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Capítulo 38: Viejos tiempos

Clarissa

—Buenas tardes alumnos. Se les informa que el día de mañana no habrá actividades escolares debido a la realización de un mantenimiento general a todas las instalaciones de la institución. —dijo el director por los altavoces, justo treinta y un segundos antes de que la campana sonara.

Miré a Damon, quien tenía aspecto de haberse quitado un gran peso de encima. Las clases eran nada para él, pero el simple hecho de tener que pretender que prestaba atención, al parecer, ya era mucho trabajo para mi novio. Una gran ronda de aplausos, gritos de júbilo y puños al aire le siguieron a la campana. Casi pude ver cómo se encendía la bombilla en la cabeza de Damon.

—Espérame afuera, Clari. Tengo que hacer algo. —dijo dándome un beso en la frente, antes de dirigirse a unos chicos con los que casi nunca hablábamos.

Me dediqué, mientras esperaba, a caminar por los pasillos; trataba de no respirar demasiado, y de resistir las tentaciones a mi alrededor. Mientras estaba en eso, un dedo vacilante tocó mi hombro... era la última persona que podría haber esperado.

—Hola, Eh... Clari, ¿cómo estás? ¿Cómo te ha ido? —me saludó Jason, rascándose la cabeza de forma incómoda.

Lo miré con repulsión. —No finjas que te importa. ¿Qué quieres?

—Bien... resulta que, para no perder la costumbre, estás jodiendo todo en mi vida. —Giré los ojos y me disponía a irme. No estaba aquí para aguantar insultos de un idiota, pero él me tomó por el brazo con fuerza, impidiéndomelo. —Conocí a una chica. Dice que ustedes son mejores amigas, o algo así. Se llama Anika. ¿La conoces?

Fruncí el ceño. Esto no me gustaba. —Puede ser. ¿Qué pasa con ella?

—Hemos estado... saliendo, o algo así. Y yo solo... demonios... necesito saber. ¿Ella es... como tú? ¿Un vampiro? —La última palabra salió de su boca de forma desdeñosa. Para tratar de no matarlo allí mismo, asumí que había sido de forma involuntaria.

Consideré mentir por un momento. Había algo de Jason que me recordaba a Chris; tanto por esa aura oscura como por lo sexy... sin embargo, eso de Christopher y yo no terminó nada bien. No sentía especial simpatía por Jason, pero sabía que Anika era una buena chica. No sabía si lo que Jason decía era cierto, y no me arriesgaría a los terribles dolores de cabeza por entrar en la cabeza de un Lanza de Fuego, pero... si por casualidad era cierto, eso la destrozaría. Demonios. Sale de un bosque y lo primero que hace es buscar un lanza de fuego para tener una aventura con él. Diablos y más diablos.

Yo había sobrevivido a Christopher... pero ella no tenía a Damon.

Suspiré. Si no se lo decía yo, igualmente lo descubriría. —Eres un Lanza de Fuego, Jase. Creo que ya lo sabes.

Para cualquiera que pasara por ahí, era una charla perfectamente normal, con una inusualmente larga distancia entre uno y el otro, pero para nosotros, esta simple charla representaba un riesgo de muerte. Indudablemente la tensión en el aire era palpable.

Jason asintió. —Gracias. —dijo sin más, y se alejó a paso firme. Unos pocos minutos después, en los cuales fui incapaz de moverme, llegó Damon a dónde estaba.

—Novata, hoy el entrenamiento será más temprano. —dijo él, en lo me daba un beso en los labios.

—Cariño, te recuerdo que ya no tengo toque de queda. —Él puso los ojos en blanco.

—No es eso, tonta. ¿Es que aún no escuchas los rumores? Me siento oficialmente decepcionado. —dijo, haciendo una mueca bastante dramática.

—Damon, ¿qué pasa? —Ya estaba perdiendo la paciencia.

—Hay fiesta en mi casa, cielo. Y por supuesto, estás invitada. —Me guiñó un ojo en lo que yo giré los míos.

—¿Desde cuándo hay fiesta en tu casa? —pregunté algo molesta, ¿cómo es que era su novia, y era la última en enterarse?

—Desde hace diez minutos, querida. Le dije a dos o tres humanos, y ellos hicieron el resto. —Se encogió de hombros despreocupadamente, mostrándome esa sonrisa socarrona que tanto amaba. Yo bufé.

