ahora?

¿Qué quiere ahora?

Cerrado su propio libro, descubrió que no le interesa volver a abrirlo. Dispuesto a dejarlo desaparecer como todo está destinado a hacerlo.

No lo sabe.

No tiene idea.

Hay una flor entre la estatua en ruinas.

Cuando la vio, Shen Qingqiu pensó que era lamentable. Viendo hacia atrás de nuevo, en la cueva oscura, entre los escombros del cuerpo, la flor intacta era...una bella imagen.

Un escritor no sólo debe tener un libro. Ahora mismo...¿no está escribiendo otro?

¿En serio necesita tener una respuesta?

La vida es, después de todo, un libro con un principio y final incierto.

—Por ahora, me basta con esperar que se recupere— respondió, refiriéndose a Yue Qingyuan, amarrando la bolsa atrapa espíritus en su cinturón—; mientras lo hago...puedo viajar y decidir en el camino.

Liu Qingge exhaló, una sonrisa se formó.

Xie Lian se animó tras escucharlo. 

—¿Tienes algún lugar especial con el que comenzar?— preguntó, su interés evidente.

Shen Qingqiu lo contempló. Su vida siempre fue como el océano, con sus olas y mareas cambiantes, siempre preocupado por soportarlas que nunca tuvo la oportunidad de disfrutar del agua.

No tenía ningún lugar que alguna vez haya considerado visitar.

—No lo tengo...— confesó.

Contrario a su expectativa, Xie Lian se animó incluso más al escucharlo.

Xie Lian miro a Hua Cheng, una súplica silenciosa. Hua Cheng daría a Xie Lian todo lo que deseara, aceptaría todas sus peticiones sin pensar.

—En realidad, yo...he estado pensando...— inició Xie Lian, un poco avergonzado— Ghost City...necesita una escuela.

Shen Qingqiu estaba confundido, Liu Qingge también, aunque él por muchas más razones.

—¿Ghost City?— preguntó Liu Qingge— ¿Dónde es eso?

—Es su territorio— explicó Shen Qingqiu, observando a Hua Cheng—. Una ciudad bulliciosa donde se reúnen fantasmas, demonios y toda clase de seres.

—Estás bien informado— elogió Hua Cheng, ahorrandole un poco de cara al no preguntar razones. No necesitaba aclararlas.

—Es un lugar encantador, también todos los que la habitan. Son buenas personas— agregó Xie Lian, provocando una sonrisa en Hua Cheng.

—Sólo Gege podría pensar así de idiotas como ellos.

Shen Qingqiu y Liu Qingge estaban de acuerdo. No podían imaginar una ciudad repleta de monstruos siendo "encantadora" y con "buenas personas".

—Son buenas personas, San Lang, sólo les falta un poco de educación— replicó Xie Lian—. Aún cuando hay toda clase de seres, hay quienes incluso no saben escribir ni leer.

Shen Qingqiu notó que la sonrisa de Hua Cheng vaciló con eso, pero no le importó la razón, su atención completa en Xie Lian.

—Por lo mismo, tampoco hay nadie quien les enseñé. He querido hacerlo, pero estoy muy ocupado atendiendo oraciones, no tengo tiempo. Así que...— Xie Lian tomó las manos de Shen Qingqiu entre las suyas, quién consiguió reprimir el impulso de alejarlas— Dado que solías ser maestro, pensé que tú podrías...

Su voz se fue apagando a medida que Shen Qingqiu no mostró reacción. Acaso...¿era demasiado? Shen Qingqiu apenas estaba decidiendo su camino, empujarlo tal vez no era correcto... Pero dejarlo deambular sin rumbo...tampoco parecía bien.

—Sólo...si estás de acuerdo...¿por qué no inicias con Ghost City? No necesariamente con la escuela, al menos...hasta que decidas a dónde ir.

Shen Qingqiu ya no estaba escuchando.

Enseñar... ¿Tenía el derecho de volver a hacerlo? Él...¿merecía tomar el manto de maestro de nuevo?

No. Él ni siquiera podía decir que fue un maestro antes.

Tantos futuros arruinados por su culpa, por su ineptitud...

Shen Qingqiu...no fue hecho para ser maestro.

—Es buena idea.

Shen Qingqiu se sobresaltó al sentir la voz de Liu Qingge a su lado.

—Tú podrías enseñarles a escribir, leer e incluso música. Yo me encargaré de entrenar su cuerpo para que no sean intimidados. Sí, hagámoslo.

Shen Qingqiu quedó sorprendido por la determinación de Liu Qingge. Él...

—Tú...apenas y dabas algunas lecciones a los discípulos de Bai Zhan. ¿Qué te hace pensar que puedes manejar la tutoría de nuevo?

¿Cómo podía aceptar ser maestro otra vez aún con sus fallas en vida?

—Por eso mismo— respondió, su mirada siguiendo la de Shen Qingqiu, su tono dando a entender que la respuesta debería ser obvia—. Antes no enseñé cómo debía hacerlo, pero puedo redimirme con esto enseñando apropiadamente. ¿No es lo mismo para ti?

La simpleza de Liu Qingge...era en esa clase de momentos dónde Shen Qingqiu más la envidiaba.

Redención, una palabra apropiada.

No lo había visto de esa forma.

El destino en las estrellas es curioso. Tal vez esto era lo que querían para él.

Esta vez...debía hacerlo bien.

Sería su karma.

Al ver a Shen Qingqiu sonreír por el comentario de Liu Qingge, Xie Lian intentó otra vez, un poco de esperanza en su voz.

—Entonces...¿qué dices? ¿Nos acompañarás a Ghost City?

Con sus manos unidas, la piel fría de Shen Qingqiu se calentó, un calor que dio más vida a su cuerpo, un calor que embargó su ser, dándole un nuevo sentido.

—Eso no será posible.

Las palabras cayeron como hielo, el estómago de Shen Qingqiu se hundió en sólo un segundo.

No había reaccionado aún cuando el dolor atravesó su espalda, gritar ni siquiera fue permitido, cinco dedos presionando su garganta. Un gran cráter de formó en la pared, sus oídos zumbaban, la sangre quedó impresa en la roca, caía de su frente.

Directo a su oído, un susurro macabro.

—Te encontré, Shizun~

Aún con su vista desenfocada, siempre podría reconocer aquel destello carmesí.

—¡Shen Qingqiu!

Un gritó sincronizado por Xie Lian y Liu Qingge, pero, antes de poder acercarse, una pared de hielo detiene sus pasos.

Igual que Luo Binghe, Mobei Jun aparece de la nada, bloqueándolos.

—¡Tú eres...!

Liu Qingge lo identifica de inmediato, una suposición se arma, su vista regresa de nuevo a Shen Qingqiu, quién continúa siendo estrangulado.

—Eso quiere decir... ese tipo es...

—Luo Binghe— Hua Cheng está de acuerdo.

Hay un estruendo, toma a todos desprevenidos. Luo Binghe se ve forzado a soltar a Shen Qingqiu, esquivando un gran trozo de hielo que se dirigía a golpearlo.

Ni bien lo soltó, un aura asesina hizo a Luo Binghe alejarse, aterrizando junto a Mobei Jun. Sólo pudo ver un destello antes de perder el objeto dentro de la túnica blanca.

Shen Qingqiu cayó de rodillas, tosiendo con fiereza; aunque no podía morir de asfixia, eso no alejaba el dolor en su garganta.

Dos túnicas blancas, cuatro manos lo sostienen, un apoyo en sus hombros y espalda, cubren su cuerpo herido.

Shen Qingqiu se relaja.

No está solo.

No más.

