Capítulo 12
Mi cuerpo no respondía a las órdenes que mi cerebro intentaba darle; quería salir de allí cuanto antes y correr sin mirar atrás. Me había metido en un buen lío tanto con Aileen como con el propio Damian.
— Te he hecho una puta pregunta, responde. —Damian dirigió su mirada hacia mi, como si fuese a exterminarme en cualquier momento con ella. Pensé rápidamente como salir de esta situación y sin pensar siquiera respondí.
— Aileen fue a hacer unos recados y me dijo que la esperara aquí, no era mi intención...
— Aileen no fue a hacer ningún recado. Quiero la verdad y la quiero ahora. —Empezó a avanzar hacia mi posición y retrocedí hasta que tropecé con la mesa y varios objetos se cayeron de esta. Damian crispó más su mandíbula y cerró los ojos exasperado.
— La verdad es que quería saber quien eras. —Respondí para acto seguido tragar saliva. Era un shock para mi, no podía ser su hermano... eso significaba que Aileen me había estado mintiendo sobre Damian todo este tiempo.
— ¿Qué te ha dicho de mi? ¿Qué te ha contado sobre nosotros? —Avanzó hasta quedar a un palmo de distancia, su ira se percibía a kilómetros. Dirigí mi mirada hacia él, extrañada. ¿De qué me hablaba ahora?
— No me ha dicho nada, sólo que no teníais muy buena relación. —Respondí y empecé a avanzar hacia la puerta, dispuesta a largarme de allí de una vez por todas.
— ¿A dónde te crees que vas? —Dijo, agarrándome del brazo con una fuerza sobrehumana— Te lo ha contado todo, ¿verdad? Y ahora te manda a buscar la información que quiere... esa maldita zorra. —Escupió e intensifico el agarre, tirando de mi y cogiendo con fuerza mi cara, mirándome fijamente a los ojos— Quiero que me digas toda la verdad. Ahora.
— ¡NO SE NADA JODER, TE LO HE DICHO TODO! —Grité, asustada e intente zafarme de su agarre con todas mis fuerzas. Damian soltó una risotada diabólica y cuando me miró, parecía una persona totalmente distinta. Sus ojos estaban inyectados en sangre... no, peor aún, sus ojos eran sangre pura y su expresión... cerré los ojos con fuerza, evitando mirarlo.
— Abre los ojos Elena, no sé de que te sorprendes, Aileen ya te lo habrá contado todo, no hay de que asustarse, no hay que ocultarse más... —Me obligó a abrir los ojos y lo miré aterrorizada. Él dudó — O puede que no lo sepas... pero yo tengo una solución, pequeña Elena— Acarició mis mejillas suavemente y acto seguido sonrió con malicia. Nunca solía tener miedo, pero esta vez lo tuve y bastante, tragué saliva varias veces y noté como mis mejillas se mojaban.
— No sé de que coño hablas, ¡suéltame! —Pegué puñetazos y me removí pero parecía que nada de lo que yo pudiese hacerle le dolía lo más mínimo. Damian retiró mi pelo con fuerza y me miró por última vez.
— Esta es la solución, Elena. —Acto seguido clavó sus colmillos en mi cuello con fuerza. Grité aterrorizada y me removí, intensificando el dolor. Sentía como me desangraba poco a poco y mis párpados se hacían pesados. Muy pesados.
— ¡Damian, para! —Escuché la voz lejana. No podía identificar a quien pertenecía, ya no sentía dolor, no sentía nada y, finalmente, cerré los ojos.
Abrí los ojos lentamente y miré a mi alrededor con cautela, la cabeza me dolía horrores. Vinieron a mi mente todos los recuerdos de hace unas horas. Recordé como Damian entró en la habitación hecho una furia, como me amenazó y finalmente recordé sus colmillos en mi cuello. Tragué saliva mientras divisaba un par de figuras en la puerta de la habitación en la que me encontraba y volví a cerrar los ojos, fingiendo dormir. Ambas personas susurraban.
— No recordará nada, Aileen, tranquila. La última vez tampoco lo hizo —Dijo una voz masculina, parecía ser James. Aileen sollozó y moqueó un par de veces, para después añadir.
— No lo sé James, estoy muy asustada, no debería de haberme ido, estaba sola con él y todo fue por qué no le cont...
— Cállate —Dijo James, interrumpiéndola y se acercó a grandes zancadas hacia la cama en la que me encontraba.
— ¿Está despierta? —Dijo Aileen, con un deje de miedo en su voz.
— Eso parece —Respondió James y yo abrí los ojos completamente, me habían pillado, ¿de qué servía seguir fingiendo?
— Oh Elena, menos mal que estás bien. —Aileen se acercó a toda prisa y agarró mi mano, la cual retiré con rapidez. Ella frunció el ceño y tragó saliva— ¿Lo recuerdas, verdad? —Preguntó y asentí.
— Lo recuerdo absolutamente todo —La miré, asqueada y acto seguido me levanté de la cama, observando que llevaba ropa de Aileen puesta.
— La tuya estaba llena de sangre —Dijo James, averiguando que pensaba.