—Claro, como sea. ¿Vamos por algo de comer? Si vamos a estar rodeados de humanos, por más rato, necesitamos tener nuestras reservas al máximo.

—Claro nena. ¿A dónde quieres ir?

—No lo sé exactamente. Solo sé que quiero muchas ardillas... ¿qué te parece si jugamos un poco? El que llegue de último, solo podrá comer cuatro pequeñas ardillas. —dije, retándolo.

—Te gusta jugar con tu suerte, novata. —dijo, mostrando una sonrisa felina en su rostro.

—¿Eso crees, querido? Oh vamos, pensé que habías aprendido a no subestimarme. —Acto seguido, después de decir esto, y percatándome de forma fugaz que no hubiese nadie viéndome, empecé a correr a toda mi capacidad.

No me giré para ver a Damon, pero en mi mente, la imagen de su rostro; con una expresión sorprendida, orgullosa y un poco resentida; estaba clara como agua cristalina.

Todo sucedió en segundos, pero parecieron horas. Corría lo más que podía con un simple propósito: demostrarle a Damon que podía ganarle en algo. Sin embargo, casi no me doy cuenta cuando por poco choco con un árbol que se cruzaba en mi camino. Fue una reacción casi automática cuando con solo un brinco salté el árbol; hasta yo me sorprendí de no haberme lastimado al caer. Pude escuchar la risa de Damon en mi espalda.

—¿Ahora quieres unirte al circo, novata? —dijo, entre risas.

—¿Es que acaso no te emocionaría un poco tener una novia acróbata? —le dije, en tono bastante sugerente, en lo que hacía mi llegada triunfal al parque, solo un segundo antes que Damon. Pude ver, por la expresión de su rostro, que lo tomé por sorpresa. Puso una sonrisa felina en su rostro, y estaba bastante segura que, de ser posible, se habría sonrojado un poco.

Este pensamiento me puso un poco melancólica... nunca lo vería sonrojarse. Así como lo veía en este momento es como seguiría viéndolo por el resto de mis días. Era algo increíble, pero también un poco triste.

—Lo cierto es que sería una experiencia interesante. —dijo, aun riendo. —Nunca dejas de sorprenderme, Clari.

—Gracias, pero créeme que sin importar tus halagos, eso no te salvará de tener que comerte solo cuatro ardillas. —le recordé, librándome de forma rápida de mis pensamientos tristes.

—¿Te sientes muy bien contigo misma en este momento, no? —dijo, con humor.

—¿Es que acaso no debería? Acabo de saltar un jodido árbol, además que soy inmortal, soy bonita...

—En eso te equivocas. —dijo, interrumpiéndome. Estaba totalmente serio. —No eres bonita; eres malditamente hermosa.

—¡Ja ja! Eres un lame botas. Con eso no comerás más de cuatro ardillas —Lo vi hacer un puchero en lo que me miraba. —Y por cierto querido, ya sé que soy hermosa. —dije, de forma engreída. El rio y me dio un beso fugaz en los labios.

Nos dirigimos a los árboles. Parecíamos pequeños monos saltando con sigilo entre un árbol y el otro. Seguía sintiendo un poco de lástima por las pequeñas ardillas; eran demasiado tiernas... y deliciosas, para su propio bien. Cuando apenas iba terminando mi primera, ya Damon había acabado con las cuatro que le correspondían. Casi cedía ante su cara triste, pero fui fuerte... y me comí siete ardillas más justo en su cara. Solo porque podía, y él no.

Sabía que oportunidades así no se presentaban todos los días.

Debía decir que el entrenamiento; o prácticas para llegar a la perfección, como les decía Paolo; era cada vez más divertido. Mi rubio amigo incluso había llegado a decir que los entrenamientos eran para novatos. No pude evitar sonreír ampliamente ante esto, hasta que Damon, en una simulación de lucha, partió mi brazo en tres partes, y me recordó que aún lo era. Lo odiaba y lo amaba por eso. Sin embargo, era ciertamente un logro que esta vez, la cantidad de sangre que había quedado en mi ropa era mínima. Practicamos algunas llaves que me servían contra otros vampiros. Le doblaba la fuerza y la velocidad a un cazador, pero un vampiro experimentado sería más rápido y fuerte que yo... tomando en cuenta mis experiencias recientes con Adriana, debía admitir que esta clase de cosas me servirían de mucho.

