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Capítulo 12: Peligro

Clarissa

Luego del oso, la noche terminó de pasar bastante rápido. Nos tomamos nuestro tiempo para volver a París. Al parecer, estábamos en un bosque en España... nunca antes había salido de Francia, y ahora, al parecer, en una hora aproximadamente, podía simplemente correr hasta España. Volvimos a París para cuando ya el sol estaba saliendo nuevamente. Me sentía completamente renovada, y estaba bastante segura de que así me veía.

Damon manifestó un par de uniformes; no me sorprendí ni un poco cuando el mío era el de falda. Una falda bastante corta, cabe destacar. Lo miré alzando una ceja, y él solo se encogió de hombros, y me miró fijamente.

—No voy a cambiarme si estás allí mirándome.

—Oh vamos, novata. No seas una niña. He visto más cuerpos de mujeres desnudas de lo que podrías imaginar. —dijo, girando los ojos.

—No voy a sumarme a tu extensa lista de cuerpos, muchas gracias. Ahora, ¿puedes mirar a otro lugar? ¿O vas hacer que me vaya YO a otro sitio? —Parecía como que iba a decir algo, pero cuando vio la mirada que estaba en mi rostro, cambió de opinión, y se giró sin más.

Aprecié el gesto, y me cambié lo más rápido que pude. La verdad es que la falda estaba más corta de lo que creí, pero no hice ningún comentario al respecto. El día parecía que estaría despejado, nada como el anterior. Estaba pensando en el hermoso gris que tenían las nubes, cuando recordé que nunca había visto a Damon antes porque no tenía ninguna clase conmigo, a pesar que estábamos en el mismo año.

—Da, ¿por qué no tenemos ninguna clase juntos? Deberías cambiarte de clase, así puedes vigilarme un poco mejor. —dije, dándole una sonrisa "inocente" en lo que caminábamos a la escuela a una velocidad normal.

—¿Para qué? ¿Para tener una especie de fiesta de pijamas mental? —dijo, riéndose.

—¡Oh, vamos! Eso debe ser divertido. Prometo que me pondré un pijama sexy. —Esto hizo que él sonriera, pero apartó su mirada.

—Sé que eso sería una experiencia bastante interesante, pero tanto como la deseo, la verdad es que cambiar mi horario a estas alturas es bastante difícil.

—Pero y qué hay de la coac...

—No utilizaré coacción para consentir un capricho tuyo. —dijo, en un tono más brusco que el que consideraba necesario. —Y no me digas Da.

La verdad me dolía un poco su actitud. No entendía por qué ahora me trataba así, cuando hace solo unas pocas horas habíamos podido, incluso, tener una especie de conexión amistosa. Ahora me trataba como si fuese una piedra en su zapato. Además, qué rayos importaba que yo le dijera "Da", cuando repetidas veces le había pedido que no me llamara novata, y él simplemente hacia caso omiso.

—Por cierto, olvidaste poner tu escudo mental. Te llamo novata porque eres una novata. Yo soy Damon, no Da. Así que no nos llamemos por títulos que no nos pertenecen. —Puse mi escudo mental en el acto, y en secreto, agradecí que no hiciera ningún comentario acerca de mi pensamiento anterior y no dije nada más.

Me sentía un tanto avergonzada, así que bajé mi mirada y caminé un poco más rápido para dejarlo atrás; él no hizo ningún esfuerzo por ponerse a la par.

Llegué a la escuela y simplemente me senté en el salón, con un aire bastante ausente. Podía respirar libremente. El olor a sangre me quemaba ligeramente en mis fosas nasales y a lo largo de mi garganta, pero era bastante soportable. Sabía que no enloquecería en cualquier momento. Pasé por matemáticas, y por geometría. Estaba harta de los números. Esperé esas dos malditas clases para poder llegar a educación física, pero sí que valió la pena. Sentía que tenía años sin ver a Christopher. Ya extrañaba un poco el coquetear con él.

