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Capítulo 31: ¿Castigada? ¡No!


Clarissa

—¿Cómo sabes mi apellido? —pregunté, verificando que mi escudo estaba arriba y fuerte.

—Mi habilidad es introducirme en las mentes de las personas. Tanto en la parte más superficial, a la que la mayoría de los vampiros tenemos la habilidad de acceder, como aquella en la que se encuentran tus temores más profundos y todo aquello que te hace realmente feliz; y lo cierto es que no hay escudo que pueda impedirme ese acceso en particular. Así es cómo pude asustar tanto a esa chica antes. Simplemente la encerré en sus propios pensamientos. Sin embargo, en el momento en el que dijiste tu nombre, tu apellido vino de golpe a mí.

La chica hablaba con naturalidad acerca de sus alucinantes poderes mientras yo me limitaba a asentir en lo que caminábamos a velocidad humana. No hablamos mucho de camino a donde estaban los chicos, solo un poco para que la situación no se tornara tan incómoda; lo cierto era que sentía que no tenía mucho para decirle. De cierta forma, sentía que esta chica ya lo sabía todo sobre mí. Lo único que me dijo de ella era que estaba próxima a cumplir los cien años, el resto de la conversación se centró en mí. En cuántos años tenía; cómo era mi vida antes de convertirme. No me molestaba ser el centro de atención, pero sí me sentía un tanto en desventaja.

La miré, ahora podía detallarla mejor; lo que pensé en un momento que eran harapos, era en realidad un vestido antiguo, probablemente de su época humana; éste era de color negro, pero estaba totalmente roto, lo cual le daba un aire etéreo y un tanto angelical. Iba descalza, pero se movía con gracia. Sin embargo, lo que más me llamó la atención de ella, fueron sus ojos. Eran color verde muy brillante, casi metálicos.

—¿Por qué tus ojos son así? —dije con curiosidad.

—Por mi dieta. La sangre de animal fresca oscurece el color natural de tus ojos; la sangre almacenada tiene el efecto contrario.

Al cabo de unos minutos, pude divisar a Damon caminar de un lado a otro de forma impaciente; podía notar que estaba preocupado, pero al parecer no lo suficiente como para ir a buscarme. Giré los ojos ante este pensamiento y seguí caminando. Estaba feliz de estar viva y de tenerlo en mi vida. A él y a Paolo, que estaba a su lado, y se notaba que estaba intentando calmarlo un poco.

La mirada de Damon me encontró cuando estaba unos metros más cerca. Sus ojos se iluminaron con alivio, pero luego reparó en la chica a mi lado. Antes de pensar nada más, mi novio corrió hacia mí, igual que Paolo. Damon alejó de un empujón a Anika, el cual la lanzó por los aires unos cuantos metros, en lo que se ponía delante de mí de forma protectora, sacando sus colmillos y gruñendo. Paolo tomó a Anika de los brazos mientras aún estaba en el aire, dejándola "inmovilizada", y arrodillada en el suelo. Sin embargo, antes de que pudiese decir nada, pude ver a Anika esbozar una pequeña sonrisa, y al cabo de solo tres segundos, estaba libre, y Paolo estaba en el suelo.

Estaba realmente sorprendida. Paolo era el vampiro más habilidoso que conocía, y definitivamente el mejor luchando, y esta chica con solo suspirar se había librado de él. Podía sentir el asombro emanar de Damon. Al menos no era la única.

—¿Quién eres? —preguntó Damon de forma amenazadora. Anika arqueó una ceja.

—Antes de atacarme, deberías ser un poco más sensato, y preguntar lo que sucedió. —dijo Anika, regañando a Damon como si fuese un niño pequeño y no un vampiro al cual miraba desde la altura de su pecho. Mi novio la miró confundido. —Si yo no hubiese aparecido, no quedarían ni las cenizas de ella. Una chica estuvo a punto de matarla. —Damon juró por lo bajo, al igual que Paolo, que repentinamente tenía los ojos rojos. Ambos me miraron en lo que yo asentía, respondiendo la pregunta silenciosa que formulaban sus rostros.

—Gracias. —dijo Damon, luciendo un poco más relajado pero igualmente a la defensiva.

—Mi nombre es Anika. —dijo ella, luciendo completamente relajada.

