Capítulo 23: Confesiones
Damon
Vi a una hermosa chica de cabello rojizo, pálida, con una expresión un poco enloquecida, y ojos… grises. Un gris muy oscuro, pero era inconfundiblemente gris. Con una mirada que no sabría definir entre enojada, triste o confundida, se veía simplemente… perdida. Era Clarissa. Y en lo más profundo de esos hermosos, extraños y oscuros ojos, estaba Cassey. Mi Cassey. La que yo mismo había matado hacía trescientos noventa y tres años. Estaba junto a mí, ahora. Y Clari también.
No sabía cómo no había podido verlo antes. No entendía cómo no lo había sentido antes. O tal vez lo había hecho, pero simplemente no había querido aceptarlo. Ahora lo veía todo con claridad… ahora la veía con claridad.
La había llamado Cassey. Y eso hizo que luciera aún más confundida. Ella estaba un poco perdida; vacilante. En una fracción de segundo reparé en algo que no había reparado antes; el cuerpo de Christopher en la cama, con los ojos abiertos. Esto me dejó confundido por los pocos segundos que me llevó notar que no había ningún latido a mi alrededor, y justo en ese momento, todo vino a mí. Clari había matado a Blade. La razón no me importaba, y él sinceramente tampoco. Si no lo hubiese hecho ella, lo habría hecho yo en algún momento. La verdad era que justo ahora solo me importaba ella.
Me acerqué con cautela, y no retrocedió. En realidad, dudaba que pudiera hacer nada, se veía extraña, como si no estuviese allí en verdad. Ella me miró, pero no exactamente a mí, era como si mirara a través de mí. Me detuve a unos pocos metros de ella, y la miré mejor. Había algo que estaba cambiando de forma rápida… sus ojos. Estaban pasando de ese color grisáceo, a uno más blanquecino. Solo había visto eso un puñado de veces a lo largo de mi vida y no terminaba muy bien. Dirigí mi mirada rápidamente a sus manos; estaban completamente verdes y el color subía a lo largo de sus brazos.
Hace algún tiempo, se escuchaba el mito de que los cazadores de la lanza de fuego de más alto rango poseían alguna clase de veneno en su sangre, por cuestión de protección, y Clarissa había drenado por completo a este desgraciado. No sabía cómo iba a afectarle esto, pero en definitiva ese cambio brusco en sus ojos tenía que ver con eso.
Después que me habló, sus ojos se decoloraron con rapidez, hasta que su mirada se nubló por completo y ella se desplomó. Si no hubiese sido por mi velocidad vampírica, se habría dado un buen golpe. Yo la acuné en mis brazos. Se veía tan hermosa, tan… frágil. No había reparado en que estaba temblando ligeramente. Creí escucharla mencionar el nombre de Christopher, y esto fue como si me apuñalaran en el corazón, o tal vez más doloroso que eso. Demonios. No quería que le importara nada acerca de ese tipo.
Estuvo en ese estado de semiinconsciencia durante unos pocos minutos, justo antes de abrir los ojos de repente, los cuales ya tenían el color topacio normal para el momento. Se sentó con rapidez, mirando a todos lados. Un tanto desorientada.
—Tranquila, ya pasó. —dije, acariciándole la cabeza. No la quería presionar. No quería soltarle toda la información de la que justo acababa de enterarme, así que solo la abracé con fuerza, no queriendo soltarla nunca.
—Yo lo maté. Lo maté y me tomé su sangre. Y lo torturé. Y… y… y la chica. ¡Oh por Dios! La chica. ¿Ella está bien? Por favor dime que está bien. A ella no la maté. Pero la coacción yo… —Ella estaba balbuceando. Se veía un tanto desesperada y fuera de sí.
—Clari, hay algo que debo decirte. —le digo en el tono más suave que se me da, a pesar que la emoción me estaba consumiendo por completo.
—Yo lo torturé, y a ella también la torturé, pero ella está bien. Él no. Lo drené. Lo maté. Maldita sea, lo maté. —dijo, sin poder dejar de llorar.
—Clarissa, para ya, por favor. —supliqué, pero ella seguía sin escucharme. Su mirada seguía perdida y desenfocada.
—Lo encontré con otra chica, y… no pude resistirlo. Primero maté a la chica… espera, no, no la maté. Luego sí que lo maté a él, lo disfruté mucho… mierda. —dijo, en lo que las lágrimas corrían por sus mejillas sonrosadas. No podía soportarlo. No quería soportarlo.
