Capítulo 11: La caza
Clarissa
Cuando logré abrir mis ojos, pude ver que no estaba donde recordaba estar hacía apenas unos segundos. Estaba en un sitio donde habían árboles; grandes árboles. No conocía ningún lugar parecido a este en París. Estaba en una especie de bosque; en un claro. Esperaba mirar hacia arriba y poder ver el cielo estrellado, pero en realidad era de día. El cielo estaba bastante nublado. ¿Cuánto tiempo había estado desmayada? No sabía dónde estaba, ni qué día era. Solo sabía que no estaba en París... y que Damon se estaba cerniendo sobre mí, obstruyendo notoriamente mi visión.
—¿Qué sucedió? ¿Dónde estoy? —dije, un tanto atontada. Él me dio una gran sonrisa.
—Pues hiciste exactamente lo que quería; explotaste todos tus poderes al máximo. Borrar la memoria es algo bastante genial, e implantar imágenes en su cabeza más aun. No es algo que haya visto antes, y considerando mi edad, eso es mucho decir. Pero en fin, contestando a tu segunda pregunta, estamos en un bosque bastante lejos de París, porque debemos alimentarnos, sobre todo tú, ya que esa explosión de poder pasa su factura y tiene sus consecuencias.
—Espera, ¿cómo llegué hasta aquí?
—Te traje a cuestas novata. No eres tan pesada, ¿sabes?
—No conozco nada de esto. ¿Qué tan lejos estamos de París?
—A unos cuantos cientos de kilómetros. —dijo, evitando mi mirada. Yo abrí mucho los ojos.
—¡¿Qué?! ¿Siquiera estamos en Francia aún? —dije, gritándole.
—Baja la voz, ¿quieres? Espantarás a las presas. Y honestamente, no lo sé, y tampoco me importa mucho. —Iba a replicar algo, pero no me dejó hablar más. —Eso no es lo importante. El asunto es que estamos alejados de París y de cualquier civilización, porque estás bastante hambrienta, y tomando en cuenta lo ocurrido con ese pobre chico, creo que debes estar alejada de los humanos mientras tienes hambre por ahora. —Yo lo miré de forma sarcástica.
—Tú te relacionas con humanos todo el tiempo.
—¿Y es que tú crees que eso sucedió así como así? Pues no. Me tomó muchos años, y muchas equivocaciones... muchos cuerpos también. Pero en fin, te traje aquí para que te alimentes, y no desangres a medio París en el proceso. —Damon me dio la mano, y me ayudó a ponerme de pie. Me sorprendí un poco al sentirme un tanto débil, pero por lo poco que sabía, sabía que era la sed que sentía. Acto seguido, Damon corrió adentrándose más en el bosque; yo lo seguí. Estaba tratando de ir a la par, pero era bastante difícil, él se mantuvo unos buenos diez metros por delante de mí todo el tiempo.
Era primera vez que experimentaba algo como esto. Lo más parecido había sido cuando corrí hasta mi casa el día que me transformaron. A pesar de las nubes de lluvia, la poca luz solar que se filtraba hacía que el lugar donde me encontraba tuviese un aire totalmente diferente. Las hojas de los árboles estaban cubiertas totalmente por una fina capa de rocío resplandeciente bajo la tenue luz del sol. Mientras corría detrás de Damon, no podía evitar ver todos los mínimos detalles que me rodeaban, hasta el punto de estar tan distraída que cuando Damon se detuvo de forma abrupta, de no haber sido porque me tomó por la cintura justo a tiempo, habría chocado fuertemente con él. Quedamos muy cerca el uno del otro. Damon me miró a los ojos, y yo a los de él, pero antes de que pudiese pasar nada más, me soltó y se alejó. Aunque el momento duró poco, fue bastante intenso en una manera que no sabía explicar muy bien.
—Bueno, en este bosque hay variedad de animales. No hay tanta unanimidad como en París, así que puedes buscar lo que te plazca, —dijo sin mirarme. —yo buscaré un tigre. —Al terminar de decir esto, pude escuchar a lo lejos un rugido gutural. Abrí mucho los ojos. Estaba asustada. Una cosa era ser un vampiro, y tener súper fuerza; y otra utilizarla en un animal salvaje, que pesa, al menos, cinco veces más que yo.