—Ellos son Damon y Paolo. —dije, haciendo un ademán hacia cada uno de ellos. Los chicos aún se veían cautelosos, pero igualmente asintieron a modo de saludo. Anika sonrió y se inclinó un poco hacia ellos de forma un tanto solemne justo antes de dar la media vuelta y empezar a alejarse.

—¡Espera! —dije. —Puedes venir con nosotros. —Ella sonrió de forma triste y miró hacia abajo, evitando mi mirada.

—Yo no pertenezco allá, linda. Ya no, al menos.

—Podría serlo. Las cosas han cambiado mucho con el paso de los años. —No me sentiría bien yéndome y dejándola aquí después de que me salvó la vida. Además, una amiga que me comprenda un poco no estaría mal.

—Lo sé pero... —No la dejé terminar. Me acerqué a ella con rapidez y le tomé las manos en un gesto reconfortante.

—Solo ven con nosotros. Anda a la escuela. Comparte un poco y conoce el mundo actual. Te prometo que si no te gusta, yo misma te acompañaré de regreso. —Ella sonrió con nostalgia ante mis palabras.

—La escuela... —susurró, como quien recuerda viejos tiempos, luego dirigió la mirada a mí, con el entusiasmo de una niña pequeña. —está bien, volveré. —Yo asentí, y le tomé la mano a Damon. Ella me dirigió una sonrisa que no le llegó a los ojos, y aunque no lo dijo, sabía que si no le gusta siquiera la forma en como estaban plantados los árboles, volvería al bosque.

Corrimos a través del resto del bosque, en una carrera silenciosa pero veloz. Solo nos tomó unos pocos segundos llegar a la carretera; pude ver que el auto en el que habíamos llegado ya no estaba, en su lugar, había un convertible bastante opulento. Me senté en el asiento delantero junto a Damon, y Paolo y Anika se sentaron atrás. Pude ver que la chica no sabía muy bien cómo montarse en el auto, por lo que Paolo la cargó y casi la arrojó en el asiento trasero. Ahogué una risa ante su expresión de reproche, y miré al frente.

¿Qué rayos fue lo que sucedió? —me sobresalté un poco al escuchar la voz de Damon en mi cabeza, pero traté de que nuestros amigos no notaran nuestra interacción.

¿Aún necesitas que te lo diga? Esa maldita perra quiso matarme. —Pude verlo tensarse de manera casi imperceptible.

¿Estás segura? Sé que ustedes no se llevan bien, y la actitud de Adriana se presta a malas interpretaciones, pero ella no es una mala persona. —Cuando escuché esto dirigí una mirada matadora hacia él y en un impulso bastante imprudente tomé el volante del auto tan fuerte que estuve a punto de romperlo.

—Defiéndela una vez más, Damon. —Sabía que mis ojos debían estar rojos en ese preciso momento. Incluso logré que Damon luciera un poco asustado. Paolo lucía sorprendido, a diferencia de Anika, que sabía que debía haberlo escuchado todo.

Damon intentó quitar mi mano del volante, pero no lo permití. Me sorprendí de mi propia fuerza... y de que el volante no se hubiese roto para ese momento. —Clarissa, cálmate.

—Debes dejar de defenderla Damon.

—Yo solo... —No lo dejé terminar, simplemente hice que el auto, al cual Damon le había bajado la velocidad, casi se saliera del camino.

—Si no dejas de defenderla te juro por Dios que voy a hacer que nos estrellemos con algo. —Ahora ciertamente todos me miraban como si estuviese loca... tal vez lo estaba un poco.

—De acuerdo, cálmate. Solo quería asegurarme. —Le di una mirada matadora y estuve a punto de decirle los que podía hacer con su seguridad, pero una voz aguda proveniente de la parte de atrás del auto me detuvo.

—Ella dejó en claro sus intenciones de asesinarla. No se prestaba a otras interpretaciones. —La voz de Anika sonaba sonora, delicada y a la vez dura. Como una especie de madre que le explica algo a su hijo por millonésima vez. Le dirigí una mirada significativa a Damon.

—Hablaré con ella, ¿había alguna razón para "matarte"? —Sopesé decirle el motivo real, pero no quería que Damon se viera más implicado de lo que ya estaba.

