Capítulo 24: Alianzas
Jason
Hoy era mi primer día como comandante de célula, estaba bastante nervioso, pero sabía que no debía demostrarlo. Dentro de la emoción del momento, olvidé preguntarle a Chris dónde sería mi nueva célula, así que opté por esperar a salir de clases para ir a su oficina, y preguntarle sin rodeos. Después de darle vueltas a la escuela unas cuantas veces, debido a que el pasatiempo favorito del director era cambiar las oficinas a los profesores, por fin llegué a su oficina, pero él estaba un tanto... ocupado, por así decirlo, con una chica, así que decidí volver después y no interrumpir su momento.
Me quedé vagando por la escuela, esperando un tiempo prudencial para volver. El tiempo en soledad me hacía nostálgico, y ese era mi estado natural últimamente. Esto me hacía pensar en Hillary. Más de lo usual. En sus ojos tan azules como zafiros, en su dorado cabello, en su cuerpo voluptuoso y su manera de sonreírme a mí, y solo a mí. Yo la amaba. No. Aún la amo. Pero me fue arrebatada por un maldito parásito. Sabía que eventualmente debería superarla, solo que ese día no sería hoy.
Debía escapar de mis pensamientos lo más rápido posible, así que fui a la oficina de Chris., a la mierda si la chica seguía ahí; lo interrumpiría de cualquier manera. Presté atención, y noté que ya no había ruido, así que o había tardado mucho y Chris se había ido, o simplemente la chica ya no estaba. La puerta estaba abierta, así que la empujé un poco, y noté que la luz estaba encendida. Lo primero que vi, fue una mata densa de cabello rizado oscuro en la silla. Pensé que estaba interrumpiendo, pero simplemente había algo mal con la escena. Me acerqué un poco más y noté qué era. La chica estaba obviamente desmayada, casi muerta. Su piel estaba totalmente pálida.
La examiné bien y noté varias cosas. Tenía unos moretones en el cuello muy notorios, y que probablemente le dejarían una fea marca. Su hombro estaba dislocado, y también lleno de moretones. Pude notar que había rastros de sangre en la pared, y un poco en el suelo, pero ella ya no parecía estar sangrando. En un primer momento, cualquiera pensaría que estaba muerta, pero su pecho subía y bajaba con pesadez.
Era bastante triste. ¿Quién se tomaría la molestia de hacerle esto a una pobre chica? ¿Y por qué? La verdad es que podría haber muchos motivos, lo único que tenía seguro es que esto lo había hecho un vampiro. Esta era la novia de Chris. La habían torturado, y casi la habían asesinado en el proceso. Obviamente la palidez se debía a la falta de sangre. Llamé a emergencias en lo que corría para salir de la escuela. Ya ellos se encargarían de la pobre chica, yo solo tenía que asegurarme de que Christopher estuviese bien, aunque lo dudaba.
Intenté llegar lo más rápido posible a su casa, pero estaba bastante lejos, y yo era humano. Sabía que un vampiro llegaría allí en segundos. El tiempo se estaba agotando. Sentía el peso de su vida en mis hombros. Cada segundo que pasaba parecía eterno. Probablemente rompí unas cuantas leyes de tránsito en el proceso.
Cuando llegué al edificio donde vivía Chris, pasé la recepción como una bala, dejando detrás de mí los gritos de alguna chica enojada. La puerta del apartamento estaba abierta. Entré y miré frenéticamente el lugar. Estaba espectralmente solo. Miré más de cerca y vi una lanza partida en dos en el suelo. Maldita sea. Esto fue todo lo que me tomó perder la compostura por completo. Entré corriendo a la habitación. En el momento en que toqué el pomo de la puerta, sentí una brisa fría chocar contra mi rostro, haciéndome sentir escalofríos. Sabía que algo estaba mal.
Me preparé para revisar en todas partes, pero no hizo falta. Christopher, o lo que quedaba de él en realidad, estaba en la cama, con el cuello notoriamente desgarrado. No había ni una gota de sangre en ninguna parte, ni siquiera dentro de él. Sentía que no podía moverme. Estaba completamente paralizado. Había muerto. Sus ojos seguían abiertos, y su boca también estaba ligeramente abierta. Mis piernas cedieron, y antes de notarlo estaba arrodillado en el suelo, llorando. ¡Maldición! ¡Esto no era justo! Apreté mis manos en forma de puños, y halé mi cabello. Estaba en un estado en el que no tenía control acerca de mí mismo. Quería salir de allí y matar a la primera persona que se atravesara en mi camino.