Cuando llegué, ahí estaba Christopher, otra vez sudado y luciendo como una deidad griega. Era totalmente exquisito, y me atrevería a decir que esto se aplicaba a más de un sentido. Él estaba hablando por teléfono en voz baja, y aunque sabía que escuchar lo que decía habría sido bastante sencillo, quise darle su espacio. Sin embargo, decidí hurgar un poco en su mente. Era un poco extraño eso. Era muy diferente entrar en la cabeza de una persona, a simplemente escuchar sus pensamientos cuando interferían con los míos. Podía deambular por su cabeza libremente, y examinar lo que quisiera, pero solo me concentré en lo que estaba pensando justo en ese momento. Estaba pensando en... ¡mí! Eso me sorprendió bastante pues no creí que él de verdad se tomara la molestia de pensar en mí en lo más mínimo. Pensé en ver un poco más a fondo qué pensaba en específico, pero la emoción me ganó. Caminé rápidamente hacia él, acercándome por su espalda, y tocándole el hombro. Él se sobresaltó cuando me vio; lo había tomado desprevenido, su ritmo cardíaco me lo indicó, pero se estabilizó con rapidez, y trancó el celular.

—¡Clarissa! ¿Cómo te ha ido? —saludó de forma afable.

—De maravilla. Oye, ¿no sé si te apetecería salir conmigo alguna vez? —le pregunté, yendo directo al grano.

—¿A comer, quizás? —pregunta. Me sorprendió un poco su afirmación tan rápida. Estaba preparada para un discurso acerca de las relaciones entre alumnos y profesores, pero éste nunca llegó.

La verdad es que de ser por mí, iría a cualquier sitio con él, pero ir a un restaurant no era una opción. No sabía qué tan buena era con todo lo de la coacción; para hacer que olvidara que no había comido, y la verdad es que no me apetecía ni botar la comida, ni sentir que estaba comiendo estiércol de nuevo.

—Creo que tengo más ganar de ir a bailar a algún lugar. —dije.

—Por supuesto. Haremos lo que tú quieras. —dijo él con una sonrisa.

Podía ver que en su rostro tenía una mirada un tanto astuta; como si estuviese enterado de algo de lo que yo no. Esto me causó una curiosidad tremenda, y sabía que no me diría si le preguntaba, así que decidí volver a entrar en su mente. Al comienzo, todo fue igual que la vez anterior, pude entrar sin ninguna restricción, pero cuando llegué a su centro, una oleada de dolor punzante vino a mí de manera repentina, regresándome a mi cabeza inmediatamente. Hice una mueca de dolor, aunque trate de disimularla lo mejor posible. No entendía qué había sucedido, hacía solo minutos había podido mirar sin problemas. Hasta ahora, no me había pasado esto antes. Lo anoté en mi cabeza para preguntarle a Damon más tarde.

—Pues a mí me parece bien que vayamos hoy mismo, ¿a eso de las diez? —propuse.

—¿Estás consciente de que estamos a mitad de semana? ¿Acaso no duermes? —preguntó él.

—Todo el mundo duerme. —dije, evadiendo la pregunta, y dándole una sonrisa coqueta.

Chris solo asintió y me dijo que nos veríamos a las diez; había cierta suspicacia en su mirada que me incomodaba un poco. No me arriesgaría a entrar en su cabeza de nuevo.

Al cabo de unos pocos segundos, la campana sonó, y el resto de las personas llegaron. Yo había hablado un poco más con Christopher de cosas triviales, pero la verdad era que estaba bastante incómoda, así que fue un alivio finalmente comenzar la clase.

El resto del día pasó muy rápido. Las clases; más aburridas que nunca. No vi mucho a Hillary, ya que la mayor parte de nuestro tiempo libre, estaba con Jason. Estuve sola en los pasillos la mayor parte del tiempo, o bien con personas mirándome y susurrando cosas como "¿esa es Clarissa Fournier?" y "apuesto que se hizo alguna clase de cirugía". Rodé los ojos cuando escuché algo acerca de un tratamiento láser para el acné, y estaba a punto de decirle algo grosero a la persona que hizo el comentario, pero en el momento en el que me giré, creí haber escuchado un "hola novata", en medio de todo el ruido. No me apetecía darle explicaciones a Damon luego, así que respiré profundo, y no dije nada, solo cerré mi casillero con fuerza y caminé hasta mi siguiente clase.

Luego de clase, decidí correr hasta mi casa lo más rápido que pudiese. Últimamente no había pasado mucho tiempo allí, y sabía que me podía traer problemas con mi madre. Cuando llegué, no estaba en casa; solo había una nota diciendo "Estás en problemas jovencita, volveré en tres días. Tuve un viaje de trabajo. Te quiero, mamá". Giré los ojos, eso era bastante usual por parte de mi madre. Dediqué el resto de mi día a simplemente deambular por mi casa vacía, pensando en todas las posibilidades que se presentarían esta noche. Por suerte, antes de notarlo, ya era algo tarde y tenía que empezar a alistarme.