Más que con la parte física, con lo que realmente necesitaba ayuda era con el control de mis poderes. Damon intentaba ayudarme con eso, aunque lo cierto es que era complicado. No todos los poderes salían del mismo sitio, y en definitiva, no todos los manejábamos igual; hablando de lucha, el elemento que me parecía menos agresivo era el agua. Sin embargo, con un poco de ayuda, pude encontrarle una utilidad muy básica y funcional, al menos en humanos. Ahogar. Podía hacer de un cuerpo de agua, una cárcel en solo segundos.

Intenté usarlo como un arma contra un vampiro. Me concentré en el Sena, y mientras Damon estaba de espaldas, hice un leve movimiento con la mano, y un poco de agua vino a gran velocidad y aprisionó la cabeza de mi novio. Podía entender su desconcierto, y siendo objetiva, en una lucha real, tal vez esos cuatro o cinco segundos me habrían servido mucho, pero después de esto, Damon pudo recobrar el control total sobre sí mismo, y se las arregló para, con su telequinesia, levantarme y estrellarme con fuerza contra la estructura más cercana. Mi cabeza dolió, y me costó recobrar un poco el aire. Estaba agotada y débil por haber utilizado tanto mis poderes. Damon corrió hacia mí, para asegurarse que estaba bien, y me trajo dos ardillas más. Pensé en decirle que tenía que soportar verme comiendo mientras él no podía, pero tampoco era una perra tan desalmada, por lo que lo relevé de su castigo, y le permití comerse un par de roedores más que pudiese encontrar.

Al cabo de un rato, nos fuimos a la casa de Damon. Cuando llegué, me di cuenta que en realidad nunca antes había estado allí... al menos no estando completamente despierta. No podía olvidar esa vez que casi me desintegraba estando allí. Era una vivienda muy moderna, y decorada con muy buen gusto. No es el prototipo de vivienda que te imaginas cuando piensas en la casa de un vampiro, aunque suponía que esa era la idea.

Ayudé a Damon a organizar todo, y me arreglé allí mismo; a eso de las nueve comenzó a llegar la gente. Al cabo de dos horas, y a pesar que la casa era enorme, estaba totalmente abarrotada. Estaba, supuse, todo el último año, y la mitad del penúltimo. Y aunque recién me había alimentado, lo cierto era que era una completa tortura estar tan rodeada de humanos. Apenas me podía controlar. Estaba buscando algunos rostros conocidos, pero no tuve suerte. Vi a parte del equipo de bádminton reunidos alrededor de una mesa jugando beer pong... Probablemente pasara por allí luego. También vi a un grupo de chicas notablemente menores que yo, haciendo el intento de coquetear con chicos del último año.

Un abrazo de oso me sorprendió por la espalda, y antes de asesinar a nadie, reconocí el agradable olor familiar.

—¡Clari! ¡Siento que hacía una eternidad no te veía! ¿Cómo te ha ido? ¿Qué has hecho? Te ves genial. —dijo Anika, viéndose totalmente adorable con un vestido amarillo que le llegaba hasta las rodillas y su largo cabello suelto.

Me causaba un poco de gracia que la chica que la chica me dijera que me veía bien, cuando simplemente tenía un sweater corto y un jean, mientras me acomodé el cabello en un par de trenzas con el flequillo suelto.

Hubo algo que me preocupó un poco al ver a mi amiga. Anika llevaba a un chico tomado de la mano: Jason. El cual se veía relajado y feliz a su lado; no necesitaba entrar en su cabeza para notar que igualmente estaba un poco incómodo con mi presencia. Debía decir que el sentimiento era mutuo.

—Gracias Ani. Y en definitiva no me veo tan bien como tú. Pareces una diosa. —dije, siendo completamente honesta. Ver a Anika y a Jason, era una especie de visión moderna de cómo me imaginaba a Hades y Perséfone. Desvié mi atención hacia Jason, dándole una gran sonrisa que no era del todo fingida. —¡Jase! ¡Qué lindo verte! ¡No me habías contado! —Le di un golpe juguetón en el brazo, a lo cual él contestó apretando la mandíbula con fuerza. No pude evitar reírme un poco.