—¡Clarissa, YA BASTA! ¡Es suficiente! —dije, sacudiéndola un poco, tratando de hacer que reaccionara. Ella dirigió sus ojos a mí con rapidez.
—¿Y A TI QUÉ DEMONIOS TE IMPORTA? NO ESTABAS AQUÍ. ME DEJASTE SOLA. —Ella estaba claramente alterada.
—Me importa mucho… me importas mucho. —Esto pareció calmarla; pareció reconocerme de verdad ahora.
—Damon… —dijo, mirándome. Mirándome de verdad. No en esa especie de trance en el que se había encontrado antes.
—Aquí estoy. No te dejaré sola de nuevo. ¿Está bien? —Ella asintió y me abrazó. Seguíamos sentados en el suelo. Cerré los ojos y respiré profundo. Debía soltar la bomba. —Clarissa… tú eres Cassey. —dije, secamente y sin rodeos, no le quería dar más larga al asunto, ya que si lo pensaba más, nunca lo diría. Ella frunció el ceño, levantó el rostro y me miró confundida.
—¿Qué? ¿De qué hablas? Ella murió hace casi cuatrocientos años.
—Su cuerpo murió. Hay muchas leyendas y mitos al respecto. Se dice que cuando los cazadores surgieron, que los vampiros se dieron cuenta que no éramos invencibles, se hicieron distintos pactos con brujas y hechiceros, buscando la preservación de las almas, así que cuando un vampiro muere a manos de una lanza de ese tipo, se cree que su alma reencarna en un humano por nacer. Tuviste que haber… no lo sé, vivido una vida muy larga como un vampiro, o haber tenido muchas vidas, y haber sido un vampiro en cada una de ellas, y haber sido… asesinada de esa manera en cada una. —dije, más para mí mismo que para ella. El alma de Clarissa era una bastante antigua; tal vez en algún momento adquiera el poder de recordar sus vidas anteriores. Honestamente, estaba bastante curioso al respecto, quién sabe cuántas veces la habré conocido, o cuantas veces me habré… involucrado con ella.
—Eso no tiene ningún sentido, Damon.
—Lo sé, y tampoco lo tenía para mí. Pero ahora que te veo… es claro. —dije, acariciando su rostro con suavidad.
—¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar seguro?
—No lo sé, ¿de acuerdo? No sé cómo lo sé, pero simplemente lo hago. Llámalo don, poder o como quieras. Pero estoy totalmente seguro de lo que te digo. Eres Cassey.
—¿Y qué se supone que significa eso? ¿Es que ahora de cierta manera estoy “volviendo” a ti? —dijo susurrando, con una sonrisa amarga, y sin mirarme. —Lamento decepcionarte. Pero yo soy Clarissa Fournier, no alguna vampiresa zombi reencarnada. No soy ella. —dijo con firmeza, aunque con dolor en su tono de voz. Yo sonreí. Demonios, esta chica me fascinaba por completo.
—Pero tu alma sí lo es. Sé que es difícil de aceptar, pero es la verdad. Sé que muy en el fondo también sabes que tengo razón. Además, ¿cómo explicarías ese vínculo extraño que tenemos? —Ella encogió los hombros, un tanto frustrada.
—¡Dímelo tú! Tú eres el que lleva casi cuatrocientos años viviendo esta vida maldita. ¿Por qué YO debería saber cualquier cosa? —Giré los ojos, y fruncí el ceño, pensando. De repente, todo hizo click.
—¡Ya lo tengo! Hay una clase de ciclo que se cerró entre nosotros. Hace todo este tiempo, Cassey me convirtió justo antes de morir. Ahora, yo te convertí a ti. Estoy seguro que eso no es algo muy usual. —La miré detenidamente, se veía confundida, pero parecía estar asimilando todo. Me sentía aliviado de no tener que negarme más a mí mismo mis sentimientos por ella. Se veía hermosa. —Y de cierta forma como que siempre lo supe. Tú eres tan fuerte, tan especial, con tantos poderes diferentes y únicos, y está eso de que te controlas casi perfectamente con el asunto de la sangre… siendo una novata... de cierta forma, tiene sentido que tu alma sea vieja.