Puede que ahora fuese una vampira con súper poderes, pero ciertamente necesitaba tomarme mi tiempo para arreglarme y lucir bien; y vaya que quería lucir bien para Christopher. Había decidido ponerme una mini falda; la cual hacía que mis piernas lucieran realmente bien, y una blusa sin tirantes. Tal vez sería un tanto incómodo correr así. Escogí unos zapatos de plataforma, pero me decidí a correr hasta allá descalza. Una cosa era correr a velocidad súper humana, y otra totalmente diferente, hacerlo en zapatos de tacón. Estuve lista en cuestión de una hora, lo cual me dejaba casi a la hora exacta para llegar allá. Corrí y me detuve a unos cuantos metros del lugar para ponerme los zapatos, y entrar caminando como si nada.

Me senté en el bar y consideré beber un poco. Era una decisión difícil, ya que el alcohol aplacaría un poco el olor de la sangre, que aunque no estaba sedienta, más de 50 personas en un sitio cerrado no era mi ambiente predilecto. Sin embargo, si tomaba mucho, el alcohol tendría ese efecto extraño en mí, y posiblemente enloquecería por la sangre. Me decidí por una copa, eso no me haría ningún daño. No me la había terminado cuando vi a Chris entrar y mirar a todos lados para buscarme. Me tomé un momento para contemplarlo antes de hacerle una señal para que viniera a mi encuentro.

—Hola Clari. Te ves hermosa. —me dijo apenas llegó.

—Pues tú no te ves nada mal, Chris. —le digo, y era verdad. Lucía como un modelo de una revista deportiva. Tenía una camisa azul a rayas con las mangas dobladas hasta su codo; unos jeans negros y unas zapatillas negras comunes. En cualquier persona esto se vería bien, pero en él era simplemente celestial.

—Bueno pues, gracias. —Ninguno de los dos dijo nada más; la situación, una vez más, se estaba tornando un tanto incómoda. Estaba a punto de preguntarle si quería un trago, cuando habló. —Entonces, ¿quieres bailar?

—Todavía no. Mi trago está casi entero, ¿por qué no te sientas un rato en lo que yo termino esto? También podrías pedir algo tú. —La verdad era que no me importaba mucho no terminar el trago, pero quería un momento de calma para contemplar a Christopher. Su tez blanca hacía un contraste perfecto con sus ojos color miel. Era hermoso.

Él se vio confundido, no parecía muy acostumbrado a las negativas, pero se recompuso enseguida. Se sentó en un asiento vacío junto a mí, y pidió un poco de ginebra. Eso era totalmente asqueroso. Hice una mueca con solo percibir su olor, al recordar el ligero sabor a perfume que tiene para los humanos. Pero bien, yo no podía decir mucho sobre tomar cosas asquerosas... yo tomaba sangre.

—Bueno, ahora sí vayamos a bailar. —dije, al cabo de unos minutos. —Amo esa canción.

Había muchas personas en ese lugar para estar en plena semana. Sin embargo, nada parecido a la última vez que había estado allí. Chris y yo nos abrimos espacio hasta que encontramos un sitio para bailar cómodamente. Christopher se pegó mucho a mí, y yo no me resistí ni un poco. Estaba disfrutando esto totalmente, y en definitiva amaba no tener la urgencia de tomarme toda su sangre. En cierto momento, él bajó sus manos desde mi cintura hasta la parte baja de mi espalda, justo encima de mi trasero; sonreí de forma coqueta y lo miré, incitándolo a más. Él miraba de mis ojos a mis labios, aparentemente indeciso de dar un paso adelante o no, y al parecer, lo vencieron las ganas de hacerlo. Se inclinó, y plantó un beso en mis labios.

La verdad es que estaba bastante sorprendida. Podía ver cómo cerraba los ojos, y se dejaba llevar un poco. Yo solo estaba pasmada en el sitio, tratando de no hacer el ridículo por completo. Sí, él tenía más de veinte años y yo solo tenía diecisiete, pero ya me había metido en esto, y la verdad es que esta no era una situación para quejarse. En lo que pareció una eternidad para mí, pero que en realidad fue solo una fracción de segundo, cerré los ojos y le correspondí el beso; casi acto seguido, su lengua estaba en mi boca, simplemente jugueteando un poco con la mía.

