Chào các bạn! Vì nhiều lý do từ nay Truyen2U chính thức đổi tên là Truyen247.Pro. Mong các bạn tiếp tục ủng hộ truy cập tên miền mới này nhé! Mãi yêu... ♥

Capítulo 19: Contradicciones

Clarissa

—¿Deberíamos cenar... o algo así? —pregunté, sintiéndome un poco mal por referirme hacia ellos simplemente como comida.

—Cielos niña, qué insensible. —dijo Paolo, riendo.

—Estoy oficialmente hambrienta. Puedo escuchar los latidos de los humanos durmiendo a un kilómetro de acá. Necesito sangre. —dije,
observando a los cuerpos yaciendo en el suelo.

—Yo comí ayer... aunque era un herbívoro. Tomaré al pequeño. —dijo Paolo encogiéndose de hombros.

—Yo tampoco tengo mucha hambre. Clari y yo podemos compartir al grandote. —dijo Damon.

Tomé al tipo y lo eché hacia un lado. Su cuerpo estaba completamente intacto, a excepción de su cabeza, la cual estaba girada completamente hacia atrás. La verdad me daba un poco de asco. Su cuello se había tornado púrpura. Miré mi mano y noté que el color verde seguía expandiéndose. Ya casi cubría toda mi mano. Pero confiaba en Paolo, y si él dijo que esto era normal, le creía.

Traté de no darle más vueltas al asunto, me agaché y mordí al tipo justo en el cuello, donde estaban concentradas un conjunto de venas. Profundicé un poco más mi mordida, y conseguí que la sangre saliera a borbotones, aunque tan rápido como empezó, terminó. La sangre no fluía, y era realmente agotador conseguir que la sangre llegara a mí. Sin embargo, quedé casi satisfecha, aunque no lo suficiente como para no probar a algún otro renegado. Habría mordido al chico que había estado luchando con Damon, si no fuera simplemente un manojo de partes del cuerpo humano, pero antes de hacer cualquier otra cosa, una voz me detuvo. Una voz acompañada de un aroma completamente desconocido para mí. La voz era de un hombre, eso era obvio, era bastante gruesa y rasposa. Sonaba bastante varonil, con un acento que no supe identificar muy bien.

—¿No van a compartir eso? —preguntó la misteriosa voz.

Era un chico que estaba alrededor de los veinte. Su piel era morena, un tanto oscura. El cabello oscuro le caía firmemente sobre la frente. Sus ojos eran un poco rasgados y muy oscuros. A pesar de la distancia podía detallarlos bien, y casi no podía ver la parte blanca en ellos. Tenía puesta una camiseta sin mangas, dejando ver los prominentes músculos de sus brazos. Su cuerpo era bastante parecido al de Christopher; estaba segura de que si lo hubiese conocido antes, no habría podido olvidarme de él. Tenía un toque intimidante, pero a la vez, inspiraba confianza al instante. Era ese aire que suelen tener los padres. Él nos miró a cada uno de forma detenida, empezando con Paolo y terminando en Damon. Aunque su mirada era hostil, en su boca había una sonrisa felina.

—¡Miguel, cariño! —dijo Paolo, en lo que corría rápidamente hasta donde estaba Miguel. Éste lo abrazó, y lo levantó dándole una vuelta como si tuviese una eternidad sin verlo y acto seguido le plasmó un largo beso en los labios. Yo no sabía qué estaba sucediendo. No sabía, incluso, si mirar era indebido.

—Paolo, ¡no te vuelvas a ir así! Tengo varios días sin saber nada de ti. Pudiste al menos dejarme una carta diciendo que venías a ver a este idiota. —dijo Miguel, acariciando la cara de Paolo, y refiriéndose a Damon con desprecio.

—Sé que no te gusta que vea a Damon, pero tenía mucho tiempo sin verlo, y ahora que se mudó a la ciudad del amor, simplemente tenía que venir a visitarlo. —dijo Paolo a modo de ruego. Miguel solo fruncía el ceño mirando a Damon. Acto seguido, Paolo estaba junto a mí, tomándome del brazo, y arrastrándome hacia Miguel. —Y además, mira, tiene una nueva amiga.