»Es cierto. Eres Clarissa Fournier, eso lo tengo perfectamente claro. Eres la chica más asquerosamente sexy y talentosa que he conocido. Pero de alguna forma, también eres Cassey, el primer amor de mi vida. Y no te voy a perder de nuevo. —dije, tomándole las dos manos con fuerza. Ella las miró por un segundo y luego me miró a mí, con una expresión seria, en lo que sacudía sus manos de las mías, y se ponía de pie, alejándose de mí.
—Sí. Soy todo eso. Pero tú mismo lo dijiste, estás enamorado de ella. De Cassey, no de mí. Siempre la has querido a ella. —dijo, en tono duro, pero triste.
—Recuerda que yo no sabía que tú eras Cassey. Pero cuando te vi por primera vez… solo… fue algo completamente extraño en mí. Sentía que había algo diferente en ti, algo especial. Y no me equivoqué ni un poco. Siempre que estoy a tu lado, todo fluye. Todo es tan simple y tan bueno. Es así como cuando conoces a una persona en una playa nudista, y lo haces allí mismo. —Clari hizo una mueca para tratar de evitar la sonrisa, pero yo la conocía mejor que eso. Lo curioso, era que eso sí me había sucedido. Hacía unos buenos veinte años. Había sido una experiencia bastante única. Quizás incluso esta chica había tenido el alma de Clarissa. Sonreí ante esa idea, pero rápidamente sacudí la cabeza y me concentré en lo que importaba. —Pero estar contigo es aún mejor, y créeme, hablo desde la experiencia. —Ella se rio un poco, pero luego dirigió sus hermosos ojos a mí.
—¿Y no influirá en nada que yo “sea” Cassey? Porque para mí, eso es lo que me parece. No importa lo que me digas, parece que te diste cuenta de esto, y de repente me quieres. —dijo en un tono de voz tan bajo que se me hizo un poco difícil escucharla.
Sabía que parecía de esa manera. Y de verdad odiaba que lo viera así. Pasé mis manos por mi cabello con desesperación. —Demonios, Clari. ¿Cómo quieres que te lo diga? Estoy jodidamente enamorado de ti. DE TI. Ya ayer lo estaba. ¿Saber esto me impacta? Claro que sí, pero no cambia ni un poco lo que siento.
—¿Estás seguro de todo esto? —preguntó, de manera insegura pero esperanzada.
—Absolutamente. —dije, y cerré la distancia entre nosotros para por fin besarla. No fue nada como el beso que habíamos compartido esa misma mañana. Fue algo completamente distinto.
No hubo ninguna necesidad de algo “especial”. Ya el hecho de que fuese con ella era lo suficientemente especial. Me abrí paso a través de su boca, y aunque ella estaba un poco vacilante al comienzo, después ciertamente se dejó llevar. Enredó sus manos en mi cabello, y yo puse mis manos en su cintura, pegándola más a mí. No sabía si nos estábamos dejando llevar un poco demasiado, pero honestamente no me importaba. Estaba sopesando seriamente quitar su ropa en ese mismo momento cuando ella se apartó un poco. Diablos. Seguro había dejado caer mi escudo mental, y había podido leer mis intenciones.
—Lamento si te estoy presionando, pero si quieres hacerlo, no hay por qué esperar. —dije, utilizando solo un poco de coacción. No para hacer que accediera, solo para que me dijera la verdad. Cuando leyó mis pensamientos, el hecho de que me haya alejado, la verdad, me golpeó en el orgullo y en el corazón… ¿es que acaso no quería estar conmigo de esa manera?
—No podemos. —respondió ella, alejándose aún más de mí, aunque notaba que era muy a su pesar.
—Claro que sí. No tenemos nada que temer ni nada que perder. —dije sonriendo, aunque extrañado con su respuesta.
—Pero… él… está aquí y… —dijo ella, haciendo un además hacia el cuerpo sin vida en lo que su voz se quebraba por completo. Esto me hizo reaccionar.
Christopher no me agradaba ni un poco, y honestamente, no me importaba arrojar el cuerpo por la ventana y simplemente dejar que la policía se encargara, pero sabía que de una u otra forma, había hecho mella en Clari, y le debía al menos eso.
—No te preocupes, Clari. Si tú no quieres, nada… —empecé a decir, pero el sonido de la puerta abriéndose me detuvo. Demonios. No entendía cómo no lo había escuchado entrar en el apartamento en sí.
