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Capítulo 17

Ahogué un bostezo mientras me dirigía a la ducha. Habían pasado algunos días desde nuestra salida a la discoteca y Aileen había decidido que era un buen momento para regresar a la universidad. Personalmente la idea no me agradaba, sí que es cierto que mi mayor deseo era retomar mi vida, volver a la normalidad, pero seguir con mis estudios no entraba en mis planes ahora que sabía que mis días como humana estaban contados.

Damian me evitaba a toda costa aunque de vez en cuando podía sentir su mirada puesta en mi.

Por otro lado, Jayden y Sean se habían marchado a cerrar un trato de negocios y volverían mañana.

Ahora mi entrenamiento consistía en golpear sacos de boxeo y hacer carreras para mejorar mi resistencia lo que me tenía totalmente agotada. Sentía las agujetas clavándose en mi a cada paso que daba.

Salí de la ducha y me enfundé en mis vaqueros preferidos, combinándolos con una sudadera negra simple.

Bajé las escaleras que ya conocía a la perfección y me dirigí a la cocina a prepararme una taza de café. Me empezaba a sentir como en casa y eso me asustaba. Hacía una semana que no pisaba mi verdadero hogar y me preocupaban mis padres. Aileen me había explicado que mediante un control mental que ejerció Jack ellos se olvidarían de mi por un tiempo hasta que tuviese vía libre para volver. Me había dolido saber que mis padres no se acordaban de mí pero seguía adelante con la esperanza de saber que lo que les sucedía no era irrevocable.

— Buenos días dormilona —Nick besó mi cabeza y se sentó a mi lado— ¿Estás preparada para volver a la rutina?

— Cállate —Gruñí, bebiendo de mi café. Nick y yo habíamos hecho buenas migas, era un chico increíble y empezaba a ser importante para mí.

— ¡Elena! —Exclamó Aileen, alargando las ''e''— James nos llevará.

— Vayámonos, pues. —Cogí mis pertenencias y me levanté de la silla, dirigiéndome hacia el coche de James. — ¿No sospecharan nada Clary y Derek al saber que ahora vivimos juntas? —Pregunté, temerosa. No quería que se vieran involucrados en nada de esto.

— Les diremos que tus padres están de viaje y te estás quedando en mi casa. Piensas demasiado, Elena. —Asentí, dando por terminada la conversación.

Mentiría si dijera que la mañana se me había pasado volando. Fue algo tedioso y difícil de digerir. Sólo quería volver a casa y tumbarme en la cama, sin necesidad de ver a nadie pero tuve que soportar los constantes parloteos de los chicos sobre fiestas y profesores nada simpáticos. Todo esto me afectaba, no me conseguía sentir normal, estaba desubicada. Mientras ellos se preocupaban por que ropa llevarían a una dichosa fiesta yo moría por saber cuándo sería mi final, que se sentiría e irremediablemente también pensaba en Jayden.

No me lo pude sacar de mi cabeza desde aquella noche en la discoteca. Cuándo él estaba cerca me sentía diminuta e indefensa; no me gustaba. Me gusta ser independiente y tener el mando de la situación, tenerlo todo controlado. Él ponía mis ideas patas arriba, lo ponía todo del revés. No volvimos a hablar después de lo sucedido, es más, a la mañana siguiente ya se había marchado.

Después estaba Damian. Ya no sentía aquella curiosidad del principio, no me interesaba saber por que era así, por que su vida había cambiado tanto, llegándose a convertir en un ser tan despreciable. Me había hecho daño, estuve a punto de perder la vida por su culpa y me condenó a algo de lo que yo no entendía aún ni una cuarta parte. Deseaba acabar con él...

— ¡Elena! —Aileen me sacó de mis pensamientos. Cuando me di cuenta ya nos encontrábamos en el coche, de vuelta a casa. Había recorrido un gran camino sin ni si quiera percatarme de ello.

— Perdona, estaba en mi mundo. —Respondí. James aparcó y Aileen se dirigió hacia su habitación, haciéndome una seña con la mano para que la siguiera.

— ¿En qué pensabas, Elena? Llevas todo el día preocupándome. —Preguntó mientras se sentaba en la cama. La imité, tumbándome y resoplando.

— Estoy asustada. Siento rabia, miedo, tristeza... es un cúmulo de todo. —Admití a lo que ella me miró, instándome a que siguiera— No sé que va a pasar conmigo, no sé como será mi vida y Damian, él... —Apreté los puños y cerré los ojos con fuerza. Me ponía enferma sólo en pensar que se encontraba en la habitación de al lado, tan tranquilo.

