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Capítulo 22: ¡Él tenía razón!

Clarissa

Estaba allí, de pie, preguntándome qué demonios acababa de suceder. Damon me había besado. Y vaya beso había sido. No había sido un simple roce, había sido un beso perfecto, y tan profundo...  ¡Rayos! Yo estaba tratando de convencerme de que no tenía sentimientos por él, ¿y ahora esto? Estaba mucho peor que antes. Lo que más me molestaba, que era lo que tenía mi cabeza dando vueltas hasta más no poder, era que todo lo que me había dicho Damon era completamente cierto.

La realidad era que no conocía a Christopher, no en verdad. Christopher solo era el profesor más guapo de mi escuela, por el cual todas las pubertas, incluyéndome, babeamos, pero no sabía nada de quién era él en realidad. Lo único que sabía era que tenía músculos grandes, y que era un gran besador, y posiblemente la mitad de París también lo sabía. La verdad, estaba consciente de que no conocía a Chris, pero en el momento en el que Damon entró a mi vida, me dejó de interesar conocerlo. Tal vez eso me hacía un poco perra, y lo sabía... solo no esperaba que Damon también lo supiera. Respiré profundo en lo que veía al sol alzarse lentamente en el horizonte. Hice mi mejor esfuerzo para sacarme a Damon de la cabeza, y corrí a un paso bastante rápido hasta la escuela.

Al llegar, ahí estaba Hillary, en frente de la escuela, sentada en un banco, rodeada de chicos como de costumbre. Ella les sonreía y les coqueteaba un poco, pero la verdad sabía que no estaba cien por ciento bien con todo esto. Al pasar junto a ella, conseguí robarme algunas miradas, pero la mayoría estaban tan concentrados en Hillary que ni siquiera me notaron. Pude divisar a Jason sentado a unos pocos metros de ella, mirándola mientras lucía miserable. Apreté los puños y simplemente seguí caminando. Para casos como este, mantenía uno de mis uniformes en mi casillero, así que fui por él, para sacarme la ropa, y tal vez algunos recuerdos, aunque esto fue inútil. Tenía que buscar a Damon. Debía hablarle, tocarlo... aunque sea solo verlo. Busqué a Damon por todas partes. Los salones, los pasillos, incluso la enfermería, pero era inútil, no estaba aquí. Probablemente me estaba evitando.

—Genial. —me dije susurrando.

Me sentía terrible y miserable. Mucho más que en toda mi vida. Mis sentimientos estaban totalmente a flor de piel. Sentía mil cosas a la vez. El hecho de no tener a Damon cerca para aclararlo todo solo lo hacía peor. Cuando sonó la campana, consideré seriamente pedirle a Jason que me asesinara para acabar con todo. Demonios.

Todo el día estuve distraída por completo. La primera clase había sido geometría, y la verdad es que nunca me había sentida tan poco interesada en unos malditos círculos, al igual que en trigonometría con los triángulos; la señorita Candau, nuestra profesora, no era muy divertida ni entretenida. Las clases habían sido una tortura total. Me maldije a mí misma cuando me sentí saltar un poco en el momento en que sonó la campana, ya que sabía que venía la clase de educación física.

Fui la primera en llegar, lo que era usual, aunque con la velocidad de vampiro, la verdad eso no era ningún logro. Corrí hasta los vestidores y me puse el uniforme de educación física que me había quitado hacía unas horas, y luego corrí – a una velocidad humana – hasta donde estaba Christopher. Cuando llegué donde él estaba, hice mi mejor intento de darle una sonrisa normal, pero tras una leve mirada, pudo notar que algo me sucedía. Claramente no era muy buena fingiendo.

—¿Qué te sucede preciosa? Te ves mal. —dijo, en tono preocupado y frunciendo el ceño.

—No, para nada, estoy bien. —dije, bajando mi cabeza para que no viera mi cara con mis ojos cambiantes. Traté de darle otra sonrisa, pero estoy segura que ésta tampoco lució real.

—No luces bien. ¿Necesitas hablar de algo? —dijo de forma tierna en lo que me rodeaba por los hombros.

—Oh, claro. —dije, tratando de no sonar muy necesitada, aunque la verdad es que estaba un tanto sorprendida por la atención. Él bajó su agarre desde mis hombros hasta mi cintura, y nos alejamos del campus, evitando la vista de los profesores y estudiantes.

—¿No tienes una clase que dar? —pregunté, más que por saber, por rellenar el silencio incómodo que se estaba formando, ya que obviamente YO estaba en esa clase. Él solo me miró.

—Tú eres más importante que una torpe clase de gimnasia, además, una hora libre no les hará mucho daño. —dijo sonriendo, yo solo asentí.
—¿De qué necesitas hablar, preciosa? —dijo en lo que nos sentábamos en uno de los bancos del jardín. Era completamente consciente de que estábamos a la vista de todos, pero en ese momento, no me importaba ni un poco. Estar cerca de las flores era bastante relajante, así que traté de despejarme e inhalé profundo, intentando que el hermoso aroma despejara un poco mis sentidos.