Al cabo de unos segundos, escondido entre los árboles, podía divisar lo que era una especie de felino salvaje. No era muy buena reconociéndolo, solo sabía que estaba en problemas. Mi primer instinto fue correr; pero luego olí la sangre. Sentí mi garganta arder... no; la sentí quemar. Me estaba quemando y desgarrando poco a poco desde adentro. No olía tan bien como la sangre humana, pero en ese momento no podía pensar en nada más. Sentí mis colmillos salir, en lo que un sonido gutural brotaba de mi garganta en llamas.
—Te lo dejo novata, quiero verte en acción. —dijo Damon, aprovechando para alejarse aún más de mí, según lo que pude notar. —Pero no me malinterpretes, solo quiero ver lo que has podido aprender en estos dos días, cualquier otra cosa que quieras enseñarme, puedes hacerlo en otro momento. —dijo en tono sarcástico. Se apartó rápidamente, tan rápido que casi no lo vi irse, solo quedamos el puma y yo en ese claro. Él me miraba, y yo a él. Sabía que si me movía, saltaría sobre mí. Cazador y presa, pero la pregunta real era, ¿cuál era cuál?
Dicen que el puma es uno de los felinos más rápidos que existen, y yo estaba a punto de comprobar esa hipótesis... al menos creía que era un puma. Hice un movimiento leve, pero efectivo, causando que el gato gigante saltara sobre mí. Su velocidad era considerable, pero aun estando tan débil como estaba, no era una competencia real para mí. Lo derribé mientras estaba en el aire, empujándolo con fuerza contra el suelo; sabía que en mi condición actual, no podría hacerlo dos veces. El felino seguía luchando. Me aruñó varias veces en el proceso. No sabía qué haría para inmovilizarlo y por fin morderlo.
Recordé mis poderes. Si los tenía, debía utilizarlos. Para esta clase de cosas es que se suponía que debían ser realmente útiles. Invoqué al aire, más rápido que lo que nunca lo había hecho; lo sentí venir a mí, y estar a mi disposición por completo. Me di cuenta que podía controlar incluso el aire que el animal inhalaba y exhalaba, así que aproveché esta oportunidad. Dejé al animal sin aire. Parecía estar un tanto confundido, pero seguía luchando como podía. Al cabo de unos segundos, obviamente no pudo más, y cayó totalmente desmayado. Mis colmillos ya estaban totalmente afuera, así que no perdí tiempo y lo mordí. Sabía muy bien; mucho mejor que la sangre de caballo. Sabía casi tan bien como la sangre humana, pero su sabor era un poco más tenue. Como cuando a un plato de comida le faltaba un poco de sal para estar perfecto. Estuve unos cuantos minutos solo tomando sangre, sin pensar en nada de lo que me rodeaba; sin siquiera pensar muy bien qué estaba haciendo. Al cabo de unos segundos más, el flujo de sangre bajó hasta detenerse. Pude escuchar el corazón de lo que creía que era un puma, dejar de latir. En ese momento, pude divisar a Damon emergiendo entre los árboles con una sonrisa socarrona.
—Genial novata, eres muy talentosa. —Me limpié la sangre que quedó en mi boca, a pesar de que había mucha más en mi ropa por la que no podía hacer nada, y sonreí ante el elogio.
—Gracias. —dije sonriendo. —Y tú, ¿ya cazaste tu tigre?
—No, pero sí lo encontré. Lo atraje hasta aquí para que veas a un profesional en acción. —Pude escuchar una respiración pesada y un latido de corazón acercándose. Me alejé rápidamente para que no pudiese detectar mi aroma; me escondí entre unos arbustos. Ya estaba anocheciendo. Era mucho más tarde de lo que pensaba, pero la verdad era que eso no afectaba mi visión en lo más mínimo. Incluso, podría decir que era aún mejor.
