Capítulo 18
El aire frío azotó mis mejillas, enrojeciéndolas. La luna brillaba con fuerza sobre mi cabeza. Ya no me encontraba en el claro del bosque junto a Damian.
Miré a mi al rededor, intentando encontrar sentido a lo que estaba viviendo. No se parecía a ninguno de mis anteriores sueños, o mejor dicho, pesadillas; aunque divisaba el tenebroso y extenso bosque, no me encontraba en él. Los árboles me rodeaban, agitando sus grandes ramas presos del viento. A mi al rededor solo había rocas, me encontraba en la cima de una gran montaña desde dónde se podía ver una pequeña aldea.
— ¿Hermosa, verdad? —Dijo una voz a mis espaldas. Me giré y pude ver a una mujer joven y rubia. Asentí, sin quitarle la vista de encima.
— ¿Quién eres y qué hago aquí? —Pregunté. Noté como me sudaban las palmas de las manos. Este sueño era diferente a los otros, era muy real y también era mi momento de conseguir respuestas a mis tan ansiadas preguntas.
— Yo he querido verte, Elena. —Me respondió la mujer, posicionándose junto a mí, mirando embelesada la pequeña aldea que yacía a nuestros pies— Me llamo Lyana. —Una luz se encendió en mi cabeza. Conocía a esta mujer, era de la que Damian y James hablaban en el bosque aquella vez que fui descubierta.
— Te conozco —Dije, dirigiendo mi mirada hacia el pueblo— He escuchado hablar de ti pero no se quién eres ni cómo me conoces.
Lyana me miró, sonriéndome con ternura. A pesar de que su aspecto era de una mujer joven, su mirada era sabia y dura a la vez, como si hubiese vivido cientos de años y tuviese una gran historia que contar. Antes de que Lyana respondiese mi pregunta, escuché alaridos, gritos de terror. Giré mi cabeza con preocupación y pude contemplar como la preciosa aldea ahora ardía en llamas.
— Ellos han llegado —Dijo y pude ver como apretaba los puños hasta que estos se ponían blanquecinos.
— ¿Quiénes son ellos? ¡Hay que ayudarlos! —Dije, presa del pánico e intenté buscar con la mirada cualquier camino que me permitiese bajar. Lyana agarró mi brazo con suavidad pero firme y negó con la cabeza.
— No estamos aquí, Elena. Todo está en tu cabeza. —Fruncí el ceño, con los ojos llorosos. No comprendía nada— Eso no significa que esto no haya pasado. Pasó, Elena. Pasó y yo me encontraba en una de esas pequeñas casas que ves allí. Todo sucedió tan rápido... —Paró de hablar repentinamente, adoptando un semblante más serio.
— No entiendo que tiene que ver todo esto conmigo, Lyana. —Dije, suspirando repetidas veces.
— Fueron los vampiros. No esos con los que convives, Elena. Los otros, los que no aceptan las normas, los asesinos. —Apartó su mirada de la aldea casi consumida, fijándola en mi— Se rebelaron y asesinaron a sangre fría a un a aldea entera, incluida a mi pequeña hija. —Su mirada se nubló a causa de las lágrimas, del recuerdo y yo, inconscientemente apreté su mano, intentando transmitir mi apoyo.
— Lo siento muchísimo... —Lyana me miró y asintió para acto seguido continuar.
— Yo era muy poderosa y presa de la rabia juré con todas mis fuerzas y mi sangre que los culpables pagarían. Ellos morirían por sus crímenes y así sellé la profecía. Algún día nacería una pequeña niña, capaz de hacer cosas inimaginables. Sería fuerte y capaz de todo. Un buen día, llegado el momento y convertida en mujer, ella iniciaría el cambio, triplicando su fuerza, llegando a ser casi invencible. En su mano estaría el destino de todas esas personas, las vivas y las que están por nacer, ella acabaría con el caos y la destrucción. Gracias a ella, los vampiros que asesinan y torturan, no volverían a existir. Ella los exterminaría. —Enmudecí ante sus palabras, asintiendo con la cabeza, instándola a terminar— La profecía se va a cumplir, Elena. Muy pronto.
— ¿Quién es la chica, Lyana? —Pregunté, aunque ya sabía su respuesta.
— La chica eres tú, Elena.
Me incorporé bruscamente, aún podía sentir el olor a humo y la voz de Lyana se repetía constantemente en mi cabeza. Me pellizqué un par de veces, asegurándome de no estar soñando aún.
Miré el reloj, apenas eran las 3 de la madrugada. Intenté volver a dormir pero tras dar múltiples vueltas sin conseguir conciliar el sueño me puse en pie, iría un rato a la sala de estar a ver la televisión. Bajé las escaleras y entré, encontrándome con Nick haciendo zapping.
— Hey —Saludó, dejándome un hueco libre— ¿No puedes dormir? —Negué con la cabeza, sentándome a su lado.