—¡Déjame fuera de esto! —dije susurrando para que Miguel no escuchara. Obviamente era un vampiro. No se podía ser tan perfecto sin serlo. Si era un poco parecido a Christopher, pero incluso él tenía algunas imperfecciones. Varias cicatrices, marcas de nacimiento... pero este chico... diablos. Su cuerpo era envidiable.

—Será solo esta vez, lo prometo. —dijo Paolo susurrando en lo que nos acercábamos a Miguel. Cuando llegué donde él estaba, su expresión de disgusto cambió y me dio una linda sonrisa, la verdad es que se veía mucho mejor así.

—Hola señorita, me llamo Miguel. —dijo, tendiéndome la mano. Yo se la estreché con firmeza.

—Soy Clarissa. —dije, intentando descifrar de dónde era ese acento tan curioso.

—Soy de México. Puedo ver tu confusión. —Abrí mucho los ojos. Era un viaje bastante largo.

Al único americano que conocía era a Christopher, y ni siquiera estaba muy segura de que él lo fuera. Tal vez su padre lo era, pero él no tenía ni el más mínimo acento, así que lo dudaba mucho. Incluso Damon, que tenía más de trescientos años, mantenía un ligero acento ruso. Le di una sonrisa a Miguel, y no dije nada más en lo que dejaba que se concentrara en Paolo, el cual parecía ser el centro de su universo.

—Hola Miguel, ¿cómo te va? —preguntó Damon, con tono confianzudo, tocando el hombro de Miguel. Éste le dirigió una mirada matadora.

—Damon. —dijo Miguel con un asentimiento, a modo de saludo, y quitando de manera brusca la mano que Damon tenía sobre él. Se notaba la tensión entre ellos, pero Damon intentaba bajarla un poco.

—¿Qué ha sido de ti? Lo último que supe era que estabas encubierto en la Lanza de Fuego. —comentó Damon en un tono cordial que nunca había oído en él, parecía estar algo desesperado por la atención de Miguel.

—¿Y a ti qué te importa? Eso no es de tu incumbencia. —dijo Miguel, de forma ruda. Automáticamente sus ojos se tornaron color rojo brillante. No sabía si Miguel era terriblemente voluble, o simplemente odiaba a Damon demasiado. Paolo miró entre ambos y se apresuró a donde estaba Miguel.

—Oh, cariño, lo había olvidado. Te tengo una sorpresa en casa ¿por qué no nos vamos? Créeme, va a encantarte totalmente. No podrás caminar por días. —dijo Paolo, tomando a Miguel por el brazo y halándolo con fuerza. Miguel no perdió el contacto visual con Damon durante unos segundos, antes de dirigir su mirada de nuevo a su novio. —Nos vemos chicos. No olviden quemar los restos. —dijo de forma apresurada, y con una expresión de disculpa en su rostro.

—Adiós, Clarissa —dijo Miguel, girándose brevemente con una sonrisa en el rostro, antes de desaparecer corriendo junto a Paolo. Yo le hice una señal con la mano en forma de despedida, que dudo que haya visto. Como suponía, ignoró a Damon por completo.

—¿Qué demonios acaba de pasar aquí? —le pregunté a Damon, susurrando con fuerza y dando manotazos al aire.

—Ese chico tan gigante y macho, es Miguel Fernández. El novio de Paolo desde hace unos cuantos años. Y me odia. —respondió Damon, encogiéndose de hombros, sin una pizca de enfado en su tono de voz. En menos de un segundo manifestó un encendedor para incinerar los cuerpos... o partes de cuerpos que restaban. Luego de eso, se sentó en el suelo y me hizo un ademán para que me sentara a su lado.

—Sí, creo que pude notar que te odia, pero ¿por qué razón? Es decir, eres realmente odiable, pero no a ese punto. —pregunté, arqueando una ceja.

