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Capítulo 13


Estaba sentada, observando a través de la ventana con una humeante taza de café en las manos, la noche había caído y yo tendría que esperar hasta el amanecer a la llegada de los ''padres'' de Aileen. Suspiré y dejé la taza sobre la lujosa mesa de la sala de estar. Me pasé las manos por la cara desesperadamente. Nada de esto puede estar pasando... pensé para acto seguido soltar una carcajada, me estaba volviendo jodidamente loca. Pues claro que estaba pasando y yo estaba metida justo en el centro por mi estúpida curiosidad.

Me levanté del mullido sillón y di varias vueltas por la habitación, estirando las piernas.

— No hay por qué estar nerviosa. —Dijo James, quién acababa de entrar en la sala.

— No, claro que no. Sólo estoy en manos de unos locos de cientos de años que decidirán que hacer conmigo a partir de ahora.— Reí sarcásticamente y James me miró, frunciendo el ceño.

— Tienen miles, no cientos. —Me corrigió pero, al ver mi expresión de estupefacción, cambió rápidamente de tema— No te preocupes Elena, son los más pacíficos y tranquilos que podrás encontrar.

— ¿Me debería de sentir mejor? ¡Yo no pedí nada de esto! —Alcé la voz, exasperada.

— ¡Nosotros tampoco lo pedimos, tú y solamente tú decidiste meter tu jodida naricita donde no te llaman! —Me gritó y pude ver como sus ojos se oscurecían brevemente para después recuperar su semblante tranquilo.

— No sabía nada, sentía que mi mejor amiga me ocultaba algo y... ¡sorpresa, sois todos unos putos vampiros! —Pasé por su lado, empujándolo con mi propio hombro y abrí la puerta principal.

— ¿A dónde te crees que vas? —Me preguntó, a punto de perder los nervios.

— A tomar el aire, ¿puedo? —Lo miré con toda la rabia que sentía en ese momento y, antes de que pudiese darme una negativa como respuesta, me salvó la voz de Aileen.

— Déjala, James. —Aileen me miró con tristeza y asintió— Solo... ¿Vuelve, vale? No te vayas —Asentí y cerré tras de mi con un fuerte portazo. Me estaba comportando mal, lo sabía, pero me daba exactamente igual. Todo esto me superaba. Me senté en los escalones de la entrada y me encendí un cigarrillo para darle a continuación una larga calada. ¿Y Clary y Derek? ¿Sabrían ellos algo de todo esto? Suspiré y di una calada más, saqué mi móvil y les puse un mensaje a mis padres para que supieran que no aparecería por allí de nuevo, aunque no importaría mucho, no tenía una relación mala; los quería. Pero no habíamos sido nunca una familia muy apegada.

Me levanté y decidí dar un breve paseo para despejar la mente, andé unos pocos metros cuando encontré una zona del jardín con unas pequeñas tumbonas y unas vistas increíbles hacia el cielo y la luna. Me tumbé, sintiéndome pequeñita y cerré los ojos. Sentí que me relajaba por primera vez.

— ¿Tienes fuego? —Suspiré y abrí los ojos, mirando directamente a Damian.

— Mi paz no ha durado ni dos minutos. —Escupí, tendiéndole el mechero.

— Elena, no es nada personal. Siento lo que ha pasa...

— Cállate. No quiero escuchar ni una jodida palabra —Me miró, algo sorprendido.

— ¿No me tienes miedo? —Preguntó mientras se encendía su propio cigarrillo y reí con sorna, a lo que él me volvió a mirar, con el ceño fruncido.

— Damian, lo sé todo. Absolutamente todo. —Me incorporé y me acerqué a él, acercando mis labios a centímetros de los suyos, a lo que él correspondió con una sonrisa ladeada—Créeme cuando te digo que solo espero el momento oportuno para acabar contigo. —Su sonrisa se esfumó tan rápido como había aparecido y me levanté, caminando de nuevo hacia la casa esbozando una pequeña sonrisita triunfal cuando supe que nadie me veía.


