Capítulo 27: Confrontaciones
Clarissa
Estaba en la escuela, sin prestar la más mínima atención a la clase de historia que se desarrollaba frente a mí. Aún no podía creer que Adriana se hubiese inscrito en la escuela. ¿Cómo lo hizo tan rápido? Recién había llegado ayer. Lo más "casual" de todo era que estaba en todas las clases con Damon; estaba en gimnasia conmigo, pero desde que Christopher había... muerto, esa clase me parecía tan aburrida y básica como todas las demás. Solía saltármela bastante seguido. Estar en ese espacio de la escuela solo me recordaba a Chris. Sabía que él había sido una rata traicionera, pero mis sentimientos habían sido reales, y aún dolía... más de lo que me gustaba admitir.
Cuando sonó la campana, caminé cabizbaja hasta los vestidores a colocarme el uniforme de deporte. Trataba lo más posible de no mirar hacia la cartelera deportiva, allí había una especie de memorial para Christopher; se veía tan hermoso, y tan... vivo. Siempre que olvidaba que estaba ahí me tomaba por sorpresa. Suspiré, y luego de ponerme el uniforme, corrí a velocidad casi vampírica hacia la zona de gimnasia. Hoy no me saltaría esta clase. No tenía ganas de quedarme, pero sabía que no habría otro momento del día en el que pudiese tener lo más parecido a un tiempo a solas con Adriana, y tenía que saber qué tramaba esa perra.
La anteriormente anhelada hora de gimnasia llegó antes de que pudiese notarlo, y junto con ella, llegó el nuevo profesor. Cada vez que lo veía sentía mi corazón encogerse un poco. Era inevitable hacer comparaciones. El nuevo chico era delgado y larguirucho, con algunos músculos marcados en sus brazos y piernas; estaba segura que había jugado baloncesto en sus días de gloria, si es que tuvo algunos de esos. Tenía aproximadamente la misma edad de Chris. Su cabello era castaño oscuro y sus ojos eran igualmente oscuros. Su piel era de un ligero tono dorado, pero sus mejillas siempre estaban un poco coloradas. Tenía un rostro agradable, pero tampoco era un rasgo resaltante... en realidad no parecía tener nada que lo hiciera sobresalir. Ni su cuerpo corriente, ni su personalidad insípida.
Al empezar la clase me fijé en quiénes habían llegado y no vi a Adriana; no pensé que fuera a saltarse esta clase. Cuando me acerqué a donde estaban los demás noté que el profesor estaba revisando la asistencia. Al verme, se paró en seco a mirarme. Desde que estaba dando clases hacía eso cada vez que me veía. Al principio me sentía un poco halagada, pero lo cierto es que ya era un poco molesto. Me senté con el resto de mis compañeros a esperar a que él terminara de nombrarnos. Justo después de que asignara los ejercicios que íbamos a hacer, Adriana llegó. Si pensaba que este tipo se quedaba en blanco cuando me veía, juro que casi lo vi babear sobre sus anotaciones cuando Adriana le sonrió. Ni siquiera pudo hacer el intento de disimular el efecto que ella estaba teniendo sobre él.
Al comenzar la clase, debo admitir que estaba sorprendida. Yo pensé que después de haberme convertido era buena en gimnasia, pero lo cierto era que Adriana me pateaba el trasero totalmente. No sabía si tenía que ver con su edad, o con que tenía afinidad con el arte, pero lo cierto era que todo lo que hacía parecía una especie de danza seductora. Me sentía terriblemente torpe a su lado, así que para evitarme el ridículo, opté por no hacer mucho más, y sentarme a disfrutar del espectáculo... como todas las demás personas a mi alrededor. Cuando terminó de hacer su exhibición de movimientos gimnásticos casi olímpicos, se sentó a mi lado, esbozando una sonrisa un tanto antipática.
—¿Cómo crees que lo hice? ¿Demasiado mal? Estoy un poco oxidada. —dijo, dirigiendo su sonrisa hacia mí.
—Estuviste genial. —contesté, muy a mi pesar. Ella se vio satisfecha y eso solo me dio ganas de asesinarla justo en ese momento.
—Gracias, cariño. —Lo dijo de manera como si nunca en su vida le hubiesen hecho un cumplido. Resistí el impulso de girar los ojos. —Creí que te vería a ti también. —Me encogí de hombros, y la vi sonreír de nuevo antes de poner una expresión de aparente sorpresa. —Oh, no me digas que te sentiste cohibida por mi exhibición, cariño. Esa no era para nada mi intención.