—Es un mal perdedor y me considera competencia. Sabe que alguna vez le atraje a Paolo y sospecha que aún le atraigo, y que en cualquier momento, Paolo lo abandonará por mí, a pesar de que está consciente de que nunca sucederá nada entre nosotros. Además, tengo la leve sospecha de que piensa que soy más guapo que él. —dijo con humor, en lo que una sonrisa sarcástica atravesaba su rostro.

Observé a Damon con detenimiento. Su cabello del color del oro caía delicadamente sobre su frente, haciendo un contraste excelente con sus brillantes ojos topacio brillante; su piel estaba un tanto bronceada, pero no dejaba de ser clara. Supongo que por la sangre que acabábamos de consumir, sus mejillas también adquirieron una tonalidad rojiza. No tenía músculos gigantes, a diferencia de Miguel y Christopher; pero no era ningún secreto que estaba muy bien moldeado. Me miré a mí misma. La verdad es que la transformación me había sentado muy bien; no podía creer que seguía con el uniforme de educación física; estaba totalmente lleno de sangre. Damon pareció notarlo, y tuvo la decencia de manifestar otro uniforme para mí, y voltear el rostro mientras me cambiaba.

No me tomó nada de tiempo ponerme el nuevo uniforme, mientras lo hacía, seguí mirando a Damon. A través de la ropa que tenía puesta, podía ver los tenues músculos de su espalda. Bajo la luz de la luna, todo su cuerpo parecía bañado en oro, esto debido a los vellos rubios de sus brazos. Yo siempre supe que Damon estaba bastante bien, pero nunca me había detenido a detallarlo con tanto detenimiento como hoy. Y podía describirlo con una sola palabra... perfección. Antes de quedarme completamente embelesada en él, es decir, más aún, aparté mi mirada y me senté de nuevo a su lado.

—Pues, lo cierto es que no estás nada mal. Y Miguel, la verdad es que nunca habría imaginado que le gustaran los chicos. —comenté, con indiferencia, sin darle mucha importancia a mi comentario sobre él.

—En realidad, no es gay. Es bisexual. Disfruta de lo mejor de dos mundos, supongo. —dijo sonriendo. —Claro, que lo supo después de quinientos años.

—¿Quinientos? ¿Cuántos años tiene? —pregunté abriendo mucho los ojos. Ya sabía que no debía dejarme engañar por las apariencias, pero de igual manera quinientos parecía un número muy grande como para ser la edad de un chico, que no lucía mayor de veinte.

—Alrededor de setecientos. No dejes que sus músculos te engañen novata. Él fue una de las primeras personas que conocí cuando... pasó. —dijo, bajando la mirada. Lo miré fijamente y pude ver el color de sus ojos fluctuar levemente. Cualquiera pensaría que cuatrocientos años era más que suficiente para olvidar al supuesto amor de tu vida, pero al parecer, esto no era así.

—¿La recuerdas con claridad? —pregunté. Sabía que no debía explicarle acerca de quién estaba hablando.

—La recuerdo con tanta claridad... que duele. Es como si justo ayer la hubiese tenido en mis brazos. Recuerdo su rostro con detalle. Sus labios rosados, su cabello rubio. Lo recuerdo todo. —Era bastante sorprendente esto. Yo tenía unos cuantos años sin ver a mi padre, y prácticamente no recordaba su voz; Damon había visto a Cassey por última vez hacía cuatrocientos años... y la recordaba como si solo hubiese sido hace algunas horas.

—¿Todavía la extrañas? —Damon miraba al suelo, pero pude notar cómo se tensó al escucharme preguntar eso.

—Algo así. No me he quedado estancado en esa época, pero si me arrepiento todos los días de lo que hice. Todos los días la veo arder frente a mí. Todos los días pienso que ella podría estar viva de no ser por mí. —dijo, sin apartar la vista del suelo ni un momento. Sin embargo, podía ver que su ceño estaba fruncido.