—No. O al menos ninguna que mencionara. La próxima vez me aseguraré de preguntarle. —dije, hablando de forma mordaz, y soltando el volante con un último movimiento brusco. Anika me dirigió una mirada sorprendida, debí suponer que al internarse en la mente de Adriana había podido ver sus intenciones y motivos, pero también esperaba que pudiese entender por qué no le quería decir nada a Damon. La chica me miró unos segundos más, leyéndome con detenimiento, luego me dio un ligero asentimiento.

—Anika, de verdad te agradezco todo lo que hiciste por Clari. —dijo Damon mirándola por el retrovisor. Ella sonrió y asintió, luciendo apenada. —Dime algo, ¿qué comiste? Porque ese color de ojos es peculiar hasta para mí. —preguntó Damon, ahora dirigiéndose a mí.

—Sangre almacenada. —Él me miró confundido.

—Explícate. —Yo solo me encogí de hombros y le hice un ademán a Anika, ella sabría explicarlo mejor.

—Verás, lo cierto es que odio cazar. Entiendo que es parte de la naturaleza, y que es el ciclo de nuestra vida, pero lo detesto. Me parece desagradable y nada propio de una dama, así que cuando me veo obligada a hacerlo, la sangre sobrante la guardo para después. —Damon hizo un gesto de disgusto, al cual Anika contestó con una sonrisa de entendimiento. —Sé que no es tradicional, pero es mucho más fácil y menos cruel. Además, al estar un tiempo almacenada sus propiedades se concentran y con uno o dos tragos a la semana basta. La que Clarissa tomó es de hace aproximadamente un mes.

—¿Sabe igual? —preguntó Paolo, hablando por primera vez en todo el trayecto.

—No, el sabor es mucho más fuerte. Puedes preguntarle a Clarissa, ella te podría hablar mejor del contraste. Ya yo estoy acostumbrada.

En ese instante, el auto se detuvo de forma abrupta. Era un puesto de control policial. Un hombre, de treinta años aproximadamente, con cabello y ojos oscuros nos detuvo y procedió a mirar a cada uno de nosotros de forma detenida.

—Sus identificaciones por favor.

No estaba sorprendida. Yo también haría lo mismo si un auto más caro que mi propia vida siendo conducido por cuatro chiquillos pasara frente a mí. Miré a Damon, como pidiéndole autorización para utilizar la coacción. Sabía que eso me agotaría mucho, pero no había espacio para que Damon pudiese manifestar identificaciones, y la coacción de Damon no era tan fuerte como la mía. Lo suficientemente rápido como para que el policía no notara que algo extraño sucedía, Anika se acercó a Paolo para susurrarle algo, en lo que su voz invadía mi cabeza, y por la expresión de mi novio, también la de él.

Acabo de leer su mente. Está muy determinado a obtener lo que quiere, a menos que lo noqueemos con coacción no será fácil convencerlo. —A pesar de la rapidez de Anika para hablar, el policía lucía notoriamente exasperado por nuestro silencio.

—Chicos, las identificaciones. —dijo, ahora en tono más serio. Sabíamos que necesitaríamos mucha coacción, y no queríamos dejarlo noqueado, así que todos lo miramos directo a los ojos, pero Anika fue la primera en hablar. A pesar de haber estado tanto tiempo alejada de la civilización, esta chica siempre parecía saber lo que hacía y lo que decía alrededor de otras personas.

—Lo sentimos oficial, pero no tenemos las identificaciones a mano en este momento. —Él la miró por unos segundos, luciendo un tanto perdido, pero no completamente convencido.

—Espero que eso no sea algún problema. —dijo Damon, en un tono tan angelical que tuve que mirar dos veces para estar segura que era él. La energía que se dirigía al policía era tal que era casi palpable, y sin embargo, ésta estaba perfectamente controlada.

—Pu...pues sí. Sí lo es jóvenes. Por favor salgan del vehículo. —dijo, con notorio esfuerzo y confusión. El tipo era fuerte, debía reconocerlo.

—Por favor oficial, no queremos problemas. —dijo Paolo, con una linda sonrisa que derretiría a cualquiera.

—No... no estoy seguro. —ya habíamos quebrado su voluntad, y ahora solo faltaba lograr que todo fluyera de la manera más natural posible. Era mi turno de hablar.