—¿Me quieres? —pregunté sin mirarlo, tenía mi mirada clavada en mis zapatos. Me sentía una niña estúpida. Él sonrió, y me miró con ternura, como si fuese mi maldito padre o algo así.

—Claro que te quiero, cariño. —dijo de forma tierna, pero lo dijo en una forma paternal que no quería escuchar.

—Me... ¿amas? —pregunté, con la voz un tanto entrecortada y con temor de su respuesta. Mi tono de voz fue bastante bajo, aunque, por cómo se tensaron sus músculos, sabía que me había escuchado. Su cara era seria e inescrutable. Al cabo de un rato, se aclaró la garganta.

—Creo que es muy pronto para eso, ¿no crees? —dijo, forzando una sonrisa al terminar de decirlo, notablemente incómodo. Yo suspiré con alivio. —¿A qué se debe este interrogatorio? —preguntó con dulzura, pero frunciendo el ceño con notoria curiosidad.

Cuando me miró, vi en sus ojos, una severidad mezclada con cariño, algo que podía ver que se escondía en lo más profundo de su ser, pero aun así no me hacía falta leer su mente para saberlo. De cierta forma, me recordaba un poco a Damon. Me maldije por pensar en él nuevamente, pero no podía evitarlo. Era exactamente la misma mirada que me daba Damon cuando me daba un cumplido, cuando me observaba hacer algo bien, y era justamente la misma mirada que tenía cuando... me besó.

En un impulso no completamente consciente, lo halé por el cuello, y lo besé. Sin importarme el sitio donde estábamos ni quién nos pudiese ver. Fue un beso profundo y apasionado. Ni muy brusco, ni muy suave. No muy desesperado, pero si tenía sus ansias... simplemente perfecto. Mientras lo besaba, podía sentir cómo mis emociones cambiaban de manera notoria. Casi me sentía igual que cuando había besado a Damon... casi. Sentía que no quería abandonar sus labios nunca. Sentía que mientras estuviésemos así, nada podía salir mal.

Después de ese ardiente beso, nos levantamos del banco, y empezamos a caminar por la escuela, sin mucho cuidado de ser vistos, puesto que todos los demás estaban en clases, y quién no lo estuviese, en ese momento no me molestaba. No me costaría demasiado utilizar la coacción y simplemente borrar sus recuerdos. Luego de un rato de seguir caminando, él se detuvo y me miró con pesar.

—Clari, debo irme. —dijo, tomando una respiración profunda, y con una sonrisa triste en su rostro.

—No... ¿por qué? ¡No te vayas! —dije, casi rogándole y arrepintiéndome al instante de haberlo hecho. No quería rebajarme a esto, a pesar de que realmente no quería que se fuera, pero al ver su rostro, supe que no podía hacer mucho. Se veía triste por dejarme, pero determinado a irse. Me limité a abrazarlo con resignación. Él me dio un dulce beso en la cabeza, en lo que pasaba sus manos por mi cabello.

—Tengo cosas que hacer, Clari. —dijo con dulzura. Respiré profundo y aspiré su aroma. Era delicioso. Su sangre olía de manera exquisita, pero él mismo olía excelente.

No quería soltarlo, pero sabía que debía hacerlo. Me puse de puntas para darle un último beso; al juntarse nuestros labios, sentí esa conexión casi cósmica que sentí la última vez... esa conexión que me hacía pensar únicamente en Damon.

—Adiós, Chris —dije, sonriendo. Él me hizo una señal en forma de adiós después de darme un último beso en la mejilla, y se fue.

Apenas se volteó, y caminó hasta dejarme fuera de su campo de visión, lo cual tomó unos desesperantes minutos, corrí. Corrí como no había corrido nunca. Corrí silenciosamente, pero rápido. Sentía que corría en las nubes. Me sentía tan bien, sentía que volaba.

Entré al baño sin hacer ningún ruido. Nadie me había visto entrar, mucho menos me habían visto corriendo. Estaba sonriendo... no lo podía evitar. Me miré al espejo, y vi mis ojos... eran de un color ámbar brillante que lucían un tanto irreales. Nunca los había visto así. La campana sonó, y yo me apresuré a salir del baño, casi estaba dando saltitos de felicidad. Avancé unos metros a paso humano, y entré a la clase... ciencias, bien. No genial, pero nada horrible.

No estaba prestando ni un poco de atención a la clase, estaba muy ocupada dibujando flores y corazones en mi cuaderno. No es porque estuviese con un buen estado de ánimo, pero cabía resaltar que mis pequeños dibujos eran dignos de un museo, al parecer, el ser un vampiro también había aumentado esa capacidad... o tal vez era que me parecía así porque estaba feliz.

La señorita Oriard, nuestra profesora de ciencias, era una mujer mayor, delgada, de piel blanca casi traslúcida, con ojos azules, casi blancos, y cabello corto, pero igualmente claro. Tenía una apariencia un tanto fantasmal. Ella hablaba y parloteaba, casi sin respirar, sobre el esqueleto humano. Al cabo de unos minutos, al notar mi evidente desinterés, intentó sorprenderme tocándome por la espalda, cosa que evidentemente no funcionó, ya que obviamente la escuché. Sin embargo, no pude evitar estremecerme un poco bajo su contacto al sentir la sangre fluyendo a través de su fina piel.