—No, para nada. Solo no estoy de ganas. —dije, en tono casual, tratando de no sonar como una perra resentida. Ella asintió.
—Qué lástima, habría sido una delicia verte. —dijo ella, y acto seguido simplemente se quedó callada. Aún tenía una mirada de suficiencia en el rostro, pero por lo menos ya no se jactaba de todo lo que hacía. Ya que por lo visto tenerla en silencio era algo que no sucedía muy a menudo, decidí aprovechar esta oportunidad para averiguar un poco más de qué era lo que quería.
—Tal vez para la próxima. ¿Qué te trajo a Paris, Adriana? —pregunté, en el tono más amable y casual que se me dio en el momento. —¿Ya tu vida tan perfecta se estaba tornando tediosa? —Ella me miró por unos segundos, tratando de leer mi rostro y conocer mis intenciones; por la sonrisa socarrona que cursó su rostro, supongo que lo logró.
—Estaba aburrida, hacía varios siglos que no veía a Damon y comenzaba a extrañarlo. Además, Suiza no es tan hermosa en esta época del año. —dijo de forma despreocupada, como si fuésemos solo dos amigas charlando.
—¿Ah, sí? ¿Qué hacías en Suiza?
—Modelando. Tengo una afinidad por las artes, y la verdad es que tengo una debilidad por el modelaje... y toda la atención que esto trae. —Hablaba de manera presumida, pero podía ver lo que había debajo de sus palabras. Esta chica era una cuna de inseguridad; no que pudiese criticarla, yo misma era una también.
—Sí. Damon me dijo acerca de tus habilidades. —comenté. Ella giró su rostro hacia mí, y pude notar algo parecido a satisfacción en su expresión.
—Así que Damon te ha hablado de mí. —dijo; no era una pregunta, solo estaba tratando de resaltarlo para mí.
—No mucho, no tenemos mucho tiempo para hablar. —dije, dándole una mirada significativa. —Solo mencionó eso. —Noté cómo sus facciones se endurecían, y su mandíbula se apretaba. Giró su rostro nuevamente, observando a la nada. —¿Cómo conociste a Damon? —pregunté, con auténtica curiosidad. Ya Damon me había contado la historia, pero quería conocer ambos lados de ésta.
—Lo conocí cuando apenas era un chiquillo humano. Vivíamos en el mismo vecindario en una época en la que decidí mudarme a Rusia. Yo era una chica popular y deseada por los caballeros de aquel tiempo. Él era solo un chico lindo... muy lindo. Incluso para un humano. —Podía ver como su mirada se perdía, rememorando los hechos ocurridos siglos atrás. —Cada vez que intentaba acercarme a él, Cassey me lo impedía. Cuando se convirtió, que ya por suerte Cassey no estaba, —Este comentario me hizo encogerme sobre mí misma, como si lo que quedara de Cassey en mí quisiera salir y rebelarse ante el mismo. —salimos juntos por un tiempo. Pero no funcionó en ese momento, así que lo dejamos todo. —dijo, encogiéndose de hombros, como si no le importara en lo más mínimo, aunque sabía que no era así. Convenientemente omitió que él había terminado la relación porque no tenía sentimientos reales por ella. No sabía si porque lo había superado, o porque aún le dolía. Por la mirada en su rostro, me inclinaba por la segunda opción.
—Y ¿para qué viniste? ¿Solo querías saber cómo estaba? —pregunté. No quería que sonara tan mal como lo hizo, pero ya lo había dicho. Adriana me miró fijamente, y esbozó una media sonrisa.
—Sí, vine para saber cómo estaba, y para compartir un rato con él. No sé si te lo ha dicho, pero nuestras formas de compartir son muy interesantes. —dijo, sonriendo. Honestamente me sorprendía un poco el descaro con el que hablaba. Esta perra de verdad lo estaba haciendo. De verdad había venido para estar con mi novio. Maldita.
—Tal vez te cueste creerlo, cariño, pero Damon y yo tenemos mejores cosas que hacer que hablar de ti. —dije. Sus ojos, poco a poco, se estaban tornando rojos. Podía ver que se sentía indignada. Se notaba que no estaba acostumbrada a que le hablaran de ninguna forma que no fuese con admiración. —Además, ya sabes cómo está Damon. Y por si no lo has notado, te lo diré yo. Está "no disponible". Así que lo cierto es que no entiendo qué haces aquí. —Sus ojos eran totalmente carmesí en este punto. Sin embargo, se las arregló para esbozar una sonrisa felina.
