Capítulo 34: Promesas son promesas
Clarissa
La casa estaba completamente vacía. No había ni muebles, ni televisor, ni nada que demostrara que una persona había vivido allí hasta hace unos pocos días. Parecía una casa en venta.
—Creo que el mapa estaba mal. —dijo Damon, completamente reacio a aceptar que el error podría haber sido suyo.
Ignoré el comentario de Damon, y miré la casa con detenimiento. Tratando de visualizar a mi hermano en el lugar, y lo cierto es que, a pesar de que no había nada allí, casi podía verlo. Víctor trayendo una chica a casa, o simplemente caminando sin camiseta ni pantalones por el lugar; simplemente viviendo. Sin embargo, algo no estaba bien. ¿Por qué me diría que buscara sus cosas, si ya estaba todo vacío?
Estaba caminando por el sitio, y capté un olor que estaba muy segura, era de mi hermano. —No, este es el lugar. Vamos a ver en la habitación. —dije, en lo que lo halaba a la que parecía ser la única habitación del lugar.
La puerta era muy pequeña; solo cabría una persona por allí. En ella, había un cartel que decía: "Alabada sea la santísima trinidad: sexo, drogas y alcohol". No pude evitar sonreír al ver esto, aunque de cierta forma también me sentía un tanto melancólica; no había tenido la oportunidad de conocer la fase fiestera y alocada de mi hermano... claro que, la última vez que lo vi, yo tenía nueve años. Sacudí mi cabeza, desechando esos pensamientos, y finalmente entré a la habitación.
El cuarto también estaba vacío... o casi. Había un hombre parado en medio del lugar. Solo de pie, dándonos la espalda, y terriblemente quieto; al cabo de unos segundos, el tipo se giró y nos encaró.
—Hola, preciosa. ¿Qué haces en este sitio? ¿Vienes para tu turno semanal? Lamento decepcionarte, cariño. —dijo desdeñosamente, e ignorando a Damon por completo.
—¿Turno semanal? —pregunté arqueando una ceja, tratando de lucir tan altiva como lo hacía él.
—¿No eres una de las prostitutas? —preguntó con indiferencia, aunque al decir esto pareció mirarme con mayor detenimiento e interés. —Oh, eres una Fournier.—dijo, al cabo de unos pocos segundos.
—Pareces saber mucho sobre mí, pero yo no sé quién eres. —dije, tratando de no lucir tan nerviosa como me sentía.
—Mi nombre es Lucian Fernini. Pero mis amigos me llaman Lucifer. —El hombre no hizo ningún énfasis especial en esa palabra, pero de alguna forma, ésta caló en mis huesos y me hizo estremecer.
El tipo era notoriamente bajo, aunque de alguna forma era imponente. Su cabello era grisáceo y se veía natural. Sus rasgos eran afilados; como esculpidos por algún artista. Podía calcularle unos buenos cincuenta años. Tal vez ahora estaba un poco pasado de peso, pero podía decir que había sido un hombre apuesto en su juventud.
—Lindo apodo. —dije, con los nervios escapándose en mi voz. —¿Sabes cómo me llaman a mí? Impaciente. Y a menos que me digas exactamente qué haces en la casa de mi hermano, voy a sacarte a patadas yo misma. —A pesar de mis palabras, este hombre tenía algo que me hacía paralizarme un poco.
—Ah... te pareces mucho a Víctor, pequeña. Éramos grandes amigos, ¿sabes? Incluso llegué a prestarle dinero en un par de ocasiones... —Abrió la boca como para decir más, pero luego pareció reparar en la presencia de Damon a mi lado. —¿Quién es ese niño de mami que se la da de rudo junto a ti?
—Me llamo Damon Kozlov. —respondió, ignorando lo de "niño de mami". —Si eras tan amigo de Víctor, ¿por qué estás robando sus cosas? —preguntó Damon, luciendo mucho más calmado que yo.
—No estoy robando nada, niñito. Quería llevarme sus cosas para evitar que justo eso pasara, y parece que llegue a tiempo, ¿o no? Pequeños ladronzuelos.