Él se revolvió, y puso una mueca. —Eh... no sé exactamente lo que te debía contar, pero ya que eres tan entrometida como siempre, pues creo que Anika y yo somos... novios... o algo parecido.

—Deja de ser tan tímido querido, puedes confiar en Clari. Y es claro que lo somos. —Lo cierto es que me parecía extremadamente pronto para llamarlo "un noviazgo", pero ¿quién era yo para interferir con lo que, ellos pensaban, era su felicidad? Lo cierto es que Anika se veía totalmente radiante. Sus ojos color ámbar casi resplandecían.

—Los felicito chicos, espero que sean felices. Si me disculpan, debo ir a buscar a Damon. —Me alejé de ellos, no sin antes darle una mirada amenazadora a Jason. Anika era probablemente el alma más encantadora e inocente que conocía. Si bien pensaba que todo esto del "noviazgo" era muy precipitado, en definitiva le arrancaría la cabeza a Jason si la lastimaba.

Busqué a mi novio por unos segundos, entre tantas personas. Lo conseguí finalmente en la terraza, aunque no se encontraba solo. Afuera estaban reunidos Damon, el cual con una simple camiseta y un jean se veía traído del mismo Olimpo, Paolo, tomándole la mano a Miguel, y... sí, Adriana, la que, para mi desgracia, se veía sexy como el infierno. Los cuatro estaban hablando de forma despreocupada, como viejos amigos. El corazón se me estrujó un poco al pensar que, efectivamente, eso eran.

Me tomé un minuto para detallar mejor a cada uno. La sonrisa de mi novio al hablar con sus "amigos" parecía resplandecer, al igual que su cabello color oro. Su camiseta se ceñía de forma perfecta en sus brazos, haciéndolo lucir incluso más musculoso de lo que ya era. Lo cierto es que Paolo no se quedaba muy atrás; su cabello ligeramente largo y amarillo como el sol, hacía un hermoso contraste con la piel morena y el cabello oscuro de Miguel, que estaba a su lado. Paolo vestía un sweater negro con unos jeans rasgados y unas zapatillas deportivas... Aún con esa vestimenta tan sencilla, parecía un modelo. A pesar de ser notoriamente más grande que Paolo, Miguel a su lado simplemente palidecía; parecía solo una especie de accesorio, un complemento. Por último miré a Adriana, y es que era imposible no mirarla. Todo en su aura gritaba "obsérvame, perra". La odiaba un poco por eso. Adriana usaba una blusa blanca, totalmente ceñida, lo cual dejaba ver que la desgraciada tenía unas curvas para morirse. También usaba un jean ajustado y unos tacones de plataforma. Su cabello caía suelto en ligeras ondas negras las cuales, estaba segura, cualquier chico por aquí moriría por siquiera llegar a oler.

—¡Hola a todos! ¿Están disfrutando la fiesta? —pregunté de forma general, aunque sin mirar a Adriana; ella hacía lo mismo. Me ignoraba de forma deliberada.

—¡Clari querida! ¡Qué linda te ves! —dijo Paolo mientras me daba un beso en la mejilla, actuando como si no nos hubiésemos visto solo hace un momento.

—Hola Clarissa, gusto en verte otra vez. —dijo Miguel, siempre diciendo solo lo necesario, ni más no menos.

—¿Cómo te ha ido Miguel? ¿Estás pasando un buen rato? —pregunté, dedicándole una sonrisa y tratando de hablar en el mismo tono solemne que él solía utilizar. Por alguna razón, Miguel siempre me hacía sentir como una niña pequeña.

—Supongo que sí... lo verdaderamente importante es con quien estás, ¿no? —Decía esto mientras miraba a Paolo con cierta devoción, justo antes de atraerlo delicadamente hacia sí, y plantarle un beso en los labios. Algunas personas podrían sentirse incómodas con ver a dos chicos besándose... yo no era una de ellas.

Me sorprendía en realidad, que a la hora de la verdad, fuese tan abierta de mente con estos temas. No es que mis padres hubiesen sido homofóbicos o algo así, fueron simplemente tradicionales... claro, antes que se divorciaran y toda la familia se fuese a la mierda.