—Tal vez ella estaría viva... pero tú habrías muerto. —dije en un susurro, tratando de mantener mi expresión serena y mi voz estable.

La sola idea de Damon muerto hacía que se me retorciera el estómago. Había aprendido a vivir con él; a venir a entrenar casi todos los días; a saber cuándo hablaba en serio, y lo había echado todo a perder; y cuando estaba bromeando, que solo quería molestarme. Había aprendido a soportar sus bromas pesadas y a contestarlas lo mejor posible. Había aprendido a quererlo; a anhelar cuando me daba una sonrisa sincera; a soportar que me llamara novata. Damon se había convertido en parte de mi vida... una parte bastante importante. Imaginar nunca haberlo conocido... bueno, estaría literalmente muerta.

—Puede que sí. Puede que no. Pero yo no lo creo. Si ella no hubiese podido controlarse, lo cual dudo mucho, me habría convertido, y estaría con ella en este momento. Pero no le di la oportunidad. Solo actué; casi se puede decir que me convertí yo solo. —dijo, dándome una sonrisa triste.

Imaginé a Damon con alguien más; me gustaría mentir y decir que no pude, pero la verdad es que me lo había imaginado todo con claridad. Damon mirando a otra chica; mirándola con ternura, con cariño... con amor. Riéndose de sus bromas; tomándola entre sus brazos... inclinándose para besarla. Sacudí la cabeza. Me asustó el hecho de que solo con imaginarlo, me dolió terriblemente. No quería ser egoísta, tal vez Cassey había sido una buena chica; tal vez Damon sería una persona totalmente distinta con ella... pero no sería este Damon... mi Damon.

—Espera, —dijo Damon de repente, poniendo una expresión sarcástica a la cual ya estaba bastante acostumbrada. —hace un momento, cuando dije que Miguel cree que soy más guapo que él, bien, esas son sus palabras. Ese tipo es jodidamente glorioso, y hasta yo lo sé. Pero tú dijiste que yo no estaba nada mal, ¿a qué te referías con eso?—preguntó, enarcando una ceja. Era bastante obvio que sabía lo que había querido decir, solamente quería escucharme decirlo por mí misma.

—¡Oh vamos! No seas un idiota. Obviamente tú eres más guapo que él. —dije, girando los ojos, tratando de parecer despreocupada.

—Entonces... ¿crees que soy guapo? —preguntó Damon, sonriendo sarcásticamente, con su orgullo y sarcasmo habitual, dejando atrás completamente todo el tema de Cassey.

—¿Cómo podría no creerlo? ¿Acaso te has visto en un espejo? Todos los que te conocen lo piensan, incluso puedes preguntarle a Paolo. Puede que ya no esté interesado en ti, pero no está ciego. —contesté, desviando mi mirada hacia el árbol más cercano, y jugando un poco con el aire para hacer que éste se meciera. Una cosa era admitir que era guapo, lo cual era bastante obvio, pero otra muy distinta era mirarlo mientras lo hacía. Damon se apoyó en sus rodillas y puso una expresión seria, en lo que tomaba mi rostro y lo giraba hacia él, de manera que lo estaba mirando justo a los ojos.

—No me importan los demás. No me importa Paolo, y mucho menos me importa Miguel. Me importas tú... me importa lo que piensas tú. —dijo en un tono suave, que nunca le había escuchado con nadie, y mucho menos conmigo, mientras entrecerraba los ojos ligeramente. Sabía que lo estaba haciendo a propósito. Sabía que él sabía el efecto que causaba en mí. Se me estaba insinuando, y la verdad no entendía por qué. No sabía si quería torturarme, o realmente lo sentía... ya no sabía qué creer.

—¿Tu consideras que yo soy guapa? —pregunté, evitando mirarlo, él se rio por lo bajo, pero pude percibir cómo se tensaba, supongo que lo tomé un poco desprevenido.

