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Capítulo 37: Segunda cita

Anika

Fue genial.

Hace tres horas dejé a Clarissa en su casa, y ahora por fin llego a la mía. Me siento un poco en las nubes, aunque la expresión de Clari fue bastante extraña cuando le dije lo de Jason... debía asegurarme de indagar un poco más en qué había sucedido allí. Entré a mi cuarto, y lo cierto es que me encantaba. Nunca tuve un cuarto propio; cuando era humana tenía que compartir la alcoba con mis hermanas, ahora podía disfrutar de un cuarto para mí, y más aún, de una casa para mí sola, era estupendo y completamente inimaginable para una señorita de mi época en Inglaterra. Sin embargo, miré mi cuarto detenidamente y noté que algo faltaba.

—¡Demonios! —susurré para mí misma. No sabía cómo había podido pasar por alto una cama. Mierda. La cama es la parte fundamental de cualquier cuarto de una adolescente hormonal... Jason. Rayos y más rayos. Jason había estado aquí en mi cuarto. Maldije para mis adentros mil y una veces. Debía pensar en una excusa, pero de forma más inmediata, necesitaba la maldita cama.

Tomé el teléfono que me había comprado hace tan solo un día, y marqué el primer número que me vino a la cabeza. —¿Hola? ¿Damon? Habla Anika.

—¡Hola pequeña!

—Damon, lamento ser una molestia, pero... —No me dejó terminar.

—Lo que quieras niña. ¿Qué necesitas?

—Una cama. —dije en voz baja. Él se carcajeó.

—Recuerda siempre usar protección, pequeña. —Puse los ojos en blanco.

—Claro, por supuesto... ¿puedes venir rápido? —dije, sin querer sonar demandante.

—Pequeña, ya estoy aquí. —Al terminar de decir esto, me giré y lo vi a mi espalda con una sonrisa en el rostro. —De acuerdo niña, ¿cómo la quieres?

—Sería muy lindo de tu parte que la cama no sea verde ni de ningún color escandaloso o desentonado. —Él asintió, cerró los ojos, extendió su mano y acto seguido había una linda cama, con un espaldar digno de una reina con detalles en dorado. Tenía también un edredón color negro con manchas rojas. Si aún pudiera dormir, amaría hacerlo en esta cama. Se veía increíble.

—¿Te gusta? —preguntó Damon, sacándome del trance en el que había caído sin notarlo.

—¡Me encanta! ¡Muchas gracias! —Lo abracé, mientras daba pequeños saltos.

—No hay de qué, pequeña. Disfrútala. —dijo, guiñándome el ojo. Yo puse los ojos en blanco, y acto seguido, antes de que pudiese decir nada más, se fue.

Me lancé en la cama, solo mirando al techo de mi pequeña, pero perfecta habitación. Todo se sentía tan genial, todo era tan fácil en este nuevo mundo. Hace una semana, yo vivía en el bosque, alejada de cualquier cosa parecida a la civilización; un sábado como este tenía que cazar, o tratar de no ser la cena de los osos. Pero ahora solo tenía que estar aquí, y existir. Qué bien.

Ya estaba anocheciendo, y por mucho que me gustara mi nueva cama, no quería quedarme mirando el techo por el resto de mi existencia. Además, una chica "normal" de "dieciséis" años no se queda en su casa un sábado por la noche. Y mucho menos una que vive sola.

Entré al baño y me di una ducha. Al salir vi mi closet, no tenía ropa para salir, la única ropa decente que tenía era un par de jeans y unas pocas camisetas. No era un haz de la manifestación, pero si tenía el poder suficiente como para crear unas pocas prendas para usar. Cerré mis ojos, visualicé lo que quería y al abrirlos ahí estaba. Había visto varias revistas de moda, y sabía cómo debía lucir una jovencita de mi edad y mi clase. Pude ver un sweater algo largo, con unos pantalones ajustados y unas botas sencillas. Dejé mi cabello suelto, un tanto alborotado, me pinté los labios ligeramente y salí.