—Señorita Fournier, ya que está tan interesada en nuestra clase, ¿dígame por favor cuántos huesos posee el cuerpo humano? —dijo en tono de suficiencia, pensando que me había tomado desprevenida. Por desgracia, para ella, también pensó en la respuesta a ésta pregunta, así que no tuve ni siquiera que girarme a mirarla; la respuesta salió de mi boca tan rápido como pasó por su cabeza. Ella lucía sorprendida, y un tanto amargada porque hubiese contestado bien. Sentí que se tensó, y simplemente continuó caminando. —Correcto, Fournier. —respondió.

La señorita Oriard sacudió su cabeza y volvió a la parte frontal del salón, pensando que era una chica muy extraña. El resto del día pasó muy rápido entre esa clase y la que venía luego, que era química.

No había visto a Damon en todo el día. ¿Qué rayos estaba pasando? Desde el momento en el que me convirtió, no se había saltado ni un día de clases. ¿Me estaba evitando? No... no podía ser. Él me besó a mí. ¿Y si me besó, y se dio cuenta que no me encontraba atractiva realmente? Y si... ¡oh Dios! ¿Por qué no podía mantenerme feliz por más de unas pocas horas? Sabía la respuesta. Por Damon. Damon estaba jodiendo mi mente totalmente. No podía pensar en nada, ni en nadie más... y a decir verdad, aunque a menor escala, había sido así por algún tiempo ya.

Dejé de pretender que le prestaba atención al profesor de química, y procuré ocupar mis manos en buscar algo en mi bolso... cualquier cosa. Me conocía lo suficiente como para saber que si no hacía nada para entretener a mi mente, me pondría a pensar en Damon y en Christopher. En los besos de uno, en los ojos de otro... ¡demonios! ¿Cuándo esto se había vuelto tan complicado?

Mientras rebuscaba entre mis cosas en mi mochila, percibí un aroma diferente... varonil. Era un perfume que le había comprado a Christopher antes de transformarme y que mi vida se fuera al drenaje. Había olvidado que lo tenía ahí. Pensaba que cuando había tenido el choque, el perfume se había roto, en el mejor de los casos. Lo tomé, y lo sostuve entre mis manos unos segundos, absorbiendo el potente aroma, y sonriendo de forma involuntaria.

Apenas sonó la campana que me dejó en libertad, salí del salón y me dispuse a buscar a Christopher; ya había comprado el perfume, y no pensaba usarlo en mí; no dejaría que fuera dinero malgastado... antes de convertirme, el dinero tenía un significado bastante mayor que el de simples papeles de colores, así que simplemente debía dárselo.

Salí del salón de clases, y corrí por prácticamente toda escuela. No podía ver, ni oler a Christopher por ningún sitio. No creía que se hubiese ido ya, aunque podría ser... ¿qué me estaba faltando? ¡Claro! ¡Su oficina! Por supuesto que estaba en su oficina; había perdido tres horas de mi vida buscando a Christopher, cuando lo más seguro era que estuviese en el sitio más obvio.

Corrí hasta su oficina; por suerte era lo suficientemente tarde como para poder correr a velocidad vampiro, pues ya estaba algo cansada de andar vagando como un alma en pena. Después de unos segundos, (dos para ser exactos) estaba en la puerta de la oficina de Chris. Pensé en abrir la puerta de golpe, pues estaba ansiosa por ver a Christopher de nuevo, pero luego escuché voces... ¿Christopher estaba ocupado? Pero él nunca estaba ocupado, y mucho menos dejaba que personas entraran en su oficina. Fruncí el ceño, y escuché con más detenimiento. Noté que solo había una voz allí además de la de Christopher. La voz de una chica.

Mi mano aún estaba sobre el pomo de la puerta, pero no sabía bien que hacer. ¿Podía ser una estudiante? Seguro. Pero la escuela estaba bastante desierta en este momento, así que lo dudaba mucho. Estaba sopesando mis opciones; seguro, podía irme, pero no era capaz. No en ese momento. Debía saber qué demonios estaba ocurriendo allí, así que giré el pomo de la puerta con cautela, preocupándome de no hacer ningún sonido audible por un humano, y eso bastó.

Allí estaba ella. Era una chica de aproximadamente diecinueve o veinte años. Su tez era monera, y su cabello rizado le caía hasta la parte baja de la cintura. Christopher estaba sentado en su silla de siempre... ella estaba sentada a horcajadas sobre él.

No me di cuenta de que estaba apretando fuertemente el pomo de la puerta hasta que lo solté. Mis dedos habían quedado marcados allí, prácticamente destruyendo el pomo. Pude sentir el segundo exacto en el que mis ojos se tornaron color rojo. Ya yo no era yo, era un animal. Me estaba guiando por el instinto y definitivamente no estaba pensando de forma racional. Sin embargo, esa parte instintiva me decía que no podía entrar y desgarrarle la garganta a ambos. Debía ver más. Debía quedarme quieta como una estatua, sin siquiera respirar, y solo observar. Primero acechar, luego matar. Apreté la mandíbula, y me quedé allí viendo como la lengua de esa chica entraba casi hasta la garganta de Christopher.