—No exactamente. Pienso que eres realmente hermosa. —dijo mirándome fijamente. Demonios. Damon había dicho que era hermosa. Estaba bastante segura que estaba completamente sonrojada en ese momento. Sabía que ahora debía darle una respuesta más concreta.

—Yo pienso que tú eres muy guapo. —dije apoyando mis manos en el césped. Damon me miró y sonrió. Me dio una de esas sonrisas que raramente podía ver en él. Una de esas que no tenía sarcasmo, ni ironía; simplemente una sonrisa. Me perdí en él por unos segundos justo antes de sacudir la cabeza y aclarar mi garganta. —Pero ¿sabes algo? Creo que Christopher es más guapo que tú. —dije, encogiéndome de hombros, intentando cabrearlo, lo cual funcionó, tal vez demasiado bien. Supe que estaba siendo una idiota en el momento en que lo dije, pero ya no podía revertirlo. Lo peor de todo, es que esto era mentira, a pesar de la falta de músculos prominentes, Damon era por mucho, más guapo que Christopher. Él borró la sonrisa de su rostro y giró los ojos, en lo que se levantaba y me miraba frunciendo el ceño. Yo también me levanté, para no sentirme tan pequeña como me sentía. Estaba tratando de controlar mi expresión, pero sabía que estaba fracasando. Damon tenía que saber que esto que había dicho era falso... muy en fondo él lo sabía, él sabía que yo no consideraba a Christopher más guapo, pero el enojo del momento no lo dejaba verlo.

—¡¿Sigues hablando de Christopher?! ¡¿Qué tan estúpida eres?! Ese idiota es un patán. Puedo apostarte mis jodidos cuatrocientos años a que ese pedazo de mierda está con cualquier otra chica en este momento. No puedo creer que cada vez que creo estar seguro de algo con respecto a ti me equivoque de esta manera. —Podía notar que estaba totalmente alterado. Realmente lo había molestado con lo de Christopher. —¡ES UN IDIOTA CLARISSA! Y SI POR UN SEGUNDO CREES QUE ESTO NO ES ASÍ, PUES TÚ ERES UNA TAMBIÉN. —dijo, alzando la voz. Pude ver sus ojos cambiar de topacio a rojo en un instante. Se estaba acercando cada vez más a mí. Reuní toda mi fuerza de voluntad para no dar un paso atrás, pero la verdad era que me estaba asustando un poco.

—Puede que no sea un príncipe azul, pero... me quiere. A su manera. —dije, en lo que cruzaba mis brazos frente a mi pecho, sabía que me veía completamente ridícula haciendo esto, pero mi maldito orgullo no me dejaba retractarme, así que decidí seguir adelante. Lo peor de todo, era que estaba bastante segura de que esto no era cierto. Yo sabía que Christopher no me quería, no en realidad. Tal vez me tenía un poco de cariño, pero yo era un pasatiempo. Damon soltó un gruñido al escuchar mis palabras.

—¿Cómo sabes eso? ¿Sabe algo de ti? ¡¿SIQUIERA SABE TU MALDITO APELLIDO?! ¡Ese maldito tipo solo quiere darse una buena vida mientras tiene a una jodida colegiala a sus pies! —dijo, ahora sí estaba totalmente alterado. Gritaba mientras daba manotazos al aire. Yo trataba de mantener mi expresión serena, como si cada cosa que dijera no me importara en lo más mínimo cuando no era ni un poco así.

—¡Oh vamos! Claro que sabe mi apellido. —dije girando los ojos.

—Sería el colmo que no lo supiera, ¡ES TU MALDITO PROFESOR!

—¿Es eso lo que te molesta? ¿Qué me fijé en mi profesor?

—No Clarissa, lo que me molesta es que no sabes absolutamente nada acerca de la vida que estás llevando, ni de a quién estás metiendo en ella. Ese tipo no sabe nada de ti, y no hablo de algo superficial, me refiero a algo de ti misma. De tu pasado, tus habilidades, las cosas que te hacen feliz o enojar... de la verdadera Clarissa Fournier, no de la pelirroja que es hermosa y es divertida. —Su tono estaba "controlado" pero su mirada era dura y hostil. Yo me reí amargamente.