—Es mi hermano, no estoy robando nada. Todo me pertenece. —dije, empezándome a enfadar, tratando de que mis ojos no se tornaran rojos. Sin embargo, no pude pasar por alto el hecho de que los ojos del hombre frente a mí habían pasado de ser color topacio, a un ámbar brillante. ¿En qué demonios estaba metido Víctor?
—Y sin embargo, yo lo tengo todo. Llegaste tarde, chiquita. Aunque lo cierto es que si tanto te importan, puedo dártelas. —dijo, encogiéndose de hombros, pero manteniendo una sonrisa sinuosa en el rostro.
—¿A cambio de qué? —pregunté de forma tajante. A leguas podía decir que este tipo no era de fiar, y sabía que las cosas no serían gratis, pero necesitaba tener algo de Víctor.
—Solo un pequeño pago, no será mucho. ¿Tenemos un trato? —dijo, extendiendo su mano.
El tipo tenía un aire de seguridad que no me generaba confianza. Tenía esa mirada de los que están seguros que no van a perder ante nada. Sabía que yo sí tenía mucho que perder, pero lo cierto es que, ¿qué es lo peor que podía pasar? Mi hermano ya estaba muerto, y de cierta forma, sabía que si me portaba bien con este hombre, no me haría nada. Sin pensarlo más, traté de lucir segura y le di la mano. La sonrisa de satisfacción que pobló sus facciones me hizo querer huir del lugar.
—Bien cariño, ven a esta dirección en treinta minutos. Di que vas de mi parte. —Acto seguido, en mis manos apareció un papel con una dirección anotada. Respiré profundo y lo miré enarcando una ceja.
—Bien. Entonces, ¿qué es lo que quieres? El dinero no será un problema. —le dije. Él me miró, luciendo confundido, y luego se carcajeó.
—Para mí tampoco es un problema chiquita, por eso no será dinero lo que te pediré. Te aseguro que será más interesante que unos cuantos papeles. —dijo, enigmáticamente.
—¿Y qué será? No me tengas en suspenso, Satán. —dije, en lo que un escalofrío me recorría todo el cuerpo.Lo cierto es que no sabía en lo que me había metido, y sabía que este hombre me podría pedir cualquier cosa... y no me podía negar. Vampiro o no, era una mujer de palabra.
—No te preocupes, cariño. Créeme que lo sabrás cuando lo necesite. Pero espero que te quede bien claro que cualquier cosa que quiera será mía. —Mientras hablaba, se acercaba a mí lentamente. Pude sentir a Damon tensarse a mi lado; no lo dejé hablar más.
—Sí, Satanás. Ya entendí. ¿Ya te puedes ir? Quiero estar a solas con lo que queda de mi hermano en esta pocilga. —dije, disimulando el miedo que en realidad sentía.
—Por supuesto pequeña, pero recuerda que acabas de sellar un pacto conmigo. —Puse los ojos en blanco. —Nos veremos en media hora, fille Fournier, te estaré esperando. —Me guiñó el ojo, y le dio unas cuantas palmadas en el hombro a Damon, sin apartar los ojos de mí. —Cuida bien a esta chica, amigo. Si se hubiese convertido treinta años después, no la dejaría escapar.
—No te preocupes, querido Lucian. No dejaré que nada le pase. —dijo Damon, con la tensión emanando de sus cuerdas vocales. Lucifer sonrió mostrando absolutamente todos sus dientes, luciendo bastante divertido, acto seguido, metió las manos en sus bolsillos, y se fue caminando con tranquilidad. Damon me encaró frunciendo el ceño. —¿Sabes qué demonios acabas de hacer?
—En realidad no... pero ¿qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué es lo peor que me podría pedir? —Damon se veía preocupado y un tanto molesto. —No te preocupes demasiado. Ven, ayúdame a ver qué pudo haber dejado ese tipo aquí.