Mi Christopher.

—Chris, ¿cuánto más debo esperar para que se sepa lo nuestro? —dijo la chica entre besos, prácticamente contra los labios de Christopher.

—No lo sé. —dijo, aunque eso lució más como algo que decía solo por decir. Habían sido más gemidos que palabras. La chica suspiró y se separó unos pocos centímetros de él, con evidente pesar para ambos.

—Siempre me dices lo mismo. —dijo, casi haciendo pucheros, en lo que volvía a besar su cuello.

—Es solo que... —empezó a decir, luego bajó la mirada a su reloj, en un pequeño arranque de cordura. —Me tengo que ir. —dijo de forma apresurada, en lo que se la quitaba de encima bruscamente.

La chica cayó estrepitosamente al suelo, con una expresión sorprendida e indignada. Christopher se levantó de forma tan rápida, que por un momento, pensé que había logrado verme, pero internándome un poco en la mente de la chica, pude notar que al parecer, esta clase de comportamiento era bastante usual de su parte.

—¿Pero cuándo te volveré a ver? No quiero esperar hasta mañana. —dijo a modo de ruego, utilizando el mismo tono llorón que había tenido anteriormente.

—No tienes que esperar hasta mañana, belleza. Podemos vernos hoy. —dijo Chris en tono seductor. Ella sonrió, y se puso de pie, caminando de forma felina hacia él.

—Bien. Me agrada esa idea. Iré a tu casa a eso de las ocho, ¿te parece? —dijo, casi ronroneando.

—Genial. —Dijo Chris sonriendo. Ella se acercó a él, y le plantó un beso bastante fuerte en los labios. Christopher la apretujó contra él por unos segundos, y luego la soltó.

Mis sentimientos eran un desastre en ese momento. Sentía que no era yo misma. Sabía que mis instintos estaban en control en ese momento, así que cuando vi que Chris venía hacía la puerta, sabía que debía esconderme. Corrí a gran velocidad hasta el pasillo más cercano, y a pesar de la oscuridad que estaba empezando a reinar en el lugar, podía ver todo perfectamente.

Lo vi salir de su oficina solo unos segundos después. Pensé que la chica saldría tras él, pero no. Salió solo. Miró hacia los lados repetidas veces y luego caminó hacia la salida como si nada hubiera sucedido. Pero yo sabía lo que había ocurrido, y la prueba aún estaba adentro de su oficina. No quería hacer algo loco. Pero mis instintos me dominaban, sentía que no podía controlar la rabia y el enojo que sentía, y antes de darme cuenta, mis pies se estaban moviendo hacia la oficina de Chris. Aún había una parte de mí que decía que esto estaba mal, que ella no tenía la culpa, que ella en verdad no debía saber nada de lo que ese hijo de puta estaba haciendo... pero esa parte era muy pequeña. Era una parte que en este momento no tenía ningún control sobre mí, así que esa parte dominante en este momento; esa parte animal, se encargó de acallar esa voz. Me encontré a mí misma sonriendo; tenía otra voz en mi cabeza ahora, una diferente, una que me decía que iba a disfrutar esto... y lo sabía.

Apenas Christopher desapareció completamente de mi vista, unos pocos segundos después, me acerqué sin hacer ningún sonido, y entré. Ahí estaba ella, todavía sentada en la silla, con su mata de pelo oscuro cayendo por su espalda. Estaba de espaldas a mí, completamente ajena a mi presencia. Contaba con el elemento sorpresa, además de la ventaja que ya poseía. La sorpresa solo lo haría más divertido. Lancé la puerta, emitiendo un fuerte sonido, esperando escuchar el sonido acelerado de su corazón, y la sorpresa; para mi sorpresa, la chica no se inmutó.

—Chris, decidiste quedarte... ven aquí bebé. —dijo, con una sonrisa audible. Ella se giró lentamente, y en el momento que me vio, abrió mucho los ojos. Sabía lo que estaba viendo. Una chica delgada, tal vez un tanto desgarbada en este momento, y lo más probable... que tenía unos ojos rojos brillantes.

A ver su expresión, y leer sus pensamientos, supe que iba a gritar. No me podía permitir eso. Me apresuré, y en lo que debió ser un abrir y cerrar de ojos para ella, tenía una mano tapándole la boca y la otra agarrando su cuello con fuerza. La apretaba lo suficientemente fuerte como para dejarle magulladuras, pero no como para matarla. Acercaba mi cara a ella cada vez más. Sus ojos recorrían mi rostro con rapidez, rogando silenciosamente. Su corazón estaba corriendo. Podía escuchar la sangre correr por sus venas, incluso podía oler su miedo.

En el fondo de mi mente, seguía esa pequeña voz que me decía que todo estaba mal. Que aún tenía tiempo para retractarme, pero la verdad era que mis instintos, totalmente animales, depredadores, y fuera de control, me hacían sentir tan poderosa, que era embriagador. Era como tener el mundo, y el destino de todos sus habitantes en mis manos.