Luo Binghe frunce el ceño. Nadie además de él puede tocar a su Shizun. Shen Qingqiu tampoco merece la preocupación de nadie. Escudriñó a ambos, llevándose una gran sorpresa.

—¿Liu...Qingge?

Liu Qingge detiene su atención a Shen Qingqiu para encarar a Luo Binghe, el viento cálido pegó a Luo Binghe como el frío glaciar al confirmar su sospecha.

—¿Cómo es posible?... Tú estás...

Muerto, la palabra no fue pronunciada, pero aún sintió la animosidad que provocó la implicación.

No se sintió intimidado en lo más mínimo.

No podía hacerlo, no cuando un hombre supuestamente muerto desde hace años aparece vivo de la nada. La intriga era más grande.

—¿Qué eres?— exigió saber, obteniendo un silencio a cambio. Liu Qingge no estaba dispuesto a decir nada.

El tiempo en verdad se detiene con la muerte.

El Señor del Pico Bai Zhan rara vez era visto, incluso por sus mismos discípulos, prefiriendo el retiro aislado para aumentar el nivel. Fueron contadas las veces que Luo Binghe tuvo el honor de ver a Liu Qingge en vida.

Por supuesto, como un joven ingenuo e inocente, Luo Binghe, como el resto de los hombres, sentía una sincera admiración por el Señor de Pico, lo que lo llevo a guardar como recuerdos valiosos esos pequeños encuentros con el «Dios de la Guerra». Después, Liu Qingge murió y Luo Binghe recibió su herencia. Tal figura magnífica perdió importancia, sólo siendo recordada para el juicio por su muerte.

Ahora, sin embargo, las memorias regresaban con claridad. El aspecto, la actitud, todo era igual a la última vez que Luo Binghe vio a su Shishu vivo. En ninguno de los dos reinos había escuchado de algún hechizo, monstruo o habilidad capaz de asimilar apariencias, en especial sin ninguna referencia.

Si no era una imitación, entonces...

—¿Un fantasma?— adivinó.

El ceño en Liu Qingge se profundizo, lo que Luo Binghe tomo como un "sí".

Interesante.

—Vaya, vaya. El mundo da vueltas inesperadas, ¿no lo cree usted también, Liu Shishu?

No sólo Liu Qingge, al escucharlo, Shen Qingqiu estaba seguro de poder escupir sangre de la rabia. El nivel de descaro de Luo Binghe era increíble.

—¿Quién demonios es tu Shishu? Después de todo lo que hiciste, ¡no tienes vergüenza!

—¿Todo lo que hice...?— las palabras fueron secas y el desprecio evidente— Ah, claro, porque todos los miembros de Cang Qiong siempre fueron justos y morales— se burló con sorna.

—Un demonio como tú, ¿que puede saber de esas cosas?

—Liu Shishu es directo y sincero con sus pensamientos. Shizun, creo que puedo entender tus motivaciones para terminar con él.

Liu Qingge nunca fue un hombre tolerante. Luo Binghe insistiendo en  referirse a ambos como "Shizun" y "Shishu" era un insulto completo a toda Cang Qiong. ¿Y qué si la Secta dejó de existir hace tiempo? ¡Liu Qingge no podía permitir tal humillación a su nombre!

Esta vez fue Shen Qingqiu quién sujeto la mano de Liu Qingge cuando está dejo su hombro. El mensaje era claro: no seas imprudente.

El brillo en los ojos de Luo Binghe se atenuó tras observar el intercambio, sólo para resurgir con más intensidad.

Sonrió, un gesto peligroso.

—Aunque...me intriga... ¿Por qué Liu Shishu ayuda a la escoria que lo asesinó?

El apretón titubeó, está vez fue el turno de Liu Qingge de sostener con fuerza la mano de Shen Qingqiu, evitar que se alejara.

—¿Qué te importa?

Tal insolencia, Luo Binghe no la había experimentado en mucho tiempo.

—Ah... Liu Shishu tiene razón, ¿qué puede importarme, cuando tu alma quedará tan rota que no podrá volver a formar un cuerpo físico?

Luo Binghe dio un paso adelante, listo para cumplir con su palabra, pero no fue el único, Xie Lian hizo lo mismo, interponiéndose entre los tres.

Esta vez, a Luo Binghe lo enfrentaron un par de iris canela. Un cara familiar, aún sí no está seguro de dónde.

—Apártate— ordenó, su marca demoníaca brilla, una amenaza tácita. 

—No puedo hacer eso.

—Entonces sufre las consecuencias.

En un movimiento veloz, Xin Mo fue desenfundada, enviando una potente onda demoníaca directo a ambos.

Xie Lian se preparó para recibir el ataque. No tuvo que hacerlo.

Otra onda de poder llegó de la dirección contraria, una explosión se originó con la colisión de ambos golpes.

Los ojos de Luo Binghe se tornaron rojos, nadie nunca había parado un ataque suyo con tanta facilidad.

De repente, en la penumbra, cientos de mariposas plateadas aparecieron, formando una vista espectacular. En medio de ellas, Luo Binghe observó a un hombre con un cabello oscuro que rivalizaba con la noche, piel tan blanca como la nieve y túnicas carmesí más rojas que el arce, los adornos en ella destellan con la luz de las mariposas, al igual que la perla en la punta del cabello. El parche en el ojo destacaba, pero no más que la enloquecida pupila escarlata en la cimitarra.

—Quién se atreva a atacar a Gege, debe estar preparado para morir.

Por primera vez desde que tomó su herencia, Luo Binghe sintió la presión de una fuerza abismal que no era la suya.

Él debía ser el demonio del que le hablaron.

—¿Quién eres?— exigió saber— Nunca te había visto.

—¿Por qué debo decirte? Morirás por tu osadía.

—Eso debería decirlo yo.

No hubo una señal.

Chispas comenzaron a volar, E-Ming y Xin Mo disputando entre sí. El impacto del metal chocando causaba ondas que desprendían tierra y mandaban piedras a volar. El sonido que provocaban con cada embestida resonaba en todo el cañón. El nivel de desastre a su alrededor no podía ser medido, el encuentro jamás podría ser descrito, dos espadas legendarias luchaban por ser quien saldría victoriosa.

Por su parte, sin necesidad de una orden, Mobei Jun comenzó su propio ataque. Hielo se formó en el suelo con el objetivo de capturar a todos.

Xie Lian tomo a Shen Qingqiu y salto, igual Liu Qingge, evitando con éxito el ataque.

—Ya estoy bien— dijo Shen Qingqiu, liberándose de las manos que lo sujetaban. Tentó su cinturón, respirando aliviado porque la bolsa no sufrió daño. Encaro los ojos helados e inexpresivos de Mobei Jun de frente—Ahora, debemos encargarnos de él.

Hua Cheng daría buena pelea a Luo Binghe, aunque no tenía idea sobre quién podría resultar vencedor, al menos debería poder ganarles algo de tiempo para lidiar con el segundo problema.

En ese momento, temía, Mobei Jun era el peor tipo de contrincante que podían tener.

Dando un paso adelante, Mobei Jun habló, su mirada fija en Xie Lian.

—Eres fuerte— Shen Qingqiu estaba consciente, no cualquiera podría romper el hielo del Rey del Norte y aún moverse con facilidad—. Me encargaré primero de ti.

Una ráfaga de frío acompañó los ataques de hielo. Xie Lian esquivaba con destreza, rompía bloques con su puño, pero no podría hacerlo por siempre, eventualmente, llegaría a un límite.

Ni Liu Qingge ni Shen Qingqiu perdieron el tiempo, sus pies corrieron para encontrarse a Mobei Jun de frente. Él no lo permitiría. Antes de acercarse demasiado, paredes de hielo serían formadas, estacas que saldrían del piso conseguirían herirlos de no ser por sus reflejos y velocidad de reacción.