Miré a los lados para asegurarme de que no había nadie cerca para verme, y corrí. Me detuve cuando vi el primer club abierto. Cuando dejé Inglaterra, a este tipo de sitios nunca iría una señorita de alta sociedad, así que nunca había estado en un lugar similar. Al llegar, noté que era más grande de lo que se veía. Entré sin muchos problemas; había música de un grupo que cantaba en inglés. Era agradable escuchar algo en mi idioma para variar. Todo el mundo brincaba al ritmo de la música. Había muchas personas en el sitio; era una mezcla de olores bastante interesante. Al terminar la canción me acerqué a un chico.

—¿Cuál es ese grupo? —pregunté gritando, ya que habían puesto otra canción; por lo que podía escuchar era el mismo grupo. El chico me miró extrañado.

—Son The Black Eyed Peas. ¿En qué mundo estas? —dijo, a modo de burla. Giré los ojos y me alejé.

Para los humanos la música era fuerte, para mí, era una tortura. Me aturdía totalmente. Subí las escaleras y me senté en la mesa más alejada que había. Pedí un tequila. Cuando era humana nunca había tenido permitido tomar alcohol debido a mi corta edad. Sin embargo, la parte buena era que, como vampiro, podía tomar todo el alcohol que quisiera sin realizar ningún acto bochornoso en el proceso, aunque eso no quería decir que no tuviese efectos secundarios. En pocas palabras, mientras más alcohol, más sangre. Por suerte, si tenía cualquier tipo de urgencia descontrolada, aquí tenía de donde escoger.

El tequila llegó rápido. A pesar de ser un vampiro, y que mi sentido del gusto era muy diferente al de los humanos, aún el tequila tenía la capacidad de crispar mi rostro. Sin embargo, no estaba nada mal, así que pedí otro y luego otro; al cabo de un rato decidí probar alguna otra cosa, y me fui por el vodka y el whisky... fue una mala idea. Cuando me levanté de la mesa, las personas que estaban a mi alrededor estaban sorprendidas de que aún pudiese ponerme de pie. Físicamente estaba perfecta; no tenía ningún signo de ebriedad aparente, pero internamente, todos estos insignificantes humanos eran un bocadillo exquisito.

Pensé en ir a casa, pero estaba realmente hambrienta; lo más probable es que cualquiera de mis vecinos terminaría siendo solo una buena cena. Sin embargo, si entraba en el bosque ahora, en la mañana ya estaría satisfecha. Corrí hasta el bosque, al cual normalmente llegaría en unos segundos, pero gracias a todo el alcohol que tenía en mi sistema, tardé algunos minutos. Al llegar al bosque respiré profundo; debía ponerme en sintonía con lo que me rodeaba... la fauna mayormente. Pero no pude dar siquiera tres pasos, cuando sentí algo en mi espalda; debido a que mis sentidos estaban un poco adormecidos, no me pude girar a tiempo para evitar que me golpeara.

—Vete, pequeña criatura, antes de que te metas en problemas. —dije, mirándolo de reojo. Él me dio una mirada burlona.

—Es una bonita forma de hablar, pero lo cierto es que la que está en problemas eres tú, parásito. —Esa voz no vino del chico, vino de un poco más atrás. —¿Quieres morir ya? No tengo ningún problema con esperar a que te alimentes de algún animal del bosque. —Giré los ojos. Los cazadores siempre eran pretenciosos.

—Sorpréndeme. —dije en tono retador, y con una sonrisa lobuna en el rostro.

—Carles. —dijo el hombre en las sombras. Eso fue más que suficiente para que el chico se abalanzara sobre mí, sin éxito alguno. Puede que estuviese un poco débil, pero aún mi velocidad era por mucho mejor que la de él. Logré posicionarme a su espalda sin mucho esfuerzo.