Ver la lucha entre Damon y el tigre fue algo fascinante. Más que una pelea, parecía una especie de danza. Todos los felinos eran bien conocidos por la gracia que tenían para hacer casi todo, y al parecer, los vampiros también. Saltos, golpes; cualquier cosa que Damon hacía, se veía como parte de un intrincado ballet que tanto el tigre como Damon estaban empeñados en continuar bailando. En cierto momento, el tigre tomó desprevenido a Damon, logrando tumbarlo, y quedar sobre él. Ya casi podía ver los grandes colmillos del animal perforando la piel del rostro del vampiro. Estuve tentada a apartar la mirada, pero me alegro de no haberlo hecho. Damon tomó la mandíbula del tigre; manteniéndola abierta, y con un considerable esfuerzo de su parte, logró empujarlo lo suficiente como para quedar sobre él, y poder clavarle los colmillos en su cuello. El tigre en ningún momento dejó de luchar, por lo que Damon se vio en la necesidad de romper su cuello antes de terminar de tomar de él, causando que el flujo sanguíneo se redujera mucho más rápido de lo necesario.
Sabía que eso debía ser un tanto frustrante para él, ya que se vio un tanto irritado por tener que hacer esto. Sin embargo, yo no me consideraba capaz de hacer ni siquiera la mitad de lo que él había hecho.
—Eso estuvo cerca. Creí que iba a matarte. —dije.
—¡Oh vamos! Creíste eso, ¿y ni siquiera intentaste salvarme?
—En realidad, pensaba disfrutar de ver al tigre mordisquearte un poco. —Él fingió sentirse dolido con mi comentario. —La realidad es que eso fue bastante increíble.
—Con el paso del tiempo, y conmigo siendo tu profesor, tal vez llegues a ser la mitad de lo increíble que soy yo. —Me guiñó el ojo.
—Eso no te haría un muy buen profesor, ¿o sí? —Me dio una sonrisa, pero no dijo nada más al respecto. Supongo que lo podía contar como un punto para mí.
—Bien novata, dime. ¿Cómo te pareció? ¿Estás satisfecha?
—Estaba delicioso, pero creo que no estoy totalmente satisfecha. Aún siento ese ardor en mi garganta que me incomoda un poco.
—Eso no te dice mucho, esa sensación es bastante común durante los primeros meses; mientras tu cuerpo se acostumbra a su nuevo estado. Pero bien, yo tampoco estoy totalmente satisfecho, así que podríamos cazar algo grande para los dos. —Yo sonreí.
—¿Se supone que esto es lo que hacen los vampiros si uno te invita a cenar?
—Creo que nunca lo había pensado, pero esto no es ninguna clase de invitación. Te estoy convidando, si aceptas o no, es tu problema. —dijo, con un tono bastante amargo, poniéndome a la defensiva.
—Claro. Como digas. ¿Qué podríamos cazar?
—Podría ser un oso. A esta hora salen los osos negros, y tienen suficiente sangre para satisfacernos. —Asentí, él se fue unos segundos a atraer un oso. Estaba bastante nerviosa. Una cosa era un puma de la mitad de mi tamaño. Otra muy distinta, un oso que me doblaba la altura. Sabía que se suponía que debía tener más fuerza que él, pero aún no me sentía convencida.
—Ponte en posición, ya viene. —dijo, en tono de hombre de negocios. Lo sabía, podía oírlo. Podía escuchar sus pisadas; su respiración; sus latidos.
Cuando el oso llegó hasta donde estábamos nosotros, nos gruñó. No sabía qué le había hecho Damon, pero podía ver que estaba bastante molesto. Se paró en dos patas, obligándome a mirar hacia arriba para ver su rostro. Con una rapidez impresionante, incluso para mí, ya que me tomó desprevenida; el oso, con una de sus gigantescas patas que eran más o menos del tamaño de mi torso, le dio un golpe a Damon; tal que lo lanzó a través del claro, causando que se estrellara contra un árbol y cayera un tanto aturdido al suelo. El oso se estaba encaminando hacia el cuerpo, por ahora inerte, de Damon; yo corrí hacia él, y lo empujé, haciéndolo volar, y alejándolo de Damon unos cuantos metros. Me acerqué a Damon para ayudarlo a ponerse de pie.
Él estaba despierto, pero su espalda se curvaba en un ángulo un tanto extraño. Respiró profundo un par de veces, antes de hacer un movimiento brusco, que estuvo seguido de una especie de chasqueo que solo quería decir que sus huesos habían vuelto a su lugar. Hizo una mueca de dolor, tomó la mano que le estaba ofreciendo, y se puso de pie como si nada hubiese sucedido.
—Baja tu escudo mental. —me dijo en un susurro, yo asentí y obedecí. No sabía exactamente para qué, pero tenía una idea.
Pude sentir, segundos después, una ligera tensión en mi mente. Sentí los hilos de energía salir de la cabeza de Damon, entrar en la mía, y alojarse allí. No sentía que estuviese cambiando nada, pero sí quería ingresar más profundamente. Yo se lo permití.
—Yo lo atacaré para distraerlo. Haz lo mismo que hiciste con el puma; quítale el aire, y luego intenta darle mucho. Eso lo aturdirá. —Su voz en mi cabeza me sobresaltó un poco. Se escuchaba más sedosa; más musical.
El oso se puso de pie y miró de nuevo entre Damon y yo, decidiéndose nuevamente por él. Ya no iba a tomarnos desprevenidos de nuevo. Me quedé un tanto al margen de la lucha física, aprovechando que no me estaba prestando atención, pero siempre al pendiente de que no acorralara tanto a Damon. Éste evitaba los ataques del animal con agilidad y gracia, propiciando unos cuantos por él mismo, pero cuidando de no matarlo con uno de esos golpes, para que el flujo sanguíneo no jugara en nuestra contra. Cuando vi mi oportunidad, comencé a utilizar mis poderes.
Sentí el aire venir a mí de nuevo, y lo utilicé para privar al oso del mismo. El animal parecía confundido y se paró en cuatro patas; ya no luciendo tan amenazante como cuando se paraba en dos. Intenté hacer lo que me dijo Damon, y le di mucho aire, lo cual al parecer lo aturdía por completo. El oso comenzó a retroceder cada vez más, hasta caer exhausto al suelo. Sentí un poco de lástima por el animal. De alguna forma, se sentía un poco menos incorrecto con las personas. Supongo que siempre podía pensar que las personas hacían "cosas malas", pero con los animales no tenía esa excusa. Sin embargo, Damon lo mordió, y el olor de la sangre vino a mí, sacándome de mis pensamientos. Me acerqué rápidamente y lo mordí también. El puma sabía mucho mejor. Esto parecía una imitación barata del puma; un poco más cercano al sabor del caballo.
Cuando ya el animal estaba seco, me puse de pie, al igual que Damon. Sentía un poco de vergüenza al ver que Damon estaba inmaculado, salvo por una pequeña macha en la comisura de su boca. Yo sabía que estaba bastante llena de sangre. Él me miró, y se rió.
—Estás hecha un desastre. Tienes una mancha en... todas partes. —dijo, riéndose con ganas. Sus ojos eran color azul bastante oscuro, pero su piel, antes pálida como la mía, había adquirido una tonalidad más sonrosada y natural. Un tono de piel considerado mucho más saludable para un humano. Imaginaba que lo mismo había pasado conmigo.
Bajé la mirada un tanto apenada, y él pareció notarlo, ya que paró de reírse un poco. Lo miré fijamente y me acerqué mucho a él.
—Tú también tienes una mancha... aquí. —dije, en lo que con mi dedo pulgar, limpié la pequeña mancha que había quedado en él, con cuidado de no rozar sus labios. Él me miró fijamente. Lo había desconcertado un poco con mi comportamiento.
—Oh... bueno, gracias. Supongo. —Se quedó unos segundos más solo mirándome muy de cerca, antes de alejarse unos cuantos pasos.
—Entonces, dime, ¿qué tal estuve? —pregunté, un tanto esperanzada, pero tratando de no mostrarlo, y tratando de no sentirme un tanto incómoda con la situación. Él me miró unos segundos, como pensando sus palabras con cuidado.
—Bien hecho, novata —dijo. Yo sonreí.
***
De verdad queremos agradecer a @bellezaenelcaos por habernos hecho la nueva portada, que tanto a Luisa como a mí nos dejó encantadas.
Gracias de verdad <3
Bạn đang đọc truyện trên: Truyen247.Pro