Había besado a varios chicos a lo largo de mi vida, pero en definitiva, nunca a uno como Christopher. Había cierto sentido de poder al estar con un chico tan mayor. El hecho de que lograra hacer que un chico como él se fijara en mí, representaba para mi autoestima un logro considerable. Nuestros labios juntos no se sentían nada mal, pero sentía que algo simplemente faltaba en todo el asunto. No sentía química. No sentía mariposas. No sentía nada. Tenía algo de miedo de que todo esto de ser un vampiro me hubiese quitado algunas sensaciones, pero al reconsiderarlo... no tenía sentido. Más bien todas mis emociones estaban intensificadas. Yo solo seguía besándolo de forma bastante mecánica. En cierto momento, su agarre sobre mí se hizo más fuerte, e intentó profundizar el beso aun más, volviéndolo algo brusco, lo que causó que mi rechazo se hiciera mayor. Lo aparté de un empujón suave.

—¿Qué sucede, Clari? ¿Algo va mal? —dijo él. Luciendo un tanto confundido y molesto. Yo lo miraba a los ojos, pero no lo estaba observando, no realmente.

Pensé que salir con Christopher iba a ser lo máximo, y en cierto modo lo fue. Había adrenalina. Estaba el conocimiento de que, ¡diablos!, había besado hacía solo segundos a mi profesor de educación física, pero no era lo que estaba esperando... no era lo que estaba buscando.

Cuando estaba con Damon... Dios, me sentía tan estúpida. Pero cuando estaba con Damon se sentía totalmente diferente. Me sentía cómoda, sentía que bien podía estar en pijama como vestida de manera impecable; me sentía genial. Y eso era lo que me hacía falta en este momento. Di unos pasos hacia atrás, mientras que Christopher que me miraba extrañado, y simplemente me las arreglé para caminar entre el tumulto de personas, y salir de allí, sin decirle una sola palabra.

Cuando ya estaba afuera, que podía respirar aire fresco, y que la horrible música no aturdía el resto de mis sentidos, podía pensar de forma clara. Necesitaba a Damon, no sabía muy bien por qué, pero simplemente lo hacía. Si él se las había arreglado para seguirme la otra noche, tal vez yo también podría hacerlo.

Me alejé un poco de la discoteca, solo por si a Christopher se le ocurría salir y buscarme. Luego le debería alguna explicación, pero ya me las arreglaría. Pensé en Damon. ¿Cómo me habría podido rastrear? No tenía su olor cerca, no podía olfatearlo. No sabía donde vivía. Lo único que sabía de él, era que estudiaba en la misma escuela que yo, y que no compartíamos ninguna clase. Estaba completamente frustrada. Me senté en el suelo a un lado del camino y cerré los ojos para pensar en él; en su cabello dorado que era tan resplandeciente bajo la luz de la luna; en sus grandes ojos cambiantes; en su sonrisa felina, que era tan sarcástica pero a la vez emanaba peligro y ternura; en su voz mientras me decía "novata". Al cabo de unos segundos, sentí una especie de hilo que me tiraba hacia la parte norte de la ciudad. No entendía a qué se debía eso, nunca lo había sentido antes, y Damon no me había hablado de nada similar, pero de alguna manera, sabía qué, o más bien quién estaba del otro lado de ese hilo.

Corrí. Eso fue todo lo que pude hacer. Corrí siguiendo a ese hilo que parecía guiarme hacia mi destino final. Pasé por la zona de granjas en un santiamén, y acto seguido llegué hasta la puerta de una casa... mi casa. Abrí la puerta en menos de un segundo, y seguí el hilo, que se mantenía firme y fuerte; mostrándome el camino. Lo seguí hasta la puerta de mi habitación, pero en el momento en el que la abrí, el hilo se rompió. Sentía una especie de vacío devastador que no sabía que se formaría. El hilo había hecho eso. Era una especie de síndrome de abstinencia. Me sentía cansada también; no como si hubiese utilizado mis poderes al máximo, pero sí como si hubiese corrido una distancia considerable.

Ya adentro de mi cuarto, me encargué de examinar cada espacio. Debajo de la cama, dentro del closet... todo. No había nadie, estaba totalmente sola.

Pero hacía un segundo no.

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