— Había pensado en ver un poco la tele, pero ya veo quién tiene el poder. —Dije riéndome mientras señalaba con la cabeza el mando. Él me lo cedió y me puse a buscar alguna película entretenida pero no pude dejar de pensar en el sueño que había tenido, era superior a mí. Nick parecía un chico inocente...
— Oye Nick, ¿Qué sabes sobre la profecía? —Él me miró sorprendido y abrió la boca para responder pero lo interrumpí— Antes de que digas algo, ya hablé con Jack. Él estaba ocupado hoy y me dijo que mañana me lo contaría pero que podía preguntar a alguien, para saciar un poco mi curiosidad. —Mentí, encogiéndome de hombros y pude ver como Nick se relajaba.
— Fue cosa de una bruja muy poderosa. —Comenzó a contar— Los vampiros, ya sabes, los que no son como nosotros hace tiempo atacaron una aldea. En esa aldea vivía la bruja con su pequeña hija. Mataron a todos, no quedó ni una sola persona viva, murieron muchísimos inocentes... —Dijo Nick, afectado por la historia— La bruja ese día murió en alma. Lanzó una profecía, dijo que una chica nacería algún día y acabaría con todos ellos. Esa chica estaría dotada de diferentes dones que la harían letal para cualquier vampiro.
— Es... impresionante. —Alcancé a decir, analizando sus palabras. Mi sueño había sido real.
— Es solo una profecía, Elena. La han buscado durante siglos y no han encontrado nunca ni rastro de ella. Aunque hay algunos que aún creen en su existencia.
— ¿Y qué pasará si la encuentran? —Pregunté intentado disimular mi interés.
— Seguramente moriría. —Dijo y al instante palidecí. Dirigí mi mirada hacia la televisión, intentando pasar desapercibida.— Hay muchísimos vampiros que no desean su existencia. Si la fuerza de esa chica fuese tal y como la describe la bruja de la profecía, podría acabar con toda la raza si se lo propusiera. Ya creo que te he dado suficiente información a pesar de tu mentira. —Dijo y lo miré, con los ojos abiertos como platos.
— Nick, yo...
— No te preocupes. —Dijo mientras me abrazaba con fuerza— Ya casi eres de la familia, será nuestro secreto. —Asentí sonriendo y lo rodeé con mis brazos.
Me encontraba en el jardín, practicando con un pesado saco. No había conseguido pegar ojo desde el sueño. Después de charlar con Nick decidí venir a descargar mi ira con los primeros rayos del sol. Aún no me creía que yo fuese la chica de la profecía. No tenía habilidades especiales, no destacaba en nada y apenas poseía fuerza. Pero esa mujer... la bruja, como dijo Nick, me había hablado, me había buscado en sueños para mostrarme los horrores que habían cometido los vampiros. Me había dicho que yo era la chica de la profecía. Nadie más que yo. Seguí golpeando con fuerza, haciéndome daño en los nudillos. ¿Porqué yo? ¿Porqué tenía todo que cambiar tanto en tan poco tiempo?
— Parece que te tomas en serio tu entrenamiento. —Dijo Jayden mientras se posicionaba detrás del saco, aguantándolo.
— Algún día necesitaré la fuerza, puede que me sirva para patear algún culo. El tuyo, tal vez. —Dije, alzando mi barbilla para mirarle. Él rió, apartándose de detrás del saco, posicionándose para atacar.
— Venga, muéstrame lo que has aprendido en mi ausencia. —Su mirada era tan intensa que me hizo estremecer. Me puse frente a él y sin dejar de mirarlo lancé mi puño. Jayden lo recibió con ganas, aprisionándolo con su mano.
— Suelta, no me has dejado hacer nada. —Mis ojos centelleaban de rabia. No me había dado tiempo ni a rozarle.
— Eres lenta y predecible. —Dijo mientras recorría con sus dedos mi cuello, sin dejar de sostener mi puño con la otra mano. Agarré su muñeca con fuerza, frenando el avance. Él enarcó una ceja y soltó una perversa carcajada. En un segundo me encontraba de espaldas a él y totalmente inmovilizada. Ahogué un jadeo de sorpresa.
Me removí con fuerza y no logré aflojar su agarre ni un solo milímetro. Jayden con su mano libre apartó mi pelo, rozando mi cuello con sus labios como en aquella discoteca.
— ¿Qué haces? —Conseguí preguntar mientras cerraba mis ojos involuntariamente. Jayden ignoró mi pregunta y gruñó con fuerza, soltándome. Lo miré con el ceño fruncido pero pude distinguir a Aileen caminando hacia nosotros al seguir la dirección de su mirada.
— La próxima vez no nos interrumpirán. —Susurró Jayden en mi oído para después desaparecer.
En cuanto se fue solté todo el aire acumulado y respiré con tranquilidad. De un momento a otro acabaría volviéndome loca.
Nuevo capítulo!
Espero que os haya gustado, si es así, hacérmelo saber:)
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