—Si, lo sé. ¿Pero qué significa en realidad no estar "disponible"? ¿No te parece que ese es un estado tan frágil, delicado y... transitorio?
—Oh, ya veo. Crees eso porque eso fue lo que sintió contigo. —Pude notar su rostro quedarse repentinamente en blanco, como si le hubiese dado en algún punto débil... bien. —De verdad lamento que no hayas sido más que una distracción.
—Al menos yo lo distraía. —Su voz había cambiado, ahora prácticamente siseaba. Como una especie de serpiente. —Cuando note que no eres capaz ni de eso, verá que tiene una opción mejor.
—Te invito a preguntarle, querida. Verás que no está interesado en otras opciones. —dije, acercándome más a ella, y ahora dándole yo una mirada de satisfacción.
Adriana se acercó mucho. Estaba prácticamente sobre mí. Podía ver sus ojos color carmín resplandecer y mutar poco a poco, a un rojo cada vez más brillante. Su voz siseante había disminuido de tono de tal manera que, incluso con mi súper audición, me costaba escucharla.
—¿Te crees la gran cosa por ser una maldita reencarnación? Como tú hay muchas, princesa. Mi alma nació conmigo, no te creas nunca mejor que yo. Eres una maldita copia barata; una repetición. Y Damon pronto lo verá también. Me encargaré de ello.
—Vaya, ya no eres un pequeño angelito... ¿quién lo diría? —dije, de modo divertido.
—Setecientos cincuenta años es mucho tiempo como para mantener mi alma pura, además... el lado oscuro es mucho, mucho más divertido. —dijo en lo que pasaba sus uñas puntiagudas entre mi cabello. Yo traté de no inmutarme. —Este será un juego muy divertido... y nací para esto. Cassey era débil. Creía que por tener un buen culo y una cara bonita todos debían caer ante ella. Pero oye, ¿quién tiene el culo bonito ahora? Y te aseguro que nadie nunca se ha podido resistir a él. Me sé asegurar de eso. —Su tono era claramente amenazador. Decir que no me dio miedo sería una mentira. Sin embargo, traté que mis emociones no se mostraran en mi rostro.
—Genial. No puedo esperar por verte intentarlo. —Ella sonrió ante mis palabras, y acto seguido, desapareció. Justo como si nunca hubiese estado allí. Sin importarle en lo más mínimo que había una cantidad considerable de humanos a nuestro alrededor.
No sabía en qué acababa de meterme, pero no iba a perder a Damon ante esa ridícula. Pero algo era seguro, ni siquiera le mencionaría el nombre de esa perra. Eso sería darle demasiado crédito.
Lo que restaba del día pasó bastante rápido. Y por suerte, sin ver a Adriana de nuevo. Después de salir de la escuela, fui a casa, y pase un día bastante... humano. Me quedé con mamá, a la cual no veía desde hacía varios días, y la ayudé a hacer la cena, que obviamente yo no iba a comer. Vi un poco de televisión, y jugué algunos videojuegos, justo como solía hacer hace algunos meses, antes que esta vida de fantasía comenzara. Lo único que hice que no fue humano, fue practicar un poco con mis poderes en mi habitación. Nada fuera de lo común, solo un poco con el aire. La hora del entrenamiento llegó antes de lo que pensé, y casi sin notarlo, tenía a Damon dentro de mi habitación, dándome una mirada graciosa. Le di una sonrisa, junto con un dulce beso en los labios, y acto seguido, saltamos por la ventana, y desaparecimos corriendo en la oscuridad.
Llegamos temprano, más de lo usual. No había ni una sola estrella en el cielo, y no podía ver la luna; las nubes ocupaban todo el espacio, y noté que una ligera llovizna caía sobre nosotros. Con los sentidos vampíricos, sentir la lluvia era una experiencia que se podría considerar casi divina, al igual que ver las gotas caer, y ver cómo la poca luz que había se dividía en haces al pasar a través del agua... eso sí que era un espectáculo formidable. Eran millones de arcoíris cayendo a nuestro alrededor cada segundo. Damon me tenía contra él, agarrada por la cintura, en un abrazo cálido. Luego de unos segundos así, nos sentamos en el lugar usual; apoyé la cabeza en su hombro. Se sentía tan... normal, que era casi aburrido. Casi. La verdad, disfrutaba cada momento de paz que podíamos tener.
—¿Paolo vendrá? —pregunté, rompiendo el silencio.