Documentos, cartas, exámenes de la universidad... y fotos. Había muchas fotos de mi hermano con diferentes personas que no conocía. Sin embargo, había una foto un tanto apartada, en el marco más bonito de todos. En ella se podía ver a una niña pequeña con rizos cobrizos, junto a un niño un poco mayor con el cabello del mismo color, una mujer hermosa de ojos verdes, y un hombre rubio y alto con una maleta en su mano. Todos estaban sonrientes. Éramos nosotros con mi padre; ese fue su primer viaje a Rusia. La recogí y la guardé en el pantalón de Damon.
—¿Qué es eso? —preguntó.
—Una mentira. —susurré, tratando de no sonar tan resentida como me sentía.
Al revisar un poco másencontré otra foto, en ésta podía ver a Víctor llevándome sobre sus hombros en lo que ambos reíamos. Recordaba ese día, me había llevado al parque a comprarme un helado ya que había sacado una buena calificación en la escuela. Lo recordaba tan claro como si hubiese sucedido el día anterior. Se la tendí a Damon, un tanto temblorosa.
—¿Otra mentira?—Solo negué. Sentía que si contestaba a esa pregunta, no podría contener las lágrimas, y estaba cansada de llorar.
—Vámonos... quiero tomar aire fresco antes de tener que reunirnos con Lucifer de nuevo.
—Tal vez deberíamos buscar algo para comer. —Damon me tomó de la mano y tras una mirada, salimos de la casa... sintiendo que un pedazo de mi alma se quedaba allí. Buscamos un sitio con algunos árboles, y por suerte llegamos a un parque donde las ardillas abundaban.
—Me encantan las ardillas.—dijo Damon, con melancolía. —No solo me refiero a su sabor, sino también ellas mismas. Me recuerdan un poco a Nikolay. Solíamos pelear por las últimas nueces en navidad.
—Víctor usualmente me compraba helado de miel y nueces para distraerme de cualquier cosa. —Sonreí con el recuerdo, y me di cuenta de que Damon también lo hacía. Tomamos unas cuantas ardillas y las drenamos. No podía evitar sentir pena por ellas. Y vi a qué se refería Damon cuando habló de su sabor... no sabían a nueces, pero ciertamente de alguna forma tenían su esencia. Suponía que en parte por eso también sabían mejor los carnívoros que los herbívoros... aunque en definitiva los omnívoros eran otra cosa.
No estaba satisfecha, pero sabía que el tiempo se acababa. Miré a Damon, y él también lo entendió. Se relamió los labios manchados de sangre, tomó mi mano, y nos dirigimos a donde Lucifer nos había dicho. Encontramos el lugar con facilidad. Era una casa pequeña, con un par de ventanas... lucía normal, tal vez demasiado. Nos acercamos con lentitud y tocamos la puerta.Nadie salió. Sin embargo, cuando Damon intentó abrir la puerta a la fuerza, ésta estaba abierta. Aceptamos la invitación tácita y entramos.
Puse todos mis sentidos en alerta; sabía que Lucifer no era de fiar. La casa por dentro era mucho más grande de lo que parecía por fuera. Sin embargo, era una estancia lúgubre y algo abandonaba, pero tenía unas escaleras hacia lo que parecía ser un sótano y por lo que pude notar en unas indicaciones a un lado, eran más de 3 niveles. Comenzamos a bajar con cuidado, prestando atención a todos los detalles. El primer sótano tenía una puerta de hierro sellada; di un paso hacia ella y una especie de corriente eléctrica me recorrió por completo, desde mi pie hasta la cabeza. Me retiré con rapidez... este no era el sitio. Bajamos un poco más y en el segundo nivel sí había personas. O vampiros, para ser más exactos.
—¿Qué es lo que quieren? —dijo un tipo en la entrada. Notablemente más bajo que yo, pero igualmente fuerte. Sus ojos resplandecían en color topacio.
—Venimos de parte de Lucian. —dijo Damon, con la voz serena. El tipo palideció, y una mirada de terror cruzó por sus ojos.
—Cla... claro, por supuesto. Pasen adelante. —Se retiraron rápidamente y nos dejaron libre el paso. Si estos tipos le tenían miedo a ese hombre, entonces teníamos una razón para preocuparnos. Sentí a Damon apretar mi mano con fuerza y seguimos avanzando. Ya no había vuelta atrás.
