Capitulo 4
Capitulo 4
La confesión fue liberadora, y al mismo tiempo le hizo sentir como un completo im.bécil. Había pasado ya un tiempo desde que había estado con una mujer que fuera más que sólo un lindo exterior. Le gustaba ver esas cualidades en una mujer: belleza, inteligencia y humildad. La mayoría de las mujeres de la Zona-Alta con las que había salido, normalmente no poseían lo último.
Gran parte de las veces ellas eran inteligentes y hermosas, pero venían con un ego y una arrogancia de igual tamaño que opacaba las otras aptitudes que las definían, razón por la que Jorge había decidido mantenerse soltero todos estos años. Le había dicho a Tini que no tenía intenciones románticas ocultas detrás de su caridad, pero ahora, después de llegar a conocerla mejor, la quería para sí mismo. Quería llevarla a su cama, quitarle la ropa y descubrir todos sus secretos. Jorge se sintió avergonzado de sus pensamientos. Había dado su palabra para protegerla.
Martina agrandó los ojos ante la declaración.
-¿De verdad? - Susurró.
Sus labios estaban ligeramente separados, y él no pudo controlar pasar su pulgar por sobre ellos. Ella no necesitaba lápiz labial; sus labios eran naturalmente rojos, lo que le provocaba el deseo de mordisquearlos.
-Debes pensar que soy un pervertido. Yo sólo... - Él acarició su mejilla con su pulgar. - Me preguntaba si estarías interesada en llegar a conocernos más íntimamente de lo que estipula nuestro arreglo de negocios.
Martina le miró como si hubiese perdido el juicio. Jorge maldijo en silencio. Su pregunta debió haber sonado tonta. Nunca había sido tan tímido antes. Normalmente perseguía lo que quería. Seducía. Cortejaba. Pero en la presencia de esta seductora criatura femenina, había perdido su sentido común.
Ella dejó escapar una sonrisa tímida.
-Pensé que eras un mujeriego. -
Él estrechó la mirada, desconcertado.
-¿No es ésta la parte en la que intentas seducirme?
Jorge no podía creer lo que oyó. Se estaba burlando de él.
-De verdad me gustas, Tini. Y después de lo que acaba de pasar con Federico, no quiero que...
-¿Te puedo contar un secreto?
-Por supuesto.
Sus mejillas se sonrojaron. Sus ojos almendrados brillaban como un faro mientras susurraba su secreto
-Nunca me han besado.
-Estás bromeando.
-Bueno, cuando era adolescente hubo un niño que me gustaba, y nosotros como que... No creo que a eso se le pueda llamar besarse. Él era... un poco baboso.
Jorge se rió.
-Pobre bebé.- La empujó a sentarse en un diván. Ella resopló cuando la acercó a él y aplastó su boca contra la de ella. La besó con fuerza y toscamente, no fue un beso dulce como el que debería tener una virgen. La poseyó. La saqueó. Le dejó saber cuánto la deseaba. Deslizó su mano a la parte trasera de su cabeza, anclándola para que se quedara quieta mientras él profundizaba el beso. Forzó la entrada a su boca con su lengua, saboreando su dulzura y marcándola con lujuria pura. Su corazón latía rápidamente, apresurando la sangre por sus venas. Su pe.ne se endureció hasta el punto de doler. Ella parecía estar ebria cuando Jorge finalmente se separó de sus labios.
-He querido hacerte esto desde la vez que te vi en De La Plume - Confesó él.
Ella articuló, guau.
-¿Y bueno?
Pestañeó.
-¿Fue mejor?
Martina dejó salir una risilla de adolescente.
-Gracias. Fue maravilloso. Nunca lo olvidaré. Jamás.
El que ella le diera las gracias le sorprendió. Martina era realmente inocente, a diferencia algunas mujeres que conocía.
-Sabes - Aventuró él. -Hay más.
Los ojos de ella se agrandaron.
-¿Más?
-Sólo si me dejas que te lo muestre.-
Su sonrisa fue la visión más bonita que él había visto jamás.
-Soy una gata curiosa - Susurró ella.
Su admisión fue el único empujón que él necesitó. Envolvió su brazo alrededor de su cuerpo curvilíneo, acercándola más para que se pudieran convertir en uno. Jorge podía sentir el corazón de ella latiendo mientras presionaba su cuerpo con el de Martina; podía sentir su piel a una temperatura febril cuando deslizó su mano desde su hombro a su cuello desnudo. Mordisqueó sus labios, la cúspide de su mentón, su garganta y omóplato, deteniéndose justo antes de llegar a su escote. Ella contuvo el aliento cuando Jorge tomó la fina tira de su vestido y la deslizó hacia abajo sobre su hombro.
