Capítulo 15: Son una plaga
Jason
Por fin el día había terminado. Entre todas las clases, los profesores idiotas, y no poder ver a Hillary salvo en los ratos libres, estaba bastante cansado y molesto. Cuando llegué hasta mi casillero, respiré profundo y puse mi frente contra el frío metal. Escuché una risita divertida a mi lado, y luego sentí un cálido beso en mi mejilla.
—Hola amor. ¿Qué tal tu día? —me preguntó mi preciosa chica de ojos celestes. Me costaba asimilar que ella de verdad estaba conmigo. A veces pasaban días, y me lo preguntaba. Admito que cuando comenzamos a estar juntos, pensé que era una clase de apuesta que había hecho con alguien.
—Totalmente asqueroso. Pero al menos tengo a mi rayo de sol para cambiarlo todo, ¿no es así?
Ella sonrió y se sonrojó. La atraje hacia mí y la besé con fuerza. No me preocupaba que apareciera nadie. Era bastante tarde. Todos los profesores debían haberse ido para este momento, y esa molesta pelirroja también. Conocía a Clarissa desde que éramos niños, y aunque había llegado a sentir cosas por ella cuando éramos unos jodidos pubertos, siempre había sido un dolor en el culo. Aunque en realidad, últimamente había ocurrido algo radical con ella. La verdad es que había cambiado mucho de la noche a la mañana. Era bastante divertido escuchar las suposiciones de las personas. Incluso escuché a algunos decir que le había vendido su alma al diablo, algo muy al estilo de Dorian Grey, aunque bueno, supongo que la verdad no se alejaba tanto de esto.
Ella solía ser una chica promedio. Bastante linda, de eso no cabía duda, pero simplemente entraría en la categoría de lo “normal”. Ahora bien podría ser de esas putitas pechugonas de mis revistas favoritas. Se sentía algo mal besar a Hillary y pensar en esto, así que procuré concentrarme en sus labios sobre los míos; en mis manos, una en su cintura y la otra en su cabello; en cómo se sentía su cuerpo contra el mío; cómo se ajustaba en todos los lugares adecuados. Ella era perfecta, y lo sabía. Nunca la dejaría ir. La amaba demasiado.
Justo cuando nuestras lenguas comenzaron a jugar un poco, escuché a alguien acercarse, y aclarar su garganta. Pretendía hacer que quién mirara disfrutara de un buen espectáculo, no me importaba en realidad que fuese un profesor, pero no tuve la oportunidad.
—¡Hola Hill! Hola Jason, ¿qué cuentan? —¡Diablos! No podía ser más inoportuna. Pude ver cómo la cara de mi novia se tornaba totalmente roja. No entendía por qué se avergonzaba. No estábamos haciendo nada malo. Clarissa debería avergonzarse por interrumpirnos.
Cuando la pequeña pelirroja miró a Hillary, pude ver sus ojos cambiar ligeramente de color. Anteriormente eran verdes bastante oscuros, y ahora habían cambiado a un tono más ambarino, pero igualmente oscuro. Si no hubiese estado mirándola fijamente en ese momento, no habría visto esto.
Hubo un poco de conversación trivial. Hillary hablaba de manera animada acerca de las clases. Incluso le dijo que era yo quien le había ayudado en álgebra, cuando la realidad era que me iba bastante pésimo allí. La verdad era que ella era quien me había ayudado a mí, pero agradecía sus esfuerzos por subir un poco mi ego. En un momento, Hill le dijo algo a Clarissa acerca de educación física. Sabía que Christopher había salido con ella en un par de ocasiones, y sabía que, aunque era muy inteligente y dedicado cuando se trataba de cazar, en definitiva no podía resistirse a una chica bonita. Había hecho bien manteniendo a Hillary alejada de él, y lo sabía. De igual forma, no me gustaba nada que ese demonio estuviese siquiera pensando en Chris de esa manera. Él era como un padre para mí, y ella sería un problema.
Antes de notarlo, Hillary estaba histérica mencionando a Jake. Al parecer, le había dejado su libro de historia. Le había dicho a ese pequeño hijo de puta que le devolviera el libro. No quería a mi novia a solas con él. Pensé en acompañarla a buscar el dichoso libro, pero nos pidió a Clarissa y a mí que la esperáramos.
—Bueno, estamos tú y yo solos, Jase... ¿qué hay de nuevo? —dijo ella. Se veía un poco incómoda. La verdad es que yo también lo estaba un poco.