—¿Y quién sabe tanto de mí? ¿Quién me conoce lo suficiente? ¿Tú? No lo creo. —dije entrecerrando los ojos. Sabía que estaba siendo una niña, pero mis emociones aún no estaban completamente bajo control, y la verdad, estaba empezando a enfadarme.

—¿Yo? ¿Que yo te conozco? —Me miró fijamente por unos segundos antes de proseguir. —¿Sabes algo? La verdad es que sí. Sí te conozco. Yo te creé, YO TE HICE. Te he enseñado casi todo lo que sé. Tus habilidades son extraordinarias, y las manejas de manera que ni siquiera un vampiro antiguo podría, pero apuesto mi vida a que las conozco mejor que tú misma— Quedé pasmada ante esto. Solo podía mirarlo.

—Damon... —empecé a decir, pero no me dejó continuar. Extendió su mano y la puso mi boca.

—No Clarissa. Es momento de que escuches ¿crees que no te conozco? Pues voy a probarte que sí lo hago.

»Te enfadas si te ignoran, si no te prestan atención, o si te subestiman. Te alegras si aprendes algo nuevo o logras algo que consideras difícil. Eres orgullosa, engreída y una perra desalmada, pero definitivamente sabes callarte cuando hay algo que decirte. Por un segundo te comportas como una niña, y eres totalmente irritante; al siguiente segundo eres una chica excepcionalmente madura y solo quiero...  en fin. —Pensé en preguntarle qué iba a decir, pero no me dejó siquiera decir una palabra. —Siempre tienes ánimo para todo. A pesar de que pases todo el entrenamiento quejándote, sé que te encanta estar aquí, sé que te encanta en lo que te has convertido, sé que amas ser un maldito monstruo de películas de terror.

»Vendería mi alma al diablo si me equivoco en cualquiera de las cosas que dije. Y estoy muy seguro, Clarissa, que ni Christopher Blade, ni ningún otro infeliz sabe siquiera la mitad de las cosas que dije sobre ti. —Hablaba de manera muy apresurada. Como si el tiempo no le alcanzara para decir todo lo que estaba en su cabeza. No me había dado cuenta de su cercanía. Aún tenía su mano en mi boca, pero a medida que hablaba, se acercaba más y más a mí, hasta que su rostro solo estuvo a centímetros de distancia.

Giré mi rostro, evitando mirarlo. Damon apartó su mano de mi rostro y solo me observaba. Tenía el ceño fruncido y respiraba pesadamente, como si estuviese cansado. Yo estaba sorprendida. Sabía que Damon se preocupaba por mí, pero nunca pensé que me prestara la suficiente atención como para saber esas cosas que había dicho. Damon era un jodido vampiro ruso de cuatrocientos años, ¿por qué demonios se interesaba en una niña de secundaria?

Giré mi vista de nuevo hacia Damon, pero antes de que pudiese decir nada, se inclinó hacia mí con rapidez, y en una fracción de segundo sus labios estaban sobre los míos. Estaba en una especie de shock, pero cuando sentí sus suaves labios abrirse paso entre los míos, simplemente me dejé llevar. Era algo totalmente extraño para mí. Por un lado, no me lo esperaba; por otro, muy dentro de mí, es como si lo hubiese estado esperando toda mi vida, y finalmente había ocurrido.

Sentí sus manos acunar mi rostro, y con su pulgar acariciar mi mejilla. Al cabo de unos segundos sus manos se posaron en mi cintura, y me atrajo aún más hacia él en lo que profundizaba el beso. Yo lo rodeé por el cuello, enterrando mis manos en su cabello, queriendo cada vez más de él. Este beso era algo más que la simple unión de nuestras bocas; era algo que iba más allá, se sentía más profundo, más importante; era algo que mi cabeza no alcanzaba a entender. Pero mi corazón, en cierto nivel sí lo hacía.