—Ahora cariño, voy a soltar tu boca, pero si gritas, te juro que te mataré lentamente. ¿Está claro? —pregunté, de modo "dulce", ella asintió de forma desesperada; le di una sonrisa malvada y quité la mano de su boca lentamente. —¿Quién eres? —pregunté lentamente, como le hablaría a un niño de cinco años, pero con la voz más amenazadora que se me dio en el momento.

—Me lla-llamo A-Angélica. —dijo, titubeando. La miré durante unos pocos segundos, y sonreí.

—¿Tienes alguna idea de quién soy yo? —pregunté nuevamente, con voz "dulce", mientras usaba mi mano libre para pasar uno de sus rizos sueltos detrás de su oreja de manera delicada. Ella miraba la trayectoria de mi mano con nerviosismo, y se encogió cuando mis manos rozaron su piel.

—No... nunca te había visto antes. —dijo, con un ligero temblor en su tono de voz, se notaba que quería esconder su miedo, pero prácticamente podía olerlo.

—Lo sé. —dije en tono seco y sin apartar mis ojos de ella.

La miré unos segundos más a los ojos, y luego dejé que toda la furia que sentía se expresara a través de mis "habilidades". Había intentado controlar al monstruo que llevaba dentro, pero en este momento la pequeña voz en mi cabeza por fin hizo silencio, y la locura tomó el mando de todo mi ser.

Lentamente fui quitando la mano de su cuello; ella respiró profundo una vez, ahogándose un poco, y después se mantuvo respirando pesadamente. La observé mirar repetidamente hacia la puerta, quería huir, pero una mirada de mi parte le bastó para saber que eso no era una buena idea en absoluto. La tomé por el brazo y la puse de pie de un tirón, luego, con una velocidad asombrosa, la pegué contra la pared. Su cabeza prácticamente rebotó. Cayó al suelo un tanto ensangrentada, pero no se había desmayado. Su corazón latía rápidamente, y mi boca se hacía agua. Pude sentir mis colmillos salir casi por completo, y los relamí, imaginando el dulce sabor de su sangre. Ella estaba algo aturdida.
Cuando me miró nuevamente, con sus grandes ojos llenos de terror profundo, vino a mi mente lo que había hecho con el puma el día que había ido a cazar... le quité el aire. Ella se veía confundida por completo, pero luego su expresión cambió a terror nuevamente. Ella buscaba conseguir un poco de aire desesperadamente; se agarraba la garganta, y su rostro incluso cambiaba de color. Yo era como un depredador jugando con su presa justo antes de acabarla por completo.

Cuando tenía su cara literalmente púrpura, le di aire de nuevo. Ella respiró profundo, algo aliviada, con su rostro adquiriendo un tono natural nuevamente. En ese momento, me vino a la mente algo que me había dicho Damon en uno de mis entrenamientos. Al pensar en Damon, automáticamente, mi ánimo cambió un poco. Pensé en nuestro beso. Pensé en sus manos sobre mí. La pequeña voz en mi cabeza... mi voz humana había regresado, con un poco más de fuerza, aunque no la necesaria. Sacudí mi cabeza y me concentré. Damon había dicho que la coacción podía hacer que se sintieran o se vieran cosas que no estaban allí. Mientras pensaba en la gama de cosas que podía hacer con ella, leí un poco sus pensamientos; ella pensaba en cómo hacer para escabullirse. Esto me divirtió, y me enfureció un poco. ¿Acaso no se daba cuenta que era un ser inferior? ¿Que nunca escaparía de mí si YO no lo permitía? Estúpidos humanos.

Al final, decidí usar coacción. La usaría para que ella sintiera que se quemaba. No le estaba haciendo un daño real... pero ella no podía saberlo. Mantuvo mi mirada durante unos pocos segundos mientras me adentraba en su mente cada vez más. Sentía como que unos tentáculos salían de mí, y se afianzaban en su cabeza, en lo más profundo de ella. Al cabo de unos pocos segundos, ella simplemente comenzó a gritar y a retorcerse. Intentaba ponerse de pie, pero sus piernas flaqueaban y volvía a caer al suelo. Esto era una especie de circo. Sin embargo, esto no duró mucho, ya que sus gritos comenzaron a molestarme; mis oídos eran muy sensibles, y no estaba de humor para aguantar chillidos, hice una mueca, y me detuve.

Ella paso de un estado de desesperación a una calma agobiante. No se movía. Si no hubiese estado escuchando su corazón, habría pensado que estaba muerta. Respiró profundo varias veces con los ojos cerrados y luego me miró, y pareció comprender, finalmente, que yo lo había hecho. Se puso de pie como pudo, con las piernas temblorosas; cuando se había acercado unos pocos centímetros, su postura cedió. Cayó de rodillas junto a mí.

—Por favor, detente, ya no más. —dijo la chica, con su cara totalmente empapada por el llanto. Yo me arrodillé y me puse a su nivel, le di una sonrisa "tierna", le tendí la mano y la ayudé a ponerse de pie, o en realidad, la sostuve de pie.