-¿Sí? - Le inquirió.
-Sí - Contestó sin aliento.
Martina se veía como si quisiera desmayarse cuando él estampó sus labios contra los de ella otra vez, besándola con la boca abierta, lentamente, como si tuvieran todo el tiempo del mundo. Sus manos se deslizaron por su torso, encontrando sus senos y acunándolos a través de la suave tela. Ella gimió, pero su boca ahogó el sonido. Su reacción le excitó. Tiró de la parte superior del vestido, y sus pechos se derramaron. Jorge rompió el beso y miró hacia abajo. Ella se veía fantástica, incluso mejor de lo que él se había imaginado. No era capaz de coger cada uno de sus pechos, pues desbordaban sus manos. Pellizcó sus pezones y los rodó entre pulgar e índice.
Martina se retorcía por lo que él le daba, ronroneando como una gatita.
-Oh, por Dios, Jorge...
-¿Sí? - Ronroneó de vuelta, exaltado. Lo había llamado por su nombre.
Ella se mordió el labio y dejó salir un pequeño gritito cuando él puso más presión sobre sus pellizcos. De.monios. Jorge gemía en silencio. Ella sonaba tan jodidamente sexy. Sus ronroneos hacían que su pene palpitara y que sus testículos se agrandaran contra los dientes de la cremallera. Ya no podía esperar más.
Con un gruñido ronco lamió su pecho y tomó la cima en su boca. Martina dejó escapar un gritillo de su garganta al tiempo que él succionaba su carne con codicia. Las manos de ella se enredaron en su cabello, arañando su cuero cabelludo. Jorge ejerció más firmeza, atrapando el duro capullo entre su lengua y el paladar. El cuerpo de Martina tembló. Ella dejó escapar un grito ahogado cuando él liberó su pezón con un fuerte pop. Resolló, su cara estaba sonrojada de lujuria. Su pezón había enrojecido hasta adquirir el mismo color que el de sus labios.
Y él no pudo evitar admirar su trabajo. Se veía precioso contra su piel.
-Eres tan hermosa. ¿Lo sabías?
-¿Lo soy?
-Sí. ¿No puedes ver que estoy loco por ti?
Ella lamió sus labios en respuesta, viéndose insegura sobre los cumplidos que él le acababa de dar. Se le hizo casi imposible resistir la necesidad de presionar sus labios contra los de ella, otra vez, besándola con codicia. Jorge deslizó su mano por debajo del vestido y rozó la parte interna de sus muslos, moldeando su mano en medio de sus piernas y encontró su ropa interior empapada.
Y ella parecía avergonzada.
-Yo... um...
-Shh... - Jorge le subió el vestido y tiró de sus bragas hacia abajo.
Martina se encogió cuando él acunó su montículo, y sus dedos la recorrieron en una moción lenta y deliciosa, provocando que un chorrito de jugo caliente saliera de ella.
-Ábrete más. Quiero tocarte
Tini obedeció su orden, separando más sus muslos. Él acarició sus rizos y la punta de sus dedos encontraron su clítoris. Ella no podía esconder sus gemidos mientras él acariciaba sus labios internos.
-¿Alguien te ha tocado de esta manera antes?
Ella sacudió su cabeza.
-¿Te has tocado alguna vez así?
Y la vergüenza volvió a su cara.
-Sí.
-Mmm.
Jorge abrió sus pliegues y deslizó un dedo en su entrada, el secreto virginal al que ningún otro hombre se había aventurado. Ella volvió a lubricarse cuando deslizó su dedo más profundamente dentro de ella. Sus músculos apretados por la intromisión, envolviendo su dedo como un guante de seda. Movió sus dedos, dentro y fuera, lentamente en un principio. Cuando ella ya se había acostumbrado al ritmo, él aumentó la velocidad. El pecho de Tini se movió rápidamente, jadeó un poco más, lo que Jorge encontró muy sexy.
-¿Se siente bien?
Ella asintió.
Y él siguió penetrándola con sus dedos con más fuerza, sintiendo cómo el cuerpo de ella se estremecía con placer.
-J-Jorge.
-¿Sí, cariño?
Volvió esa sonrisa tímida a sus labios.
-Nunca le he visto a un hombre... ¿Te puedo ver?
Él disminuyó su velocidad, encontrando su curiosidad graciosa. Se desabrochó el cinturón con la mano que tenía libre y abrió sus pantalones.
-Tócame.