Me encontraba tendida en la cama, Aileen me había preparado su habitación para que descansase un poco pero no había podido pegar ojo en toda la noche. Los primeros rayos de sol se colaban por la ventana acariciándome la cara y decidí que ya era hora de ponerme en pie; los padres de Aileen llegarían en cualquier momento. Cogí una muda de ropa que Aileen me había preparado horas atrás y entré en la enorme bañera que poseía. Me desvestí y entré en la ducha, frotando con algo de brusquedad, como si eso pudiese eliminar todos mis problemas. Salí tras unos minutos con un delicioso olor a moras y frambuesas y cepillé mi pelo con algo de brusquedad, nunca había sido cuidadosa con eso. Me puse los vaqueros negros que mi amiga había escogido y una camiseta del mismo color con rosas rojas bordadas en las mangas. Me miré al espejo, como si todo esto fuese una pesadilla y me decidí a salir de la habitación.

Bajé los escalones con cuidado, intentando no hacer ruido y entré en la cocina para prepararme una taza de café. Si me querían tener aquí recluida, me aprovecharía del café. Vertí el líquido sobre una taza y me senté en la isla, dándole un sorbito.

— Eres madrugadora. —Sonrió Aileen, entrando en la cocina y se sentó a mi lado, observándome.

— No suelo serlo. —Intenté sonreírle, pero solo pude hacer una mueca un tanto extraña.

—No tienes de qué preocuparte, Elena. No pasará nada, te lo aseguro pero... —Me miró con muchísima tristeza y mi corazón se ablandó un poquito— De verdad me encantaría seguir manteniendo nuestra amistad. Sé que lo que te pido es muy difícil...

— No Aileen —La miré y esta vez si que pude esbozar una sonrisa pequeñita— Realmente entiendo por qué no me lo contaste, yo tampoco lo habría hecho. Seguiremos, tal y como estábamos, ¿te parece? —No mentía con lo que dije, realmente perder a Aileen sería algo insuperable, la quería muchísimo. Ella, a su vez, al escuchar mis palabras saltó de emoción y se abalanzó a mis brazos, haciendo que casi me tirara todo el café.

— Es la mejor noticia que me has podido dar, Elena. —Dijo y yo sonreí de nuevo, esta vez más ampliamente que la anterior. Aunque todo fuese un shock tremendo para mí, tenía a Aileen.

La puerta principal se abrió y me tensé en mi asiento, tragando saliva. Los padres de Aileen habían llegado. Aileen se levantó con rapidez y corrió a recibirlos, supongo que para darles la mala noticia, yo. Tras unos agonizantes minutos de espera, Aileen me llamó así que me dirigí al salón. Allí se encontraban Aileen y James junto con dos señores de unos 35 años aproximadamente y de aspecto bastante jovial. Avancé un par de pasos y los miré.

— Elena, estos son Lisa y Jack —Me miró, dándome un apoyo silencioso acompañado de una sonrisa y yo miré de nuevo a los padres de Aileen.

— Es un placer conocerte, aunque nos hubiese encantado hacerlo en otras circunstancias. Toma asiento, por favor. —Dijo Jack. Era un hombre joven, con una ligera capa de barba de unos 3 días. Era alto y apuesto, su pelo era negro como el carbón, algo canoso en algunas zonas y sus ojos eran del mismo color.

— Yo... —Empecé a hablar, intentando dar una explicación pero Lisa me interrumpió.

— Elena, no te preocupes. Sabemos por qué lo hiciste. —Dijo ella. Su voz era muy dulce y tenía una sonrisa encantadora. Era rubia, bastante parecida a Aileen por mucho que no fuesen familia real y tenía unos ojos celestes preciosos— Sólo que... Elena, estamos ante un gran problema.

— Nadie puede saber de nuestra existencia, Elena. Hemos vivido durante siglos ocultos. Tenemos reglas que no se pueden incumplir. —Me miró, disculpándose.

— Por favor, id al grano. ¿Qué va a pasar conmigo? —Fijé mi vista en Aileen y en James, ambos miraban al suelo y yo empecé a ponerme nerviosa.

— Todo humano que conozca de nuestra existencia, debe morir. —Sentenció Jack y noté como comenzaba a sudar, moví las piernas inquieta y busqué con la mirada cualquier salida que pudiese tomar.

— Pero hay otra opción —Continuó Lisa y la escuché atentamente. Aún tenía salvación.

— ¿Qué opción? —Pregunté, temerosa.

— Debes unirte a nosotros.

Me quedé paralizada, sin saber que decir.

A partir de ahora, sería una de ellos. 

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