—¡Es inútil!— gruño Liu Qingge— No podemos acercarnos lo suficiente para una pelea cuerpo a cuerpo. Si tan sólo tuviera una espada...

Shen Qingqiu observó sus manos vacías, para él era lo mismo. ¡Además de Hua Cheng, ninguno de ellos poseía una espada!

Sin ningún arma espiritual,  acercarse para una lucha de puños era una tarea complicada, por no decir imposible. Ganar contra un luchador de largo alcance sin un arma, ¡que gran broma!

Para el colmo, en ese terreno desierto, ¡no había forma de conseguir nada para ayudarlos!

Liu Qingge seguía tratando de acercarse, fallando en cada intento, hasta que escuchó a Shen Qingqiu.

—No podremos acercarnos así...

Shen Qingqiu yacía de pie, se había alejado lo suficiente del hielo, la imagen perfecta de la rendición.

Liu Qingge apretó sus dientes con fuerza, no porque eso fuera verdad, sino por tal actitud derrotada.

—¡Entonces piensa en algo!— gritó— ¡¿No eras el Señor de Qing Jing?! ¡¿No eran las estrategias tu punto fuerte?!

Liu Qingge llegó hasta dónde Shen Qingqiu y lo tomó de los hombros.

—¡Vamos a ser maestros!— recordó— ¡Vamos a esperar a que Yue Qingyuan se recupere! ¡No te des por vencido aún y muévete!

Shen Qingqiu suspiro. En verdad...Liu Qingge animandolo era...inverosímil.

—Tan ruidoso... ¿Quién te dijo que me rendí?

Shen Qingqiu levantó su rostro, dos tonos de ojos se enfrentaron, una determinación creciente.

—Destruyelos— ordenó—. Todo hielo que aparezca, hazlo pedazos.

—...Lo haces sonar sencillo.

Un hielo tan grueso, no sería una tarea fácil.

—No eras el Dios de la Guerra sólo por tu espada.

Liu Qingge bufo, soltó a Shen Qingqiu  y camino directo a las paredes que los bloqueaban.

—¿Después?

—Eso déjamelo a mí.

Liu Qingge se detuvo, sospechando.

—...¿Podrás hacerlo?

Shen Qingqiu lo pensó un segundo.

—...No lo sé... Pero debo intentarlo, ¿verdad?

Por su lado, Xie Lian continuaba evadiendo los ataques de hielo, rompiéndolos de ser necesario.

Hace siglos que perdió la sensibilidad al dolor, pero, aún incapaz de sentir, el cuerpo reacciona a una herida. Sus movimientos, se percató, eran más lentos que antes, costaba más trabajo aplicar gran fuerza en sus puños. ¡Era el frío! ¡Lo estaba entumeciendo! Si se dedicaba únicamente a defenderse y abandonaba el ataque, el final podría ser desastroso.

Nunca se había enfrentado a un poder semejante. Definitivamente, los demonios de esas tierras no podían menospreciarse.

—Mi Señor me necesita, no tengo tiempo para perder contigo.

¡La voz sonó justo en frente!

¡Mobei Jun tomó la iniciativa de un cuerpo a cuerpo!

Aunque Xie Lian consiguió bloquear el golpe, todavía retrocedió varios pies por la fuerza, ¡que palma tan pesada!

Para su mérito, Mobei Jun mostró signos de sorpresa al verlo de pie, aún capaz de luchar.

—Para ser humano, tienes una buena resistencia— alabó—. Supongo que no puedo ir fácil contigo.

Descubrir que eso era "ir fácil" consiguió despertar los nervios de Xie Lian. No porque fuese incapaz de ganar, sino porque, si está era la habilidad de un subordinado, ¿qué se podía esperar del Señor?

En un momento de preocupación, su mirada se desvío a la pelea no muy lejana. No había más que destellos rojos y plateados, la velocidad de ambos combatientes más allá de poder seguirse con la mirada.

'San Lang...'

Debía terminar. Debía hacerlo rápido para ayudar a Hua Cheng.

—¿Seguro que puedes ignorarme?

Una espada negra en su totalidad se formó del hielo, sea lo que sea, no era un buen presagio. ¡Debía actuar ahora o la situación podía empeorar!

—¿Y tú...?

Mobei Jun sintió la amenaza. ¡Esa energía...!

Olvidando a Xie Lian, Mobei Jun regresó su atención a las dos personas que pensó tenía bajo control.

Decenas...cientos...¡miles de pequeños pedazos de hielo flotaban en el aire! ¡Todos cubiertos con energía demoníaca!

—¿Estás seguro de poder ignorarnos?

Mobei Jun observó a Shen Qingqiu, atónito.

—Tú... ¿Cómo es posible?

Todos los trozos cayeron como una lluvia de estrellas sobre Mobei Jun.

Por si solo, el hielo ya era duro. Cubierto con la energía de Shen Qingqiu, la potencia debió de multiplicarse al menos tres veces más. 

Un ataque aterrador, la oportunidad perfecta.

—¡Rouye!

Con la orden, la tela blanca salió disparada, Mobei Jun fue sujetado con firmeza. Ya sea que el ataque lo haya afectado o no, Rouye seguía siendo un arma demoníaca de primer nivel, ¡escapar no era posible!

Cuando el panorama se aclaró y el hielo dejo de llover, Mobei Jun todavía no se movió, por lo visto, al menos por unos minutos estaría inconsciente.

Xie Lian agradeció a los cielos, temía que en verdad intentará zafarse y tuviera que ir con Mu Qing para que arreglará a Rouye de nuevo.

—Buen trabajo— felicitó, sólo para percatarse del mal estado de Shen Qingqiu.

Ante de caer, Liu Qingge ya estaba sosteniendo su espalda.

—Lo lograste— felicitó.

Shen Qingqiu se dedicó a tranquilizar su respiración.

—Mírame. Apenas y podemos llamarlo éxito.

Incrustar energía en los objetos siempre fue su mejor habilidad, pero todavía no podía manejar la energía demoníaca como la energía espiritual, y las hojas eran, por mucho, más livianas que el hielo.

Xie Lian se acercó, contento de confirmar que sólo estaba débil por agotamiento. Un poco de descanso y estaría bien.

—Es porque aún no estás acostumbrado. Hay muchas cosas que debes aprender, separar la energía demoníaca de la espiritual, por ejemplo. Cuando lo hayas logrado, cansarte no será tan sencillo.

'Eso es bueno...'— pensó. No sabía que era posible utilizar energía espiritual a pesar de ser demonio. Estaba más acostumbrado a la energía espiritual, de todas formas.

Pero, antes de eso...

Luo Binghe desvío otro ataque de la cimitarra, pero Hua Cheng consiguió burlar a tiempo la patada a sus costillas.

Otro torrente de mariposas se precipitó hacia Luo Binghe, pero cayeron muertas ante el miasma demoníaco que Xin Mo liberaba.

Luo Binghe y Hua Cheng conocían su aptitud en batalla, así como reconocían la de su oponente. Xin Mo nunca encontró un rival antes, pero E-Ming, así como no podía causarle ningún daño a Xin Mo, también resistía con la misma facilidad sus ataques. La habilidad tampoco era mala, Luo Binghe se atrevía a aceptar que su dominio con la espada era, en comparación, menos fluida y más descuidada. Hua Cheng, en cambio, por más bueno que sea luchando con la cimitarra, en cuanto a fuerza bruta, aceptaba que Luo Binghe lo supera con creces.