—Por favor oficial. No volverá a suceder. Solo... se nos olvidó. —Sabía que mi coacción era bastante fuerte, así que empujé con mucho cuidado, y pude sentir su mente quedar en mis manos.

—De acuerdo. —dijo, en tono un poco robótico.

Todos le sonreímos al hombre. A pesar de que la coacción era una herramienta muy fuerte que la mayoría de los vampiros manejaban, mi fortaleza en ese aspecto radicaba en la manipulación completa de los recuerdos de la persona, así que a pesar de que la coacción de Anika era sumamente fuerte, en este aspecto yo era más poderosa.

—En realidad, te diré lo que pasó... nos detuviste, te dimos las identificaciones, y nos dejaste ir. Tendrás un lindo día pensando en qué guapos eran todos los chicos que iban en ese auto tan elegante. Ahora, adiós Monsieur. —Acto seguido, Damon arrancó el auto a velocidad tal, que al cabo de unos pocos segundos ya no podíamos divisar al policía.

—Lo de chicos guapos fue un lindo toque. —dijo Damon, dándome una sonrisa pícara.

Me acomodé en mi asiento y respiré profundo. Utilizar la coacción de esta manera siempre sacaba lo mejor de mí. Si no hubiese sido por la sangre extra concentrada de Anika, estaría en problemas en este momento.

—¿Está todo bien? —preguntó Anika, observándome.

—Sí, es solo que utilicé una gran cantidad de energía. —dije sonriendo, en lo que Anika colocaba su mano de forma reconfortante en mi hombro.

—¿Dónde me quedaré? —preguntó la chica. Lo cierto es que no lo había pensado. Había tomado la decisión de manera apresurada. Sabía que conmigo no podía quedarse, aunque no es como si pasara demasiado tiempo en casa de todas formas.

—Se dé un apartamento que están rentando. —dijo Damon.

—Oh, de acuerdo. Con un poco de coacción será mío. —dijo Anika de forma casual. Damon rio por lo bajo.

—Es mejor hacer algo de forma legal para variar. —dijo el chico a mi lado. Anika sonrió ante esto, pero después hizo una mueca.

—No tengo dinero. —Damon se encogió de hombros, pero no dijo una palabra. Al cabo de unos segundos, Anika rio de forma audible. —Sabes que eso que piensas no es precisamente legal. —dijo sonriendo. Damon esbozó una sonrisa felina. Yo no entendí de lo que hablaban... ahora entendía cómo se sentía Paolo a veces, y no era nada agradable.

Siguió conduciendo hasta un lindo vecindario en el centro de la ciudad el cual conocía bastante bien. Lo cierto es que estaba algo exasperada. Este carro era excelente, pero no había nada como correr a velocidad vampírica con la libertad que la soledad proporcionaba. No entendía por qué seguíamos en el auto tomando en cuenta que ya éste había servido a su propósito. Cuando llegamos al edificio con un anuncio de "se vende" en él, Damon estacionó justo en frente, dejándonos ver que era un edificio de tan solo dos pisos, pero los apartamentos eran bastante grandes.

—Aquí tienes. —dijo Damon, tendiéndole a Anika un manojo de billetes de quinientos euros.

—¿Qué banco robaste? —pregunté, entendiendo por fin el comentario previo de Anika acerca de la legalidad.

—Simple manifestación.

—Nunca he sido muy habilidosa en eso. Gracias. —dijo Anika, en lo que se bajaba del auto, aun luciendo como recién salida de una fiesta de halloween.

Tocó la puerta de forma tímida. Estaba segura de que de haber podido, habría estado roja como un tomate. Al cabo de unos pocos segundos una señora de alrededor de cincuenta años abrió la puerta. La mujer miró a Anika de arriba abajo una y otra vez, probablemente preguntándose por qué una niña tan linda estaba vestida así. Anika habló un poco con ella, claramente utilizando un ligero toque de coacción, y luego le mostró el dinero; probablemente la coacción no habría sido necesaria ante la vista de la gran cantidad de dinero que le había mostrado. La mujer prácticamente entró corriendo al apartamento; no pude evitar ahogar una risa. Anika caminó hacia nosotros con una sonrisa.

—Dijo que iba a terminar de empacar. Creo que entraré a ayudarla un poco. Pueden irse, estaré bien.