Pude ver a Adriana removerse un poco en su sitio. —Yo como que no encajo demasiado bien aquí, Miguel querido, ¿me acompañas por unas bebidas? —dijo, parpadeando varias veces hacia Miguel. Contuve mi impulso de girar los ojos, y lanzarla por la terraza.

Miguel miró a Paolo, casi como pidiéndole permiso. Pude ver a mi amigo tragar grueso. —No te preocupes por mí, cariño. Ve. —dijo Paolo, con una sonrisa un tanto incómoda. Miguel le dio un último beso en la mejilla antes de dejarse arrastrar por Adriana hacia el interior de la casa, perdiéndose entre la multitud. —Tengo que mantener un ojo en esa...

—Oye, ellos son amigos, nada más que eso. —dijo Damon, dándole un apretón en el hombro. —¿Vieron a Anika? Tiene una nueva presa. —Sus cejas hicieron el típico movimiento sugerente.

—Sí, se llama Jason Moreau. Tiene unas cuantas clases conmigo. Lo conozco desde que éramos niños. —respondí.

Paolo abrió mucho los ojos, luciendo repentinamente como un niño pequeño. —¿Es en serio? No me puedo perder ese espectáculo. —dijo, riendo. No pude evitar reír también.

—Paolo definitivamente es especial. En todos mis años de vida no recuerdo haber conocido a nadie remotamente parecido a él. —dijo Damon, pensando en voz alta, supuse.

—¿Estás seguro que no has conocido a nadie como él? Es decir, te quiere besar cada vez que te ve... estoy segura que hay una fila de chicas que quieren lo mismo. —dije, sin poder evitar que Adriana viniese automáticamente a mi mente.

—No seas tonta, —dijo riendo. —es Paolo. Es totalmente diferente. —Se encogió de hombros.

Sabía que Paolo era distinto... pero Adriana no lo era. Traté de dejar de lado esos pensamientos; no pretendía pasar lo que quedaba de fiesta con cara larga. Jalé a Damon con fuerza hacia el grupo de personas que se aglomeraba para moverse al ritmo de la música, la cual sonaba tal vez un poco demasiado fuerte para el oído vampírico. Le sonreí a mi novio y lo besé con fuerza, en lo que nuestros cuerpos se movían con la masa.

Al cabo de un rato, Paolo se nos unió también. Lo cierto es que pasé un rato genial. Me reí, bailé, bebí un poco, y me divertí a montones. Hacía algún tiempo no la pasaba tan bien.

A eso de las cuatro de la mañana, ya todos se habían ido. Si fuese humana, estoy segura que estaría completamente exhausta. Como vampira, solo sentía un anhelo increíble de que el dormir me sirviera de algo. Estaba sentada junto a Damon en un sofá, totalmente acurrucada a él. Podía decir que se veía igual de cansado que yo.

En ese momento miré a mi novio. Su sonrisa maravillosa, sus cabellos desordenados. Pensé en todos los momentos que habíamos pasado juntos desde que lo conocí... Damon era el que me había dado esta nueva vida, y lo que más podía anhelar era compartirla con él. Lo cierto es que así como podía tener una eternidad a su lado, mañana podría acabar todo por una razón u otra, y yo... lo amaba. Lo amaba demasiado. No quería estar ni un segundo más alejada de él, lo cual me llevó a decir las siguientes palabras:

—Damon... quiero que me enseñes tu cuarto. —dije, en voz muy baja, y mirando al suelo.

Se giró de forma rápida hacia mí, luciendo levemente sorprendido; noté un brillo particular en sus ojos. —Por supuesto. —respondió, sonriendo en lo que me tendía la mano.

Lo cierto era que lo de Christopher me había afectado mucho, incluso ahora, aún lo recordaba. Aún recordaba con demasiada claridad cómo se sentían sus manos sobre mí; cómo se sentían sus besos. Pero también podía recordar que era un lanza de fuego, que intentó matarme... Más que nada, no podía olvidar el sabor de su sangre. Sin embargo, aunque aún esos pensamientos seguían muy presentes en mi mente, sabía que estaba jodidamente enamorada de este chico junto a mí, y que eso no iba a cambiar en el futuro cercano.