Sus debilidades se arreglaban con sus fortalezas, el halo dorado de Luo Binghe y la buena fortuna de Hua Cheng, cada uno contrarrestaba al otro. En nivel de poder, estaban igualados.

La victoria...ninguno la tenía asegurada.

Luo Binghe retiro a Xin Mo, listo para atacar con toda su fuerza. Si la diferencia estaba en sus músculos, que así sea.

En cámara lenta, un sombrero de bambú apareció en sus ojos. El dolor atravesó sus huesos, su cuerpo se estrelló contra el suelo. En un segundo, la patada lo llevo a metros de distancia, formando un cráter entero.

Hua Cheng se acercó a Xie Lian, aplaudiendo.

—Su Alteza es demasiado fuerte. Este devoto no puede compararse.

—Tonterías. San Lang también es muy fuerte— replicó Xie Lian, ajustando su sombrero.

El sonido en el cráter los concentró en la batalla de nuevo.

Con todo el polvo asentado, Luo Binghe fue visible. De pie, miraba a Xie Lian con ojos asesinos. La sangre caía de su cabeza, sumada a la rabia y el brillo en sus ojos, la combinación de todo resultaba en una imagen aterradora.

Forzado a retroceder dos veces por la misma persona, el estado de ánimo de Luo Binghe se oscureció más que antes.

En una inspección rápida, localizó el cuerpo inerte y aprisionado de Mobei Jun en el suelo. No pensó que Mobei Jun podría ser derrotado alguna vez, pero al parecer no era más que otro peón inútil; en cambio, Xie Lian era una molestia insistente.

—Gege— habló Hua Cheng—, no es necesario que te esfuerces con él. Puedo manejarlo solo.

Xie Lian negó.

—San Lang, te metiste en este asunto por mí. No puedo dejarte manejarlo todo solo.

Esa fue la confirmación que Luo Binghe esperaba.

—¿Por qué lo ayudas?— preguntó.

Para Luo Binghe, era bastante obvio que Hua Cheng no estaba particularmente interesado en Shen Qingqiu, pues no se molestó en ayudarlo antes, sólo actuando al ser Xie Lian quien estaba en peligro. No obstante, Xie Lian era todo lo contrario; dispuesto a enfrentar a Luo Binghe de frente con tal de protegerlo.

¿Por qué?

Xie Lian contempló la respuesta. 

—...Porque me lo pidió.

Para Luo Binghe, no era más que una respuesta vacía.

—¿Porque te lo pidió? ¿Te metes en problemas ajenos sólo porque te piden ayuda?— bufó, sólo que, después de decirlo, ya no le pareció gracioso en absoluto.

Una intensa rabia se apoderó de él, ¿por qué Shen Qingqiu recibía piedad cuando él nunca la dio?

—¿Quién te crees que eres...?

Luo Binghe fue directo a Xie Lian, la necesidad de cortar su cabeza crecía, sólo ver su rostro le disgustaba.

—¡¿Dios?!

Xin Mo fue detenida con éxito por E-Ming, Xie Lian se encargó se los golpes  físicos.

La batalla antes destructiva tomó un giro incluso más incontrolable.

—¡¿Tienes idea de quién es?! ¡¿Todo lo que ha hecho?!

Luo Binghe soltó a Xin Mo, utilizando su control espiritual en ella para hacerla enfrentar a Hua Cheng sola. No sería tan efectivo como manejarla manualmente, pero así podría dedicar su atención completa a una sola persona.

Ante la pregunta, Xie Lian asintió.

—Lo sé— confirmó.

Hua Cheng se lo contó. Todo sobre su vida, Xie Lian lo conocía. Actos, ideologías, juicios y rumores. Se enteró de todo.

Luo Binghe aceleró su velocidad, exasperado por ver a Xie Lian detener cada uno de sus ataques sin esfuerzo. La furia se eleva.

—¡Sabes la escoria que era, pero aún lo proteges!

—Los crímenes que en vida se cometieron, en vida se han pagado. No debe nada ahora.

Luo Binghe rió por la confirmación de su teoría, demencia en la risa. Los ojos tienen venas sangrientas, buscan a Shen Qingqiu. Al encontrarse ambos, ninguno desvío su mirada.

—¿Y qué...?

Fue un tono bajo, Xie Lian ni siquiera lo escuchó, pero, mientras más esos ojos lo desafiaban, Luo Binghe perdía el raciocinio.

Al final, gritó, lo suficiente alto para ser escuchado por su maestro. Ira y locura, placer y demencia.

—¡¿Y qué si estás muerto?!

No era difícil de adivinar, no al ver a Liu Qingge, no al unir las razones por las que Shen Qingqiu fue a ese lugar, no al percatarse que su sangre no reaccionaba, no al ver el cuerpo perfecto y completo de Shen Qingqiu.

Fue como romper su cordura.

Dejo de atacar, sus ojos observando sólo a Shen Qingqiu y a nadie más.

—Ah...Shizun... ¿Cómo te atreves a morir? ¿Cuándo te di el permiso?

Incluso su voz era diferente. Más suave, como si hablara con un niño travieso. Cómo si hablara con una mascota desobediente.

—Este discípulo fue descuidado, pero no cometerá el error una segunda vez. Te lo prometo.

—¡Maldito...! ¡¿No has tenido ya suficiente?!— gritó Liu Qingge.

Sonrió. Una sonrisa maníaca, capaz de causar escalofríos.

—¿Suficiente? Nunca tendré suficiente de Shizun. Shizun, me perteneces. Ni siquiera con la muerte te permitiré librarte de mí.

—Patético.

La sonrisa de Luo Binghe se congeló, derritiéndose con fuego asesino que se traslado a sus pupilas.

—Ni siquiera entiendes lo que realmente quieres— continúo Hua Cheng—.  Ese vacío en tu pecho, nunca lo podrás cerrar— sentenció.

Las palabras perforan el pecho de Luo Binghe más de lo que lo haría el filo de una espada.

—Cállate.

Una imagen se atraviesa, dos cuerpos juntos, abrazados, preocupados por el otro. Una relación tan repulsiva, un paralelo de su maestro y él, un mundo diferente, circunstancias diferentes.

—Cállate. Cállate. ¡Cállate!

Tomó a Xin Mo de nuevo, balanceándola contra el otro demonio. Sus movimientos son más descuidados, pero la fuerza de sus manos y de la espada es incluso más potente que antes.

Liu Qingge es quien se percata, oculta en la noche, pero no lo suficiente para engañar a su vista aguda, un ave de hueso roto asecha la batalla.

Al darse cuenta de que fue descubierta, a una gran velocidad, el ave abandona su escondite, ¡va directo a Xie Lian!

—¡Arriba!— advierte.

Todos voltean, Luo Binghe recupera su sonrisa. El ave ya está sobre Xie Lian, Hua Cheng no está lo suficiente cerca.

Hay algo mal. Algo está mal. Shen Qingqiu lo sabe, pero no puede decir lo que es.

—¡Su Alteza!

La distancia es atravesada por una luz plateada. Xie Lian no duda, estira su mano y toma el objeto lanzado.

Finalmente, Shen Qingqiu lo entiende. ¡Es imposible que un ave de hueso roto este un lugar como ese!

—¡Es un trampa!— grita.

Luo Binghe ríe. Ya es demasiado tarde.

E-Ming corta el ave por la mitad, Shen Qingqiu se estremece. ¡El ave se transformó en un torrente de sangre!

—¡No la bebas!

Pero no hay forma en que un hombre pueda esquivar toda esa sangre. Sólo una gota necesita ser consumida, después de eso, Luo Binghe tendrá el control completo de la situación. A Luo Binghe ya no le quedaba ninguna duda. Quién ganó...fue él.

Pero...