—Supongo que sí. Pero sabes que él disfruta llegar elegantemente tarde. —dijo, pegando sus dulces labios a mi cabello. —¿Por qué? ¿Tienes alguna idea? —preguntó; casi pude escuchar cómo su ceja se arqueaba.
—Puede ser, pero creo que me gustan más las tuyas. —dije, en tono sugerente.
—Se me ocurren varias cosas. —dijo, en lo que se inclinaba para besarme suavemente en los labios.
Sus besos me volvían loca. El roce de sus labios con los míos; al comienzo lento, con el ritmo aumentando con cada segundo que pasaba. Sentía que nunca tenía suficiente de él. Puso uno de sus brazos alrededor de mi cintura, y yo enredé mis manos entre su cabello, ambas cosas con la misma finalidad... estar lo más cerca posible.
—Chicos, ¿esto no era un entrenamiento? —dijo Paolo, apareciendo de la nada. Di un pequeño salto. Siempre que estaba en esta situación con Damon era malditamente vulnerable. Sin embargo, al ver que era Paolo, no pude más que sonreírle.
—¡Cariño! —grité, en lo que corría a abrazar a mi amigo. Sentía que aunque ahora me esperara una vida prácticamente eterna por delante, en cualquier momento podría perder a alguien, y no quería desaprovechar ni un segundo con nadie.
—¿Cómo estuvo tu día, Clari?
—Supongo que bien. —dije, encogiéndome de hombros, y obviando el nombre de Adriana por completo.
—Eso puedo verlo. —dijo, haciendo un ademán hacia Damon. Yo sonreí.
Comenzamos a entrenar, y aunque estaba orgullosa de decir que cada vez se me hacía más fácil algunas técnicas y movimientos, lo cierto era que Paolo era un luchador genial, y nunca podía siquiera acercarme a vencerlo. Gran parte de su vida había sido dedicada exclusivamente a luchar; en sus movimientos podía notarse la experiencia que tenía, y yo solo tenía diecisiete años, y estaba recién convertida. Yo sabía que no podía ganarle, pero él sabía que yo no me detendría hasta lograrlo, así se me fueran siglos en el proceso.
Él estaba en posición defensiva. Corrí hacia donde estaba. Sabía que era una buena corredora, y era muy consciente que me había tardado menos de medio segundo en llegar hasta Paolo. Sin embargo, bien pude haber estado caminando, ya que al acercarme un poco, simplemente me tomó por un brazo, y me aventó unos cuantos metros hacia el bosque. Logré caer de pie, pero eso no evitó que sufriera unos cuantos arañazos en el proceso, los cuales sanaron unos pocos segundos después. Antes de siquiera observar dónde había caído, pude escuchar a Paolo acercarse a mí, pero cuando estaba a solo centímetros de distancia, simplemente se detuvo, con la mirada fija en algún punto más allá de mí. No sabía a qué miraba, pero estaba claro que no era nada bueno. Parecía un animal que había divisado a su presa... y no pensaba dejarla ir. Pude ver sus ojos cambiar de ámbar vivo, a rojo carmesí en solo una fracción de segundo; casi pude escuchar cómo sus manos se cerraron en forma de puños. Nunca había visto a Paolo de esta manera. Parecía a punto de asesinar a alguien, y el estar bajo los árboles, con solo la tenue luz de la luna y la ligera llovizna incesante, solo acentuaba su aspecto de monstruo de películas de terror.
—¿Qué sucede? —pregunté, un tanto alarmada.
—Nada. —respondió, apretando los dientes con fuerza.
Me giré hacia donde él estaba mirando, pero la verdad es que no pude ver nada. La maldita lluvia estaba obstruyendo mi visión; había demasiado brillo como para ver algo con claridad. Acto seguido, una brisa suave vino a mí, casi como si hubiese invocado al viento para que me hiciera el trabajo más fácil, y entonces me di cuenta. Paolo no estaba viendo nada. Estaba oliendo algo... o a alguien, en realidad. Y yo también; no era un aroma tan familiar, pero se había quedado plasmado en mi memoria. Acto seguido, y casi sin darme cuenta, Paolo me tomó del brazo con fuerza, y prácticamente me arrastró, a velocidad vampírica, de regreso a donde estaba Damon. Con rapidez alarmante, Paolo lo tomó por el brazo, y lo acercó bruscamente a sí mismo; por un momento pensé que lo besaría, pero sus ojos decían otra cosa.
