Capitulo 16: Chicos... siempre chicos
Clarissa
Lo que había pasado con Jason me había sacado un poco de mí misma. Sabía que Damon se podía defender perfectamente bien. Estaba segura de que en un enfrentamiento uno a uno, Jason no tendría oportunidad, pero si iba hacia Damon con un pelotón, dudaba que éste último tuviese alguna esperanza. Treinta hombres armados hasta los dientes, contra un vampiro. No importa que tengamos súper poderes, eso simplemente no era una pelea justa.
Esa noche no tenía ganas de ir a ningún lugar. Me quedé en casa, quieta como una estatua, mirando el techo de mi habitación. No sabía si debía decirle algo a Damon acerca de lo que había sucedido; decidí que no. Lo único que haría sería regañarme por haber sido tan estúpida, y por haberme acercado tanto a un Lanza de Fuego. Antes de notarlo, el sol ya estaba en su punto más alto y había un calor espantoso. Miré por la ventana, y sentí la luz quemarme ligeramente. Pude notar que mi piel estaba un poco rojiza. Tendría que alimentarme pronto de nuevo.
Apoyé mi frente contra el vidrio, y me quedé así por un rato un poco largo. No sé cuánto tiempo, pero estimo que fueron unas buenas tres horas. Cuando me aparté, mi piel estaba tan roja como si hubiese estado en la playa todo el día. Me ardía al rozarla, pero al cabo de segundos, volvió a su estado anterior.
No podía quedarme en casa, sola todo el día, sin poder dormir, y sin poder siquiera comer. Tenía que hacer algo. No podía llamar a Damon, primero que todo, porque no tenía su número de teléfono, y tampoco quería parecer desesperada. No sabía lo que sentía hacia él. No entendía mucho mis sentimientos en este momento, y el comentario de Paolo al respecto solo lo había hecho peor. Me decidí a llamar a Christopher. Había conseguido su número de teléfono una vez, hace algún tiempo, mientras me escabullía en el salón de profesores para ver su ficha. Sabía que era una acción bastante acosadora, pero en ese entonces no tenía el poder de simplemente extraer el número de teléfono de su mente, pero sí que tenía hormonas de sobra. Me decidí por llamarlo; él contestó en la tercera ocasión que sonó el teléfono.
—¿Si? —dijo, sonando bastante casual. Dudaba que él tuviese mi número. ¡Demonios! ¿Por qué lo había llamado? ¿Qué demonios estaba mal conmigo? Esta había sido la peor idea del mundo. —¿Hay alguien ahí?
—Hola Chris, soy Clari. —dije, armándome un poco de valor.
—Oh, hola. —dijo, sonando un poco cauteloso y sorprendido. —¿Cómo estás?
—Bien... eh, un tanto aburrida. Estaba pensando en salir a algún lugar, una plaza o algo así. No sé si quisieras acompañarme. —le propongo, tratando de no sonar como una chiquilla enamorada.
—Claro, ¿a qué hora? —pregunta. De nuevo me encontré sorprendida. No pensé que aceptaría. Sabía que ya había accedido a salir conmigo a un lugar nocturno, pero una cita a plena luz del día se sentía más… real.
—Ya, si quieres. ¿Estás ocupado?
—No exactamente. Estoy solo corrigiendo algunos exámenes, puedes venir a mi casa, y luego salimos de aquí… ¿eso no es muy inapropiado?
—No, para nada. —dije, con una sonrisa en los labios.
—Genial, entonces te veo aquí.
—Por supuesto. Dame tu dirección. —dije con entusiasmo.
Me explicó que era un apartamento en uno de los edificios de una calle que estaba algo lejana de aquí. Estaba a unos buenos 20 minutos de distancia. Era una buena zona de la ciudad. Solo personas bastante adineradas podían darse el lujo de vivir allí. Esos edificios, los más altos, tenían una vista casi perfecta de la torre Eiffel, algo envidiado hasta por los lugareños. Por lo que podía ver de Chris, nunca habría imaginado que vivía allí. Él llegaba a la escuela tomando el autobús. Las personas que vivían en esa parte de la ciudad solían tener unos autos geniales.