Xie Lian no era un hombre. Xie Lian era un Dios.

El Príncipe que Complació a Dios. El Dios Marcial Coronado con Flores. Su Alteza Real, el Príncipe Heredero de Xian Le.

En un suceso inaudito, Xie Lian en verdad esquivó cada gota, moviéndose en su contra, utilizando a E-Ming para tomar la sangre por él. Sus túnicas ondeaban en una danza con la brisa, igual que en un desfile hace cientos de años. Bajo el reflector lunar, su figura destacaba sobre la de cualquiera, mortal e inmortal.

Así, ante un atónito Luo Binghe, toda la sangre cayó al suelo, sin lograr su objetivo.

Por primera vez en muchos años, Luo Binghe se sintió intimidado.

—¿Quién eres? ¿Qué eres?

Xie Lian respondió con un tono no menos que humilde.

—Sólo un recolector de basura.

Palabras sin sentido, despertaron un recuerdo.

—Shizun,— preguntó la voz tierna de Ning Yingying— la estatua en la casa de bambú, ¿a qué Dios pertenece? No está en ninguno de nuestros libros.

—¿Él?— la voz de su Shizun era baja, incluso más baja de lo normal, un poco renuente a contestar, pero incapaz de negarse a su discípula favorita— Sólo es un Dios de la Basura.

El vestuario, el peinado, los artefactos y hasta el aura que emanaba eran distintos, por eso no fue reconocible en seguida, pero los rasgos del rostro eran los mismos, la sonrisa y los ojos que emitían compasión y calma.

Luo Binghe podía verlo ahora.

—¡Eres el Dios de esa maldita estatua!

Despertó el rencor, años de desprecio y envidia.

Hua Cheng, Liu Qingge, incluso Shen Qingqiu, todos fueron ignorados. Xin Mo dirigió sus ataques a una única persona.

Hasta el momento, los ataques de Luo Binghe fueron recatados, prudentes ante sus enemigos. En cambio, los actuales tenían un único propósito: matar.

No era igual. ¡No era nada igual que antes!

Shen Qingqiu tuvo el impulso de saltar a ayudar, Liu Qingge también lo soltó, listo para brindar apoyo.

—Eso no es necesario.

Ambos se detuvieron, Hua Cheng había llegado a su lado.

—Me sorprende que no seas el primero en ir con él— señaló Shen Qingqiu.

—Su Alteza es fuerte, es el más fuerte de los tres reinos— la confianza era absoluta— Además... Ya estoy con él.

Destellos de plata cortaron la oscuridad. Bajo el control de Xie Lian, E-Ming no dejaba de temblar, su ojo giraba y giraba, completamente extasiado por la mano que lo blandía. Su emoción se reflejaba en cada embiste, no dispuesto a quedar mal frente a Xie Lian, dedicado a sorprenderlo, a impresionarlo con su poder. En un aspecto irónico, quién podía sacar la mayor fuerza de E-Ming no era su dueño legítimo.

Pero eso no era todo, si bien E-Ming era poderoso, Xie Lian por si mismo era imparable.

La diferencia entre tener un arma y no tenerla, para Xie Lian era tan grande como la distancia entre los cielos y la tierra.

Frente a una fuerza entrenada por siglos, una habilidad pulida con el tiempo, la destreza pulida con mil batallas pasadas, Luo Binghe...no era rival para la divinidad.

'Imposible'

Xin Mo fue doblegada, la espada legendaria, apenas capaz de defenderse de la cimitarra.

'Imposible'

Un golpe poderoso la envío a la pared de roca, quedó clavada, lejos de su alcance, sin tiempo para recuperarla.

'Imposible, imposible, imposible'

Intercambió puños y patadas, todos fueron detenidos sin provocar daños serios.

Un impacto certero a sus costillas, Luo Binghe sintió los huesos rotos.

Su sangre actuó rápido, regresando el cuerpo a su estado sano, pero no servía de mucho, heridas nuevas tomaban el lugar de las que habían sido curadas.

—Ríndete.

Las pupilas de Luo Binghe se encogieron, las mariposas se unieron a la batalla, atacando como un torrente ahora que Xin Mo no le servía como escudo.

Cortes en todo su cuerpo, las túnicas negras eran desgarradas sin tregua.

—No puedes ganar.

Contra Xie Lian, su derrota era... inevitable.

—¡No!— abandonó el tornado plateado, alcanzó a Xie Lian, reanudando una batalla sin sentido. En sus golpes, sólo quedaba el salvajismo— ¡Me niego a aceptarlo!

'Yo no puedo... Yo no puedo...'

La palma de Xie Lian dio a la cabeza. Un ataque letal.

Luo Binghe cayó, su cuerpo fue presionado contra el suelo, manos y piernas atadas por Rouye.

Sus sentidos quedaron desorientados, pero no quedó inconsciente. Aún podía escuchar.

—Gege, ya terminamos lo que teníamos que hacer. No necesitamos quedarnos más.

Hay un sonido de reconocimiento.

Luo Binghe escucha, dados ruedan.

Con su vista borrosa, las figuras toman forma.

—Debemos irnos.

Las palabras aclaran la mente de Luo Binghe. Su vista se enfoca, a tiempo para ver un portal aparecer, un portal a un lugar lejos de su alcance.

El temor se apodera de él. Un tipo de temor que nunca había sentido en el pasado.

—No...

La voz alerta a todos, sus nervios aún presentes. Voltean, listos para recibir cualquier ataque.

No llega ninguno.

Aún en el suelo, Luo Binghe observa con ojos perdidos.

Las heridas se curan, pueden verlo, pero es como si Luo Binghe no pudiera notarlo.

En los ojos de Luo Binghe, Shen Qingqiu es el único que se refleja.

—Shizun, no te vayas...— suplica.

Se ve... lamentable.

Cómo un niño que llora y súplica por sus padres.

O...como un perro al que separan del dueño que tanto ama.

Roto.

Shen Qingqiu lo observa en silencio, distante, como siempre lo hizo. Luo Binghe no lo soporta. Nunca lo ha soportado.

—Shizun, no me dejes...

Liu Qingge sujeta a Shen Qingqiu del brazo.

—¿Qué haces? ¡Vámonos antes de que entre en razón!

Él asiente, dejándose guiar por Liu Qingge al portal.

Se detiene justo antes de cruzar

—Luo Binghe...

El llamado lo transporta.

De repente, Luo Binghe parece no estar tirado en el frío y duro piso de tierra, sino arrodillado en el tibio piso de una casa de bambú que hace tiempo dejo de existir.

La voz era suave, calmada. Un sentimiento se aloja, tal vez es arrepentimiento, tal vez es simple desinterés. No lo sabe. Pero...por primera vez...por primera y última vez...Luo Binghe finalmente siente como si Shen Qingqiu lo considerará...un discípulo de Qing Jing.

No hay más palabras. Shen Qingqiu...no sabe qué más decir.

La historia entre ellos es extensa, recíproca de odio. Shen Qingqiu le hizo mucho daño, pero...Luo Binghe se encargó de regresarle todo lo que sufrió.

Estaban a mano.

Entonces, no dice nada. Antes de cruzar, se dedican una última mirada.

Del ojo negro, una lágrima se escapa.

Shen Qingqiu...finalmente lo miró. A él, a Luo Binghe, y no a la encarnación de todo lo que Shen Qingqiu no pudo ser.

Las túnicas verdes se adentran, se pierden, y Luo Binghe no puede verlas más.

—No...

Xie Lian cruza, Hua Cheng con él. 

—No puedes dejarme...

Rouye lo suelta, Luo Binghe se pone de pie, corre tras él.

—¡No, no, no!