—¿Qué hace ella aquí? —le preguntó a Damon, casi siseando, en lo que Adriana caminaba a paso firme hacia nosotros, emergiendo entre los árboles.
Me tensé de manera notable. En el rostro de Adriana había una sonrisa socarrona, aunque sus ojos no denotaban felicidad exactamente. Al cabo de unos segundos en los que ninguno de nosotros dijo ni siquiera una palabra, ella llegó hasta nosotros, haciendo que tanto Paolo como yo nos tensáramos aún más. Damon estaba simplemente con el semblante serio. Adriana saludó a Damon con un beso en la mejilla, a mí con un gesto con la mano, y después se volvió hacia Paolo y sonrió.
—Vaya, volvió el "chico" australiano. ¿Aún eres un chico? ¿O eso ya es demasiado ofensivo para ti? ¿Debería llamarte Paola? Creo que Paola te sienta bastante bien. —dijo Adriana, en tono burlón. Paolo apretó un poco más su mandíbula, si es que esto era posible, y ella sonrió, luciendo divertida. Casi podía palpar la tensión que había entre ellos.
—Mejor cierra la boca, perra. ¿O ya debería llamarlo hocico? Creo que eso te sienta bastante bien. —dijo, imitando su tono en lo que daba un paso adelante. Tuve que ahogar una carcajada.
—Tal vez sea una perra, pero al menos no soy un maldito adefesio de circo. —Adriana dio un paso adelante, teniendo que levantar un poco la cara para poder mirar a Paolo a los ojos. —Debí follarme mejor a Hitler. Habría conseguido que a todos los de tu clase los metieran en malditos campos de concentración también. Ustedes son peores que los judíos.
Lo que pasó a continuación sucedió tan rápido, que si hubiese sido humana, me lo habría perdido. Ante el comentario de Adriana abrí mucho los ojos, y solo en ese momento noté que ella tenía a Damon agarrado del brazo con fuerza... y en ese segundo, todo se fue al demonio. Paolo, que hasta ese momento había estado junto a mí, al ver a Adriana poniendo sus manos sobre Damon, simplemente saltó hacia ella.
Solo eran un manojo de miembros arañando y golpeándose entre sí. Obviamente ella no era tan buena como Paolo, pero sí le daba pelea, definitivamente mucho más que yo. Fruto de la experiencia, pensé con amargura. Lo siguiente que vi con claridad, fue a Paolo agarrando a Adriana por el cabello con fuerza; ella luchaba por soltarse, tratando, con sus cortos brazos, de arañar a Paolo, pero el agarre de Paolo era fuerte, y sus miembros mucho más largos. Acto seguido, le partió el cuello. Su cuerpo se descompensó en el suelo. Di un pequeño salto por la sorpresa, no me esperaba que Paolo hiciera algo así. Sabía que ella no estaba ni cerca de morir, y Paolo no estaba ni cerca de calmarse tampoco. Seguía rodeando el cuerpo inconsciente de la chica, como un animal cuidando su presa. La verdad era que no quería estar allí cuando Adriana despertara. Recordaba cuando le había hecho eso a Damon... no era bonito.
—¡DAME UNA MALDITA COSA PARA QUEMAR A ESTA PERRA! —gritó, con los ojos casi en llamas. Estaba asustada. Paolo no parecía estar en control de sí mismo. Acto seguido, y antes de siquiera notarlo, Damon estaba corriendo, alejándose de Paolo, y me arrastraba a mí con él. Intenté liberarme de su agarre, pero no logré hacerlo. Solo se detuvo cuando estábamos a unas cuantas millas de distancia. Podía ver la preocupación en sus ojos.
—Los voy a detener —dijo, de manera apresurada. Antes de que empezara a correr, lo tomé por la mano.
—Yo voy contigo. —Él me sonrió y me dio un dulce beso en la frente, luego tomó mi rostro y besó fugazmente mis labios.
Antes de que abriera los ojos de nuevo, Damon se había ido.
***
Holaaa!! Como ven este capítulo estuvo listo bastante rápido, y es que he estado activa en wattpad últimamente.
Les aviso que el próximo capítulo no vendrá tan rápido porque publicaré uno de mi otra historia. "Nacidos para la eternidad". SI NO SE HAN PASADO POR ALLÁ, POR FAVOR VAYAN :D
Sé que les gustará la historia.
También los invito a pasar por mi perfil para que vean, y participen en los concursos tanto en los que estoy participando como en los que soy jueza :)
Sin más nada que acotar, hasta luego mis amores <3
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