Me tendió la mano y procedimos a subir el corto tramo de escaleras que daban al segundo piso. Divisé la que pensaba que era la puerta de su habitación, y temblé un poco con la expectación. Al sentir esto, en un gesto un poco brusco, Damon me pegó con fuerza a la pared. Juntando nuestros cuerpos en todos los puntos adecuados.

—¿Qué sucede cariño, estás nerviosa? —dijo, con su rostro terriblemente cerca del mío. En ese momento no creía estar siquiera respirando.

Antes de poder decir nada, Damon estampó sus labios con dureza contra los míos, consumiéndome por completo. Enredé mis manos en su cabello, y sin poder evitarlo, un ligero gemido se escapó... Esto pareció enloquecerlo. Antes de notarlo, las manos de mi novio habían desgarrado mi blusa en dos partes. Estaba en una especie de frenesí en el que en solo fracciones de segundo, estaba frente a la puerta de la habitación, ésta estaba un poco abierta lo cual me sorprendió. Me disponía a devolverle el favor a la camiseta de Damon cuando escuché algo extraño, lo cual me hizo detenerme en seco.

—¿Qué sucede, Clari? —dijo Damon, con un toque impaciente en su voz. Yo no contesté nada, solo asomé ligeramente mi rostro dentro de la habitación, y pude ver a dos personas en la cama. Uno encima del otro... desnudos.

La impresión del momento me impidió ver con claridad. Parpadeé varias veces para enfocar mejor mi visión. ¿Cómo demonios no los habíamos escuchado? Vi una mata de pelo negro rebotar sobre un cuerpo moreno. Mierda. Mierda. Mierda. Por eso no los escuchamos. Habían sido jodidamente silenciosos... Adriana y Miguel.

Al cabo de unos pocos segundos, que para mí fueron una eternidad, Damon también vio lo que yo. —Maldición. —dijo. Yo estaba en una especie de trance. No podía moverme de donde estaba. No podía respirar. No sabía siquiera cómo podía existir en un momento como ese.

—Dilo otra vez. —dijo Adriana, en un gemido bajo.

Muéstrame tu cuello, y deja que mis colmillos rompan la piel que evita que tu sangre sea para mí. —dijo Miguel, en un perfecto español. No sabía ni siquiera cómo había entendido eso. Adriana no dijo nada. La única respuesta que pude escuchar fue un fuerte gemido de éxtasis cuando Miguel comenzó a beber de ella.

Damon me tomó por el brazo, sacándome del trance en el que estaba, y sin hacer mayor alboroto me sacó de allí. Antes de siquiera notarlo, estábamos en el frente de su casa. Yo seguía un poco atontada.

Ne mozhet byt'. YA ne mogu vam skazat'. —repetía sin parar. Tuve que entrar en su mente para entender lo que decía, aunque luego empezó a hablar nuevamente en francés. —No se lo puedo decir. Diablos. Maldita sea. ¿Cómo voy a decírselo?

—Cariño, no te preocupes. Yo puedo decirle. —dije, tratando de calmarlo un poco, aunque no parecía funcionar. Seguía caminando de un lado a otro.

—No lo entiendes, Clarissa. Esto ya sucedió una vez. Justamente así. Y Paolo, de alguna manera, logró perdonar a ese hijo de puta. —Sus ojos estaban comenzando a tintarse de un tono rojizo.

—Lo sé, Paolo me lo contó.

—Entonces entiendes que...

—Que debe saberlo. —dije, en un tono que no admitía discusiones. —Debe saberlo, Damon. Tarde o temprano se enterará, y si no es por nosotros será mucho peor. Y lo siento, pero no estoy dispuesta a perder a Paolo solo porque tú quieres proteger a tu ex. —Al decir esto, pude verlo encogerse en su sitio ligeramente. —Deberíamos irnos. Hasta aquí puedo escuchar los gemidos de esa perra. —Damon simplemente asintió, y empezamos a correr.

Corrimos hasta llegar a "nuestro parque", y nos sentamos en silencio por unos segundos. Podía ver la mandíbula apretada de Damon y su mirada un tanto nerviosa.

—Demonios, ahora tendré que quemar la cama. —dijo él, con el tono de voz aún un poco tenso, pero tratando de aligerar el ambiente.

—Resulta que el fuego es mi elemento favorito. Si tú lo inicias, yo me encargo de que todo se consuma en segundos. —dije riendo, él rio un poco también antes de respirar profundo.