—Tienes razón. —dije sonriendo, utilizando el tono más tierno que pude sacar de mí en ese momento. Ella sonrió, aparentemente aliviada. Yo le pasé la mano suavemente por la cara, deteniéndome en su barbilla sudorosa. —Ya fue suficiente —dije apretando los dientes. La tomé con fuerza, y pegué su cuerpo al mío, echando su rostro hacia atrás, dejando el cuello totalmente expuesto; en lo que para ella fue apenas un parpadeo, yo tenía mis colmillos en su vena.

Al comienzo, podía sentirla forcejear para alejarme, pero sus intentos no me movieron ni un centímetro; al cabo de unos segundos, simplemente parecía disfrutarlo. Su sangre era completamente deliciosa, y saciaban al animal que albergaba en mi interior. Después de unos pocos segundos más, ella dejó de moverse, y justo en ese momento, un interruptor se pasó dentro de mí, y la voz salvaje e inhumana se apagó por completo, dejándome únicamente a mí. Sin saber qué hacer.

Solté a la chica de golpe, y ella se desplomó en el suelo. Su tez morena estaba completamente pálida. Maldición. Estaba entrando en crisis. Me arrodillé junto a ella... su corazón palpitaba. Muy lentamente, pero lo hacía. Estaba viva. Por suerte. La cargué, y con sumo cuidado la acomodé en la silla de Chris. Su cabeza se giró un poco a un lado, pero quien sea que la viera, diría que estaba profundamente dormida. Me sumí en su cabeza por última vez, la cual estaba bastante borrosa después de toda la pérdida de sangre, e hice que todo nuestro pequeño encuentro quedara en su memoria solo como una pequeña pesadilla. Sabía que todo esto no era su culpa... era de él.

Corrí hasta el baño de la escuela, casi llorando. Sintiendo tanto y a la vez nada. Mi interior era un completo desastre. Era un torbellino de emociones encontradas. Al entrar al baño me miré en el espejo. No había notado que estaba temblando. No solo mis manos. Toda yo estaba temblando; vibrando, como si mi pequeño cuerpo no pudiese contener toda la energía que me abordaba.

Me veía más animal que nunca; mi cabello estaba muy desaliñado, y mis manos estaban contraídas como garras. Respiré profundo varias veces y me apoyé en el lavabo, para mirarme más de cerca. Mis colmillos seguían afuera. Tenía pequeñas manchas de sangre en los alrededores de la boca y en el cabello. Al verme, también noté que mis ojos eran color morado muy oscuro. Fácilmente podrían pasar por negro. Me miré unos segundos más antes de lavarme la cara. Cuando levanté mi mirada de nuevo, podía reconocerme. Ya parecía yo de nuevo.

—No me quedaré aquí lamentándome por él. —le dije a mi reflejo, a la vez que sonreía. Acto seguido, vi como mis ojos se tornaron rojos, y como mis colmillos salían de su escondite. El animal estaba de regreso.

~0~

Llegué al edificio. Estaba temblando de nuevo. Nunca había utilizado tanta coacción como ahora, suponía que eso debía dejar estragos. No me sentía hambrienta, pero sí nuevamente en un estado de frenesí absoluto.

Corrí hasta el apartamento de Christopher a una velocidad tal que sabía que nadie a mi alrededor me vería; el apartamento parecía vacío, aunque la puerta estaba abierta. Presté un poco de atención y escuché un apacible latido, aunque se oía bastante lejano para ser un espacio tan pequeño. Entré y cerré de un portazo bastante fuerte; igualmente nadie salió. Ahora estaba más segura aún que allí había alguien, podía percibir un olor leve, un olor que conocía bastante bien... Christopher. Respiré profundo, acomodé mi cabello, y esperé que mis ojos no fuesen rojos por completo.

—Vaya, llegaste antes Ange... ¡Clarissa! ¿Qué estás haciendo aquí? —dijo, en lo que miraba a los lados y fruncía el ceño. Yo me acerqué a él lentamente. De manera casi felina. Con cuidado de no estar vibrando de nuevo.

—Vine a... visitarte, ¿por qué? ¿Esperabas a alguien? —dije, poniendo una expresión de inocencia absoluta en lo que llegaba a su lado, y pasaba un dedo con su mandíbula.

—No, para nada. —dijo, con voz firme, a pesar de que estaba bastante tenso.

—¿Estás seguro? No te ves muy seguro de eso.

—Sí, claro cariño, ¿a quién esperaría? —dijo, sonriendo un poco más relajado.

—No lo sé... podría ser a Angélica. ¿No crees? ¿Ese era su nombre? —pregunté, arqueando una ceja en lo que bajaba mi mano de su rostro a su pecho. Lo sentí tensarse nuevamente.

—¿Qué sabes tú de ella? —preguntó de modo sombrío.  Yo subí mi mirada lentamente hasta llegar a sus ojos, y solo así, supe que mis ojos habían cambiado a rojo al verlo. Sonreí en lo que dejaba salir mis colmillos, y lo levantaba por el cuello solo con una mano.