No le di más vueltas al asunto, dejé mi teléfono en una mesa cercana, y comencé a arreglarme. Me di un buen baño con agua caliente. Recogí mi cabello en una cola de caballo; solo le puse a mis labios un poco de brillo labial. Me puse una blusa negra que dejaba mis hombros al descubierto, junto con un jean a las caderas. Sabía que me veía bastante bien. Salí de casa, y corrí hasta estar cerca de la casa de Chris. Allí, solo me quedé caminando un rato, debía esperar un poco para llegar. Podía estar allí en tan solo segundos, pero Christopher estaba actuando bastante extraño, como si supiera acerca de vampiros, y después de la sorpresa de Jason, no quería llevarme otra de este estilo, así que debía tener más cuidado.
Al cabo de veinte minutos, caminé hasta allá. Estaba bastante nerviosa. Nunca había estado a solas en la casa de un chico antes, y mucho menos de un chico como Christopher. Miré el edificio desde afuera; solo tenía cuatro pisos, pero noté que era algo lujoso, como todas las viviendas de por aquí.
La recepción era hermosa. Más que la de un edificio residencial, parecía de un hotel. Las paredes eran color marfil, y tenían complicados detalles rojos. Las cortinas que cubrían las ventanas, también eran rojas, que hacían un muy buen contraste con el juego de sofás que había en el centro color negro. Las personas que estaban allí me miraron fijamente cuando entré. Escuché a uno mencionar que posiblemente era la amante rusa del tipo que vivía en el pent house; parecieron un poco decepcionados cuando me escucharon hablar, y notaron que no tenía ningún acento.
—Disculpe, ¿me puede indicar cuál es el apartamento de Christopher Blade? —le pregunté a una chica, más o menos de mi edad, que trabajaba en la recepción. Me miró con un poco de recelo.
—Dime tu nombre, para decirle que estás aquí. —Pensé en utilizar coacción, pero al considerarlo, me di cuenta que no era tan necesario. Le di mi nombre con una sonrisa.
La chica se giró, y marcó una serie de teclas en el teléfono que tenía tras de sí. Le dijo a Christopher que había una chiquilla pelirroja preguntando por él. ¿Para qué demonios me había pedido mi nombre entonces? Giré los ojos, y hurgué un poco en su mente. La chica se sentía bastante celosa de mí. Había tenido un flechazo por Chris desde que había comenzado a trabajar allí. Tenía esperanzas, ya que nunca antes había visto a una chica rondar por allí preguntando por él, a pesar de que ella trabajaba solo una vez a la semana.
Con estos repentinos cambios de humor, sabía que dejarme llevar era peligroso, pero en el momento, sentí el deseo de simplemente desgarrarle la garganta. Luego de unos minutos, en los que ella se “aseguraba” de que yo era la persona correcta, (lo que en realidad era una patética excusa para poder conversar con Christopher), la chica procedió a decirme que Chris vivía en el apartamento C16. Le agradecí, y subí las escaleras.
Diablos, esto sí que era lujoso. Las escaleras eran de lo que parecía ser granito blanco, y las barandas de madera, posiblemente de pino, ya que casi podía olerlo. La puerta del apartamento de Christopher era color blanco, y se veía inmaculada por completo. Las letras diferían en cada puerta. Las de Christopher eran color rojo sangre; la verdad es que lucían un tanto tétricas, pero elegantes a la vez.
Cuando llegué al apartamento, me disponía a tocar la puerta, pero con solo un toque, se abrió. Supongo que la había dejado abierta cuando lo llamó la molesta chica de recepción. Era un apartamento simple, pero hermoso. Podía apostar que su madre lo había ayudado a decorarlo… o quizás alguna ex novia, porque estaba preciosamente decorado. Era bastante pequeño. La cocina estaba totalmente ordenada. El piso de madera resplandecía. Las sencillas paredes blancas no tenían una pizca de nada en ellas. En el apartamento, la única señal de que allí vivía un hombre, era que la sala estaba convertida en un gimnasio. Había máquinas de todo tipo. Ya veía por qué no tenía un auto. Todo esto no debía ser nada económico y obviamente, no se puede parecer físico-culturista solo jugando video juegos todo el día.
Caminé un poco más adentro, y pude ver una puerta. Posiblemente alguien con no tan buena vista como yo, la habría pasado por alto, ya que de alguna manera, se perdía entre todo lo demás. Era de madera, con un diseño bastante intrincado; en toda su extensión tenía pequeños vidrios que no permitían visualizar lo que había del otro lado, dándole a ésta un aire rústico, pero elegante. A pesar de esto, intenté mirar adentro a través de los pequeños vidrios, pero solo me permitían ver siluetas y contornos inentendibles. Toqué la puerta de la habitación. Sentí mi corazón latir con fuerza. Al cabo de unos segundos, se oyó un "pasa".
Abrí la puerta con lentitud, y contuve la respiración sin notarlo. Cuando miré, pude observar toda la habitación en un segundo. El desorden que no estaba afuera, estaba aquí adentro. Había ropa en todas partes, más artilugios de gimnasio, y justo en el centro, una pequeña cama, sobre la cual estaba la pila de ropa más grande que había visto, y junto a eso, un hermoso chico. Un chico de piel clara, cabello oscuro, ojos color miel… y sin camiseta. Me quedé parada en el acto. Solo podía observarlo. Él levantó la mirada, y me miró de arriba a abajo.
—¡Clarissa! Hola, por favor pasa, ponte cómoda. —dijo, en lo que arrojaba la pila de ropa que estaba sobre su cama al suelo, haciéndome espacio. —Disculpa que me veas así, es que bueno, esta es mi casa. Es una suerte que me encontraras vestido. —dijo en tono divertido. Avancé entre los diferentes montones de ropa que había en el suelo hasta sentarme en una esquina de su cama, tratando de no lucir tan incómoda.
—Bueno, a mí no me importa. No es nada que no haya visto antes, además, es tu casa. —respondí. Sabía que sonaba como una perra, pero qué más daba. Además, eso que le dije no era falso. Christopher tenía la costumbre de deambular por el campo de deporte de la escuela sin camisa, así que sus preciosos pectorales no eran una novedad para mí. Lo que sí era bastante nuevo, y magnífico, fue cómo su abdomen prácticamente resplandecía con la poca luz que se filtraba por la ventana. Chris me miró un momento y luego sonrió.
—Bueno, ¿y qué hacías? ¿Estabas en tu casa? —preguntó, regresando su mirada a los exámenes que tenía en su regazo.
—Sí, estaba bastante aburrida, además, quería verte. —Agregué esto último con un toque seductor.
—Sí, yo también quería verte. —dijo, con una sonrisa en sus labios.
No dije nada más, solo lo miré fijamente. Parecía un antiguo Dios griego. Lucía como las estatuas que podíamos ver en algún museo, perfectamente esculpido. Él levantó su rostro y me miró fijamente. Yo aparté la mirada, un tanto avergonzada de que me capturara mirándolo embelesada. Lo siguiente que noté, fue que él se estaba acercando lentamente hacia mí. Solo me quedé en donde estaba, quieta como una estatua. Cuando estábamos a solo centímetros de distancia, él se las arregló para tomarme por la cintura, y como si pesara menos que una pluma, me cargó y me puso sobre él. Pegando nuestros cuerpos por completo.
Solo nos besábamos. Pero nunca había besado a un chico de esa manera. En solo un instante, nuestras lenguas jugaban juntas, y nuestros cuerpos se movían con sincronía. Las manos de Chris estaban… en todas partes. Sentí que éstas bajaban hasta la parte baja de mi espalda, y lo sentí dudar con el borde de mi blusa en sus manos, pero solo bastaron unos segundos más para que la sacara rápidamente. No sabía cómo exactamente, pero se las arregló para ponerse sobre mí. Sus manos recorrieron mi abdomen, hasta llegar al botón de mis jeans, con los cuales no dudó ni por un segundo. No los quitó, pero bastaría solo un tirón para deshacerse de ellos. Yo estaba en tal trance que ni siquiera cruzó por mi cabeza hacer algún movimiento para quitarle sus pantalones.
Estaba nerviosa. Sentía que no había vuelta atrás. ¿Sucedería? Nunca había imaginado que mi primera vez fuese con Christopher. Cuando estaba a punto de mover mis manos, escuché un estruendo bastante fuerte. Había unas voces de hombre discutiendo fuera de la habitación. Christopher no parecía haberlo escuchado, así que imaginé que era algo que había captado con mi súper oído y lo dejé pasar, no fue hasta que tres tipos simplemente entraron en la habitación, y arrastraron a Christopher afuera, que salí del trance en el que me encontraba.
Cuando los escuché entrar, procuré cubrir mi torso casi desnudo, cosa que no pude lograr. Los tipos ni siquiera se inmutaron por mi presencia, no lucían ni un poco sorprendido por esto. Esto me hacía pensar que no era la primera vez que encontraban a Chris en esta situación.
Cuando Christopher los sintió tomarlo por los brazos, se puso alerta inmediatamente, y a pesar de que tenía la guardia baja, cerró la puerta tras de sí. Me puse la blusa nuevamente e intenté saber de qué iba todo, pero no pude lograr nada. Me acerqué a la puerta para tratar de escuchar algo, pero por alguna razón no pude hacerlo. No entendía como era esto posible. Tal vez habían salido del apartamento, pero aun así, debería ser capaz de oírlos. Los podía oler. Podía sentir su corazón latiendo a metros de distancia. Intenté entrar en su mente, pero igual que la última vez que intenté con la de Chris, sentí un fuerte dolor de cabeza venir a mí cuando lo hice, pero fue peor… mucho peor. Caí al suelo, y puse mi cabeza entre mis manos durante los segundos que el dolor duró. Solo podía ver, lo cual no me servía de mucho, ya que gracias a la puerta y a los pequeños vidrios, solo veía siluetas. Podía salir, a ver qué era lo que sucedía, pero simplemente no me parecía correcto. Un minuto después, vi el pomo de la puerta moviéndose, por lo que me moví con rapidez hacia su cama, como si nunca me hubiese movido de allí. Él entró, y me miró, como percatándose de que seguía allí, mantuvo su mirada unos segundos luego recompuso su expresión. Yo no me moví ni un centímetro. Caminó rápidamente hasta su closet y se puso de forma veloz una camiseta negra, que dejaba ver los músculos de su brazo, también tomo un bolso largo y se lo colocó cruzado sobre el pecho. Suponía que no íbamos a continuar donde lo habíamos dejado.
—Clarissa, hay una emergencia y debo irme. Lo siento. —dijo, y acto seguido, desapareció por la puerta.
No dije nada. No hice nada. No me movía. Ni siquiera respiraba. Sentía ganas de romper algo. Sabía que no debía hacerlo, pero no sentía como que podía controlarme. Sin darme cuenta, moví mi mano hasta el posa cabeza de la cama; cinco segundos después, había quebrado la madera con mi mano.
Me sentía confundida. ¿Qué era lo que había sucedido? ¿Qué asunto tan importante tendría que atender un profesor de educación física? Esos tipos no parecían ser su familia, pero qué podía saber yo. Solo era una de sus estudiantes.
Debía salir de ese sitio lo más rápido que pudiera. Corrí lo más rápido que pude, posiblemente había alcanzado la velocidad que Damon me había pedido hace algunos días. Las personas en la recepción no me vieron salir; probablemente solo sintieron una ligera brisa.
Corría por todo París. Estaba llena de preguntas, pero la verdad, es que no sabía por qué me importaba tanto. Al cansarme de correr, estuve caminando por gran parte de París. Sin rumbo fijo, y sin ningún propósito real. No sabía a donde iba; solo sabía que me alejaba de la casa de Christopher. Divisé un parque al este de la ciudad, y me senté en una banca. Miré al cielo y pude ver que había algunos relámpagos, no me había percatado de ellos antes. Aún podía ver algunas estrellas, pero posiblemente esta noche llovería. Puse las manos en mi rostro. No podía creer que hubiese sido tan idiota. Pensaba en Christopher. En sus labios, en sus besos, en sus manos sobre mí. Me sentía estúpida por haber pensado que significaba algo para él. Me sentía estúpida por sentirme mal por eso, cuando ya sabía, muy dentro de mí que él en verdad no me importaba. Pero más que todo, me sentía estúpida por estar al borde de las lágrimas por él.