Habían succionado su sangre, junto con su vida. Y estaba completamente seguro de quién lo había hecho. Seguramente Clarissa había visto a Christopher con aquella chica, y no había dudado en asesinarlo como venganza... y casi matar a la pobre desgraciada en el proceso. Levanté mi rostro y miré el cadáver con más odio del que nunca había sentido. Clarissa era mía. Me había quitado a Hillary, había matado a Christopher. Disfrutaría matarla. No permitiría que nadie más tuviese ese placer.
Fui al cuartel a reportar la muerte de Christopher al cabo de unos cuantos minutos. Parecía una especie de robot. Simplemente llegué, hice mi informe y me largué. No me quedaría a ver como esos buitres bailaban sobre la tumba de Chris. Lo más probable es que Mario terminara siendo el nuevo general, pero había decidido que ese ya no era mi asunto.
Me presenté al funeral; Christopher me había dado muchas oportunidades dentro de la lanza de fuego, e incluso en la escuela. Había confiado en mí lo suficiente como para hacerme líder de una célula siendo un novato, así como también me había hecho capitán de ciertos equipos deportivos solo para obligarme a socializar. No había sido general por mucho tiempo, pero sí había sido mi maestro, es muchos aspectos, por varios años. Siempre había sido muy respetado, incluso antes de ser el general. También tenía muchas amistades, así que todos lamentaban su partida.
Algunos dieron unas palabras de despedida, pero podía decir que todas eran hipócritas. Estaba seguro de que ese tal Sergei Medvedev no mato a diez vampiros junto a Chris, ni jugaron juntos cuando eran niños. Su familia no estaba aquí. Esto era un asunto exclusivo de cazadores.
Las personas seguían pasando, y seguían hablando más y más. Ya estaba cansado de tanta mierda. Probablemente, a pesar de ser un miembro nuevo, conocía más a Chris que la mayoría de estos idiotas. Sin siquiera esperar a que el tipo que hablaba terminara de expresar su "tan profundo dolor", me puse de pie, subí al estrado, y simplemente lo aparté de un empujón. El hombre se quejó, pero una mirada bastó para que notara que no dudaría en romperle la cara de ser necesario.
Todos me miraban; la mayoría me daban miradas desaprobatorias, no se suponía que un "novato" hablara en el funeral del gran general; en realidad, lo correcto era que yo ni siquiera lo conociera... pero era obvio que las cosas cambian. Me aclaré la garganta para hacer callar los murmullos.
-Sé que la mayoría de ustedes no aprueban que esté en ese sitio en este momento, pero también sé que Christopher habría querido que le dedicara algunas palabras. -Algunos de estos hipócritas incluso se vieron insultados por escucharme llamar a Chris por su nombre de pila. Malditos. -En esta era, los vampiros son más un mito que una realidad. Por eso, ya nadie nos toma en serio de verdad. Para el mundo, somos un montón de chalados buscando atención. Hoy en día, esas sanguijuelas se las han arreglado para obligar a los humanos a que no crean en ellos, solo para tener un platillo fácil. Ya no estamos en la edad media, donde la existencia de los vampiros era bien conocida y todos sabían cómo defenderse. Ahora los humanos somos la presa.
»No somos humanos normales... dejamos de serlo en el momento en el que tomamos nuestro juramento. Dejamos de serlo en el momento en el que prometimos que incluso después de morir, los perseguiríamos. No sé si es cierto todo el rumor de la reencarnación, pero estoy malditamente seguro que todos estaríamos dispuestos a volver para seguir acabando con esos asquerosos parásitos. Con Christopher como general, habríamos podido acabar con todos ellos. Habríamos podido tener la organización que nos falta. Habríamos podido hacer que los humanos creyeran de nuevo.
»No lloren tanto porque nuestro general fue asesinado por un insignificante chupa-sangre, sino por el futuro que pudimos tener, y que nos fue arrebatado por una de las criaturas que intentamos exterminar de la faz de la tierra. Pero todavía tenemos oportunidad. La muerte de un buen general no significa la muerte de nuestros ideales.
»Esto no es La Lanza de Fuego que era antes. Esta no es la Lanza de Fuego de Nikolai Kozlov. Este no es el siglo XVII. Tal vez en Moscú, como ciudad base sí lo sea un poco más. Pero aquí en París, no lo es. La visión se ha perdido, y lo que más me duele... es que la misión también. Todos lo saben. Los que decidan que quedarse aquí es más seguro, y lo más inteligente, adelante, pero yo mismo los veré sucumbir ante los vampiros... muchos de ustedes incluso convirtiéndose en uno de ellos y, sinceramente, me dan lástima.