Llegamos a una habitación donde se encontraban unos muebles de cuero negro, con un jacuzzi y un televisor de plasma bastante grande, donde estaban pasando alguna comedia romántica. En uno de los muebles estaba sentado Lucifer, luciendo completamente relajado. Detrás de él pude divisar un mini bar con todo tipo de botellas. Supuse que era para sus "invitados" humanos. Él sonrió ampliamente cuando nos vio entrar.
—Petite Fournier, te estaba esperando. No estaba muy seguro de que vendrías. A ti no, niño, espera afuera. —Damon se tensó a mi lado, en lo que Lucifer no apartaba sus ojos de mí.
—Está bien, cariño. Yo estaré bien. —le dije, en lo que le daba una mirada de disculpa. Sabía que él no estaba cómodo con eso, pero igualmente no protestó.
—Quita tu escudo mental. Nadie aquí puede leer la mente. Ya me cercioré de eso.Estaré justo al otro lado de la puerta, y si algo extraño sucede, entraré y mataré a todo el mundo. —Me lo susurró lo suficientemente bajo como para que solo yo escuchara. Luego, me dio un beso y me apretó un poco contra él, dejando en claro que habían ciertas cosas que no estaban sobre la mesa. Lo observé irse; dejarme a solas con Lucifer. Sin embargo, casi enseguida sentí unos hilos de energía entrando en mi cabeza, y sabía que Damon seguía conmigo.
—Entonces Satanás... ¿cómo está el infierno? —le dije con una falsa confianza.
Él ignoró mi tono. —Excelente, querida. En estos tiempos casi podría decir que las personas aman ser castigadas. En realidad, me encantaría recibirte en mi infierno, si gustas, pequeña. Y si no, también, por supuesto. —Sonrió de una manera casi empalagosa, como si disfrutara de ser una alimaña.
—¿Qué tratas de decir con eso?
—Quiero que te unas a mí, Clarissa. —Eso es definitiva me sorprendió. Pensé que era un chiste hasta que vi que no se reía. —Yo siempre trabajo solo, a pesar de que tengo un buen puñado de guardias y asistentes. Deberías sentirte muy halagada de que te considere, pero lo cierto es que puedo darme cuenta que eres una jovencita sumamente poderosa. Tal vez no sepas cuál es mi poder, pero sé que nosotros podríamos hacer que el mundo nos perteneciera. —Pareció estar leyendo mi expresión, y al no tener una respuesta siguió hablando. —No me dicen Lucifer por nada. Puedo matar lo que sea con una mirada. Una flor, un bicho, incluso una persona. Un momento estaría caminando y al siguiente yacería inerte en el suelo. Mi poder me ha ayudado a ser temido y respetado en el mundo. Sin embargo, el tuyo es... cautivante. Poder controlar los elementos es simplemente sorprendente; puedes crear fuertes maremotos y tormentas, incendios incesantes, huracanes y torbellinos. —No sabía cómo demonios se había enterado de cuál era mi don, pero oficialmente estaba aterrada. La expresión en su rostro era soñadora, como si se lo pudiera imaginar todo a la perfección. Pude sentir la mente de Damon temblar un poco en la mía. Era una sensación extraña, pero sabía que estaba molesto.
—Espero que estés bromeando. Porque no sé si te diste cuenta, pero tengo un novio al otro lado de esa puerta, y no está en mis planes que se vaya de aquí sin mí. —dije, cruzando los brazos sobre mi pecho.
—Puedo resolver ese problema con solo una mirada, cariño. No lo puedo matar, pero puedo asegurarme que no despierte en un largo tiempo.—Él lucía complacido con esas palabras. Me estremecí un poco al pensarlo.
—Olvídalo, Satán. Pide otra cosa o no hay trato. No me importa que te quedes con toda la mierda de Víctor. —Yo trataba de parecer segura, pero lo cierto es que sí me importaba. No quería que esa sabandija tuviese absolutamente nada de mi hermano. Sin embargo, sabía que cualquier otra persona ni siquiera lo pensaría. El poder absoluto era algo muy tentador... pero no abandonaría a Damon por nada del mundo.