—Si necesitas algo avísame. —dijo Damon, dándole una sonrisa tierna. Sabía que estaba muy agradecido con Anika por lo que había hecho por mí. De nuevo vino esa punzada de celos a mí, solo esperaba que Anika no confundiera las intenciones de Damon, aunque con su poder, lo dudaba. Anika asintió hacia mi novio y miró al interior del edificio con aire divertido.

—Ya casi termina de empacar de todas formas. Solo se marchará con su ropa. Teme que cambie de opinión acerca del dinero. —dijo sonriendo; hizo una reverencia disimulada y se alejó hacia el apartamento.

Antes de que Anika pudiese llegar a la puerta del edificio, la mujer salió con todo el dinero en sus manos, casi sin mirar a la chica que estaba junto a ella. Antes de entrar, Anika respiró profundo, se despidió con la mano una última vez y luego de por fin entrar, cerró la puerta.

Cuando nos alejamos un poco de la vista de todo el mundo, Damon hizo desaparecer el auto, así que corrimos para acompañar a Paolo hasta su departamento, que quedaba bastante cerca de mi casa, y luego nos dispusimos a ir a mi hogar, al cual llegamos al cabo de unos pocos segundos. Sabía que tenía algún tiempo sin ver a mi madre, e incluso estando afuera de la casa podía oler su sangre y escuchar sus latidos. Damon me dio un dulce beso en la mejilla en lo que yo tomaba el pomo de la puerta de forma silenciosa.

—Genial. —dije en un suspiro, en lo que le rogaba al cielo que por lo menos estuviese en su habitación.

Al entrar a la casa, pensé cerrar la puerta con sigilo y correr a mi habitación, pero mi madre estaba sentada en la sala esperándome. No sé qué habría pasado si no hubiese vuelto hoy a casa.

—Clarissa Marie Fournier, ¿dónde diablos te habías metido? ¿Es que crees que porque tienes novio ya no vives en esta casa? No te he visto como en dos semanas. —No estaba gritando, pero su voz era calmada y fría. Estaba MUY molesta.

—Eso no es mi culpa, madre. —dije, de forma serena. Ella se levantó del sofá y me encaró. Tenía que controlarme si no quería que viera mis ojos cambiar de color.

—Clarissa... —No la dejé terminar.

—Nunca estás en casa. ¿Cómo podrías verme entonces? —dije de modo relajado. Eso la hizo enojar aún más.

—Tú no tienes ninguna moral para decirme eso, jovencita. Recuerda que la mamá aquí soy yo, y TÚ eres la que no viene a dormir aquí. —Estuve a punto de reírme a carcajadas, pero en su lugar solamente le pasé por un lado, dirigiéndome a mi habitación.

—¡Espero que decirte eso te ayude a dormir por las noches! —dije, subiendo las escaleras.

—¡Estas castigada! —Estaba a punto de entrar a mi habitación cuando la voz de mi madre llegó a mí diciendo éstas palabras. Apreté el pomo de la puerta tan fuerte que es posible que mis dedos hubiesen quedado marcados. Respiré profundo una vez; debía controlarme. Si no lo hacía, podría acabar lastimándola. Sin embargo, no me quedé sin replicarle.

—¡¿Qué?! ¡Tú no puedes castigarme! ¿Quién te crees que soy? ¿Una niña? —A pesar de mis esfuerzos, a medida que hablaba sentía cómo el control se deslizaba entre mis dedos poco a poco.

—¡Tal vez no lo eres, pero te comportas como una! Y justo como lo oyes, jovencita. ¡No saldrás de esta casa hasta nuevo aviso! —Mi madre se había acercado peligrosamente a mí, y estaba segura que mis ojos ya eran completamente rojos. Mis manos, apretadas en puños, temblaban con violencia.

—¡No puedes retenerme aquí! —dije. Mi voz salió más temblorosa de lo que me imaginé. Mamá solo me miró directo a los ojos, colocándose a solo escasos centímetros de distancia de mí.

—Obsérvame. —dijo; acto seguido dio media vuelta y se dirigió a la cocina, dejándome sola en el sitio. Subí corriendo a mi cuarto y azoté la puerta tan fuerte que casi la derrumbo. Quería matar a alguien en este momento. Pegué mi frente a la puerta y me concentré en mi respiración tratando de calmarme. Sabía que estaba al borde de mí misma en este momento. Cualquier cosa que sucediera, me sacaría del balance tan frágil que había logrado mantener.