Martina obedeció, deslizando ambas manos sobre la tela sedosa de sus pantalones y amoldando su mano a su potente erección. Su miembro tembló, rogando ser liberado de su prisión. Ella lo apretó con cuidado, como si tuviera miedo de hacerle daño.
Él gimió.
-Más fuerte. - Ella parecía dudar, pero lo apretó de la manera que él quería. Su corazón latió más rápido. Su miembro pulsaba con los latidos de su corazón. -Sácalo.
Ella tomó el elástico de sus bóxers con sus dedos y los empujó hacia abajo, dejando a su pe.ne en libertad. Su corazón quería salirse de su pecho cuando ella recorrió con la palma de su mano la erección dura como el granito que Jorge tenía. Sus manos se sentían heladas sobre su carne demasiado caliente. La sonrisa de Martina dejó su cara, pero sus ojos parecían brillar.
Lo tocaba como si hubiera descubierto un nuevo juguete.
Su pe.ne temblaba, amando la atención que ella le prestaba. Martina masajeó sus tes.tículos, acarició su miembro. Con suavidad y rudeza. Salió una gota de líquido preseminal, brillando desde el ojo de su pene y ella pasó su pulgar por sobre la cabeza.
-Eres hermoso. - Murmuró con asombro en su voz. -Tan duro. Increíble. ¿Te puedo lamer?
Jorge volvió a gemir.
-Me estás matando Tini. Pero adelante.
La risa inocente salió de ella mientras bajaba su cabeza hasta su entrepierna. Su cálido aliento inflamando la piel. Le dio una lamida tentativa, haciendo que Jorge gimiera. El impacto de la acción lo devastó. Quiso hundir su pe.ne en su vagina mojada y montarla hasta que no supiera quién era, pero en vez de eso, sólo sacó el pelo de Tini desde su cara para poder ver lo que estaba haciendo. Martina volvió a lamerlo y apretó sus labios como su estuviera tratando de discernir su sabor. Muy suavemente la escuchó decir
-Salado-. Su cara era completamente seria y eso terminó de convencerlo de que sí era la primera vez que estaba con un hombre.
Ella no estaba repulsada por su descubrimiento,pues, un latido más tarde, volvió a chuparlo de nuevo, al envolver su pe.ne con su mano.
-Jo.der- Jadeó Jorge. La manera en que le succionaba, hacía que cada terminación nerviosa de su sistema gritara con placer. Ella pasó a rozarlo con sus dientes un par de veces, pero aprendía rápido. Su boca amante-de los-pe.nes jodió su herramienta de una manera que nunca antes había sentido.
Martina no había alcanzado a chuparlo una docena de veces, cuando Jorge ya peleaba con la necesidad de venirse y no quería hacerlo todavía, porque tenía otros planes en mente.
Se dobló un poco hacia adelante y volvió a joderla con sus dedos, golpeteando su clítoris con su pulgar para mover su mano aún más rápido. Martina hizo gárgaras en su entrepierna, el movimiento de su boca deteniéndose. Él la distrajo dándole placer, sintiendo su vagina caliente y contraída.
-Oh.- Ella soltó a su miembro. -Jorge...
-Quiero verte- Susurró él. -Desnuda. Quiero ver tu entrepierna. Y comerte también, una y otra vez hasta que te corras.
Martina jadeó.
-Oh, jo.der.
-Sí, me gustaría joderte también. Con mi pe.ne. Quiero saber cómo se siente joderte aquí...
Ella se mordió su labio inferior mientras que él movía sus dedos más profundamente y con más rapidez.
-Por favor...
-Por favor, ¿qué, Tini?
-Por favor jódeme.
-¿Eso es lo que de verdad quieres, cariño?
-Sí. - Martina presionó la mano de Jorge entre sus muslos, anclándolo. -Por favor, Jorge, hazme una mujer.
Blanco se congeló ante su plegaria, sacando su dedo. Se deslizó desde el diván y arregló sus pantalones. Agarró la cara de ella entre sus dos manos, besándola hasta que ella quedó sin aliento, otra vez. La desnudó y sacó los zapatos desde sus pies. Martina temblaba mientras él la tocaba por todas partes, su piel se sentía tan suave, sus pechos firmes y voluptuosos, su figura curvilínea era todo lo que un hombre podía querer en una mujer. Él la quería, pero no porque fuera virgen. Martina era el tipo de mujer que buscaba hace mucho tiempo. La levantó del asiento y la llevó hacia su dormitorio.
-Te voy a hacer mi mujer. Mía.
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Si si!!!! SEZOP JORTINI YHAAAAA!!!
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