—¡Novata! ¿Te echaron de tu casa? ¿Por fin tu pobre madre se dio cuenta de la clase de hija que tiene? —dijo una voz a mi lado. Me sobresaltó un poco porque no lo escuché llegar, pero junto a mí estaba Damon con una sonrisa burlona en su rostro.
—¿Me estabas siguiendo?
—Es posible. —contestó, sin una pizca de arrepentimiento en su voz.
—No estoy para juegos, Damon. —le dije, pero en realidad no me molestaba que estuviese aquí. Su compañía no me venía nada mal. Noté que estaba a punto de hacer un comentario sarcástico, pero al ver mi expresión lo pensó mejor.
—¿Qué sucede? —preguntó. Cambiando su expresión a una máscara de preocupación sincera.
—No pretendas que te preocupas por mí. —respondí.
—No estoy pretendiendo nada, novata. No necesito hacerlo.
—Como sea… no pasa nada. —dije, atrayendo mis rodillas a mi pecho para rodear mis piernas con mis brazos.
—¿Prefieres que me vaya?
—No —dije secamente y sin mirarlo. Lo vi removerse en donde estaba.
—Clarissa, olvidaste poner tu escudo mental. —dijo, luciendo aparentemente incómodo con eso.
—Eres un entrometido. —dije, poniendo mi escudo lo más rápido posible, pero ya era tarde. Respiré profundo y lo miré fijamente. —Entonces, siéntate —dije, haciéndole espacio en la banca. Cuando se sentó, en un impulso incontrolado, comencé a llorar. Escondí mi cara entre mis rodillas y solo lo dejé salir.
—Él solo se fue, Clari. No sabes qué era lo que iba a hacer. No sabes si de verdad era una emergencia, —dijo de forma dulce. —además, no deberías lamentarte por él, ni por nadie ¡demonios! ¡Eres mejor que eso, Clarissa! —Su tono había cambiado a algo más severo. Más protector.
—¡Es que yo no lo quiero Damon! Estoy interesada en alguien más. Esto solo fue un patético juego, que no sé por qué me está afectando tanto. Y eso es lo que me molesta. Pensé que lo tenía controlado; pensé que no sentía nada por Christopher, pero parece que me gusta más de lo que pensé, y odio que sea de esa manera. —dije mientras las lágrimas, ya incontenibles, caían por mi mejilla. Tenía un remolino de sentimientos revoloteando en mi interior.
Estaba triste por todo lo que había pasado con Chris; estaba molesta por no poder controlarme como era debido; estaba avergonzada por estar haciendo una escena frente a Damon, pero más que todo, estaba sorprendida de que Damon estuviese aquí a mi lado, con un brazo sobre mis hombros, reconfortándome. Estaba tan ensimismada, que ni siquiera había notado cuándo llegó ese brazo allí.
—No siempre tienes que saber exactamente lo que sientes por una persona. Estar confundida con respecto a tus sentimientos es normal, sobre todo para nosotros, que somos criaturas tan volubles. Además, puedes tener varios amores a lo largo de tu vida. Recuerda que será bastante larga. —dice, con un poco de nostalgia en su tono de voz. Esto que dijo me dolió un poco, y me asustaba la razón.
—Ese es el problema. Pensé que no estaba para nada confundida.
—Esa es la primera señal de que hay algo mal. —Al decirlo, me dio una sonrisa y acarició mi hombro con su mano en un gesto reconfortante.
—¿Qué está mal contigo? ¿Por qué nunca hablas en serio? ¿Por qué si trato de decirte algo importante, haces un comentario sarcástico? —le pregunté entre lágrimas.
Casi le estaba gritando. Mis emociones estaban incontrolables. Él abrió mucho los ojos, y me miró. Realmente me miró. No como su aprendiz. No como una novata. Me miró como a una chica que está frente a él, y que es importante. Me miró fijamente con sus maravillosos ojos… ¿azules? —Tus ojos… son azules. —dije maravillada y abriendo mucho los ojos.