Una idea vino a mi mente. Era bastante arriesgado, y la verdad, prácticamente todo estaba en mi contra, excepto el elemento sorpresa, y eso podía significarlo todo. Pretendía entablar una conversación primero, para crear el ambiente que quería. Le comenté que estaba trabajando en una tienda cerca del centro, siempre siendo bastante seco y poco cordial, para ponerla incluso más nerviosa de lo que estaba. Intentó comentarme algo acerca de su madre y la corté en seco; me sentí un poco mal, ya que su mamá me agradaba bastante, pero era algo que formaba parte de mi deber. Ahora lucía completamente incómoda, y no esperaría lo que vendría.
Le hice preguntas mordaces. Le pregunté acerca de sus ojos, con lo cual esperaba sacarla un poco de sí, pero me habló de unos supuestos lentes de contacto. Estaba nerviosa, y podía notarlo. Yo sabía que mentía, pero necesitaba que ella notara que no tenía escapatoria de mí. Debía darle en un punto en el que ella simplemente no pudiese contestar. Se distraería lo suficiente mientras pensaba una respuesta, y yo podría hacer mi movimiento. La miré directo a los ojos con dureza, para luego mirarla completamente de arriba abajo.
—Pero, ¿sabes algo? Debes darme tu secreto, porque estás como diez centímetros más alta, y no llevas tacones. —le dije, arqueando una ceja.
No creía que pudiese escaparse de esto. Estaba emocionado. Sentía mi corazón latir bastante rápido. La adrenalina hacía que mis manos temblaran un poco. Estaba ansioso por su respuesta. Pude ver el color de sus ojos fluctuar un poco. Soltó una carcajada nerviosa, e hizo un comentario ridículo acerca de dormir de pie. Solo giré los ojos. Solté un último comentario, y pude ver el reconocimiento llegar a sus ojos. Parecía como que quería decirme algo, pero no le di tiempo para hablar.
Cerré mi mano en un puño, y lo lancé hacia ella, pero no estuve ni siquiera cerca. Era jodidamente rápida, por lo que casi no noté cuando tenía mi mano en la espalda doblada en un ángulo bastante antinatural. Dolía como el demonio, pero pude notar que aun así, ella estaba bastante distraída. No tenía muchos instrumentos allí, y sabía que con la fuerza bruta no la vencería jamás. Lo único que tenía a la mano, era la vara. No la manejaba tan bien como la lanza, pero era mejor que nada.
La saqué de forma hábil, justo cuando sentía que me iba a arrancar el maldito brazo. No notó la vara hasta el momento en que le di al pequeño botón para extenderlo. Pude sentir su agarre sobre mí ceder un poco. La había tomado desprevenida. En un movimiento rápido, aunque no bien dirigido, la golpeé en la pierna. Ella soltó un grito ahogado y cayó al suelo. Mierda, si le hubiese dado en la cabeza, estaría totalmente fuera de combate. Esperaba tener el tiempo suficiente como para pensar en algo, pero solo segundos después ella se puso de pie, aunque con dificultad. ¡Diablos! ¿Por qué demonios eran tan fuertes?
Pude ver que me miró y sus colmillos se extendieron. Un gruñido salió de ella. Nunca había estado tan cerca de un vampiro sin poder hacer nada. Percibí un movimiento de su parte, pero antes que siquiera notara donde había ido, la sentí en mi espalda… acto seguido, sentí sus colmillos penetrar en mi piel. Dolió mucho cuando entraron, pero luego se sentía bien. Me habían hablado de esto en el entrenamiento. Sabía que las endorfinas harían que se sintiera cada vez mejor, y no podía permitir que eso sucediera. Ella también se estaba emocionando un poco, así que me las arreglé para soltarme. Aunque estaba un poco mareado por la repentina falta de sangre, hice lo que pude, y la arrojé al suelo; me puse sobre ella e iba a sacar la vara de nuevo, ahora en definitiva acertaría en su cabeza.
Los ojos de Clarissa estaban totalmente rojos. Un rojo carmesí que hacía un contraste interesante con el color de su cabello. Hacía que se viera más peligrosa. Más letal. Justo cuando intenté mover las manos, ella las tomó con una de las suyas con una facilidad sorprendente. Tampoco me ayudaba el hecho de que había perdido un poco de sangre. Ella apretó mis manos con fuerza. Luché. Pero era inútil. Si apretaba solo un poco más, las quebraría.
—¡¿Pero qué rayos está pasando aquí?! —Giré mi cabeza al escuchar a Hillary. Mierda. Mierda. Mierda. Podía imaginar cómo se veía esto. Clarissa soltó mis manos en el acto, y en lo que yo intentaba recuperar la sensibilidad en mis dedos, ella casi me derribaba al levantarse. Caí de bruces al suelo.