—Piénsalo bien pequeña... piénsalo y date cuenta de todo lo que te estás perdiendo. —Él era testarudo, pero yo no daría mi brazo a torcer. Sabía que Damon estaba escuchando todo, y podía sentirlo casi arrancándose el cabello con solo escuchar que ese hombre me estaba hablando así.
—Lo siento, no hay trato. Pide otra cosa. —dije, con voz neutra.
Por solo un milisegundo vi el color rojo poblar su iris, y temí no salir de ahí. Sabía que Damon sentía mi miedo también, pero ante el poder de Lucifer no se podía hacer mucho. Sin embargo, antes de que pasara nada más, el color topacio volvió, y él me sonrió.
—Es una lástima, pequeña. Te creí más inteligente. Sin embargo, para que luego no digan que no soy comprensible, te dejaré llevarte todos los cachivaches de Víctor, por otro precio, por supuesto. Podría ser cualquier cosa, y en el momento en que toques las cosas de tu inútil hermano, te comprometes a cumplirlo. ¿Tenemos un trato, pequeña?
En ese momento, me sentía más que nerviosa, y no estaba pensando de forma clara. Solo quería salir de allí con Damon, ambos en una pieza; antes de siquiera meditar lo que estaba haciendo, dije que sí.
—Bueno, tomaste una buena decisión, Fournier. Puedes ir a buscar las baratijas de tu hermano en el piso superior. No sentirás nada cuando intentes entrar esta vez. —Me dijo, guiñándome un ojo.—Pero por favor recuerda, cariño, no soporto a las personas que no pueden cumplir sus promesas. Tu hermano estuvo en tu misma situación y mira cómo acabó. Espero que la insensatez no corra por la sangre.
No podía creerlo. Este hombre estaba aquí frente a mí, admitiendo que él había matado a Víctor. Apreté mis manos en puños... podía escuchar a Damon diciéndome algo, pero no me importaba. Veía todo rojo a mi alrededor, y antes de pensarlo más, me abalancé sobre él. Sabía que por su peso y tamaño no debía ser muy rápido, al menos no más rápido que yo, por lo que lo tomé por sorpresa y logré derribarlo. Imaginé que no era un gran luchador, y no me encontraba tan lejos de la verdad. Lo tomé por el cuello en lo que estaba sobre él. Podía escuchar a Damon intentando entrar; los duros golpes contra la puerta no pasaban desapercibidos. Estaba completamente dispuesta a arrancarle la cabeza en ese momento. Sin embargo, cuando ya casi sentía su piel ceder bajo mis manos, en un movimiento arriesgado por su parte, me tomó del cabello con fuerza, desconcentrándome un poco, y logró darme un rodillazo en el costado, para luego proceder a patear mi cráneo con fuerza. Juro que lo escuché crujir un poco, aunque no me importaba. Iba a ir por él de nuevo, cuando sus gorilas me tomaron por los brazos y me apartaron. Él me miró, luciendo alterado.
—Eso fue estúpido, jovencita. —En ese momento algo pasó en mi interior. No podía moverme, todo el cuerpo me dolía intensamente y sentía que mi visión se oscurecía. ¿Qué había dicho Lucifer acerca de su poder? No podía matarme... pero no despertaría pronto.
Solté un grito ahogado, y la puerta de metal de repente voló por los aires. Eso, de alguna forma hizo que recuperara mi consciencia por completo. Sin embargo, antes de desaparecer, pude ver a Lucifer hacerme una pequeña reverencia. Sabía que el trato seguía en pie.
Mis piernas cedieron, aunque Damon estaba ahí junto a mí. Me sostuvo por la cintura para ayudarme a ponerme de pie. Los ojos de mi novio eran rojo carmesí, aunque no mostraba más que preocupación y amor en ellos.
—Sé que no fue fácil negarse a esa petición de Lucifer. Me siento orgulloso de ti. —me dijo, acariciándome el brazo con su pulgar, mandando ligeros choques eléctricos a todo mi ser. —Aunque sí fue un tanto estúpido de tu parte abalanzarte a él. Pudo haberte matado, Clari. Con solo una mirada.