Había podido ver cómo funcionaba el cambio de colores en los ojos, pero la verdad es que nunca había sido tan radical como este. El cambio de color ámbar a azul oscuro, o a verde oscuro no era tan radical; un cambio de verde oscuro, al color del cielo en un día soleado era bastante notorio. Cuando le dije esto, mi voz estuvo amortiguada por el fuerte estruendo de un trueno. Demonios.
—Oh, sí. Creí habértelo mencionado. Son azules cuando estás triste. Son bastante difíciles de controlar. —dijo, soltando una sonrisa sin una pizca de felicidad en su expresión.
—Supongo que los míos no deben estar muy diferentes. —Él me miró y me sonrió.
—Apuesto a que los tuyos se ven mucho más hermosos. —No dije nada ante esto. Traté de simular que no me habían afectado sus palabras.
—¿Me dirás? —pregunté.
—¿A qué te refieres?
—A lo que sea que te haya sucedido que haga que te comportes como un idiota. No dejas que nadie entre. Asumo que sucedió cuando fuiste humano, y quisiera que me lo contaras. —lo dije en un tono de voz muy bajo, incluso un poco infantil. Aún tenía mis brazos rodeando mis rodillas. Las estrellas ya eran casi inexistentes. Habría una gran tormenta.
—Pues sí. Sucedió cuando era humano. Un acontecimiento que cambió mi vida… me convertí. Mi novia, Cassandra, lo hizo. —Pude ver sus ojos fluctuar un poco. No sabía si se estaban humedeciendo, o solo era efecto de las emociones. Me miró una vez más, y simplemente empezó a hablar. El viento soplaba fuertemente. —El Moscú de los principios del siglo XVII estaba infestado de vampiros, y había células mata vampiros por doquier. Algunos aficionados, algunos profesionales. Pero no era nada nuevo ver un grupo de personas reunidas para salir de “cacería”, con el fin de encontrar vampiros.
»El día que todo ocurrió, Cassey y yo nos veríamos en mí casa. Ella se llevaba muy bien con mi familia, y estábamos a semanas de que le propusiera matrimonio. Ya nuestras familias estaban enteradas de todo, solo faltaba que yo le diera la sorpresa. —Damon lucía tremendamente nostálgico. Intenté entrar en su mente, y descubrí que no tenía su escudo mental. Mientras me contaba la historia, pude ver pedazos de sus recuerdos al respecto. —Todo iba genial, como siempre. En un movimiento un tanto torpe, corté mi mano, y ella enloqueció por completo. —Pude ver algunas escenas en mi mente. La chica rubia que había visto anteriormente; sonriendo en un momento y con los colmillos totalmente afuera en otro. Sangre corriendo. Un dolor infinito. Salí de su mente. No podía quedarme allí; de alguna manera que no lograba entender, su mente me atrapaba. Temía no poder salir de allí nunca. —Ahora que conozco un poco más acerca de vampiros; sé que intentó no hacerlo. Intentó con todas sus fuerzas. Pero era su naturaleza, y ésta última ganó. Probablemente a mí también me hubiese ganado.
»Me mordió en la mano, y el dolor era terrible. Estaba perdiendo cada vez más sangre. Solo quería quitármela de encima. Cuando ya casi me desmayaba, tomé una vara que tenía a mi lado, y traté de apartarla… luego de atravesarla con ella, sin ninguna intención, noté que era una de esas lanzas de los lanza de fuego. Mi padre era uno de ellos. Me enteré de esto años después, pero todo cobró sentido cuando lo supe. —Abrí mucho mis ojos, él miraba al suelo. Parecía un poco… avergonzado. No sabía si por su padre, o por lo que le había hecho a Cassandra. Cuando volvió a mirarme, en su rostro solo había desesperación. —Te juro que yo no sabía lo que ella era. La verdad pensaba que eso de los vampiros era pura mierda. Solo la sentía morderme, y aunque al comienzo dolió, se sentía bastante bien. Yo solo… solo quería apartarla. Que viera lo que estaba haciendo.