A pesar de mi pequeño tamaño y mi apariencia dulce, lo cierto es que también podía ser muy despiadada. Sin embargo, no podía obviar que la falta de sangre me hacía más débil. El chico dio una buena pelea, pero no logró siquiera tocarme de nuevo. Cuando tuve su rostro en mis manos, y me disponía a sacarlo de su miseria, se me ocurrió algo más... lo dejaría decidir.

—De acuerdo, Carles... —El chico solo miraba al frente. Olía delicioso. Su corazón estaba sumamente acelerado. No pude contenerme y en un arrebato, pasé la punta de mi lengua por la comisura de su labio, donde había un hilo de sangre, consecuencia de nuestra lucha, luego de hacerlo, y tratando de no arriesgarme más a perder el control, lo miré directo a los ojos. —Te daré a escoger querido, opción uno. Te parto el cuello ya mismo, y te vas de este mundo sin ningún sufrimiento. Opción dos, me tomo toda tu sangre y mueres lentamente y en un éxtasis infinito... déjame decirte que personalmente esta es mi favorita. —dije, relamiendo mis labios. El chico se estremeció. —Y opción tres, te convierto. Yo, si fuese tú, escogería la tercera. No cualquiera te ofrecería esta oportunidad, querido. —Podía sentir su nerviosismo sin necesidad de leer sus pensamientos.

—Alex... —Gimió Carles. Yo miré fijamente al que él había llamado Alex; el hombre en las sombras. Pero el tipo solo abrió mucho los ojos, se dio la vuelta y se alejó corriendo. Me carcajeé un poco.

—Te abandonó. La elección es tuya, Carles. —Él suspiró.

—Nunca me convertiré en un monstruo como tú. —dijo, sin mirarme a los ojos. Yo suspiré, y acerqué mi boca su cuello, aspirando su delicioso aroma.

—Lo respeto, querido. Prefieres morir a traicionar tus creencias. Qué lástima. —En realidad, sí era una lástima. El chico era atractivo y tenía buenos músculos; habría sido un vampiro genial. Lo cierto es que nunca me gustó matar humanos. Él solo permanecía en silencio. —Sabes, me tomaré tu sangre. Así al menos tendrás un final placentero. Si quieres que te convierta, solo dilo. —dije, relamiendo mis labios de nuevo... me daría un banquete esta noche.

Al sentir mis labios en su cuello, pude notar que respiró profundo y contuvo la respiración. No pude evitar sonreír. Lo mordí con rapidez. Demonios, su sangre era exquisita. Podía sentir los músculos del chico relajarse poco a poco. Al cabo de unos segundos incluso escuché un ligero gemido de placer provenir de él, lo cual me hizo profundizar mi mordida. Acto seguido el cuerpo sin vida de Carles se desplomó en mis brazos.

Cuando no quedó nada que tomar, adentré el cuerpo al interior del bosque, cualquier animal lo suficientemente hambriento se encargaría de él. Lo decía en serio cuando le dije que era una lástima su muerte, pero viendo el lado positivo, me ahorró una cacería.

Volví corriendo a casa, disfrutando de la tenue luz del sol cuando recién amanecía, y respiré profundo; aún no me acostumbraba a la idea de tener una casa propia. Aunque debía admitir que era un poco aburrido vivir sola. Lo único que podía hacer era ver televisión que, aunque era una novedad para mí, ya me estaba cansando de eso. Sin embargo, si había algo que no me aburría ni un poco era la música, y por suerte tenía un pequeño reproductor de cd's. La señora que vivía aquí había dejado todos sus discos, y no lucían antiguos; lo mejor de todo era que la mayoría de las canciones eran en inglés. Madonna, Black Eyed Peas, Kesha, Britney Spears, entre otros, todos eran geniales. Me quité el pantalón y las botas, quedando solo con el sweater en lo que bailaba por toda la casa. Estaba en la mitad de una canción de Britney Spears cuando tocaron la puerta.

Al abrirla vi la única cara que, sin saberlo, esperaba ver. Podía ver en su rostro una expresión divertida y un tanto cansada. Pude observar que su mirada recorrió mi cuerpo de arriba abajo, deteniéndose en mis piernas desnudas. Me sentí un poco avergonzada; no se suponía que una señorita recibiera en su casa a un caballero en estas fachas. Traté de disimular mi incomodidad y le di una sonrisa.

—¿Hay una fiesta aquí? Debiste invitarme. —dijo Jason, con aire divertido.

—Es una fiesta de una sola persona, pero no tengo ningún problema en que sea una de dos. —dije, haciéndole un ademán para que entrara en lo que bajaba un poco el sweater; él se veía dudoso.

—Oye Anika, no recuerdo haber visto una cama en tu cuarto. —dijo de manera inquieta, aunque tratando de lucir casual.

—Eso no es algo apropiado para decirle a una señorita. —le dije, en tono de reprimenda leve. Él se vio apenado; no pude evitar sonreír. —No viste una cama porque no había una, la trajeron ayer en la noche. —Él asintió sin decir nada más. Me había librado de ésta, pero no podía ser tan descuidada de nuevo.

—¿Eres fanática de Britney, no? —dijo, aun luciendo apenado. Sonreí.

—Sí, algo. —Él suspiró y se sentó en el sillón. Le dio unas palmadas al espacio junto a él haciendo ademán para que me sentara a su lado. Al hacerlo, subí los pies en el sillón y me pegué a Jason.

Hacía algún tiempo no estaba con un humano de esa forma... su calor era reconfortante. Solo estábamos ahí, uno disfrutando de la compañía del otro. Sin necesidad de decir mucho, y eso que yo no solía estar callada por mucho tiempo. Antes de siquiera notarlo, sus labios estaban en mi cabeza. Me tensé un poco; no estaba acostumbrada a esto. Me alejé, tratando de no ser muy brusca en mi gesto, y lo miré directo a los ojos. Me quedé un poco embelesada en el azul que encontré allí. Parpadeé un par de veces y me acerqué lentamente a su rostro, pasando de sus hipnóticos ojos y sus labios carnosos, hasta llegar a su oreja.

—¿Te gustaría salir? —pregunté en un susurro.

—Claro. —dijo, dándome una linda sonrisa y poniéndose de pie. —Si quieres vamos a... —empezó a decir; levanté un dedo en señal de alto.

—Hoy escogerá la dama, ¿bien? —No me había percatado de la poca distancia que había entre nosotros hasta que noté que podía sentir su respiración en mi rostro. Él asintió y yo sonreí.

—Iré a cambiarme. —dije, haciendo ademán hacia únicamente el sweater que llevaba puesto. Esta vez no le di muchas vueltas a lo que usaría; tomé una simple blusa marrón con unos jeans. Sin embargo, al regresar, vi a Jason mirarme con cierta adoración en sus ojos.

—Te ves hermosa. —dijo, embelesado. Yo sonreí y le resté importancia con un gesto de la mano.

—Gracias, eres un perfecto caballero Jason. ¿Vamos? —dije, agitando las llaves del auto. Él solo se puso de pie, y se disponía a tomarlas. —Hoy me toca conducir. —dije, halándolo al auto, luciendo como una niña pequeña entusiasmada.

—¿A dónde vamos? —preguntó en lo que el auto arrancaba. Le di una sonrisa.

—Tranquilo, no pretendo secuestrarte. —Él bufó. —Bueno, se me ocurrió que podíamos ir al bowling. Lo cierto es que nunca he jugado. —Él me miró con aire divertido y un poco sorprendido.

—¿De verdad? ¡Ja! Bueno, seré un caballero y te dejaré ganar. —dijo, jactancioso.

—No hará falta, querido. —El resto del camino al bowling fue silencioso.

Al llegar, tanto ruido, personas y luces me aturdieron un poco; me llevó unos pocos segundos acostumbrarme al ambiente. Decidimos jugar con la misma bola los dos, aunque Jason pensaba que me costaría manejar una de diez kilos, a pesar de que para mí, era como levantar una hoja de papel. Al inicio, él iba ganando. Sin embargo, cuando le encontré el truco al juego, conseguí tomar la delantera de forma irreversible.

—Te dije que te dejaría ganar. —dijo, riendo al terminar. Puse mis ojos en blanco.

—Ser un mal perdedor no es de caballeros, Mr. Jason Moreau.

—¡Ya lo verás! No te tendré compasión en la revancha, pequeña.

—¡Qué poco galante, Mr.! —dije, burlándome de él. Antes de siquiera notarlo, Jason comenzó a hacerme cosquillas. Seguía pidiéndole que parara, pero solo lo hizo cuando una chica rubia alta, con cabello rizado, y muy hermosa se acercó a nosotros.

—Hola, Jason. —dijo ella de forma un tanto dolida; parecía al borde de las lágrimas. Sin embargo, era increíble. Si no fuese por el latido de su corazón, habría jurado que era un vampiro. La chica solo seguía mirando entre Jason y yo, como culpándonos de algo... ¿de qué me había perdido?

—Hillary. —dijo Jason, con un simple asentimiento de cabeza en señal de saludo.

—Ehm... ¿cómo has estado? —pregunta ella, ignorando mi presencia por completo.

—Bastante bien, en realidad. —Hubo un breve silencio incómodo y luego Jason me tomó de forma amable del brazo. —Ella es Anika, es mi nueva vecina, y mi nueva contrincante en el bowling. —Por fin, la chica en cuestión dirigió sus brillantes ojos azules hacia mí, escrutándome, y dándome una mirada matadora.

—Y una muy buena amiga también, al parecer. —Ante este comentario Jason me tomó de la mano con firmeza.

—Sea lo que sea, no es tu problema. —dijo, en tono seco y tajante.

—¡Cl...claro que lo es! —dijo, titubeando un poco. Jason me soltó y se acercó a ella de manera desafiante.

—¿Ah sí? Y dime, ¿cómo es eso? Hasta donde yo sé, nosotros no somos nada. ¿O me equivoco? —Pocas veces en mi vida me había sentido tan incómoda como ahora. Hillary parecía al borde del llanto.

—Pero lo fuimos Jason, ¿es que acaso eso no importa?

—¿Se supone que debe importarme? Tú parecías muy bien ignorándome desde que todo sucedió. ¿Ahora me culpas por divertirme un rato con una chica realmente agradable? ¿Sabes qué, Hillary? Puedes irte a la...

—Yo no te estoy ignorando. Solo estoy intentando acostumbrarme a esta nueva situación. Yo... yo te amo Jason. —Él abrió mucho los ojos. Hillary iba a decir algo, pero yo la interrumpí. Esto era demasiado para mí. Eso último que dijo fue la palabra clave.

—Ehm, creo que yo mejor me voy. —dije, dándole una mirada de disculpa. La chica apenas me dirigió una mirada.

—No Ani, nos vamos los dos. —dijo, rodeándome por la cintura. —Adiós, Hillary. —Ella solo se quedó mirando mientras nos alejábamos.

La caminata hasta el auto fue silenciosa e incómoda. Ya en el vehículo, sin siquiera encenderlo aún, decidí romper con el silencio. —¿Qué fue eso? —pregunté simplemente. No es como que tuviese derecho a exigir ningún tipo de explicación sobre su vida amorosa, pero si estaba tonteando con un chico con novia, al menos merecía saberlo. Él suspiró.

—Hillary es mi ex novia. Terminamos de forma muy abrupta, y me costó mucho superarlo. Teníamos algún tiempo sin siquiera mirarnos. —Yo asentí, no quería ahondar más en el tema. —¿A dónde iremos ahora? —preguntó Jason, al parecer pensando lo mismo que yo.

—Iremos a dar un típico paseo por Le Tour Eiffel —Él me sonrió; no hablamos más del tema.

Al llegar al icónico sitio, nos sentamos en una banca, donde teníamos una visión perfecta de una de las maravillas arquitectónicas de la humanidad. Jason pasó un brazo por mis hombros. Sentir su calor, y el rítmico latido de su corazón era confortante.

—Es tan hermosa. —dije, embelesada mirando la obra maestra frente a mí; él me miró.

—Sí, claro que lo es. —dijo, sin apartar los ojos de mí ni un segundo. Sonreí.

—Vamos. —dije, levantándome de forma repentina y tendiéndole la mano.

—Pero si acabamos de llegar... ¿a dónde quieres ir ahora?

—A cualquier lado. Ya estuve en las penumbras por mucho tiempo. No vine hasta aquí para quedarme en un solo sitio.

—Claro, por supuesto, lo que digas. —dijo, levantándose y tomándome la mano, ignorando mi comentario tan ambiguo, para luego juntarme más a él y rodearme por la cintura. Su aroma era totalmente exquisito... y no hablo solo de su sangre. —Tal vez sea un poco tonto y apresurado esto que voy a decirte, pero en definitiva siento como si te conociera de toda la vida. —Lo miré dulcemente. ¿Qué demonios era esto que estaba sintiendo?

—Yo... creo que también me siento de esa forma. —Él sonrió mientras acercaba su rostro al mío lentamente, cada vez más. La lentitud de su movimiento me estaba matando; puse una mano en su cuello y cerré la distancia que había entre nosotros. Este no fue un beso fugaz; fue un beso apasionado y profundo. Podía sentir sus labios sobre los míos; cada terminal nerviosa, cada latido de su corazón; podía sentir todo eso, y solo quería hundirme más en él.

Al cabo de unos segundos que se sintieron como horas, nuestros labios se separaron, muy a mi pesar. En sus ojos había un brillo muy particular... temía que en los míos hubiese uno también. Bajé la mirada con timidez, pero él tomó mi barbilla con dulzura y levantó mi rostro, para obligarme a mirarlo.

—Ese beso... definitivamente tus labios son de caramelo. —dijo, pasando sus dedos por sus labios, haciendo que mi mirada se dirigiera justo allí. Su respiración era pesada y su rostro estaba muy rojo.

—Me gustan los poetas. —Ante esto, él me dio una linda sonrisa. El resto del día avanzó muy rápido entre más besos, más caricias, y distintas "cosas normales" que hacen los chicos de hoy en día.

Al llegar a mi casa, yo abrí la puerta, dándole una sonrisa. —Gracias por todo. —dije, sonriendo.

—Gracias a ti. —dijo, dándome un dulce beso en la mejilla antes de irse.

Al perderlo de vista, cerré la puerta y pegué mi frente a ella.

"En qué me estoy metiendo". Pensé.

***

Hola mis amorcitos!! Espero que estén muy bien, y que estén llevando esta cuarentena de una forma excelente, dentro de lo que cabe.

Me esforcé bastante para poder subir este capítulo relativamente rápido. Sé que es un poco un capítulo de "relleno", pero la relación entre Jason y Anika avanza de forma bastante apresurada, y eso en definitiva va a tener un impacto en la historia y como se lleva hasta ahora.

No olvidemos que Jason odia a muerte a los vampiros... especialmente a esa que se ha vuelto la luz de los ojos de Anika.

Quisiera saber... ¿qué creen ustedes que pasará ahora? 🤷🏻‍♀️🤷🏻‍♀️

Un beso a todos los que se han mantenido siendo fieles lectores de Pacto Eterno, a pesar de mi retraso de un año para subir capítulos.

Los amo mucho.

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