—Clari, ya está amaneciendo. Debemos irnos.

Fruncí el ceño. —¿A dónde vamos?

—Yo debo ir a un sitio. Tú tal vez debas volver a tu casa... debes estar al pendiente de tu madre, Clari. —Asentí y le di un beso rápido en los labios.

Decidí seguir el consejo de Damon y fui a casa. Mamá dormía de forma plácida en el sillón, lo realmente preocupante era el pequeño frasco de lo que parecían ser medicinas que estaba en la mesa a su lado. Intenté tomarlas para ver qué eran, pero su mano las estaba rodeando, y cuando siquiera toqué el frasco, a pesar de mi cautela, ella despertó un tanto sobresaltada.

—¡Clarissa Fournier! ¿Dónde estabas? ¿Es que acaso acabas de llegar? —dijo, tratando de reprenderme. Casi me causó ternura.

—Sí, mamá. Estaba en una fiesta en casa de Damon.

—Jovencita, entiendo que ahora tienes un noviecito, pero no puedes saltarte la escuela así como así.

Le sonreí de forma tierna y le di un beso en la cabeza. —Suspendieron las clases, mamá. Por eso fue la fiesta.

Mi madre asintió y su rostro se relajó un poco; casi se queda dormida en mis brazos en ese momento. Me preocupó un poco hasta que logré divisar mejor el frasco que había visto anteriormente... píldoras para dormir. No podía dejar de preocuparme que reaccionara de esa forma ante la pérdida de Víctor, pero entonces... realmente ¿cuál era la forma correcta para reaccionar cuando se pierde a un hijo? Deposité un último beso en su frente, y la acomodé en el sillón para que continuara descansando.

Solo me acosté en mi cama a mirar el techo. No era aburrido, ahora con la visión vampírica siempre había algo nuevo para ver incluso en los lugares más cotidianos, pero no era la gran cosa. Al hacerse un poco más tarde, tomé mi teléfono y realicé una llamada.

—¿Hola? —contestó ella, con voz soñolienta. Me fijé en la hora, apenas eran las nueve de la mañana. Ups, no era tan tarde como pensé.

—¡Hola Hill! ¿Cómo te va? Pensé que te vería en la fiesta de ayer. —dije, intentando empezar una conversación.

—¿Clarissa? ¡Hola! ¿Está todo bien? —Me reí un poco. Podía entender su desconcierto. Como humana nunca había sido una persona madrugadora.

—Lo normal. —dije de forma tranquila, aunque lo que en realidad quería decir era "claro que está todo bien. El novio de mi mejor amigo estaba follando con la perra que quiere quitarme a mi novio, además, Jason, tu querido ex novio, es un cazador de vampiros y resulta que su nueva novia es nada más y nada menos que... sí, acertaste, un jodido vampiro". —Me ha ido bastante bien en la escuela. Incluso tuve un diez en biología, ¿puedes creerlo? Pero no quiero hablar de mí, quiero saber ti, ¿cómo te ha ido?

—Lo cierto es que no estoy tan bien como me gusta aparentar... No importa qué tanto lo intente, sigo queriendo a Jason. Lo quiero con locura. —No me hacía falta estar cerca de ella para saber que estaba al borde del llanto. —Hace poco lo vi con otra chica. Me destrozó por completo.

—Hill, sabes que no lo merece.

—Sé que no, Clari. Pero no puedo evitarlo. —La escuché respirar profundo. —Pero en fin... ¿y tu novio...? ¿Cuál era su nombre?

—Se llama Damon. Está bien. Hace un rato llegué de su casa.

Oí un golpe seco. —¡OH POR DIOS! ¿En serio? Cuéntamelo todo. ¿Fue salvaje? ¿Fue tierno? Por lo poco que he visto del chico, apuesto que te dejó...

—¡NO! No Hill, no lo hemos hecho aún. —dije, entre risas. —A diferencia de ti, que tu primera vez fue a los quince.

Noté cómo dejó de reír. —No me lo recuerdes. Fue maravilloso, pero... Jason ya no está. No conmigo, al menos.

Sabía que ese seguía siendo un tema delicado para mi amiga, y lamenté haberlo mencionado, así que cambié el tema, y así seguimos... hablando, riendo, pero sobre todo recordando; recordando esos momentos en los que la vida era más sencilla y simple. En el que solo podía ser una adolescente mal portada con una mejor amiga mucho más bonita que ella.

Hubo un momento en que nos dio una especie de ataque de risa, y cuando por fin nos calmamos, ya ni siquiera recordamos por qué nos estábamos riendo, así que volvimos a empezar a reír con locura, aunque después de eso reinó el silencio por unos segundos.

—¿Qué nos pasó, Clari? Ya no estás ahí. Es decir, sí lo estás, pero no como antes. Ahora siempre estás con esos chicos... no me malentiendas, está bien que tengas otros amigos, pero yo... —Su voz se quebró. —Yo te necesito.

—Lo sé Hill... de verdad lo siento. Las cosas cambiaron mucho cuando conocí a Damon.

—No es solamente Damon, Clarissa. Eres tú. Tú cambiaste.

—Sí Hill, lo hice, pero hay algo que no debes olvidar y es que tú eres mi mejor amiga. Pueden llegar mil personas más a mi vida, puedo meterme en un culto satanista o lo que sea, pero te prometo... te juro que eso no va a cambiar. —dije, creyendo y sintiendo cada palabra que decía.

—Lo sé, Clari. Tú también serás mi mejor amiga siempre. Es solo que... es difícil tener una mejor amiga con la que no hablas. —Ella se obligaba a decir las palabras. —Créeme, yo sé lo maravilloso que es tener un novio apuesto, cariñoso, que parece que da la vida y más por ti; eso no significa que debas apartarme de tu vida por eso.

—Nena, a Damon lo conozco desde hace poco. Y sí, a veces es como que mi vida girara en torno a él, pero no es así. Eres mi mejor amiga desde preescolar Hill, y nada cambiará eso.

***

Estaba en el parque. Bastante impaciente y nerviosa. Había citado a Paolo a una hora específica y ya iba unos buenos cinco minutos tarde. Me había decidido a contarle todo en ese mismo momento. Seguía caminando de un lado a otro; repitiendo en mi cabeza todo lo que diría. Al cabo de tres minutos más, Paolo llegó. Luciendo tan sonriente y radiante como siempre.

—¡Hola, querida! Cuéntame qué sucede. Me has tenido comiéndome las uñas desde que recibí tu llamada. —dijo, en lo que me daba un abrazo. No tenía que decírmelo, pero yo sabía que notaba mi nerviosismo.

—Hay algo que debo decirte... algo muy importante.

Él se carcajeó un poco. —Clari, querida, me siento halagado, pero me gusta más Miguel que la sangre, además tú y Damon se ven preciosos juntos. Nunca podría haber algo entre nosotros.

—No, no es eso. —Intenté tragar el nudo en mi garganta, tomé sus manos con fuerza. Paolo levantó sus ojos hacia mí, frunciendo el ceño. —Cariño, anoche en la fiesta, cuando ya todos se habían ido... vimos a Miguel y a Adriana... juntos. Ellos tenían sexo mientras... ehm... bebían sangre el uno del otro.

Su ceño solo se hundió más. Veía dolor, confusión y enojo en su mirada. —¿Qué? —dijo, soltando mis manos y dando unos pasos atrás.

En ese momento, y como si telepáticamente lo hubiesen llamado, Miguel se acercaba a nosotros. Paolo dirigió su mirada herida hacia él. Respiraba muy rápido, como si le faltara el aire.

—Lo siento. —dije en un susurro.

***

Holaa!!! Sé que tardé un poco en actualizar pero bueno, el capítulo es algo largo y la edición me llevó algo de tiempo.

Espero que disfruten la historia, y que me dejen sus comentarios de ¿qué habrían hecho ustedes en el lugar de Clari y Damon al ver a Adriana y Miguel en esa situación?

De nuevo muchísimas gracias por leer...

El siguiente capítulo que subiré será de Nacidos para la eternidad, por lo que puedo tardar un poco más de lo normal para actualizar Pacto Eterno de nuevo. Sin embargo, los invito a que lean Nacidos para la eternidad. También trata sobre vampiros, y es una historia que apenas va empezando. Espero que la disfruten.

Muchas gracias por mantenerse aquí,

Los adoro *---* <3

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