»La atravesé justo en el corazón. Si solo la hubiese rozado en el brazo… ¡demonios! En cualquier otro lugar. Tal vez yo habría muerto. Ella se paralizó en el acto. Cuando la lanza la atravesó, ella simplemente… se detuvo. —A pesar de que no estaba en su mente, sus recuerdos poseían una fuerza tal, que seguían atrayéndome. Este más que todo. Pude ver perfectamente a la chica rubia con su boca llena de sangre, atravesada justo en el centro del pecho por la lanza. Pude verla mirar del arma a Damon… pude ver la vida escaparse de sus ojos, y luego desplomarse. En el momento en el que la chica tocó el suelo, volví a mi mente. —No podía dejar un cadáver de un vampiro en casa. Según la creencia popular, lo que había que hacer, era quemar el cuerpo, así que eso hice; en el momento en el que su sangre tocó la herida que tenía en mi mano, el ardor comenzó a esparcirse por todo mi cuerpo. Al cabo de un rato, me desmayé, y desperté así.
»Cuando comprendí lo que había pasado, me escapé de casa. Sabía que mi padre no soportaría que su hijo se hubiese convertido en esto. Me mataría sin pensarlo, y lo haría “por mi bien”. Sabía que papá creía en esas babosadas, pero nunca pensé que formaría parte de una organización centenaria que incluso hoy en día se encuentra funcional.
»Cuando me fui, no tenía a donde ir. No podía poner en peligro a mi familia y amigos, así que estuve vagando por el mundo alrededor de 100 años, como un alma en pena. Cuando me cansé de auto compadecerme, decidí empezar a vivir realmente. Si mi vida podía llegar a ser infinita, no me estaría lamentando siempre. Alcohol, sexo, drogas, todo lo que se presentara. Era más poderoso de lo que nunca había soñado, y estaba cansado de ser un estúpido. Así que simplemente comencé a comportarme de esta manera porque puedo. Pero te diré algo novata, tú me haces un poco difícil ser un idiota contigo… creo que es porque me recuerdas un poco a Cassey. —dijo con tono algo distraído. Yo no presté atención al último comentario, probablemente había sido una broma, ya que no me parecía que le costara tanto ser un cretino conmigo. Sin embargo, decidí que necesitaba hablar de algo más… de cierta forma, me dolía verlo triste.
—Pues yo desde que me convertí, me pregunto quién fue. Yo recuerdo que iba en mi moto camino a casa, hubo un choque, y luego de un dolor agonizante; desperté así. Recuerdo una especie de ángel también. —dije encogiéndome de hombros, mientras miraba al suelo. Las gotas de lluvia estaban empezando a caer, pero no me importaba.
—¿Con que un ángel, no? —dijo, de nuevo con su máscara de sarcasmo habitual.
—¿Qué hay con eso?
—Pues que yo fui quien te convirtió Clari. Así que supongo que yo soy tu ángel. —Eso me dejó totalmente atónita.
—¿Qué? ¿Fuiste tú? ¿Por qué lo hiciste? ¿Por qué no me dejaste… morir?
—No lo sé. Estaba muy hambriento, y créeme que consideré drenarte por completo… pero cuando me miraste… solo vi algo en ti que valía la pena salvar. —dijo sin mirarme. Si me pudiera sonrojar, lo habría hecho. Él pensó que yo valía la pena lo suficiente como para no ser su cena. Al pensar que Damon me había convertido, recordé un hecho importante.
—Supongo que eso explica por qué puedo saber dónde estás algunas veces. Como una especie de conexión. ¿Cierto? —dije, más para mí misma que para él.
—¿Que puedes, qué? —preguntó, con expresión sobresaltada. Al parecer eso no era algo bastante común, pero no quería tener una conversación al respecto.
—No importa —le dije sonriendo.
Él me sonrió de vuelta. Una de esas sonrisas maravillosas que harían babear a cualquier chica. En un impulso que no controlé muy bien, apoyé mi cabeza sobre su hombro. Él parecía dudoso, pero al final, optó por pasar una mano por mis hombros, casi abrazándome. Cerré mis ojos y respiré profundo; acto seguido, un último relámpago iluminó el cielo, y empezó a caer la lluvia fuertemente. Estaba empapada, pero no me importaba.
Nos quedamos así por un largo rato. Ocasionalmente lo miraba. Su cabello mojado se pegaba a su frente, y las pequeñas gotitas caían de forma rápida por su rostro.
Podría estar así por siempre, solo nosotros dos.
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