Capitulo 10
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—Esto es ridículo. — Escupió Jorge. —Nunca me relaciono con ninguna agenda política.— Se hundió en la silla, sintiéndose insatisfecho y resentido, y la combinación le dio un maldito dolor de cabeza desagradable. No había acabado de hablar con Martina cuando el decano de la universidad, junto con el director de relaciones públicas y el jefe de seguridad, le tendieron una emboscada y le arrastraron a una reunión urgente. Sus ojos atraparon la mirada preocupada de Martina. Ella estaba de pie cerca de la ventana, jugueteando con un bolígrafo en su mano, esperando a tomar notas. Jorge no podía esperar a enviar a toda esa gente fuera para que pudiese así sellar este negocio inacabado con ella.
Byron Lucas, el decano, aclaró su garganta.
—Pero usted sí que dio donaciones monetarias a la guardería de Malaya.
—No consigo ver por qué mis hábitos filantrópicos me relacionan con un grupo extremista. He dado dinero a orfanatos y hospitales pediátricos por todo el sector.
Lucas hizo un sonido simpático, arreglando sus gafas corredizas.
—Parece que no siguió el incidente Malaya, Sr. Blanco.
—¿Qué incidente?
—Hemos tenido un atentado de golpe de estado en Malaya alrededor de once meses atrás. El dinero que usted y otros donaron fueron usados por el gobierno para lanzar un ataque sobre la provincia del este, básicamente diezmando la tribu Maryanist.
—Las guerras tribales son feas, Sr. Blanco. Especialmente las guerras tribales entre tribus de simpatías religiosas opuestas.
—Encuentro a esta gente sembrando horror por llamarse a sí mismos religiosos y después no teniendo ningún problema en atacar estudiantes inocentes.
Lucas se movió inquieto otra vez. El sudor rodó por su regordeta cara brillante.
—Nosotros tenemos... una forma diferente de percibir las cosas en Antara, Sr. Blanco. Creo que sería mejor si usted..
—¿Está sugiriendo que vuelva a Tartav-V sólo porque a unos extremistas de derecha no les gusta la forma en la derrocho el dinero en huérfanos?
—Sólo hasta que la situación se enfríe, Sr. Blanco. — Jane Buckley, la directora de relaciones públicas, se inclinó hacia delante en su silla.
—Estamos encantados de que usted esté mostrando un gran interés en nuestra institución, señor, pero considerando que no tenemos suficiente fuerza de seguridad para hacer este campus seguro, es de su interés si usted... vuelve a Tartav-V. —
Jorge frunció el ceño. Otra vez captó la mirada preocupada de Martina. No podía dejar Antara todavía. Él había venido por Martina, y no se iría sin ella.
—Le dejaré saber mi decisión mañana por la mañana.
—Con todo el debido respeto, señor, — Se metió el jefe de seguridad — No creo que podamos retener a esos protestantes hasta mañana. Hablé con el embajador de Tartav-V antes de esta reunión. Está preocupado por su seguridad, y es su deseo que usted sea evacuado de una vez. La embajada le ha enviado un helicóptero. Debe de estar cerca.
Jorge juntó sus dedos formando una uve. Él simplemente no podía ganar en esta situación, ¿o sí?
—Dame media hora. — Puso cierta entonación en sus palabras para hacerles entender que no le gustaba que le presionaran.
Los tres hombre intercambiaron una mirada recelosa, pareciendo no desear seguir presionándole. Después de la generosa donación que él había hecho a la universidad, no estaba sorprendido.
Lucas le dio un simpático asentimiento.
—Treinta minutos estaría bien, Sr. Blanco. Si tan sólo pudiese ver que acaba de pasar ahora mismo en nuestra puerta frontal, estoy seguro que usted entendería la gravedad de la situación.
Jorge tomó en consideración al decano fríamente. Le disgustaba que le dieran órdenes.
Tini se volvió hacia él tan pronto como los tres hombres se marcharon por la puerta.
—Justin, tú deberías...
Él agitó la mano, deteniéndola a media frase.
—Tú sabes por qué vine aquí, Tini. Todo depende de ti.
—Esto es simplemente estúpido. Tú piensas...
—¿Estúpido?— Jorge se levantó de su asiento. — ¿Piensas que lo que siento por ti es estúpido? He pasado por un montón de cosas para estar aquí contigo.
Martina inspiró aire.
—Necesito algo de tiempo para pensar. Ésta es un gran decisión para mí.
—Sólo tengo media hora.
—No puedo tomar una deci...
—¿Sr. Blanco?— La voz de Kenny interrumpió su conversación. El guardaespaldas abrió la puerta sin tocar. — Señor, tenemos que irnos ahora. Los protestantes han pasado por encima de la barricada. Será cuestión de minutos antes de que alcancen el edificio.
Martina se volvió hacia Jorge, suplicando. Sus ojos se ensancharon de miedo. "Justin, deberías..."
—¿Vienes conmigo?
—Yo... no puedo. Necesito algo de tiempo para pensar en ello. Te llamaré cuando..
—Entonces me quedaré aquí hasta que estés preparada.
—Señor...― empezó Kenny.
Jorge silenció al guardaespaldas con una mirada gélida. Kenny parecía frustrado. Tini se veía como si rozara el borde de un ataque de nervios.
Frunció los labios y retorció sus manos hasta que sus nudillos se volvieron blancos. Ella era tan jodidamente cabezona.
Él también podía jugar a ser cabezota. Volvió a su escritorio, se hundió en su silla y se ocupó a sí mismo con papeleo. Desde el rincón de sus ojos, vio a Martina balancearse sobre sus pies, volviéndose más nerviosa por momentos.
—¡Bien!— le gritó. Le agarró el hombro y lo sacudió. —Me iré contigo. ¿Te vas a ir ahora? Les puedo oír escaleras abajo.
Jorge sintió como si se quitara un peso de encima. Intentó no sonreír, pero resultaba difícil mantener la cara seria.
—Bien, en ese caso.
Martina suspiró de alivio.
—Gracias a Dios.
Jorge no pudo resistir arrastrarla a sus brazos para besarla. Sólo tenía que hacerlo.
Ella se soltó justo después de unos momentos.
—¡Jorhr! Vámonos.
Kenny saltó, abriendo la puerta, conduciéndoles hasta la azotea. Tres de sus agentes de seguridad junior flanquearon a Jorge por los pasillos del edificio principal. Byron Lucas, el decano, corría deprisa sin respiración al lado de ellos, tratando de ir al mismo paso.
—Estoy feliz de que haya tomado la decisión adecuada, Sr. Blanco. — Jadeó Lucas.
Jorge le dio una mirada desinteresada.
—Yo también lo estoy.
—Siento muchísimo estas desafortunadas circunstancias, yo...
Las palabras de Lucas fueron cortadas cuando las voces enfadadas explotaron de una de las puertas que daban a las escaleras. De repente estaban rodeados de personas.
Jorge maldijo, agarrando el brazo de Martina y acercándola más cerca para protegerla. Sus ejecutivos de seguridad saltaron para ahuyentar a la muchedumbre, pero uno de los protestantes embistió contra ella. Jorge la escudó con su cuerpo. Kenny hizo un movimiento rápido y empuñó su pistola contra el cráneo del hombre.
El agresor cayó al suelo.
—Dese prisa, señor —Kenny ladró.
Jorge tomó a la fuerza el brazo de Martina y la arrastró hacia las escaleras de emergencia. Corrieron hacia la azotea mientras rebotaban disparos detrás de ellos.
En la azotea, un helicóptero les estaba esperando.
Se subieron. Kenny cerró la puerta de un portazo tan pronto como él y Martina se sentaron. Jorge expiró de alivió. Nunca había estado en una situación de este tipo antes. Esto era demencial. Todo por haber dado dinero a unos huérfanos.
Jorge estaba a punto de abrocharse el cinturón cuando sintió cierta molestia en su vientre. Entonces se dio cuenta de la sangre.
Tini también lo vio.
—Oh, Dios, Jorge, ¿qué te ha pasado?
Él bajó la vista.
—¡Jo.der!— Llevaba un traje de color oscuro, oscureciendo la sangre, pero un cuchillo de cinco pulgadas parcialmente enterrado en su vientre.
No sentía para nada ningún dolor, tal vez por la adrenalina. Estaba tan inmerso por la situación, que no se dio cuenta de que le habían apuñalado.
Kenny se quedó en blanco. Ladró órdenes al piloto para que les llevara al hospital más cercano.
Jorge intentó calmar a Martina, pero no paraba de llorar histéricamente. Con un brazo tiró de ella hacia su pecho y la mantuvo cerca, prometiéndole que todo iba a estar bien.
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¿Creen que le pase algo a Jorge?
El siguiente es el ultimo cap!! Es una One Shoot! O como se escriba xD
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