—No me mataría, solo... me dejaría en una especie de coma vampírico. —dije, recuperando mis fuerzas poco a poco. Damon frunció el ceño.
—Eso definitivamente no lo hace mejor. ¿No pensaste en tu madre? ¿No pensaste en mí? —Su tono era dolido. Le di una sonrisa dulce, en lo que besaba de forma casta sus labios.
—Lo sé, lo siento... pero no pude controlarme. La forma en la que habló de Víctor... eso me sacó de mis casillas por completo. Además, ya era ahora que le dieran una lección a ese tipo. —Sonreí. Damon aún estaba molesto, pero solo me miró fijamente por unos segundos, hasta que sacudió la cabeza con una sonrisa derrotada en su rostro.
—Entonces novata, ¿vamos a buscar las cosas de tu hermano, o nos quedaremos haciendo un concurso de miradas?
Victor
Estaba caminando con Vivien de camino a su casa. Era bastante tarde, eso de las tres de la madrugada; quise que se quedara el resto de la noche conmigo, pero supongo que no tenía el dinero suficiente para eso.
—Oh vamos, no me hagas rogarte preciosa, nos estábamos divirtiendo. Quédate hasta que amanezca. —le dije, susurrando en su oído.
—Tendría que cobrarte el doble, belleza... pero tú di la palabra y estaremos de regreso. —Uso su tono más seductor en lo que pasaba una mano de manera no tan discreta por mi entrepierna. Cuando de dinero se trataba, esas chicas sabían cómo obtener lo que querían. Sin embargo, su voz era lo menos importante cuando la tenía desnuda sobre mí.
—Lo siento, preciosura, no me pagan hasta el próximo viernes. —Esto último era cierto, aunque sabía que me las podría arreglar para conseguir algo de dinero para dentro de unos días, y Vivien no tenía problemas con que le pagara luego. Sin embargo, no querían que se aprovecharan de mí... la chica no valía lo que costaba.
El camino hasta su casa no fue tan aburrido, casi nos desvestimos en varias ocasiones en plena calle, y lo mejor de todo es que estaba recibiendo toda esa acción sin pagar un euro.
Justo a unos metros de su casa, un auto se detuvo junto a nosotros. Era un Mercedes Benz plateado con alerones. Era de los más nuevos que habían salido al mercado, y estaba blindado. Lo reconocí al instante.
—Viv, ¿por qué no vas hasta tu casa? Ya no falta mucho. Te prometo que te miraré hasta que entres por la puerta.—Ella miró el auto y se removió, luciendo nerviosa.
—Está bien. —dijo, pero antes de irse, me dio un beso que me dejó viendo estrellas. Del auto se bajó un hombre alto y fornido que yo conocía bien, y le abrió la puerta a otro hombre que conocía aún mejor. El hombre de traje elegante y pulcro se bajó y me miró con desprecio.
—Señor Fernini, ¿cómo le va? —pregunté, con notorio nerviosismo, intentando aplacar su explosivo carácter.
—Pues no muy bien, mi querido Víctor. Verás, me siento extremadamente decepcionado de ti. Pensé que podríamos hacer negocios como es debido. Sin embargo, esto no es posible cuando una parte lo da todo, y la otra solo se lo gasta en putas. Así que como verás... tenemos un problema. —dijo, arqueando una ceja y arrastrando las palabras.
—Oh no, mi Señor. Para nada. Estaba a punto de llamarlo para decirle que ya conseguí su dinero. Iba a dejar a Vivien en su casa, y me comunicaba con usted. —Estaba improvisando, eso era obvio. Sin embargo, era un buen mentiroso; esperaba que no lo notara. Claramente aún no tenía todo su dinero. Vi al hombre frente a mí sonreír levemente.
—Me disculpo por haberte impedido cumplir con tus deberes de caballero con... Vivien. —dijo su nombre de forma despectiva, yo traté de ignorarlo.
—No es importante. Ella lo entenderá.