Estaba bastante dispuesta a ahogarlo ahí mismo y sentir cómo su vida se desvanecía en mi mano, pero al parecer eso no sería posible, ya que después de solo un segundo o dos, logró hacer una especie de maniobra que, antes de que siquiera YO pudiese notarlo, estaba casi desmayada en el suelo. ¿Qué clase de humano era este? En los pocos segundos que me tomó recuperar todos mis sentidos por completo, él estaba de regreso... con una lanza. ¡Diablos! No sabía qué debía hacer, y en definitiva no sabía en qué demonios me había metido.

Pensé en todo lo que Damon me había enseñado en estos últimos días. Posiciones, movimientos, maniobras... todo. Me puse en una especie de posición defensiva y esperé los segundos que le tomó reaccionar por completo, que no fueron muchos. Justo en este momento, sentí la parte vampírica-animal de mí salir a flote por completo. Este era su terreno, y felizmente le dejé tomar el control. Sin siquiera notarlo, un gruñido gutural brotó de mí. Era más fuerte que él. Más rápida... simplemente era más poderosa. Sabía que podía vencerlo.

Si él tenía una lanza en su casa, probablemente sería un miembro importante en La Lanza de Fuego, ya que en realidad no creía que dejaran a cualquier idiota andar por ahí con un arma mortal. Christopher corrió hacia mí, tratando de atravesarme con la lanza; obviamente lo esquivé, pero se las arregló para hacerme un pequeño corte en el brazo. Dolía como el demonio, y no se curaba rápidamente. Me entumeció un poco el brazo también. Demonios. Lo maldije en mi interior. Trató de atacarme con su lanza de nuevo, pero ya lo estaba esperando. En un movimiento rápido, tomé el artefacto y lo partí en dos, como si solo fuese un palillo de madera, y como si no me estuviese quemando las manos. Recordé abrirlas, pero pude notar que las malditas ampollas verdes ya se estaban formando. Gruñí por lo bajo. Esto acabaría pronto.

Intentó atacarme con su cuerpo, pero eso en definitiva sería mucho más difícil para él. En un movimiento que por alguna razón no vi venir, me tomó de las manos, las cuales me dolían bastante debido a las ampollas, y me dio un cabezazo impresionante... para un humano. Decir que no me dolió sería falso, pero en definitiva no me dejó fuera de combate; posiblemente le afectó más a él. Luego, trató de darme un golpe en la cara, pero lo esquivé con facilidad, y me las arreglé para colocar el brazo en su espalda, y hacerlo arrodillarse. Intentó ponerse de pie, pero no contaba con la fuerza suficiente. Podía escuchar su respiración pesada, y el rápido latir de su corazón. Mis colmillos salieron nuevamente, y en solo una fracción de segundo, me puse a su nivel y lo mordí. Su grito resonó por todo el apartamento. Se removió en su sitio, pero estaba muy débil como para librarse. Su sangre sabía mejor de lo que pensaba. No quería detenerme, pero con una fuerza de voluntad que no sabía que tenía, me obligué a dejarlo. Había tomado lo suficiente como para recuperar fuerzas. Al soltarlo, simplemente lo tiré al suelo. Pude notar su esfuerzo por recomponerse, pero la pérdida de sangre le había afectado notablemente, así como también las hormonas y la anestesia de la mordida.

Había muchas cosas que podía hacerle. Quería que sufriera. Recordé a la chica, y decidí hacer lo mismo. Invoqué al aire, e impedí que respirara. Podía ver las venas de su cuello brotar en su desesperado afán por respirar. Hice esto hasta que estuvo al borde del desmayo, y acto seguido, empecé a jugar con la coacción.

Al igual que con la chica, le hice pensar que se estaba quemando. Esto pareció, de cierta forma, sacarlo de su sopor. Al cabo de unos buenos veinte segundos, comenzó a gritar, a retorcerse, y a revolcarse por el suelo. Estaba completamente agotada nuevamente. Mi parte animal estaba perdiendo terreno, aunque igualmente controlaba la mayor parte de mi cabeza. Sin embargo, teniendo en cuenta todo eso, aun así me dolía verlo sufrir. Me odiaba por eso. Mi yo salvaje me reprendía por pensar de esa manera, pero demonios, él había llegado a significar algo para mí.
Paré de hacer lo que hacía. Christopher cayó al suelo. No estaba completamente consciente, pero tampoco estaba desmayado. Luego, con la coacción junto con el aire, lo coloqué en una ilusión en la que estaba encerrado en un espacio sin aire. Algo parecido a ser enterrado vivo. Vi sus ojos abrirse mucho, y golpear fuertemente las paredes invisibles que había plantado en su cabeza. En el momento en el que abrió la boca para soltar un grito, su mirada se nublo, y simplemente se desmayó.

Lo cargué como si no pesara nada, y lo llevé hasta su habitación. Traje una de las sillas que estaban en la cocina, y me encargué de amarrarlo bien a ella con una soga que había sobre una mesa. Ya solo quedaba esperar. Al cabo de unos diez minutos, despertó; luciendo desorientado y algo más que molesto. Le tomó unos cuantos segundos recordar todos los acontecimientos que habían sucedido. Cuando recuperó la cordura, me dirigió una mirada tan llena de odio, que dolió. En ese lapsus de tiempo que había estado fuera de combate, yo había conseguido calmarme un poco, y mantener a la parte animal a raya, o por lo menos a disposición.

—¡Ya basta de juegos, parásito! Eres un monstruo peor de lo que imaginé. —dijo apretando los dientes, y con todo el odio que podía dirigirme.

—¿Yo? ¿Yo soy un monstruo? ¿Qué me dices de ti? Vas por la vida cazando chiquillos que no están haciendo nada mal. —Para mi sorpresa, ante estas palabras, Chris se rió.

—¿No hacen nada mal? ¡Date cuenta, Clarissa! ¡Eres un jodido vampiro! ¡Te alimentas de sangre!

—¡De animal! —Podía sentir mis ojos tornarse rojos, y poco a poco iba perdiendo el control una vez más.

—¿Ah sí? Estoy seguro que las marcas que tengo en mi cuello no están de acuerdo con eso. Eres un maldito monstruo que solo disfruta haciendo sufrir. O peor, eres uno que juega con su comida. —Su tono era terriblemente burlón, y esto me sacó de quicio.

—Tal vez sí, tal vez no. Tal vez no juego con mi comida, sino que solo juego contigo. ¿No lo has pensado?—dije de forma cantarina, en lo que me paseaba de un lugar a otro por la habitación. Lo vi apretar la mandíbula.

—Solo para que lo sepas, nunca te quise, no en verdad. Tal vez a la Clarissa humana le tenía cariño, ¿pero tú? Solo estaba en una misión intentando matarte. —dijo de modo satisfecho. Sabía que moriría, y esta era su última forma de hacerme daño, y aunque no parezca posible después de todo lo sucedido... funcionó. Procuré ocultar la expresión de dolor, de igual manera.

—¿Ah sí?, y dime, ¿cómo te funcionó eso?—dije tomándolo de la cara por la barbilla, con un agarre bastante fuerte, que probablemente dejaría un moretón. —Palo quemado. —Podía ver muchas cosas en sus ojos. Odio, furia, tristeza... miedo. Sonreí ante esto, dejé en libertad a mis colmillos, eché su rostro hacia atrás con fuerza y lo mordí.

Primero, forcejeó un poco, pero al cabo de unos segundos, lo sentí dejarse llevar por el éxtasis de la mordida. Al pasar de los segundos, sentí la vida ir dejando su maravilloso cuerpo, dejando atrás solo una cáscara. Su sangre era tan deliciosa como pensé desde el primer momento que lo olí. Ya no habría podido detenerme aunque hubiese querido hacerlo. Su aliento se fue volviendo cada vez más pesado, ya no respiraba con fuerza y regularidad. Lo último que pude escuchar, fue un leve aliento y después... nada. Había muerto.

Un poco después que Christopher muriese, ya no quedaba nada para tomar. Creí haber escuchado la puerta abrirse, pero estaba tan extasiada que no estaba segura. Solté el cadáver de golpe. Solo era una masa de piel y huesos. Mis colmillos se escondieron de forma rápida y mi temblor cesó de inmediato. Sabía que luego me arrepentiría de esto... o quizás no. El maldito bastardo se lo merecía, eso era seguro. Tal vez no por las razones por las que lo hice, pero igualmente lo hacía.

Pasados unos segundos más de simplemente observar el cuerpo, respiré profundo. Ya me sentía como yo misma de nuevo. Sin embargo, no podía ver bien. No sabía qué era lo que estaba pasando conmigo. Me sentía malditamente exhausta. Sentía que quería dormir por siempre... o morir, lo que fuese más fácil. Vino a mi mente un recuerdo borroso de la puerta abriéndose. ¿Eso había sucedido realmente? Me giré lentamente y vi la puerta. Allí, de pie, solo mirándome, estaba Damon. O eso parecía, la imagen estaba algo borrosa, así como todo a mi alrededor. Cada vez podía enfocarme menos. Pero... sí, era Damon. Estaba segura de eso.

Hice un esfuerzo considerable y me concentré en él. No era una ilusión. Estaba aquí. Con su cabello dorado, su respiración acelerada, sus maravillosos ojos azules... o tal vez eran verdes, no podía asegurarlo. Se veía triste, confundido, y algo... ¿esperanzado?

—Cassey... ¿eres tú? —preguntó, con lo que parecían ser lágrimas en los ojos. Yo estaba en el borde de la inconsciencia, pero estaba segura de haber escuchado ese nombre. Fruncí el ceño levemente.

—¿Cassey? —pregunté, con lo último que me quedaba de fuerza, justo antes de que mis piernas cedieran, y me desplomara por completo.

***
Hola chicooooos, sé que ha pasado un tiempo, peeeeero espero que disfruten mucho el capitulo.
Déjenme en los comentarios qué les pareció, les gustó el final? Se lo esperaban?
Lo deseaban?
Tenían alguna idea de como pudo haber sido mejor?
Les prometo que trataré de subir aunque sea otro capitulo antes de empezar las clases, si se pueden más. Ya los  capis empiezan a ser mas largos y mas complicados para editar.
Pero en fin... espero leer sus comentarios
un besoooo :3

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