—¿Qué sucede novata? —La voz a mi espalda me sobresaltó, lo cual no sucedía muy a menudo desde que me había convertido en vampiro. Me giré con rapidez y observé a Damon acostado en mi cama con las manos detrás de su cabeza en señal de relajación.

No estaba de ánimos para sorpresas en ese momento. —¿Qué haces aquí? —espeté. Él sonrió.

—No iba a irme a mi casa estando tú aquí, completamente... o casi sola. —dijo, haciendo un ademán hacia el otro lado de la puerta, en lo que se levantaba y se acercaba un poco a mí. No pude evitar sonreír; lo miré directamente y levanté las cejas.

—¿Ah sí? —dije, acercándome lentamente a él, con una sonrisa pícara en mi rostro.

—Sí. Y, ¿sabes algo? Nosotros tenemos un asunto pendiente, cariño. —dijo, pegándome a él por completo. Sin prestarle demasiada atención a lo que decía, lo atraje por el cuello y lo besé con fuerza.

El beso pasó de ser fuerte a un poco más desesperado, y en definitiva fue más largo de lo usual. Antes de siquiera notarlo, Damon había abandonado mis labios y ahora besaba mi cuello con pasión. Demonios, me encantaba. Me besaba el cuello con suavidad, y ternura. Una de sus manos estaba situada detrás de mi cabeza, y la otra en la parte baja de mi espalda. Quería esto, lo deseaba más que nada en la vida. Sabía que no tenía mucho que arriesgar ni que perder, pero solo... no lo quería ahora. Debía apartarme ya, pues sabía que si continuaba con esto no habría vuelta atrás, y lo cierto es que sabía que no me sentiría muy bien después.

—Damon... basta. —dije, alejándome de él a velocidad vampírica; quedando al otro lado de la habitación en menos de un segundo.

—¿Por qué? ¿Por qué siempre te detienes? —dijo, luciendo levemente alterado.

—No me siento lista para esto. —dije, abrazándome a mí misma, sin poder evitar recordar esa vez que estuve tan cerca de dar este paso con Christopher. Amaba a Damon, pero no podía desprenderme de esos recuerdos... no aún.

—¿Estás segura que es solo eso? ¿O te da miedo algo? Sabes que no hay nada que preocuparse acerca de...

—¡No! No estoy asustada. Simplemente no me siento lista. —dije, acercándome de nuevo a él. Damon me atrajo de nuevo hacia sí, pero simplemente me dio un abrazo y un casto beso en la frente.

—¿Quieres que nos quedemos aquí? —preguntó, aún con sus labios pegados en mi cabeza. Negué, y le tomé la mano en lo que saltábamos por la ventana de mi cuarto sin emitir ni el más mínimo sonido. Sin mediar palabra corrimos por la ciudad hasta llegar a nuestro sitio de entrenamiento; aún había algunas personas allí.

—¿Qué sucede? —pregunté, tirando de él hacia mí cuando noté que ni siquiera me miraba.

—Nada. —dijo, obviamente no queriendo sonar tan duro como lo hizo. Sin embargo, lo noté y tenía algunas ideas sobre lo que le pasaba. Giré los ojos, no podía evitar sentirme fastidiada por la situación.

—¿Por qué te molesta tanto? —Damon me miró, tratando de controlar su expresión, sin embargo, en sus ojos había un toque rojizo que lo delataba.

—No estoy molesto, cariño. Es solo que... me siento rechazado, y no estoy acostumbrado al sentimiento.

—No te estoy rechazando. —dije, en tono bajo y mirando a otro sitio. Sentía que eso había sido más para mí que para él.

—¿De veras? Porque eso es justo lo que parece. —dijo, de forma escéptica y dura.

—Por supuesto que es en serio. No puedo creer que honestamente me estés reprochando esto, tú... —Tenía un muy buen argumento, pero Damon no me dejó terminar.

—Clari, yo estoy acostumbrado a que las chicas caigan a mis pies; que rueguen mi atención; que con solo voltear a mirarlas se derritan en mis dedos. Tú has significado un gran reto para mí en muchos aspectos, pero no puedes culparme por disgustarme cuando MI NOVIA me niega eso a lo que estoy tan acostumbrado.