—Seguro que sí. Pero bueno, volviendo a lo que nos interesa... ¿qué te parece si te acompaño a tu casa, y de una vez tomo lo que me pertenece?
Abrí mucho los ojos. Estaba perdido. —Por supuesto, no hay ningún problema. —Sonreí, tratando de aparentar que tenía todo bajo control. Lucian no apartó sus ojos de mí, ni siquiera para acercarse a su auto y abrir la puerta para mí.
—Después de ti, querido. Ten cuidado con los asientos, son de cuero argentino. —dijo con tono empalagoso.
—No se preocupe, Señor Fernini. Sé comportarme. —Traté de sacarle al menos una sonrisa, pero no funcionó, solo quedé como un maldito idiota. Sabía que no tenía otra opción más que subir al auto.
Cuando el auto se puso en marcha, empecé a evaluar mis posibilidades de escapar, pero sabía que eran completamente nulas. Además de Lucian, habían dos hombres más, armados hasta los dientes. ¡Maldición! Estaba jodido.
Al llegar a mi casa empecé a dar vueltas como buscando algo, pero lo cierto es que solo estaba ganando algo de tiempo.
—Víctor, ya basta de eso; sé que no tienes el dinero. —dijo Lucian de forma serena. Me detuve en seco y cerré los ojos. ¡MALDICIÓN!
—Por favor, Lucian. Dame tres días... solo eso necesito. Por favor. —susurré desesperadamente, al borde de las lágrimas.
Lucian me miró con una sonrisa desdeñosa en el rostro. Maldito hijo de puta. —Oh, por favor Fournier, me ofendes. El dinero no me importa, lo cierto es que me sobra. Lo hago por orgullo, respeto... y simplemente porque puedo. Así que te repito el trato que teníamos querido, o el dinero, o tu vida.
Mi respiración se trancó. No podía pensar en nada. Todo se había ido a la mierda. Sabía que tenía los minutos contados. Lucian pareció deleitarse en mi pesar.
—Solo para que veas que no soy un monstruo, Víctor querido, te daré un... regalo. Por decirlo así. Te daré el derecho a una última voluntad; un último deseo, podrías llamarlo. Luego, cobraré mi deuda. —Podía verlo saborearse mientras hablaba y en lo que me miraba como si fuese comida.
En ese momento solo se me ocurrió un último deseo para pedir. Caminé hasta mi closet, y saqué un pedazo de papel arrugado junto con un bolígrafo que escribía de a ratos. Garabateé unas cuantas palabras y volví a donde estaba Lucian, que me miraba complacido.
—¿Cómo sé que cumplirás con lo que pida? —dije, en un susurro ahogado por las lágrimas silenciosas que no dejaban de salir.
Lucian me miró seriamente. —Porque te doy mi palabra de que lo haré, querido. —Asentí con pesar, y respiré profundo.
—Quiero que le entreguen este pedazo de papel a una chica pelirroja, muy parecida a mí. Su nombre es Clarissa. Sé que estará aquí para mi funeral. —Cuando terminé de hablar uno de los guardias tomó el pedazo de papel y lo guardó en el bolsillo de su chaqueta sin leerlo. Cerré los ojos y miré a Lucian a la cara.
Antes de que pudiese hacer nada más, Lucifer se abalanzó sobre mí, sumiéndome en un mar de dolor infinito del que sabía... no saldría vivo.
***
Hola!! Sé que me he tardado en subir esto, pero como verán es bastante largo, así que espero que eso lo compense.
No sé si se dieron cuenta, pero hice un mínimo cambio en mi cast, y es que seleccioné a Mackenzie Foy como Anika, y es que me parece que se adapta mejor a la inocencia y al espíritu del personaje.
El siguiente capítulo que subiré será de Nacidos para la Eternidad, así que estén pendientes por allá :D
Muchas gracias por todos sus votos y comentarios, y me encantaría que comentaran cada vez más y me digan qué les parece la historia. Así que díganme:
¿Qué habrían hecho si hubiesen estado en la posición de Clarissa? ¿Habrían aceptado un trato a ciegas?
Los leo o.o
Hasta pronto!!
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