»Estoy seguro que la mayoría de los que están aquí, lamentándose por la muerte de Christopher, solamente hacen patético trabajo de oficina, en vez de salir al mundo a enfrentar a los monstruos. No se queden sentados esperando ver cómo nosotros lo hacemos. O mejor, háganlo, y mueran como los idiotas que son en este momento. Yo les ofrezco otra opción. Si quieren revolucionar la caza de parásitos, síganme. Es hora de una nueva era de La Lanza de Fuego. Acabaremos con todos los parásitos, y todos ustedes muy en fondo saben que tengo razón. Saben que aquí no se está haciendo el trabajo como se debe. De cualquier modo, los que quieran, encuéntrenme en el mercado abandonado en el centro, a las diez de la noche.
-¿Quién te crees que eres? -me dijo Mario, con hostilidad. Le mantuve la mirada muy seriamente. Parecía que quería asesinarme en cualquier momento.
-Soy todo lo que ustedes no.
Bajé del estrado y fui directamente a la puerta, con mis manos en los bolsillos y la cabeza en alto. Podía escuchar muchas cosas a medida que caminaba. En definitiva había captado la atención de la multitud. "Hay que detenerlo, es peligroso" escuché decir a una mujer, mientras me miraba fijamente, con un poco de temor en su mirada. "No, déjalo. Nadie lo tomara en serio. No vale la pena" dijo Brandon, dándome una mirada desaprobatoria. Me reí un poco ante esto. Siempre me subestimaban... y siempre terminaba sorprendiendo a todos. Lo dejaría pensar lo que quisiera, pero yo sabía lo que sucedería. Las caras de los más jóvenes dejaban ver orgullo, entusiasmo, y más que todo, admiración.
Al salir, esperándome en la puerta, con los brazos cruzados sobre su pecho estaba Alex Kingsbury. No esperaba verlo ahí. Incluso me pareció una falta de respeto a la memoria de Christopher, pero me contuve de romperle la cara porque me interesaba un poco lo que diría.
-Escuché tu discurso, chico. Tienes visión, y en estos tiempos es lo más conveniente. Definitivamente te sigo. ¡Demonios, iniciemos una revolución! -dijo sonriendo. Giré los ojos, pero no pude evitar una pequeña sonrisa de suficiencia.
-Alex, si voy a ser un revolucionario de la lanza de fuego, necesito alguien con experiencia a mi lado. Necesito un mentor. Chris ya no está, pero estás tú. -le dije. No es que yo no tuviese experiencia, ni que él fuese siquiera la mitad de lo buen cazador que era Christopher... pero él era un veterano.
-Claro, nos veremos ahí, cuenta conmigo. -respondió, en lo que nos dábamos un apretón de manos, implícitamente formando una gran alianza.
~0~
Camino al mercado me sentía bastante nervioso. Me sentiría como un fracasado si llegaba y no había nadie. Cerré los ojos, sacudí la cabeza, y mantuve mi mente positiva.
A las diez en punto estaba llegando al mercado, y ahí estaba mi pequeña multitud. Un grupo de veintiún chicos y chicas de la Lanza de Fuego, mirándome llegar con adoración. Sonreí. Lo había logrado. Respiré profundo y me paré frente a ellos en lo que todos hicieron silencio. Casi podía oír latir mi corazón con fuerza.
-Me alegra que hayan venido, camaradas. Verán que no se decepcionarán. Seremos los forjadores del futuro, de un nuevo futuro. Un futuro donde no tengamos que vivir con miedo por nuestros familiares. Un futuro digno de nosotros. Es momento de volver ese futuro una realidad. ¡Es hora de empezar a exterminar a esos malditos parásitos! -dije, los chicos me aplaudieron y me vitorearon.
-Entonces, ¿empezamos el entrenamiento? -preguntó Alex, apareciendo de repente a mi lado, sonriendo y mirando hacia la multitud. Otra ronda de aplausos sonó... lucían bastante entusiasmados.
No podía creer que por fin había podido tener esto. Me iba a vengar. Iba a obtener todo lo que quería, pero más que nada, iba a limpiar el mundo de los malditos chupa sangre, y ¿esto?... esto era solo el comienzo.
***
Me disculpo por la demora (como siempre jeje), espero que les guste el capítulo, ya que a partir de este punto comienza un étapa nueva de Pacto Eterno.
También les quería comentar que estaba pensando en escribir otra historia. Como ya saben, Pacto Eterno ya está escrito, yo solo lo mejoro porque tiene muchos fallos y huecos en la historia, ya que lo escribí hace muchos años. Esta nueva historia lo más probable es que vaya de vampiros también, lo que aun no he pensado es si estaría en el mismo "universo" que Pacto Eterno o no.
Qué les parece? Les gustaría algo así?
Les gustó el capítulo?
Los leo en los comentarios *--*
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