Estuve a punto de reírme en su cara. —¿Y qué quieres que haga? ¿Qué me rinda ante tus berrinches? Te prometo que eso no va a suceder. Lo único que puedo asegurarte es que con esa actitud de niño mimado no vas a conseguir nada de mí, ni hoy, ni nunca. Espero que eso te quede claro desde este momento, porque no lo repetiré. —Pude ver la expresión de Damon cambiar conforme las palabras salían de mi boca. Tenía pensado hacer una salida dramática, pero cuando estaba a punto de irme, Damon me tomó por el brazo y me giró hacia él.

—Lo siento, ¿de acuerdo? No sé por qué me estoy comportando de esta forma. Supongo que no estoy acostumbrado a que una chica tan sexy se me resista por tanto tiempo. —Me dio una sonrisa, intentando calmarme un poco, lo cual funcionó. —Te amo, nena.

—Yo también te amo, aunque a veces seas un completo idiota. —Damon esbozó una sonrisa triste en lo que me daba un beso suave en la frente. —Espero que cuando nos vayamos no sientas la necesidad de correr a un burdel. —dije, alejándome un poco de él en lo que sonreía, tratando de aligerar un poco el ambiente.

—Creo que la espera valdrá la pena. —dijo sonriendo de forma pícara. Sus labios en este momento se veían más irresistibles que nunca. Se veían sonrosados y llenos de sangre. Sonreí ante esta imagen, y lo atraje a mí para besarlo.

Luego de ese apasionado beso me senté junto a Damon en el césped, en lo que él me rodeaba por los hombros. En definitiva era una de las cosas más agradables que había hecho en mi corta vida. Su cercanía hacía que todo mi ser se revolucionara por dentro, y el sentir sus labios hacer contacto con cualquier parte de mí, lo hacía mejor.

Al cabo de un rato comenzó a caer una lluvia tenue, por lo que nos movimos hasta quedar cubiertos bajo la protección de un árbol. Damon me señalaba al cielo, y me mostraba las constelaciones que conocía, ya que a pesar de la llovizna, éstas no se habían ocultado por completo; nunca me había interesado demasiado la astronomía, pero con Damon a mi lado todo parecía más interesante. Mientras Damon hablaba, sentía cómo sus palabras me arrullaban. Posé mi cabeza sobre sus piernas, en lo que él acariciaba mi cabello, y no noté en qué momento me quedé dormida. Desde mi transformación no me había dormido con tanta facilidad.

Desperté cuando la luz de la luna dio en mis ojos, y vi que Damon también estaba dormido. No sabía cuánto tiempo había pasado, pero sabía que debía ser bastante tarde. Me daba algo de pena despertar a mi novio, el cual se veía bastante angelical, pero sabía que se molestaría si me iba y no hacía al menos el intento de despertarlo. Solo bastaron un par de sacudidas para que Damon despertara luciendo un tanto alarmado.

Corrimos hasta mi casa, a la cual llegamos en pocos segundos. La escena era un tanto graciosa; parecía un novio cualquiera dejando a su novia en la puerta de su casa. Era irónico, pero no tan alejado de la realidad. Me acerqué a la puerta y noté que las luces estaban encendidas, lo que significaba que lo más probable era que mi madre hubiese notado mi ausencia.

—La próxima vez... —dijo Damon, dándome una mirada sugestiva y dejando la frase en el aire para que cada quien asumiera su propia respuesta. Le sonreí y le di un dulce beso en la mejilla antes de suspirar.

—Ahora... la batalla empieza. —dije susurrando, en lo que abría la puerta, y entraba.

No tenía sentido intentar esconderme... ya estaba perdida.

***

Hola personitas!!! Sé que tardé siglos en subir este capítulo, pero al menos es largo, así que espero que una cosa compense un poco la otra.

Quisiera que me digan qué les pareció el capítulo? Qué tal les cae Anika? Qué piensan de la actitud de Damon?

Díganme en los comentarios <3

Y por favor, pasen por mi otra historia "Nacidos para la Eternidad", significaría mucho para mí que me dieran su apoyo allá <3

Los amo <3<3

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