Escuché a la sanguijuela decir que yo estaba intentado violarla. Resistí el impulso de reírme en su cara. Cuando la miré, pude ver que sus ojos habían vuelto a ser de un color natural, así como también sus colmillos eran de tamaño regular de nuevo. Hillary tenía la cara bastante roja, y parecía dividida entre creerle o no. No podía creer que llegara a dudar de mí con respecto a eso. La verdad el que yo siquiera pensara en alguien más, era totalmente absurdo.
Sabía que la maldita vampiro a mi lado usaría sus poderes sobre Hillary, pero esperaba que fuese un poco más fuerte, ya que pasaron solo segundos cuando me preguntó si eso era cierto. Demonios, no podía creer que me preguntara eso. Atacar sexualmente a una chica es algo bastante grave. Le dije que solo estábamos jugando, mirando a Clarissa con un odio tremendo, intentando no perder al amor de mi vida.
Luego de algunos gritos de su parte, y de mí haciendo el ridículo, no sabía qué más decir. No podía decirle acerca de los vampiros. La maldita murciélago me dejaría por idiota. Era simple utilizar sus poderes para no dejar que me creyera, además, en caso de que no lo hiciera, simplemente no podía exponerla a esto. La amaba demasiado como para hacerlo. Este mundo estaba lleno de criaturas peligrosas y gente malvada. No podía hacerlo. Eso era seguro. Si debía perderla para que estuviese a salvo de eso, que así fuese. Le dije que le había robado un beso. Tratando de hacer la historia de Clarissa más inofensiva, pero sin negarla por completo. Pude ver el asombro en el rostro del vampiro. Solo podía imaginar clavarle la lanza en el centro de su pecho.
—Hillary, de verdad no es tan malo como crees que es. —dije, en un último intento de no perder lo que había sido lo más significativo en mi vida en los últimos años.
No quería llorar. Estaba a punto de hacerlo, pero no quería darle el gusto al engendro del demonio que estaba frente a mí. Me dolía como el demonio. Habíamos terminado. Ya lo sabía incluso antes de que me lo gritara. Sentía que estaba totalmente vacío por dentro de repente. Hace solo unos minutos estaba a su lado, besándola. Sabiendo que era mía y de nadie más. Todo lo que podía hacer era mirarla, para demostrarle, aunque fuese así, lo mucho que la amaba, y lo mucho que me dolía todo esto.
Me miró a los ojos durante unos segundos. Debido a las lágrimas que se acumulaban, sus ojos lucían aún más celestes de lo usual. Estaba totalmente perdido en sus ojos, por lo que no vi venir la fuerte bofetada que me dio. Si Clarissa me hubiese fracturado la mano, me habría dolido menos. Le dirigí una mirada mortífera, y pude notar que incluso ella estaba sorprendida por esto último.
Le dije a Hillary que lo sentía mucho. Ella se mordió el labio inferior; como siempre hacía cuando estaba intentando no llorar. En un impulso que no pude controlar, levanté mi mano para tocar su rostro. Ella la miró, y por un momento pensé que me permitiría sentirla una última vez, pero justo cuando estaba a centímetros de su piel, se apartó de mí. Suspiré y me giré hacia la sanguijuela, que en algún momento que no había notado, se había situado detrás de mí. Le expresé lo que salió de mí en ese momento, lo cual era odio puro.
Sabía que a ella no le interesaba Christopher. No en verdad. Yo la había visto con el otro chico, y estaba seguro de que era un vampiro también. Podía ver como lo miraba. Esa mezcla de admiración con adoración. Sabía que él era su punto débil, y era a donde debía apuntar. Pude comprobar esto cuando al menor signo de una amenaza hacia él, ella se tensó por completo. Incluso osó por llamarme “palo quemado”. En ese momento sentí muchas ganas de decapitarla y colgar su cabeza en mi habitación.
—Lanza de Fuego —le dije, antes de girarme e irme, para evitar tener otra escena con Clarissa. A Hillary en definitiva no le sentaría nada bien que asesinara a su mejor amiga frente a ella.
Corrí hasta el cuartel. Tenía mucha energía acumulada, y la verdad era que iba algo tarde. Mientras corría, pensaba en lo que acababa de suceder. No me importaba que fuese un vampiro o no, así fuese humana, en definitiva la mataría por eso. Ella era mía. Y solo mía. Nadie más iba a ponerle un dedo encima. Yo me encargaría de matarla con mis propias manos. Solo yo tendría la dicha de hacer que su cabeza rodara. No me importaba que estuviese en contra de las reglas.