Al cabo de unos cuantos segundos, dejamos ir nuestros labios. Estábamos jadeando, como si hubiésemos corrido un maratón. Él aún rodeaba mi cintura, y podía sentir como sus dedos acariciaban tiernamente la zona; yo también tenía mis manos en su cabello. Nuestras frentes estaban juntas, por lo que, aunque no nos estábamos besando, el espacio entre nosotros era casi inexistente.

Nos mirábamos directo a los ojos. No sabía si reír; no sabía si hacer un chiste... lo único que sabía era que esto se sentía mejor que nada que
hubiese experimentado en mi vida antes; y que no quería que Damon me soltara. Supe que estábamos pensando lo mismo. Los ojos de Damon ya no eran rojos, ahora eran de un color ámbar resplandeciente, y no había más que ternura en ellos. En ese momento, entre nosotros, había algo
que iba mucho más allá de cualquier cosa mundana, que cualquier cosa corporal. Era mejor. Era mucho mejor.

—Ahora, ¿vas a decir que esto no fue mucho mejor que cualquier cosa que hayas hecho con Christopher? ¿No se sintió mucho más real? ¿No ves que YO soy más real? —preguntó casi a modo de ruego en lo que tomaba mis manos, que aún estaban alrededor de su cuello, y situándolas en su pecho. Nuestras frentes seguían juntas; podía sentir su aliento sobre mí. Miré a sus labios mientras hablaba... diablos, quería besarlo de nuevo. Podía ver en su rostro que esa pregunta la hizo solo para probar su punto... él ya sabía cuál era la respuesta.

—Damon yo... —empecé a decir, pero no me dejó terminar.

—Está amaneciendo y debemos ir a la escuela. —dijo, cerrando los ojos y suspirando, mientras se echaba hacia atrás, separando nuestras frentes. Él se veía algo cansado, probablemente hacía un algo de tiempo no dormía... o tal vez todo esto lo había dejado agotado.

—Pero... —De nuevo no me dejó terminar.

—No, Clarissa, debemos irnos. —dijo en tono duro, y soltando mis manos con firmeza. Sin embargo, podía notar que él tampoco quería dejarme ir. —Pero tengo un último consejo para darte. Aprende a reconocer a las personas que de verdad te aprecian, y a los que solo juegan contigo. Eso va a ayudarte por el resto de tu vida. Cuando puedas distinguir la diferencia, verás que tengo razón. Entonces, y solo entonces, vuelve a mí.
—Podía notar que no quería lastimarme, pero sus palabras eran duras.

Él me miró; no frunciendo el ceño, no de forma sarcástica, sino con ternura, justo como me había mirado después de besarme; esa mirada hizo que me estremeciera. Me di cuenta de que estaba frustrado, y también me di cuenta que él quería quedarse aquí... conmigo, pero prefería dejarme escoger. Damon suspiró de nuevo, me dio un tierno beso en la frente, y sin mirarme de nuevo, se dio la vuelta y se fue. Caminó a paso humano, alejándose de mí. Estuve mirándolo hasta que lo perdí de vista, en lo que veía salir el sol.

Estuve tentada a ir tras él, pero no me atreví a seguirlo.

***
Holaa a todos!! Primero que todo quiero agradecer profundamente a anna_paula_16 por haber dedicado tiempo para subir una entrada en su maravilloso libro para recomendar Pacto Eterno. Sé que muchos de ustedes están leyendo este libro gracias a ella, así que lo menos que puedo hacer es darle las gracias de manera pública.
Este capítulo va dedicado a ella :3

Segundo, muchísimas gracias a todos los lectores por dejar sus bellos comentarios, y me encantaría que cada vez dejasen más y más :D. Les digo que agregué un reparto a la historia, y me encantaría saber qué opinan del mismo (justo la imagen del multimedia es Paolo *-*), no lo sé, quiero que me den todas sus opiniones.

Los quiero muchísimo *-----*

Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro