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Parte /65/ Ventura

Ventura

Era el señor donde vendían los choco miles, fue el primero en tener una choco milera, una novedad, le ponía hielo al vaso con leche y lo ponía en el aparato, mientras daba vuelta le ponían el choco milk y la azúcar entre más hielo le ponían más espumoso salía, le espolvoreaba su canela molida con su respectivo popote y saborearlo,

También vendía jugo de naranja, y una variedad de panecillos y galletas como acompañamiento.

Castorena

Era uno de varios carniceros, que vendían la carne lo mencionó a él porque él le fiaba la carne a mi mamá,  me decía

- Vas con  Castorena y le dices que quieres dos kilos de cocido que le ponga plátano, ubre, y costilla cargada, que no te valla a dar huesos pelones, cuando ya te de la carne le dices que me la apunte, porque si le dices al principio te va a dar puros pellejos y huesos pelones.

Cuando me daba la carne el señor me decía

- Quince pesotes- pues el kilo costaba siete cincuenta

- Dice mi mamá que si se lo apunta

 El señor se ponía furibundo y me decía

- Por allí hubieras empezado niña

- No porque dice mi mamá que si primero le digo eso nos va a dar puros pellejos y huesos pelones

- Si había gente les daba mucha risa, él decía

- Está bien ya vete antes que me arrepienta.

La varita de nardo

Eran una señora de más de cincuenta años, le decían así que porque en su juventud fue muy bella, alta y delgadita, pero proporcionada la mujer todavía era bonita y su esposo era Montaño un señor gordito, ellos eran los fruteros, los que vendían la fruta de calidad, manzanas muy brillantes envueltas en papel de china, peras, ciruelas de España, plátanos dominicos, plátanos machos, fresas muy grandes, mangos de manila y muchas frutas más esas frutas por supuesto,  no estaban al alcance de nuestro presupuesto eran exclusivas para los adinerados.

Don José

Este señor en cambio era el frutero de los pobres y de los más pobres, vendía de toda la fruta, no tan bonita ni mucho menos tan cara como la de la varita de nardo, él aparte vendía jugo de naranja, tenía un tambo grande donde tiraba las mitades de naranja cuando las exprimía, y la fruta magullada, lo que más tiraba eran plátanos revenidos que estaban a punto de echarse a perder pero todavía sabían bien, salíamos el montón de niñas de la escuela y corríamos al puesto de don José directo al tambo y casi metíamos medio cuerpo para sacar la fruta la que llegaba primero era la que más sacaba.

Luz mi hermana era de las que llegaba primero y sacaba y me los daba, hicimos eso durante un corto tiempo, pero un día llegamos a la casa todavía olorosas a plátano y vimos a mi papá que nos estaba esperando con el fajo en la mano que si su mirada hubieran sido relámpagos hubiéramos caído muertas al instantes, mi mamá que en ese momento llegaba le dijo que pasa porque les vas a pegar.

Él le dijo tus hijas me hicieron pasar la peor vergüenza de mi vida, venía con Camilo un amigo de él, cuando me dijo oye esas no son tus hijas las que están culimpinadas en el tambo, estaban sacando los plátanos podridos del tambo de don José, yo me hice el disimulado y le dije que no eran ellas, pero claro que las vi muy bien eran ustedes si todavía traen bigotes de plátano, y diciendo eso que nos empieza a pegar y mi mamá que no desperdiciaba ninguna oportunidad para vengarse del hombre por todo lo que la hacía pasar.

Le dijo eso no pasará si cumplieras con tus obligaciones en lugar de irte con tus amigotes a gastar lo que aquí hace falta y les compraras todo lo que a un niño se les antoja, y mi papá a así es que se están muriendo de hambre y nosotros muy campantes nos salimos agarradas de la mano y nos dijimos deja que se peleen, pero ya no hay que ir con don José, y ya nunca fuimos al tambo pero a comprar si ja jajajajaja.

Los polleros

Era un matrimonio que vendían pollo fresco recién matado, tenía los pollos en unas jaulas, huevo fresco de granja que eran blancos y huevos de rancho que eran color café, y también huevos de pato que porque eran medicinales quitaban el vicio del vino, les decían a las mujeres si quieres que tu viejo ya no tome dale diario dos huevos de pato en ayunas y veras que con eso poco a poco deja el vicio, el trabajo era que el marido quisiera tomarse los huevos.

La persona escogía su pollo le decían como cuanto pesará este, el hombre lo agarraba con las dos manos lo levantaba hacia arriba y hacia abajo y decía pesa más o menos dos kilos, o lo que pesará ni siquiera tenían bascula para pesarlos a puro tanteo, si la persona quedaba satisfecha le decía pues échemelo, y el vendedor decía pues no lo echamos enseguida ponían al pollo en una tabla la señora le agarraba el cuerpo para que no se moviera y el señor le agarraba la cabeza y con un cuchillo bien afilado le cortaba en pescuezo, allí lo tenían hasta que el pollo se desangraba y ya no se movía.

Enseguida lo metían en un bote alcoholero con agua bien caliente, lo sacaban y lo empezaban a desplumar, luego lo pasaban por el fuego para quemarle las plumas que le hubieran quedado, enseguida le habrían un agujero en la panza y le sacaban las tripas la hiel se la sacaban con mucho cuidado pues decían que si se le reventaba se amargaba todo el pollo. Luego le preguntaban al cliente como lo va a querer, en piezas, a la mitad, o entero, las personas les decían como lo querían y con una habilidad, lo partían.

Entre las vísceras apartaban la menudencia que era el hígado, la molleja, el corazón, las patas el pescuezo con todo y cabeza, lo envolvían en papel de estraza se lo entregaban al cliente y cobraban.


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