Mientras la puerta se abría, bastante lento incluso para la velocidad humana, tomé a Clari, que seguía entre mis brazos, y simplemente salté por la ventana unos cuantos pisos más abajo. Clarissa lucía confundida, pero se aferraba con fuerza a mí. Antes de siquiera notar a dónde estaba yendo, llegué al parque donde siempre entrenábamos. Ese sitio que de una u otra forma se sentía como nuestro. Prácticamente cada momento juntos que haya sido remotamente importante, había sucedido en ese lugar. Allí habíamos tenido nuestra primera práctica. Allí había aprendido a conocerla con cada día que pasaba. Allí me había sentido asustado por primera vez después de muchos años cuando había visto su pequeño cuerpo ensangrentado atravesado por una rama. Justo allí, hace apenas unas pocas horas la había besado. Simplemente se sentía… correcto estar aquí ahora.
—¿Qué sucedió? —preguntó. Yo la dejé en el suelo con suavidad, suponía que aún seguía tan inmersa en ella misma que no había notado el ruido.
—Alguien entró en la habitación. No podía dejar que nos vieran.
Ella asintió, y noté que se disponía a decir algo, pero en el momento en el que abrió su boca, las lágrimas empezaron a brotar con fuerza. Yo quitaba cada una cuidadosamente con mi dedo. Ni siquiera el intenso color del topacio podía opacar el azul celeste de sus ojos en este momento.
—¿Estás segura que estás bien, Clari? ¿Es que acaso tanto lo querías? —pregunté con precaución. Me dolía. Me dolía como nada. No quería siquiera pensar que ella podía tener sentimientos reales por ese bastardo. Siempre pensé que era una especie de juego para ella, pero al parecer no era tan así.
—No es eso. Es decir, por una parte sí lo era. Aunque odie admitirlo sí tenía ciertos sentimientos por él. —Al escuchar esto, la verdad es que mi corazón se rompió un poco, pero mantuve mi expresión serena. —Es que… maldita sea. Lo maté por rabia, y por celos. Y esa cosa que lo mató no era yo, Damon. Esa no era yo. Era como un extraño monstruo dentro de mí que simplemente tomó el control, y yo no pude hacer nada más. YO SABÍA QUE ESTABA MAL. Solo que no tenía poder sobre mí misma. —dijo, sin dejar de llorar en ningún momento.
—Clari, todos hemos pasado por eso. Todos sabemos lo que se siente tener al monstruo en control de nosotros. Créeme, no es nada extraño.
—dije intentando consolarla.
—Lo sé… o bueno, lo imagino. Solo que… piensas que no va a sucederte, que puedes controlarte, hasta que sucede, y te conviertes en una… bestia. —Ya había calmado un poco el llanto. Se sentó en el suelo, escondiendo su cara entre sus manos.
—Te aseguro que eras una bestia hermosa. —dije sonriendo. Ella sonrió, pero la sonrisa no llegó a sus ojos. —Tal vez ese idiota significaba un poco demasiado para ti, ¿no? —susurré. Las palabras dejaban un mal sabor en mi boca, pero necesitaba oírlo de ella.
—Sí. Aunque me duela admitirlo sí fue importante para mí. Pero solo eso. Era importante. No tenía sentimientos reales por él, la única vez que seriamente me cuestioné mis sentimientos acerca de él, fue justo cuando… —No me había estado mirando, pero de repente, levantó el rostro con lentitud, y me miró como si justo acabara de darse cuenta de algo muy importante. —Fue cuando me recordó a ti. Siempre supe que Christopher era una especie de juego para mí, pero en el momento en el que me recordó a ti, me empecé a cuestionar mis sentimientos por él.
»Siempre has sido tú, Damon. Tú con tu sonrisa sarcástica. Tú diciéndome novata. Tú siendo un idiota la mayor parte del tiempo. Tú besándome… tú todo. De alguna forma, en el momento en el que te vi por primera vez, estando moribunda y ensangrentada en medio de la carretera, lo supe. Supe que eras tú. Aunque no estuviese consciente de ello. Cuando te vi en la escuela sí que estaba consciente, y no me cupo la menor duda, aunque no lo haya aceptado hasta un poco después. Lo único que hacía que sintiera que Christopher me interesaba de verdad, era que de cierta forma, me recordaba a ti.
—¡Oh vamos, novata! Sabes que yo soy mucho más guapo. —Esto le sacó una pequeña sonrisa. Bien.
—Eso siempre ha estado claro para mí. —Le sonreí, pero luego borré la sonrisa de mi rostro y la miré con seriedad.