Al cruzar la última esquina de tela, el portal se cierra, y Luo Binghe cae al piso otra vez.

Sólo la luna es testigo del grito desgarrador.

Abre los ojos, el negro lo recibe.

El pánico se apodera de él, al menos hasta que la textura del techo se aclara y llegan los recuerdos más recientes.

Ya no está en esa cueva, Luo Binghe ha quedado atrás.

Se levanta, abandona la suavidad de la colcha. Sale de la habitación, no antes de tomar su nuevo abanico (un regalo que Xie Lian insistió en darle cuando se enteró —por Liu Qingge— que a Shen Qingqiu le encantan los abanicos).

Ha pasado un mes desde esa noche.

Ghost City es... única, sin duda. Las historias no se comparan a presenciar la extravagancia del lugar.

Al menos Shen Qingqiu estaba preparado, Liu Qingge hizo un gran escándalo con el primer demonio (aunque no podía culparlo, era un jabalí con un cuchillo, la imagen podía ser incluso traumática...). De no ser porque estaban acompañados por el Señor de la Ciudad, muchos problemas habrían sido causados.

Con todo, Shen Qingqiu no puede quejarse mucho.

Xie Lian pidió a Hua Cheng conseguirles alojamiento y por supuesto el Rey Demonio complació a su Dios de la mejor forma, asegurandoles una gran residencia. Demasiado grande para dos personas, de hecho.

Los ciudadanos de Ghost City, aunque ruidosos (y chismosos), tampoco los tratan mal. No siendo los invitados de su Señor.

Tenían el favor de Xie Lian, por lo que tenían el favor de Hua Cheng, y, con él, el de la ciudad entera.

No les faltaba nada, podría decirse que tenían un vida lujosa y sin preocupaciones, muy similar a sus días en Cang Qiong.

De no ser por Liu Qingge, quién constantemente lo molestaba para entrenar juntos o para instruirlo por la cultura de esa nueva tierra, todo sería muy aburrido.

Tal vez deberían salir lejos de Ghost City. Aprender más de su nueva nación. Del mundo al otro lado del mar. Hacer de las leyendas una experiencia.

A veces...Shen Qingqiu se pregunta por Luo Binghe. Esta seguro que lo está buscando, pero si podrá descubrir o no su localización, no puede saberlo.

Ni siquiera Shen Qingqiu sabía dónde estaba o cómo llegar. No exactamente.

Cuando la estatua de su Dios llegó a él, era un joven ignorante. Los nombres que aquel viajero mencionó, todas las tierras, nunca las escucho antes.

Cuando se hizo Maestro de Pico, utilizó su influencia para obtener información de las tierras que cruzaban el océano. Mapas y demás, recolectó leyendas y profundizo su vago conocimiento, pero nunca lo compartió con nadie, incluso esos movimientos fueron realizados en secreto, como siempre, para proteger su reputación.

Aún así, las leyendas eran viejas, contaban historias de países y reinos que dejaron de existir siglos atrás. Ubicarlas en un mapa era prácticamente imposible, a lo mucho consiguió una aproximación.

Pero todo el conocimiento que tenía le tomó años de investigación, y al menos tenía una idea de por dónde comenzar gracias a aquel viajero.

Luo Binghe no tenía nada, sólo la imagen de una estatua.

Incluso si lograba descubrir que Shen Qingqiu se encontraba al otro lado del mundo, seguirlo era una tarea tardada. Luo Binghe tenía su propio Reino que gobernar, no podía dejarlo solo tanto tiempo.

Y, hasta con la pequeña posibilidad de que Luo Binghe efectivamente lo siguiera y encontrará, ¿podría llevarlo de regreso? Antes era su territorio y fracasó; ahora, la tierra pertenece a Hua Cheng, los cielos apoyan a Xie Lian. ¿Qué podía hacer él?

Shen Qingqiu sabe que está seguro donde está, con quienes está.

Llega al corredor, donde puede ver a los demonios de Ghost City pasear pisos abajo.

Observa las luces rojizas y siempre festivas de la ciudad. Todo es tan animado como todos los días.

—Qi Ge, tienes que despertar pronto...

Toca la bolsa en su túnica, donde el alma aún se recupera.

—Nunca he sido bueno socializando, pero tú si. Creo que le gustarás a todos aquí también— dice.

Hablar como si Yue Qingyuan pudiera escucharlo es un hábito que ha adquirido y que mantendrá hasta que pueda hablar con él en persona.

—Aunque Liu Qingge es aún más torpe que yo. Aún lucha con sus expresiones cuando se le acerca un fantasma con aspecto extraño— la imagen consiguió traerle una sonrisa—. Pero...aún consiguió tener una gran popularidad en tan poco tiempo. Estoy seguro que él no lo ha notado, pero hay muchas más fantasmas femeninas en esta calle ahora que cuando llegamos. No puede evitarse, supongo. Su belleza siempre ha sido de otro mundo.

Bajo el balcón, corren los espíritus infantiles, gritan los demonios adultos.

—Qi Ge... planeo aceptar la propuesta de la escuela... Ni siquiera necesitamos movernos. Este edificio es perfecto, sólo necesita pequeñas remodelaciones.

Nadie escucha y nadie responde, pero eso está bien.

—Cuando regreses, quiero que veas...mi avance— susurra—. No quiero enfrentarte sin haber progresado. La escuela...es un buen inicio...— duda un poco, pero aún continúa— Por lo mismo...he decidido...algo más.

Se permitió contemplar a los transeúntes otro poco, de todas formas, no tenía nada que hacer.

—Oye.

Shen Qingqiu gira, Liu Qingge lo observa. Ha dejado, al igual que él, las túnicas de Cang Qiong, reemplazandolas por algo más simple, pero aún mantienen sus colores.

—Él vino a visitarnos.

En la sala de invitados, Xie Lian contempla la pequeña caja en sus manos.

—Su Alteza.

Xie Lian sonríe al ver a Shen Qingqiu, quién toma asiento frente a él. Liu Qingge a su lado.

—Lamento venir sin avisar— se disculpa.

—Es por su Alteza que tenemos este techo, usted puede venir cuando lo deseé.

Xie Lian quiere refutar eso, quién dio la casa fue Hua Cheng después de todo, pero sabe que Shen Qingqiu igual lo ignorara e insistirá en estar agradecido con él, por lo que decide no hacerlo.

—Además, planeaba ir a visitar a su Alteza pronto. Su visita es oportuna. Pero, antes de eso, ¿su Alteza necesita algo de nosotros?

—No realmente...

Xie Lian muestra a Shen Qingqiu el estuche en sus manos.

—Vine a entregarte esto. Es...algo que te pertenece. De hecho, debo disculparme por no dártelo antes...

Shen Qingqiu observa a Xie Lian, confundido. No recordaba tener nada con él, todas sus pertenencias se perdieron hace mucho tiempo.

Toma la caja. Curioso, se permite ver el interior.


El reflejo de la luz lo recibe, un par de pendientes de diamante dentro.

Hermosos.

Aunque a Shen Qingqiu jamás le faltaron joyas ni accesorios tras convertirse en el Señor de Qing Jing, no recordaba ningún adorno tan hermoso como los pendientes en su mano.

No.

No es que fueran extraordinariamente hermosos, al contrario, en realidad eran bastante simples, de encanto sutil. Era sólo...se sentía atraído por ellos...

Sentía la necesidad de tomarlos, esconderlos, simplemente protegerlos.

Eran valiosos.

Eran suyos.

Eran...

—Tus cenizas— Xie Lian reveló.

Liu Qingge mostró una expresión confundida, claramente sin entender nada. En cambio, Shen Qingqiu lo comprendió todo. Al menos, su instinto demoníaco lo hacía.