— Él es así por un motivo.. —Aileen miró al suelo, suspirando. —Antes no era así, era muy parecido a Nick, muy picarón, simpático, bromista... él era bueno.

— Aileen, casi me mata. Necesito saber por que es así, necesito una excusa para no acabar yo con él en cuanto tenga la ocasión. —Abrí los ojos para mirarla fijamente, haciéndole entender que no bromeaba al respecto y ella negó con la cabeza.

— No me corresponde contarte esto, lo siento muchísimo. —Respondió con una expresión tan triste que se me encogió el corazón— Lleva años siendo así, pero yo aún creo en él.

— ¿Y tú, Aileen? ¿Porqué eres así? —Pregunté, temerosa de escuchar su respuesta. Noté que enmudeció ante mi pregunta. Carraspeó un par de veces, decidida a hablar.

— Fue hace 150 años. —Dijo, estudiando mi expresión. Yo abrí los ojos como platos pero asentí, quería escucharla. —Mi familia era adinerada y yo era la única hija, la única heredera. Fui engañada, Elena. —Sus ojos se inundaron de lágrimas, pero continuó— Un joven, bastante apuesto, pidió mi mano y mi padre complacido se la ofreció; era de buena cuna. Alto, guapo, de ojos verdes... Me casé con él, era feliz, él me había encandilado completamente pero todo era una farsa. Era un sucio ladrón que sólo quería mi dinero —Escupió, limpiándose un par de lágrimas de las mejillas, yo agarré su mano con fuerza— Me robó todas mis pertenencias y me dejó medio muerta en un sucio callejón. Jack y Lisa me encontraron. Me salvaron la vida y, desde entonces, vivo con ellos.

— Aileen... —Es lo único que llegué a pronunciar antes de abrazarla. Ahora no me cabía ninguna duda de lo fuerte que había sido toda su vida. Por fin conocía su historia, por muy triste que fuese.

Después de pasar unas horas con Aileen salí de su habitación. Pasé por la sala saludando alegremente a Lisa y Jack; se habían portado realmente bien conmigo. La noche había caído y decidí salir al jardín. Era una noche preciosa, la luna se iluminaba en el despejado cielo dónde se podían observar miles de estrellas. Caminé y me adentré un poco en el bosque hasta que las luces de la casa se alejaron cada vez más. Encontré un pequeño claro dónde se podía observar con facilidad el cielo y me recosté sobre un tronco, embelesada.

— Estás en mi sitio —Dijo Damian, sentándose a unos metros de mí.

— No sabía que el bosque fuese tuyo. —Hice uso del sarcasmo, esperando pacientemente a que me dejara en paz.

— No vengo a molestarte, Elena. A veces también necesito tranquilidad. —Suspiró y se encendió un cigarrillo, ofreciéndome uno.

— La última vez que me ofreciste un cigarro casi me desgarras el cuello. —Miré su mano recelosa y asqueada, negando con la cabeza.

— Esta vez no será así, lo prometo. No llevaba un buen día. —Reconoció y cogí el cigarro cautelosamente, encendiéndomelo.

— ¿Cada vez que llevas un mal día intentas matar a alguien? —Repliqué, dirigiendo de nuevo mi vista hacia el cielo.

— Algo así. —Admitió, expulsando el humo. Lo observé por unos segundos. Su expresión era triste, parecía rememorar algo que desconocía. Decidí aunque solo fuera por una noche hondear la bandera blanca y suspiré, haciéndome a un lado, el tronco en el que me encontraba era lo suficientemente grande para que nos recostásemos los dos. Él me miró sorprendido pero me dirigió una sonrisa llena de gratitud, ocupando su sitio.

— ¿Sabes que la mayoría de esas estrellas ya están muertas? —Dijo mientras cerraba los ojos por unos segundos, para después mirarme.— Algunas hace siglos que murieron.

— Y no por eso dejan de ser hermosas... de alguna manera, siguen vivas en su interior. —Desvié la mirada de las estrellas para mirarle, concediéndole una fugaz sonrisa. Él asintió, reflexionando mis palabras.

Pasamos horas hablando de estrellas, constelaciones y observando el cielo hasta que, con los rayos del sol avecinándose por el horizonte descansé mi cabeza sobre su hombro totalmente agotada, sumiéndome en un profundo sueño.


Espero que os haya gustado. Las cosas parecen ir mejor!

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