Según lo que me habían dicho, solo había dos reglas principales. La primera, y más importante, proteger a los humanos con la ignorancia. Si los humanos no se enteraban de la existencia de este mundo, corrían mucho menos peligro. La otra, era que por protección personal, no podíamos cazar solos siendo novatos. Podíamos cometer un error fatal. Pero estaba harto de las reglas. Estaba harto de tener que tener una niñera para poder matar bichos. Es casi como si tuviese que pedirle permiso a mi madre para aplastar una mosca; no estaba dispuesto a seguir con eso.
Cuando tuviese la oportunidad, mataría a esa escoria pelirroja, y luego lidiaría con las consecuencias.
Llegué al cuartel y estaba totalmente empapado en sudor. Me puse mi uniforme, y me reporté con el General Williams. Normalmente, tendría que reportarme con Christopher, pero yo era especial. Me lo habían hecho saber desde el principio, así que aunque aún tenía que cumplir la maldita segunda regla, tenía que reportarme con este viejo estúpido. Posiblemente me llevaría un regaño bastante fuerte por llegar tarde, aunque esto estaba bastante vacío. Al menos me ahorraría la humillación pública.
—¿Por qué tardaste tanto? —Solté una risa ahogada; era muy predecible. Este viejo no tenía madera de general. No sabía cómo había llegado allí. Probablemente en una competencia para incompetentes.
—Tuve problemas. —dije de forma seca, él me miró extrañado.
—¿Qué clase de problemas? —Giré los ojos. No era su maldito problema qué problemas había tenido.
—Solo problemas —respondí, me giré para seguir caminando, pero el tipo me tomó por el brazo y me giró, mirándome a los ojos. ¡Rayos! Sabía leer muy bien a las personas. Era lo único en lo que en verdad se destacaba.
—¿Problemas con vampiros? —preguntó de forma severa. No podía mentirle; lo notaría, y en definitiva sería peor. Pero tampoco podía decirle la verdad. Esta era mí caza.
—Algo así. —dije, encogiéndome de hombros, tratando de restarle importancia; sabía que no funcionaría. Él se puso rígido, yo caminé un poco más adelante, liberándome de su agarre con fuerza. Tomé mi lanza y mi hacha, y pretendía dejar el asunto así. Pero el General me giró de nuevo para encararlo.
—Danos la ubicación, nosotros nos encargaremos —A pesar de ser un hombre de baja estatura, este tipo era muy imponente. La autoridad emanaba de él, pero no le daría nada. Eso ya estaba más que decidido. Él me dio la espalda, y caminó más allá, esperando que yo fuese su perro faldero, y cumpliera con su capricho.
—No. —dije. Él se giró hacia mí, con los ojos muy abiertos y luciendo sorprendido por mi descaro.
—Te lo diré una vez más... dame la ubicación.
—No. —repetí
—Tú eres un novato, no estás capacitado para esto. Un vampiro te asesinaría en segundos. —Me reí en su cara. Odiaba que me subestimaran. Él solo me miraba, cada vez más furioso.
—No les daré la ubicación. —dije lentamente, marcando cada palabra, y acercándome a su rostro cada vez más. El tipo se puso rojo como un tomate.
—Como quieras. Eres una desgracia. De igual manera no eres tan bueno. Eres un maldito sacrificio. Entrega tu lanza y tu hacha, y no me hagas perder más el tiempo. Ya no eres un Lanza de Fuego; por si no estaba claro. —Parecía pensar que sus palabras me dolerían, ya que tenía una cara de aparente satisfacción al decirlas.
Se giró y me dio la espalda. Al parecer, ni siquiera era digno de ver su asqueroso rostro. Yo no dejaría que ni él ni nadie me humillara de esa forma, ya bastante había tenido con Clarissa arrebatándome a mi novia. Así que cuando estuvo totalmente de espalda, me dejé llevar por un impulso que me guiaba. Fue como si mi brazo tuviese vida propia. Simplemente se movió a voluntad. Con la lanza que estaba en mi mano derecha, lo atravesé directamente en su pecho. El tipo ni siquiera pudo gritar. La sangre salía a borbotones de su boca y se esparcía por el suelo con rapidez. Nunca había asesinado a un ser humano.
Saqué la lanza de su cuerpo, limpié la sangre que quedó en ella, la guardé junto con el hacha y la vara, dejé el cadáver tirado en el suelo y me fui a cumplir con mi deber. Justo antes de irme, lo miré por última vez a los ojos, y pude ver cómo la vida se escapaba de ellos poco a poco. Supongo que ya no estaría de guardia. En definitiva, todo sería un caos cuando descubrieran que el general estaba muerto, pero hice lo que tenía que hacer. Las cosas salen mejor, cuando se hacen por sí mismo. Lo hecho, hecho estaba.
Ahora estaba solo.
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro