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Capítulo 8

Aileen en multimedia.

Salí apresuradamente de mi casa y emprendí el camino hacia la universidad; hoy se me había hecho realmente tarde. Bufé con desgana y rebusqué en mi bolso, intentando encontrar los auriculares, así al menos se me haría más ameno el camino.

— ¿Llegando tarde, Elenita? —Dejé de rebuscar para acto seguido fulminar con la mirada a Derek, quién tocaba repetidas veces el claxon de su auto— Venga anda, sube.

— Me cuesta admitirlo pero me salvas el culo hoy. —Reconocí mientras cerraba la puerta del coche, soltando un suspiro algo cansado. Derek soltó una risa ante mi comentario.

— Iba de camino hacia la universidad y te vi, ¿No te iba a dejar ir sola, no? Aunque pensándolo mejor podría haber ido despacio detrás tuya, para así poder tener unas mejores vistas de...

— ¡Derek! —Le golpeé en el brazo repetidas veces y volvió a reír a carcajadas limpias.

Milagrosamente encontramos un sitio en el aparcamiento y bajamos del coche, emprendiendo el camino hacia el gran edificio.

— ¿Irás a la fiesta de máscaras? —Me preguntó Derek— Las chicas querían que las recogiese hoy para ir a buscar un vestido.

— Supongo. —Me encogí de hombros— si me atrevo a decir que no seguro que me buscarían hasta obligarme a ir a la fuerza. ¿Tu irás?

— Si vas tu, no podría faltar. —Me dedicó una sonrisa traviesa y yo volví a golpear su hombro, riendo.

La mañana había pasado con rapidez para mi sorpresa y me encontraba en una de las mesas del comedor esperando a Derek, Aileen y Clary. Estaba algo cansada, así que me recosté en la mesa, soltando un leve suspiro. Aunque lo había intentado, no me había podido quitar de la cabeza aquel sueño con Damian. Aún no lo había visto en ninguna de las clases de hoy, lo que era algo extraño. Miré la bandeja de comida que tenía delante y cogí una de las patatas, dándole pequeños mordisquitos mientras observaba con atención el comedor, esperando encontrar algo de diversión. Le dí el último mordisco a la patata y me estremecí, recordando el mordisco que había recibido por parte de Damian en mi sueño. Era solo un sueño, Elena... Me dije mientras negaba con la cabeza. ¿No podía soñar con bailes o días de compras? ¿Tenía que soñar con él?

Miré hacia la puerta del comedor, intentando encontrarlo con la mirada, presa de mi curiosidad, pero para mi sorpresa, vi a Aileen hablando acarameladamente con el chico que vi en el bosque junto a Damian. Fruncí el ceño, algo intrigada, sin dejar de observarles hasta que el chico dirigió una rápida mirada hacia mi. Bajé la vista, algo incómoda por haber sido descubierta y rápidamente escuché como Aileen se acercaba.

— ¡Elena! —Besó mi mejilla y se sentó junto a mi— ¿Lo has visto, verdad? —Me miró algo avergonzada y asentí, sonriendo.

— ¿Quién es? —Alcé mis cejas y Aileen se sonrojó.

— Es el chico que te dije, el que conocí en la fiesta. Se llama James.—Me dijo emocionada.

Asentí y seguí comiendo. Miré hacia la mesa en la que estaba sentado James y me topé con la mirada de Damian, quien se acababa de incorporar. Me miró con seriedad, intentando intimidarme. Le respondí con otra mirada, retándolo hasta que finalmente esbozó una sonrisa burlona y dirigió toda su atención a James. Apreté la mandíbula y entrecerré los ojos. Menudo subnormal.

Las dos últimas horas a diferencia del resto del día pasaron con una lentitud abrumadora. Esperé a los chicos en la entrada ya que iríamos a buscar los vestidos para el baile del viernes. Así, al menos, tendría oportunidad de conocer algo más de la ciudad. Cuando llegaron, subimos al coche sin perder ni un minuto y comencé a mirar por la ventana, ajena a los continuos parloteos de los chicos.

Cuando el vehículo se detuvo, quedamos en frente de un pequeño centro comercial que, a lo sumo, no tendría más de 5 tiendas.

— ¿Aquí escogeremos el vestido? —Pregunté, con desconfianza.

— Al menos algo aceptable. —Dijo Clary, guiñando un ojo.

— Que no te engañe el aspecto, se pueden encontrar multitud de cosas.—Dijo Aileen mientras agarraba mi brazo para arrastrarme al interior del centro. La verdad es que me sorprendió; para ser pequeño, era acogedor. En el centro del mismo, había una pequeña fuente con banquitos al rededor para poder descansar los pies, un par de cafeterías y unas pocas tiendas de ropa que, aunque no eran de marcas conocidas, no tenían tan mal aspecto como había imaginado.

Entramos en una de ellas y Aileen se puso como loca a encontrar el vestido ideal para mi. Yo solo me paseé por la tienda hasta que inesperadamente, Aileen me abordó.

— Este vestido es perfecto para ti. —Me tendió un vestido negro corto, con multitud de encajes perfectamente bordados y algunos puntitos brillantes que parecían estrellas en el cielo. Me quedé impresionada.

— La verdad es que me encanta. —Admití, sosteniéndolo.

— Ve a probártelo, yo saldré un momento. —Esbocé una pequeña sonrisa asintiendo y me dirigí hacia los probadores.

Me desvestí y me enfundé en el, estiré los brazos hacia mi espalda, intentando alcanzar la cremallera para subírmelo sin éxito. Saqué la cabeza por la cortina, buscando a Aileen con la mirada y al no encontrarla, volví a batallar con la cremallera.

— Joder—Murmuré, algo enfadada.— Aileen no tiene mejor momento para desaparecer. —Sentí como alguien desplazaba un poco la cortina y me sobresalté al escuchar su voz.

— Creo que necesitas ayuda con eso. —Me giré y me topé con Damian, que me observaba divertido.

— ¡¿Qué coño haces aquí?! —Espeté de malas maneras, intentando cerrar la cortina con una mano mientras con la otra me sujetaba el vestido.

— Vine a acompañar a mi amigo y, de paso, a ofrecerte mi ayuda. —Se encogió de hombros, indiferente, impidiéndome cerrar la cortina.

— Pues no la necesito. —Repliqué, intentando dar otro tirón.

— Se me olvidaba lo terca que eres, Elena. —Repuso mientras me hacía girar. Deslizó sus dedos suavemente por la piel de mi espalda para finalmente subir la cremallera con delicadeza. Me estremecí ante su contacto y lo fulminé con la mirada, a través del espejo.

— No has conocido ni una cuarta parte de mí. —Me giré para quedar frente a él. Soltó una oscura risa y se aproximó a mi, cogiendo un mechón de mis cabellos entre sus dedos.

— Ni tú de mi, Elena—Me susurró al oído y giró sobre sus talones para después empezar a caminar— Por cierto —Me miró por encima del hombro y esbozó una pequeña sonrisa ladeada— Ese vestido te queda de maravilla.

Cerré la cortina de un tirón y reposé mi espalda contra una de las paredes del pequeño cubículo con enfado. ¿Por qué siempre conseguía sorprenderme?

Me cambié por mi anterior atuendo y salí del probador, dirigiéndome a la caja para pagar el vestido.

— ¡Elena! ¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo? — Aileen se acercó corriendo a mi posición. Me revisó de arriba a abajo, tocándome con suavidad los brazos, apartándome el pelo del cuello y un sin fin más de comprobaciones. 

— Aileen, para. —Detuve su brazo y la miré frunciendo el ceño— Estoy bien, no ha pasado nada.

— Supe que Damian estuvo aquí, vino con James, yo no sabía nada...—Habló apresuradamente y la corté de nuevo.

— Sólo es un tío que se divierte molestando a los demás, sinceramente no creo ni que sea peligroso. —Le dije, acompañando mis palabras de un suspiro cansado.— Le dais demasiada importancia.

— Elena, no sabes nada. —Me habló con suavidad y me dirigió una mirada cargada de tristeza. No dije nada, pues, sabía que no iba a responder a mis preguntas. La acompañé fuera de la tienda para ir a buscar a los demás sin poder evitar pensar en sus palabras. Aileen sabía más de lo que decía, solo tenía que buscar el momento adecuado para que hablara. 

No me iba a rendir tan fácilmente.



Perdón por la tardanza pero aquí tenéis nuevo capítulo. 

Espero que os haya gustado, si es así, hacérmelo saber!

Feliz año a todos!


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