—Me tome la libertad de decidir esa forma para ellas, así podrás mantenerlas siempre contigo. Espero no te moleste...

Shen Qingqiu negó. No era fanático de los aretes, pero tampoco estaba seguro de dónde debería esconderlas. Lo mejor sería tenerla siempre con él. Además, era un buen diseño...

—¿De qué hablan?— preguntó Liu Qingge, no queriendo ser excluido de la conversación que parecía ser importante— ¿Por qué debería mantenerlas con él?

Xie Lian rio nervioso, sin estar seguro de revelar algo tan importante.

—Son lo único que pueden matarme.

Tanto Liu Qingge como Xie Lian se sorprendieron por la confesión, aún si las razones fueron distintas.

Shen Qingqiu ignoro la sorpresa de ambos, prefiriendo contemplar su única debilidad.

Si ambos aretes eran destruidos, sería su fin.

No quiere morir. No antes de poder reunirse con Yue Qingyuan, no antes de poder realmente vivir.

Confiaba en su fuerza para mantenerlos a salvó en caso de ser necesario, pero, tal vez, sería demasiado arriesgado mantener ambos junto a él.

Ahora, ¿qué lugar es lo suficientemente seguro para resguardar el otro pendiente, para confiar su vida?

Apenas y se ha permitido recorrer Ghost City, no conoce otro lugar. En cuanto a una persona, sólo confiaba en Xie Lian, pero hacerlo responsable de su vida...no le haría eso.

¿Dónde, entonces?

—¿Estás seguro que está bien que sean aretes? ¿No son frágiles o algo?— preguntó Liu Qingge.

Xie Lian negó.

—Como son las cenizas de un demonio, tampoco se romperán tan fácilmente. Además, mientras nadie sepa que son sus cenizas, no intentaran destruirlos.

Liu Qingge asintió, serio. Después, miró a Shen Qingqiu.

—Cuidalos bien, escondelos en donde nadie pueda destruirlos o donde nadie sospeche que estén.

Shen Qingqiu lo escuchó, encontrando que esa también era una opción.

Un lugar donde estarían bien cuidados, con una barrera lo suficiente fuerte para no ser destruidos y, además, donde tampoco puedan sospechar que estén...

Si juntaba esos tres factores, entonces...

Shen Qingqiu tomó uno de los aretes, Xie Lian observó con horror y pánico a Shen Qingqiu poner el arete en la palma de Liu Qingge.

El anillo en su pecho se sintió cálido en ese momento, o tal vez era su piel la que se calentó ante tal escena inocente.

¡No debería entregar sus cenizas tan a la ligera!

Estaba por revelar el significado de un demonio que entrega sus cenizas a otra persona cuando Liu Qingge se le adelantó

—No uso aretes.

—...

Xie Lian quería escupir sangre...

Eso... ¿Se podría decir que Shen Qingqiu fue rechazado?

—¿No dijiste que me cuidarías la espalda?

Shen Qingqiu abrió su abanico en ese momento, dejando a Liu Qingge sólo observando un par de ojos que lo retaban a volver su promesa.

—Pensé que eras un hombre de palabra.

Liu Qingge sintió su piel calentarse, un hecho imposible porque estaba muerto, pero... aún sintió su rostro arder.

Era un desafío, y Liu Qingge era del tipo competitivo.

—Bien.

Liu Qingge cerró su puño, no permitiendo que Shen Qingqiu le arrebatará el arete que ya le dio.

—Lo protegeré con mi vida— juró.

—Lo sé— Shen Qingqiu sonrió detrás del abanico—. Por eso te lo estoy dando.

Llegado este punto, las orejas de Xie Lian estaban rojas. Tal vez debió hablar cuando pudo, ahora...se sentiría mal por arruinar el momento...

Suspiro. Shen Qingqiu confiaba en Liu Qingge y Liu Qingge no dejaría que nada le ocurriera a las cenizas, eso era lo importante por ahora.

Aclararía los sentimientos...en un futuro...

Tosió, para llamar la atención de ambos.

—Entonces...¿Me necesitabas para algo?— preguntó.

Shen Qingqiu notó las mejillas sonrojadas, pero supuso que hacía un poco de calor, por lo que no mencionó nada.

—La escuela...— comenzó— Quiero hacerlo.

La vergüenza fue olvidada, Xie Lian recuperó sus colores normales en seguida, sus ojos adquirieron un nuevo brillo por la noticia.

—¡Que bien! Le diré a San Lang en cuanto regrese. ¡Estoy seguro que él también se alegrará!

El resto de la tarde la pasaron discutiendo sobre la construcción de la escuela, acordaron reunirse el día siguiente en Paradise Manor para aclarar más detalles y posibilidades con Hua Cheng.

Por la noche, en la hora de apogeo y típico desastre en Ghost City, Shen Qingqiu observaba a los demonios con forma de animal y fantasmas con demasiado maquillaje de nuevo, en sus manos, un diseño rápido de la escuela que pronto construirían.

Túnicas blancas se unieron a él, juntos y en silencio observaron su nueva vida.

En un acto ya común, fue Liu Qingge quién inició la plática. Desde el día en que se reencontraron, Liu Qingge mostró interés en hacer hablar a Shen Qingqiu. Esta vez, quería conocerlo, comprenderlo.

—¿Estás seguro de querer nombrarla así?

—¿No te gusta? Si no te gusta, dímelo. Ambos seremos los maestros, los dos tenemos que estar de acuerdo.

—Me gusta.

—¿Entonces?

—Sólo pensé...si no sería un poco incómodo.

Shen Qingqiu observó el papel en sus manos. En la parte superior de la hoja, tres palabras resaltan: "Escuela Cang Qiong".

—...¿Es incómodo para ti?

Liu Qingge negó.

—Ya no.

Shen Qingqiu pensaba igual.

Ya no.

—Entonces está decidido.

No mencionaron nada por un tiempo, conformes de ver diferentes rostros aparecer y desaparecer en la multitud.

—Cuando Yue Qingyuan regrese, será el Director.

Shen Qingqiu sonrió, sólo un poco.

—Por supuesto que lo será.

Cuando regrese...

—Pero, él podría tardar en hacerlo...—  recalca.

Liu Qingge asintió, lento. Observó a Shen Qingqiu de reojo.

—Por eso...— comenzó— Para cuándo lo haga, Cang Qiong debe ser una escuela reconocida— dictó.

Los músculos en Shen Qingqiu se relajan por la sorpresa.

Su vista finalmente abandona el paisaje, con Liu Qingge es lo mismo.

—Pensé que el Señor de Bai Zhan no era ambicioso.

Shen Qingqiu quiere burlarse, y lo haría, si no supiera que Liu Qingge busca animarlo.

Aún así, Liu Qingge sigue el juego.

—Mh. Yo pensé que el Maestro de Qing Jing apuntaba a los cielos, y miranos.

El comentario se ganó la leve risa de Shen Qingqiu, tal vez porque era verdad.

Liu Qingge sonrió de lado, al menos logró su cometido. Regreso su atención a las personas debajo, pero Shen Qingqiu no apartó su mirada de él.

El diamante en la oreja de Liu Qingge refleja el brillo de las calles. Shen Qingqiu toca el que está en su propio oído.

En el momento, no lo pensó demasiado más allá de la lógica, pero...si se trata de confiarle su vida a alguien...no se arrepiente de elegir a Liu Qingge.

—...Shen Jiu.

Liu Qingge de nuevo lo observa, está vez sin entender.

—Era mi nombre antes de convertirme en el Discípulo Principal de Qing Jing— confesó.

Liu Qingge asiente, no porque lo entienda, pero no sabe qué más debería hacer aparte de hacerle saber que tiene su atención.

—A partir de ahora... regresaré a ese nombre.

Liu Qingge frunce el ceño, pero él no es nadie para cuestionar sus decisiones.

Sus hombros bajan, aceptando el cambio.

—Shen Jiu, ¿eh?

Shen Qingqiu...Shen Jiu asiente, un hormigueo recorre su cuerpo. Hace años que otra persona llegó a pronunciar su nombre.

—Tendré que acostumbrarme.

Y él no es el único.

Shen Qingqiu paso años repudiando ese nombre. Odiando el recordatorio de tenerlo: su origen, su vida antes de ser Shen Qingqiu.

Pero...

Shen Qingqiu murió.

Murió en una cueva, y con él se llevó la tristeza y el rencor que acumuló en esa vida.

Para el futuro que tenía por delante, ser "Shen Qingqiu"...no parecía adecuado.

Al contrario, hacer las pases con aquel niño esclavo que se consideraba basura...no hay nada que le gustaría más que eso.

Después de todo, un devoto que adora al mejor Dios de todos, no puede considerarse a sí mismo una basura.

Termineeeeee!!!!
Al fiiiiiiinnnnnn!!! 😭😭😭❤️❤️❤️

¿Qué les pareció? ¿Les gustó? ¿Qué tal las peleas? ¿La narración? ¿La trama? ¿No sé sintió algo fuera de lugar? ¿Creen que conseguí dar cierre a todo? ¿Qué les pareció Shen Jiu? ¿Binghe? ¿Yue Qingyuan? ¿Liu Qingge? ¿Se manejaron bien los personajes? ¿Escena favorita? ¿Mejor pelea? ¿Qué tal el final? ¿Esa implicación LiuJiu? ¿El HuaLian? ¿Algo OoC? ¿Portada? ¿Separador? ¿Alguna crítica? Lo que sea, lo que quieran decir, yo los leo, en serio. Sus comentarios me alegran ❤️

Créanme cuando les digo que nunca había sufrido tanto con un fanfic 😭 Este fic lo inicie LAS VACACIONES PASADAS.

De verdad, cada escena fue...un dolor de cabeza...

Soy una ficker de comedia y romance, tramas más serias y alejadas de esos ámbitos...son muy pesadas para mí...

Pero...bueno...Shen Jiu es mi amor. Él ha sido mi motivación desde hace un año y aquí me tienen, desafiándome de nuevo por su felicidad 🤷🏽‍♀️❤️

Escribir una historia de redención para Shen Jiu fue muy complicado. En especial porque Shen Jiu YA ES COMPLICADO.

Este fic tuvo mil caminos, cada escena fue re-escrita como tres veces mínimo, cientos de palabras que terminaba borrando. Esto porque muchas veces sentí que perdía el hilo, se alejaba de su propósito original, y hubo un momento donde yo misma perdí cuál era ese propósito...

Además, ay, Dios...había tantas escenas de pelea 😵😖

Yo puedo escribir una pelea (creo), pero simples 😵 No me digas cuatro largas y más elaboradas 😵😵😖

Luego con esos personajes 😫☠️
Todos canónicamente fuertes, casi invencibles, ¿cómo se supone que vencieran los que debían vencer? 😰

De verdad...todo fue un dolor de cabeza...

En fin, considero (o quiero pensar) que al final las peleas fueron narradas de una forma aceptable y que las razones por las que ganó y perdió cada personaje quedo plasmada adecuadamente.

Yo, definitivamente, pienso que estos serían los resultados de si pelearan en verdad. Creo que contemplé todo, desde habilidades, destinos, pasados, distracciones, personalidad, estatus y me leí cada una de sus peleas mostradas en las novelas para sacar sus formas de actuar y pensamientos que lo motivan.

Si alguien igual tiene duda sobre, no sé, la derrota de Binghe, comentelo aquí y nos ponemos a debatir, por mi no hay problema. Será divertido, una especie de terapia 😂

Combinar ambos mundos también fue...agh...horrible...

Son mundos que comparten muchas cosas pero que al mismo tiempo todo lo que comparten es muy diferente... Mezclar ambos resultó más difícil de lo que pensé... Por ahí incluso metí elementos de MDZS porque era necesario 😂😵

No es algo que me moleste ya que siempre he considerado las novelas como parte de un mismo universo en un tiempo compartido, sólo que en diferentes partes del mundo (SAVE-Continente Americano; HOB-Africa, Europa, Asia; MDZS-Japón) y este fic toma ese HC que tengo.

¿Ya mencione que Shen Jiu, tan fascinante como es, es difícil de entender y manejar? (I'm sorry, I am traumatized with you, baby...)

¿Saben qué es curioso? Lo curioso es que, como todos mis fics de SAVE, esto inicio con una idea LiuJiu, y de LiuJiu apenas tuvo 😂

La escena que vi y que movió todo esto fue a Shen Jiu y Liu Qingge hablando, tranquilos, con todas sus peleas superadas, PERO MUERTOS 😱

Y la trama se movió sola 😘

No sé...en algún momento se volvió un Crossover, y eso es otro punto para Shen Jiu y MXTX, se han llevado mi primer Crossover 💖

Al final, todo se concentro en Shen Jiu y que superará su pasado para continuar adelante que incluso el LiuJiu quedó de lado...

De hecho, ya no planeaba meter ninguna pareja, pero cuando ya estaba escribiendo el final pues...el LiuJiu ganó...mis dedos se movieron y siguieron escribiendo...
Quedó como una mera implicación, pero con eso soy feliz. Sé perfectamente que se enamoraron en el trascurso que a Yue Qingyuan le tomó volver ( I am sorry not sorry otra vez, QiJiu shippers...  Veritos, perdón 😅😅).

Entonces, concluyendo:

¿Bing-Ge me da lastima? Si, mucha. Pero no, no puedes tener a Shen Jiu,  no eres la felicidad que busco para él.

¿Por qué pendientes? Porque me encanta Shen Jiu con pendientes, simple y sencillo. Me lo imagino hermoso y divino.

¿Qué va a pasar cuando se enteren del simbolismo de las cenizas? Quién sabe, un desastre de nervios, tal vez. Podría ser lo que termine de establecer su relación. Eso sí, Hua Cheng lo encontrara muy entretenido 😂

¿Xie Lian y Hua Cheng son hermosos? Oh, Dios, claro. Estoy muy agradecida por su participación en el fic, y espero que no se sienta que los deje de lado. En realidad me gustó mucho usarlos.

¿El personaje más fuerte de MXTX? Xie Lian, no tengo ninguna duda.

¿Qué onda con Yue Qingyuan? Nada, regresa, se quedan en Ghost City, son felices, es el hermano mayor más feliz, les da su bendición para casarse y oh, Dios, puedo verlo cuidando niños nacidos de cierta pastilla.

¿Tengo unas tremendas ganas de escribir extras de esto?...La verdad no...Es curioso, pero no quiero escribir más aquí...Supongo que ya tuve suficiente de este fic.

¿Quiero seguir escribiendo LiuJiu? Las ganas solo aumentan, nunca disminuyen 😘😍❤️
Es más, ahora lo que quiero es un AU de romance entre profesores, aunque sea chiquito...

Para quienes no me siguen, sí lo hice, jaja

les gustó los invito a dejar una estrella, ¡son más que bienvenidos! ❤️
También a añadir esta historia a sus listas de lectura y a recomendarla con sus amigos si así gustan *Q*
Si gustan leer más proyectos míos igual pueden seguirme 😍 (ando bien prendida con las novelas de MXTX, hay mucho que quiero escribir! 😍😍)
Gracias por leer~ °^°

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