— Oh, muchas gracias... así al menos no parecerá que casi muero si alguien me ve. —Respondí con rabia y caminé hacia la puerta, sosteniendo la manija y abriéndola.
— No —Dijo James, empujando de nuevo la puerta a su lugar— Tenemos que hablar.
— No tengo nada que hablar con vosotros. —Respondí y Aileen me miró apenada.
— James, déjanos solas. —Pidió y se sentó en la cama, palmeando un hueco a su lado. Accedí a regañadientes y me senté junto a ella justo cuando James salió. Sabía lo terca que era Aileen y no pararía hasta que hablase con ella.
— Elena, no sé por donde empezar...
— Por el principio, tal vez. —Respondí con sequedad— ¿Qué coño es Damian? —Pregunté, sabiendo la respuesta pero necesitaba que Aileen lo dijera.
— Es lo que tu crees Elena y no sólo Damian. Lo somos todos. —Desvió la mirada y se centró en un par de arrugas que tenía la sábana en la que nos sentábamos, intentando esconderse de la situación.
— No puede ser... tú no has intentado hacerme nada. ¿James también...? —Aileen asintió y suspiró con cansancio.
— Todos lo somos, algunos desde hace más, otros desde hace menos. Somos más, ahora mismo se encuentran en un viaje de negocios, faltan 3 chicos —Asentí y la invité a continuar con la mirada. Necesitaba saberlo todo— No somos hermanos, al menos no biológicos. A todos nos encontraron en una mala situación y vivimos juntos desde entonces, conviviendo como si lo fuéramos o, al menos, casi. —Aileen se sonrojó con levedad, supuse que al recordar a James, al menos eso sí era real— tenemos reglas, Elena. No nos debes de temer, esto no debería de haber pasado nunca, te lo prometo. —Cogió mi mano con fuerza y me miró, suplicante— Damian está descontrolado desde hace algunos años pero tampoco es así... al menos no totalmente.
— ¿Y yo...? —La miré interrogante, palpando las dos pequeñas heridas que adornaban ahora mi cuello.
— No, así no se hace. Estás totalmente a salvo ahora, te lo prometo. Deberíamos bajar a comer algo, Elena. Todavía tienes mucho que saber y has perdido mucha sangre.
Asentí y me levanté de la cama, acompañándola. No conseguía totalmente en ella.
Joder, lo intentaba, era mi amiga pero no podía... no después de lo que me había pasado. Los vampiros existían, mi mejor amiga era una, su ''hermano'' y su novio también. ¿Qué cojones me estaba perdiendo? Todo era muy extraño, fuera de lugar... así me sentía.
Llegamos a la cocina y me senté en una de las sillas, mirando fijamente al frente, asimilándolo todo aún. Aileen se quedó de pie, observándome.
— ¿Cómo te sientes? —Preguntó James, quién se encontraba ya allí haciendo un par de tazas de café.
— Te comportaste como un gilipollas conmigo el otro día, James. ¿De verdad te interesa como esté? —Le reproché, bufando.
— Era un papel, Elena. Tenía que descubrir si te importaba Aileen de verdad, ella ya se planteaba contarte todo esto. —Respondió y agarró la mano de Aileen.
— ¿Es eso verdad? —La miré y asintió.
— Elena, Damian es inestable y se obsesionó contigo, quería protegerte a toda costa. —Me miró con lagrimas en los ojos y asentí, dando un sorbo a la taza de café que James había puesto delante mía.
— ¿A qué os referíais en el bosque Damian y tú? —Pregunté sin pensar siquiera. Era algo que me rondaba la cabeza desde que los vi. James me miró bastante sorprendido, sin saber que responder.
— ¿Nos viste?
— ¿Damian no te lo dijo? —Pregunté y James negó con la cabeza. Aileen nos miró, sin entender absolutamente nada.
— Se refiere a la profecia, Aileen. —Ella tragó saliva visiblemente y agachó la cabeza.
— Elena, no podemos decirte nada más. Te juro que me encantaría, pero no podemos. Jack y Lisa volverán pronto y ellos decidirán que hacer, hoy te debes de quedar aquí.
— No me quedaré —Negué varias veces con la cabeza y me puse en pie— Nada de esto puede estar pasando... —Me pasé varias veces las manos por la cara, apunto de entrar en un ataque de nervios.
— No podíamos contarte nada Elena, ¡no podíamos! —Dijo Aileen exasperada.
— No deberías de saber nada de esto Elena, no puedes irte. Tendrás que esperar. —Repitió James y suspiró levemente, sobrecargado por la situación.
— ¿Quiénes son Jack y Lisa? —Pregunté, algo atemorizada.
— Ellos nos rescataron y dirigen nuestra familia. —Respondió Aileen, agarrándome la mano— No te pasará nada Elena, solo tienes que esperar. Hazlo por mí, por favor.
Solo pude asentir y prepararme para lo que estaba por llegar.
Siento muchísimo la tardanza, he estado muy muy liada.
Pero aquí lo tenéis, espero que lo disfrutéis muchísimo!
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