—¿Te refieres a que nunca hubo otros chicos? —pregunté, sintiéndome como un idiota al instante. Obviamente hubo otros chicos. Iba a reformular mi pregunta, pero Clari me interrumpió.
—Sí, claro que los hubo. Pero fueron romances tontos. Contigo todo es mucho mejor. Contigo es como si no tuviera que fingir para agradarte. Estar juntos es tan fácil como respirar. Es algo que va más allá. No se siente básico y superficial. Se siente… real. —dijo dulcemente.
—Entonces ¿Por qué demonios lloras tanto? ¿Por qué sufres tanto por ese pedazo de mierda? —Me sentía un idiota preguntando estas cosas. No sabía si estaba perdiendo la poca humanidad que me quedaba, pero ya lo dicho no podía revertirse.
—No lo sé, Damon. No es como que pueda controlarlo. Y sí, tienes razón, lloro y me duele. Pero si fueses tú… créeme que llorar no sería lo único que haría. —dijo, sacudiendo la cabeza. Esto de cierta forma me alarmó. La quería, demonios, estaba muy enamorado de ella, pero “para siempre” era un tiempo muy largo, y la vida de un vampiro aunque aparentemente eterna, también es susceptible, y la verdad, si algo me sucedía, yo quería… no. Yo NECESITABA saber que ella tendría una vida.
—¡No! ¿Estás loca? Es decir, es tierno eso novata. Pero somos seres diferentes. Nosotros no funcionamos “hasta que la muerte nos separe”, o cualquier basura que digan los humanos en esta época. Las personas van y vienen en esta vida, y yo necesito saber que si algo me pasara, tú seguirás adelante. —Yo sabía lo que debía pasar por su cabeza sin siquiera intentar leer sus pensamientos. Yo había pasado por eso. Había perdido a Cassey y me había hundido en una depresión tan absoluta que pensé que nunca me recuperaría.
Los intentos de suicidio no faltaron, y aunque algunos fueron terriblemente dolorosos, muy a mi pesar, ninguno funcionó. Hoy, estaba agradecido de que no hubiesen funcionado. Mi alma estaría ardiendo en el infierno, y nunca habría logrado conocer a esta maravillosa chica que estaba parada frente a mí, luciendo jodidamente triste, pero magníficamente hermosa.
—Bien… lo entiendo. O trato de hacerlo. Si algo te sucede, yo seguiré con mi vida. Pero mientras estemos con vida, tienes que prometerme que siempre estarás allí para mí.
—Demonios… no sé si puedo adquirir un compromiso de tal magnitud. —dije, solo medio en broma. Ella sonrió.
—¿Qué tal si solo estás aquí para mí justo en este momento? Ya luego veremos qué nos depara el futuro.
—Eso sí puedo hacerlo, y muy bien. —dije, tomando su mano con delicadeza e inclinándome para besarla. Ella se estremeció cuando mis labios hicieron contacto con su piel.
Una parte de mí, honestamente esperaba que nada nunca nos pasara, que nada nunca nos tocara. Poder estar con ella hasta que simplemente nos hartáramos de vivir. Pero el miedo de perderla de la manera en que la perdí anteriormente seguía latente. Sin embargo, justo en este momento, todo lo que podía sentir era felicidad. Una felicidad absoluta.
—Lo sé. —respondió, sonriendo.
Miré de sus labios a sus ojos, los cuales seguían siendo de tonalidad celeste. Su piel lucía hermosa y resplandeciente. Ella era tan hermosa… tenía mucha suerte de haberla podido encontrar de nuevo. Esperaba que con el tiempo lograra recordar algo de sus vidas anteriores, pero si no, disfrutaría de ella siendo simplemente Clarissa.
Ella seguía sonriéndome. Pude ver que sus ojos se dirigieron a mis labios por solo un milisegundo, y acto seguido, mordió un poco su labio inferior. Eso tomó todo el autocontrol que quedaba en mí. Cerré la distancia que había entre nosotros, y la besé. Sus labios se sentían genial. Dios… había esperado tanto.
Sí… en definitiva podía llegar a acostumbrarme a esto.
***
Bueno, este capítulo en definitiva estuvo listo mucho más rápido.
Trataré de que este no sea el último capítulo del año.
Díganme qué les pareció?
Qué tal ver la faceta de Damon enamorado?
Díganme en los comentarios
Un beso :*
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